¡Hola, hola, hola soy Noah!
Un capítulo nuevo de V de Virgen.
Me he enamorado de esté capítulo, espero que os guste, porque yo estoy muy satisfecha... y también que me améis ahora.
IV
"Tan estrecha"
Y ahí estoy.
Desnuda de cintura hacia arriba y siendo observada por ojos lujuriosos en un rostro completamente sereno. Me pongo nerviosa y me oculto, tapando mi rostro con mis manos. Sintiendo como se colorean mis mejillas de la forma más oscura posible.
- No te tapes, no es divertido así-
Retiró mis manos de mi cara y las subió por encima de mi cabeza. Dejándole ver una perspectiva mayor de todos los detalles de mi cara, pechos y abdomen, también de mi axila, pero pienso que eso no es para nada sexy.
- Eres idiota-
Mis mejillas seguían ruborizadas.
Y lleve mis manos liberadas al rostro de Castiel quien dio una risotada mayor cuando intente tapar sus ojos, lo gracioso de esto era que él se libraría de mí, se libraría de mi estúpida timidez de forma brusca y me convertiría en una salvaje chica que pediría más. Al menos esas eran las chicas que pasaban por Castiel.
Castiel, apoyándose en un solo codo mientras que retiraba y colocaba mis manos por encima de mi cabeza otra vez. No falto que pensara mucho más, ya lo estaba haciendo, ya se había librado de mí y de mi timidez.
- Eres demasiado inquieta, quizás tenga que atarte-
Por desgracia, la idea me había hecho sentir un hormigueo extraño por el vientre, la seguridad con la que llevaba esto me hacía sentir extrañamente efusiva y la sensación ardiente de mi parte baja continuaba vibrando.
- ¡Castiel!- chille, aún más roja.
En parte sabía que mi vergüenza se debía más al placer que me provocaba la idea y sus palabras que al simple hecho de que la situación era vergonzosa. Me sentía excitada y mi cuerpo quería más y más de lo que estaba diciéndome, y eso que no había comenzado el sexo en sí.
- ¿Qué? Estás privándome de una de las vistas más hermosas del mundo, merecerías incluso un castigo.
Mis mejillas se colorearon aún más, ya era totalmente roja, mi pálida piel ya no tenía su blanquecino color, si no que era completamente roja, un rojo tan intenso que lloraba por mi piel. Y ya no parecía yo. Para nada.
Las cosquillas que sentí cuando Castiel se dejó caer suavemente sobre mí para besarme una vez más, me hicieron enloquecer un poco, trastornando.
- Me gustan tus castigos…- murmure, intentando sonar sexy.
Y él se rió de forma ronca.
Supongo que eso ni siquiera había sido sexy y mucho menos con la cara tan estúpida que debía de tener en estos momentos.
- Pienso castigarte así a partir de ahora, o mejor, callarte cuando hables demasiado.
Al parecer, ni siquiera le había dado importancia, simplemente continuó besándome y sujetando mis manos, con devoción, por encima de mí cabeza. Suspire, cuando lo sentí bajar hacia mi cuello, su aliento chocaba contra él y comenzó a propinar besos húmedos y hacerme un recorrido húmedo hasta mis pechos.
La sensación de Castiel besando y jugando con mis pezones me hacía sentir extrañamente tonta, era como si en estos momentos las paredes se tambaleasen y moviesen mis sentidos, me sentía aturdida y atrevida, quería más, más incluso de lo que nadie podría darme. Solo él. Solo Castiel.
Deslizo su boca a lo largo de mi pecho, con besos suaves, cambiando de derecha a izquierda y viceversa, haciendo que me deleitase y pequeños suspiros y sonidos suaves saliesen de mi boca.
Me encantaba.
Su boca se abría y se cerraba sobre mis pechos, ricamente y dulce. Me besaban fuertemente, y lamía, jugaba con ellos y yo simplemente temblaba mientras me retorcía en el interior de mi ser, deseosa de que bajase, de que esto continuase rápidamente.
- Castiel…
No contesto, sé que se reía de mí aunque no viese la sonrisa o lo oyese, estaba clarísimo que lo estaba haciendo, al menos por dentro. Me removí intentando librarme de su agarre, pero era imposible, obviamente tenía más fuerza que yo.
- Suéltame, quítate la camiseta.
Castiel ríe.
Y me suelta, colocándose de rodillas encima de mí. Se sube la camiseta y veo sus abdominales empezar a asomarse. Bien, ya sabía que tenía buen cuerpo pero ahora que sé que ese cuerpo va a hacer maravillas en mí y mi virginidad lo veo de otra forma. Una más sensual y atrevida.
Me observa de nuevo y yo me muerdo los labios, no sé porque, pero siento que esto me está matando y necesito más velocidad.
- Si quieres que alguien te muerda los labios, solo tienes que decirlo.
Se cernió de nuevo sobre mi boca y me besó otra vez, una más fiera y más pasional. Nuestros labios encajaban, incluso mejor de lo que me esperaba y se juntaban y alejaban cada vez más rápido, provocándome escalofríos suavemente por el resto de mi cuerpo.
Castiel provocaba en mí unas sensaciones que nunca había sentido, me gustaba mucho y me hacía pensar que jamás disfrutaría de esto con otra persona que no fuera él. La seguridad con la que sonreía me hacía volar hasta un lugar acolchado de nubes y egocentrismo. Me gustaba que confiase en sus habilidades, que quisiera hacerme sentir bien.
Dejamos de besarnos y devorarnos, de sentir nuestros sabores y nuestras lenguas enrollarse para tocarnos, tocarnos con deseo y anhelo, me gustaba tanto. Sus músculos contraídos y sus enormes manos tocarme con fulgor, recorrían mis piernas cubiertas y las apretujaban contra su cuerpo, haciendo que aplicase presión contra él, con caderas y piernas. Atándolo a mí para que no se alejase más.
Castiel sonrió.
- Suelta ahora, voy a desnudarte por completo.
Apreté más.
- Aunque no me haga gracia, podemos parar si quieres.
- No, no es eso…
Mis mejillas se colorearon de un rojo carmín, estaba bastante nerviosa, ahora se daría cuenta de que no tengo las bragas a juego con el sujetador y que, aunque no sean bragas de algodón blancas, son bragas poco sexys y muy simples.
- ¿Entonces?
- Me da vergüenza.
Castiel alza una ceja confundido, parece no entender porque me da vergüenza la situación, pero creo que es obvio, jamás había llegado tan lejos, quizás algunas meteduras de manos por ahí, pero no tan abajo y no sin ropa, siempre con ropa y por encima.
Me sigue mirando y vuelve a alzar las cejas. ¿Sabrá que estoy avergonzada por mis bragas poco sexys?
- O sea, que te tengo desnuda de cintura para arriba y no te da vergüenza que te vea esos diminutos pechos.
Y ahí reaccione soltándolo y levantándome como un resorte para atizarle con todas las fuerzas, lo consigo, golpeándole en la cabeza con la mano arriba. Y él… él se ríe. Se ríe como un idiota y yo me hincho enfadada, me levanto de la cama y lo golpeo de nuevo, recojo mi camiseta y mi sujetador, agachándome casi frente a él y me rodea, tocándome el pecho suavemente, estoy tan cabreada que casi no siento lo que hace.
- ¿A qué no te has enterado?
- ¿¡De qué, pedazo de idiota!?
- De que te he quitado los pantalones cuando te has levantado.
Miro hacia abajo y los veo a la altura de mis tobillos, vale, es la última vez que me pongo pantalones de chándal flojos. Mis mejillas se recalientan, y vuelvo a girarme con las bragas feas y mirándolo fijamente, cabreada.
- La clave es distraer… ya te lo he dicho, eres preciosa niña-
Mis mejillas extienden el rojo pasión por todo mi rostro y me dejo besar de nuevo, entre sus brazos y solo en bragas, ambos estamos en igual condiciones, Castiel siempre compone en boxers y en camiseta, con su cabello atado y un cigarro. Y ahora, ambos compartimos las mismas prendas.
- Voy a hacerte sentir bien.
Me cogió y volvió a tirarme en la cama, con mucha suavidad, situándose encima y besándome de nuevo, pero esta vez, fue bajando, por mis pechos, por mi estómago, con mil besos y dos de mariposa, rozando sin rozar y estremeciéndome a su tocar.
Sus labios llegaron al elástico de mis bragas y las retiro con los dientes, llevándoselas con rapidez, estremeciéndome cuando sentí como ya estaban lejos y sus labios rozaron mi zona intima por encima, una vez estuvieron por mis rodillas las quito con sus manos.
Y ahora yo era la única expuesta.
Y entonces sucedió, separo mis piernas con las manos y se agachó, lamiendo y comiéndome, su lengua presionando y sus labios abriéndose y cerrándose, la maestría con la que me acariciaba su boca y su lengua en mi palpitante coño me hacía sentir aturdida, no sabía dónde colocar las manos, así que, las apreté contra las sábanas tras retorcerme una y otra vez por aquello que estaba sintiendo.
Su lengua recorriéndome, los círculos que producía y su saliva humedeciéndome aún más de lo que me encontraba. Gemí suavemente cuando sentí como empujaba con la lengua más fondo de mí.
Era una sensación. Estremecedora. Asombrosa. Hipnotizante. Placentera. Pasional.
Cada vez que movía su lengua, succionaba o chupaba, la forma en la que empujaba y acariciaba con su lengua mi clítoris, como mis piernas se tensaban y se arqueaban, al igual que mi espalda, no podía soportarlo, me humedecía de forma que no me imaginaba que pudiera darme…
Estaba asombrada. Desorientada por las millones de sensaciones, era placentero y extraño, me avergonzaba pero me encantaba, me hacía sentir en las nubes y al mismo tiempo me bajaba a la tierra cada vez que tenía que retorcerme del placer producido.
Era tan bueno… que podría llegar a derretirme.
- Dios, déjalo ya. ¡Déjalo!- chille entre tartamudeos y suspiros.
Él me miro, aun con la cabeza enterrada entre mis piernas. Dios, casi no podía verlo por la posición, pero cuando me apoye sobre mis codos lo vi perfectamente, su rostro burlón y tan sensual, ahí, entre mis piernas. Casi haciendo que mi corazón palpitase aún más rápido.
- Es la primera vez que alguien me pide que pare.
- ¡Solo fóllame!- suplique.
Estaba suplicándole que me lo hiciese ya.
No podría resistir mucho más si seguía así, él se inclinó hacia mí, una vez más. Y me miro a los ojos, me besó, probando todo lo que él había estado probando, de sus labios, de su lengua y de la forma más excitante posible, sus manos se situaron en mi trasero y me colocó encima de él, quedando sentado conmigo encima.
Se estiro conmigo encima, sin dejar de besarme para alcanzar algo, supongo que la protección, y no me equivocaba, se levantó conmigo en brazos y lo rodee con las piernas, lo más fuerte que podía, sintiendo todos sus músculos contraerse bajo mi agarre.
Nuestro beso se cortó.
- Apriétame fuerte, voy a soltarte con una mano.
Asentí y lo vi bajarse el bóxer, dejando su poderosa erección libre. Lo observe fijamente a los ojos, dejándonos llevar por nuestro calentón más fuerte y más cercanos. Me solté un poco y lo sentí sentarse conmigo encima, con el condón tirado en la cama y conmigo encima de él, piel con piel, deseo con lujuria.
- ¿Qué quieres hacer?
- Castiel…-
Mi gruñido pareció hacerle gracia, pero a mí no me hacía para nada gracia.
- Antes me lo dijiste.
- Por eso, antes-
Sonrió para mí, solo para mí. Y me sentí como una estúpida por derretirme y excitarme más, por desear que él continuase con lo que estábamos haciendo.
- No me refería a eso, pero reconozco que amaría oírtelo decir-
- ¿Qué es entonces?
- ¿De pie, misionero, a cuatro, tu encima…?
Me puse un poco roja pero me encogí de hombros.
- No sé, ¿qué quieres hacer tú?
- Eso y más-
Su picardía me quemó. Y sin siquiera preguntar me tire en la cama buscando el condón que antes habíamos soltado en la cama. No dude cuando lo encontré y se lo coloque, mirando bien de ponerlo como salía, pues tenían derecho y revés, y eso lo sabía. Lo miré fijamente y suspire hacia él.
- Entonces… hazlo especial.
Asintió y besó mi frente.
- Voy a hacer que no desees a nadie más.
Y sin dudarlo, me acostó en la cama, decidiendo que, lo inicial de esta noche sería el misionero. Me besó la frente y me dijo que me quería, no pude evitar sentirme en paz, y más aún cuando, suavemente fue introduciéndose en mí.
Estaba relajada, para mí esto era mucho mejor que los besos, era increíble, aunque dolía y se sentía extraño, aunque me molestaba, podía soportarlo, porque confiaba en él y me sentía completa ahora.
- Joder...- susurró.
Se quedó quieto en mi interior, haciendo que mis paredes se envolviesen más al fondo de él, más profundo y más placentero, me estaba sintiendo jodidamente en el cielo, profundo contra mi interior, grande y fuerte, empujando en reposo, me sentía maravillada y al mismo tiempo adolorida.
- Muévete, joder...- susurré.
- Puedo esperar.
- Hazlo...- supliqué.
Y no me hizo esperar, cumplió mis deseos y comenzó a estocadas contra mí, su pene erecto, y la sensación de placer que se cernía sobre mí, deseosa de sentir mucho más que esto.
Castiel gimió en mi oído y de nuevo entrelazamos nuestros labios, un beso más salvaje y de necesidad, mientras las estocadas ampliaban.
- Tan estrecha...
Mi cuerpo se retorció ante sus palabras. Joder, me vibraba todo. Mientras el pelirrojo seguía empujando más al fondo y cada vez más cerca de mí fondo, contrayendo mis piernas y enlazándolas contra la parte baja de su espalda y encima de su trasero. Nuestros cuerpos moviéndose al mismo son. Perfectos y simétricos movimientos, podría hasta escribir la canción de nuestros suspiros, nuestros roces, nuestra profundidad, medir con placer las sensaciones y gritar en do menor el sentido de la lujuria escapar de mis labios y de los suyos.
Roncos. Fuertes.
Suave. Duro. Especial. Salvaje. El placer recorría mis venas y mi mundo se tambaleaba en locura con cada estocada.
Esta noche, por fin dejaba de ser virgen, se acabó la v que colgaba de mi cuello.
Ahora era una persona nueva, diferente.
Ahora me sentía... especial.
Espero que esto sea suficiente para apaciguar el odio que ame en el anterior capítulo.
Después de todo, esto me ha matado, imaginando que sería lo que podría hacer con ella, y como narrar las sensaciones, sin embargo pienso que debo mejorar más en explicar las cosas, pero me lo he currado por vosotras.
¡Espero que os guste!
¡Dejen reviews si quieren el siguiente capítulo!
