¡Hola, hola, hola soy Noah!
Un capítulo nuevo de V de Virgen.
Como siempre, soy la reina de los dramas y me encanta complicar las cosas, aunque si esto pasa cuando yo leo una historia me suelo cabrear porque quiero leer cosas bonitas, no sería Sucrette si no toma malas decisiones.
En fin, espero que este capítulo os guste y lo disfrutéis como nunca, amo jugar con personajes que no se explotan demasiado, como Dimitry y María Magdalena -de la cual solo se hace mención en un episodio especial-. Espero que disfrutéis y que os encante, porque eso es lo que me motiva a escribir más.
Además, creo que ya sé cuantos capítulos tendrá el fic. Así que, disfrutad muchísimo de este pequeño y corto fic y de lo que le queda.
Comencemos.
¡Disfrutad del capítulo 5!
V
"Te presento a María Magdalena"
Me desperté enrollada entre las mantas y con un cuerpo que irradiaba demasiado calor.
Aunque el sueño me podía estaba con los ojos abiertos a las nueve, mi cuerpo ya estaba acostumbrado al horario de clases y eso, en ciertos aspectos, era muy bueno.
No fui consciente de lo sucedido la noche anterior hasta que me acomodé entre sus anchos y firmes brazos. Ahí, me di cuenta de lo que estaba haciendo y donde me encontraba. Abrí los ojos sorprendida y de la reacción caí bruscamente al suelo. La única ventaja de Castiel, era que, prácticamente, nada podía despertarlo. Nada. Por ello, el ruido que había ocasionado al caerme, no le despertaría.
Me levante del suelo y lo observe, fijamente. Estaba totalmente relajado e incluso parecía adorable ahora que me fijaba bien en él. Tenía una carita de niño bueno que casi podría jurar que me sorprendía intensamente viniendo de él. Aunque en el fondo era un niño bueno inclusive aunque no lo pareciese.
Cuando me di cuenta, deje de mirarlo como una posesa y me levante rápidamente, necesitaba ir a clase, cualquier excusa era buena para pensar lo que iba a hacer cuando lo viese otra vez al regresar a casa…
[…]
Suspiré por enésima vez y deje de tomar notas en el momento que a mi mente vinieron los recuerdos de ayer en la cama de Castiel, mis mejillas no tardaron en colorearse y deje de concentrarme en como el profesor explicaba aquel tema tan difícil.
- ¿Puede saberse que te sucede?- susurró Leia a mi lado.
La mire fijamente y mis mejillas se colorearon aún más vivas, estaba avergonzada por tener que contarle esto, mi primera vez había sido… impresionante.
- Te cuento luego.
- No, no, no, no- exigió en voz baja y demandadora. –Dale ahora, ¿qué pasa?
- No… después, por favor.
- ¡Qué me lo digas!
Sus susurros demandantes me estremecían un poco, estaba empezando a ponerme nerviosa, de hecho lo estaba muchísimo.
- No me da muchísima vergüenza-
- Solo escúpelo.
- No quiero, te lo digo luego.
Nuestra conversación cada vez era más y más alta, el tono subía un poco, y aunque no pasaran de susurros, casi me daba miedo que alguien pudiese oírlos.
- Dilo.
- No quiero.
Se puso de pie casi roja de la ira, la paciencia no era su fuerte para nada. Me miraba furibunda y yo casi me sentía de la misma manera, obviamente sabía que se lo iba a contar, pero era tan jodidamente impaciente que la veía a punto de matarme si no se lo contaba lo suficientemente rápido.
- ¡Que lo digas!- esta vez gritó.
- ¡HE DORMIDO CON CASTIEL! ¿VALE? ¡LO HICE!
Estábamos de pie. En medio de la clase. Discutiendo sobre que he tenido sexo con Castiel. Toda la clase nos miraba y nos oía. Todos sabían, ¿verdad?
El carraspeo del profesor fue la prueba, Leia estaba sonriendo y el profesor no parecía tan contento como ella. Todos los ojos estaban puestos en ellas y, cuando se dio cuenta, estaba a punto de estallar en carmesí.
- ¡Sucrette Darcy, Leia Honda no nos interesa saber con quién han dormido así que, por favor, cállense o salgan de clase!
- ¡Con su permiso, profesor Toga!-
Leia tomo mi mano, me entrego la Tablet y cogió la suya, con fuerza la estampo contra mi pecho y me empujó fuera del aula, la verdad es que si no me empujara me hubiese quedado en la misma posición, paralizada por los nervios.
Nos sacó de clase, lo más lejos posible y comenzó a saltar a mi alrededor nada más parar en el hueco de fumadores, un lugar lejos de cámaras y donde nadie más que los fumadores iban. Nadie iba ahí a excepción de en cambios, horas libres o antes de entrar. Por lo que ahora, por ser en horario de clase, no había nadie.
- ¡No puedo creérmelo! ¡Te has tirado a Castiel y en tu primera vez!
Incapaz de articular palabra, permanecí estática en mi sitio y callada, no podía evitar enrojecerme hasta las trancas pensando en lo horrible de la situación en la que me encontraba.
Leia seguía parloteando y yo simplemente me deslice por la pared muriéndome de miedo por lo que estaba sucediéndome. Ahora toda la clase sabría que Castiel y yo nos acostábamos y quizás llegase a oídos de Dimitry… No podía ser cierto… No, no podía ser.
- ¿Cómo fue? ¡¿Qué posturas?! ¿¡Y el orgasmo!?
- ¡¿CÓMO PUEDES ESTAR PREGUNTANDO ESO CUANDO HE GRITADO QUE HE DORMIDO CON ÉL EN MEDIO DE UNA CLASE?!
- Oh… venga ya, ¿de verdad crees que se lo han creído?
Mi cara es un poema.
Leia pasa de todo lo que la rodea demasiado y ahora me sale con que no cree que se lo hayan creído, es estúpido, obviamente se lo creerán, sobre todo viniendo de Castiel, el sexy chico que consigue follar con todas las mujeres que se propone.
- Claro que se lo han creído, estamos hablando de Castiel.
- Por eso, ¿acaso crees que alguien piensa que Castiel se acostaría con una virgen de nuestra edad?
- ¿¡QUÉ!?
Grito totalmente irritada, ¿está insinuando que no soy linda?
Por supuesto que podría conseguir que Castiel se enamorase de mí o que quisiese algo conmigo. Podría incluso seducirlo, solo tenía que haberlo visto la noche anterior perder la cabeza por mí, como me trataba, por favor. Es obvio que podría hacerle caer.
- No te ofendas cariño, es admirable y todo eso, pero… ¿estás segura de que Castiel, si no fueras tú, hubiese movido ficha contigo?
- Por supuesto que sí, soy bonita.
Soy bonita, ¿no?
He tenido muchos novios, por desgracia, la mayoría eran unos cerdos, pero les atraía, y yo no me sentía fea, después de todo, todos somos hermosos, incluso aunque los estereotipos de belleza digan lo contrario a veces.
- Y no digo lo contrario y Castiel tampoco, pero no estaría contigo si no estuviese patéticamente enamorado de ti.
Patéticamente enamorado de mí… ya claro.
Castiel de lo único que está enamorado es de él mismo, y tiene motivos, después de todo, es uno de los hombres más atractivos que he visto nunca, aunque jamás lo admitiría delante de él ni de nadie, sería subir su ego.
- ¡No está enamorado!
- Yo creo que sí- dice, entonando una sonrisa con sus labios. –Solo mira tú móvil, apuesto a que te ha mandado un mensaje.
Fruncí el ceño.
Mi móvil se encontraba en mi bolsillo trasero y estaba completamente segura de que no había vibrado en todo lo que llevábamos de clase, tras sacarlo del bolsillo y desbloquearlo, pude observar en mi pantalla un nuevo mensaje en mi bandeja de entrada.
"La próxima vez, espero que me despiertes antes de huir como una idiota a clase o bajarás mi autoestima sobre mis habilidades"
Mis mejillas enrojecieron, no hacía falta decir quién era el que me mandaba tales mensajes. Leia sonrió y se inclinó para ver que me había escrito el pelirrojo y de paso, cotillear.
- Te lo dije, Castiel solo te mira a ti.
- No bromees.
- ¡Tienes loco al chico del que medio pueblo está enamorado y tú aún te quejas y no lo tomas en cuenta!
La miro desafiante y gruñó por lo bajo, aun con el mensaje en la pantalla, ahora es diferente, generalmente Castiel siempre me manda mensajes cortos diciéndome que no llegará, que tiene compañía, que quiere X comida y quizás que vaya a verlos ensayar. Jamás me ha hablado así y aunque sea mi mejor amigo, nunca me ha escrito por mensajes cosas como estás o más largas de cinco palabras.
- No lo tengo loco…- me quejó. –Él solo tenía ganas de probar lo que era desvirgar, supongo, o burlarse de mí.
- Eres una idiota-
Leia me arrebato el móvil de las manos y sonrió maliciosamente.
Todo pasó tan rápido que, cuando quise darme cuenta de que esa sonrisa no deparaba nada bueno, ya estaba huyendo rápidamente por el campus a sabe dónde, escribiendo sabe mierda que.
- ¡Leia! ¡Para! ¡Devuélveme eso!
- ¡Solo dos segundos más!
- ¡Leia!- sofoqué un grito y me obligue a correr más, pero cuando la alcance era demasiado tarde.
Ella sonreía victoriosa con el móvil en una mano, mientras esos ojos no me deparaban nada bueno, le arrebate mi móvil de un zarpazo y revise los mensajes hasta encontrarme con las palabras que me temía.
"No tienes que cuestionarte nada, sabes que me ha encantado y más si podemos hacerlo hoy, otra vez"
- ¡Leia!- chille, totalmente ruborizada.
- Venga ya, Sucrette, estás engañándote tontamente te gusta Castiel.
- No quiero reconocer nada, porque no es real.
Leia se burló de nuevo de mí y se sentó en el jardín.
Ambas esperamos respuesta, pero nada llego y en el fondo, creo que pude jurar ver mi rostro desilusionado incluso aunque no lo veía bien.
[…]
Entre en mi casa.
Cansada, irritada y molesta con el pelirrojo, a pesar de que espere toda la mañana, incluso aunque Leia no estaba allí para ayudarme a editar una respuesta, el simple hecho de que Castiel me contestase a eso, me haría sentir feliz aunque no me importase mucho.
- Estúpidos todos…- gruñí por lo bajo y tiro todo por el camino sin preocuparme.
Camine lentamente hasta la cocina y, cuando iba a entrar, un cuerpo se lanzó contra mí, en un desesperado beso, cuando sentí aquel sabor tan amargo a tabaco supe que era Castiel, quien estaba pegado a mí de una forma tan cómoda y maravillosa que me asustaba lo bien que mi cuerpo y mi mente se adaptaba.
- Pensaba que no volverías…- dijo, con aquella sonrisa coqueta.
Fruncí el ceño y me libere de él con un empujón bastante fuerte, viniendo de mí.
Estaba molesta, muy molesta, lo suficiente como para golpearle si se ponía más chulo de lo que estaba ahora mismo, creyéndose que caería en sus brazos como otra de las tontas que se encontraban en su cama casi siempre.
- ¿Qué diablos te pasa?- me preguntó frunciendo el ceño.
- ¡Lo sabrías si hubieses respondido a mi mensaje! Ah, claro, que no te molestaste porque seguramente estarías con otra tía.
Ni siquiera me moleste en mirarlo.
Entre en la cocina y saque una olla del armario, me apetecía espagueti y no quería oir sus quejas. Lo llene de agua y cuando pensé que él simplemente se había ido lejos, escuche una carcajada enorme viniendo de sus labios, y me giré totalmente furibunda, encarando al idiota que se supone que era mi mejor amigo.
- ¿Querías que le respondiese a Leia? ¿En serio?
Espera, ¿qué?
- No creerás que soy tan estúpido como para no conocerte- dijo, caminando más cerca de mí. -Quería picarte un rato, no pensé que Leia sabría ya todo esto… ¡espero que hayas hablado bien de mí y mis habilidades!
- ¿Qué?
Casi no entendía que demonios estaba pasando ahora mismo.
Castiel siempre había conocido mis caras, pero apenas sabía cómo era mi yo escribiendo, era imposible que se hubiese dado cuenta de que Leia había escrito el mensaje por mí, aunque bueno, no fue por mí, fue porque ella así lo quiso.
- Tú realmente eres graciosa, piensas que no te conozco-
- ¿Lo haces?- gruñó.
- Claro que lo hago y me molesta que sigas comportándote como una niña.
Me sentí automáticamente ofendida por esas palabras, odiaba que me llamase niña, sin embargo, pase de darle importancia y gruñí por lo bajo mientras esperaba a que hiciese algun movimiento o unas palabras hacia mí. Pero no lo hizo.
- Bien. Tienes razón, soy una niña, vete con las otras-
Castiel no dijo nada, solo suspiro, con cansancio, haciéndome bastante daño.
Eso sonaba como a que no le importaba una mierda que yo estuviese molesta por sus palabras, y aun por encima bufaba cansado, como si le molestase oírme. Sí, seguramente había sido un error, no solo engañar a Dimitry y no ir directamente a encarar mis problemas, si no, haberle dado mi primera vez.
Camine en dirección contrario, ignorando que quería comer, con tal de salir de la habitación en la que Castiel estaba.
- Espera.
- ¿Por qué? ¿Vas a irte tú?- fruncí el ceño.
- No- me dijo. -¿Por qué demonios estás así? Me dijiste que no te arrepentirías.
Abrí la boca sorprendida.
¿Qué no me arrepentiría? ¡¿Cómo no hacerlo?! Se estaba comportando como un capullo y yo apenas podía hacer algo para remediarlo. Estaba molesta y cabreada porque para mí era imposible concebir que Castiel hubiese pasado de mí. Nunca era así y quizás eso era lo que me dolía. Mi condición de mejor amiga me salvaba pero… ¿y ahora?
- Me arrepiento de haberlo hecho si eso significa que voy a ser otra.
- ¡No eres otra, maldita sea! ¡Deja de comportarte como una maldita cría!
- ¡No soy una cría ni me comporto como una! ¡No me entiendes!
Castiel se acercó a mí, con el ceño más que fruncido.
Estaba igual que yo, a la defensiva, ambos cabreados y algo heridos, orgullosos hasta más no poder. Por desgracia, pienso que ambos nos sentíamos ofendidos por las palabras del otro. Sobre todo yo. No podía controlarme.
- ¡Explícate entonces!- chilló.
- ¿Para qué? ¡Jamás escuchas! ¡Debería haberme ido con Dimitry!
- ¡ENTONCES CORRE CON ÉL, MALDITA NIÑA!
Nos miramos a los ojos furiosos.
La tensión corría por nuestras venas, nuestros cuerpos estaban contraídos y mecanizados, nos movíamos por impulsos incontrolables. Sin darme cuenta, ya estábamos el uno encima del otro, besándonos de forma pasional y ardiente. La habitación quemaba, su piel ardía y el enfado se aflojaba con cada roce y con cada pelea entre nuestras lenguas.
No sé porque, pero el enfado nos había unido tan rápido que, nuestras manos se unían, palpando una y otra vez nuestras espaldas, intentando tocarnos lo máximo posible, queríamos sentirnos y nuestro enfado pasó a calentón extremo.
Nos miramos a los ojos y nuestro beso se rompió.
- Wow…-
- Idiota.
- ¿Podemos razonar ahora o prefieres terminar contra la pared?
Rodé los ojos y tome su mano, llevándole hasta el salón, quería charlar. Incluso aunque mi respiración estaba totalmente agitada que dolía hasta calmarme.
Nos sentamos en el sofá y lo miré fijamente, jamás había mirado tanto hacia él. Posiblemente porque le había etiquetado en el rol de mejor amigo desde que lo conozco. Jamás me interesaron los rebeldes, quería un príncipe azul, como lo fue Nathaniel, que me decepcionó dejándome en la estacada cuando llego Debrah, como Paul, quien simplemente fingía ser un príncipe azul para llevar a la cama a las demás y luego estaba Dimitry, un caballero que… que mentía demasiado. Castiel solo era un peligro, una distracción a los que lo necesitaban, lo que yo no necesitaba.
Y ahora… ahora no lo entendía muy bien aunque quisiera exponerlo.
- Quería que me escribieses, sabes.
- Ahora lo sé- dijo obvio y con tono sarcástico y burlón.
- No sé, quizás, me siento vulnerable.
Me miró un poco consternado y alzó una ceja.
Supongo que él no estaba acostumbrado a oir a las chicas decir cosas como las que yo estaba diciendo ahora mismo, después de todo, Castiel y las mujeres con las que estaba tenían un acuerdo mutuo que era "solo sexo". Jamás había algo detrás y yo… yo no era así para nada.
- ¿Por qué?- preguntó.
- No me arrepiento, quiero que lo tengas presente. Me sentía atacada, llamé a Dimitry y me dijo que estaba corriendo, se le oía agitado y gimiendo, eso no es correr, sabes. No lo es. Me puse histérica y te utilice, pero esta mañana, no he podido evitar sentirme especial porque tú te habías quedado a mi lado, me habías abrazado. A pesar de que nunca duermes con nadie-
- Eso es cierto, odio dormir con gente al lado.
Cerré los ojos intentando descifrar que significaba eso y en donde me dejaban esas palabras a mí.
- El caso es que, me sentía superior a esas mujeres. Cosa que me pasa siempre que camino a tu lado, sé que, por mucho que ellas corran y se metan bajo tus sabanas siempre estaré yo primero. Pero… ¿y ahora? ¿Dónde me deja esto a mí?
Castiel permaneció en silencio.
Nuestros ojos se encontraron, un choque silencioso y bastante mordaz salió por su parte, jamás se tomaba en serio algo y ahora que lo estaba haciendo, no tenía claro que fuera a hacerme la situación fácil.
- ¿Dónde quieres que te deje esto…?
[…]
El timbre tenía un sonido bastante estridente.
Me pregunté internamente si los vecinos escucharían cuando llaman a la puerta del otro con tal griterío impotente. La puerta se abrió y pude ver a una chica de melena rubia, la misma que ayer. Mis ojos se abrieron de sopetón y ella me miro con una pequeña sonrisa.
- Hola… ¿deseas algo?-
- ¿Quién eres?- espeté.
- Uh…- parece que la he dejado sin palabras.
Nos quedamos mirándonos mientras la chica, con un aspecto deplorable me observaba, tenía un pálido como enfermo y estaba horrible con esas bolsas criminales bajo sus ojos marchitos y tristes. Desde lejos parecía más hermosa.
- ¿María sucede al…? ¡Sucrette!-
- Hola- dije mordaz.
Pareció sonreír suavemente y me miró fijamente con toda la ternura que siempre usaba, pero esta vez, mi cabreo no iba a causar nada por mi parte.
- Sucrette me alegro tanto de verte-
- Ya se ve- espetó.
Y él me mira incomprendido, no sé ha dado cuenta de que, lo que me molesta, es la presencia de una mujer que no conozco que le besa y que está en su casa. ¡Qué cosas tengo! ¿No?
- ¿Sucede algo?
- ¿Quién es ella? ¿Por qué la besabas ayer?
La tal María abrió mucho los ojos, con su rostro pálido enfermo y su tristeza pareció sentirse aún más apagada de lo que estaba cuando llegue a casa de mi novio.
- Di, ¿ella es tu novia?
¿Di? ¿Di?
No podía haberle dicho así, aparte de ser un apodo horrible no tenía derecho a besarlo y tomarse esas confianzas delante de mí, además sabiendo que tiene novia, que me está engañando a mí.
- Uh, sí…- dijo, acercándose a mí e ignorándola. -¿Por eso estabas preocupada? Puedo explicártelo…
- No quiero saberlo- gruñí con los ojos totalmente decepcionados. –Me has engañado con ella…
Me sentía traicionada.
Era un gran capullo si se pensaba que iba a creer algo de lo que él dijese para intentar librarse de mis gritos, llantos y de la decepción que tenía en el fondo de mi corazón al darme cuenta de que él estaba engañándome con otra y que era un desastre andante.
- Sé que vas a escucharme, eres razonable y curiosa y yo puedo explicarlo.
Por desgracia, tenía razón.
Iba a escucharlo, aunque me moría por mandarlo al diablo. Él estaba ahí en frente de mí con aquella mujer y mi curiosidad me suplicaba que me quedase a averiguarlo todo, necesitaba saberlo sin lugar a dudas, quería conocer aquello que me estaba haciendo tanto daño y que me había empujado a los brazos de mi mejor amigo y a quedarme con la incógnita de que quería para mí realmente.
- Te presento a Maria Magdalena, mi mejor amiga de la infancia, ella…
Y finaliza aquí, os dejo con la intriga hasta el siguiente capítulo.
Espero, sinceramente que no me matéis en el próximo capítulo, porque no depara nada bueno. Ya sabéis, la Sucrette se preocupa por nada y es demasiado corta en lo que vienen a ser sentimientos. Así que, poco odio a nuestra querida protagonista de nuestro juego.
Espero que os haya encantado, que me dejéis comentarios para hacérmelo saber y que me inspiréis a seguir como lo hacéis siempre.
Después de todo, lo que hago, es por vosotras y porque me encanta.
¡Así que dejen reviews!
