¡Hola, hola, hola soy Noah!

Un capítulo nuevo de V de Virgen.

Ahora, después de un montón de tiempo vengo a actualizar V de Virgen, espero que os guste el capítulo, he intentado firmemente que me quedase bien, aunque creo que me ha quedado bastante bien voy a dejarlo a vuestra opinión.

Disfrutad del capítulo.


VI

"Tú eres mi maldito problema"

- ¿Estás bien?

Estaba incluso más pálida que las paredes del hospital, me sentía totalmente perdida y no sabía que pintaba ahí, incluso aunque ambos habían insistido, yo no me merecía estar ahí. Con ninguno de los dos.

- ¿Cómo quieres que esté bien?- pregunte, temblando. –Eso es… tan noble… ¿por qué no me lo has contado antes?

Dimitry suspiró y se arrodillo frente a mí, justo delante de mí, sujetando mis rodillas y dándome apoyo emocional, la noticia que María y él me habían dado había sido un duro golpe para mí, fuerte y directo.

- No sé, quizás porque no me salió aceptar que ella va a morir.

- Pero podías haberme contado eso de los tres besos mágicos.

- No pensé que lo verías y pensaba hacerlo, pero… no sé. Cuando estoy contigo, desconecto del mundo. Me haces inmensamente feliz y haces que todo se vaya cuando te tengo al lado-

Mi corazón se contrajo en mi pecho, fuerte y duro.

Yo había actuado de forma estúpida, lo había engañado sin vacilar y había pensado en volver a hacerlo. Mi corazón se apretó fuerte y me hizo daño al ver su rostro enternecido hacia mí.

- ¿Cuándo te enteraste de que tenía cáncer?

- Hace dos semanas-

La voz de María sonó directamente en mi pabellón auricular.

Ambos giramos la cabeza para ver a la preciosa chica rubia que se encontraba ante nuestros ojos, tan hermosos y tan dulces que casi me entristecía haberla pintado de fea, su situación no era para menos y yo simplemente había arremetido contra ella.

- He firmado ya los papeles para donar mi cuerpo a la ciencia- sonrió y se sentó a mi lado, golpeando suavemente mis rodillas. –En nada tendré una bombona de oxígeno y no podré salir de la cama porque estaré muy débil.

- Yo siempre iré a verte- la apoyó Dimitry.

Mi corazón volvió a estrujarse de lo mala persona que había sido.

- ¿Sabes? Los médicos dicen que podré ayudar a curar a otras personas que padezcan lo que padezco.

- Eso es muy noble por tu parte…- susurré avergonzada.

María me miró curiosa y sonrió hacia mí.

Ahora que me había parado a escucharla, me di cuenta de que su voz era conciliadora y suave. Era amigable y hablaba bastante, con mucho positivismo y no parecía muy desanimada, aunque el fondo, era obvio que estaba adolorida por lo que le sucedía.

- No tienes que avergonzarte, lo entiendo- sonrió hacia Dimitry. –Te llevas uno muy bueno, cuídalo y siento lo de los tres besos mágicos.

Sonrió triste.

- No pasa nada…

- Surgió cuando teníamos cinco años, dijimos que solo hay tres besos importantes en la vida.

- ¿El primero?

- El que haces a lo tonto para probar- María se burlaba de sí misma con el tono. –Desastroso, pero me acuerdo perfectamente de él.

Coincidí con ella, recordaba mi primer beso, a lo tonto, en un bus en una excursión, jugando a la botella y tratando de probar cosas de mayores con mis compañeros de clase. El beso había sido con Asier Preston, un chico que absolutamente era el guapo de clase, creo que comía arena y era bastante idiota, pero en ese entonces las chicas de 12 años babeábamos por él.

- El segundo es el primero cuando haces el amor y el último… el último antes de morir. Yo… se lo pedí a él, porque lo tenía todo con él y yo…

- No pasa nada- corte, se estaba empezando a poner mal. –Vendré a verte también y tú podrás seguir sonriendo como lo has estado haciendo porque te vamos a apoyar.

- Gracias, sabía que, si Di te eligió era por algo.

Y ahí mi corazón acabó de romperse del todo.

[…]

Llegué a casa totalmente agotada.

Cruce el salón y vi a Lysandro junto al pelirrojo. No dije nada. Continué caminando hasta que sentí las voces de ambos saludando. Fulmine a Castiel con la mirada y sonreí hacia Lysandro, dejándome caer en mi habitación sin siquiera esperar un segundo a sus respuestas. Enfurecida con el mundo y con todos golpee la pared de mi habitación.

No debía juzgar antes de actuar.

Eso podía pasárselo, un simple beso, por supuesto que podía y más, después de lo que había hecho. Quizás incluso había exagerado, no era tan apasionado, de hecho, para nada, solo estaban besándose con suavidad y no había visualizado lengua, era un simple roce. ¿Qué hay de malo en ello? ¡Yo debería perdonarle porque lo mío ni se justificaba con las leyes más sagradas de los cuernos! ¡No era justo! Ni para María y menos para él o para mí.

Yo solo había decidido hacerme la mala porque no quería presionarme. Y era injusto. Muy injusto para todos, egoísta y precipitado.

Dos toques sonaron en mi puerta y pronuncie un adelante mientras abrazaba el cojín. Por la puerta se asomó Castiel, con los ojos curiosos inquiriendo con la mirada qué demonios pasaba entre nosotros ahora.

Y pasaba de todo. El ardor en mi pecho de arrepentimiento, el deseo hacia mi mejor amigo y compañero de piso, la experiencia tan única que habíamos vivido y pasaba Castiel.

- ¿Qué he hecho?

Incapaz a decir que nada, que la culpa era mía, decidí rencorosamente golpear hacia él con puños y veneno.

- ¡Dimitry estaba besando a María porque va a morirse!

- ¿Qué?- preguntó incrédulo.

- ¡Me comiste la cabeza para que me acostase contigo! ¡¿Te divierte hacer eso no es cierto?!

Castiel se quedó estático durante unos segundos y en seguida supe que estaba desconcertado, cosa que no duró más de dos segundos, pues se levantó con su ira corriendo por las venas con su sangre.

Olvidando ambos que, Lysandro, estaba en otra habitación esperando pacientemente a su amigo y con toda la tranquilidad y paciencia del mundo.

- ¿Qué yo qué?- grito exaltado. -¡Dijiste que no te arrepentirías! ¡Me buscaste tú! ¡Deseaste que te escribiera! ¿Qué coño pasa contigo?

Mis ojos se cubren de lágrimas porque no quería decir eso.

Yo solo quería explicarle que me sentía horrible por haber hecho algo en contra de mis principios, que solo porque Castiel me había extendido su mano había aceptado, que había sido por él y eso me confundía y me molestaba mucho más. Que yo era la culpable.

- No quiero saber más de ti…- grite desolada, llorando más. –Todo esto es culpa.

Y sin darle tiempo si quiera a protestar me levanto y le empujo fuera de mi cuarto, cerrando con llave. Mi lugar seguro, donde él ya no pueda alcanzarme. Aunque seguramente no lo intentaría y mucho menos ahora.

La había fastidiado.

[…]

No sé porque lloraba y porque me había descargado con Castiel ayer.

La culpa era mía, solo mía. Nadie más tenía la culpa de que hubiese hecho tal estupidez sin preguntar antes. Solo yo, por lanzarme a los tentadores brazos de mi mejor amigo, consciente de una atracción que jamás había notado, consciente de que lo repetiría una vez más pero que no podía por Dimitry.

Mi móvil sonó y no supe si realmente debía contestar o simplemente ignorarlo, mis fuerzas eran nulas, así que, claramente me decante por ignorarlo en vez de aceptar aquella llamada.

No había asistido a la universidad por miedo a que, al salir, me encontrase de lleno a Castiel, tampoco había salido a comer y mi estómago estaba totalmente lleno de sentimientos y por lo tanto, ya ni sentía hambre. Todo por él.

- ¡Al menos podías responder mis llamadas!-

Mi puerta había sonado con un portazo dando paso a su figura femenina.

Levante la cabeza de la almohada y observe a mi mejor amiga plantada en la puerta, con su bolso colgado de la muñeca por las pequeñas asas, colocándose la mano en la cadera y con la otra sujetando su móvil. Muy típico de ella.

- Lo siento…- me incorporo, sabiendo que Castiel la ha dejado entrar.

- Veo que la has fastidiado con Castiel- dice, cerrando la puerta y avanzando hacia mí en la cama.

No digo nada, no sé cómo sabe eso, así que decido encogerme, apretando mis piernas más cerca de mí porque no tengo una excusa mejor que el hecho de que soy una idiota integral y ni siquiera sé porque mi boca se movía sola.

- Dimitry no me engañaba y aunque sé que Castiel no tiene la culpa, no puedo evitar culparle…

- Porque simplemente no admites que te gusta Castiel y lo que te molesta es que todos los pretextos que te habías creado para estar con él ya no son válidos. Que tienes miedo de que te quiera-

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

No sé si porque mi mente reaccionaba a la realidad que narraba Leia o porque Dimitry salía siempre mal parado para mí, herido y sin siquiera saberlo engañado. Todo se le acumulaba y yo no podía hacer más que quedarme quieta.

- No, Dimitry él…

- Aclara tus ideas, Sucrette, para todo el mundo es obvio que os gustáis. Tú eres la única que no se da cuenta-

Miro a Leia sentarse a mi lado y palmear mi cabeza con suavidad.

- No puedo dejarle ahora para hacer eso.

- Y tampoco puedes obligarte a seguir con algo que sabes que no va a ningún lado, él saldrá peor y quizás, cuando lo dejes, sea demasiado tarde.

[…]

Estoy sola en casa, y eso lo confirmo cuando nadie abre la puerta y el timbre sigue sonando como loco. A duras penas, y sabiendo que Castiel no está en ángulo de recepción, camino a fuera de mi habitación y abro la puerta.

Dimitry está en mi puerta, sonriendo suavemente.

- He oído que estás enferma, por eso he venido- dice Dimitry con una sonrisa, extendiéndome un cuenco de sopa en envase, para dar un paso hacia mí y besar mi frente con suavidad.

- Gracias, no tenías porque- digo con los ojos aun llorosos.

Leia había estado bastante tiempo hablándome de Castiel y lo obvio de sus sentimientos por mí, sin embargo yo no había podido creérmelo después de todos estos antecedentes con diferentes mujeres. Si bien era cierto que era más dulce conmigo, eso no quitaba la cantidad de mujeres que pasaban por el apartamento y se lo follaban.

Lo lleve al salón y, luego de coger una cuchara, nos sentamos en el sofá, mientras él seguía insistiendo en que no quería nada de beber. Y después de mucho pelear, solo opte por comer la sopa para ingerir algunos alimentos después de un día entero sin probar bocado.

- Estás muy callada… ¿sucede algo?

En mi interior sabía que nada de lo que estaba haciendo era una buena idea, quería hablar con Castiel y decirle mis dudas, quería que Dimitry no sufriera y que esta historia saliese bien para todos, pero era imposible. Por mi culpa.

- Tenemos que hablar, Dimitry…

- ¿Qué sucede?- preguntó alarmado.

Esto es lo último que necesitaba, pero era lo mejor para ambos, incluso aunque para él no fuese justo, Leia tenía razón.

- Quizás no sea el mejor momento pero… necesito un tiempo para pensar o quizás que lo dejemos- digo. –Mejor que lo dejemos.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Por los besos…? ¡Sucrette yo pensé que…!

No es por los besos es porque soy mucho más perra de lo que creí que sería nunca.

Lo máximo que pensé es que sería una perra al rechazar los sentimientos de alguien, pero ahora me daba cuenta de que no era cierto, había sido horrible con él y siendo, quizás, un poco consciente de ello.

- No es por eso… yo….- tomo aire y valor. -Necesito estar sola, creo que no siento lo mismo por ti y… mantenerte engañado más tiempo sin estar yo segura me parece una crueldad… lo siento muchísimo Dimitry.

[…]

Como me esperaba, Dimitry comprendió mis palabras y fue realmente comprensivo conmigo. Quedamos como amigos y me sonrió suavemente cuando decidí acompañarle hasta su coche.

Nos quedamos charlando bastante tiempo sobre que, si decidía volver a él, me aceptaría, a pesar de que yo le pedí un montón de veces que no esperase por mí. Se negó y se despidió con un abrazo cálido que me derritió el corazón del dolor.

Le pedí, a pesar de todo, que siguiese en contacto conmigo para contarme como avanzaba María y que, si me necesitaba que me llamase. Asintió y se fue con una sonrisa triste. Le había hecho mucho daño…

Me encaminé hacia el piso y, por supuesto, el karma se vengó de mí.

Al regresar a casa, me esperaba el espectáculo que más me dolería del mundo se encontraba en el salón. Castiel en el sofá, con una mujer de atributos exagerados sobándose como locos. Me quedé mirándolos hasta que ella reparó en mi presencia.

- ¿Te gusta mirar?- preguntó con sorna.

A pesar del dolor, me obligue a alzar la cabeza y mirar con odio.

Castiel desvió su mirada hacia mí y permaneció sereno, sin siquiera parpadear, luego de tener la cabeza enterrada entre los pechos de esa mujer yo ya no era capaz a tomarme en serio su "enamoramiento" por mí.

- No, simplemente estaba pensando en que ese sofá se merece un recuerdo mejor que tú- digo, encogiéndome de hombros.

- ¿Perdón?

- Perdonada- el desdén se palpaba con las manos.

Y sin decir más, camine hacia mi cuarto sin dirigir una mirada a ninguno de ambos. Necesitaba pensar y los gritos furiosos de esa mujer que gruñía en mi contra no me despistarían.

[…]

- ¡Lysandro admite que te gusta la chica de la cafetería!

- N-no sé de donde te sacas eso- dice, contrariado.

Y Rosalya ríe acompañada de Leigh.

La idea de reunirnos todos ha sido de Rosalya obviamente con ayuda de Leia, la idea es que pase un tiempo con todos y me olvide de Castiel, pero Lysandro le invitó y no íbamos a decir que no cuando él había aceptado. Sería de malas personas y a mí, me daba igual.

Han pasado dos semanas desde que Dimitry y yo cortamos, desde que yo mande a paseo a Castiel… y claramente aun no tengo nada claro. Doy un bocado a mi hamburguesa y presto y no presto atención a la conversación que llevan a cabo mis amigos.

Hasta que me salpica a mí.

- Si bueno, hablando de novios- las miradas de ambas se centran en mí.

- Claro, se me olvidaba que tú tenías novio…- admitió Leigh avergonzado. -¿Cómo van las cosas con él?-

Suspire hondo y mordisquee otra vez mi hamburguesa con desinterés, después de todo, yo no estaba triste por tener una ruptura más, para nada, solo me afligía no entender y también que Castiel encajase en algún lado de una vez –amistad o amor-.

- No tengo novio, hemos cortado hace dos semanas- digo simplemente. –Necesitaba alejarme de él-

Me encojo de hombros y respiro hondo para terminar mi hamburguesa, las miradas de los chicos vuelan hacia mí con curiosidad y, sobre todo, la de Castiel intensamente fuerte en mi sien.

Supongo que algún día Castiel tendría que enterarse y, aunque no hablemos y haya sido culpa mía que no nos hablemos, sigo teniendo un fuerte lazo afectivo con él, aunque no estoy segura de que ambos nos gustemos, sobre todo mi parte más que la de él…

- Algunos chicos se han enterado de eso y están haciendo apuestas, ¿sabes?-

Rosalya y sus cotilleos no son la mejor cosa…

Oigo un gruñido de queja y sé que es de parte de Castiel, no tengo nada que decir y tampoco le miro, no sé si estoy preparada para encarar su ira o su mirada de indiferencia.

- Hm… no me importa… puedo imaginarme cuales son- me levanto de mi sitio. –No estoy de humor realmente, me voy a casa.

La confusión me embarga y estoy bastante confusa.

Me alejo de todos ellos y camino hacia la puerta, mis pasos son rápidos y soy consciente de que estoy huyendo lo más lejos posible de ellos, pero no puedo continuar ahí con esas dos compinchándose para sabe quién qué.

- Me echas una bronca descomunal culpándome de que tu noviecito no te ha engañado y de que hayamos tenido sexo y, en la misma semana, ¿cortas con él?

Castiel está caminando a mi par, ¿cómo ha llegado hasta mí tan rápido?

- He salido detrás de ti corriendo- dice a mi silenciosa pregunta que cae en mis ojos.

- Realmente corte con él un día después de acuchillarte- digo sinceramente, sin saber realmente que más decir.

Y continuó caminando sin pararme.

No tengo ganas de seguir con esta conversación incómoda que no nos lleva a nada más que al silencio o al enfado mayor de ambos.

- Deja, te llevo- dice, extendiendo su casco hacia mí. -Podías frenar ¿no?

Su voz es dura, tan dura como la mía cuando le dije que no quería saber nada de él. A pesar de ello, está ofreciéndose a llevarme para asegurarse de que llego bien y no me sucede nada por el camino.

Él es muy dulce.

- No quiero- me niego.

No quiero abrazarme a él y descubrir que no soy lo suficientemente buena como para descubrir la verdad y que me golpee con fuerza.

- Estoy haciendo un esfuerzo…- dice, casi a punto de explotar. –Te estoy pidiendo que subas a la moto.

Ahora ya no es tan amable, pero así es él.

- Lleva a tu amiga de las tetas enormes- me cruzo de brazos y acelero el paso lo más que puedo.

- Ojala, ella subiría sin ningún tipo de problema- dice hastiado.

Me muevo rápidamente con ganas de matarle o llorar como una idiota, pero solo porque me está haciendo sentir mal que, Castiel, estuviese pensando en ella al estar conmigo. Yo no estaba pensando en nadie más, solo era consciente de su presencia.

Tomó mi brazo bruscamente y me obligó a girarme hacia él, me tenía a su merced y yo era obligada a mirarle.

- ¿Qué coño te pasa? ¡Solo voy a llevarte a casa! ¡Haz lo que quieras después!- grita molesto, llamando la atención de todos mis sentidos.

La atracción y la tensión aumento mucho más. Por alguna razón, cada vez que discutíamos el calor subía por mi cuerpo.

- ¡Tú!- grito contestando a su pregunta. -¡Eso es lo que me pasa! ¡Tú! ¡Y Leia!

- ¿Qué demonios dices? ¡Estoy esforzándome para entender que se te pasa por esa puta cabecita!

- ¡¿Quieres saberlo?! ¿Sí? ¡Tú eres mi puto problema! ¡Ni siquiera sé si te quiero como algo más que un amigo! ¡Maldita sea! ¡Y necesito pensar y tú! ¡Tú…! ¡Tú…! ¡Agh!


Y finaliza aquí, os dejo con la intriga hasta el siguiente capítulo.

Al final no lo he hecho tan malo, ¿no?

¡Así que dejen reviews!