Edward se fue al trabajo y yo me quedé en casa recogiendo la cocina. No cabía en mí de gozo. Jamás pensé que algo así me fuera a suceder y menos con mi sexy vecino, al que veía llegar todo los días.
Me encantaba todo lo que me hacía sentir, la manera en la que me abrazaba y me besaba y como me miraba. Se le notaba que yo le gustaba y me hacía muy feliz. No llevábamos ni un día juntos y ya me dolía separarme de él. Le echaba de menos.
Toc, toc, toc,..
Mierda la puerta. No sabía quién podía ser pues estaba segura de que Rose y Ali aún estaría con sus chicos y Edward ya habría llegado al hospital.
- Hola Bella – no, él no.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? – le pregunté sorprendida.
- Tenía que verte – me dijo Jacob – no sabía nada de ti y estaba preocupado.
- No sabías nada de mí porque yo no quería que supieras nada – le dije y le bloqueé la puerta cuando él intentó entrar.
- ¿No me vas a dejar pasar? – me preguntó formando en su cara una mueca enfadada.
- Quiero que te vayas – le dije. Me estaba empezando a asustar de verdad su expresión pero no podía echarme atrás en mi decisión – y que no vuelvas.
- En verdad no quieres eso – me dijo acercándose a mí. Yo cerré la puerta en sus narices antes de que pudiera tocarme. Eché todos los seguros y me fui en busca del teléfono. Jacob aporreaba la puerta como un loco gritándome que estaba loca y que le abriera la maldita puerta.
La primera persona que se me vino a la mente era Edward pero estaba en el trabajo y no podría hacer mucho desde allí y yo no iba a permitir que se marchara de su trabajo en medio de su turno simplemente porque un loco no quisiera dejarme en paz.
Mi segunda opción fue Rose. Ella odiaba a Jacob y seguro que junto a ella aún estaba Emmet y por la manera en que Jacob gritaba iba a necesitar sus músculos.
- ¿Diga? – escuché que contestaba Rose al teléfono - ¿Bella?
- ¿Estás sola? – le pregunté nerviosa. La puerta no cedería ¿Verdad?, quizás debería llamar a la policía después de todo.
- No, Emmet está conmigo – me contestó - ¿qué ocurre Bella?
- Jacob está aquí – le dije y la noté respirar fuerte – quiere tirar la puerta Rose.
- ¿Dónde está Edward? – me preguntó Rose.
- Está trabajando – le dije – por favor Rose no sé qué hacer.
- No te preocupes ya vamos para allá – me dijo Rosalie.
Me colgó el teléfono y yo me quedé acurrucada en mi sofá con el teléfono entre mis manos mirando asustada a la puerta. El sonido del teléfono me sobresaltó.
- Señorita Swan, ¿hay algún problema? – me preguntó el portero preocupado.
- Yo… ya he llamado a unos amigos para solucionar el problema Sr. Simms – le dije con la voz temblorosa – si veo que no podemos manejarlo llamaré a la policía.
- Si necesita cualquier cosa no dude en llamarme – me dijo el portero.
Colgué el teléfono después de darle las gracias al hombre y recé para que Rose llegara lo más ligero que pudiera. Jacob parecía que se había cansado de dar golpes a la puerta pero aún seguía gritando obscenidades en el rellano de mi puerta.
A esas alturas las lágrimas ya corrían por mis mejillas. Yo quería que ese desgraciado se marchara de mi casa. Cuando hace seis meses me mudé de su casa porque lo encontré con otra en nuestra cama, le dejé al instante y él estuvo de acuerdo. No pensé jamás que se pusiera de esa manera. A las dos semanas de dejarlo con él, recién instalada en el apartamento, Jacob comenzó a llamarme diciéndome cosas como que ya había estado bastante tiempo fuera y que ya era hora de volver a casa y a cada negativa que yo le daba más violento se volvía él. Ya se había presentado en mi trabajo dos veces y le habían prohibido la entrada pero nunca se había presentado en mi casa y le daba las gracias a Dios que Edward no estuviera pues no quería ni pensar en la que se formaría.
- Tú, imbécil. Como no te vayas de aquí llamaré a la policía - escuché que gritaba Rosalie y esperaba que no hubiera venido sola.
- Cállate puta – le gritó Jacob a mi amiga – Bella se vendrá conmigo ahora, quiera ella o no.
De repente se escuchó un fuerte ruido y Rose gritó. Yo me dirigí corriendo a la puerta y la abrí de un tirón. Rose estaba en medio del pasillo gritándole a Emmet que soltara a Jacob pues lo tenía cogido del cuello y lo había levantado al suelo. Se estaba poniendo azul.
- Por Dios Emmet, suéltalo – le dije cogiéndolo por el otro brazo para que lo soltara. Entre los esfuerzos de Rose y los míos al final lo soltó. Jacob cayó en el suelo como un peso muerto, jadeando y tosiendo.
- Si no te vas de aquí en este momento te partiré todos los huesos del cuerpo – le amenazó Emmet. Jacob se levantó del suelo y se marchó tambaleándose hacia el ascensor. Cuando la puerta se cerró detrás de él, el ambiente se calmó. - ¿Estás bien?
- Si – le dije cogiendo aire – solo me asustó un poco.
- Deberías denunciarlo Bella – me dijo Rose acercándose y cogiéndome por las manos.
- Al final acabaré haciéndolo si no se calma – le dije - ¿Por qué no entráis?
Entramos en mi casa. La puerta estaba un poco desconchada y supe que el casero me calentaría la cabeza en cuanto la viera.
- ¿Queréis tomar algo? – ofrecí – si queréis puedo hacer café.
- Si eso estaría bien – dijo Emmet despatarrándose en el sofá – no sabía que Edward tenía que trabajar hoy.
- Lo llamaron esta mañana porque un doctor les había fallado – le expliqué mientras iba a la cocina a preparar el café. Aún estaba un poco nerviosa por lo que había sucedido con mi ex pareja y no sabía cómo iba a arreglar esta situación. No quería denunciarlo porque había vivido muchas cosas buenas con él y además nuestros padres eran amigos e iban a pescar todos los fines de semana.
- ¿De verdad estás bien Bella? – Rosalie me había seguido a la cocina y estaba apoyada contra el frigorífico.
- Si – le dije dándole una sonrisa – solo me ha sorprendido que se pusiera así.
- Jacob siempre ha sido una persona muy posesiva contigo Bella – me dijo ella – por eso ni a Ali ni a mí nos gustó que salieras con él.
- Siempre fue muy bueno conmigo – le expliqué.
- Era un tírano – dijo Rose – de verdad que no entiendo porque lo justificas.
- No lo justifico Rose.
- Si lo haces y no sabes cuánto me cabrea – podía ver que Rose estaba muy enfadada – cuando estabas con él, nunca salías con nosotras de fiesta y se enfadaba muchísimo si ibas a tomar simplemente un café. Tenías que ir del trabajo a casa sin entretenerte por ningún motivo y él era siempre el que elegía todo y tú no decías ni una palabra.
- No era tan malo – le dije mientras servía el café en tres tazas.
- Nos hizo muy feliz que al fin te decidieras a dejarlo – dijo ella acercándose coger la bandeja – y cuando nos dijiste que te gustaba otro chico nos pusimos a dar saltitos de alegría.
- No sabes cómo es Edward – le dije sonrojándome – no sé ni como puedo andar.
- Oh – Bella me miró con la boca abierta –no te había oído hablar así jamás.
- Será que me ha cambiado – le dije riéndome.
Volvimos al salón donde Emmet estaba viendo un partido de baseball. Parecía que era de su equipo pues no hacía más que gritarle a la tele.
- Cuando Edward se enteré de que se ha perdido el partido se morirá – dijo Emmet riéndose.
- ¿Le gusta el baseball? – le pregunté curiosa.
- Somos, junto con Jasper, seguidores de Los Leones desde que teníamos ocho años – me explicó Emmet – nos conocimos en un partido de ellos.
- Valla – dije mirando mi café. Hay muchas cosas de Edward que aún desconocía.
- Edward hablaba mucho de ti – me dijo él sonriendo – siempre que estábamos en su casa y te escuchábamos salir él se ponía súper tenso.
Yo me sonrojé.
- La verdad es que no sé porque nunca me acerqué a su casa con la excusa de pedirle cualquier cosa – le dije – supongo que tenía miedo de que a él no le gustara yo tanto como él me gusta a mí.
- Nosotros le decíamos que cuando te escuchara salir, saliera él también de su casa y se hiciera el encontradizo – Emmet no paraba de reír – pero él nos decía que no, que sería demasiado obvio. Supongo que también tenía miedo.
- Y por culpa de estos dos tórtolos, nosotros hemos tardado mucho más en conocernos – le dijo Rose a Emmet cogiéndolo de la mano.
- Dale las gracias – dijo Emmet riéndose – si estos dos se hubieran conocido aquí en el rellano de su casa, nosotros hubiéramos tardado mucho más en conocernos de lo que lo hemos hecho.
- Quizás.
Estuvieron conmigo toda la tarde, contándome historias sobre la niñez de Edward con Emmet y Jasper. Por el modo en el que hablaba de él, se le notaba que lo quería como si fuese un hermano más. Los tres eran hijos únicos y había sido una suerte que se encontraran.
Cuando dieron las nueve de la noche me decidí a llamar a Alice ya que no había sabido nada de ella en toda la tarde. Pero su teléfono sonó y sonó y nadie lo descolgó así que me imaginé que estaría aún con Jasper dándole al tema. Esta chica era incansable, pensé.
Cuando me estaba preparando la cena el teléfono sonó y pensando que era Alice contesté:
- ¿Ya lo has dejado seco?
- ¿Bella? – me quedé sorprendida y avergonzada.
- Oh Edward – le dije – lo siento pensaba que era Alice.
- Ja ja ja – escuché que reía Edward - ¿y por qué pensaste eso?
- La llamé hace un rato y como no me respondió pensé que me estaba devolviendo la llamada – le expliqué – pensaba que estabas trabajando.
- Lo estoy – me dijo él – pero estoy en mi descanso para cenar, tengo una hora.
- ¿Puedes salir del hospital? – le pregunté.
- Si – me respondió – pero entre que voy y vuelvo se me va la hora y no puedo ni cenar tranquilo.
- Claro, tienes razón – le dije aun que en el fondo pensaba que quizás pudiéramos haber quedado en algún restaurante cerca del hospital. Y quizás también me estaba volviendo demasiado pegajosa. - ¿Y cómo ha ido el trabajo hoy?
- Pues bastante tranquilo – me contestó. De fondo escuché como abría algo que estaba envuelto en papel de plata.
- ¿Qué estás cenando? – le dije curiosa.
- Me he comprado un bocata en la cafetería – me dijo él y oí la sonrisa en su cara – la verdad es que la comida del hospital no es muy buena.
- Mañana te llevarás algo preparado – le dije frunciendo el entrecejo.
- No te preocupes con esto voy bien – me dijo él.
- No puedes sobrevivir a base de bocadillos toda la noche – le dije – y no me discutas por favor.
- Me recuerdas a mi madre – me dijo riéndose –. Y… ¿qué llevas puesto?
Abrí los ojos sorprendida. Me miré el pijama y no era precisamente uno sexy así que dejé volar mi imaginación.
- Pues… llevo puesto un… camisón – intenté improvisar sobre la marcha y supe que había fallado cuando lo escuché reí escandalosamente.
- Bella – me dijo con ternura – no quiero que me mientas. Dime que llevas puesto.
- Pues llevo puesto un pijama largo verde finito con conejitos y corazones dibujados – le dije avergonzada. Le escuchaba reír a carcajadas – te voy a colgar – le amenacé.
- Ya paro – me dijo tomando aire -. ¿Qué has hecho hoy?
- Pues… recogí la cocina y me senté a ver la tele un rato – quería contarle lo de Jacob pero no sabía cómo sacar el tema sin preocuparlo o molestarlo.
- ¿Solo eso? – me preguntó y yo al instante sospeché. ¿Habría hablado con Emmet?
- No – cogí aire y lo solté – vino mi Ex novio Jacob y se puso algo alterado cuando le dije que se marchara así que tuve que llamar a Rose para que viniera con Emmet a ayudarme a convencerle de que se fuera.
Edward se quedó callado. Yo esperé y esperé a que él dijera algo pero como vi que no lo hacía decidí hablar yo.
- ¿Edward? – le pregunté insegura - ¿estás bien?
- ¿No pensabas contármelo? – me preguntó él.
- Claro que sí pero no quería hacerlo por teléfono – le expliqué – no quería que te preocuparas por nada mientras estés trabajando.
- Puedes decirme en cualquier momento cualquier cosa que quieras Bella – me dijo él.
- Ya lo sé – empecé a oler a quemado y recordé el sándwich que tenía en la sartén – oh mierda – salí corriendo hacia la cocina y dejé el teléfono en la encima mientras retiraba la sartén del fuego. El sándwich a la basura. – lo siento Edward.
- ¿Por qué no me contestabas? – me dijo algo alterado.
- Se me quemó la cena – le dije compungida y él se echó a reír – no te rías. Esto es tú culpa.
- ¿Mi culpa? – me dijo asombrado.
- Si – le dije mientras metía la sartén debajo del agua del fregadero – por ser tan irresistible que hasta se me olvida lo que estoy haciendo.
- Ojala pudiera tenerte aquí ahora – me dijo Edward – no sabes lo mucho que he pensado en ti hoy. Jamás un turno se me había hecho tan largo.
- Yo también te he echado de menos – le dije tumbándome en el sofá boca arriba -. No creo que pueda esperar hasta mañana para verte.
- No tenemos más remedio – me dijo él – y créeme que solo lo hago porque me han prometido que dentro de un año podré tener un horario más normal.
- Un año es mucho tiempo – le dije tristemente. Él se quedó en silencio durante un momento y después lo escuché coger aire.
- Entendería que no quisieras seguir con esto – me dijo él soltando el aire que había tomado. Yo me quedé paralizada – soy consciente de que mi horario de trabajo es una mierda pero es un bien para mi futuro y yo quiero tener ese futuro contigo Bella.
- Yo también lo quiero y me has malinterpretado – le expliqué – solo me quejaba un poco de que era mucho tiempo pero no por eso quiero separarme de tu lado.
- Te.. – se interrumpió en medio de la frase y escuché como sonaba algo como un pitido – me llaman al busca Bella tengo que colgar puede que sea alguna emergencia.
- De acuerdo – le dije – que tengas buena noche.
- Sueña conmigo – me dijo y yo sonreí.
- Hecho – colgamos el teléfono y yo me fui a hacer otro sándwich.
Después de cenar me puse una película romanticona y me quedé dormida en el sofá. Me despertó horas después el teléfono.
- ¿Si? – contesté adormilada.
- Te he despertado lo siento – escuché que decía Alice.
- ¿Qué hora es? – le pregunté sobándome los ojos. Debía de ser tarde porque estaban echando la teletienda.
- Son las cuatro – me dijo Alice como disculpándose.
- ¿Las cuatro? – me despertó del todo al instante. – me he quedado dormida en el sofá.
- Al menos no te he levantado de la cama – me dijo Ali.
- ¿Qué ocurre? ¿Por qué me llamas a esta hora? – le pregunté a ella empezando a preocuparme pues ella nunca me había llamado a esa hora.
- Creo que me he enamorado – me dijo ella sonando muy seria y yo no pude contener mi risa – no te rías te estoy hablando en serio.
- Solo tú puedes llamarme en medio de la noche para decirme algo como eso – le dije bostezado - ¿Y qué ha hecho ese maravilloso hombre para que te hayas enamorado tan rápido?
- Me ha dado el mejor sexo de mi vida – me explicó y yo me carcajee ahora si, muy fuerte – y no ha sido solo el sexo: cuando me desperté por la mañana me había preparado el desayuno aunque no nos dio tiempo a terminarlo. Y me ha llevado a almorzar juntos y después hemos estado paseando toda la tarde hablando sin parar de nuestra vida y de tonterías sin más – me estaba quedando dormida. Juro que quería mantener mis ojos abiertos pero se me estaban cerrando – y después hemos ido a cenar a mi casa y me ha preparado una cena exquisita y luego me ha hecho el amor tan lentamente que… oh Dios, él es el hombre de mi vida.
- ¿Y dónde está ahora el hombre de tu vida? – le dije intentando espabilarme.
- Durmiendo en mi cama – me dijo ella con voz excitada.
- ¿Y por qué en vez de despertarme a mí, no lo has despertado a él y le has dicho todo lo que me estás diciendo a mí? – le pregunté.
- ¿Estás loca? – casi gritó -. Saldría corriendo si le dijera que lo amo a tan solo veinticuatro horas de haberlo conocido. Me tomaría por una lunática.
- Si estoy de acuerdo – le dije riéndome.
- Ahora me vas a decir que tú no te has enamorado de tu sexy vecino – me dijo Alice y yo puse los ojos en blanco.
- Yo he tenido más de veinticuatro horas para hacerlo – le recordé.
- Ajá – dijo ella – entonces reconoces que estás enamorada.
- No lo puedo negar – le dije con una sonrisa tonta en mi rostro – pero aún es pronto para decirlo así que yo de ti esperaría un poco más a que te conociera o a que él te lo dijera primero no vaya a ser que lo espantes.
- Tienes razón – me dijo – gracias Bella, necesitaba escuchar una opinión racional.
- Hasta dentro de unas horas – le dije yo. Me fui derechita a la cama después de colgar pensando en que ya me quedaban unas pocas horas para ver a Edward.
Mi despertador sonó a las siete y media. Me levanté de la cama un poco confundida sin recordar porqué estaba tan nerviosa y de golpe lo recordé. ¡Edward estaría al llegar!
Fui al baño y después de lavarme los dientes y hacer mis necesidades fui a la cocina a preparar café. Tenía unos panecillos congelados así que los saqué para que Edward pudiera comer algo más aparte del café. Fui a la habitación a subir las persianas mientras el café se terminaba de hacer y los panecillos se descongelaban en el microondas.
Me miré en el espejo pensando si cambiarme el pijama o no, pero después decidí que no, que me lo dejaría puesto pues ya le había dicho lo que llevaba encima. Me recogí el pelo en un moño y fui a la cocina a poner el pan en la tostadora para que estuviera más crujiente. El café también estaba listo ya y justo después de servirlo sentí la puerta sonar.
Yo fui corriendo hacia ella y la abrí de un tirón. En cuanto lo vi me tiré en sus brazos y el me abrazó muy fuerte y lo sentí oler mi pelo.
- Te he echado de menos amor – me dijo él y yo me quedé un poco asombrada por la palabra que había usado para nombrarme pero luego decidí que no me importaba, es más, me gustaba que me llamara así.
- Yo también – le dije. Me separé de sus brazos un poco y luego le di un beso en los labios. Él me apretó más contra él y soltó un gemido mientras profundizábamos más el beso. Después de unos minutos besándonos en mi puerta, me separé de él no sin esfuerzo – el desayuno está preparado y yo tengo que arreglarme para ir a trabajar.
Él hizo un mohín pero nos adentró en la casa. Yo lo dirigí hacia el comedor donde yo tenía puesta la mesa con el café y los panecillos. Fui la cocina a buscar la mantequilla y la mermelada. Cuando volví, él ya había servido el café en nuestras tazas.
Me senté con él en la mesa y le sonreí cuando me miró. Se le veía cansado pues apenas podía mantener los ojos abiertos y no hablaba mucho.
- ¿Cómo te ha ido la noche? – le pregunté.
- Cansada – me contestó suspirando – desde que colgué el teléfono no he parado.
- ¿Qué ha ocurrido? – le pregunté.
- Ha habido un accidente en la autopista y hubo muchos coches involucrados – me explicó – gracias a Dios solo fueron cirugías menores pero fueron muchas. ¿Y tú como has pasado la noche?
- Pues bien – le contesté encogiéndome de hombros – me quedé dormida en el sofá y Alice me despertó a las cuatro cuando me llamó.
- ¿Le pasó algo? – me preguntó.
- No – le tranquilicé – solo son las locuras de Alice. Después me acosté en la cama y me levanté horas después.
Nos volvimos a quedar en silencio. Una de las veces que miré el reloj vi que se me hacía tarde.
- Tengo que ducharme ya o sino no llegaré a tiempo al trabajo – le dije levantándome de la mesa.
- ¿A qué hora sales? – me preguntó mientras me seguía a mi dormitorio.
- A las cinco – le contesté – pero tengo una hora para comer, si quieres nos podemos encontrar en algún restaurante y almorzar juntos.
- Si eso sería estupendo – me dijo cogiéndome por la cintura y apretándome contra él – ¿qué dices de darnos una ducha juntos?
Yo me eché a reír y lo jalé dentro del baño conmigo. Nos desnudamos rápidamente y nos metimos bajo el chorro de agua caliente. Nos besamos y acariciamos lentamente rozando nuestros cuerpos. Yo al pasar mis manos por su espalda sentí las costras que se habían formado en los arañones que yo le había hecho.
- Deberías haberme recordado curarte los arañones – le dije mientras él apoyaba mi cuerpo contra los fríos azulejos de la ducha.
No me contestó y siguió atacando mis labios. Yo bajé mis manos y tomé su erección entre ellas. Empecé a moverlas de arriba hacia abajo mientras él escondía su rostro en mi cuello. Cuando lo sentí gemir más fuerte, apreté.
De repente Edward me tomó de la cintura y me dio la vuelta haciendo que yo le diera la espalda. Abrí mis piernas porque sabía lo que él buscaba en todo esto, coloqué mis manos en la pared y me preparé para recibir su excitación dentro de mí.
Edward acarició mi centro e introdujo un dedo en mi interior. Cuando notó lo excitada que estaba, sacó su dedo y metió de un solo empujón toda su verga dentro de mí. Yo boqueé en busca de aire y él comenzó a moverse contra mí. Sus manos en mi cadera inclinaron más mi culo hacia él y pude sentir como se introducía aún más en mí. Yo casi grité. Tenía la cara pegada a la pared junto con mis manos y él seguía introduciéndose en mí sin darme ni un solo segundo de descanso.
Cuando empecé a sentir los tirones de mi orgasmo, me moví contra él. Edward soltó mis caderas y mientras una de sus manos iba a la pared para poder sujetarse mejor, la otra fue hacia mi clítoris. Yo sentía cada vez más cerca mi orgasmo y contra más placer sentía más fuerte me movía contra él. Poco después lo sentí gemir totalmente descontrolado y eso me dio mi estupendo orgasmo.
En cuanto él sintió que me apretaba a su alrededor, me volvió a coger por la cintura para poder sostenerse bien y se comenzó a mover de nuevo fuertemente.
Al cabo de los segundos ambos jadeábamos fuertemente sentados en la ducha con el agua templada cayendo sobre nosotros. Nos miramos y nos sonreímos.
Yo me levanté del suelo y comencé a enjabonarme el pelo y mi cuerpo. Edward no me quitaba la vista de encima y una de las veces en que lo miré pude ver que se estaba tocando y eso hizo que me mojara instantáneamente.
Ver a Edward masturbándose mirando mi cuerpo era lo más jodidamente erótico que había visto en toda mi vida.
Cuando vi que cerraba sus ojos, recargaba la cabeza en la pared y aligeraba sus movimientos en su polla, me agaché y sin él esperárselo la introduje en mi boca, chupando fuerte. Edward se corrió en mi boca soltando un fuerte gruñido y agarrándome del pelo para que no me moviera del sitio hasta que no terminó su potente orgasmo.
Te prometo que te lo recompensaré – me dijo besándome después de que me incorporara y me tragara todo su esperma.
Terminamos de ducharnos y yo me fui a mi dormitorio a buscar mi ropa. Cuando lo vi salir, Edward estaba ya vestido. Se sentó en mi cama y yo le guiñé un ojo. Volví al baño para vestirme y arreglarme el pelo. Cuando salí veinte minutos después, Edward estaba dormido encima de mi cama. Estaba tan adorable.
Me maquillé sin hacer ruido para que no se despertara. No quería que se marchara a su casa así que busqué el segundo juego de llaves que tenía de mi casa y los puse encima de la mesilla de noche junto con su móvil, las llaves y el busca, y le escribí una nota:
``Te veías tan bien dormido que no quise despertarte así que te dejé dormir. Te he dejado el otro juego de llaves de mi apartamento por si te despiertas y te quieres ir a tu casa. Cierra bien la puerta. Te llamaré media hora antes de mi hora del almuerzo para hablar de dónde nos encontramos.
Te quiero, Bella.´´
Estuve un poco indecisa sobre si ponerle esa despedida pero al final la dejé así. Lo quería así que no iba a negar eso aunque le hubiera dicho a Alice que era demasiado pronto.
Dejé el apartamento y me dirigí a mi trabajo. Tuve que coger el metro para llegar al trabajo pues yendo en autobús no llegaría. Y en el metro lo hice apenas.
- Buenos días – saludé a Claire, ella me miró sorprendida y soltó una carcajada.
- ¿Quién es el tipo? – me preguntó Claire sin devolverme el saludo.
- No sé de qué me hablas – le dije sonrojándome y dirigiéndome hacia mi despacho.
La mañana pasó bastante ligera entre llamadas a editoriales y negociaciones. A media mañana me llamó Aro a su despacho para decirme que la editorial Fuancki quería comer conmigo para discutir los últimos detalles del libro que estábamos a punto de publicar y yo no me pude negar.
Esperé hasta las doce y media para llamar a Edward rogando que ya estuviese despierto y que no fuera yo la causa de despertarlo.
- Hola amor – me saludó él y su voz no tenía pinta de haberse acabado de levantar – estaba a punto de salir de casa.
- No podemos almorzar juntos – le dije tristemente – un director editorial quiere comer conmigo para ultimar los detalles del lanzamiento de un nuevo libro del que yo soy agente y no puedo negarme lo siento.
- No pasa nada – me dijo él pero notaba en su voz que ya no sonaba tan entusiasmado como antes – es trabajo y lo entiendo.
- De verdad que lo siento - le volví a repetir – tenía muchas ganas de verte.
- Isabella – me llamó mi jefe con su voz potente entrando en mi despacho sin importarle que yo estuviera al teléfono – Rick te espera en el restaurante Hammond´s dentro de media hora.
- Allí estaré – le contesté y volví a mi conversación con Edward – era mi jefe, lo siento.
- Bueno te llamaré cuando tenga el descanso de mi turno, ¿de acuerdo? – me dijo él.
- Está bien – le contesté – te tengo que dejar sino no llegaré al restaurante que está en la otra punta de la ciudad.
- Ok, bien adiós – me dijo.
- Adiós Edward – antes de colgar le escuché gritar mi nombre por el auricular. - ¿Qué pasa?
- Yo también te quiero – me dijo él y a mí se me dibujo una sonrisa tonta en la cara. Me colgó el teléfono sin que yo pudiera decirle nada más.
Espero que os guste...
Muchos Besos.
