Llegué a casa súper cansada. Me había llevado toda la tarde desde que salí del trabajo, comprando en el mercado. Le había dicho que se llevaría la comida preparada de casa al trabajo pero con todas las cosas que tenía en la cabeza se me había olvidado. Y sinceramente, tampoco había tenido tiempo.
Eran las 8 de la tarde cuando abrí la puerta de casa y entré con todas las bolsas. Hoy me habían dicho en el trabajo que lo más seguro es que tuviera que salir de viaje de trabajo durante una semana y no me había hecho ninguna gracia.
No sabía cómo se lo iba a tomar Edward. Solo hacía dos días que estábamos juntos y ya nos íbamos a tener que separar.
Nunca en estos años que llevo trabajando en la agencia, me habían mandado de viaje de trabajo y precisamente ahora que no me convenía nada, lo hacían.
Estuve a punto de negarme, casi le digo a Aro que me era imposible viajar en este momento pero después pensé y supe que si me negaba al mes estaría despedida. Aro era así, había que hacer lo que el dictaba. Y eso no es lo peor, lo peor es que iba a tener que viajar con el idiota de James que no me gustaba nada.
James era uno de los agentes que llevaban más tiempo y hacía las funciones de director cuando Aro no estaba. Lo que no entendía es por qué en lugar de llevarse a su secretaria, me lo pedía a mí pues mis días de secretaria los había dejado atrás hace mucho. Y así se lo dije a Aro, y aunque la excusa que me dio de que era mejor llevar a dos agentes porque el cliente en cuestión era muy complicado no me convencieron, no pude hacer nada.
Guardé la comida en los muebles de la cocina y me tiré en el sofá. No sabía si llamar a Edward o no. Quizás estaría en medio de una operación y no podía coger el teléfono.
Necesitaba oír su voz así que me decidí por llamar al hospital y preguntar por él.
- Hospital Memorial de Nueva York – me contestó una mujer - ¿en qué puedo ayudarle?
- Hola – dije, algo nerviosa – preguntaba por el Dr. Edward Cullen.
- El Dr. Cullen está pasando en este momento consulta – me dijo y yo me entristecí - ¿quiere que le dejé algún mensaje?
- No , no – aunque después lo pensé mejor – bueno, dígale que Bella Swan le ha llamado.
- De acuerdo – me dijo la recepcionista - ¿quiere algo más?
- No, no - le dije – muchas gracias.
Colgué el teléfono y fui al baño a darme una ducha. Tendría que esperar para hablar con él pero no podía hacer otra cosa. No sabía cómo decirle lo del viaje aunque aún no fuera seguro.
Cuando terminé de ducharme, me fui a la cocina a hacerme algo de cenar. Mientras cocinaba pensé que como Edward iba a salir hoy más temprano le podía dejar algo preparado para cuando llegara y cenara algo contundente, no un bocata.
También me puse a cocinar varias comidas calientes para que se las llevara al trabajo los días que tuviera un turno largo y no pudiera salir a comer. Los guardaría en un tupper y los congelaría por raciones.
Cuando me senté a la mesa para cenar, mi teléfono comenzó a sonar.
- Diga – descolgué.
- Bella, ¿ha pasado algo? – me preguntó Edward, agitado - ¿estás bien?
- Si, no te preocupes – le tranquilicé y me sentí mal por haberlo preocupado – solo… quería escucharte.
- Oh – se quedó en silencio y luego soltó – Dios Bella, no sabes cuánto te echo de menos.
- No puede ser más de lo que yo lo hago – le susurré.
- ¿ya has cenado? – me preguntó.
- Lo estaba haciendo en este momento – le dije y después le pregunté - ¿por qué?
- Dentro de media hora tengo mi descanso y pensaba que quizás podrías venir y comer algo juntos aquí en el hospital.
- Pasaré por un chino – le dije emocionada por verlo.
- De acuerdo – supe que sonreía – cuando llegues aquí, llámame e iré a la puerta a buscarte.
- Ok – y me despedí – hasta ahora.
- Adiós.
Me vestí en menos de dos minutos, puse mi plato en el fregadero, cogí mi bolso, dinero y llaves, y salí de casa corriendo. Cuando llegue a la calle busqué un taxi frenéticamente y tuve suerte, pues al cabo de un minuto pasó uno libre por mi calle.
Le dije que me llevara a algún restaurante chino que estuviera cerca del hospital y nos pusimos en marcha.
Compré comida y fui al hospital. Al entrar por la puerta lo que vi me dejo clavada en el suelo. Nunca he sido una chica celosa pero es que ver a tu mm.. digamos novio con una rubia escultural a su lado coqueteándole deja noqueada a cualquiera.
Me quedé mirándolos a ambos sin saber si acercarme o darme la vuelta y huir. Estaba claro que ella quería algo con Edward aunque él, cuando le ponía la mano en el brazo o se acercaba más de la cuenta se alejaba. Eso me dio fuerzas para acercarme a ellos. Quizás ella lo había abordado y no sabía cómo deshacerse de ella sin parecer grosero.
- Hola – saludé en cuanto estuve a su lado. Edward me miró con los ojos muy abiertos. La expresión de sorpresa pronto cambió por una de alivio. En cambio la rubia me miraba como si quisiera morderme. Supongo que no le había gustado que los interrumpiera.
- Hola preciosa – me dijo Edward. Me cogió por la cintura y me acercó a él para darme un beso. Por el rabillo del ojo pude ver como la otra chica se ponía pálida y abría mucho su perfecta boca. – Gracias por venir a rescatarme – susurró – no sabía como librarme de ella.
- ¿No nos presentas Edward? – preguntó la otra chica de repente. Tenía una voz bonita, armoniosa pero había algo en su rostro cuando la mirabas de frente que te hacía desconfiar al instante.
- Por supuesto – le dijo Edward sin dejar de abrazarme – Bella ella es Tanya, una compañera de trabajo – presentó – y Tanya ella es mi Bella.
Oh me encantó eso. Mi Bella. Su Bella. Y la verdad era que si, que era totalmente suya.
- ¿Tu Bella? – preguntó ella burlándose de como me había llamado.
- Si Tanya – le dijo él y noté como se tensaba. – ya sabes, mi novia, mi pareja, mi amiga, mi amante,… todas esas cosas que nosotros jamás seremos por mucho que te esfuerces.
Ahora ambas nos quedamos sorprendidas. Ella por lo que le había dicho y yo por la descripción que había hecho de nuestra relación, que aunque acertada, para mi era mucho más.
- Edward la comida se enfría – le dije. Me miró.
- Vamos – me soltó la cintura y me cogió de la mano – adiós Tanya.
Fuimos por un pasillo del hospital por el que nunca había ido. Ambos íbamos en silencio. Yo porque no sabía que decir después del encontronazo y él… bueno no sé por qué iba él tan en silencio.
Nos paramos frente a una puerta y el la abrió y después se hizo a un lado para que yo pudiera pasar. Era una especie de oficina, aunque más parecía un consultorio porque también tenía una camilla en el otro extremo de la habitación.
- Es mi oficina - Edward entró y cerró la puerta con pestillo. Se acercó a su mesa y se sentó.
- Parece un consultorio con esa camilla ahí – le dije mirándolo. No sé por qué pero de repente el ambiente se había espesado, me sentía a la expectativa, como si algo fuera a suceder.
- La tenemos para descansar – dijo él. Se levantó de la mesa y se fue acercando a mí. Yo no sé por qué, pero empecé a alejarme. El sonreía -. Todos los doctores establecidos tenemos una habitación como ésta.
- Ahm – yo no podía dejar de mirarlo pensando que se había vuelto loco. Me acechaba como si él fuera un animal y yo su presa aunque quizás si que fuera así. De repente, mis piernas dieron con la camilla y ya no pude retroceder más. Él aumentó su sonrisa.
- Es muy cómoda Bella – pusó sus manos alrededor de mi cuerpo y se sostuvo poniéndolas encima de la camilla por lo que se inclinó hacia mí y yo me tuve que echar hacia atrás. Sentía su aliento en mi cara, cálido y fresco a la vez. – no sabes cuánto te he deseado.
Sin pensarlo ni un segundo más, me besó. No fue un beso suave ni mucho menos. Era un beso voraz. Parecía que quería conseguir algo de mi boca y bebía y bebía y no obtenía lo suficiente.
Con una de sus manos aguantaba mi cabeza y con la otra apretaba mi cuerpo contra su excitación que para ese momento ya estaba completamente alzada aunque aún dentro de sus pantalones.
Su mano se alejó de mi cabeza para meterse por dentro de mi blusa y levantarla. Yo ya había perdido cualquier forma de pensamiento racional y simplemente lo dejé hacer.
Me desnudó de cintura para arriba y sus manos fueron a mis pechos cubiertos con el sujetador rosa de encaje. Los cubrió y los apretó. Yo gemí. Sonrió y bajó una de las copas del sujetador dejando un pecho libre.
Su boca lo devoró. Era extraño pues me hacía sentir estupendamente bien pero a la vez sentía que algo no iba bien. No estaba bien como se estaba comportando. Esas ansias con las que me tocaba, con las que me chupaba y lamía. Ni siquiera me hablaba y aunque otras veces también lo habíamos hecho sin hablar, en esta ocasión se sentía extraño.
Sus manos bajaron por mis piernas, subiéndolas luego hacia arriba rozando todo lo que podía y más y yo no pude soportarlo más.
- Edward – lo llamé pero no me contestó y siguió tocándome. Cuando llegó a mi centro con sus manos y lo apretó, a mí se me olvidó cualquier cosa que pudiera haber estado pensando.
El desabrochó mis pantalones y me los bajó de un tirón. Se agachó y con manos fuertes se deshizo de mis zapatos y de los pantalones dejándome prácticamente desnuda con él entre mis piernas completamente vestido aún.
Volvió a besarme y sentí el sabor de la sangre en mis labios aunque no sabía si era suya o mía. Sus manos agarraron mi culo levantándome y poniéndome encima de la camilla. Yo tenía mis dedos entrelazados con su pelo y aunque a veces tiraba para acercarlo a mí, otras veces también tiraba para separarlo de mí pues.. no sé, se sentía todo muy raro. Él se dio cuenta. Se separó de mí y me miró. Nos quedamos en silencio por un minuto.
- ¿Qué ocurre Bella? – me preguntó con su voz ronca por el deseo.
- No lo sé – bajé mi mirada hacia el suelo con el fin de ordenar mis ideas pero él no me dejó esconder el rostro.
- ¿Te he hecho daño? – me preguntó preocupado - ¿he ido demasiado rápido?
- No – le dije – no es eso.
- Entonces.. ¿es que estás en tus días o algo?
- No, tampoco es eso – no sabía que decirle.
- No tienes ganas entonces – afirmó.
- Por Dios Edward, me has tocado – le dije – sabes que estoy excitada.
- ¿Entonces qué es lo que ocurre?
- No sé, nunca habías estado así conmigo – no lo miré pues intentaba buscar las palabras para explicarme – nunca te había visto tan descontrolado, supongo que es eso.
- Te he asustado – de nuevo no preguntó sino que afirmó.
- Puede que un poco – le di la razón. Él lleno sus pulmones con aire y luego se separó de mí. Fue hacia su silla y se dejó caer en ella. Cuando me miró pude ver la expresión torturada de su rostro -. Escúchame – le dije yendo hacia él y sentándome en la mesa frente a él – realmente no ha sido que me has dado miedo o algo de eso sino que nunca te había visto así conmigo y me he bloqueado, solo eso.
- No Bella – me dijo sin mirarme – no intentes buscarle otra explicación, te he dado miedo y punto.
- Edward – le llamé. Esperaba que me mirara pero no lo hizo – por favor.
- Quiero que entiendas algo – dijo él de repente. Se levantó de su asiento y se volvió a colocar entre mis piernas. – jamás – acunó mi rostro entre sus manos – jamás te haría daño Bella, puede que de vez en cuando parezca más rudo que de costumbre pero solo es que te deseo tan inmensamente que no puedo controlarme lo suficiente.
- Lo siento – bajé los ojos avergonzada.
- Solo quiero que la próxima vez que te sientas así me lo digas – me dijo y aunque intentaba que no se le notara, Edward estaba enfadado.- que no esperes a que me dé cuenta yo de que algo no va bien.
Abrí la boca para contestarle pero en ese momento sonó su busca. Lo sacó de pantalón y lo miró.
- Es del quirófano – me explicó – tengo que irme.
- Ya – no pude contestarle otra cosa.
- Quédate aquí y cena si quieres – no me miraba mientras se arreglaba su ropa.
- Será mejor que me vaya – susurré. Él se dirigió hacia la puerta de la oficina mientras yo me hundía en la miseria. Pensaba que se había marchado por lo que dejé ir mis lágrimas. La había cagado.
- Bella – me sobresalté e intenté limpiar el desastre que era mi cara ¿en qué momento había vuelto? Edward se acercó a mí y limpió con sus dedos mis lágrimas – no llores, está todo bien ¿vale?
- No, no está bien – le dije ya sin intentar contener las lágrimas – solo estabas siendo juguetón y fogoso y yo voy y te digo que me asustas – lo dije todo de carrerilla – soy una idiota.
- No eres una idiota Bella y deja de llorar por favor – su busca volvió a sonar – mierda – maldijo – Bella me están esperando – me abrazó – ahora vístete y vete a casa, yo iré en unas tres horas más o menos y si estás despierta podremos hablar de todo lo que te preocupa ¿de acuerdo?
Yo asentí.
- Te quiero – me besó y se marchó corriendo.
Yo me vestí lentamente pensando en cómo lo había fastidiado todo. No sabía realmente que había ocurrido. Edward solo había querido tener algo de sexo rudo conmigo y yo voy y me asusto como una virgen. Estaba tan avergonzada. Y para colmo también lo hago sentir mal a él diciéndole que me asusta su manera de comportarse. No sé realmente lo que me estaba ocurriendo.
Cogí la comida de la mesa pero no pude salir de la oficina. No me sentía bien para irme a casa sola. No sabía si realmente las cosas estaban tan bien como Edward había dicho que estaban y eso me aterraba, así que me senté en su sillón y decidí esperarlo.
POV Edward.
Salí del quirófano tres horas después. La cirugía que de un principio se había mostrado simple, se había ido complicando cada vez más. El paciente no había dejado de sangrar desde que le abrí y no encontrábamos la causa de la hemorragia. Entró en parada dos veces antes de encontrar y restaurar la arteria que había sido seccionada a causa del accidente. En ese momento estaba en la UCI pero estable, lo cual era un alivio para esa noche infernal.
- Tenemos una apendicitis de urgencia – llego corriendo una de las enfermeras – un niño de cinco años.
- Yo tengo que marcharme – dijo el Dr. Muse – tengo a mi mujer embarazada de ocho meses y hace una hora que debería estar en casa.
- No pasa nada – le dije. Ya era más de las doce y esa apendicitis me iba a llevar alrededor de una hora. Bella se iba a poner histérica de preocupación – solo déjame hacer una llamada antes.
Marqué el número de la casa de Bella pero no contestó nadie. Al cuarto intento desistí y lo intenté con el teléfono de mi casa aunque tampoco contestó nadie. Lo intenté también con su móvil pero me salió el buzón de voz. Me estaba preocupando ¿le habría ocurrido algo? Quizás se había encontrado con su exnovio de camino a casa.
O quizás está durmiendo y no ha escuchado el teléfono, me dijo mi conciencia.
O también puede haberse quedado en mi oficina, pensé.
- Angela – llamé a la enferma. Era una mujer menuda y con gafas, muy buena - ¿podrías hacerme un favor?
- Claro Edward – me respondió – si no me lleva mucho tiempo.
- Será solo un minuto – le aseguré – ¿podrías ir a mi oficina y ver si una chica morena está allí? Se llama Bella.
- ¿Tu novia? – me preguntó ella alzando las cejas.
- Hemos estado comiendo juntos – le expliqué – la he llamado a casa pero no me contesta y..
- No te preocupes – me cortó – mirare en tu oficina y vendré enseguida a decirte lo que encuentre.
- Gracias Angela – le dije de todo corazón.
Ella se marchó hacia mi oficina y yo entré en el quirófano para terminar de prepararme.
El chico de cinco años estaba con el anestesista y lloraba. Cuando tuve las manos limpias y la bata puesta, me acerqué a él.
- No quiero – lloraba el niño.
- Hola pequeño – le saludé – soy Edward, el doctor que va a operarte.
- Pero yo no quiero – lloraba.
- ¿Qué es lo que no quieres? – le pregunté mientras le hacía una señal al anestesista.
- No quiero que me corten en rodajas – dijo el niño.
- ¿en rodajas? – me reí – nadie te va a cortar en rodajas – intenté tranquilizarlo - ¿quieres saber lo que vamos a hacerte?
- Si – lo senté en la camilla para que pudiera ver mejor su abdomen.
- Vamos a hacerte un pequeño corte aquí – le señalé el lado derecho de su cuerpo – de cinco centímetros – con los dedos le mostré cuán grande sería su herida – vamos a quitarte el apéndice que es lo que te produce el dolor y la fiebre y después vamos a coser la herida para cerrarla.
- ¿Tendré una cicatriz? – me preguntó mientras se miraba su barriga.
- ¿quieres tenerla? – le pregunté yo a él pues no quería meter la pata.
- Claro – casi gritó – así podré enseñársela a mis amigos.
- Pues entonces me aseguraré de dejarte una cicatriz – le dije sonriéndole – ahora vamos a ponerte un pequeño pinchazo que va a hacer que te duermas por muy poco tiempo ¿de acuerdo?
- ¿cuánto tiempo? – me preguntó asustado.
- Una hora – le dije – y cuando despiertes tu mama estará contigo.
- Vale – me dijo. Las enfermeras se encargaron de tumbarlo y cogerle la vía. Yo me di la vuelta y vi a Angela. Me acerqué a ella.
- Es muy guapa – me dijo con una sonrisa.
- ¿Estaba allí? – le pregunté aliviado.
- Se ha quedado dormida en tu sillón – me dijo ella – así que no he querido despertarla.
- Muchas gracias Angela – le dije.
- No hay de qué – me dijo ella y antes de darse la vuelta me soltó – ya me devolverás el favor.
Yo me quedé mirándola con una sonrisa y volví al chico que ya estaba dormido.
La operación fue relativamente fácil teniendo en cuanto que es un niño y que está anestesiado completamente. Le dije a la enfermera que mañana pasaría por su habitación a verlo. Corrí a los vestuarios a darme una ducha. Cuando ya estuve limpio y vestido fui hacia mi despacho. Quería marcharme rápidamente del hospital, no fuera a ser que entrara alguna otra urgencia y se toparan conmigo de camino al quirófano.
Llegué a mi oficina y abrí la puerta con cuidado de no hacer ruido. La habitación estaba prácticamente a oscuras, la única luz que había encendida era la de la mesa y no daba mucha luz. Bella estaba acurrucada en mi sillón, profundamente dormida. Me quedé mirándola dormir unos minutos pero después decidí despertarla. Le iba a doler el cuello si seguía en esa postura.
- Bella amor – la llamé suavemente mientras paseaba mis dedos por su rostro – Bella despierta.
Ella poco a poco fue abriendo los ojos aunque le costó un poco enfocarlos en mi rostro.
- Edward – susurró cuando lo consiguió – no quería irme a casa sin ti.
- Te amo Bella – le dije sin poder contenerme y ella se me quedó mirando sorprendida.
- ¿Cómo? – me dijo ella mientras se ponía derecha en la silla.
- Decidí llamarte cuando terminé la cirugía para decirte que iba a tener que quedarme otra horas más por lo menos, para que no te preocuparas – le expliqué – pero no me cogías el teléfono, llamé a mi casa por si acaso estabas allí y tampoco, el móvil lo tienes apagado y yo no sabía si estabas bien o no – la cogí y la levanté para abrazarla a mí – y me tenías tan preocupado.
- Me quedé dormida – me dijo. Ella rodeó mi cuerpo con sus brazos y recostó su cabeza en mi pecho.
- Lo sé – le dije – mandé a una enfermera a que mirara si estabas aquí.
Qué vergüenza.
- Es una amiga – le dije -. Cuando me dijo que estabas aquí me sentí tan aliviado que casi me tuve que sentar.
- ¿Y por eso me amas? – me preguntó ella sin mirarme. Yo me separé un poco de ella y le levanté la cara para poder mirarla.
- Hubo un momento en el que no sabía dónde estabas que incluso estuve tentado de llamar a recepción para saber si habías ingresado o algo – le dije mirándola intensamente – tenía tanto miedo de que no estuvieras bien ya fuera por mi causa o por cualquier otra que me puse a temblar. No quiero perderte nunca Bella, eres mi vida.
- Y tú la mía – me dijo ella con los ojos llenos de lágrimas aunque esta vez de alegría y no de pena.
Me acerqué a ella y la besé suavemente. Rozamos nuestros labios y después introduje mi lengua en su boca para probarla. La escuché gemir y decidí detenerme pues si seguíamos no llegaríamos a casa.
Bajamos al aparcamiento del hospital en busca de mi coche el cual no encontraba. Cuando al fin lo localicé nos pusimos en marcha.
- ¿Qué has hecho durante la tarde? – le pregunté.
- Pues fui a hacer la compra y limpié un poco - me contestó ella – ah y preparé varias comidas para ti – me sonrió – están congeladas en mi frigorífico, solo tienes que sacar la que te apetezca la noche antes.
- No tenías por qué hacerlo – le apreté la mano.
- En realidad si – la noté coger aire y luego me soltó – hoy me han dicho que tendré que viajar con James a Londres.
Me quedé en shock. ¿Londres? ¿James?
- Yo no me lo esperaba pues en todos los años que llevo trabajando allí nunca me han mandado tan lejos – me explicó – siempre he estado dentro del país, pero por lo visto los de mi editorial quieren publicar varios libros de unos escritores ingleses y necesitan que vallan dos agentes.
- ¿Cuánto tiempo sería? – le pregunté. Ya estábamos llegando a casa.
- Me han dicho que lo máximo una semana – me contestó y noté que me miraba – pero no es seguro.
- ¿Cuándo?
- El viernes por la mañana tenemos que coger el vuelo pues nos han organizado un almuerzo para el sábado y quieren que estemos recuperados del viaje – estábamos sentados dentro del coche que ya estaba aparcado en el parking de nuestro edificio.
- Dime algo Edward – me dijo después de estar varios minutos en silencio.
- No quiero que vallas – le dije sinceramente y añadí antes de que ella pudiera hablar – pero es tu trabajo y debes ir.
- Si – me dijo ella que se había girado para verme mejor – si pudiera negarme lo haría pero Aro buscaría cualquier excusa para despedirme después, él es así.
- Lo entiendo – le dije – solo no sé cómo voy a hacer para estar más de una semana sin ti.
- Te llamaré todos los días – me prometió – ni siquiera notarás que me he ido y ya habré vuelto.
- No lo creo – la cogí y la puse sobre mi regazo. Eché el asiento hacia detrás para estar más cómodos. – te voy a echar de menos todos los días.
- Y yo amor – nos quedamos sentados en el coche por varios minutos, abrazándonos sin decirnos nada más.
- Vamos a casa Bella – le dije después de un rato.
Ambos salimos del coche y nos dirigimos al ascensor. Cuando llegamos a nuestra planta nos fuimos a su casa pues ella tendría que ir a trabajar en unas horas y así no tendría que cambiar de apartamento.
En cuanto la puerta se cerró, la cogí en brazos y la llevé a su dormitorio. Allí la desnudé lo más rápido que pude y me enterré en ella.
No iba a verla en una semana. No iba a sentirla a mi alrededor ni tampoco podría tocar su suave piel ni besar sus labios. No iba a ver sus preciosos ojos chocolate ni ver como se sonrojaba.
- Intentaré volver lo más rápido que pueda – me dijo una vez que llegamos a nuestros orgasmos – yo tampoco quiero irme.
- Lo sé preciosa – le dije dándole un beso en la frente – ahora duerme sino mañana no habrá quien te levante.
Me quedé despierto mucho rato pensando. Yo la quería, yo quería a esta chica como mi mujer. Quizás solo llevábamos unos días juntos pero para mí no habría otra persona como ella y sabía que este era mi futuro. Estar a su lado y que ella fuera la madre de mis hijos.
Ese pensamiento me llevó a otro. Lo habíamos hecho muchas veces y en ninguna ocasión yo había usado un preservativo y siempre había eyaculado dentro de ella. Tampoco la había visto tomar ningún anticonceptivo. ¿Quizás ella podría…? Bajé mi mano hacia su estómago y la dejé allí. Ella podría estar embarazada, y para mi asombro, en lugar del miedo que debería de haber sentido, sentí una gran felicidad al pensar que ella podría llevar en este momento a mi hijo dentro de ella.
La quería, la amaba y por el momento no iba a decir nada sobre esa posibilidad pero no se me iba a ir de la cabeza.
Por fin lo terminé.
Espero que os guste, lo tenía terminado desde hace tres días pero el internet no me iba nada bien y no me dejaba subir el cap. así que siento la tardanza.
Muchos Bss.
