¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Otro capítulo de V de Virgen, después de un tiempo, espero que lo disfrutéis mucho, aunque haya obstáculos en el camino, creo que por fin estamos llegando al clímax.
IX
"No sé si tengo suficiente de ti…"
Paso rápido.
Los días se convirtieron en una semana y yo estaba algo inquieta. Sentía mi corazón latir rápidamente y me removía por toda la casa inquieta y Castiel no podía parar de mirarme curioso, era como si estuviese analizando mi carácter y todos mis movimientos, me ponía nerviosa.
- ¿Qué?-
- ¿Hm?- Su voz era bastante indiferente, eso me crispó los nervios.
Le mire a los ojos, desviando la vista de la comida que estaba preparando. Deje el cuchillo en la tabla y crucé mis brazos sobre el pecho, estaba realmente nerviosa, no podía cocinar con él mirándome y menos teniendo seriamente los ojos de él curiosos sobre mí todo el tiempo.
- No sé- dije, con el ceño un poco fruncido. -Me estás mirando mucho, estaba preguntándome qué demonios pasa conmigo.
- Oh, nada- dijo, sonriendo ladeadamente, burlesco.
- ¿Entonces que tanto me miras?- pregunté, exigiendo alguna explicación.
Él sonrió, totalmente divertido y se acercó a mí.
Retrocedí sin poder evitarlo, intimidada por aquella fuerza e intensidad que él tenía, y choqué contra la mesa de piedra donde estaba cortando los ingredientes para el menú que iba a realizar para nuestra comida.
- Castiel... ¿qué…?-
Sus labios empezaron a estar cada vez más cerca de los míos… estaba increíblemente cerca de mí, cada vez más cerca, apenas sentía otra cosa que no fuera su respiración contra mí, mezclándose con la mía y sintiéndome realmente consciente de él…
- Solo cierra la boca.
Y sus labios se pegaron contra los míos.
El beso fue ascendiendo muchísimo más, de suave a fuerte, intenso, tan intenso como él, tan fuerte como él. Sus labios, incluso aunque fuesen tan exigentes, se sentían dulcemente sobre los míos. Era como si todo mejorase cuando él me sostenía de esta forma.
- Castiel… que estoy cocinando- dije, entrecortadamente, separándome suavemente de él. –Dijiste que tenías hambre…
- Y tengo hambre…
- ¡Entonces déjame cocinar!
Él sonrió ladeadamente, esa sonrisa no era una buena señal, cuando Castiel sonreía así buscaba o planeaba algo, después de todo, no me gustaba, me desconcentraba demasiado.
- Hm… entonces deja que te coma.
- ¡Castiel!
[…]
Coloqué la mano, sujetando el peso de mi cuerpo, en la zona donde antes había estado trabajando y me levanté del todo, del suelo. Necesitaba comer algo, pero estaba tan cansada.
Había sido arrastrada por su fuerza y sus labios, al suelo. Lenta y progresivamente, mientras sus labios y manos me dejaban en el suelo, haciéndome suya, una y otra vez, sintiéndolo dentro y besándome con pasión y caliente. Su arduo trabajo de distracción me hizo quedarme fuera de tono. En fin, ahora ya había acabado…
- Eso ha estado bien.
Castiel se sujetó a mi cintura, con aquella sonrisa increíblemente perversa.
Aun sentía sus labios por todo mi cuerpo, y el temblor continuaba azotándome incluso luego de varios minutos tirados en el suelo de la cocina, calmando nuestras respiraciones y corazones. Besó mi hombro desnudo y gemí cansada.
- Castiel…-
- Ah… creo que ya no tengo hambre…
- ¡No me…!
El rió y volvió a tirarme al suelo donde nos habíamos acostado.
Me acurrucó contra él, rápidamente me dejé llevar, lentamente cerré los ojos, ahora el piso empezaba a sentirse frío, aunque la calidez que me transmitía no me hacía temblar demasiado. Mi corazón latió desesperadamente al sentir sus labios nuevamente. Aún no me acostumbraba a esto.
- Por el momento, ¿quieres ir a mi cuarto a descansar un rato?
- Quiero comer, Castiel, quiero comer. ¡Me has enredado en esto!
- No te resististe mucho.
Puse una mueca de desagrado, pero en seguida sonreí. Me gustaba esto, aunque podía dar fe de que mis sentimientos eran bastante reales.
[…]
La comida estaba hecha y me había sentado a comer, Castiel me había retenido mucho tiempo, sin embargo ahora podía comer tranquila, sin embargo, pensé que iba a comer sola, pero no. Unos segundos después Castiel apareció con un plato y unos cubiertos para él.
Se sirvió unas cuantas albóndigas cubriéndolas con un montón de salsa casera. Se sirvió unas cuantas patatas y sonrió hacia mí.
- ¿Qué?- murmuré incómoda.
- Nada, solo estoy recordando lo divertido que ha sido hacerlo en la cocina.
Me ruboricé intensamente.
- Idiota-
Él me miró, fijamente, mis ojos se enfocaron a los suyos.
Estaba bastante cariñoso, aunque él era dulce, seguía teniendo esa actitud tosca y sarcástica, me gustaba que fuera como siempre. Estaba demasiado activo sexualmente, quizás por eso no paraba de mirarme, era como si no se saciase de mí, aunque yo podía decir que, aunque me quejase, tampoco podía cansarme de esto.
- Nada, solo estoy aprovechando. ¿Recuerdas que hace una semana te dije que iba a irme de la ciudad?
- Hm… no…
- Ya veo, me voy mañana.
Eso me sorprendió.
- ¿A qué hora?
- A las siete he quedado con los chicos, vamos a tocar.
- Oh… ¿por qué?
No recordaba haber hablado de esto, quizás había sido causado a mi estrés por los finales de cuatrimestre, probablemente eso me había dejado frita, aunque él tampoco era oportuno, después de todo, fijo que me lo había dicho luego del sexo o cuando estaba estudiando.
- Concierto, en la próxima ciudad.
- Me gustaría verlo…- dije, suavemente, mirando hacia él y metiendo el tenedor en la boca.
- Exámenes de universidad, recuerda, tienes que aprobar para unas buenas vacaciones- rió. –Pero con lo tonta que eres…
- Jajá, que gracioso.
Rodé los ojos y continuamos comiendo, creo que Castiel estaba realmente concentrado en mí, no dije nada, intimidada y avergonzada, pero le sonreí.
- Entonces, cuando vuelvas, tengamos una cita.
Castiel sonrió.
- No me eches demasiado de menos, ¿de acuerdo?
- Ni aunque me paguen lo haría.
Sin embargo, creo que tú vas a ser el que me eché de menos… tengo esa sensación en el fondo de mi corazón.
[…]
La mañana siguiente llegó, me desperté a la misma hora que Castiel, me coloque una pequeña bata gris encima y le ayude a bajar su guitarra mientras él recogía su equipaje.
Bajamos las escaleras y vimos a Lysandro en un coche, detrás iban Mark, dormido profundamente encima de Todd, quien tenía su rostro serio y leía en su libro electrónico. Salude a Todd, que me dio un asentimiento seco, su personalidad era así, por lo que sonreí.
- Hola Lysandro- dije, a través de la ventana, mientras dejaba que Castiel cogiese su guitarra y la guardase en el maletero.
- Buenos días, Sucrette- Lysandro sonrió tiernamente.
Era realmente dulce, un buen chico con todas las letras.
Lo había conocido gracias a Castiel y Rosa, en el sótano de nuestro instituto, siempre había sido amable y me había ayudado siempre, como con lo de Debrah, con lo de Mitsuki y siempre me había escuchado cuando Castiel y yo nos peleábamos. Desde luego, Lysandro y yo teníamos una bonita amistad.
- Nos vemos en una semana- sonreí.
- Sí.
Me besó en los labios, sujetando mi cintura.
Nos separamos, pero aun conservábamos la cercanía, su nariz chocaba contra la mía y nuestras respiraciones estaban realmente chocando y sentía su calidez. Sonreí, sujetándolo por el cuello, suavemente.
- Mucha suerte, ¿de acuerdo? Vais a hacerlo genial.
- Lo sé. ¿Quién te crees que soy?
Le di una palmadita en el cuello y me alejé. Le vi subirse al coche y les despedí con la mano y una sonrisa. El coche se puso en marcha, miré tranquilamente como desaparecían, frotando mis brazos por la corriente helada de la mañana. Una semana sola para estudiar… Creo que iba a ser aburrido sin él rondando a mí alrededor.
[…]
Miré fijamente a Leia, quien estaba sentada en frente de mí, Adrianne también se encontraba allí y estábamos repasando dudas.
- ¿Y bien…?- preguntó Adrianne, mirando a Leia. -¿Cómo va Haru?
- Bien, pronto se presentará a las oposiciones así que le estoy dejando estudiar.
Haru estaba a punto de entrar en las oposiciones para conseguir por completo su duro trabajo, luego ya entraría en el hospital de su padre a trabajar. Era un poco admirable…
- Haces bien, Nathaniel también está muy ocupado- hizo un puchero divertido y sonreí.
- Seguro que es porque quiere sacarse los dieces en todas- dijo Leia, chistando con la lengua.
- Probablemente- Adrianne sacó la lengua divertida y copió una última palabra.
Nathaniel también estaba esforzándose, debería hacer lo mismo.
- De todos modos, ahora quedas tú- señaló Adrianne.
- ¿Qué pasa?
Adrianne se juntaba a veces con nosotras, había ido con nosotras desde hacía mucho tiempo al instituto. Era bastante simpática, aunque iba demasiado a su bola. De todos modos, era divertida y ocurrente, así que me gustaba bastante cuando ella aparecía.
- ¿Qué tal con Cassy?-
- Si te oye te mata.
Castiel odiaba sobre todas las cosas que le llamaran Cassy, aunque era divertido chincharlo con eso, y se llevaba bien con ella, seguro que pelearían hasta la muerte.
- No desvíes el tema- rió ella. –Suéltalo.
Oí la risita de Leia.
- Bien, se han ido hoy.
- Me lo dijo Rosa, ¿sexo de despedida?
Rodé los ojos, demasiado para mí, ella sinceramente no se cortaba un pelo, pero bueno, me gustaba que lo dijese directamente en vez de dejarme quedar como una santurrona por no pillar las indirectas.
- No…- bueno, realmente sí.
Adrianne abrió su boca para hablar pero la cerró. Miraba detrás de mí, así que giré mi cabeza para ver que observaba.
- Oh… Sota.
- ¿Te importaría acompañarme? Necesito ayuda en la biblioteca.
- Por supuesto, Sota.
A veces ayudaba en la biblioteca, así que no podía negarme. Además, me gustaba prestar ayuda a Sota, es muy agradable y dulce, siempre se porta bien conmigo.
- Guardad mis apuntes.
- Claro, suerte- dijo Leia, tranquilamente.
[…]
Sota y yo estábamos en la biblioteca.
Ordenando los libros correspondientes, empecé a caminar del mostrador a los estantes, clasificándolos por tema y letra, el silencio nos invadía pero era cómodo. Sota era calmado y suave, jamás levantaba la voz y, a pesar de ser un chico muy misterioso y frío, nunca había sido así conmigo. Quizás porque no lo perseguía como las demás chicas.
- He oído que tú y Dimitry lo habéis dejado, lo siento.
Me sobresalté y le miré fijamente a los ojos, era un poco extraño que Sota hablase de romances, él no era una persona tan abierta o romántica, después de todo siempre rechazaba todo lo que tenía que ver con el amor.
- Quizás es un mal tema, lo siento.
- No hay problema…- dije, mirándolo incómoda.
La verdad es que no me esperaba que Sota hablase y sobre eso.
- Es que estábamos demasiado callados.
- Creí que no te gustaba hablar de estas cosas… o en general.
- Es cierto… pero contigo no me molesta.
¿Por qué…?
Espero que os haya gustado.
Definitivamente creo que me ha gustado el capítulo, de todos modos, ya sabéis, dejad comentarios para que lo sepa.
¡Son gratis!
