2. Día de rutina.
Faltaba poco más de dos semanas para el estúpido baile de la Tempestad. Realmente a mi todas esas cosas no me interesaban… Pero en el Instituto nos enseñaban a bailar, tanto como a cocinar y a muchas otras cosas por el mero hecho de ser mujeres. Lo cual me resultaba vomitivo. ¿Por qué los hombres se podían librar de las tareas de casa? Aunque lo del baile era "vox populis". Todo el mundo tenía que hacerlo. Era una de las tradiciones mas ancestrales de Alacante, y aun así a mi me parecía una tremenda estupidez.
Ahí estaba yo, recordando junto con todos los alumnos los dichosos pasos del himno de Idris. Era una canción hermosa, y el baile no estaba mal… Pero a mi me resultaba tremendamente fácil pillarlos… Y al resto… Bueno, solamente había que ver bailar a Blackwell… Todos nos reíamos de él. En estas ocasiones era en las que sentía verdadera lástima por él… Pero rápidamente desaparecía cuando me hacía un gesto obsceno con la boca.
- Ohhh que tremenda idiotez. Ni siquiera pienso ir al baile. – Le dije a Lucian que estaba justo a mi derecha… Tampoco se le daba bien bailar. ¿Habría algo que si se le diese bien?
- ¿Cómo que no? Si vas a ir con Blackwell ¿no?
- ¿¡QUÉ!? Ni aunque fuese lo último que hiciese iría con esa bestia. – Grite obcecada por semejante ridiculez.
- Pues… Él se ha dedicado en las dos últimas semanas a ir diciendo a todo el mundo que serás su pareja en el baile… - Me dijo con cara de póker.
- ¿PERO CÓMO SE ATREVE? – Grite tremendamente indignada mientras la profesora Popins me fulminaba con la mirada por no estar aplaudiendo su "esplendido" baile.
- Shhh no grites – Me susurro Lucian. - ¿Acaso no lo sabías?
- PUES – comencé gritando pero seguidamente reduje mi tono de voz – claro que no… Es más… Ahora entiendo porque todas cuchicheaban cuando se cruzaban conmigo… Debo de haber sido el hazmerreír del Instituto… Pero te juro que Blackwell no se saldrá con la suya.
- ¿Y qué más da? Coges y no vayas con él y ya está. Siempre puedes ir… Conmigo para darle en los morros – Decía mirando para otro lado, como si me chupase el dedo y no supiese que realmente es lo que él quería.
- Ohh… Muy cortés tu ofrecimiento, pero me las apaño bien yo sola – Dije con aires de superioridad… No quería ir con Lucian al baile, no desde luego sabiendo lo que él sentía por mí. Sería muy cruel por mi parte. Sería como si le estuviese dando esperanzas y no las había, por supuesto que no.
Decidida a gritarle abiertamente y delante de todos a Blackwell me fui acercando a él bailando los entupidos cuatro pasos de coreografía que tenía aquel baile. Para disimular claro está. Y debí de hacerlo muy bien porque la señorita Popins me sonrió con aprobación y me insto a que continuará así, que mis avances eran notables.
Cuando me hube posicionado delante de Blackwell me cruce de brazos y él se quedó mirándome con curiosidad y lascivia.
- ¿Qué te pasa nena? ¿Estás enfadada por algo? – Y empezó a dar asquerosos besos al aire.
- ¿QUÉ SI ME PASA ALGO? NO SÉ… DIMELO TÚ.
- Vale vale… Ya sé. Estás teniendo un arranque de pasión y quieres llamar mi atención. No hace falta que lo digas dos veces… Vaaaale, iré al baile contigo. Tranquila. – A su izquierda estaba Valentine y como siempre contemplaba la escena con divertida perversión. Sin duda debía estar pasándoselo en grande, no era para menos… Si la ridícula escena no tuviese que ver nada conmigo yo también me estaría riendo.
- TÚ ERES TONTO. Ni en mil años iría a un estúpido baile contigo. Si ya de por si es estúpido, siendo tu pareja tiene que ser repugnante. No entiendo como has tenido la cara de ir pregonando a los cuatro vientos que irías conmigo. Como si yo fuese imbécil y quisiese tener algo que ver contigo. OLVIDAME. NO, NO ME INTERESAS Y NO, CONTIGO NO IRÍA NI A LA VUELTA DE LA ESQUINA. – Irremediablemente todas las miradas se posaron directamente hacia mí. La vergüenza se había posado en mis pomulos. Debía de estar roja como una guindilla. Él único que parecía estar riéndose era Valentine. Una risa sorda pero evidente. De pronto vi la cara de la señorita Popins, si la mía estaba roja por la vergüenza la suya lo estaba… Pero por la ira.
- Jocelyn… VEN AQUÍ AHORA MISMO – Grito mientras me adelante unos cuantos pasos hasta aparecer en mitad del escenario junto con ella. – Si a TI te parece una estupidez esto del baile… Me parece que no es el momento de decirlo. ¿O acaso quieres que te amoneste y llame a tus padres para comunicarles lo que acaba de ocurrir aquí?
- No, señora Popins, de verdad, no es necesario… Yo no tenía la culpa… La culpa era de esa sucia… - Y como no, la profesora me corto de inmediato.
- Ni se te ocurra decir ni un solo calificativo del señor Blackwell. Desde luego tiene mucha más entereza que tú. Ahora márchate.
Esas palabras me dolieron en el alma… Bueno, no, más que dolerme me insuflaron una obstinación y una rabia desmesuradas. ¿Qué Blackwell era mejor que yo? Eso sí que era una locura. O estaba loca o el mundo estaba mal, muy mal. No pude evitarlo y antes de volver a mi sitio me dí la vuelta poseída por la osadez.
- Yo seré peor o mejor que Blackwell, no lo sé. Pero desde luego sus clases son lo más absurdo y sin sentido que hay en el Instituto. Tenemos que proteger el mundo de malvados demonios que van matando y haciendo el caos y aquí estamos nosotros. Ensayando un maldito y ridículo baile que no sirve ni aporta absolutamente nada. – Pude verlo inmediatamente… Lo había empeorado… Y mucho. La profesora Popins se quedó blanca como el yeso. No sabría decir si lo que había en su rostro era decepción o ira pero fuese la que fuese lo iba a lamentar. Al fin, reacciono.
- Está bien… ¿Así que consideras que es una estupidez? Te crees mejor que el resto ¿no es así? – Pensaba que era una pregunta retórica, pero debió ser que no cuando a continuación me dijo – Responde, muchacha.
- ¿Quiere sinceridad?
- Desde luego.
- Pues sí, ahora que lo pregunta sí. Estoy segura de que soy mejor que el resto. A pesar de ser mujer estoy segura de que podría tumbar a la mayoría. Y este baile no haría mucho a favor del que se lo supiese. – Me envalentone. No tenía ni idea de donde había sacado todo ese valor para dirigirme a la señora Popins de esa manera.
- Está bien. ¿Algún voluntario para demostrar que mediante el baile se puede aprender a pelear? ¿Alguien que le ponga a esta muchacha los pies en el suelo? – Inmediatamente alguien alzo el brazo… Era de esperar. Don perfecto tenía que llamar la atención de todos cuantos estaban ahí o sino no podría dormir bien esa noche. Valentine. Mi incordio número dos después de Blackwell. La diferencia era palpable, puesto que Blackwell bien sabíamos todos que era inofensivo, mediocre, pero Valentine… Era distinto, era bastante… Perfecto incluso para mí.
Se acercó a mí, yo hice un gesto airado, como si su contacto me quemase. Odiaba que todo el mundo le considerara el mejor en todo, ahora tenía la oportunidad de demostrar que no lo era. Que hasta una mujer podría derrotarle peleando. Ohh si, esa imagen me embriagaba… Humillarle públicamente, sería maravilloso.
- Señorita Escarlata… Se me antoja pedirle que hagamos más interesante la pelea. – Sonrió gruñéndome las palabras al oído. Inmediatamente me alce. ¿Qué querría?
- Habla, hagas lo que hagas quedarás apiñado contra el suelo irremediablemente – Sonreí con seguridad.
- ¿Qué tal… Si apostamos? – Preguntó dedicándome una sonrisa, la sonrisa que si hiciese a cualquier chica derretiría. A mí no.
- Está bien. Si gano… Dejarás de llamarme Señorita Escarlata – Me reí ante esto… Por fin dejaría de agobiarme metiéndose conmigo. O al menos tendría que buscar cualquier otro apodo. Aunque estaba segura que peor que "Señorita Escarlata" no podría haber ningún otro.
- Jaja, acepto. Si yo gano… Irás al baile conmigo, complaciente y sumisa. Diga lo que diga te tendrás que mostrar complacida.
- ¿QUÉ? Ni hablar.
- Vaya vaya… Me parece que alguien tiene miedo de perder ¿no? – Me reto con rin tintín. Ni en broma le iba a dar la satisfacción de que pensase que era una cobarde.
- No no, voy a ganar. Y cuando gane no podrás llamarme Señorita Escarlata en la vida.
- ¿Entonces aceptas mis términos si "misteriosamente" yo fuese el ganador? – Decía mientras me agarraba del hombro. No pude evitar apartarme inconscientemente ante ese acercamiento.
- Sí – Escupí las palabras y me aleje de él 10 pasos para dar comienzo al duelo.
Se podían oír los gritos de las personas, teníamos un extenso público. En otras circunstancias me avergonzaría, pero en esta… O no, en esta quería que todos me vieran tumbar a Valentine y hacerle comer suelo un rato. Mientras yo me posicione con postura atacante esperando la señal de la señora Popins, Valentine se mostraba confiado y tranquilo. Vamos, estaba de pie como si estuviese esperando un autobús. Su confianza sería lo que le derribase.
Antes de que Popins diese la señal, Valentine indico a un alumno, creo que se trataba de Hodge, una señal con el brazo. Esto me preocupo, pero inmediatamente vi que Hodge fue hacía la minicadena a poner música. Bah… ¿Pretendía derrotarme con música? Sonreí ante esa evidencia.
Faltaban segundos para el comienzo y pude observar como Popins tiro un pañuelo al suelo… Ya está, el combate acababa de empezar.
Corrí directa y velozmente hacia Valentine, era tan rápida que a ojos humanos y de muchos cazadores podría ser incluso invisible pero Valentine comenzó a bailar… A BAILAR. ¿Qué demonios hacía? Fui a asestarle un golpe con el brazo… Pero con un paso de baile me lo desvió… Para él todo esto era un juego. Mientras yo peleaba, él bailaba esquivando golpe tras golpe, paso tras paso. Le fui a dar una patada en la cara, esto seguro que no se lo esperaría… Pero velozmente él se agacho rítmicamente mientras seguía marcando los pasos del baile. Comencé a sentirme desprotegida…
Estaba claro que él era mucho mas rápido que yo, pero mis ganas de machacarle no me impidieron seguir avanzando e intentar propinarle algún golpe… Ni uno sólo. Todos los esquivaba mientras bailaba… Era inverosímil. De pronto me sentí ridícula. Todos reían, la señora Popins sonreía enseñando todos sus verdes dientes, el público vitoreaba el nombre de Valentine… Simplemente desee que terminase pronto, que acabase con mi humillación que terminará con ese chiste. Pero él parecía estar pasándoselo en grande, y siguió esquivándome y sin asestar un simple golpe.
De pronto me pare, ya no tenía sentido. Él era mejor, no había duda. Me miro, pude ver incredulidad en su cara. Mi evidente rendición, mi humillación parecieron despertarle lastima… Esto iba de mal en peor… ¡Ahora Valentine sentía lastima por mi! Le sonreí mientras estaba desprevenido y le aseste un golpe en las rodillas deseando que cayera.
Este se quedo plantado de rodillas sorprendido ante mi repentino cambio de actitud y sus ojos destilaban furia. Antes de que pudiese darme cuenta se levanto y me pego un rodillazo en el estomago que me hizo perder la respiración durante 20 segundos. Comencé a verlo todo borroso... Me caí al suelo viendo una nieblilla entre mis ojos, lo único que podía sentir era como vitoreaban el nombre de Valentine al unísono. Sin saber muy bien de donde provenía ni de quien oí una voz que me decía.
- Gané. ¿Te viene bien que vaya a buscarte a las 19:00 Señorita Escarlata?
