4. La soledad depara grandes sorpresas...
Ya era primavera se notaba en el ambiente. Todas las chicas coqueteaban con los muchachos como perras en celo, mientras los chicos se las daban de Don Juanes intercambiando chicas y presumiendo entre ellos de sus nuevas conquistas.
A mi esto desde luego no me sorprendía ya que sucedía todos los años, pero sin embargo, había algo que me desconcertaba... Entre todos ellos no se encontraba Valentine, y era raro, pues siempre era el centro de las miradas y todas las chicas se peleaban por él. Aunque claro, a mi no me importaba en absoluto lo que hiciese con su vida, pero no sé... Me sentía intrigada ya que desde el fatídico día del baile no le había vuelto a ver prácticamente. Y esto me sentaba como una patada en el hígado. ¿Por qué demonios tenía que experimentar algún tipo de interés por ese cerdo? Después de lo que me hizo...
Para colmo de males Lucian se había aliado a su estúpida cuadrilla. Hodge, Blackwell, los Ligtwood (así los llamaba todo el mundo ya que llevaban mucho tiempo saliendo juntos y parecían una única unidad) y varios mas con los cuales jamás había cruzado palabra.
Lo que mas me fastidiaba era ese sentimiento de perdida que me aprisionaba en el pecho, no estaba muy segura de que era, pero prefería atribuirlo al hecho de que Valentine me hubiese robado a Lucian, mi mejor amigo... También a él le había engatusado... Me sorprendía descubrir lo influyente y atrayente que podía llegar a ser para todo el mundo. ¿Cómo lo haría? También a mi me gustaría poseer esa habilidad para aplastarle socialmente y verle arrastrarse entre el mas hondo barro... Jajaja, me divertía tener estos pensamientos en los cuales Valentine siempre rogaba mi perdón y me pedía de rodillas que le dejase ser mi esclavo... Sí, definitivamente me estaba volviendo loca, pero bueno, no me importaba.
Yo seguía siendo yo, la chica solitaria y borde que todo el mundo creía que era... Si tan solo alguien se acercase a mi... Alguien que no fuese Blackwell por supuesto, alguien... NORMAL. ¿Tan difícil era encontrar a alguien que me comprendiese o quisiese ser mi amigo?
De pronto vi a Lucian, corriendo como siempre, saliendo del Instituto... Estaba segura de que ahora ya prácticamente no hablaba conmigo porque su querido Valentine no le dejaba... Seguro que le había hablado mal de mi para que se distanciase tanto como había hecho, pero no lo iba a permitir, eso si que no. Por mi Valentine estaba muerto... Me sorprendía a mi misma haber llegado a pensar que era distinto... Que era... Especial.
- Ey Lucian - Corrí hacia él, no estaba dispuesta a dejarle que me volviese a ahuyentar sin darme ninguna explicación de en lo que estaba metido... Parecía que estaba en una secta o algo peor... De Valentine ya me esperaba cualquier cosa.
- No puedo Joce, lo siento, pero tengo que ir a... A un sitio y llego tarde. - Echo a andar sin prácticamente mirarme pero le alcancé corriendo y posándome justo enfrente de él ejerciendo de muro para que no pudiese esquivarme.
- Me da igual lo que digas. No pienso dejar que me vuelvas a dar esquinazo sin decirme primero en que estas metido. Valentine te ha absorbido el cerebro como hace con todo el mundo... A mi también me lo hizo... Pero no te fíes, en serio, es un mal nacido.
- Joce... Lo que yo haga no es asunto tuyo... Y de verdad, estás muy equivocada con Valentine. Es una persona maravillosa, y un gran... Amigo. - Esa palabra me dejo en estado de shock... Había dicho amigo... Sí sí, había oído bien, pero fui mas rápida y volví a interceptarle.
- Está bien... Si es TAN bellísima persona... Enséñame que es lo que hacéis.
- No Joce, no. Solo te diré que no es nada malo. Y ahora si me permites... - Añadió mientras se disuadía de mi... Me había hecho daño, desde luego que sí, me sentía como... Como una leprosa. Parecía que mi contacto le molestase... ¿Desde cuando Lucian y yo nos habíamos mantenido TAN distanciados? Ahora sentía como si un abismo de gran tamaño nos alejase el uno del otro.
- Lucian... ¿Por qué no me soportas ya? Si te he hecho algo que te lastimase... Lo siento - Añadí de espaldas a él mientras se marchaba. Pude notar como dejaba de caminar percatándose de mi lamentoso tono de voz quebrado por la conmoción. - Si es... Porque no siento o he sentido lo mismo por ti... Perdóname. Me gustaría poder sentir lo mismo que tú sientes por mi... Pero no puedo... Y lo he intentado. Lo siento - Y me comencé a marchar rápidamente para que no tuviese que contemplar el espectáculo lamentable de mis lágrimas. No estaba cabreada... Estaba dolida... Me sentía... Sola.
- Joce... - Añadió mientras me agarraba del brazo pero no me di la vuelta, aunque mis jadeos podían revelarle fácilmente que estaba llorando - Tú no has hecho nunca nada que pueda hacerme daño. Tú eres perfecta... Pero simplemente me he dado cuenta de que no estas hecha para mi, no te merezco y jamás te he culpado por no... Quererme como yo te quiero a ti - Dijo avergonzado... Era la primera vez que se declaraba y que yo le comentaba lo que aun sin palabras supe desde el primer instante.
Ahora si que estaba enfadada, muy enfadada y lo pague todo con él dándome la vuelta con los ojos rojos de llorar y las mejillas encendidas de la rabia que llevaba conteniendo durante todo ese tiempo.
- ¿Y ENTONCES POR QUÉ ME EVITAS? ¿Me evitas porque no me mereces? ¿Por qué no eres para mi? Valiente hipocresía. Actúas como sino existiese... ¿Y esos son tus argumentos? Excelente actuación - Articule con mordacidad y ya sin llorar. Alce la cabeza orgullosa y diciendo palabras de las que mas tarde me arrepentiría. Pude ver en sus ojos la profunda herida que le había causado pero lejos de hacerme sentir mal disfrute al hacerle el daño que él me había estado provocando a mi durante tanto tiempo.
- Jocelyn... - Me volvió a agarrar del brazo pero con menos decisión. Rápidamente esquive su contacto. Y finalmente dije.
- No vuelvas a tocarme. - Escupiendo las palabras como si se tratasen de veneno puro. Sí, definitivamente ahora si había quebrado la poca amistad que quedase entre los dos. Y me fui dejándole ahí plantado con los ojos como platos brillantes por la emoción contenida en ellos.
En cuanto hube estado lo bastante lejos de él me quite la máscara de frialdad que solía llevar y me desahogue sentada en una acera llorando sin consuelo, sin respiro, sin cese... Y me odie por todo lo que le había dicho. En ese preciso instante no me importaba en absoluto quien me estuviese observando ni que pensará de mi la gente. Ese lloro me estaba dejando seca por dentro pero al mismo tiempo estaba consolando todo el pesar que llevaba albergando durante tantísimo tiempo y no había querido reconocer.
Ni siquiera sé cuanto tiempo pase ahí, sentada con la cabeza entre las piernas usándolas de almohada, pero sólo sabría decir que cuando llegue era de día y ahora claramente estaba oscureciendo.
Pude sentir que el frío cada vez me helaba mas y mas, pero ya no me importaba, estaba harta de ser fuerte, de ser de piedra, por una vez en mi vida quería sentirme como una niña caprichosa llorando por un juguete nuevo. Ni siquiera me percate hasta pasado un par de minutos que alguien me estaba haciendo compañía a dos metros de distancia, sentado en la misma acera y mirando hacia la nada.
- ¿Va... len... tine...? - Conseguí articular entre suspiro y suspiro mientras mi lloro se iba escindiendo junto con la poca luz que ya anidaba en el cielo.
- El mismo - Dijo sin dejar de mirar hacia donde quisiera que estuviese mirando.
- Por favor, déjame, no estoy para bromas pesadas. - Añadí con la voz profundamente cansada.
Pero en lugar de hacerme caso e irse, se levanto y se sentó al lado mía. Ya no había distancia que nos separará.
- ¿Qué sabes sobre astronomía? - Me miraba seriamente, profundamente.
- ¿¡QUÉ!? - Consiguió dejarme con la boca abierta. - De verdad... ¿me preguntas por la astronomía? - Tercie incrédula.
- Bueno, es una buena pregunta para dejarte sorprendida y que dejes de lamentarte durante unos segundos por lo que quiera que te estés lamentando. – Sonrió con superioridad.
- Déjame ya, ya te has reído bastante, ala, ahora puedes ir a decírselo a Blackwell, incluso si quieres te dejo que inventes que estaba llorando por ti. ¿Qué te parece? Divertido, ¡eh! - Solté irónicamente.
- No, no me parece en absoluto divertido. No me ha gustado verte... Así, como te he encontrado. Nunca mas me gustaría verte así. Al menos, ahora que te estoy molestando vuelves a ser tú. Y si para que dejes de llorar tengo que estar incordiándote toda la vida... Lo siento, Señorita Escarlata, pero lo haré. - La franqueza de sus ojos me abrumo, la solemnidad con la que hablaba... ¿Por qué conseguía siempre hacerme sentir mal? Sin saber por qué volví a llorar tapando mi rostro en su regazo. Totalmente ridículo... Al día siguiente seguramente me arrepentiría de haberme... Acercado tanto a él. Curiosamente la persona que mas me crispaba era la que conseguía emocionarme siempre.
Empezó a consolarme como si fuese una niña pequeña, y realmente lo parecía. Me acariciaba el cabello mientras intentaba secar mis lágrimas entre sus dedos. Ahora lejos de desagradarme me parecía el ser mas mágico y perfecto que había sobre la tierra y no pude contenerme.
- ¿Por qué me haces sentir así? - Pregunté lacónica. Mas que una pregunta para él lo era para mi misma.
- ¿Y cómo te hago sentir?
- Mal y al mismo tiempo... Bien.
- No sé. Tal vez yo te pueda responder con otra pregunta... - Se hizo de rogar mirando hacia otro lado aparentando vergüenza.
- ¿Con cual?
- Y... ¿Por qué tú me haces sentir débil? ¿Por qué cuando te miro quiero, deseo y NECESITO imperiosamente intentar ayudarte, intentar no hacerte sentir desdichada, intentar estar a tu lado pero al mismo tiempo me espanta sentir esto y no me decido a hacerlo? - Me dejo en estado catatónico. ¿Qué se suponía que debía decir yo ahora? Cualquier cosa que dijese frente a eso sonaría estúpido y mediocre, así que me abrace a él con todas mis fuerzas sin decir nada disfrutando de la sensación de estar al lado de una persona que me comprendiese... De estar al lado de una persona que me hiciese sentir feliz.
A ambos nos daba miedo hablar. Presentía que cualquier cosa que dijésemos rompería aquella burbuja mágica que nos envolvía en ese mismo instante. Ni siquiera recordaba ya por qué había estado llorando, ni siquiera recordaba donde estaba. Lo único que sabía es que estaba con él, que me sentía feliz y que cualquier cosa que me alejase de él supondría una lenta y agónica muerte para mi.
- Vamos... - Carraspeo aclarándose la voz - He de llevarte a tu casa antes de que tus padres se piensen que te he secuestrado.
- No estaría nada mal. - Me abrace mas fuerte a él aun.
- Si sigues así no podré separarme nunca de ti y luego cuando acabes odiándome de nuevo no tendrás salvación - Rió bromeando.
- Nunca te he odiado. En realidad lo que odiaba era serte indiferente, que para ti fuese como tantas otras que te persiguen por las esquinas.
- Mmm, jamás podrías ser como tantas otras... - Dijo dulcemente, era irresistible. - El resto son mucho mas guapas - Bromeo riendo a carcajadas mientras le daba un codazo en las costillas - ¡Ay! Eso duele, - Se quejo falsamente - tendrás que curarme.
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo?
- Así - Añadió sujetándome el rostro delicadamente con la mano y alzándolo para sí depositándome un beso cargado de significado y de sentimientos. Mi primer beso... La mayor gloria experimentada en mis 14 años... Al principio no sabía como actuar, pero no sentí miedo en ningún momento, le correspondí con ganas y realmente anhelaba ese beso desde hacia mucho tiempo, mucho mas de lo que me hubiese gustado admitir... Pero finalmente ahí estaba... Yo, él y aquel maravilloso momento, nada importaba ahora mismo... Solo que había alcanzado el climax de la felicidad.
