5. Magíster stultorum.
Desde aquel día en el que Valentine y yo nos besamos no hubo uno solo en el que no sonriese como una tonta enamorada. ¿En eso me había convertido? Si era así, espero que tenga remedio porque hasta mis propios padres me han dicho que no me entero de nada, que parece que estoy en la Babia. Y desde luego, así es.
Por las mañanas voy al Instituto y como estamos de exámenes lo peor es que no me concentro… Lo intento, pero de pronto le veo allí, a lo lejos, sonriéndome con delicadeza… Ufff me siento débil, mis piernas me acaban de fallar. Y por la tarde… Me quedo en mi casa esperanzada en saber si me llamará… Si le volveré a ver…
¡Dios! Soy un cuadro de lo más patético. Y yo que presumía de ser mejor que el resto de chicas… Y resulta que soy la peor. Jaja, me rió por no llorar. Si al menos me hiciese caso… Sería una tonta enamorada feliz… Pero encima resulta que solo soy una tonta enamorada.
A partir de aquel día no nos hemos vuelto a besar. Para ser más exactos, no hemos vuelto a estar solos. No sé, él está todo el santo día en su extraña secta y lo máximo que sé de él son esas eternas miradas que nos hacemos en los pasillos. Quiero creer que son muy significativas y alentadoras… Pero después de mas de un mes sin hablar con él cara a cara, solos, ya no sé que pensar…
Ahora mismo estoy caminando hacia el Instituto mientras pienso en cada fibra del cuerpo de Valentine. ¡Es perfecto! No puedo evitar suspirar. Me cruzo con Lucian pero ya no le hago ni caso. Desde el mejor día de mi vida, ya que bese a Valentine, no me ha vuelto a dirigir la palabra… Sé que fui extremadamente dura con él, pero sabe que en parte tengo razón. Así que hasta que no me pida perdón (cosa improbable) no le volveré a hablar. Un día creí verle mirarme, pero en cuanto le miré aparto la vista. ¡Que infantil, por Dios!
Dejo de respirar, no lo puedo evitar. Ahí está. Tan guapo, tan encantador, tan agradable, tan perfecto. Él en todo su esplendor. Está hablando con Lucian, me da igual, de hoy no pasa. Me extraña que sean tan amigos, pero ahora eso es lo de menos. ¡Concéntrate! Vamos, unos pasos mas. Despierta. Ya estoy justo delante de él. Amelia me mira con superioridad. Bah, me da igual. Sé que está detrás de Valentine pero que él pasa de ella. Cuanto me gustaría poder decir que él me eligió a mí, que me beso a mí, que me abrió su corazón a mí… Pero sería indecente… Y además bastante infantil.
Lucian aparta la mirada, Amelia está esperando a que me vaya y Valentine me mira con esos ojos que consiguen que cualquiera se derrita. Me replanteo la acción de hablar o coger e irme. No sé si estoy preparada. Ten valor, vamos, ¡tú puedes!
- Ehhhhh… Valentine. ¿Tienes un momento? – Mi voz ha sonado débil, con miedo… Me sorprende a mi misma en lo que he acabado convirtiéndome. En otra de las numerosas mujeres que van detrás de ese hombre, Valentine.
- Sí, por supuesto. – Dice apartándose acto seguido de su club de fans.
Instintivamente me coge de la mano… Oh, definitivamente ¡Dios existe! Me he abandonado. Soy suya por completo. Dejo que él me guíe por los pasillos. Si ahora me empujase por la ventana creo que sería incapaz de oponer resistencia. Nos dirigimos hacia un banco que está siempre bastante apartado de miradas indiscretas. ¿Me volverá a besar? ¿Me enamoraré más? No, eso imposible. Nos sentamos y yo soy incapaz de apartar la vista de él. Me siento débil, con un pesar, dulce pesar, que me persigue día y noche. Simplemente quiero estar a su lado, impresa a su piel. Sí, eso sería encantador… ¿Pero qué estoy diciendo? ¡Céntrate!
- … Hola – Dios santo, ¿eso es lo único que se me ocurre decir? Soy patética, definitivamente. Él se ríe sin poder remediarlo. ¿Se reirá de mí? Intento rechazar este pensamiento lo más lejos posible.
- Hola – Dice divertido, sin poder evitar sonreír. Espera un buen rato y como ve que no digo nada comienza él hablando. – Vaya, ¿me alejas hasta aquí para saludarme? Chica tímida ¡eh! – Vuelve a reírse. Dios, solo por haber oído esa maravilla merece la pena estar haciendo el ridículo de semejante manera.
- ¡NO! – Sueno muy forzada. – Es que… Hace mucho que no hablamos.
- Pues eliges unos momentos terribles para hablar. Tenemos clase ahora ¿lo recuerdas? – Él no deja ni un solo segundo de sonreír. Me quiero sentir contagiada de esa estupenda sonrisa. Abandonarme a él.
- Oh vaya. Tienes razón. – Digo finalmente decepcionada. En fin, ha sido un rotundo fracaso.
- Bueno… Yo no tengo exámenes hoy. ¿Y tú?
- Mmm… No, ¿por qué lo dices? - ¿Por qué demonios me preguntará semejante chorrada?
- Hay que explicártelo todo ¿eh? – Se ríe y no entiendo por qué. – Vale vale, ya me dejo de reír – Intenta fingir controlar una risotada. – A ver… Podemos… No ir a clase.
- ¿Qué dices? ¿Te has vuelto loco no? – Digo yo escandalizada. Por favor. Que insulto, pretender que yo faltase a clase, eso sería imposible. Mis principios me lo impiden.
- Tienes razón, eso sería una locura – Me susurra al oído mientras me besa el lóbulo de la oreja. Dios… Me acabo de morir literalmente. Y le veo marchar para clase. Me quedo plantada tal y como él me dejo y ahora entiendo que mis principios han desaparecido por completo.
- Valentine… - Lo llamo implorante, mientras él se gira y vuelve rápidamente conmigo. Maldito sea, lo ha hecho a posta, para convencerme, pero en cuanto vuelve siento la necesidad de abrazarle. Oh, que momento más glorioso. Le abrazo como si fuese una niña pequeña. En fin, mas bien sería una niña ridícula, pero bueno.
Y sin hablar nada me coge de la mano y empieza a andar alejándose del Instituto conmigo. La verdad es que más que andar yo creo que flotaba, pero eso es lo de menos.
Nos dirigimos a la mejor cafetería de Alacante, imagino que querrá desayunar. Que sé yo, tampoco me importa, con tal de estar con él ya es demasiado desayuno jejeje… En fin, se me va la cabeza. Me aparta la silla para que me siente y lo hago. Y me pide un té mientras él escoge una café vienes.
- Bueno… ¿De qué querías hablar conmigo? ¿O no querías hablar conmigo y solamente buscabas una excusa para que te vuelva a besar? – Se ríe mientras yo me pongo roja como un tomate. ¡Mierda! Ha dado de lleno, pero disimulo, o al menos lo intento.
- Verás. Hay un tema que me gustaría tratar contigo, para ser honesta. – Me hago la interesante.
- Adelante. Pregunta lo que quieras – No deja de sonreír, es increíblemente perfecto.
- ¿Qué demonios estáis planeando tú, Hodge, Lucian, Blackwell y los Ligtwood? Son muy sospechosas todas esas quedadas que hacéis… Y lo amigos y juntitos que estáis ahora… Simplemente no cuadra.
- Ah, vaya, chica lista. – Sonríe – Si te contase eso tendría que matarte – Dice añadiendo un carácter sensual. ¡Cómo si fuese difícil viniendo de él!
- Pues entonces adelante, ya estás soltando prenda y luego si quieres mátame – Dijo cruzando los brazos.
- Vaya vaya, ha vuelto la Señorita Escarlata – Risotada y le fulmino con la mirada – Vale vale, ya está, perdóname la vida. ¿De verdad quieres saberlo? Mira que si te lo digo tendrás que guardarme el secreto… - Se pone serio de pronto. Tremendamente serio.
- Puedes confiar en mí, sé guardar un secreto.
Y me lo explica todo. Su grupo de "apoyo" para los alumnos menos aventajados, que ahora se han convertido en grandes aprendices de Cazadores de Sombras. Lo de la asociación que están planeando crear para cazar demonios y salvar a la gente y lo de la creciente amistad que ha habido entre Lucian y él. Me dice que es su mejor amigo y aunque me sorprenda a la vez que me sienta dolida, escucho en silencio y atentamente.
- Vaya… Así que se podría decir… ¿Qué sois un grupo de super hombres para combatir con el mal? – Me rió a carcajadas. No lo puedo evitar. Él me mira fatal.
- Adelante… Ríete… Pero yo sé que te mueres por participar en este "grupo de super hombres" – Dice con sorna.
- Sí, ya claro… Estoy deseándolo. Pufff. Es mas, hoy no pienso dormir de la emoción – Vuelvo a reír. – Perdóname que te diga esto… Pero es que es la mayor chorrada que he oído jamás.
- Creo que te equivocas.
- Perdóname, pero no. Es una chorrada, hazme caso.
- Vaya… ¿Y entonces qué me dices de todas esas perdidas de tiempo en clases que no sirven absolutamente para nada como el baile? Por ejemplo. O como las clases de costura que tú tienes. O las de electrónica que nosotros tenemos… Es simplemente absurdo. El Instituto se lava las manos con asignaturas que no sirven para nada… Y nos dan una base mediocre sobre runas y lucha ya que no estamos en guerra… No nos preparan… ¿Pero que pasará el día de mañana? ¿El día en que estalle una guerra? El mundo es cruel, no se detiene por nosotros. Y si nosotros no hacemos nada, nadie lo hará. – Le escucho atenta… Estupefacta… Cada palabra de las que ha dicho al milímetro son completamente ciertas. De hecho ya lo había pensado más de una sola vez. – No te quedes callada… Ríete de nuevo de nuestro "grupo de super hombres". – Dice levantándose mientras paga al camarero y sale por la puerta sin esperarme. Está realmente cabreado, se puede intuir. Corro tras él y le cojo del brazo.
- ¿Puedo entrar? – Me sonríe pero yo sigo muy seria.
- Mmmm no sé. Tendrás que pasar unas arduas pruebas… No sé si estarás preparada… - Se hace el remolón.
- Venga. Oh, vamos, déjame entrar – Le zarandeo del brazo. - ¿Qué tengo que hacer? ¿Incendiar el despacho del director Brandoms? ¿Robarle el tupe a Mister Rackman? O… ¿Levantarle la falda a la señora Poppins? – Digo riéndome mientras él se une a mis risas.
- Nada, tú eres simplemente perfecta. Pero hay algo que tienes que hacer.
- ¿Qué? – Le miro profundamente.
- Esto – Añade agarrándome la cara para darme un profundo beso. Largo, pasional, emotivo… Sin lugar a dudas estamos unidos. Este beso lo ha sellado por completo. Soy completamente suya y nunca más nos separaremos, no ahora que tendremos que estar juntos mucho más tiempo.
