8. Fiesta de cumpleaños.

Fuera de la narración en primera persona por Jocelyn.

Dos bandos enfrentados. Un enemigo invisible para El Círculo. El grupo de demonios autodenominados por ellos mismos Los Renegados se obstinaban a ser siervos del mitificado Valentine Morgenstern. Querían acabar con El Círculo pagando el precio que fuese. Si les iba la vida en ello que así fuese pero no estaban dispuestos a ser cazados por unos pocos cazadores de sombras. Les atacarían ahí, donde mas les doliese, matarían a Valentine y después seguirían con sus vidas. Sin miedo a ser castigados por ninguna banda de asesinos que se auto tildarán héroes absolutistas.

Una silueta deforme y serpenteante se acerca al que sin duda es el líder de Los Renegados.

- ¿Nuevas? – Pregunta el líder de la organización al monstruoso demonio que sin duda no podría pasar desapercibido ni aunque lo deseará.

- Mi señor, al parecer a habido una baja en El Círculo.

- ¿En serio? ¡Eso es estupendo! ¿Con quién habéis acabado?

- Emmm… No se trata de eso precisamente. No hemos matado a nadie, aun. Al parecer la mujer esa… La guapa… ¿Cómo se llamaba? – Pregunta mas para sí mismo que para el otro pero al fin responde el líder de Los Renegados.

- Jocelyn Fairchild de 16 años, pelirroja, 1'68 de altura, a punto de cumplir 17, de familia adinerada, buena posición y una gran cazadora de sombras. De no haber entrado en El Círculo, la Clave la habría hecho gustosamente un hueco en un puesto bastante importante.

- Sí… Esa, ¡la misma! Mi señor. – Respondió eufórico el demonio adefesio.

- ¿Sino la habéis matado de qué se trata pues?

- Mis fuentes me informan de que ha dejado El Círculo, hace tan solo 5 días. Sin ella El Círculo ahora se ve incompleto, debilitado… Es una gran perdida para ellos y una buena noticia para nosotros.

- Insinúas que debemos atacar ahora que se encuentran descolocados por la inminente marcha de esa mujer, ¿no? – Sentenció el líder sarcásticamente como si se adelantase a todos los acontecimientos que sus mediocres súbditos meditaban.

- Sí, eso es. Es usted un hacha, mi señor.

- No, es el plan mas absurdo que he oído en mucho tiempo. Yo te diré lo que vamos a hacer – Dijo el siniestro líder mientras se sumergían en la trágica y oscura noche.

Fuera, en las calles de un tétrico Los Ángeles se oían gritos. No de miedo, sino gritos que evidenciaban la gran masacre que allí en breve daría lugar por una guerra que acabaría manchando de sangre a ambos rivales.

Narración en primera persona por Jocelyn.

Hacía cinco días que había dejado El Círculo. Me había vuelto a ir a vivir con mis padres, aunque a ellos la noticia de mi llegada no les sentó demasiado bien. Ellos eran de los que opinaban que estábamos haciendo un favor a la humanidad limpiando las calles de escoria y yo preferí que siguiesen pensando eso.
La verdad es que estaba asqueada… Jamás me replantee que es lo que quería hacer después de dejar El Círculo pero una cosa era clara, no quería acabar como mi madre, haciendo ganchillo y las tareas del hogar. ¿Entonces sería verdad que solo valgo para matar demonios? Tampoco me apetecía pensar mucho en ello. Tal vez debiera dejar Alacante por una temporada, cambiar de aires. Sí, definitivamente me parecía una idea estupenda.

¡Ya lo había decidido! Me iría a Berlín a vivir una temporada, además sabía alemán y así podría poner en práctica mis 10 años de lecciones sobre ese idioma. Me parece un buen lugar, ¿quién imaginaría que estuviese en Berlín?
Definitivamente mañana dispondría todo para partir cuanto antes.

Baje corriendo al salón a sabiendas de que encontraría a mi padre sumergido en un puro y el buen sabor de un coñac de Vernacs, la mejor taberna de Idris, y a mi madre leyendo una antigua novela y tejiendo un jersey de lana.

- Mamá, papá me voy a Berlín a vivir una temporada. Y me voy mañana. - ¿Me habría vuelto loca? Esperaba que no fuese así.

Fuera de la narración en primera persona por Jocelyn.

Se quedo plantado en frente de una puerta de nogal. Aunque no lo desease sería imposible que no llamase la atención. No se acostumbraba mucho a ver a tipos como él en una de las residencias mas apacibles y lujosas de todo Idris. A decir verdad no se acostumbraba a ver a tipos como él en todo Idris.

De apariencia tranquila, rostro sereno a la vez que intrigante, porte griego, altura de pánico y una terrorífica belleza que no pasaba desapercibida a nadie.
Su físico era envidiable pero su atuendo no parecía ser de gusto de los ostentosos dueños de esa residencia. Llevaba unos pantalones negros ajustados y una chaqueta de cuero negra que dejaba entrever una camisa de tirantes blanca que marcaba toda su envidiable figura y su fibroso torso.

Aquel joven misterioso de unos más que probables 20 años aspiro con profundidad mientras llamaba al timbre de aquella puerta tras la que se encontraba. En un acto de fingida simpatía, espero a que abriesen la puerta con una de sus inusuales sonrisas, poco habituales pero no por ello menos perfecta de lo que eran. Dientes rectos, blancos, inmaculados y radiantes, mandíbula elegante, arrogante y tentadoramente masculina.

Finalmente una señora discretamente vestida a la par que elegante abrió la puerta con profunda curiosidad.

- Hola señora Fairchild. – Dijo cortésmente el siniestro joven, se notaba que algo estaba sobreactuando.

- ¿Nos conocemos? Perdona sino recuerdo tu nombre, pero es que tengo muy mala memoria para los nombres.

- ¡Oh, no! Verá, yo soy un antiguo amigo de su hija, y simplemente pasaba a saludarla, si no es molestia.

- Desde luego que no lo sería… Pero me temo que has dado un viaje en balde.

- ¡Ah! ¿No está aquí? - Dijo con extrema decepción.

- Así es. Hace ya menos de una semana que decidió partir e irse lejos de Idris.

- ¿Cómo? ¿Y podría decirme donde se ha ido? – Disminuyo su excitación, no quería levantar sospechas. – Solamente por curiosidad, claro.

- Se ha ido a Berlín. Así que ya que yo hablo regularmente por teléfono con ella déme su nombre y no tendré ningún problema en enviarle recuerdos de su parte. – Comento la mujer con una mueca en la cara. Claro síntoma de que quería que esa conversación llegase a su término cuanto antes.

- Seven, dígala que Seven la envía saludos – Añadió el joven atractivo mientras se alejaba dejando a la mujer perpleja por semejante seguridad en sí mismo.

Narración en primera persona por Jocelyn.

Para ser completamente sincera esa ciudad me aburría de maneras insospechadas. Era lo único que echaba de menos de El Círculo, siempre había algo que hacer, por insignificante que fuese.

Para colmo de males… Hoy era mi diecisiete cumpleaños. Mi primer cumpleaños sin nadie con quien celebrarlo. Aun recuerdo como si fuese ayer el día que cumplí 16 años. Estaban todos, Lucian, los Lightwood, Hodge, Blackwell, Pangborn, los cuales no eran santos de mi devoción… E incluso Valentine. Fue hermoso, ese día todos dejamos atrás las ambiciones personales y nos comportamos como una familia mas que como un grupo de "policías demoniacos" sádicos.

No debía volver a mirar atrás, no servía para nada. Solo para reavivar el dolor, el dolor de la perdida de con los que compartí tantísimos momentos, momentos que te embargan para toda la vida y que jamás olvidare.

Decidí salir un poco, al menos a que me diera el aire. Pasar tanto tiempo dentro de casa acababa por hacerme sentir que me faltara el aire.

Deje de lamentarme y me puse un vestido discreto, pero hermoso, de cachemir morado con unos tacones blancos y un cinturón del mismo color que los zapatos. Había pasado demasiado tiempo viviendo con mi madre, de ella aprendí que siempre hay que ir discreta y elegante, aun tratándose de un funeral o de un día en la playa.

Al menos ande 6 km ese día, aunque realmente ya había anochecido hacía bastante tiempo, pero no me percate de ello. Cuando gire una esquina empecé a experimentar un miedo como nunca antes había sentido, era como si alguien siguiese mis pasos desde cerca. Ya no recuerdo si estaba andando o si empecé a correr pero lo único que recuerdo es que quería salir de ahí cuanto antes y poder meterme en mi cama a dormir y olvidar todo ese día. De pronto vi una discoteca dos manzanas a la derecha, no dude, debía llegar ahí costase lo que costase. Incapaz de mirar atrás del miedo irracional que experimentaba hice el último spring. ¡Salvada! De momento. Había llegado a la puerta del garito de mala monta, no es que fuese acogedor, pero en ese momento era mejor que estar siendo perseguida por quien sabe que extraña criatura.

Fuera de la narración en primera persona de Jocelyn.

- Juuuusto a tiempo. – Tráeme una cerveza desgraciado. – Y dile a los pringados de la mesa ocho que si tienen lo que hay que tener que suban a 500 € la partida.

El poco agraciado compañero de aquel chico de apariencia intachable fue a acatar sus órdenes mientras en el ambiente sonaba una melodía de Nickelback y el local apestaba a tabaco y alcohol barato. El joven muchacho tenía una apariencia física perfecta. Cogió un taco y enfrasco la punta en la polvina azul disponiéndose a machacar a esos dos matones de bar de poca monta que apestaban a whisky de subsuelo.

- ¿Qué? ¿No os atrevéis contra mi? Dos tipos grandes como vosotros… Debieran poder con uno escuálido como yo ¿no? – Añadió sonriente aquel joven.

Los gordos rivales de aquel muchacho se envalentonaron y no escatimaron apostando. Y además subieron a 1000, lo que no sabían es que antes de empezar ya habían perdido.
El billar, la especialidad de aquel joven impertinente.

- Por ti y por mi, y por esos imbéciles a los que les he sacado todo lo que tenían encima, incluso… Este anillo de boda – Dijo riendo y brindando con su desfigurado amigo.

- ¡Así se habla! Podríamos tirarnos toda la vida en Alemania viviendo de gorra gracias a estos inútiles ¿no crees Michael? – Dijo el desgraciado.

- Desde luego…- Aunque antes de terminar la frase Michael no pudo evitar quedarse perplejo al ver una deslumbrante cabellera pelirroja. - ¿Has visto a esa monada Ray? – Silbo en su dirección embriagado de alegría.

- Vaya, no es por faltar Michael, pero es la típica tía buena inaccesible. Ya me entiendes, demasiado buena para cualquier tío… Y el resto… Demasiado mediocre para ella.

- Habla por ti, memo. ¿Cuánto te apuestas a que en menos de una hora me voy con ella por esa puerta?

- 100 pavos – Dijo Ray enseñándole un billete de su bolsillo a Michael.

- ¡Hecho! – Anuncio escupiéndose la mano mientras se la daba a su feo amigo y se acercaba con aires de Don Juan hacía la chica pelirroja que se acababa de sentar aturdida en uno de los taburetes de la barra.

- ¡Ey, nena! ¿Necesitas compañía?

- No, necesito que te apartes de mi vista, y te aseguro que como vuelvas a llamarme "nena" o algo parecido será lo último que hagas.

- Guauuu, estás echa toda una fiera… No quiero ni imaginar como serás en la cama – Sonrío enseñando todos sus blanqueados dientes mientras esa chica le echaba fuego por los ojos. – Venga, tampoco te pongas así. ¿Quieres beber algo? Te invito.

- No, gracias..Quiero que me dejes sola.

- Está bien… Está bien… Pero ya que este bar no es tuyo… Me sentaré aquí al lado a beber y es algo que no me podrás impedir. – Respondió risueño Michael.

Ahí se quedo durante largo rato mirando hacia el camarero mientras miraba de reojo a la joven pelirroja. Fácilmente observo que algo debía de estar inquietando a está joven ya que no paraba de mirar hacia la puerta de local como con miedo.

- Oye, pelirroja. Algo te preocupa, se puede oler desde la otra esquina, tal vez… -si me comentases en que mierda estás metida… Podría ayudarte. No es que sea un culturista… Pero practico taekwondo y me defiendo bastante bien en las peleas cuerpo a cuerpo.

- ¿Por qué crees que puede interesarme tu ayuda?

- Porque sea lo que sea, estás cagada de miedo y hay alguien que te está siguiendo

- ¿Cómo coño lo sabes?

- Si dejases de mirar hacia la puerta seguramente fueses capaz de disimular mejor… - Miro a esta a los ojos mientras ella aspiraba el dulce aroma de su aliento. – Me llamo Michael, Michael Wayland.

- Jocelyn, Jocelyn Fairchild – Dijo tras un largo rato en el que se replanteo si debía decirle su verdadero nombre o no, al final decidió sincerase con ese pobre estúpido.

Tras un rato hablando sobre el tipo que seguía a Jocelyn finalmente Michael decidió que debían salir de ahí cuanto antes, de manera que también se había asegurado ganar la apuesta.

Narración en primera persona por Jocelyn.

¿Es que me había vuelto loca? Apenas hacía un rato estaba huyendo de una sombra que mas bien atribuí a la sugestión y ahora estaba yéndome a mi apartamento acompañado de un completo desconocido. Bien cierto es que era arrebatadoramente atractivo, pero no dejaba de ser un desconocido, había perdido el juicio, sin lugar a dudas.

- ¿Cuánto tiempo te vas a quedar en Berlín? – Me pregunto Michael.

- No sé, ahora mismo lo único que necesitaba era desconectar de todo y de todo el mundo.

- Uhhhhh… Chica solitaria, ¿eh? – Me caía bien ese tío, al menos no era inquietante, misterioso ni un continuo drama. Era normal. Un inocente humano… Si supiesen la de cosas que amenazan con exterminarlos… No podría dormir, pero yo no iba a ser la que le revelase los secretos de la Visión. - ¿Vamos a tu casa no?

- Negativo. ME voy a MI apartamento, y tú… NO.

- Imbécil, si hay alguien que te siga el lugar donde menos segura vayas a estar será tu casa, hazme caso. – Odiaba decirlo… Pero en este caso tenía razón… No es precisamente que no me supiese defender sola… Pero no tenía material ni ganas de llenarme el cuerpo de runas por un "por si acaso", Quería una vida normal y esta era mi gran oportunidad.

- Está bien, pero como te acerques a mí más de 5 metros, serás hombre muerto. ¿Queda claro?
- Transparente.

Al fin llegamos a mi apartamento de alquiler, no era muy amplio, pero para dos personas estaba más que bien. En cuanto llegué le preparé la cama sofá del comedor para que pudiese dormir allí. El muy descarado no perdió minuto para quitarse la ropa quedándose tan solo en calzoncillos delante de mí. ¡Que tío! Lo peor de todo es que no pude evitar echar más de dos o tres… O cinco, ya perdí la cuenta, miraditas de reojo. Tenía un cuerpo de escándalo… Y fijándome ahora detenidamente, es bastante guapo, incluso me atrevería a decir que lo es, y mucho. ¡Para! ¡Estoy delirando! Me voy a la cama y dejaré de pensar en estas guarradas. Algún maniaco atenta contra mi vida y yo solo soy capaz de pensar en los bíceps de un desconocido.

- Me voy a la cama. Buenas noches. – Dije apartando la vista descaradamente y me fui a dormir.

Sueños raros agitaban mi mente y una voz extraña aunque dulce me despertó de mi profundo dormitar.

- ¿Qué pasa? – Pregunte con los ojos aun cerrados a causa del atontamiento. Aun era de noche, mi reloj marcaba las 4:00 de la madrugada.

- ¡Feliz cumpleaños! Atrasado por 4 horas, lo sé, pero mejor tarde que nunca. Debiste avisarme, nos habríamos pegado la fiesta padre entonces.- Y me mostró una especie de biscocho que el había hecho con una vela arriba.. Eso me había dejado perpleja. Un desconocido me había montado una fiesta de cumpleaños improvisada.

- ¿Cómo demonios lo has sabido? – Pregunté ligeramente desconfiada.

- El… Calendario de tu cocina, lo pusiste en él.. Podrías al menos darme las gracias, ¿no?

- Desde luego… - Y no sé que me paso. No sé si fue la oscuridad, la soledad, la necesidad de tener a alguien a mi lado, a alguien que me apoye o el hecho del momento…. Pero le bese como nunca antes a nadie había besado (aunque tampoco es muy difícil, antes que él solo estaba Valentine y un demonio psicópata que me obligo mediante hipnosis) y luego todo se volvió confuso.

Dolorosamente me hizo el amor mientras yo me dejaba querer por primera vez a manos de un desconocido. Definitivamente mi mejor regalo de cumpleaños.