9. Verdades ocultas.
Me desperté con el olor repentino de una noche de sexo y magreada como nunca antes había estado. Me sentía sucia. ¡Dios santo! ¿Qué locura había hecho? Si algo había aprendido tras esa noche es que jamás iba a volver a dejar entrar a un desconocido a mi casa y menos un día en el que mi nostalgia resultará tan dolorosa como para acceder a cualquier bajeza.
Al menos al levantarme de la cama Michael había desaparecido. Un gran alivio, las cosas claras.
Aunque en seguida detecte que no, su ropa seguía ahí, y oí unos pasos acercándose desde el pasillo.
- Ey, buenos días pelirroja.
- ¿Quieres dejar de llamarme así? – Dije asqueada debido a la asquerosa euforia que él mostraba.
- Vale, tranquila señorita Fairchild. ¿Mejor así? – Añadió entre risas el muy imbécil. Le ignore y me vestí rápidamente con los primeros pantalones y la primera camiseta que había encontrado.
- Antes de nada… - Dije incómodamente. – Tú y yo… Esto nunca ha pasado. NUNCA ¿Me has entendido?
- Pero si ha pasado PELIRROJA. – Artículo haciéndome burla.
- Pues te vas olvidando… Y rapidito. ¿Qué haces aquí aun?
- Que borde… A ver no me he ido porque estaba pensando en eso que te preocupaba ayer… ¿No tendrás algún enemigo que pueda querer espiarte? - ¿Algún? Jaaa. Si contase los amigos tardaría menos, eso asegurado.
- Pues… Ahora que lo dices unos cuantos – Me reí, eso si que era gracioso.
- Bueno sí, pero alguno que te haya llamado la atención, ¿ha pasado algo estos días que te resultase extraño? ¿Alguien?
- Pues ahora que lo dices… El otro día me llamo mi madre diciéndome que un chico muy extraño que dijo ser mi amigo le pidió que me mandase saludos con el nombre de Seven… Y yo no conozco a nadie con un nombre similar.
- ¿Tú madre dijo donde encontrarte? – Pregunto Michael.
- ¡CLARO! Eso es… Mi madre le dijo que yo estaba en Berlín, y claramente ese tío lo que quiere es matar… - Recordé lo extraño que podía ser oír semejante afirmación a oídos de un humano y me retuve – Matarile chimpon. – No se me ocurrió nada más ingenioso simplemente.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Matarl… Matar a esa mosca que está ahí.
- ¿Qué mosca? Yo no veo ninguna mosca – Decía mientras giraba la cabeza por toda la habitación buscando indicios de la ficticia mosca que había inventado. – Eres muy rara… ¿Te lo habían dicho ya?
Continúe callada, pesando cómo y donde debía matar a ese tal Seven, seguramente se tratase de un demonio ¿o sería un brujo? Puff, así no averiguaría absolutamente nada. De pronto Michael me saco de mi ensoñación.
- Vente conmigo a Los Ángeles. Tengo casa propia, es muy amplia, y así quien quiera que te este siguiendo te perderá el rastro.
- No digas estupideces… - Aunque según acababa la frase me dí cuenta de que sería lo ideal… Si aquel que fuese sabía donde vivían mis padres, volver a Idris solo les pondría en peligro. El solo sabe que yo estoy en Berlín, pero si me fuese a Los Ángeles… Le daría la vuelta a la tortilla. – Está bien. Solo pasaría la primera noche en tu casa, el resto me las apañaría yo, buscaría cualquier cosa barata, ya sabes. Pero no te confundas, no va a pasar nada entre nosotros.
- Desde luego, puedes confiar en mi, te trataré como a una reina.
Y así es como en esa misma tarde ya habíamos hecho las maletas y nos habíamos dirigido al aeropuerto de Berlín para emprender el vuelo con destino a Los Ángeles. Sin lugar a dudas… Mi vida había dado un vuelco de 180º, mas de lo que jamás creí que sucedería.
Y todo paso muy rápido. Michael me llevo por las oscuras y tétricas calles de Los Ángeles. No sé muy bien cuanto andamos, pero el reloj no hacía mas que avanzar y durante todo el trayecto no mediamos palabra. ¡Qué raro! Jamás pensé que Michael pudiese estar tanto tiempo sin hablar, no parecía el chico que había conocido dos noches atrás. Parecía… Otra persona.
- Michael… ¿Falta mucho? No sé, podríamos pedir un taxi. – Realmente el sitio daba cague. Un olor a orín y a heces sin igual me taladraba la nariz. Se me estaban revolviendo las tripas.
- No. Estamos llegando. – No dijo nada mas. ¿Habría hecho bien en fiarme de un desconocido? ¿Y sí era un psicópata? Fuese lo que fuese ya era tarde para arrepentirme. Y de serlo, bueno ¿qué podía temer yo de un humano? Antes de que intentase cualquier gilipollez le pegaría una paliza que se acordaría el resto de su vida.
El "estamos llegando" me pareció el término mas subjetivo del mundo… Lo único que podía ver era como atravesábamos calles cada vez menos iluminadas la una de la anterior. Nos adentramos en un callejón, irreconocible para un ojo humano, mas bien parecía un efecto óptico, esto no me daba buena espina… ¡No seas cobarde idiota! No tendrá dinero para comprarse otra casa… Desde luego el sitio era lúgubre y bastante cutre. Y no lo digo porque este acostumbrada a vivir en mansiones… De pronto, ya adentrados en el callejón Michael se paro de seco y se dio la vuelta mirándome.
- Hemos llegado. – De pronto lo vi… Sus ojos destilaban algo que hasta ahora mismo no había podido percibir, odio. Su sonrisa ladeada me resultaba terrorífica. No vi el momento para empezar a correr, así que disimuladamente empecé a dar pasos hacia atrás.
¡NO! Choqué con algo… Me dí la vuelta… Y lo vi. Era ese deforme amigo que había visto en Berlín con Michael… Ray, sí, ese. Era tan feo que daba nauseas. Sin duda se trataba de una embosca, ¡estúpida ingenua! Me la han jugado, y no me he dado ni cuenta. Estúpida, estúpida, ¡ESTÚPIDA!
- Hola, preciosa. – Dijo el adefesio. - ¿Quieres que juguemos un ratito? – Su risa era aun peor que su cara.
- ¿Qué queréis de mí? ¿Dinero? – Metí rápidamente la mano en el bolso para sacar todo el dinero en efectivo que tenía – Si queréis mas puedo ir al banco en un momento. Pero dejadme irme ahora mismo o os arrepentiréis. – Si eran ladrones prefería darles el dinero antes que delatar mi condición, todo sea dicho.
- ¿O qué? – Ahora hablo Michael. – Estúpida cazadora de sombras, tu dinero nos importa una mierda.
- Entonces… ¿Sabes quién soy…? - ¡Claro! Era tan obvio que me daban ganas de pegarme cabezazos contra la pared.
- Desde luego. ¿O acaso creías que podías interesarme de alguna otra forma? No seas ridícula por favor… Mírame… Y ahora mírate a ti… No eres mas que escoria. – Acto seguido me pego una patada en el estomago que hizo que me arrodillará en el suelo intentando coger oxigeno y después sentí un dolor sin igual en la nuca…. Y todo se volvió oscuro.
Abrí los ojos. ¿Dónde estoy? Maniatada de pies y manos… Era lo único que podía sentir… Ver… Era otra cosa… Solamente veía oscuridad por todos lados… Y un olor… Puajjj. Olía a podrido… Literalmente, olía a mierda.
Empecé a gritar. Sé que era absurdo y ridículo… Pero… ¿qué otra cosa podía hacer? Aunque había algo "bueno" de todo esto. Si hubiesen querido matarme ya lo habrían hecho. ¿Entonces qué querían de mí? Esa era una de las dos incógnitas. La otra era… ¿Quién era Michael? Si es que verdaderamente se llamaba así.
Oí pasos que se acercaban desde la lejanía, mi alboroto les había dado un motivo para que viniesen donde quiera que me tuviesen retenida.
- Buenos días pelirroja – Dijo con un claro matiz de burla aquel cerdo que decía llamarse Michael.
- Buenos días pedazo de basura. – Matice con el mismo matiz de burla que él. Al menos ya veía algo debido a que al entrar debió de encender la luz. Estaba en una especie de sótano destartalado y lleno de mierda… Debía de estar bajo tierra, por eso mismo no había ventanas. A saber donde coño estaría…
- ¿Qué? ¿Quieres otro revolcón? Me da que no vas a tener esa suerte pelirroja. Aunque me alegro de que hayas despertado por fin bella durmiente – Río como un poseso.
- ¿Quién coño eres y qué quieres?
- Mmm. Empezaré por quien soy, será mas divertido. – Volvió a reírse. – Soy Seven, el mismo que fue a ver a tu madre. Como entenderás si me hubiese presentado por mi verdadero nombre jamás hubiese obtenido tu confianza, ¿no crees? – Que estúpida soy… Por eso mismo me pregunto lo de si tenía algún enemigo. Pero… ¿por qué? No entiendo nada.
- Seguiré, por tu cara deduzco que no entiendes absolutamente nada… Tampoco esperaba que lo hicieses. – Capullo – Michael Wayland… Cazador de sombras afincado en el dulce Nueva York… Sabía de sobra que no os conocíais, era una oportunidad de oro para arrebatarle su identidad. Me hice pasar por él fingiendo ser un estúpido y simple humano dispuesto a ayudarte en lo que hiciese falta y traerte a Los Ángeles, lugar donde nadie sabe que estás y por tanto te hace absolutamente mi prisionera.
- ¿Y quién coño me seguía? Tú no podías ser… Y tampoco ese amigo tuyo, Ray. – Seguía sin entender nada…
- Jajaja, eso es lo mejor de todo. Necesitaba que tu madre y tú, claro está, supieseis que había una persona llamada Seven, presente, buscándote. Yo mismo mande un comunicado al verdadero Michael Wayland informando, sin decir quien era verdaderamente, que un malvado demonio atentaba contra la vida de la gloriosa Jocelyn Fairchild, ex integrante de El Círculo, y que estabas tú solita en Berlín. Él como buen samaritano decidió seguirte la pista con la mala suerte de su torpeza… Y de que tú, como bien deduje, sabrías de sobra que alguien te seguía y que asustada entrarías en el primer sitio que vieses con gente. Y ahí estaba yo para recoger los frutos del desastroso descuido de Michael, robándole por otra parte su identidad.
- Hay algo que falla… ¿Cómo sabrías que iba a entrar justamente en ese sitio? Tú no me estabas siguiendo, no tenías forma de saberlo.
- Chica lista… ¿Pero nunca te paraste a pensar que siempre, todos los días, hacías absolutamente el mismo recorrido y que en él solo había ese bar que te pillará de paso? En el caso de que por una extraña circunstancia ese día no hubieses ido por la ruta habitual… Ese día no nos habríamos conocido… Pero me las habría ingeniado para que lo hiciésemos en cualquier otro momento. ¿Sorprendida? – Absolutamente sorprendida. Y yo que pensaba que era un imbécil… Y me la había metido doblada. Y lo peor de todo es que me había acostado con ese capullo, con ese maniaco… Para colmo era sobradamente más inteligente que yo. Notoriamente superior a todo demonio o persona que hubiese conocido. Me atrevería a decir que incluso mejor que Valentine.
- No. No estoy sorprendida – Mentí, no le iba a dar esa satisfacción. – En el peor de los casos… Es tan ridículo que te hayas tomado tantas molestias para solo atraerme a… Tu guarida supongo.
- No seas incrédula. Sencillamente es una genialidad, y lo sabes. ESTE es mi territorio. Conozco esta ciudad como la palma de mi mano. Cualquier persona, cazador de sombra o lo que quieras caería como moscas. Por no hablar de la posición secreta de mi refugio, no tienes absolutamente ni idea de lo poderoso que soy aquí, en Los Ángeles. Has conocido a Ray… Pero no al resto.
- ¿Y qué te propones? Porque si sigo viva es por el simple hecho de que de alguna manera me necesitas.
- Destruir al Círculo y sobretodo matar a Valentine. – Añadió orgulloso de sí mismo.
- ¿Y crees que yo te ayudaré? No seas ridículo, no diré absolutamente ni una palabra que tenga que ver con El Círculo.
- Lo sé. No pretendo que me lleves hasta ellos, pretendo que ellos venga hasta a mi. En el momento en que sepan que tú estás aquí acudirán como abejas a la miel, con la mala suerte de que no saben que en cuanto lo hagan verán su fin. – Odiaba decirlo, pero… Valentine y el resto estaban jodidos como se replanteasen el hecho de venir a salvarme… Y si muriese alguno de ellos… Sería por mi culpa.
Fuera de la narración en primera persona por Jocelyn.
El Círculo estaba descolocado. Mucho trabajo y poco tiempo y ahora no contaban con la colaboración de Jocelyn. No es que les fuese mal… Pero aun no habían terminado de asimilarlo. Valentine estaba distraído en su escritorio con Lucian. Una amistad que rozaba los límites de la obsesión y el afecto.
- Valentine, ¿te acuerdas que me pediste que estuviese pendiente de los clanes de los licántropos? – Le dijo Lucian recordando ese dato que se le había olvidado mencionar hasta en ese momento.
- ¡Ah, sí! ¿Qué pasa con ellos?
- No es que haya habido indicios de asesinatos y todo eso… Pero se registra un alto número de actividad en el clan omega. Y en Idris. – Termino puntualizando.
- ¿Qué? ¿Para que demonios se han adentrado en Idris? No me gusta ni un pelo. Mándales un aviso de que o se largan o tendremos que tomar medidas. Ningún extranjero entra en Idris sin informarme primero.
Terminada está objeción prosiguieron riendo, recordando anécdotas y bebiendo cerveza, como amigos, como hermanos inseparables. Donde va uno iba el otro. Lo que decía uno, lo pensaba el otro. Eran mentes compartidas.
De pronto sonó el teléfono de la organización. Rara vez sonaba… Por eso cada vez que lo hacía no podía tratarse de nada bueno. Valentine lo cogió con sumo interés.
- ¿Diga? – Pregunto el líder.
- Oh, tú debes ser Valentine. Un placer conocer por fin al gran HERÓE – Seven escupió la última palabra con arranque, con asco, con ironía.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? – Se puso alerta, sin lugar a dudas no se trataba de un aliado.
- Que descortés soy, no me he presentado. Me llamo Seven y tengo a alguien aquí que quiere mandarte recuerdos – Empezó a sonar con distancia la voz ya que el demonio había retirado el teléfono de su boca para pasárselo a otra persona. De pronto sonó como alguien se quejaba, una voz de mujer.
- ¿Qué pasa ahí? – Grito Valentine preocupado.
- Venga dí lo que tengas que decir – Sonó alejado del auricular Seven.
- Valentine, ¡no vengáis! ¡NO LO HAGAIS! Es lo que busca, no hagáis nada, promételo. – Suplico Jocelyn.
- ¡Joce! ¿Qué demonios pasa? ¿Qué te ha hecho ese desgraciado? Si te toca un solo pelo te juro que le mataré con mis propias manos. – Lucian al fin reacciono y se levanto de su silla al oír lo que Valentine acababa de decir. - ¿Dónde estás dime donde estás para que pueda matar a ese hijo de puta? – Pero la voz de Jocelyn ya no sonaba, ya no estaba al teléfono, en su lugar se encontraba Seven.
- Ohhh, que romántico. Si no quieres que muera ven a Los Ángeles y mátame. – Colgó.
Valentine se quedo con el teléfono plantado en la oreja y el rostro descompuesto. Acto seguido empezó a estampar el auricular contra la mesa de manera que acabo destrozándolo. Henchido de furia comenzó a pegar puñetazos a las paredes con una ira como nunca había experimentado. Lucian intento retenerle, pero Valentine perdido en el odio y descontrolado le asesto un codazo en la nariz rompiéndosela en el acto. Al ver la sangre reacciono.
- Lucian perdona. He perdido los papeles. Pero es que… - Volvió a pegar puñetazos y patadas.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado con Jocelyn?
- Un hijo de puta la tiene, ¡LA TIENE! Le mataré te lo juro, le mataré si la toca.
- No, Valentine, le mataremos, a él y a todo aquel hijo de puta que haya colaborado de alguna manera. – Termino diciendo Lucian contagiado con la rabia de su amigo.
- Avisa al resto. Está noche partiremos hacia Los Ángeles.
