12. Reinserción.
Una semana había pasado desde el momento en que me declarase a Valentine para quedar en completo ridículo… Y una semana hacía que este no salía de su cuarto ni para comer.
Y en el fondo lo que más me jodía, es que ni siquiera podía odiar a Valentine tras haber muerto recientemente su padre, ya que si pudiese odiarle todo sería mucho más sencillo para mí. Pero en lugar de odio los únicos sentimientos que le achacaba a él eran el de la pena y la preocupación... Aunque aún tenía el suficiente orgullo propio como para no preguntar demasiado por él a Lucian y a los demas. Y aún más, como para no intentar hablar con él y hacerle entrar en razón para que se metiese en el cuerpo algo sólido y tirase el whisky y el coñac que llevaba toda la semana bebiendo.
- Ey… ¿Cómo lo llevas? – Pregunté a Lucian a tiempo que entraba en la cocina de la casa solariega de Valentine, ya que estaba apoyado en el mostrador con la habitual cara consternada de esta última semana, y me apoye en el fregadero quedándome de esa manera justo enfrente de él.
- Hola… Joce. ¿Qué haces aquí? Deberías estar con El Círculo… Eres la más indicada para liderarlo provisionalmente… Y yo concrete que me quedaría vigilando a Valentine… Y no quiero que cuando Valentine vuelva piense que no hemos sabido cuidar de El Círculo en una sola semana sin él.
- Pero… ¿Has visto la cara de seta que me traes? ¿Cuánto llevas sin dormir Lucian? A mí no me engañas… Tienes peor cara que la época en la que estuviste con la gastroenteritis esa que te duro dos semanas y no podías llevarte pieza a la boca porque te ibas a de vareta cada dos por tres… - Sí… No era la mejor conversación, pero intentaba actuar con normalidad para ver si así Lucian reaccionaba de una vez por todas.
- Vaya… Joce… Gracias por entrar en detalles sobre anécdotas vergonzosas de mi adolescencia… No olvides incluirla en tu lista de éxitos el día que me busque una novia.
- Oh, ¿acaso dudabas que se me olvidaría mencionar eso y la vez en la que en lugar de pintarte una runa de levitación hiciste la de crecimiento hormonal? - Al menos conseguí que estallase en risas, mientras yo me unía a la suya.
Y así pasamos largo rato. Era agradable haber recuperado a mi amigo… Por lo menos el hecho de que Valentine estuviese convaleciente en su cuarto y encerrado cual emo marginal era un punto en mi favor para reanimar mi relación con Lucian… Y hasta hoy no me había percatado de lo mucho que le echaba de menos… Era la única persona con la que podía ser yo misma sin preocuparme del que pensarán los demás.
Estuvimos sentados en el sofá del comedor recreándonos en aventuras del pasado hasta que a Lucian se le empezaron a cerrar los ojos mientras veíamos una película de Woody Allen… (¡Dios, como odio sus películas!) La verdad es que Lucian era bastante mono, sino resultase tan torpe, tímido o empadrado con Valentine, seguramente muchas chicas le encontrasen atractivo. Me tome la desfachatez de apartarle un mechón de pelo de la frente mientras me maravillaba por la inocencia que le producía el sueño profundo de sus marcadas ojeras.
- Lucian – Susurré en su oído mientras se hacía el remolón. – Lucian, despierta.
- ¿Qué… Qué pasa? – Preguntó rascándose los ojos. - ¿Qué tal está Valentine? – Me resultaba asombrosa su lealtad incluso aun a riesgo de quedarse sin una sola neurona debido a la falta de sueño de todos estos días.
- ¿A Valentine? Nada. Pero tú… ¿Te has parado un solo segundo a mirarte en un espejo? Necesitas dormir Lucian. Así que no pienso recular en esto. Te vas a ir a casa, te vas a meter en la cama y hasta que tu cuerpo no recupere todas las fuerzas que ha perdido estos días yo me quedaré aquí velando por Valentine.
- No, Joce. Eso es deber mío. Tú eres más útil que yo en El Círculo y yo soy más útil aquí que el resto.
- Ahí te equivocas Lucian. Tú ahora mismo no eres útil en ningún sitio. Pareces un zombie, y no exagero. Así que esto es lo que va a pasar. Te vas a ir a casa, vas a dormir, yo me voy a quedar con Valentine, y Hodge se encargará de El Círculo mientras tú reposas. Y cuando estés recuperado, veremos cómo asignamos el reparto de tareas…
- No… Joce.
- ¡BASTA! Das pena. Y de verdad… No creo que sea útil para Valentine que su "asesor" de imagen resulte aún más penoso que él a simple vista. ¿Crees que ayudas a Valentine con ese aspecto? ¿Con esa mirada de fracasado? Te equivocas. – Sí, me he pasado 18 mil pueblos… Pero sabía que haciendo creer a Lucian que no era útil para Valentine esa sería la única resolución para hacerle entrar en razón.
Como era de esperar, Lucian se quedó con cara de póquer mientras acto seguido, reflejando una cólera demasiado exaltada para describir con palabras, se iba airado cerrando la puerta de un portazo. Odiaba tener que ser cruel con las personas, pero muchas veces esa era la única forma de resultar eficaz.
En el fondo me molestaba demasiado tener que cuidar de Valentine tras la última conversación que tuvimos, pero si finalmente me había prestado voluntaria no era por él, claro, sino por Lucian. ¡Mierda! Odiaba sentirme insegura… Y esta era una de esas ocasiones en las que no sabía realmente el motivo por el que estaba actuando. ¿Sería por un motivo altruista como el de ayudar a Luke… O sería simplemente incentivado por un falso pretexto para estar con Valentine?
En fin, fuese por lo que fuese… Había bastante trabajo acumulado… La casa estaba hecha un desastre, por no mencionar la cocina, en especial, así que opté por empezar por ella. Era una ocasión idónea para esquivar de entrada la futura visita (obligada, claro está) al cuarto de Valentine.
Aunque hubiese mucho trabajo me resulto asombroso lo rápido que lo finiquite todo hasta el punto de dejar el suelo y las encimeras relucientes. Y ahí llegaba la hora… Tenía que hacerle la comida a Valentine y forzarle a comer, y si algo tenía claro es que mis métodos seguramente serían mucho más eficaces que los utilizados hasta ahora por Lucian, aunque tuviese que llevarle el tenedor a la boca a la fuerza, lo conseguiría.
Con una fingida energía abrí la puerta del estudio de Valentine con una bandeja en las manos llena de huevos fritos, patatas revueltas y salchichas, el desayuno de los campeones lo llaman.
- ¿Cómo estamos hoy? – Añadí dejando la bandeja en una mesa mientras hacía verdaderos esfuerzos por no vomitar debido al olor a humanidad y alcohol en el ambiente… Y vaya… Acababa de pisar un vomito… Wonderful! Mas presta de lo que quería parecer fui a abrir la ventana de golpe mientras subía la persiana hasta arriba… Seguramente llevaba una semana viviendo en la onda oscuridad. Pero… ¿Dónde demonios estaba? – ¿Valentine…? – Pregunté empezando a asustarme… No es que anteriormente pudiese haberme sentido acojonada por Valentine… Pero en las circunstancias en las que estaba y en la condición en la que vivía en ese cuarto… No podía ni imaginar lo destrozado que estaba físicamente como mental. Di una vuelta sobre mi misma, y decidí salir al balcón, a lo mejor estaba fuera… Lo cual sabía en mi fuero interno que era imposible pues estaba cerrado, pero ciertamente me sentía más cómoda cuando me daba el aire y el sol en la cara. ¿Se habría fugado? ¡Dios! La sola idea me aterrorizo… Si pasase eso… Lucian jamás me perdonaría, no podía dudarlo, tenía que esforzarme en buscarlo, así que volví a entrar por la puerta del balcón cuando me choqué de golpe con él.
- ¿Valen…tine? – Añadí conmocionada mientras me sobrecogía un miedo irracional… Pero… Pero… Es que lo que vi me asusto más que cualquier cosa que hubiese visto tiempo atrás. Estaba absolutamente demacrado… Una incipiente barba le cubría todo el rostro… Tenía las facciones chupadas debido a su dieta alimenticia basada en alcohol únicamente… Y el hedor que desprendía emulaba a 100 sobacos sudados como mínimo. Pero no era eso lo que me asustaba, sino su mirada. Estaba vacía… Mirase donde mirase, no había rastro del Valentine que yo había conocido. Ahora comenzaba a entender porque Lucian no quería que nadie más cuidase de él. Intentaba proteger su liderazgo, ya que si alguien más le viese en el estado en el que estaba… Seguramente perdiese todo el respeto y admiración que sintiesen hacia él de golpe y porrazo.
- Que grata visita… - Añadió secamente mientras le daba un largo trago al licor que tenía en el vaso y se daba la vuelta descamisándose para sentarse posteriormente en la cama mientras encendía un cigarro… Uno de los cuales seguramente le habrá suministrado Lucian. – Perdón por el desastre… - Dijo sin sentirlo ni un ápice en absoluto… ¿Qué era lo que percibía? ¿Asco? ¿Odio? ¿Rabia…? No, mucho peor, indiferencia. - ¿Pero es que no te han enseñado a llamar antes de entrar?
- No cuando se trata de personas que están claramente autodestruyéndose de tal manera como tú estás haciendo.
- Vaya… Saltó la virgen de las almas perdidas. – Lo estaba pagando conmigo, sí, no me cabía duda. - ¿O es que acaso has venido aquí para terminar lo que empezaste la semana pasada?
- Valentine… Tú no eres así. De verás que siento tu perdida… Pero la persona que estoy viendo ahora… No eres tú. Y lo sabes… Tú eres superior a todo esto. Tú eres Valentine Morgensten.
- Bla bla bla BLA. Toma, anda, sírvete una copa, quizás de ese modo dejes de ser tan molesta como de costumbre.
- Beber no te ayudará, ni ser grosero conmigo. Todos están preocupados por ti, Lucian está que se sube por las paredes, y yo si me he quedado aquí ha sido para intentar ayudarte.
- ¿Quieres ayudarme? Pues empieza por hacerme una mamada, y luego si te portas bien puede que te quiera ayudar yo a ti.
Quedarme blanca es poco… Sino lo siguiente. En otras circunstancias habría gritado, le habría abofeteado y le habría soltado alguna frase hiriente para hacerle sentir mal… Pero sabía que en esta ocasión nada de eso resultaría porque estaba totalmente carente de emociones y de respeto por sí mismo. Así que… Borracho como estaba y con lo fuerte que le quería atizar… No me resulto difícil dejarle inconsciente dándole en la cabeza con la bandeja de la comida.
A continuación le administré un par de valiums y (sí, ya tendría tiempo de sentirme mal por drogarle) le arrastré hacia el cuarto de baño… Cualquier cosa era mejor que aguantar ese maldito hedor, incluso tener que quitarle la ropa mugrienta del cuerpo y verle como Dios le trajo al mundo.
En cualquier otra circunstancia me habría ruborizado ante la idea de tener a Valentine delante de mí desnudo… Pero ahora me daba asco verle. Sorprendida tras contemplar la cantidad de masa muscular que había perdido en una sola semana, le metí en la bañera, en la cual utilice todo tipo de sales de baño y geles aromáticos frotándole bien fuerte con la esponja. Posteriormente le peine… Aunque no me atreví a afeitarle… Eso era cosa de hombres.
Una vez le hube vestido con un pijama le metí en la cama del cuarto de invitados. Sí, ni de COÑA le hubiese encerrado de nuevo en esa pocilga. Y le até (sí, ya tendría tiempo de confesarme después) mientras le introducía una vía por la muñeca y la conectaba a un litro de suero.
Sin perder minuto de tiempo limpié de arriba abajo el cuarto de Valentine y luego triunfante me senté esperando a que el efecto del somnífero perdiese efecto… Vale… También puede que ayudase mientras le daba un par de bofetones y le tiraba un vaso de agua por la cara.
Se despertó sobresaltado y enfurecido cuando se fijó en las cuerdas que le retenían al cabecero recordando también el golpe que le di con la bandeja.
- ¿QUÉ COÑO HACES, PUTA? – Iba a aprender, de eso estaba segura, aprender a respetar a una dama.
- ¿Cómo que puta? – Le pegué un puñetazo en la cara. - ¿Cómo me llamo Valentine?
- Joder, Joce… - Añadió mientras escupía un poco de sangre. - ¿Estás segura de que en lugar de mantenerme con vida no quieres matarme?
- Vamos a ver, Valentine, te he duchado… Te he desnudado… Te he vestido luego y te he metido una vía con suero posteriormente… ¿De verdad piensas que quiero matarte? Créeme cuando te digo que si ese fuese mi verdadero propósito no me tomaría tantas molestias.
- No habrás abusado sexualmente de mi ¿no? – Aun después de todo seguía sonriendo y siendo irónico cuando se lo proponía y me hizo suspirar de alivio todo sea dicho… Oír que a pesar del capullo en el que se había convertido quedaba un atisbo del Valentine al que yo quería me hizo relajarme, tanto que me senté al lado suya en un borde de la cama.
- Valentine… Todos confían en ti. Todos esperan que te recuperes y que les lideres… Y en el fondo tú también lo esperas. Tú eres fuerte, eres valiente… Eres el líder de El Círculo, eres presuntuoso, eres arrogante, eres incluso gracioso a veces… Sí… No sonrías, no todo son halagos… Porque créeme… Cuando quieres también eres jodidamente insoportable, pero… Si hay una cosa que no eres es un maldito cobarde. Un débil… Alguien vulnerable que se doblegué a algo tan nimio como el alcohol… O que no tenga lo que hay que tener para afrontar la vida… Para no entregarse tan fácilmente a la muerte, no desde luego sin luchar… Y no desde luego vengando a esos que mataron a tu padre. Todos creemos que tenemos que actuar… Pero nadie lo hará sino vuelves a ser tú mismo.
- Ya no soy la misma persona… Jocelyn. – Sus ojos me hablaron por primera vez… Es cierto, jamás se recuperaría de esto… Pero sé tan bien como él… Que esos cabrones pagaran por ello. Como un acto reflejo le quite las cuerdas que le inmovilizaban.
- Lo sé… Pero sé que te repondrás, sé que ya nunca más volverás a ser el soñador eterno que eras… Pero sin lugar a dudas superarás la muerte de tu padre aferrándote a la venganza.
- Y no estás a favor de ello… Intuyo. – Ya no me miraba con indiferencia… Su mirada volvía a hacerme sentir especial, indiscutiblemente uno de los mejores dones de Valentine… Era capaz de hacer sentir indispensable a cualquier persona.
- Cierto… No estoy a favor… Pero… La experiencia me dice que es el único modo de restaurar el orden. Los malos solo escarmientan con la sangre. Es duro de asimilar… Pero es la cruda realidad. – Una de las manos de Valentine se posó en mi rostro para alzarlo y que le hiciese frente a la mirada.
- Solo puedo luchar a tu lado. Tú consigues hacer que siempre encuentre el norte. – Con la mano que tenía alzada en mi rostro tiro de mi cabeza hasta el punto de poder besarme, no era romántico, pero era real. Era pura necesidad. Pero no, no lo quería. Hacía una semana él tenía claro lo que quería… ¿Y ahora es justamente lo contrario? No permitiría que jugase conmigo, así que me aparte suavemente.
- Valentine…
- Jocelyn… No me digas que es orgullo…
- ¡No! No es por orgullo… De verás… Pero… Yo no estoy preparada para asumir todos tus cambios de humor… Yo permaneceré a tu lado, siempre… Y cuando estés seguro de lo que realmente quieres… Házmelo saber.
- ¡Lo estoy…! La muerte de mi padre me ha despertado de mi ensoñamiento. Y ahora sé… Que solamente quiero estar con las personas que realmente quiero. Tú eres la más importante. El pilar de mi salud mental y al mismo tiempo el de mis quebraderos de cabeza más frecuentes.
- Valentine… Déjalo… Dejemos esta conversación para más tarde, necesito que me demuestres muchas cosas… No me valen ya las palabras. Y deberías comer y arreglarte… Quiero que estés presentable cuando la gente te vea en El Círculo… - Añadí al pie de la puerta, esfumándome hacia mi casa, estaba la suficiente cansada para descansar… Y más teniendo en cuenta que Valentine ya había recobrado el juicio… Por lo que dentro de poco tendríamos que empezar una caza contra los licántropos y el resto de subterráneos que nos hiciesen frente.
