15. Secretos compartidos.

Aun me sentía rara, me acababa de despertar en el cuarto de Valentine en compañía de su abrazo.

No podía evitar sorprenderme de mi misma al estar a su lado, no es algo que no hubiese pensando que jamás pasaría pero desde luego nunca imagine que las cosas transcenderían de esta manera.

- Buenos días – Añadió mientras se desperezaba sintiéndose observado por mí. Me quede cortada… Era ridículo pues ya me había visto desnuda anteriormente… Pero no sé, siempre impactaba levantarte resacosa y verte desnuda al lado de un hombre, y más si este encima era Valentine. - ¿Tengo que deducir que el que escondas tu cabeza bajo la sabana hasta la altura de los ojos y que me mires es un "Buenos días" también?

Visto de ese modo hacía que me sintiese notoriamente ridícula. Y no entendía porque ahora me venía con remilgos.

- Buenos días – Y le regale un beso en la mejilla. Por la cara que puso imagine que le supo a poco, pero por las mañanas no era nada generosa. – Deberíamos levantarnos. Ya sabes. Deduzco que nos van a matar e imagino que querrán saber por qué no hemos realizado nuestra misión y por qué nos presentamos en el salón a las… - Miré la hora del reloj de pared de Valentine - ¡A las 5 de la tarde, JODER!

- ¿Y qué importa? – Vaya, ni siquiera se inmuto al enterarse de la hora – No creo que nadie se atreva a reprenderme… Y más vale que tu amiguito… Wayland se quede calladito.

Suspire ante este comentario… No recordaba que no habíamos hablado del tema de Michael y yo, pero sin lugar a dudas hoy no era el día en el que desease hacerlo. Me levante dispuesta a vestirme aunque Valentine me retuvo agarrándome del brazo y empujándome de nuevo a la cama.

- Venga ya, Joce, dime de verás si no prefieres quedarte todo el día en la cama conmigo de la misma manera que yo deseo. – Me hubiese gustado negarme orgullosa ante esta proposición, levantarme, vestirme e irme… Pero indudablemente prefería estar con él, eso y que comenzase a besarme y a susurrarme palabras en el oído deterioro por completo toda mi firmeza.

Me deje llevar demasiado, tanto que acabe jadeando incontenidamente debajo de él mientras con besos y roces nos encendíamos más y más. Pero finalmente, en un arranque de cordura, me deshice de su tacto apartándome de repente.

- Para, ¡No! – Él me miro con fastidio. - ¿Qué va a pensar el resto de nosotros?

- ¿Estabas pensando ahora mismo… en ellos? Has herido mi ego.

- No, no me refiero a eso. – Añadí dándole un codazo. – Sino a que a ojos del resto ¿qué pensarán? – Era una pregunta retórica, Valentine lo entendió. – Pensarán que no nos lo tomamos en serio. Y más cuando ayer era un día decisivo para El Círculo y hoy no damos señales de vida.

- Tienes… Razón. – Añadió finalmente con un tremendo pesar, aunque no comencé a vestirme hasta que me hubo besado por última vez.

Concordé con él el mantener lo que fuese que tuviésemos en secreto y con los zapatos en la mano evadí cualquier posible encuentro hasta llegar al cuarto que tenía en la casa solariega. Los miembros de más antigüedad o de más responsabilidad disponíamos de una. Hacía meses que prácticamente ya no pisaba la casa de mis padres, todo sea cierto.

Así que intentando que nadie me viese con la ropa del día anterior, y con el habitual aspecto de una borrachera y una noche de sexo logré llegar invicta a mi cuarto.

Una vez me hube terminado de duchar y peinar, me puse el vestido más cómodo que tenía, y busqué cualquier posible movimiento que hubiese en toda la casa. Finalmente pude oír a Michael discutiendo con alguien; como era habitual, en el jardín.

- No, Lucian, me da igual lo que a ti te parezca o lo que haya sufrido. Hace horas y horas que tendría que haber dado la cara. Y tenemos que soportar que Maryse nos diga que le dejemos dormir que cuando ha pasado a su cuarto parecía que le habían herido… - Parecía que Lucian fuese a saltarle a la yugular de un momento a otro.

- Eh… Buenas tardes… - Interrumpí sintiéndome irremediablemente culpable por mi dejadez.

- Vaya. ¿Qué tal has dormido? ¿Cómoda no? – Ironizó Michael rozando el límite del grito.

- Esto… Hoy he dormido en casa de mis padres e insistieron en qué me quedase a comer con ellos por su aniversario, - improvisé – no me pude negar, lo siento.

- ¿En casa de tus padres? Maryse nos dijo que estabas durmiendo aquí, en tu cuarto. – Miré a Maryse alarmada… Vaya, ella debía haber ido a buscarnos pensando si estaríamos heridos o para saber simplemente si habíamos regresado de Orleans, por lo que ella debió vernos juntos… A mí y a Valentine… Quería morirme. La miré, aparto la vista avergonzada evidenciando lo que supuse que sabía. Con la mirada agradecí que mintiese por nosotros alegando que estábamos durmiendo cada uno en nuestro cuarto… Pero nuestras versiones se habían ido al trapo, mierda.

- Ah… Ya, a ver… En un principio, dormí aquí hasta que me recuperé… Pero me apetecía dormir en mi casa, así que luego me fui y termine comiendo con mis padres. – Mi versión de los hechos flojeaba y mucho, pero nadie podía suponer por qué mentiría sobre algo tan simple como en que habitación dormí.

- Bueno, ¿y qué paso? ¿Tuvisteis suerte? ¿A cuántos matasteis? – Me quedé bloqueada, en cierto modo me daba bastante apuro decir que no habíamos hecho nada en más de 6 horas de misión.

- A dos. – Respondió de pronto Valentine a mi espalda. – En principio solo había uno, pero luego debió venir su amiguito, nos complicó las cosas bastante, pero al final todo salió como era de esperar. Aunque de todas formas no debería darte ni una sola explicación a ti de lo que hago o dejo de hacer. – Si ayer Valentine odiaba a Michael hoy que sabía que habíamos estado juntos lo hacía con mayor intensidad.

- Bueno, basta. Lo importante es que todos estamos bien. – Argumentó Lucian recordándome que debía hablar con él, tenía que darme una explicación.

- Sí… Eso es lo importante. El señorito Valentine está sano y salvo, todo lo demás carece de interés. – Escupió las palabras Michael.

Valentine salió disparado, ninguno pudo frenar la situación y antes de que alguno pudiese ponerse entre medias asestó un par de puñetazos en cara y estómago a Michael, aunque este no se quedó atrás propinándole uno en el ojo izquierdo. Lucian se interpuso entre ambos recibiendo algún que otro puñetazo de refilón, yo por mi parte agarré a Valentine por los hombros acompañada por Robert.

Cuando sucede algo de esto te das cuenta de que todo se ha desarrollado en tan solo un par de segundos y curiosamente la situación se intensifica mucho más de lo que pensamos. Nos costó más de cinco minutos conseguir someter a ambos. Le puse una bolsa llena de hielos en el ojo a Valentine, hasta que entró Lucian en la cocina como un loco.

- ¿Es qué se te han cruzado los cables? ¿En qué cojones pensabas? – Grito zarandeándole.

- Si esperas que deba arrepentirme es mejor que no pierdas tu tiempo. Joce, pásame tu estela. – Me pidió restando importancia a la presencia de Lucian. A tiempo de que yo sacase la mía y Lucian cogiéndola al vuelo la estampase contra el suelo. ¿Se habría vuelto loco?

- Pero… ¿Serás capullo? ¿A qué viene esto joder? – Pregunté sobresaltada, no era la típica reacción que tendría Lucian, no desde luego el que yo conocía anteriormente, ahora ya no sabía prácticamente nada de él.

- ¡No! Su ojo, se curará de manera natural. Así aprenderá que sus actos tienen una consecuencia.

- Pero… ¿Quién te crees que eres? ¿Mi padre? Estoy lo suficiente calentito para que encima vengas tú ahora a tocarme los cojones. – La verdad es que era entretenido ver esta situación. Jamás había visto a Valentine responder de esta manera tan… ¿Humana? Ni tampoco había visto nunca a Lucian enfrentarse a este.

- Luke… ¡Para! Michael llevaba tiempo sobrepasándose. No estoy diciendo que sea normal que Valentine le pegase, pero reconocerás que fue él el que le provoco desde un principio. – Ahora me sentía como una madre intentando disciplinar a sus hijos.

- De ti era de la que menos esperaba que tolerase semejante comportamiento por su parte. Pero claro, dos que duermen en un mismo colchón se vuelven de la misma opinión. – Sonrió amargamente… ¿Cómo demonios lo sabría? No, por parte de Maryse no lo sabía, de eso estaba totalmente segura. Me sentí avergonzada al principio, aunque luego todo eso fue sustituido por rabia, Lucian, mi supuesto mejor amigo, Lucian el que tantos secretos me escondía, ¿ahora intentaba darme lecciones de moral?

- Sí, claro, ya sé lo que pasa, ¿te jode que ahora Valentine tenga puestos los ojos en otro sitio que no sea su CHUCHO… sumiso? – El desprecio jamás ha inundado tanto alguna sílaba de mi boca como en esa ocasión. Jamás me he mostrado más prepotente, jamás he visto a Lucian tan herido y jamás he visto disfrutar tanto a Valentine con la salvedad de la madrugada pasada.

Lucian miro a Valentine decepcionado, y a mí con lo más parecido al odio que haya podido observar provenir de él en toda mi vida.

- Haced lo que queráis, más tarde o más temprano ambos deseareis mataros el uno al otro, cuando llegué ese día de nuevo, no contéis conmigo para llorarme vuestras miserables penas. – Vaya, un discurso digno de pertenecer al Apocalipsis, y se marchó sin más.

Me quedé mirando la puerta entre indignada y alucinada hasta que el eterno silencio fue interrumpido por las estridentes risas de Valentine. Jamás le había visto reír de esa manera, estaba literalmente llorando de la risa. Y yo tampoco pude reprimirlas más, acabe contagiada de las suyas. No es que la escena hubiese sido graciosa, pero la sentencia final de Lucian no consiguió su cometido principal y acabamos tomándonosla como un chiste hasta que Valentine se levantó con la sonrisilla floja aun en la cara y me acorralo a la encimera de la cocina donde estaba apoyada.

- No te haces a la idea de lo cachondo que me ha puesto verte enfrentarte a Lucian. – Me confeso susurrándome al oído con la voz completamente ronca. No pude evitar excitarme de inmediato.

- Y tú no te haces a la idea de lo cachonda que me ha puesto verte pegar a Michael. – Confesé a su vez sin ser dueña de mi propia sonrisa.

Valentine me aupó a la encimera besándome sin respiro mientras sus manos calentaban cualquier resquicio de mi cuerpo. Con una mano le atraje por la cabeza más hacia mí.

- ¡Ah! – Se quejó. – Heridas de guerra. – Añadió riéndose y tocándose el ojo que Michael había dejado hinchado y ensangrentado. – Una estela sería realmente útil para situaciones como estas… Pero bueno, papá Lucian me ha castigado. – La risa de Valentine cada vez me contagiaba más y más.

- Independientemente de lo que diga Lucian, ni se te ocurra curártela. – Añadí yo también en susurros. – No te haces a la idea de lo que me pone. – Mi respuesta sin lugar a dudas había agradado de maneras ilimitadas a Valentine.

Empecé a sentir que esto era una locura en el momento en que terminó por levantarme el vestido hasta la altura de la cintura y a quitarme la ropa interior más húmeda que de costumbre. No es que quisiésemos que nos pillase cualquier persona en plena faena pero juro que en ese preciso momento éramos incapaces de pensar con fluidez, vamos, de utilizar el cerebro sin ir más lejos.

- No te haces a la idea de la cantidad de veces que me he imaginado estar haciendo esto contigo. Una y otra vez. – Ronqueo más de la cuenta Valentine.

- Pues adelante, ¿a qué esperas? – Le reté sin censura.

Si hay algo que supera a Valentine son los retos sin lugar a dudas. Le desabroché la cremallera de sus vaqueros, jamás me había visto expuesta a una situación similar, parecía una auténtica perra en celo pero al menos podía añadir con satisfacción que no era la única a la que le pasaba algo parecido. Con el miembro claramente hinchado de excitación empezó a sacudirme con fuerza y sin control. Me estaba gustando y sobraba añadir que jamás había llegado a sentir ese nivel de satisfacción con cualquier otro hombre.
Hasta que alguien abrió la puerta. Rigurosamente tanto Valentine como yo miramos a nuestro observador, Stephen Herondale. Decir que los tres nos quedamos al menos unos 30 segundos con cara de alucinados y sin pronunciar palabra no es exagerar.

- Eh eh… Esto… Yo, no he visto nada. – Fue lo que añadió Stephen mientras se daba la vuelta cerrando la puerta de la cocina.

Seguimos con cara de subnormales unos segundos más que parecía tratarse de una eternidad. Hasta que Valentine apoyo su cabeza en mi hombro no pude dejar de mirar hacia la puerta.

- ¿Es qué nos hemos vuelto locos? – Añadió él con profundo pesar. – Nos estamos comportando como unos jodidos adolescentes. – Se separó de mí y se abrocho los pantalones. – Jocelyn ¿qué se supone que le diré ahora a Stephen? ¿Qué debo hacer? – Jamás le había visto tan avergonzado.

- Nada. No le dirás nada. Yo hablaré con él. – Me baje de la encimera arreglando mi aspecto lo más que pude. – No te preocupes… - Le di un largo beso de puntillas y me fui a buscar a Stephen.

No fue difícil de encontrarle, estaba en los jardines de la casa sentado en un banco mirando intensamente una fuente que tenía una hermosa estatua de un ángel echando agua por la boca.

- Hola… - De las primeras veces que hablaría con él y tendría que ser esta conversación… Fabuloso, sin duda.

- No, de verdad. No tienes que darme ni una sola explicación. No me importa. Lo que vosotros hagáis en la… Cocina, me da igual. Por mí no ha pasado y créeme, me gustaría borrar esa imagen de mi mente. – Añadió irónico y atormentado.

- Lo… Siento. No puedo entender como hemos acabado así, pero bueno, eso da lo mismo. Es un comportamiento vergonzoso el cual te aseguro que no volverá a repetirse, JAMÁS.

- Que no, que no me tienes que dar explicaciones, me da igual lo que hagáis. – Repitió intentando eludir esta conversación.

- Me alegro de que así sea… Pero, verás, te agradecería que no… Que no llegase a otros oídos todo… Esto. – Me daba hasta vergüenza decir el suceso en cuestión.

- Mira. Si estoy en el Círculo no es por chismorrear o salir en las portadas de las revistas, sino porque creo en la causa. Así que no hacía ni falta que me dijeses… Eso. – Esto hizo que me sintiese peor aún, tanto compromiso era admirable.

- Gracias, Stephen. – No pude evitar sonreír. – Gracias de verás.