¡Aquí de nuevooo! ^^ Qué raro se me hace subir tan rápido, pero bueno, así mejor, ¿no? Estos días de vacaciones aisladas en mi pueblo me han venido más que genial xD ¡mi cabeza medio vacía ideó un posible final inesperado! Y es sorprendente, yo creí que las cosas volverían a ir sobre la marcha e.e
Por otro lado, tenemos este capítulo que sigue :S Bueno, no sé vosotros, yo me descojoné escribiéndolo aunque no obligo a nadie a hacerlo :P
Toaneo07: yeah! Algo así ocurrirá con esa fan BD No doy más pistas, jaja, solo que es una de las cosas que has dicho. Gracias por comentaaar!
Kozue: no, no olvidé lo de la casita e.e ¡Saldrá de nuevo! Aunque más tarde. Supongo que eso de levantarse a las 7 es por las clases o_O Si no, ¡estás cometiendo un sacrilegio, niña! (? eso fue extraño) ¡Thanks for the comment, dear sister! :)
Paooo-BB: uh, la relación de Clara y la salud mental de Mido saldrá pronto, o eso creo (hago los capítulos sobre la marcha, así que siendo sincera, ¡ni idea xD!) ¡Jajaja! ¿Así que es linda la camisa, eh? Bueno, pensé que a alguien le pudiese parecer vulgar, así mejor. Y sí, realmente me pude lucir en ese discurso *mirada orgullosa y seria* aunque, cualquiera lo habría hecho solo con pensar en lo que odia de una asignatura (estará claro cuáles odio yo e.e) ¡Gracias por tus reviews! ^^ Son muy animadores.
Michi Suzukaze: Ah, New York *-* Es mi ciudad favorita, si no, lo habría mandado a California o algo por el estilo xD ¿Triunfará? ¿Será una estrella o... le costará caro? Entiende que debo provocar incertidumbre para sorprender :D Ya, no me gusta poner a Kazemaru así... debo cambiar su carácter, ¿no crees? :S Bueno, ¡muchas gracias por comentar!
CAPÍTULO 4
"Bailaremos esta noche con la música a tope, bebiendo y perdiendo el control sin que nada en este momento nos importe, pero eso no significa que los problemas de la vida de todos los días se evaporen"
Allí estaban, habiéndose presentado con las manos casi vacías. Había que echarle mucha cara, pero eso no era en absoluto un problema para aquel extraño grupo que, de fiesta en fiesta, había acabado en el barrio pijo, cantando el himno de la alegría en un remix extraño, con Aki Kino subida a las espaldas de Shiro Fubuki (resultado de una larga historia sobre cuán fuerte era el peli plata y una duda acerca de su resistencia que había dañado su ego en un estado de alcoholismo mortal para su espalda) y el resto del grupo gritándole a Endo Mamoru que se bajara de un roble al que había accedido subiendo primero a una farola cercana, mientras todos, en general, se meaban de la risa.
No era una situación demasiado rara. De hecho, hasta les resultó light, algo que hace cantar lo brutales que eran los pedos que se pegaban estas personas.
Era viernes y su amigo Mido les había dado la noticia del siglo: se iba a Nueva York a hacer una prueba importantísima con un productor musical mundial. Solo de pensar que serían los mejores amigos de alguien famoso, les entraron ganas de mantear al oji negro, subirlo al tejado y rociarle con vodka. Hay que tener en cuenta que ya estaban bastante tocados por el alcohol cuando recibieron la noticia.
Por este camino siguieron, y cuando por fin hubieron conseguido hacer que Endo se bajase de aquel absurdo árbol (no sin un buen chichón, a una altura de dos metros y medio), que Ulvida abandonase su litrona y que Fubuki olvidara ese tonto juego al que nadie prestaba atención, habían llegado a la casa de su buen amigo Hiroto Kiyama y sin ni siquiera llamar, se habían instalado en los mullidos sofás del salón del chico, ante la mirada atónita y perpleja de las más selectas amistades del pelirrojo, a las que había invitado a celebrar que empezaba el nuevo curso.
-Cuando Hiro vea esto nos matará –canturreó Yagami, y a continuación cogió un florero y, cerrando el otro ojo para concentrar la vista allí, examinó su interior como si esperase encontrar un culín de ron o algo así. Atsuya se rió a carcajadas, sentado en la banqueta del piano de cola. Yuuka se encontraba sobre el teclado, de manera que su culo deleitaba la sala, tocando la más armoniosa melodía que un trasero puede producir.
-¿Qué buscas, Ulvida? ¿Un poco de crack que fumar?
-¡Idiota, yo no fumo eso! –le recriminó muy indignada. Luego se puso a rebuscar en el bolsillo de su chaqueta- Pero ahora que lo dices, guardé un poquito de hierba buena.
-O sea… a ver si me he enterado, ¿vienes borracha y llevas hierba buena encima? –preguntó una chica con cara de niña pija, la típica hija única de padres divorciados, malcriada y consentida que no da palo al agua. Ponía cara de asco y miraba a la peli azul como si fuese inferior, vamos. Sin embargo, la oji azul se levantó sonriente y le ofreció un porro bien liado, en cuestión de segundos.
-No, bonita, no es la hierba buena que dices tú –haciendo que la otra se tapase la nariz (a nuestra querida amiga Reina le daba igual beber de garrafón, así que la peste era considerable), se puso a su lado y le enseñó de cerca el papelito- Mira, esto se llama porro. PO-RRO. Y se fuma. Así –se lo metió en la boca y, antes de que encendiese el mechero una mano se lo arrebató y salió corriendo.
-¡VAMOS A QUEMAR LAS CORTINAS! –gritaba un Endo sonrojado y entusiasmado, afectado por el venazo que acababa de darle para acometer tal acto de estupidez extrema. Aki aplaudió y Ulvida se descojonó, dando palmadas en la espalda de la chiquilla pija, una pobre niña que pedía auxilio con los ojos a sus compañeros, para que le librasen de la loca que se encontraba, en esos instantes, sacándose otro mechero del sujetador.
Para disgusto del resto de la panda, Midorikawa decidió comenzar a ser sensato y, con cara seria, arrebató el mechero a Mamoru y se subió a un sillón, inspirando con todo su aire de seriedad.
-¡Silencio! ¡A ver! –carraspeó y a Yuuka le entró un nuevo ataque de risa- Amigos míos, no hay por qué ponerse así, ¡no se puede ir a casa de un amigo y quemarle las cortinas, Endo! –El mencionado agachó la cabeza, avergonzado como un niño pequeño- Y Atsuya, por favor, baja a tu mascota del piano, cada vez que se mueve dan ganas de bailar.
-¡Jajaja! ¡Mi mascota! ¿Has oído, cariño…?
-¡Imbécil! Mido, vas a morir, ¿sabías?
-Bueno, y en segundo lugar –algunos tropezones sobre el mullido sofá le hicieron perder algo de credibilidad, aunque siguió con su discurso. Sorprendentemente, todo el mundo estaba en silencio-… ¡A POR LOS PIJOOOOOOOOOS! –y es que hasta nuestro sensato peli verde había dado un par de tragos a la mezcla explosiva que contenía la litrona de su novia.
Lo que sucedió entonces hizo suspirar de alivio a los "pijos", que estaban siendo perseguidos en todas direcciones por una panda de borrachos que había entrado por no se sabía dónde: Hiroto Kiyama se colocó en la puerta del salón y silbó con los dos dedos para llamar la atención de todos. En cuestión de instantes, se quedaron paralizados, aunque no se distinguía bien si por el miedo de lo que iba a hacerles Hiroto al ver chafada su gran noche, o porque cada uno intentaba averiguar, con todo su moco, de dónde rayos venía aquel ruido. Por su parte, cuando Mido lo descubrió, soltó al chico al que estaba robando la corbata, se la ató a la cabeza y saludó con la mano, sonriente, al enfurecido oji verde.
-¡Hola, Kiyama!
El pelirrojo lo miró con irritación, apartando el brazo que el moreno le había puesto por encima del hombro.
-¿Qué… estáis… haciendo?
-¡Ah, perseguir a tus amigos! –De repente se puso serio y le miró a los ojos- Oye, te digo una cosa, debieron de pasárselo muy bien jugando al pilla-pilla de pequeños, ¿eh? ¡Corren de rápido que te cagas! –tras lo que echó un trago al botellín de cerveza que había robado (nadie sabía en qué momento, pero lo había hecho) de la nevera de la casa y señaló a Hiroto, que le miraba con furia, esperando una disculpa que, por otro lado, estaba claro que no iba a llegar. Al menos, no esa noche- Tengo que contarte una cosa, ¡te vas a morir de la envidia, cabrón! Mira, siéntate.
-Mido, te doy dos opciones: dejáis esto AHORA MISMO y os vais por donde quiera que hayáis venido…
-¿Y si no?
-Te mato –sonrió el pelirrojo, amargamente.
No obstante, luego de observarle fijamente unos instantes, Ryuuji rompió a reír al igual que el resto de sus amigos. Yuuka, que se había subido a lo alto de una estantería, dio un paso en falso y se precipitó hacia el frío suelo de mármol, topándose en mitad de su vuelo con los brazos de Atsuya, que en cuanto la atrapó no dudó en llevarla hasta el sofá y empezar a montárselo, como si no hubiese nadie más allí.
Kiyama meneó la cabeza, harto y con el ceño fruncido y antes de poder decirle nada a su mejor amigo, este tiró de su brazo y lo sentó en el sofá, a su lado.
-Adivina.
-¿Qué?
-¡Que adivines, SORDO! –le gritó al oído, provocando unas ganas locas en el pelirrojo de arrearle un buen puñetazo que le bajara el pedo.
-¡Vale, capullo, qué cojones quieres!
-¡Que adivines adónde me voy, jajaja!
-Uff… -suspiró, de mala gana- ¿A dónde?
-Mmm, estás duro de mollera, ¿eh? –Comentó, golpeando con los nudillos la coronilla de Kiyama, que estaba tan rojo de rabia que parecía a punto de explotar- Te daré una pista, para que veas que soy buena persona… ¡chicos, cantemos la canción de antes!
Y la sala quedó inundada, ante los ojos incrédulos de quince pobres personas normales (o séase, los pijos), por un canto con muchos gallos y variaciones en la melodía, aunque cuya letra se entendía a la perfección:
-¡IN NEEEWW YOOOORK, CONCRETE JUNGLE WHERE DREAMS ARE MAAAAADE, OOOOH, THERE'S NOTHING YOU CAAAAN'T DOOOO! ¡NOW, YOU'RE IN NEEEEWWW YOOOOORK! ¡THIS STREETS WILL MAKE YOU FEEL BRAAAND NEWWWW…!
-¡VALE, BASTA YA, FUERA TODOS DE MI PUTA CASA!
Y a pesar de que la orden iba dirigida a Mido y su panda, muchos, por no decir todos, de los amigos remilgados de Hiroto, aprovecharon la coyuntura para largarse de allí en menos que canta un gallo. En cuanto a los que realmente deberían haberse ido, bueno, Atsuya y Yuuka debían estar lo más cerca de la segunda base que en toda su vida, por lo que nadie se atrevió a tocarles el hombro y decirles "eh, ¡fuera!"; Shiro y Endo, por alguna razón que el resto del mundo desconocía, se habían puesto a jugar a las palmas, así, tranquilamente, con Haruna de espectadora, quien parecía ser el árbitro de un partido de tenis que observaba atentamente y Aki se había sentado en una ventana, con los pies colgando para afuera, mientras Ulvida llevaba los cascos puestos y bailaba al ritmo de lo que parecía ser Party Rock Anthem, algo que le hacía parecer una verdadera pirada, ya que nadie más que ella oía la música.
Kiyama se frotó los ojos, cansado, y al ver que sus amigos habían terminado de echar a todos los invitados a la fiesta, se sentó tranquilamente en uno de sus sofás, con los brazos apoyados sobre las piernas y mirando al suelo. Miró a su derecha. Su mejor amigo había derramado algo de cerveza en el sofá y luego se había dormido, con el botellín en la mano. Qué espanto, podría haber jurado que nadie en este mundo ronca tanto.
-¡Don Federico perdió su cartera, para casarse con una costurera! ¡La costurera perdió su dedal, para casarse con un general! –canturreaban con voz chillona, el castaño y el peli plata que, con más que clara evidencia, no eran responsables de sus actos en esos momentos. Quizá por eso Hiroto decidió perdonarles. A todos.
-Oye, Ulvida… -le tocó el hombro a la mencionada, y esta se volvió con el puño en el aire, dispuesta a defenderse. Paró cuando vio quién la reclamaba y se quitó los cascos, tirándolos despreocupadamente por encima de su hombro.
-¡Dime!
-¿Podrías llevarte a esta gente de aquí?
-¡Si hemos venido a verte! ¿Por qué no te emborrachas o algo? Hoy estás soso –Kiyama puso los ojos en blanco.
-Y me gustaría seguir así para no hacer tonterías.
Yagami lo miró despectivamente.
-¿Tú? ¿Tonterías? ¿Y con quién, eh? ¿¡Conmigo! –estalló de risa y se tiró al suelo, a revolcarse como una croqueta al tiempo que se reía por aquel chiste sin gracia que acababa de contarse a sí misma.
-Bah, os dejo las llaves en la puerta, cerrad cuando salgáis… -Antes de subir a su cuarto, y dejar abandonados a su suerte a sus colegas, se volteó y entrecerró los ojos con dirección a su amiga peli azul- Por cierto, ¿cómo narices entrasteis? No creo que nadie en su sano juicio os abriera la puerta.
-¡Ah, qué va! Entramos por la ventana –respondió la chica alegremente, y sonriente mientras lo miraba con las manos en las caderas. Al pobre Hiroto le entró un escalofrío- ¡Como cuando me acosté contigo la primera vez! –añadió.
-Entonces debo suponer que no estoy a salvo de vosotros ni en mi propia casa –suspiró el oji verde.
-Para nada. Eres un blanco fácil, además, querido ex –la chica miró a su alrededor al tiempo que se rascaba la cabeza, como alguien despistado que ha olvidado sus llaves- ¿Dónde habré metido mis cascos…?
Kiyama sonrió, y para darle algo que hacer el resto de la noche, no le dijo nada y subió las escaleras, dando las buenas noches en general.
…
Lo reconocía, le costaba decir la verdad aún cuando sabía que le convenía. La peli verde se recogió el pelo con una enorme pinza, que Endo le había regalado por ganar el juego de las escopetas de la feria. En realidad, el chico no había acertado ni una sola vez, fue Aki quien, al coger el arma trucada, consiguió tres peluches y un sombrero mexicano. Así que ella le había dejado comprarle algo para que se sintiese mejor a pesar de haber perdido.
Finalmente, ella se había ido de la casa de Hiroto. Aún borracha, no acababa de cogerle confianza al pelirrojo, apenas sí se conocían. Había cogido un taxi y allí se encontró al despertar. Como en casa en ningún sitio. Encendió el ordenador, ya casi como de costumbre. Esperaba poder hablar con su amigo, y contarle lo poco que recordaba de la fiesta de esa noche. Solía relatarle aquello, y eso parecía divertirle a él.
"Qué tarde te has conectado hoy, ¿me equivoco o dormías tu resaca?"
Aki sonrió.
"No te equivocas, aunque no es para tanto"
"Entonces hoy estás bien"
"Sí"
"Tan bien como para quedar conmigo, ¿no?"
"Ay, no seas pesado, en serio…"
"Pero si solo quiero conocerte en persona. Por chat eres muy maja, ¿por qué no también ser amigos en la vida real?"
"Porque me suenas a pedófilo convenciendo a una víctima, por eso"
"Jajaja! No me digas eso, no era mi intención sonar así… aunque sinceramente, ¿tú no eres ya un poco mayor para que un pedófilo se interese por ti?"
"Asdfg, déjalo, anda, me estás empezando a rayar"
"Bueno, como quieras"
"Hum, hoy estás poco hablador. Normalmente eres más cansino con eso de que nos veamos. ¿Te pasa algo?"
"Pues… ¿puedo contarte una cosa?"
"Eh… sí…"
"Uf. Es que mi madre acaba de decirme que está harta de nuestro perro, y que lo va a sacrificar"
¡Anda la osa! ¿Y cómo iba a tomarse eso la peli verde? Algo en su interior, quizá una de las pocas partes inteligentes que quedaban de su cerebro, le decía que eso sonaba a excusa para enternecerla y convencerla más fácilmente de ciertas cosas. Sin embargo, negó con la cabeza y pensó en su pobre amigo. ¿A quién no le da pena eso?
"No me digas… lo siento mucho"
"No te preocupes, estoy bien. Aunque me sigue dando pena, solo tiene cuatro años"
Kino se mordió el labio.
"Si quieres…" ¡pero qué haces, Aki! Uno, tienes novio, dos, ¡ese tío puede ser un psicópata, acordamos que esto era solo un juego! "¿quedamos y te desahogas?"
"¿De verdad?" El otro contestó inmediatamente. Claro. Porque seguro que era eso lo que exactamente quería.
"Sí"
Tamborileó con los dedos en la mesa, pensativa. Pensando en añadir algo poco serio, que la librase del total compromiso de asistir. O… bah, él ya había contestado, no había forma ya. Se inventaría alguna excusa, se dijo.
"Muchas gracias, Aki. Eres una buena amiga"
Ella rodó los ojos.
"Sí, de nada. Me tengo que ir, adiós"
Y sin darle tiempo a responder cerró el ordenador. Venga, eso no cuenta como infidelidad, ¿verdad? No es para tanto, se dijo a sí misma, sin lograr del todo eliminar la culpa de su interior.
…
Midorikawa se levantó mareado y con ganas de abrazar un retrete, por enésima vez en su vida. Quizá a corto plazo no hiciese tanto daño, pero el peli verde, a sus veintiún años, a lo mejor debía haber empezado a pensar en no subestimar el poder del alcohol. De camino al baño pisó unos cascos azules. Bah. Eso pensó al principio, hasta que recordó que se parecían peligrosamente a los de Reina, por lo que los recogió y se los guardó en el bolsillo con la rapidez de un espía, mirando a todos lados por si alguien le hubiese visto.
Todo estaba despejado. Dio unos cuantos pasos más y se preguntó, al ver el sofá, adónde habían ido a parar Atsuya y Yuuka, después de ese arranque de pasión repentina, más que acelerado por el whisky mezclado con cerveza barata. En fin, ellos sabrían.
Aunque imagínate, ¿y si la pequeña no quería, en realidad, hacer aquello así? En ese caso, daba por sentado que reaccionaría como lo había hecho Ulvida aquella mañana al despertar en cama ajena sin recordar nada, tras esa loca fiesta y la escapada con Hiroto, el striptease. Es decir, llorando (véase el capítulo 7 de la primera parte de Party Rock =B).
No, aunque de seguro para Atsuya las cosas acabarían muy mal, a diferencia de cómo habían terminado Yagami y él. Nunca habría dicho que de una borrachera pudiese surgir un amor.
Iba a entrar derecho al baño, a demostrarle todo su cariño al váter, pero Endo se colocó delante de la puerta impidiendo el paso, y además con una cara de muerto que habría asustado al más feroz asesino.
-No –sentenció, y en ese tono, más valía hacerle caso- Yo primero, amigo…
-Oh, vamos… los padres de Kiyama son muy esnobs, seguro que hay bidé, así que ¡déjame entrar!
-Ups… puaj, creo que me pido el retrete… -dijo el castaño, no muy allá.
Así pues, los dos entraron y no se equivocaban, era un baño grande, de mármol italiano (travertino, más concretamente, aunque ninguno de los que estaba allí habría podido distinguirlo de un pedrusco con el que hacer gamberradas). Y, en efecto, había una ducha, un váter, un bidé y hasta una bañera hidromasaje. Solo que el váter ya estaba ocupado…
La chica levantó la cabeza con la boca manchada. Endo no lo soportó y directamente fue a vomitar al bidé. Mido tuvo que aguantarse o le caería la gorda.
-Buenos días, mi amor. Qué buen despertar, ¿eh? –se rió, ayudándola a recogerse el pelo. Ulvida entrecerró los ojos, sin embargo, un nuevo impulso hizo que volviera a aferrarse a la taza, sin tener tiempo de agredirle, verbalmente, o no…- ¿Dormiste bien?
-Como un tronco, hasta que me vi obligada a venir corriendo y medio dormida a vomitar –una de las arcadas de Mamoru interrumpió aquel lindo silencio, y Yagami lo imitó sin remedio- Puaj, esto es un asco.
Ryuuji asintió, comprensivamente, y le acarició el pelo.
-No bebas tanto…
-Sí, claro, como si tú no estuvieses deseando coger el váter y darle mimitos –se burló mezquinamente, tan cruel como ella sabía. Después se incorporó, haciéndole gestos a su novio para que le soltase el pelo y se lavó la cara en el elegante lavabo, frente a un espejo tan enorme como tres Ulvidas juntas- Hala, todo para ti, yo ya he terminado por ahora. Y normal, no me debe de quedar en el estómago ni el desayuno de hace dos días… -masculló mientras se alejaba, apoyándose en las paredes para no tambalearse más aún.
Midorikawa solo lo agradeció brevemente y ocupó el puesto de la oji azul.
-¿Has visto, Endo? Mi novia me guarda el sitio –presumió cómicamente.
Y no obstante, al notar que se estaba riendo solo, y se dio la vuelta para comprobar si el otro seguía allí o se había ahogado en su propio vómito, notó que el oji café se encontraba sentado con la pared contra la espalda, serio. Triste, e incluso parecía melancólico. ¿Y ahora qué le pasará a este? Aunque en serio le preocupaba, pero no se le ocurría qué podía estar haciéndoselo pasar tan mal.
-¿Te encuentras bien? –preguntó el moreno. Él no levantó la cabeza, solo negó con la misma inexpresión en la cara. Su amigo torció la cabeza y gateó hasta sentarse igualmente, contra la pared y a su lado- ¿Me cuentas qué pasa?
Suspiro.
-Mido… ¿tú crees que sabrías si Ulvida te estuviese engañando? –el preguntado tuvo que hacer un gran esfuerzo para disimular su cara de sorpresa y pánico, entre otras cosas. Por un momento, se le aceleró el pulso (aumentando sus ganas de pillar la taza otra vez…), respiró nerviosamente y veloz, y se preocupó.
Llegó a pensar, horrorizado, que era por eso por lo que Endo estaba así, porque su preciosa Reina no era tan buena como aparentaba. No, pero no era posible, se dijo. Además, pensemos, ¿se preocuparía él de esa manera en el caso hipotético de que fuese a decirle a Endo que Aki le engañase? Eran buenos amigos, pero no, seamos sinceros y realistas, nadie reaccionaría así a la hora de la verdad. Sonrió incluso, su angelito lo era aún y lo seguiría siendo, sin embargo, de repente, se le vino algo a la mente. Y miró a su amigo castaño, que a decir verdad, parecía estar a punto de echarse a llorar.
-¿Por qué lo dices, Endo?
Este bajó los ojos hacia el suelo, aún más.
-Porque… -haciendo notar, probablemente sin querer, lo mucho que le costaba retener su tristeza, levantó la vista y miró fijamente a Ryuuji- Porque creo que Aki está con otro tío.
Y hasta aquí el capítulo de hoy. Como veis, no mentía, las actualizaciones irán viento en popa a toda vela, como dice mi abuelilla 8D
¿Qué es lo que le habrá hecho a Endo sospechar? ¿Y de quién, sobre todo? ¿O solo es una paranoia y el pobre ha acertado de casualidad?
¿Qué habrá pasado con Atsuya y Yuuka?
¿Qué ocurrirá cuando Aki y el tío del chat se conozcan en persona?
¡Adiós a todos mis queridos lectores, y hasta el próximo capítulo! :)
