Más vale tarde que nunca, ¿eh? Es que debía concentrarme en mi otro fic, y además, me pasé toda la semana santa haciendo el vago y ahora tengo que recuperar trabajo (y tengo DOS exposiciones la semana que viene, así que a ver cuánto más tardo en volver a actualizar) -.- Nada nuevo, vamos. ¡Y aparte estoy trabajando mucho en los one-shot de I Love Music! =B Para así tenerlos listos más antes (¿?)
Inazuma Eleven no me pertenece, el día que eso ocurra será porque he descubierto al fin el botón rojo con el que controlar mentes y el mundo está bajo mi poder (¿?) :)
¡Ah! Antes de empezar… la Clara que es la primera fan de Mido e.e es Clara Kurakake (integrante de uno de los equipos de la secundaria extraterrestre, ahora ni recuerdo el nombre de la secundaria ni del equipo X'D [Aika, en serio, busca ya mismo la medicación]), por si no se deducía, pues ya lo pongo yo :P Es todo.
¡Enjoy!
CAPÍTULO 5
"¿Quién no ha querido volver al pasado y borrar sus errores, alguna vez?"
Ryuuji y Endo habían ido a tomar algo, para hablar de lo que había pasado en el baño y cómo Endo sabía ciertas cosas, y así hubiera sido sin más, si Ulvida no les hubiese pillado saliendo a hurtadillas del caserón, con los brazos en jarras.
-¿Adónde narices vais?
-¿Traeréis churros? –preguntó Fubuki, asomándose sonriente por una ventana. Mido suspiró y movió la cabeza afirmativamente para Shiro, que hizo una pose de victoria y cerró la ventana, feliz- ¡Yuju!
-¿Y bien?
Claro que no iba a cantar, no había más que ver la cara de Mamoru para ser algo compasivo y guardar el secreto.
-A… por churros, ¿no has oído a Shiro? –Reina levantó una ceja y se cruzó de brazos- Vamos, no tardaremos mucho.
-¡Contádmelo a mí también! Sé que tramáis algo –los miró con cara asesina, aunque eso no fue suficiente. Endo se adelantó, valientemente, poniéndose ante la peli azulada con cierto temblor nervioso- Dímelo tú, Endo.
-Luego te lo cuento, ¿vale? Es que… antes necesito hablar con él –señaló a Mido, que se encontraba en esos momentos mascando alguna sustancia extraña que había encontrado en su bolsillo. Repentinamente puso cara de asco y escupió, intentando limpiarse la lengua con las manos, lo que quitó a Ulvida y a Mamoru de querer saber lo que se había zampado.
Finalmente, los dos chicos se marcharon, a saber a qué, según Yagami, que se quedó observándolos escrutadoramente desde la puerta de entrada. Recordó que al día siguiente, Ryuuji ya estaría fuera del país, lejos, a muchos kilómetros de sus brazos, y meditó un instante, sacando como conclusión que si no aparecía antes de la una, le haría sufrir lo innombrable.
Cerró la puerta y seguidamente, oyó un agudo chillido femenino en la planta de arriba, seguido de una sarta de fuertes reproches por parte de una voz visiblemente enfadada y, si uno se fijaba bien, algo infantil, que delataba a su dueña.
Luego, claro estaba, quien no tuviese buen oído como para distinguirlo, habría podido escuchar perfectamente la conversación de aquellos dos (que fue lo que hizo Ulvida, yendo de puntillas hasta el pie de la escalera y sentándose allí a marujear).
-¡Cómo demonios pasó, Atsuya! ¡Contesta y más te vale que después no quiera asesinarte!
-Calma, cariño, no pasa nad… ¡ah! ¡Si aún no te he dicho nada!
-¡Entonces deberías, si no quieres que te tire más cosas afiladas!
Reina abrió los ojos y tragó en seco, sorprendida y con un poco más de miedo o quizás respeto, por la pequeña Yuuka. Notó alguien que le tocaba el hombro y al darse la vuelta descubrió a Hiroto con cara de no entender ni un ápice de lo que estaba pasando en su habitación de invitados. Pobre inocente, no salía con frecuencia con todos ellos, y cualquiera se asustaría de "las mañanas del día después" tan exóticas que pasaba el grupo, si no está acostumbrado.
La chica le hizo un gesto para que se sentara y luego otro para hacerlo callar. No quería perderse nada. El pelirrojo se sentó a su lado.
-¡Por dios, suelta eso y siéntate, ahora te explico…! Lo que yo recuerdo, claro, porque… ¡ah, vale, vale!
-¡Vamos!
-Creo que… bueno, nos empezamos a enrollar en el sofá, y luego alguien echó a los pijos, ¿no?
-CON-TI-NÚ-A…
Los de abajo jurarían haber oído tragar saliva.
-Bueno, puede que… subiésemos aquí y…
-¿¡Y…!
-¡No sé, no lo recuerdo! Aunque creo que si hubiésemos llegado hasta el final me acordaría porque no sabes la de meses que llevo amargado pensando en… ¡ah, Yuuka, joder! ¡Iba a decir pensando en ti!
-¡Sí, claro! Como haya pasado algo te tiro por la ventana, pedazo de idiota, ¡que te consigo una vocación y así es como me lo agradeces!
-Ah, sí, gracias por llevarme a la escuela de teatro –silencio, y Hiroto y Reina se miraron extrañados, ¿de qué hablaban ahora?- Esas clases… ¡son geniales! Allí no hay que estudiarse kilos y kilos de apuntes, ¿sabes? Bueno, los guiones, pero… bah, es genial… Eh, Yuuka, háblame, anda…
Ella gruñó.
-¿Ahora es cuando le mata? –cuestionó Kiyama, comenzando a cogerle el gusto al arte de cotillear. Yagami frunció los labios.
-No sé, tú espera…
-Vamos a desayunar, ya hablaremos tú y yo.
-De acuerdo.
-¿Qué haces ahí parado? Camina, joder…
-Oye, quiero que sepas que aunque quieras matarme, yo siempre te querré.
-Ay, que sí… venga, vamos, tonto –esto último sonó un poco más animado, así que Ulvida lo interpretó como que se le había pasado el enfado. Como eso, y como que debían salir pitando de allí para que no les pillaran espiando.
…
Olvidar y esperar duele, pero el mayor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar. Ryuuji miró a Endo de reojo, preguntándose en su interior si sería así como se sentía, y no se atrevía a decirle nada. Aunque se suponía que habían salido para hablar de aquello, precisamente. Se encontraban en la cola de la churrería, ya que le habían prometido mercancía a Shiro.
-Puf –resopló Mido, observando la cola, que llegaba hasta la vuelta de la esquina. Ellos andarían por la mitad, aproximadamente- Tenemos para rato… -se cruzó de brazos, los descruzó, comenzó a sacar esas cositas negras que se te quedan debajo de las uñas si no te las cortas, y varios tics más, suponiendo que el otro diría algo, hasta que finalmente dio por hecho que le tocaba empezar y se puso frente a su amigo- Si quieres, podemos hablar aquí.
-¿Eh? ¿De qué?
-Pues de lo que necesitabas hablar conmigo…
-Ah.
-Ejem… -miró a los lados, incómodo y algo irritado por la memez de Endo- ¿y bien?
-¿Qué?
-Joder, Endo, no te mando a la mierda porque conozco tus circunstancias, ¿eh? ¿No ibas a contarme…? En fin, ¿qué ha pasado para que sospeches de Aki? Si es la novia perfecta, de hecho, creo que es la última chica de la que me esperaría algo así –afirmó Mido, pensativo- Fíjate que me lo creería más si hablásemos de la mía –añadió, soltando unas risas.
-No bromees con eso –le encaró el castaño, molesto, suspiró- No sé. Te juro que no sé por qué, sólo sé que hace días que no duermo bien si no me emborracho. No paro de pensar en si ellos habrán… -se cortó a sí mismo, mordiéndose el labio. Solo de pensarlo se ponía malo. Y era tan extraño porque, como había dicho el peli verde, hasta a él mismo le costaba creérselo, pero lo hacía profundamente. Bajó la vista, deprimido- Creo que me estoy volviendo loco.
-No, no lo creo –el oji negro, le puso una mano en el hombro y entrecerró los ojos. La cola había avanzado dos puestos más, entre tanto- ¿Estás seguro de que no tienes ninguna prueba, nada que te haga pensar cosas raras? No sé, si habla raro cuando la llamas sin avisar, por ejemplo.
-Qué va… –hizo una pausa y tras recordar algo, dudó si alegrarse o vomitar- Bueno. Sí, alguna vez sí…
Aquella tarde lluviosa de domingo, iban a salir todos juntos, pero el tiempo se lo impidió, así que todo el mundo se quedó en su casa, y él, sin ningún otro plan alternativo la llamó, harto de escuchar a sus padres hablar con sus abuelos de política. "¿Qué haces?" "¿Cómo? Nada, nada, estoy… en el ordenador" "Ah. ¿Estás hablando con alguien?" preguntó Mamoru, simplemente por hablar, aunque qué extraña y reveladora fue la respuesta de la chica, ahora que lo pensaba. "¿Yo? ¿Por qué lo preguntas, y qué más dará? No hago nada y ya está. Mira, tengo que colgar"
Y sin embargo, él no sospechó nada. Su mente volvió al presente y ahora se encontraba peor todavía. Porque entonces sí que había razones para estar celoso.
-¿En qué quedamos? –preguntó Ryuuji, confundido. Él negó con la cabeza.
-Soy idiota, ¿cómo no me di cuenta? –gimió.
Y sin más preámbulos, dejando a Mido a solo un metro del primer puesto en la cola, el castaño se dio una palmada en la frente y corrió, corrió muy rápido, hacia casa. O bueno, a casa de Kiyama. Había asuntos pendientes.
…
-Bueno, chicos, ¿qué tal la resaca? –sonrió Hiroto, esperando poder vengarse con esa pequeña tortura psicológica.
Yuuka frunció los labios, indiferente, aunque había estado quejándose de lo horrible que era la sensación de cansancio y no recordar nada.
Atsuya suspiró cerrando los ojos, haciendo un poquito más feliz al pelirrojo dueño de la casa.
Haruna soltó una exclamación sofocada, como si fuese lógico que de un momento a otro sintiera su cabeza estallar y manchar con sesos y tripas la habitación.
El mayor de los Fubuki, consiguiendo así parecer el pequeño con diferencia, elevó enérgicamente el brazo desde el suelo con el pulgar levantado, dando a entender que se encontraba perfectamente (y era el único que daba saltos de alegría tras una noche como aquella). Parecía que no, pero el peli plata era fuerte.
Ulvida miró a Hiroto entrecerrando los ojos con cierto rencor.
-¿Por qué no te callas, Kiyama? –Miró el reloj y se encontró con que la aguja pequeña marcaba las doce en punto- ¿Alguien sabe algo de mi novio? Puede que lo mate si no aparece pronto –informó tranquilamente. Como una llamada del más allá, observó en la pantalla de su móvil el nombre de este, con el tono de Hangover (significa "resaca", para quien no lo sepa xD), de Florida y Taio Cruz, perfecto para la ocasión, en la que ella y cuatro zombis vivientes más se encontraban tirados por los sofás y alfombras del salón, desperdigados como canicas en un patio de colegio- ¿Sí?
-¡Hey, hola, culo bonito!
-Vuelve a llamarme así y te esterilizo. ¿Dónde estáis?
-Comprando churros… bueno, claro, estoy, porque Endo, esto… acaba de irse corriendo para allá.
-¿Qué? –se extrañó Reina.
-Pues eso, que se ha ido, a por Aki, creo, tendrán que hablar o algo –soltó, haciéndose el tonto- Si está por ahí, dile que se prepare para la depresión.
-¿Cómo? Oye, ¿me puedes explicar algo de lo que has dicho?
-Na, yo me entiendo. ¿Aki está ahí?
-Yo qué sé, creo que no, a menos que se haya quedado dormida en algún rincón, pero vamos, que no la he visto. Y ahora, ¿puedes explicarme qué…? –ella se apartó el aparato de la oreja, boquiabierta y ceñuda- ¡ME HA COLGADO! –todos los presentes, excepto Hiroto (y Shiro…), se taparon los oídos y susurraron "¡Chssssst!"- Ya está, hoy tiene ganas de ser maltratado –la chica apretó los puños y se fue de la sala.
-¿Qué haces, Reina, adónde vas? –fue la pregunta hecha por su mejor amiga, aunque se quedó flotando en el aire sin respuesta. Haruna suspiró. En esos momentos estaba demasiado cansada para levantarse, tenía la impresión de tener el culo pegado al sillón con superglu.
…
Creía que su historia era diferente, y no eran más que mentiras. Se burlaba de esos programas en los que la gente va a contar que les han engañado… y ahora comprendía a toda esa gente. Tenía los ojos llorosos, pero no sabía de qué le iba a servir llorar, entonces, porque cuando las lágrimas se secan, ¿qué es lo que ocurre? Nada, absolutamente nada. Nada te importa, nada te hace reír, ni te hiere, ni te hace mostrar ninguna señal de vida. Porque te has dado cuenta de que la vida es un fraude, y que la gastamos en busca de una cosa tan absurda como la felicidad, que no existe. Endo se paró frente a la gran mansión de los Kiyama.
Aki debía de estar allí… Vale, Mamoru, has corrido, ¿y ahora qué harás, eh? ¿Ponerte en evidencia delante de tus amigos y que sepan todo lo que ha pasado? Cerró los ojos con fuerza y se mordió los nudillos para que no se escuchasen sus sollozos, y se desmoronó, en el suelo.
Su vida era una puta mierda. Y en realidad ni siquiera sabía si su novia le engañaba de verdad, pero aunque no fuera el caso, había descubierto la cara oscura de la moneda, la que todos pisotean e ignoran, allí tirada en el suelo de alguna calle de tiendas, y ya no podía ver las cosas igual que antes. Él, que jamás descubría lo negativo de las situaciones, se veía ahora con cara triste pensando que nada es bueno del todo, y si lo es, tiende a durar muy poco. Así que nada es perfecto…
A un par de calles de distancia, una peli verde escuchaba 21 Guns, de Green Day (Aika: recomendada absolutamente, en serio, si podéis, escuchadla ahora mismo mientras leéis, veréis el efecto O_o) en sus oídos. Quedarse en casa no iba a solucionar nada, tenía que hablar con Endo. Aún tenía en mente que no lo estaba engañando de ninguna manera, pero también necesitaba tranquilizar su conciencia. ¿No es algo egoísta? Pero también es justo para él. Sí, claro. Y con esa excusa dejó de pensar.
Y justo al doblar la esquina, cuando en su cabeza resonó la frase "when your mind breaks the spirit of your soul" (*cuando tu mente rompe el espíritu de tu alma), y ella se apartaba un mechón detrás de la oreja antes de dirigir la vista hacia una extraña escena, una enfadada peli azul salía de la mansión de los Kiyama y nada más abrir la puerta se quedaba contemplando a Mamoru Endo, arrodillado a unos metros de la puerta, derrumbado por completo.
-¡Endo!
Kino miró al lugar desde el que le había parecido oír ese nombre, y observó, primero, al individuo en el suelo, y después a Yagami, agachada a su lado e intentando hablar con él. La inundó un sentimiento sucio, como miedo y rabia a la vez, y corrió hacia allí para impedir cualquier cosa que su atolondrada mente pudiese imaginar que venía a continuación. Quizás eran celos.
-¿Qué demonios pasa aquí? –Solo con reconocer el timbre de voz de la oji marrón, el castaño levantó la cabeza, sin mirarla, y luego clavó los ojos en Ulvida.
-¿Qué te pasa, Endo? –le preguntó ella. Aki entrecerró los ojos, sin comprender. ¿Por qué ella sí y yo no?- Eh, contesta. Mido me dijo que buscabas a Aki, ella está aquí ahora mismo, ¿por qué no hablas con ella? –el chico se puso en pie y se sacudió la ropa, antes de volverse hacia su novia.
-¿Y bien? ¿Puedes explicarme esto? –preguntó la chica, frustrada y con ganas de comprender algo, aunque con un tono dulce.
-No creo que te deba ninguna explicación, Aki.
-¿Cómo? –esta giró la cara, confundida todavía más. El oji marrón no lucía su mejor cara, desde luego. Parecía triste, pero más triste de lo que nadie le había visto nunca, y si a eso se sumaban los ojos rojos por el llanto, se veía preocupante- Cariño, ¿qué dices?
-¿Cómo has podido engañarme?
-¿¡QUÉ! -¿y de qué te sorprendes, Aki? La realidad no está tan lejos de lo que él dice… Silencio, subconsciente. Pero en realidad, no, ella no le estaba poniendo los cuernos. Ella le quería, jamás habría sido capaz. Endo frunció el ceño.
-Sabes de lo que hablo.
-Pero… cómo…
-Porque puedo parecer un idiota infantil con aspecto de no ver lo que tiene delante de sus narices, pero cuando quiero a una persona suelo intuir esas cosas –suspiró. Y aunque fuese un gesto de melancolía, nada más que eso denotaba sentimientos, tan solo sus ojos, vacíos y brillantes- Yo te amo, Aki, no sé si lo sabes. Han pasado muchas cosas pero eso no cambió. Sin embargo, ya no puedo estar contigo, no ahora que sé de lo que eres capaz, y eso me fastidia, me entristece… o no sé lo que me hace, pero en cualquier caso no es nada bueno, como ves.
La peli verde miró el suelo con cara de horror. Sus ojos comenzaban a cristalizarse. Oh, dios.
-Mamoru… por favor, perdóname, no volveré a hacer algo así, lo…
-No me jures nada. Te amo, pero eso no quiere decir que siga creyendo en ti, sino más bien todo lo contrario –no había planeado nada de eso, pero curiosamente no le había sobrado ni una sola de sus palabras, que dejaron a Kino paralizada, ahora cada palabra escrita en conversación con el del chat le pesaba en el alma. Como si fueran cada una, una pequeña piedra que ella misma había tirado a su propio tejado. La había jodido de verdad. Lo había fastidiado. Destruyó el amor, ya está… El castaño, su castaño, aún lo era, se dio la vuelta y miró a la oji celeste, quien había contemplado la escena boquiabierta y no sabía a quién consolar primero- Siento que hayas presenciado esto, Yagami –dirigió la vista a ninguna parte y murmuró- Me voy –antes de desaparecer por un callejón.
Reina la abrazó enseguida. No estaba muy segura de si era eso lo que Kino necesitaba en aquellos momentos, pero desde luego ella sí lo deseaba. Cerró los ojos. Se sentía estúpida, porque la cosa no tenía nada que ver con ella, y no obstante no la juzguéis por egocéntrica, quizás ver cómo una relación fuerte se desintegra en apenas un minuto es casi tan horrible como vivirlo en primera persona.
La peli verde, por suerte, agradeció el apoyo y lo aceptó sin saber qué más hacer. ¿Llorar? ¿Y por qué no le salían las lágrimas, entonces? Pensaba, fugazmente, en lo efímeras que eran las cosas buenas de la vida. No. No tan efímeras. Su noviazgo con Endo había durado dos años, y lo había roto ella, a pesar de que quien realmente dijo "hasta aquí", fue él, porque Aki lo condujo hacia eso. Maldita fuera aquella noche aburrida de verano que Mamoru y los chicos pasaron como una noche más de aquel fin de semana en la casa de verano de los padres de él.
Lo recordaba no muy nítidamente, pero lo suficiente para tener ganas de volver atrás solo dos meses, y borrar toda esa mierda. Se separó instantáneamente de Ulvida, secándose dos pequeñas lágrimas que comenzaban a brotar.
-Lo siento, no tenías por qué ver esto… -la peli azul negó con la cabeza, convencida y apenada.
-No digas eso. No ha sido culpa tuya –la otra chica le sonrió comprensivamente, con algo de lástima en el rostro- ¿Adónde vas? –preguntó al ver que la otra se marchaba sin decir nada. La oji marrón se enjuagó las lágrimas de nuevo y la miró.
-A intentar arreglarlo, aunque… sé que no lo conseguiré.
-Nunca pierdas tu esperanza –la animó, y la otra siguió adelante, pensando en aquella frase.
Solo hizo falta un segundo para que otra persona más interviniese. Y esta vez, por suerte para ella, era justo la que Reina necesitaba. En cuanto notó que estaba allí lo abrazó, apoyando la cara en su pecho. El peli verde la notó rara enseguida. Si acaso, al verle, lo golpeaba cariñosamente o saltaba encima de él con pasión, pero pocas veces ocurría eso.
-Mi amor… eh, ¿qué ha pasado? –sujetó su barbilla con los dedos. Ella negó con la cabeza.
-Aki y Endo han roto –anunció con tristeza.
Mido abrió la boca, para cerrarla sin que ningún sonido saliera de ella. Lo sabía, en realidad.
-Lo imaginaba.
-Ryuuji.
-Dime.
-¿Tú me quieres como siempre, no? –preguntó, insegura, a lo que él contestó dulcemente, la atrajo hacia sí y le revolvió el pelo.
-Si estás imaginando que a ti y a mí nos puede pasar lo mismo, sácatelo ya de la cabeza –un escalofrío le recorrió al decir aquello. A veces la hipocresía es demasiado necesaria como para prescindir de ella, pero a las personas sinceras les sigue doliendo utilizarla. Mido la besó y cerró los ojos.
"No, no ocurrirá nada."
…
Haruna Otonashi no preguntó por qué era que Ulvida y Midorikawa habían vuelto tan abrazados, cogió la bolsa de churros que el oji negro no había olvidado y se los llevó a su querido peli plata, que demostraba sus desarrolladas dotes para la cocina, envuelto en un delicioso y dulce aroma a esa cosa marrón con tanto azúcar que todo ser humano coherente ama. La peli azul oscura, traviesa, llegó de carrerilla desde la puerta que unía la cocina y la entrada y apartando a su novio, hundió el dedo en el espeso líquido del cazo, chupándolo lentamente después sin dejar de mirar a los ojos al chico. Fubuki arqueó una ceja.
-¿Tan temprano y con ganas? Eres toda una madrugadora –le tomó el pelo, tras lo que la cogió por la cintura en contra de su voluntad y la soltó en una banqueta de la barra de la lujosa cocina. La Otonashi sonrió gatunamente y le contempló mientras remataba el chocolate a la taza que aquel día iban a desayunar.
Unos instantes después, rebuscó por todos los armarios de la cocina algo para poner los churros, incapaz de quedarse quieta en el sitio. Cogió una fuente y volcó la bolsa en su interior, relamiéndose. Shiro sonrió al ver esa escena, dejando el cazo algo abandonado. La chica dio un bocado a un churro, antes de mirar si iban a pillarla, y sonrió a Fubuki cuando se dio cuenta de que no le quitaba ojo. Él, por su parte, se entretenía con su risa.
No debería preocuparse, se dijo. ¿Cuánto tiempo hacía que Kazemaru y la Otonashi no se hablaban? Lo más probable sería que, aunque volviesen a encontrarse, el ambiente estuviese tan frío que no habría ningún acercamiento entre los dos. Aunque Shiro ya no se creía ni lo que su propia mente pensaba. Meneó la cabeza. Tal y como había reaccionado el peli azul cuando se lo encontró en la estación, no, no creía que Haruna fuese tan tonta de aceptar que la culpa era suya solo por complacer a Ichirouta.
Y a pesar de todo no se sentía seguro.
-Haruna, anda, prueba esto. ¿Necesita más azúcar? –preguntó, tendiéndole una cuchara llena de chocolate. La chica lo saboreó, mirando al techo.
-No, así está bien. Además deberíamos servirlo ya, esta gente es como las termitas, si no les vigilas se comen los muebles o lo primero que pillen.
El peli plata rió sin muchas ganas. ¿Qué, Shiro? Ahora que recordaste a Ichirouta, no es justo que sigas sintiéndote culpable. En realidad la culpa era del idiota de Kazemaru. ¿Por qué enrollarte con alguien que no te gusta? Y más cuando te arriesgas a perder a quien amas.
-Eh, ¿qué te pasa? –Preguntó la oji verdigris, con los brazos en jarras- Te he dicho cinco veces que lleves el chocolate –él la miró un poco preocupado- ¿En qué pensabas, Shiro? –preguntó la peli azul con un suspiro, imaginándose lo que venía a continuación. Tocaba que Fubuki sacase a relucir el tema de Kaze. ¿Por qué tenía que recordárselo cada vez que vivían un momento especial como aquel? Empezaba a convertirse en una absurda y enfermiza obsesión, y lo odiaba- Es él, otra vez. ¿No?
-Si admitieras que al menos de vez en cuando piensas en él…
-Joder, ¿y acaso tú no piensas alguna vez en alguna chica con la que has estado?
-O sea que lo admites –comentó el oji gris, receloso.
Haruna chasqueó la lengua y llevó la bandeja del desayuno al comedor. ¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿Hablar con Kaze y pedirle que convenciera a Fubuki de que no hubo, había ni habría ningún tipo de relación entre ellos? Sí, claro. Ya me imagino la escena: "Hola, Kazemaru, perdona por no hablarte en dos años ni contestar a tus llamadas, pero necesito que le digas a mi novio que tú y yo no estamos liados" Puso los ojos en blanco y la bandeja en la mesa, de un golpe.
Su cuñado y la novia de este, se lanzaron al ataque churrero enseguida, engullendo la mercancía a dos carrillos como si no hubiera mañana. Mientras que Yagami y el peli verde se veían algo melosos. Ah, sí, recordó, Mido se iba al día siguiente, de madrugada. Aunque era una semana, parecía que no se iban a volver a ver en años. Otonashi se sentó y cogió un churro. Más tarde vino Shiro con el chocolate y unas cuantas tazas.
-¡Oh, sí, te adoro, cuñado! –exclamó la pequeña Yuuka, que en vez de servirse el chocolate con un cucharón, metió la taza directamente en el cazo, goteando toda la mesa con una alarmante despreocupación, hacia la que Hiroto solo arqueó una ceja. Supuso Haruna, que el chico ya daría por imposible civilizar a sus compañeros.
Miró a su lado, y se encontró a Fubuki allí. Tenía un precioso mostacho de chocolate, que quedaba un tanto extraño con la perilla plateada que se había ido dejando con los años (*), que a la chica le hizo reír. Él la observó también, pero con cara de cachorro mojado, antes de cambiarla a una de total desconcierto cuando Haruna se acercó y le limpió el dulce bigote achocolatado, risueña. Al encontrarse sus ojos, vio que no estaba enfadada.
-Oye… lo siento, no tenía que haberte dicho eso antes –se disculpó en un susurro- No sé por qué me pongo así.
-Bah, no importa, cielo.
-¡Eh, eh, eh! ¡Que con Midorikawa y Reina de tortolitos ya tenemos suficiente! No empecéis vosotros también –se rió Atsuya. El nombrado oji negro fingió enfadarse y le tiró un tenedor.
-¡Cierra el pico! –desgraciadamente el proyectil fue esquivado por el peli rosa, que miró atentamente cómo este se iba a estrellar contra una de las ventanas del salón, rompiendo el cristal. Todos, automáticamente, miraron a Kiyama. Mido sonrió nerviosamente, aunque disimulando que no- Ay va… ¡cómo vuelan estos cacharros de hoy en día, eh!
…
*1: Siii e.e lo visualicé con perilla y aunque no entiendo la razón, así será. Bueno, aunque si alguien está especialmente en contra, pues le afeito :P ¡Decidme!
Por si interesa (que no creo -.-), cuando escribí lo de Endo y Aki escuchaba Waiting for the end, de Linkin Park (sí, aunque luego fue la de 21 Guns). Empieza movida, sí, pero luego le da mucho rollo a la escritura, es precioso…
¿Hablará Haruna con Kazemaru en algún momento?
¿Cómo ha quedado la escena de la ruptura? ¿Podrá conseguir arreglar algo Aki?
¿Qué es lo que Midorikawa trama cuando dice "no, no ocurrirá nada"? ¿¡Nada de qué! (¿? Tranquilos, es que la noche causa estragos, soy de inspiración nocturna [al igual que el resto de la humanidad ¬¬])
¿Alguien ha pillado (no me mintáis e.e que quiero saber si transmito bien las cosas o soy demasiado retra y abstracta) que Yuuka, en la escena del otro capítulo en la que se lo llevaba tras su inspirador discurso xD… bueno, que Yuuka se lo llevó a una escuela de artes escénicas (teatro)?
And in the next chapter, Keeve hará su aparición estelar. ¿Seguirá con Hiroto o, basándonos en los antecedentes del pelirrojo, la parejita no habrá aguantado tanto?
¡Y finito!
No os daré más la plasta, que a pesar de mi perorata, os quiero, mis queridos lectores.
¡Matta ne~! ¡Escuchad mucho rock y no fuméis tabaco que es un asco! (.-. Venazo total)
PD: la otra noche me dio un venazo y tengo toda la trama planeada EXCEPTO la de Yuuka y Atsuya xD Así que no os extrañéis si no aparecen por un tiempo.
