¡Hola! Sí, sé lo que hay que decir en estos casos: ha sido un retraso HORRIBLE, pero os juro que no fue porque me diera la gana T-T Abajo os explico, ¿vale? No queráis matarme. Recordad que os quiero e.e
La frase de hoy está sacada de la canción "Like a bird on a wire", de Leonard Cohen, un cantante de los años 60 que sí, seguramente nadie de los que estéis leyendo conozca -.- De hecho, yo la encontré por casualidad en una película.
En fin nada más, solo poner como disclamier que Inazuma Eleven es de Level-5 hasta el día en que Tsunami deje de parecer un amable buena onda jamaicano emporrado hasta las cejas.
CAPÍTULO 7
"Como un pájaro sobre un cable, como un borracho en un coro de medianoche, he intentado a mi manera ser libre"
Ya empezaba a arrepentirse de no haber contestado a Midorikawa el día anterior. Aunque hubiese llorado, debía haber dejado a un lado el orgullo. Pensaba entonces en su querido peli verde, ¿dónde estaría? ¿Qué haría? ¿Pensaría en ella? Unos cuantos miles de kilómetros más allá, el chico en cuestión caminaba como un alma en pena por Nueva York, debatiéndose en su interior entre si llamarla o no, pero eso ella no lo sabía.
Tenía las manos en los bolsillos e iba cabizbajo por la acera. Acababa de salir del estudio, y no, aún no le habían pagado. El productor estaba fuera de la ciudad y no podía recibirlo, y hasta entonces estaba sin blanca en un país desconocido, peleado con su novia y con ganas de darse de cabezazos contra la pared. Dicen que las discusiones a distancia tienen menos importancia, pero es mentira, porque parece que signifiquen más de lo que son. "Espero que la reconciliación sea mucho mejor también…"
Y de pronto, el comienzo de una melodía que conocía le hizo levantar la cabeza y mirar al fondo de la calle, junto a la boca del metro, de donde venía ese sonido. Entrecerró los ojos y pudo ver, a lo lejos, a un hombre con una chaqueta gris remendada y un sombrero de copa, los dientes descoloridos, la piel morena y arrugada, y a pesar de todo, una sonrisa en la cara, que, sentado sobre unos cartones, tocaba en una guitarra española esa canción.
-What's in a kiss? Have you ever wonder just what it is? More perhaps than just a moment of bless… Tell me what's in a kiss.
La gente pasaba de largo, haciéndole ascos, o mirándole raro o con curiosidad. Algunos echaban una moneda delante de él, pero el hombre no prestaba atención a eso, aunque si le daban algo sonreía y guiñaba un ojo… o quizá fuera un tic. Sea como fuere, aquel ser humano irradiaba más alegría y más ánimo que toda Nueva York junta, y sin casi darse cuenta, su cara de total desesperación se había convertido en una mueca parecida a una sonrisa, su moral había pasado de "quisiera morir, ¿dónde están las vías del tren aquí?" a "como mucho me emborracho", y él estaba cerca de ese hombre, que no le miró, como si no se enterase de que estaba allí.
No sabía por qué, ni qué narices hacía acercándose a un extraño con mala pinta, pero en escasos instantes, se sentó al lado del hombre de la chistera gris, como la chaqueta de traje que llevaba, y comenzó a cantar con él.
-What's in a dream? Is it all the things you'd like to have been? All the places that you haven't yet seen? Tell me what's in a dream.
What's in a kiss, de Gilbert O' Sullivan, y él estaba cantando eso, todo emocionado y habiéndole llegado al alma. Incluso cerraba los ojos y, ¡dios mío! Sonreía. La canción terminó, pero afortunadamente no se le fue esa increíble sensación del cuerpo. Se sentía bien, como si nada le importase, y de hecho nada le importaba. Se sentía libre.
Aunque Mido no lo vio, el hombre de la chistera le dirigió una sonrisa y se volvió hacia él.
-¿Alguna vez te lo has preguntado? –preguntó el aparentemente buen hombre, refiriéndose a la pregunta de la canción, "¿qué hay en un beso? ¿Alguna vez te has preguntado simplemente qué es?"
-Sí, claro, es un tema interesante sobre el que preguntarse cosas… –contestó el peli verde sin abrir los ojos ni borrar su sonrisa, que era tan amplia que debía de habérsela contagiado aquel hombre, porque nunca se había sentido tan bien en una situación tan extraña. Pero era agradable. El hombre rió y le dio una palmada en el hombro, con lo que llamó la curiosidad del moreno, que abrió los ojos y lo miró sonriendo- ¿Conoces más canciones?
- Claro. ¿Te gusta Harry Nilsson? –Ryuuji abrió los ojos como saliendo de su trance, y el hombre volvió a reír alegremente- Vale, lo tomaré como un sí.
No tuvo que decir más, el tío empezó con "Without you", y qué decir, mientras el oji negro se mordía el labio, se acordó repentinamente de la razón por la que estaba cabizbajo, y repentinamente también, volvió a estarlo. Porque de alguna manera también era una de sus razones de ser más importantes. Ulvida. Debía llamarla… ¿o no debía?
-You always smile but in your eyes your sorrows shows…
Y es que estas malditas canciones encuentran el momento exacto y más perfecto para hacer mella en nuestra moral.
…
Aki, antes de salir de casa hacia su cita, tomó la botella de whiskey de su padre de la nevera y se sirvió en un vaso de chupitos una buena cantidad. Solía hacerlo antes de cada salida, más que nada para desinhibirse, y aunque no era una costumbre bonita, le funcionaba desde el momento en que se le ocurrió.
Era la primera vez que vería a aquel tipo y no podía negarlo ni disimularlo, estaba nerviosa. Dos días antes él le dijo que no era exactamente como ella pensaba. Vamos, que las fotos que le había colado no eran suyas. Según él, eran de un amigo. Y no obstante, insistía en que ella le iba a reconocer cuando se vieran, que esperaba no decepcionarla. Eso le pareció un poco extraño, pero al fin y al cabo las cosas no podían ir peor.
Ella ya sabía lo que iba a ocurrir cuando fue a pedirle perdón a Mamoru. Lo sabía, y Ulvida lo imaginaba, pero aun así la había animado a hacerlo. Al menos, ahora sabía que lo había intentado, y ya era algo.
Evidentemente seguía desmoralizándola el hecho de que Endo, a quien había querido durante tanto tiempo, le hubiese dicho todo aquello sin remordimiento ninguno. Decía que era una tirana, una mala persona, una mentirosa y mil cosas más. Quizá ella no debió tampoco hablarle así en ese momento crucial que decidiría el futuro, pero él no tenía derecho a decir todas esas cosas.
Le había alcanzado, al fin.
Él seguía andando muy deprisa, sin querer que ella pudiese ver sus ojos al borde de las lágrimas. En realidad no quería dejarla, y lo único que quería su corazón era hacer como si no hubiese pasado nada y fingir que no le importaba lo que Aki le había hecho. Pero la verdad era que estaba tan acojonado que no habría podido ni sentarse a escuchar los detalles de la traición. Se habría derrumbado, así que no podía estar con Kino más.
-¡Endo, por favor, escúchame!
-¿Qué diablos quieres? –se dio la vuelta tras apretar los ojos con fuerza, asegurándose de que ni una lágrima se le escaparía. Aki se encontraba de frente, con cara de sufrimiento y queriendo visiblemente disculparse. Estaba realmente arrepentida. Miró al suelo, haciéndose el duro- Vamos, ¿qué quieres? Tengo cosas que hacer, aparte de escuchar tus excusas vacías.
-No digas eso, no están vacías… solo quiero estar contigo, Mamoru, ¡te adoro! ¡No soportaría perderte, y sé que tú me quieres igual!
Él soltó una carcajada irónica.
-No seas ilusa, Aki, las cosas no van así.
-¿Cómo?
-¡Me has engañado! Sí, te quiero, pero no puedo seguir contigo, ¡¿es que no lo entiendes?! –le gritó, a escasos centímetros de su cara.
Aki cerró los ojos para contener un par de lágrimas furtivas y se mordió el labio. Tenía la sensación de que, por más que lo evitaba, acababa cabreando a Endo cada vez más, y sentía que ahora lo mejor que podía hacer era callarse. Solo tenía ganas de echarse a llorar a sus pies, arrastrándose y suplicándole que la perdonara, habría dado cualquier cosa con tal de que todo siguiera como antes. De que él sintiese lo de siempre, sin esa absurda obstinación de que ya nada volvería a ser lo mismo, pero era tan desesperado como imposible.
Intentó tocarle el brazo como para ganar complicidad, en un intento vano de recuperar algo del Endo de antes. Él la miró enfurecido.
-Aki, no.
Ese no… Esa palabra se convirtió, según ella misma pensaría más tarde, en la flecha que le rompió el corazón. Sentía por dentro desolación y desconsuelo, tristeza y soledad. Vio claro que ya nada podría sacarla de ese estado en mucho tiempo. A él parecía no importarle ya nada. Resoplaba fastidiado, como si ella fuese una patética que lo perseguía sin aceptar su ruptura.
Porque ya era oficial, y lo fue aún más cuando el chico en cuestión dio media vuelta y siguió su camino, no tan rápido como antes, porque sabía que después de eso, ella no le volvería a seguir, y efectivamente así fue. Aki se sentó en un banco cercano, con la boca abierta y sin terminar de creerse lo que acababa de pasarle. Su vida se había destruido en unos pocos minutos, y la culpa la tenía ese idiota de internet al que ni siquiera guardaba simpatía.
Quiso morirse. Mientras pensaba que era la persona más imbécil del mundo.
No había nadie allí que pudiera ser él, o que simplemente estuviese esperando a alguien, aunque la plaza sí que estaba abarrotada como le había dicho él. Aki sacó la botella, envuelta la etiqueta en un pañuelo de tela para no mostrar la palabra "Whiskey" escrita en ella, y le pegó un buen trago que le ardió en la garganta. No le vino tan mal, comenzaba a hacer frío y el alcohol tenía la buena cualidad de calentar. Le haría bien, a pesar de que su hígado no fuera de la misma opinión.
Guardó la botella y cerró la cremallera del bolso, que era informal, como su ropa. No quería dar la impresión de que se había arreglado mucho, por aquello de no parecer desesperada, aunque realmente, no se había esforzado en demasía para escoger su ropa, y ni siquiera se había maquillado. Su actitud no era la que había imaginado tantas veces al conocerle. Hacía días, desde que Mamoru la rechazó, que le daba igual todo. Si le gustaba a aquel chico, bien, y si no, si podía tirárselo se sentiría satisfecha, y si no, iría con Ulvida y Haruna a algún bar a despotricar contra él. No le importaba.
Pensó que sería fácil y ya está, olvidar a Endo, o más bien sustituirlo por otros. Aparte de que se lo podía permitir, su cuerpo y su espíritu ya no eran los de una niña asustada y oprimida por nadie. Ahora sabía lo que sentía y a lo que tenía derecho, y si no lo sabía, fingía que sí. Se había vuelto muy segura de sí misma… aunque quizás eso le hubiera hecho perder a Mamoru, al haberse confiado demasiado y empezado a hablar con ese chico de internet. Sacudió la cabeza y se encendió un cigarro. No fumaba, pero era igual. Ahora qué más le daba todo.
Fue entonces cuando divisó a Nagumo Haruya, ese estúpido y arrogante ligón que jamás desistía con ninguna, y puso los ojos en blanco. Hasta el momento, él no le había tirado los tejos, y se alegraba, pero el pollo se pavoneaba en esos momentos por delante de ella, a unos cuantos metros. Parecía como si estuviese buscando a alguien. Kino frunció el ceño y miró para otro lado, rezando para que ni la reconociese.
-Hola, preciosa.
-Agh… -alcanzó a contestar la peli verde, irritada. Nagumo sonrió y miró al horizonte, poniéndose a su lado- ¿Qué es lo que quieres, Nagumo?
Él la miró simulando decepción.
-¿Cómo que qué quiero? He quedado.
-Ya, claro. Pues yo también, así que hazme el favor de quitarte de mi vista antes de que me den arcadas.
-Uh, ¿es eso lo que te provoco, arcadas? –Se rió el pelirrojo, malignamente- Entonces, menuda tarde vamos a pasar tú y yo –se quedó pensativo un momento- No parecías tan estrecha por el chat…
Aki abrió los ojos de par en par, dio un bote en su sitio y se le cayó el cigarro al suelo. No podía ser, simplemente no podía ser… ¿Nagumo? ¿"Eso" era lo que había acabado con la mejor relación de su vida? ¿Por "eso" había perdido a Endo? ¡Ni de coña! Resopló y se indignó, y se encaró con Haruya, dispuesta a cantarle las cuarenta.
-¡No me lo puedo creer!
-Ah, ya lo creo. Y me sentó muy mal que anularas nuestra cita del otro día…
-¡CÁLLATE! ¡Y largo de aquí, eres un capullo integral!
-¡Oye! Yo no he hecho nada que tú no quisieras.
-¡TÚ has destruido lo que más me importaba, por eso estoy aquí ahora, por un repugnante mujeriego!
-¡Eh, relájate! –Nagumo recogió el cigarro que Aki había dejado caer antes y lo sacudió, aún estaba encendido. Le dio una calada tras quedársele mirando unos instantes. Después, dirigió de nuevo su vista a Kino- No seas necia, Kino. Acepta las cosas. Has perdido a Endo, TÚ, no he sido yo quien te ha buscado un amante. Te encontré por casualidad y decidí jugar contigo, a ver qué pasaba. Pero te recuerdo que yo aún no he hecho nada contigo que el Señor Cabeza Hueca pueda utilizar contra ti.
-Eres un imbécil, Haruya… Me has quitado lo que más quería.
-No, Aki, yo no te he quitado nada. Has sido tú solita.
Dicho esto, le pasó el cigarro y se puso frente a ella. La peli verde ya no tenía el ceño fruncido. Lucía en su rostro la expresión de una aplastante y deprimente verdad que no quería reconocer: la verdad de que ella tenía la culpa. Nagumo solo había sido una marioneta y ella era la que manejaba los hilos.
-Nada de esto habría ocurrido si yo no fuese una estúpida engreída, ¿no? –se le quebró la voz. Demasiada sinceridad propia. El pelirrojo, sin ocurrírsele otra cosa, se acercó más y la abrazó.
-Así es –la miró de reojo. A ella y a sus ojos, derramando lágrimas sobre la camiseta de él. Sonrió intentando animarla- Pero si te ayuda, no eres la única estúpida.
Se apartó de ella y la besó. Solo utilizando los labios, rozándolos levemente. No era un beso de amor, ni de lujuria ni deseo, era solo un consuelo en un intento de levantar la moral de la chica. Quien, después de aquello, en vez de arrearle un tortazo a Nagumo, como muchos habrían esperado de alguien como ella, se limitó a suspirar y a volver a buscar esos labios.
…
No quedaba pintalabios rojo, así que la peli azul metió la mano en su neceser y sacó uno al azar. Ulvida, por su parte, bostezó y se recostó contra el cabecero de la cama de su mejor amiga, observando pasivamente cómo esta se maquillaba, y ella se quedaba en casa por tercer día consecutivo.
Y por más que Haruna le insistía en que Midorikawa acabaría llamando y todo se arreglaría, Yagami parecía empeñada en deprimirse, algo que se podía adivinar a kilómetros con solo mirar bajo sus celestes ojos.
Había pasado solo un día, así que la Otonashi tampoco estaba excesivamente preocupada, solo que su mejor amiga exageraba mucho las cosas.
Meneó la cabeza y chasqueó la lengua, y se volvió, mostrando a Reina el resultado final tan temido y deseado de la noche. Shiro ya la estaba esperando abajo, así que la oji celeste tendría que largarse de su casa en breve. Reina suspiró.
-Muy guapa.
-Y tú también podrías estarlo, pero eres tonta –le replicó la periodista, odiaba la autocompasión de Ulvida que se respiraba en cada movimiento que esta hacía. El mundo no giraba alrededor de su ombligo, y eso era algo que su amiga no estaba muy por la labor de entender. Le hizo una mueca de súplica, en un último intento de sacarla de casa- ¿Seguro que no te apetece venirte? A Fubuki y a mí no nos importa.
-Da igual. Iré a casa, mis padres se irán a cenar fuera, cuidaré a Emi hasta que se duerma y luego me dormiré yo frente al canal de la tele tienda, triste y sola como lo estaré toda mi vida –Haruna resopló.
-¡Hala! ¡Dramatiza un poco más, si puedes, bonita! –Ironizó- No estás sola, boba –añadió.
-Cierto. Aún queda algo de helado de chocolate y vainilla en la nevera.
Imposible. Cuando se ponía cabezota no había quien la sacara de sus trece. La Otonashi la acompañó hasta la parada del bus, junto con Shiro y luego la parejita se fue por su camino.
-No ha llamado, ¿verdad? –adivinó el peli plata. Su novia negó con la cabeza- Siempre igual: se enfadan, ella llora y se deprime, él se emborracha y nos confiesa a sus amigos todo lo que piensa y luego la reconciliación –se soltó de su mano para cogerla de la cintura y siguieron andando- No te estreses, cariño. Todos sabemos cómo acabará esta historia –le dijo él, al ver cómo la peli azul oscura gruñía, harta de lo mismo de siempre.
-Ya –contestó simplemente. "Pero podían ahorrarse el numerito alguna vez que otra", pensó para sí misma.
De pronto, Shiro la soltó y se llevó el móvil a la oreja. Ya estaban llegando al local al que se dirigían, así que Haruna no escuchó demasiado de la conversación. El sitio no estaba mal. Había un concierto de Apocalyptica, por lo que el lugar se llenaba poco a poco de una masa de rockeros y heavys, gente vestida de negro, y excentricidades varias.
Esas eran el tipo de cosas que a Haruna le encantaban, perderse entre personas que no tenían miedo a mostrarse tal y como eran, libres, escuchando la música que les gustaba sin importarles ser "raros". De hecho, ella siempre se había sentido así, rara, y desde que se había librado de Genda se sentía mucho mejor, en el sentido de que no le importaba tanto el ser diferente.
Tampoco se había vuelto gótica ni metalera, pero ese mundo le llamaba de forma especial. Se acercó a un puesto donde vendían bebidas frías y sacó el monedero. Shiro seguía hablando, alterado, según la Otonashi. Después, todo ocurrió deprisa. Levantó la vista con la intención de mirar el cartel e inspirarse para lo que iba a tomar y se topó, nada menos que con Kazemaru Ichirouta. Estaba solo, vestía pantalones largos y una camiseta negra de Nirvana. Abrió la boca, pensando que debía decir algo. Llamarlo. Apenas habían estado medio saliendo unos minutos, pero era lo más intenso que recordaba con un tío.
-¡Cielo, ha surgido algo y me tengo que ir! –anunció Fubuki por todo lo alto, espantando a Kazemaru, que ya la había visto y se negaba a hacer el ridículo, como cualquier persona sensata. Le tendió las entradas y ella las cogió, sin preguntar siquiera el por qué de la marcha del oji gris, y tan pronto como este le hubo dado el beso de despedida, se volvió a ver si encontraba a su "ex".
Se abrió paso a empujones, buscándole. Ya que Shiro la había dejado sola, aquel era un buen objetivo para la noche. De repente se sintió mal por tratar a Ichirouta como un objetivo, pero al fin y al cabo, no estaba con él por razones similares. En esos momentos, Kazemaru se había colado de alguna manera en la cola del local y acababa de entrar, de los primeros. Haruna resopló. Era escurridizo, pero no se le iba a escapar.
"Madre mía, pero ¿por qué le estoy siguiendo? ¿Cuándo he decidido que quiero hablar con él? Oh dios, allí está"
…
Eso es todo por hoy.
Lo único que quiero comentar es que pensé en poner "fecha de entrega" ya que me lo sugirieron en otro fic y me pareció bien. Bien, espero seguir haciéndolo durante el curso, pero en unas semanas empiezo mi primer año de bachillerato y debo estudiar día a día, no como hasta el año pasado que era pegarme la paliza la noche anterior -.- Se acabó la vagancia, sí… Lástima, me gustaba ser así xD
Lo que quiero decir es que NO SÉ si tendré mucho tiempo. A lo mejor este método es mejor, yo qué sé. Lo voy a intentar, y cuando le vaya cogiendo el tranquillo pues os iré poniendo una fecha de entrega más concreta.
Bueno, el siguiente capítulo estará en diez días, ok? Más que nada porque ya lo tengo escrito :D
Aparte quería explicar mi enorme parón, tanto en este fic como en Mi primer novio fue, veréis… Fue el jodido amor. Sí, me envolvió en sus pegajosas y empalagosas redes, y reconozco que fui egoísta por no reservar tiempo para esto, pero no creo que tengáis que lamentaros más. Exacto: el amor se acabó xD Es que hay gente muy poco comprometida con la causa, y fui a dar justo con una de esas personas, ya veis… no estoy enfadada, solo estuve disgustada en su momento y ahora fijaos que somos amigos. Vamos, que ya pasó todo, pero el problema es que empezó en mayo y me ocupó todo el verano T-T El lado bueno es que ahora que salí escaldada de mi primera relación seria, me niego a volver a decir te quiero a ninguna persona, ni tío ni tía, al menos en una buena temporada.
Resumiendo: ahora me tenéis para vosotros solos, enterita xD Soy vuestra.
¡Adiós, y disfrutad de lo que queda de verano! :) (En aquellos lugares en los que estéis en esa estación, lo sé xD)
