CAPÍTULO 9

"Puede que no sea la luz al final del túnel. Puede que solo sea una antorcha… pero es luz"

La verdad era que a Natsumi no le importaba tener el ojo morado. No sabría explicárselo a alguien que le pidiese razones lógicas y aun así estaba segura de que él no era el culpable. Además, sería un error considerarla una mujer maltratada, Goenji solo se defendía porque no recordaba cómo habían llegado las cosas a ese punto. Era absurdo, y ese doctor, un gilipollas.

-Si quiere denunciarlo, los vigilantes corroborarán su versión. Ellos lo vieron todo –dijo con una voz llena de supuesto apoyo. Ella le envió una mirada de clarísimo odio.

-No pienso denunciar a un enfermo que no sabe lo que hace, ¿es usted idiota?

-¡Natsumi! –Shiro, en la silla de al lado, le puso una mano sobre el antebrazo para intentar calmarla. Si no fuese por él, pensó la pelirroja, ya me habría rendido hace tanto tiempo…

El director carraspeó.

-Bien, usted verá lo que hace –cogió unos papeles y cambió de tema- No obstante, nosotros aquí no podemos seguir teniéndolo en una celda normal ahora que ha cometido una agresión física grave. Vamos a tener que trasladarle a la zona de máxima seguridad –miró a Natsumi por encima de las gafas- No se preocupe, es como la zona común pero es más difícil salir. No tendrá problemas si no intenta nada raro.

-Mmm… ¿el horario de visitas es el mismo? –preguntó Fubuki, estando ella demasiado alterada. Intentaba descifrar el rostro de Shuuya. Se encontraba atado a una silla que lo mantenía inmóvil e inofensivo. Aunque en realidad él lo era. Natsumi odiaba que lo tuviesen allí atado como un animal. No había hecho nada malo. No injustificadamente, al menos. Era una buena persona, por eso se había enamorado de él.

-No. Solo es posible pasar de cinco a seis de la tarde, y los lunes no hay visitas.

Shiro la miró, esperando una reacción, más mala que positiva. El director volvió a meter la nariz en sus papeles, repasándolos antes de ponérselos delante a la chica para que los firmara.

Natsumi cerró los ojos un breve instante y después cogió el bolígrafo. ¿Qué otra opción tenía, al fin y al cabo?

-Me alegro de que al fin esté de acuerdo con nosotros en algo, señorita Raimon –comentó el doctor- Ya nos preocupaba que no aceptase el asunto de la zona de máxima seguridad. Lo hacemos por su bien, créanos –sonrió artificialmente e intentó coger la mano de Natsumi, quien la apartó de inmediato. El director borró su sonrisa y masculló algo incomprensible, acerca de lo mucho que la pelirroja lo sacaba de quicio.

-No lo hago por ustedes, ineptos, lo hago porque le quiero a él.

-Yo también –Shuuya sorprendió a todos con ese comentario en voz baja que demostraba que había estado pendiente de la conversación en todo momento. Se aclaró la voz y esta vez habló más alto- ¿Puedo hacerle una pregunta a mi novia?

Natsumi lo miró emocionada. "Dios mío, me recuerda". El director se encogió de hombros.

-No veo por qué no.

La digna señorita que era Raimon se levantó casi tropezando. Temblaba. Pocas eran las ocasiones que tenía de hablar con su Goenji de antes, se le hacía muy duro tenerlo ausente. Ahora que daba la impresión de encontrarse bien no quería desperdiciar ni un segundo. Cuando llegó junto al rubio, se agachó a su lado y le cogió la mano con delicadeza. Él la apretó suavemente.

Después miró a todos con unos ojos negros imponentes y en pocas palabras, los echó de la habitación.

-Dime –fue capaz de articular ella.

-Quiero tener un hijo contigo.

Por la mañana, cuando aún no habían llegado la asistenta ni el jardinero, Hiroto Kiyama cerró los ojos tras la segunda noche sin dormir. No salía. Tampoco le reclamaba nadie. Al menos, cuando Mido estaba en la ciudad de vez en cuando le invitaba a salir con su novia y más gente, a la que casi nunca conocía.

En cuanto a su novia, Kii… Seguían juntos, pero ahora las tornas habían cambiado. De vez en cuando ella desaparecía sin dar explicaciones, y semanas más tarde regresaba a sus brazos, con champán y una caja de condones. Cuando él le preguntaba si de verdad le quería, ella respondía "no seas tonto" y le arrastraba hasta la cama, o el sofá, o la encimera de la cocina. Sin responder a su pregunta, claro. Al menos la tenía. A veces no, pero una parte considerable del tiempo sí. Y sinceramente, había empezado a no extrañarla tanto, o no del mismo modo. No pensaba en que llevaba dos semanas sin hacer el amor y explotaría, como hacía dos años, sino en que necesitaba un abrazo y no se le ocurría ninguna otra persona a quien pedírselo.

Debía aceptarlo, estaba totalmente solo en el mundo. Su novia estaba en uno de sus períodos de desaparición, cuyo inicio correspondía con la última noche que había dormido. Su mejor amigo se encontraba cumpliendo su sueño en otro país.

Hacía dos meses que no veía a su madre, y cinco a su padre. Ellos iban a su propio ritmo, claro, no tenían tiempo de ocuparse de él. Y de todas formas, según ellos ya no lo necesitaba. Era un hombre, no un niño. Tenía veintiún años. Debía asumir responsabilidades, y también era hora de que empezara a ocuparse de sus propios asuntos… El quid era que eso llevaban diciéndoselo desde los doce años. Ahora que recordaba, fue a esa edad cuando dejaron de pagarle una niñera y entonces directamente lo dejaban solo en casa con algo de dinero. No mucho. Y a lo mejor estaban fuera durante días, en los que, después de pelearse con Midorikawa, ya no tenía otro sitio adonde ir y se quedaba solo en esa enorme casa.

Creyó que entonces iba a llorar, era lo que seguía a todos esos pensamientos de soledad. Por fortuna, una figura abrió su ventana del salón de golpe e irrumpió en el cuarto. Ella jamás usaba el timbre. No su timbre, al menos, porque la había visto llamar civilizadamente a la puerta del apartamento de Midorikawa. Sonrió tristemente.

-Hey –saludó Ulvida- Ponme un sándwich de caviar, Hiro. Ah, y un café, ¡llevo toda la noche despierta!

Parecía muy activa.

No era que fuese a comer un bocadillo hecho realmente con caviar, solo le tomaba el pelo por estar forrado hasta las orejas.

-Sírvete tú misma, princesa. Yo estoy agotado –se frotó los ojos, y Yagami sonrió pícara.

-¿Y eso? ¿Es que está Keeve por aquí?

-No… hace dos días que no la veo –confesó- Que haga lo que quiera, en fin.

-Claro, si ella estuviese no me llamarías princesa –sonrió y desapareció un minuto.

Hiroto dudó si hablarle de lo que pensaba. Era su ex, pero se llevaban incluso mejor que cuando salían. Claro que en esa época no era él mismo, normal. Le daba corte, aunque intuyó que le vendría bien desahogarse. Todo sería más fácil si Ryuuji no se hubiese ido, pensó. Entonces se lo podría contar a él.

Ulvida volvió con una taza de café y una magdalena.

-Guao, no sabes qué noche…

-¿Ya te has reconciliado con Ryuuji?

-No… -bajó un poco la cabeza. Era la primera vez que pensaba en eso desde que la mañana del día anterior Haruna la había llamado. Sacudió la cabeza y fingió felicidad de nuevo- Pero salí con Haruna y, no te lo vas a creer… -Hiro arqueó una ceja, apoyándose sobre sus piernas- con Kazemaru.

-¿En serio? Vaya. Entonces vuelven a hablarse.

-O más bien él ha dejado de huir de ella. Joder, es que ayer Haruna me contó que no recordaba nada de la noche anterior, solo que había estado con él. Imagínate, se despertó desnuda en un coche, llena de pulgas –le contaba mientras mordía su magdalena- Así que la ayudé a buscar a Kaze. Y le encontramos en un club de striptease, bebiendo como para suicidarse y le preguntamos… Nos contó una historia alucinante y después salimos de fiesta a un club en el que conocen a Kido por hacer buenas y desinteresadas donaciones, y pasamos gratis. Nos trataron bien –se encogió de hombros-, pero eran todos unos pijais, así que les dejé allí y luego si te soy sincera no tengo ni idea de qué pasó. Lo siguiente que recuerdo soy yo a las seis de la mañana sentada en el suelo de la entrada de la estación de tren con un porro gastado en la mano.

-Estáis todos como las cabras –rió el chico. Entonces Reina se sentó en el sofá con él y le escrudiñó.

-¿Y a ti qué te pasa? Tienes un aspecto horrible, ¡menos mal que no has salido a recibirme fuera de casa!

Hiroto puso los en blanco. Demasiada sinceridad.

-No duermo muy bien desde que Kii volvió a irse.

-Oh, lo siento –Reina se quitó los zapatos, se acomodó y terminó su café. Le sonrió intentando animarle- No te preocupes, volverá. Siempre vuelve.

Él frunció el ceño.

-Ya lo sé –la miró desesperado- Ulvida… ¿Y si yo no quiero que vuelva más?

-Pues… tú verás, Hiro –entrecerró los ojos, después de decir eso, y puso una media sonrisa- ¿No me digas que por fin te has dado cuenta de que es una auténtica zorra? –ante la tristeza con la que le respondió, dejó la taza en la mesa y se acercó más, dispuesta a abrazarle si hacía falta- A ver, cielo, cuéntame qué pasa.

-Nada –negó con la cabeza- Es solo que la necesitaba, y no está. Nunca está. Es… -se rió amargamente- soy como las chicas con las que yo estaba antes. Me dejo utilizar y ella desaparece cuando le da la gana. Ahora entiendo muchas cosas, ¿sabes?

-Ahora me entiendes a mí, ¿verdad? –Kiyama asintió, y la peli azul decidió que ese era el momento de abrazarle- ¿Sabes lo que debes hacer ahora? –él la miró interrogativo. Eran aproximadamente las ocho de la mañana, sábado. Imposible que Keeve estuviese despierta. Ulvida cogió el móvil del pelirrojo y buscó su número- Dale a llamar y mándala al carajo.

-No me lo cogerá… -ella alzó una mano y copió el número en su propio teléfono. Después se lo tendió al oji verde, que lo cogió con algo de miedo- Hola, Kii. No, soy Hiroto, ¡no me cuelgues! Tengo que decirte algo –miró a Yagami, que lo animó asintiendo enérgicamente- Mira… creo que deberíamos dejarlo. No es por… Sí, para siempre. No, no es por mí, es por ti –Ulvida soltó una carcajada con esa frase y Hiroto se animó- Te aprovechas de la situación y es lo único a lo que lleva lo nuestro, a complacerte a ti, y estoy harto de que no estés. Claro que guardaré tus cosas… las podrás encontrar en el contenedor de enfrente de mi casa. Ah, y date prisa, la basura se recoge a las diez. Yo también te quiero, adiós –miró a la oji celeste, divertido- Qué cosas más bonitas me ha dicho.

-Me imagino… -de repente, empezó a reír, primero por lo bajo y ascendiendo hasta ser tremendamente ruidosa- No es por mí, es por ti… ¡lo has clavado!

Hiroto sonrió.

No obstante, ahora sí que estaba solo de verdad. Se había librado de Keeve, ¿o la había perdido? Debería estar feliz, era una auténtica sanguijuela.

Le abrió la ventana a Ulvida para que se fuera, a desayunar a casa de Kazemaru, decía ella. Solo. Estaba solo… Pero solo había estado siempre, ¿verdad? En realidad, ni siquiera esas chicas suponían una mínima compañía decente, ya que las usaba como objetos. Oh, Mido, necesito que vuelvas, creo que solo tú me entiendes de verdad. Entonces sí lloró.

En Nueva York, todo iba más deprisa. Los coches, la gente, los relojes, la vida en general. Mido se había acostumbrado a eso, aunque no era fácil, pero en amoldarse a nuevas circunstancias era bueno. Se acercó a un puesto de perritos y compró una caja de patatas fritas todavía calientes. El clima empezaba a enfriarse, y en otros tiempos en esa época, Shiro, Endo y Kazemaru, y a veces Atsuya y Shuuya, se metían en los bares algunas noches para buscar lío. Y lo encontraban.

No iba a ponerse a hacer el bestia en Nueva York, no era tan estúpido. Para los extranjeros no era un paraíso, aunque estaba bastante bien, siempre y cuando no se hiciesen burradas. Además, hacía unos días que había cobrado y estaba de un reconfortante buen humor. Tanto, que incluso había pensado en llamar a Ulvida. Oh, Ulvida, es verdad. Sacó su nuevo móvil del bolsillo. Es increíble lo que la gente gasta en ese tipo de cosas, pero incluso él había caído en el juego.

Su situación tampoco era la de un músico famoso y forrado. De hecho, según el productor, los compositores no solían hacerse muy famosos, porque no eran ese tipo de gente. Simplemente aceptaban la pasta y seguían haciendo éxitos. Su nombre aparecería entre los créditos de los discos de los cantantes e intérpretes, pero podría llevar una vida normal. Bueno. Tampoco le hacía una ilusión inmensa que le acosaran los paparazzi como hacían con los famosos. Lo único que ahora tenía que hacer era componer, montar una línea sobre otra, pensar letras, algo innovador. Y su publicación estaba asegurada. Se daría a conocer al mundo y los cantantes buscarían su ayuda en momentos de escasez de ideas. Exactamente lo que quería. Quizá hasta podría volver a Japón, con la gente que quería.

Cuando contestó al teléfono, parecía alegre de una manera sincera, y encantadora.

-¿Diga?

-Hola, bonita.

-¿Ryuuji, eres tú?

-Sí. Guarda este número, es mi nuevo móvil –le informó. Se apoyó contra una pared para estar más cómodo. Ahora que tenía nueva ropa nadie le confundiría con un mendigo ni intentaría echarle de la acera. Sonrió para sí- Perdona por haberte hecho esperar tanto, pero he estado bastante ocupado.

-Entonces... no estas enfadado.

-No.

-Pues sí –contestó su voz irritada- me has hecho esperar una eternidad.

-Lo siento de verdad –le aseguró. Había visto el e-mail, y de repente la discusión ya no le pareció tan importante. Siempre le ocurría lo mismo cuando se peleaban: se acababa dando cuenta de que era una tontería, y que la quería. Además, esta vez necesitaba su habitual buen humor. El caso era que ya había empezado a intentar componer, pero solo le salían, según él, cursiladas como terrones de azúcar que jamás creía que se pudiesen convertir en un éxito. O al menos eso pensó él. En resumen: necesitaba estar de muy, muy buen humor, y salir de fiesta enseguida para inspirarse- Te echo muchísimo de menos. Te he respondido al e-mail, que sepas que lo vi el jueves, y también te he enviado algo allí por correo. No sé cuánto tardará.

Ulvida se alejó de sus dos amigos para concentrarse en lo que hablaba.

-¿Y tú? –Preguntó- ¿cuánto tardarás tú?

-Ya he conocido a Red One, y podré volver en cuanto él apruebe un primer trabajo.

-¿Y cuándo le dará la gana de aprobarlo?

Mido rió.

-Cuando se lo presente, para empezar. Ah, espero que no te importe, necesito salir un poco de fiesta.

-No, da igual –se pasó la mano por la frente- si yo también he tenido movidas por aquí. Pero mola más cuando hacemos locuras tú y yo juntos –añadió, haciendo un puchero que se notó en su tono de voz. Mido sonrió y se metió la mano en el bolsillo mientras bajaba los ojos.

-Lo sé, cariño.

-Te echo de menos.

-Y yo. Esto de la distancia es peor de lo que me pareció al principio.

-Mmm… pues entonces no nos peleemos más.

-Sí, no lo haremos más difícil.

Cuando Haruna la noche anterior consiguió atrapar a Kazemaru para hacer las paces, y los dos estaban ya riendo y charlando tranquilamente, lo último que quería era liarla. Además, Shiro se había ido sin dar muchas explicaciones y estaba algo preocupada. Pero Kaze se sentía súper entusiasmado, quería compartirlo y así acabó la noche.

La peli azul oscura no le había dicho nada a Fubuki. No habría sabido explicárselo sin preocuparle… eso era algo que a veces podía con ella, el oji gris no solía enfadarse casi nunca. Lo que hacía era entristecerse y, a veces involuntariamente, otras no, hacerle sentir culpable. No estaba de humor para aquello, evidentemente. Sumado a eso estaba que había olvidado lo mucho que le encantaba la compañía de Ichirouta. Había pasado tantos meses ignorándole que simplemente no le atribuía ya ninguna virtud. Prefería recordarlo como un todo defectos, de ese modo es más fácil odiar a alguien.

-En serio, no parabas de apostar tu ropa, ¡borracha eres algo increíble! –Ella fingió indignación, él sonrió malicioso- Sinceramente, parecías fallar los tiros a posta.

-¡Mentira! Lo que pasa es que el alcohol me hacía ver tres latas por cada lata a la que apuntaba, y así era imposible apuntarles bien… -se creció y se excusó. Como bien decía su abuelo, empero, el que pierde lo explica, el que gana lo celebra. Kaze sacudió la mano quitándole importancia a lo dicho.

-Ya, bueno, fuera como fuese, acabaste desnuda otra vez.

-Suerte que birlaste aquella horrible chaqueta.

-¡Es que no me lo podía creer, y eso lo hizo aún más memorable!

De repente se dio cuenta de lo que se había perdido. Vaya, otro refrán muy cierto, no te das cuenta de lo que tienes hasta que ya no lo posees. Ahora se sentía culpable por el pobre Kaze y lo que habría tenido que pasar. No dejaba de repetirse a sí misma: debí perdonarle, debí perdonarle. Pero bueno, al final ya no importaba, esos años ya habían pasado y eran imposibles de borrar. Ojalá, pero no.

-Chicos, buenas noticias –sonrió Ulvida desde la puerta de la cocina- Era Mido. Ya lo hemos solucionado todo.

-¡Por fin! –Exclamó Haruna- No sabes lo pesada que te pones cuando os peleáis, ¿eh? –cogió el cuenco de patatas fritas y se comió unas cuantas, antes de ofrecerle a su amiga, que las rechazó haciendo un esfuerzo. Si el peli verde iba a venir, debía estar estupenda a su llegada- Por cierto, esta noche no podremos salir, Kazemaru, voy a quedarme en casa de Fubuki a ver una peli. Bueno, a menos que vosotros dos queráis salir, pero no sé, como Reina ya se ha reconciliado igual…

-Qué va –la interrumpió- Ryuuji dijo que él también saldría así que no pienso castigarme sin motivo. Y puedo llamar a Aki, ¡a ver cómo está y si le apetece! –se acordó de la peli verde y se estremeció. Y pensar que ella había visto cómo la dejaban, que sabía por qué. Pobre Kino, debía de estar horriblemente destrozada. Conociendo esa sensación por ella misma, se le ocurrió que quizás ella prefería quedarse en casa. Aunque como cada persona es distinta, la llamaría más tarde por si acaso- Si al final hay plan, ¿te apuntas, Kaze?

-Sí, claro, los he echado de menos a todos, será un placer volver a verles –observó a la Otonashi, que miraba distraída por la ventana- Dejemos a Haruna que tenga su noche romántica –comentó con intención de fastidiar. Ella volvió la cabeza hasta él y la sacudió.

-Nada de romanticismo, ¡vamos a ver una maratón de pelis sangrientas! –dijo alegremente, como quien anuncia que en la heladería de la esquina reparten helados gratis. Yagami puso los ojos en blanco e Ichirouta se quedó callado- Adoramos el cine de terror –se encogió de hombros y engulló otro puñado de patatas, ruidosamente.

-Oh, dios mío, qué asco.

Al fin e.e Espero no haber tardado mucho, no pongo el testamento final de cada capi porque mi teclado se ha vuelto loco y las teclas no funcionan bien xD Espero que os haya gustadoo!

Adiooooos!