¡Buenas, criaturitas del demonio!

Oh, cuánto he echado de menos esto :33 Si alguien requiere de una explicación a esta subida repentina, lo mando derechito a leer algo de mi profile xD Básicamente es que volví, al menos por este verano. Después no T-T después es imposible porque... ¡bueno, leches fritas, no os entretengo!

Si deseáis saber más, profile o PM.

Inazuma Eleven no me pertenece todavía debido a barreras geográficas, porque el destino no quiso que yo naciese en Japón. Pero dadme tiempo de llegar hasta allí.

CAPÍTULO 10

"El hecho de que si una verdad te marca es verdad, es tan válido como que si la pasta no se pega a la pared no está en su punto"

Ya estaban a finales de noviembre en la ciudad Inazuma. Aki no había vuelto a hablar con Endo, ni Endo había preguntado por ella. Ni pensaba hacerlo. La peli verde estaba ocupada con Haruya Nagumo, últimamente salía mucho con él, según el Facebook, aunque nada en las redes sociales dejaba muy claro si estaban juntos en serio. "¿Acaso me puso los cuernos con ese gañán?"

Cerró el portátil. ¿Qué más daba? Ya hacía tres meses de aquello. Debería estar muerta para él. Y no. Seguía curioseando su perfil, caía en esa tentación cada noche. Pinchaba sobre su nombre en el chat si estaba conectada, y se quedaba mirando el recuadro en blanco hasta que ella volvía a desaparecer.

Para Kazemaru, quien en ese momento estaba entrando por la puerta del dormitorio del peli café, esa paranoia tenía que acabar.

-Para ti es fácil. Ya has superado lo tuyo, pero te recuerdo que tardaste años.

El peli azul puso los ojos en blanco, pensando que ni de lejos podría comparar casos.

-Endo, yo llevaba desde los tres años enamorado de Haruna –resolvió, mientras revisaba la habitación en busca de cosas que el oji marrón ya no debía tener- Así que cierra el pico, y confiesa. ¿Tienes fotos de ella aún, no? –Aunque en los estantes no había huellas del delito, podría haber jurado que así era por pura experiencia propia. Hasta que no se obligó a sí mismo a sacar todas las fotos de su habitación, álbumes, cámaras digitales y ordenador, no se sintió mejor. Nunca lo había superado del todo, pero fue un paso importante. Por eso sabía que Endo las tenía también.

-Por supuesto que no.

Media hora después, Kazemaru se marchaba de allí con una bolsa llena hasta los bordes de fotos de Aki Kino, en su mayoría con Endo o en posturas sexys, posando. Las fotos del ordenador, todas las que encontró, las borró en un sencillo clic, pasando por el bien de su amigo, de las quejas y protestas que le martilleaban la cabeza.

Se encargó él mismo de sacar la basura sospechando que el castaño no lo iba a hacer. Y más le valía no enterarse después de que alguien había visto a un loco desesperado hurgando en el contenedor de los cartones. Afortunadamente, eso no era una experiencia pasada.

En su casa, Endo, todavía avergonzado por cada papelito, cada archivo que Kazemaru se acababa de llevar de su vida, se tumbó en la cama a mirar el cielo oscurecido por la ventana, esa del marco de madera pintado de azul que le gustaba tanto, allí Aki se sentó una vez, con los pies colgando para afuera, hacia el vacío… Tuvo miedo de perderla, de que se cayese. Se sintió estúpido cuando ella sonrió y le abrazó para tranquilizarle, entonces… Pero eso fue entonces, cuando aún no había nada roto en él.

No sabía que tenía esas fotos. O bueno, sí, pero no les daba ninguna importancia, solo eran imágenes, y para él, Aki no era una simple imagen que pudiera aprisionar en sus brazos, en un ordenador o un cajón, y no dejarla salir; el propio carácter de Kino lo habría hecho imposible, porque se sentía libre después de tanto tiempo, tan libre, que decidía aprovechar todos y cada uno de los momentos que la vida le proporcionaba. Incluso el de verse con otro chico cuando ya tenía novio.

En el fondo, la comprendía… y eso era lo que peor llevaba. Porque si Aki lo había hecho era por su obsesión con el carpe diem, era su culpa, sí, pero sin maldad; simplemente se había aprovechado demasiado del momento. Esa sensación le mataba. El comprenderla. ¿Por qué? Era injusto, debería encontrarse maldiciéndola en su mente por lo menos, o incluso despotricando de ella cada vez que con los chicos se ponían a hablar de tías; pero no lo hacía porque…

-Porque no acepto su culpa… -terminó Endo el pensamiento, en voz baja, dándose cuenta en seguida de la magnitud que el silencio había alcanzado.

-¡Mamoru! –Su madre interrumpió al gran silencio con un cucharón de madera en la mano- La cena está lista, cielo, date prisa –su madre, una mujer menuda, morenita y algo gordita. Y le pareció cierto, entonces, que las madres son el modelo ideal de mujer para los hombres, sus propias madres; bueno, con esa descripción, resultaba ciertamente contradictorio, no obstante, las dos tenían algo que las resumía a la perfección, algo que… -¿Es que sigues pensando en la flaquita? –Mamoru alzó las cejas. Eso era lo que tenían en común: decisión. Pequeñas, apocadas a veces… pero decididas, por encima de cualquier cosa.

-No, mamá, ahora bajo –si se parecían, entonces su madre quizá podía saber qué estaría pensando Aki en esos momentos. Quizás debiera contárselo. Quién sabe.

Se puso sus zapatillas de elefantitos y bajó a cenar.

Odiaba ese maldito programa de televisión, y aún así fingía mirarlo con exagerado interés. Era un concurso bien estúpido con un presentador al que parecía agradar el incomodar al resto del planeta. Consistía en coger por sorpresa a alguien en la calle y hacerle cuatro preguntas. El concursante tenía que encontrar, también en la calle, a dos personas que supiesen la respuesta a las preguntas, y a dos que no la supieran. La tarea del presentador consistía en poner en ridículo a cualquier pobre idiota que osara ponerse ante la cámara, incluido el concursante. Emi se quejó otra vez, pero intentar arrebatarle el mando a su hermana para ella ya era imposible.

Jiang chasqueó la lengua. Ryuuji no le caía muy bien. Bueno, ¿a qué madre le cae bien el novio de su hija? Y sin embargo, jamás había deseado tanto que volviera junto a su hija y la hiciese feliz otra vez, porque pelea tras pelea y en la distancia, esta estaba pasando una de las peores fases de su vida. Nada de lo que su madre o su hermana pudieran hacer la hacía siquiera pestañear. Lo único en lo que pensaba, de lo que hablaba y con lo que soñaba era Mido, Mido y Mido. Y él la llamaba todos los días, incluso dos o tres veces, pero resultaba evidente que no era para nada suficiente.

Y últimamente había notado algo más, mucho más grave: Reina estaba dejando de comer. Se mordió el labio. Esta vez había ido demasiado lejos. Jiang veía cada día cómo la oji azul se levantaba de la mesa sin probar apenas un bocado, alegando que había ido a tomar algo con sus compañeros de universidad y se sentía llena. Pero también rechazaba cualquier golosina, patatas fritas y demás, y ya no se lo creía tanto.

Por eso cuando Midorikawa Ryuuji en persona apareció ante la puerta de casa y le pidió silencio al tiempo que le hacía un guiño, Yagami Jiang suspiró y lo dejó pasar, suponiendo que, en muchos meses ya, Ulvida se llevaría una bonita sorpresa.

Le tapó los ojos a ella con una mano y silenció a Emi con un gesto de complicidad cuando entró en el salón y vio a su peli azul sentada de espaldas, mirando la televisión sin verla.

-¡Quién narices eres! –protestó Ulvida. Él se arrodilló delante de ella sonriendo y sin apartar su mano de los ojos de su novia, y la besó lentamente, preguntándose, como lo había hecho durante las semanas que precedieron a ese momento, cuál sería su reacción. Tres segundos después le devolvió su derecho a ver, entrelazando sus manos detrás del cuello de la oji celeste, y la chica emitió un chillido, todavía dentro de su boca. Le apartó para mirarlo emocionada- ¡MIDO! –rompió a llorar.

-Pero bueno, se supone que ibas a alegrarte de verme –hizo una mueca, limpiándole una lágrima- Anda, no llores…

-Es que… dios mío, al fin estás aquí conmigo –sonrió sin dejar de sollozar, con un millón de palabras dentro de ella, y se tiró sobre el peli verde siguiendo su corazón. Allí, en el suelo de su salón.

Toramaru Utsunomiya seguía siendo una parte muy importante de su vida, totalmente aislado de Atsuya. Cogió otra patata frita y asintió, sin importarle demasiado lo que el chico le contaba pero sin quitar los ojos de los suyos. Le escuchaba. Igual que él la escuchaba a ella.

-No creo que Aki lo quiera, creo que solo intenta reemplazar a Endo, ¿no? –opinó el pelinegro.

Estaba muy raro desde hacía tiempo. Largó a su última novia sin que nadie, ni siquiera ella que era su mejor amiga, lo entendiese, y desde entonces salía todas las noches pero nadie sabía muy bien adónde. Yuuka sospechaba que se había cansado de tanta tranquilidad y simplemente quería emociones, solo que no parecía que las encontrara. Nunca le contaba gran cosa. Y las grandes novedades nadie puede callárselas mucho tiempo… ¿o sí?

-No lo sé, Tora, quizá sea mucho más complicado de lo que crees –repuso ella- Me parece que Aki no está reemplazando a nadie. Según me ha dicho, ni siquiera han llegado a la portería.

-Bah, porque en el fondo sabe que Nagumo no es Mamoru.

-O a lo mejor solo quiere ir despacio –Yuuka sacudió una mano delante de ella- Dejemos de discutir. Hace tanto que no hablamos, así en profundidad… ¿eh, Tora? Vamos, cuéntame lo tuyo.

-¿Qué mío? Mi vida es muy aburrida, no te emociones. Soy un empollón así que saco buenas notas y no tengo tiempo para tener novia –se encogió de hombros y Yuuka comprendió que tendría que sonsacarle con artes oscuras.

-¿En serio? ¡Con lo guapo que tú eres! Seguro que tienes algún ligue o algo –sonrió y pidió al camarero un par de cubatas. El hombre, que la conocía, miró a los lados y asintió con complicidad, ya que seguían siendo menores. Toramaru negó hasta que llegó el tequila.

-No es nada serio, pero a veces tengo… rollos –confesó, apoyándose sobre su mano.

Yuuka arqueó una ceja sonriendo de medio lado.

-Lo sabía –echó un trago- No sé por qué no me lo contaste antes. Soy yo, Yuuka Goenji, tu mejor amiga –le cogió la mano y le sonrió- Puedes confiar en mí.

-Claro…

Pero la verdad era que Toramaru dudaba sobre si era el momento de destapar la verdad. Lo había sabido mantener en secreto tan bien… que parecía un desperdicio contarlo ahora.

-SO YOU THINK YOU CAN STONE ME AND SPIT IN MY EEEEYEEE! –Autopista a toda velocidad- SO YOU THINK YOU CAN LOVE ME AND LEAVE ME TO DIIIIEE! –salida tres, carretera secundaria- OOHHH, BAAABY, CAN'T DO THIS TO ME, BABYYY! JUST GOTTA GET OOOUUT, JUST GOTTA GET RIGHT OUTTA HEEERE! –Queen en la radio y al lado de Shiro Fubuki, el conductor oficial del grupo, su chica, Haruna, preciosa esa noche.

En realidad estaban todos ahí, excepto Yuuka, que se había quedado con Atsuya en casa. Natsumi nunca salía, y no iba a hacerlo precisamente aquella noche, en la que todo el grupo se congregaba para celebrar la llegada del peli verde a Japón. Mido aún no la había perdonado como a Hiroto, algo extraño para muchos de ellos, y no daba señales de tener intención de hacerlo. Por tanto daba igual porque no pintaba nada allí.

En casa de su padre, donde aún vivía y bastante a gusto, la pelirroja lograba por momentos mantener su mente ocupada y no pensar en donde se había metido por culpa del maldito amor.

En los asientos de atrás, de alguna manera habían conseguido caber Endo, Hiroto, Midorikawa, Ulvida, Maki Sumeragi (una invitada de última hora) y Kazemaru. Unos encima de otros, aullaban Bohemian Raphsody sin pudor alguno. Maki estaba perfectamente integrada y había echado realmente de menos a Ryuuji, razón por la que aprovechaba insolentemente la falta de espacio ante los ojos de Reina. Aunque a esta última con tener a Mido con ella, abrazándola y besándola cuando se le antojase sin distancias, le bastaba. Se pasaban los días pegados, y las noches también.

Llegaron a un páramo desierto. Después del alcohol viene la calma, había dicho Kazemaru. Cinco minutos y, con el coche aparcado a unos pocos metros, todos ellos se dispusieron a relajarse, mirando las estrellas o amando, depende.

-Kaze, ¿vienes? –propuso Endo al ver que las parejas se ponían a su rollo, y el peli azul no lo pasaba en grande precisamente. Él tampoco. Afortunadamente no tenía a Aki con Nagumo pegándose el lote allí mismo, como le pasaba a su amigo, pero ahora le picaba el gusanito de los besos y las cursiladas de novios. Él, que solía ser una cosa más infantil que una calabaza, echaba en falta el amor.

-No –contestó Ichirouta. Raro. Endo se quedó algo desconcertado y dio media vuelta en busca de un lugar tranquilo.

-Ah… -suspiró. En frente de él, una ciudad se extendía, bañada suavemente por la luz de la luna, que esa noche estaba llena y preciosa, envuelta en una sábana de nubes vaporosas y translúcidas. El paisaje era la cúspide del romanticismo. Endo bajó los ojos, se sentó apoyando la espalda contra una roca y frunció el entrecejo.

¿Era demasiado tarde para perdonar a Aki? Y pensar que el poder de seguir con ella feliz, había estado en su mano tres meses atrás… Entonces la ropa se pegaba al cuerpo con el sudor causado por el intenso calor, y ahora, a finales de noviembre, se encontraba atrapado en un enorme abrigo para no congelarse. Se parecía mucho el tiempo atmosférico a su situación sentimental. Qué horror.

-¿Qué te pasa? –Mamoru se dio la vuelta. No es que le apeteciese mucho hablar de sus problemas en una noche como aquella. Había estado bien hasta que llegó el momento tortolito.

Pero no le hablaban a él…

El pelirrojo rió brevemente, y negó con la cabeza.

-Nada, Ryuuji. Olvídalo.

-¡Pero si tienes cara de estreñimiento! Dime lo que te ocurre –pedía el oji negro a su mejor amigo. Endo se acurrucó contra la enorme piedra tras la que los otros no le podían ver- Soy tu mejor amigo, ¿es que no confías en mí?

-No es eso y lo sabes. Uf, es que aún echo de menos a Keeve y…

-Ja, corta el rollo. Es una excusa poco creíble, reconócelo.

-Ya.

-¿Quién iba a echar de menos a semejante zo…?

-¡Eh! Está bien, está bien, no es por ella.

-¿Y entonces?

-No voy a decírtelo, Midorikawa.

-¿Pero por qué? –se exasperó el DJ.

-Es personal.

-También lo de Kii era personal y bien que me dabas el coñazo.

-Oye, no insistas, ¿vale? Esto es mucho más grande que lo de Kii.

-Mmm… -después de una pausa, el moreno habló de repente con voz de intriga- No tendrá que ver conmigo, ¿no? –Mamoru se preguntó qué podría ser, si era así.

-He dicho que no te lo voy a decir.

-¡Tiene que ver conmigo!

-Oh, ¡cállate!

-Pero no has dicho que no.

-Que me dejes –protestó el oji verde.

-Anda, Hiroto…

-Me tengo que ir.

-¿Qué?

-Mañana debo estudiar… Voy a decirles a los demás que nos vamos.

-¡Pero si solo es medianoche…!

Mamoru, al ver acercarse al oji verde, se levantó y simuló que venía de estar con los demás, con las manos en los bolsillos del abrigo. Mido le miró con cara de fastidio y se puso a caminar con él.

-Nos vamos, Hiroto tiene que "estudiar" –le anunció de mal humor.

-Oh, bueno –Endo echó un vistazo al cielo-, tampoco tengo mucho que hacer aquí –comentó el castaño entre dientes, pensando en el romanticismo de la noche, y en que él estaba totalmente fuera de contexto. Levantó la cabeza y sonrió a su amigo, quien como era lógico no sabía qué decirle- ¿Qué tal con Reina?

El rostro del moreno pareció serenarse, y sonrojarse también.

-Genial –Endo rió entre dientes- Lo único que nos falta es ir juntos también al baño –los dos se miraron con complicidad de forma cómica, y luego el peli verde bajó los ojos- La he echado muchísimo de menos, y creo que no me daba cuenta de cuánto la extrañaba. Y viniendo de mí te va a sonar cursi de cojones, pero… creo que es el amor de mi vida.

Hasta Mamoru suspiró.

-Qué gay te ha quedado eso –le dijo, muy serio.

-Ya… -respondió el oji negro con la sonrisa de un enamorado- What's in a kiss? Have you ever wondered what's in a kiss?–canturreó Midorikawa- ¿Sabes? Esta canción la toqué con un músico callejero de Nueva York.

-Joder, para, parece que vas a besarme o algo.

-Qué imbécil eres, Endo –respondió su amigo poniendo los ojos en blanco, en tono borde- No me has contado cómo vas olvidando a tu ex amada.

-¿Esa pregunta es una venganza? –quiso saber el oji marrón con suspicacia. Ryuuji negó como diciendo "pues claro que no", y Mamoru sacudió la cabeza- Confiaba en que no te interesase.

-Bueno, también confiabas en Aki y mira.

El castaño soltó una carcajada amarga.

-Cierto. No sé cómo eres capaz de hacer humor negro con estos temas.

-Y yo no sé cómo puedes tú reírte –replicó el mayor- Oye, si necesitas desahogarte o vengarte o lo que sea… tú llámame, ¿eh?

Volvieron a retomar la corta marcha hacia donde se encontraban aún Shiro y Haruna, y Maki tonteando con Ichirouta. Endo frunció el entrecejo, pensativo, afectado por tener que hablar de ella de nuevo, quizá. Le enfermaba. Y sin su veneno empeoraba aún más.

-¿Por qué tanta insistencia? –Mido se encogió de hombros.

-Porque tú siempre has estado ahí cuando yo lo necesitaba.

-Bah, tú solo lo has necesitado cuando lo de Natsumi, y eso ocurrió en la época de los dinosaurios…

-No, créeme –le interrumpió, decidido- Os he necesitado a todos en muchos momentos y ninguno me ha fallado nunca –pensó un instante. El oji negro entrecerró los ojos, se quedó congelado y atento, escuchando- Eh, ¿oyes eso?

-¿Lo qué?

-¡CÁLLATE! –Ordenó con ímpetu un grito lejano de mujer- ¡SHIRO, ENTIENDO QUE DE VEZ EN CUANDO TE PONGAS CELOSO PERO ESTO YA ES DEMASIADO! –a Mido y Endo no les hicieron falta palabras, se miraron y corrieron lo que quedaba de trayecto. Al lado del coche, Hiroto sujetaba al mayor de los Fubuki con todas sus fuerzas, aunque necesitado. Los dos chicos fueron de inmediato en su ayuda, y fue entonces cuando se fijaron en el segundo factor de la situación: Haruna.

-¡PERO SI INTENTA SEPARARNOS! ¿Es que no lo ves? –Shiro parecía desesperadamente furioso- ¡Ha sido él quien ha hecho que nos peleemos!

-Eso es mentira –replicó la chica. Curiosamente, la fuente del problema debía encontrarse lejos y no se veía intención de intervenir.

-¡JA! De acuerdo, lo que tu digas, Otonashi –dijo quisquilloso. Se zafó de las sujeciones de sus amigos con un "estoy bien" murmurado, y todo parecía haber terminado cuando…

-Yo no he hecho nada, Fubuki, eres demasiado susceptible –ah, el oji café finalmente decidió entrar en la discusión mientras que los dos recién llegados intentaban captar el asunto.

Ulvida había estado charlando con Maki a un lado, por lo que Kazemaru se había quedado solo, sentado en el capó del automóvil. A Sumeragi no le agradaba mucho Reina, pero resultaba evidente que el peli azul no quería nada con ella, y prefirió hablarla a ella que dejar que se creara un incómodo silencio. Y entonces Kazemaru tuvo que meter la gamba, no podía callarse y menos en una noche como esa, no.

El oji marrón oyó una de las frases tontas que Fubuki le dijo a Haruna, y pudo más su instinto que su conciencia, se burló cruelmente, intentando hacer cómplices a las dos chicas, pero sólo él se reía. Daba igual. Prefería que Shiro lo matara a verlo besando a SU Haruna.

-Kazemaru, cállate… -masculló el oji gris.

-Venga Shiro, no te pongas así que no ha hecho nada –replicó la Otonashi, con ganas de dejar de oír las quejas de ambos- Además, te alteras por tonterías, ¡tiene razón! Eres muy susceptible.

Uff. Demasiada paciencia, demasiada estaba teniendo el peli plata con ese molestoso chico que para nada estaba dispuesto a salir de sus vidas. Ahora ya hacía tres meses que andaba jodiéndole, pinchándole para que saltase y entonces dejarle mal delante de su novia. Su suerte recaía en su bendita paciencia, pero aquello había llegado a un punto que sobrepasaba sus propios límites. Sobre todo porque últimamente hasta Haruna se ponía de parte del otro. A veces le daban ganas de decirle…

-¡Pues si tanto le quieres y le defiendes, fugaos de una vez y dejadme a mí en paz!

Pero se mordía la lengua, porque… bueno, porque se supone que quería a Haruna Otonashi, y no iba a dejar que un emo despechado los separase. Así que "Ya. Déjalo" fue lo que dijo a cambio de la frase estrella que, por otro lado, continuaba revoloteando en su cabeza buscando un agujerito por el que salir. Y a ese paso tenía muy claro que acabaría por encontrar un hueco en el momento justo.

En fin, vosotros mejor que nadie sabréis qué tal ha estado "el regreso". Yo tampoco le daría un diez de diez, pero el caso es que ahí queda.

¡Os quiero, mis queridos lectores!

Ciao *reverencia* *me cubro con la capa a lo fantasma de la ópera* *desaparezco en medio de una nube de humo blanco*