Yeheeey!
Subo antes de irme (literalmente, mis maletas en la puerta xD) porque Alakalufestrufen me pidió saber sobre mi queridito Hiro xD Como respuesta, la primera escena del capítulo es enteramente sobre ello. Espero no decepcionar a nadie e.e Decidí haceros este regalo antes de marchar a mi aislamiento en mi aldea ¬¬ En fin, solo será una semana. Espero tener listo otro capítulo para entonces: estoy inspirada, de momento.OH, y claro que voy a seguir el fic ^^ Eso es algo que tenía pendiente conmigo misma. Aunque no me lea ni mi gato yo lo acabo, lo juro.Desgraciadamente descubrí que no puedes ir a la casa de Level-5 con una garrota y utilizarla para dejarlos inconscientes y robar el anime… por lo que Inazuma Eleven y sus personajes siguen sin pertenecerme (aún).CAPÍTULO 12
"Dios aprieta pero no ahoga. No a la primera. Te deja agonizando un buen rato y luego ya sí, ya te mata."
Soy el único que le entiende, ¿no? No le escogerá a él porque yo estaba desde el principio, y ese peli negro ni siquiera le coge el teléfono ya. No puede estar deprimido por un idiota semejante, ¡por el amor del mal, pero si llevaba un pincel en el bolsillo para fingir que era pintor! Eso no es un artista, es un gilipollas. A esa clase de tipos los veo yo venir desde que entran por la puerta de un local. Van a lo que van, no puedo creer que Hiro se haya dejado engañar, si precisamente él era de esos hasta la médula (y ahora sabemos por qué…).
Hiro le sirvió el té a su amigo, sin su encantadora sonrisa amenizando la tarde.
-Hiro… no va a llamarte. Lo sabes, ¿verdad?
-Claro que lo sé, yo hacía lo mismo –suspiró- Qué idiota me siento.
Era una noche especial: en homenaje a Freddy Mercury, el nuevo bar favorito de Hiroto celebraba una maratón de Queen; iban a poner todos sus discos a lo largo de tres noches, la cosa prometía. El pelirrojo llevaba lo menos dos semanas yendo, pero continuaba demasiado acojonado como para acercarse a nadie. La mayoría de la gente bailaba en la pista, hasta el dueño había salido a moverse un poco, de estar entumecido en su sitio tras la barra durante la mayor parte de la noche.
En los viejos tiempos y en otra situación, Kiyama ya se habría ligado a alguna, eso lo tenía claro; sin embargo… no se atrevía, con ellos era diferente. Rechazaba todas las copas a las que le invitaban, porque si se las tomaba tendría que hablar con uno de ellos, y ya no hablemos de acercarse por sí mismo. No, lo veía poco probable. "Vamos, Kiyama, tú eres uno de ellos, tampoco te van a morder… eh, bueno, quizá sí" pensó, mirando de reojo a un moreno que se contoneaba en la pista sin quitarle ojo. El oji jade se abrazó a sí mismo. Nunca se había sentido tan desnudo sin estarlo.
-¿Otra copa, cielo? –preguntó el camarero, aunque la rellenó sin esperar una respuesta, seguro de sí mismo. Hiroto asintió al tiempo que se inclinaba para beber. A decir verdad, ese camarero se había convertido en el único con el que había hablado desde que llegó el fin de semana anterior, con aspecto de confusión y miedo, o incluso horror, y se sentó en la barra, como había hecho esa noche.
-Gracias… -intentó recordar, pero cayó en la cuenta de que no se lo había preguntado, y se sonrojó- Perdón, aún no sé cómo te llamas.
-Gina, me llamo Gina –contestó el chico, con una gran sonrisa- Buena estrategia, guapo. Es una lástima que no la utilices con nadie del bar.
-Es que… -miró a su alrededor una vez más.
-Nunca habías probado esto, ¿eh?
-¿Se nota tanto?
-Un cartel de neón llamaría menos la atención –Kiyama resopló. Gina volvió a reír, mirándolo con ternura- Deberías erguirte, sonreír… y mirar con un poco más de interés lo que tienes al lado –señaló discretamente el camarero. Hiroto se volvió sin pensarlo, y se quedó petrificado.
-Oh, no, no…
El peli negro lo miró con los ojos como platos, también, igual de asustado, puesto que era la primera persona conocida que lo veía en aquel tipo de lugares, y más siendo menor. ¿Qué iba a decirle? Ya no tenía excusas, Hiroto Kiyama se lo contaría a todos, y entonces comenzaría el rechazo; Yuuka se enfadaría porque él no se lo contó antes; sería el blanco más fácil de entre los fáciles en el instituto. Volvió a fijarse en el oji verde, y se dio cuenta de que trataba de terminarse su copa a tiempo para huir. Puso los brazos en jarras.
Se acercó con paso decidido, dispuesto a agarrarle en cuanto tuviera ocasión. No iba a perderlo entre la multitud, tenía una vista de lince. Toramaru supuso que, si tan asustado se veía, era que el pelirrojo ricachón no tenía la menor intención de revelarle a nadie adónde iban, ni él ni un chico de quince años, los fines de semana.
-¡Hiroto, espera! –como imaginaba, este no se paró, así que saltó con todas sus fuerzas y, segundos más tarde, se encontraba sobre el pelirrojo de piel blanca, que le miraba avergonzado. Toramaru sonrió- Hola.
-Hola…
-No sabía que venías por aquí –comentó el menor. El otro parecía incómodo.
-Ya, yo tampoco sabía… oye, no quiero ser grosero, pero ¿podrías quitarte de encima? Nos está mirando… básicamente TODO el local –añadió, nervioso; el pelinegro se apartó, no parecía muy afectado. Su amigo, por el contrario, se levantó a toda prisa, tropezando en el camino y casi volvió a caer, aunque se sostuvo, riendo nerviosamente. Tora le agarró del brazo y prácticamente lo arrastró hasta la barra.
Gina, que limpiaba un vaso, lo miró sonriéndole.
-¿Un par de copas, chicos? ¿Unos Coctel Gina-Tropic? –Tora arqueó una ceja.
-¿No será otro experimento para el concurso? –preguntó el pelinegro con desconfianza.
-Es solo un experimento, por ahora –contestó el rubio- Pero fíate, hombre –el pelinegro lo miró con desconfianza- Encima que te sirvo alcohol sabiendo tu edad –chasqueó la lengua Gina.
-Vale, ponnos dos –aceptó el pequeño. Después puso su atención de nuevo en Kiyama, con curiosidad, el cual seguía evitando sus ojos negros como si fueran los focos de una ciudad en guerra. Utsunomiya hizo una mueca, divertido- No sé por qué sigues intentando esconderte, está claro que yo sé todo lo tuyo y tú todo lo mío. Que en realidad es lo mismo, es decir, no es para tanto, somos tíos y nos gustan los tíos, ya está.
El nerviosismo de Toramaru no era para nada normal, desde luego, era como una obra de arte abstracta. Solo Yuuka se habría podido dar cuenta; ni el mejor detective de la policía con diez cámaras apuntándolo lo habría descubierto. Comenzaba a hablar sin decir nada, vocalizando mucho y despacio. Como si no fuese él el flan con patas, y estuviera intentando tranquilizar al otro.
-Yo no he dicho que sea totalmente gay aún –protestó Kiyama adorablemente; el pequeño soltó una risita.
-Totalmente gay… -sacudió la cabeza- Bueno, pues yo sí. Puedes confiar en mí plenamente –le sonrió; y Kiyama estuvo en una burbuja a partir de ese momento. No sintió las miradas de los demás perforándole la ropa, ni la inquietante y sensual conversación de Gina que hacía creer a cualquiera que estaban intentando ligar con él, lo que en realidad no hacía en absoluto- …Además, esto tiene muchas más ventajas: no tienes por qué sujetarles la puerta a las chicas, ni apartarles la silla para que se sienten, puedes entrar con tu chico en el mismo baño a echar un casquete y, a menos que estés en un bar de ambiente, ¡nadie notará nada raro! Es mucho mejor que salir de un baño de tías, despeinado, con un sujetador de encaje en el bolsillo, sobresaliendo –añadió, pensativo. Hiroto se rió, mirándole con sorna- No es, para nada, que me haya pasado alguna vez; tengo un amigo…
Hiroto plantó la taza de té sobre la mesilla, con rabia, después de la charlita de rigor con Toramaru para llorar, maldecir y criticar a su ex amante. El peli negro simplemente hizo lo que con Yuuka, era fácil. Creo que he nacido para esto, para ser un mejor amigo. Tora miró a Hiroto incluso sonreír por primera vez en la tarde y a él se le contagió la alegría. Sí, viendo lo que había conseguido, había nacido definitivamente para aquello. Aunque no para ser amigo de Hiroto…
Suspiró.
Habían llegado a la parte de las críticas, concretamente las sexuales, y le estaba resultando muy divertido escuchar esos humillantes datos acerca del que había sido su rival. Pero ahora Kiyama era suyo.
…
Midorikawa cerró los ojos intentando ignorar los gritos de Ulvida.
-No me digas que me calme, Ryuuji, ¡no me digas que me calme! –Luego puso cara de tristeza- Tú nunca me dijiste que fueras a irte tan pronto. ¡No es justo! –y se echó a llorar. Mido se mordió el labio y corrió a abrazarla (se había propuesto no hacerlo enseguida para no dificultar aún más la despedida, y no había durado ni dos minutos), sintiéndose un verdadero malvado. Ella lo apartó sin dudarlo- ¡QUITA!
El oji negro se desplomó en la cama, al lado de Reina, que sollozaba teatralmente bajo una almohada, tumbada en su habitación.
Emi, que había oído los gritos, asomó la cabeza por la puerta del dormitorio aunque cerró enseguida cuando avistó la mueca en la cara de Mido que delataba uno de esos momentos en los que era mejor no acercarse a su hermanita, aunque solo fuese por motivos de seguridad personal. Aun así, se apoyó en la puerta, para jugar a los espías.
-Lo siento, pero no puedo hacer otra cosa –se volvió a disculpar el peli verde.
Ulvida, tras una pausa de concentración, se volvió a mirarle con los ojos entrecerrados y llorosos. Se limpió algunas lágrimas con la manga de su bata.
-Podrías largarte directamente a Nueva York y avisarme de que te has ido cuando ya estés allí –le espetó, sazonando cuidadosamente sus palabras con odio-, así te ahorrarías discutir conmigo.
-Y verte llorar –añadió Mido, como si simplemente estuviese recordándole a su novia un artículo que se le hubiese olvidado apuntar en la lista de la compra. Ulvida sorbió por la nariz.
-Y verme llorar –repitió.
-¿Y dejarte pasar eso sola?
-Lo voy a pasar de todas formas, Ryuuji. Quizá sería mejor que cada uno solucionase sus lloros solo.
Después de aquello, el día fue tranquilo, tal y como los demás desde que Ryuuji había vuelto a Japón. Solo en el aeropuerto volvió a haber lágrimas por ambas partes: regresaría por Navidad, y en esas fechas ya sabría si iba a quedarse definitivamente en Estados Unidos o si podría trabajar desde su hogar.
…
La primera copa se la tomó con una tal Aoi. La segunda, con Chiasa. Después no estaba seguro de si había comenzado a charlar con un hombre cuarentón de aspecto fracasado. Y a partir de la cuarta, Kazemaru Ichirouta se preguntaba con verdadera curiosidad qué diantres había podido procesar su estúpido y borracho cerebro para que en esos momentos se encontrase recién despertado en el jardín de los Fubuki, con la ropa del día anterior y siendo empapado por los aspersores automáticos, que por otra parte llevaban horas encendidos. Ni puta idea.
Se levantó cauteloso, con el miedo de que alguno de los habitantes de la casa se asomara a la ventana, pues buena hora de levantarse ya era.
Y cuál no sería su sorpresa, al ver aparecer a Fubuki Atsuya por la esquina de la calle, y abrir la cancela en silencio. Kazemaru se quedó quieto, de pie a un lado del jardín, pero el peli rosa ni le vio. Su preocupación entonces parecía ser palparse los bolsillos. Lo hizo después más nerviosamente, con la cara pálida.
Se dio la vuelta y dio cuenta por fin de Ichirouta. Lo miró extrañado, pero se acercó, lo justo para no ser duchado por los aspersores.
-Puedes salir de esa piscina ya, si quieres –le sugirió el oji gris.
-No creas que estoy acosando a tu cuñada ni nada parecido –quiso aclarar Kaze enseguida, Atsuya rió- Estaba borracho… no sé qué hago aquí. Te lo prometo.
-A mí me da igual, peli azul, pero mejor cuídate de que Shiro no te vea duchándote en nuestro jardín. No digo que sea malo ni que no puedas hacerlo –dijo sarcásticamente-, solo que es un poco raro, ¿no crees? –Kazemaru rodó los ojos. A decir verdad, estaba avergonzado. Odiaba despertarse sin recordar nada. Atsuya se estaba riendo de él todo lo que podía y más.
-Vale, gracias por el consejo, Atsuya –contestó indiferente. Miró a la ventana que sabía que era del cuarto de Shiro y Haruna; ella estaría durmiendo en esos mismos instantes, y quizá él la abrazaba por detrás, estrechándola contra su cuerpo; estrechando a SU Haruna. Se estremeció, conteniendo un grito de rabia. Miró con veneno al pequeño de los Fubuki- Y tú… ¿tú de dónde vienes a estas horas? –Atsuya abrió la boca para protestar, no obstante su sensatez le mandó callar. Intentar una excusa solo empeoraría la situación; además, no había preparado ninguna, no esperaba encontrarse con nadie. En aquella casa se suponía que nadie se levantaría hasta pasadas las once. Pero ese maldito Ichirouta tuvo que aparecer…- Ah… -Kazemaru sonrió- Yo no he visto nada si tú no has visto nada.
-De acuerdo –Atsuya lo miró con los ojos entrecerrados. Luego los abrió de golpe, dándose una palmada en la frente- ¡Mierda! No puedo entrar sin ruido. Me he dejado las llaves.
-Usa el método Ulvida.
-Oh –exclamó el otro, pensativo- Sí, tienes razón –y se dispuso a trepar a su ventana.
El peli azul suspiró aliviado en cuanto el Fubuki desapareció hacia el jardín trasero. And this is how you remind me of what I really am. Alzó la vista. Y no pudo evitar sonreírle, loco de felicidad.
…
Lo primero que notó Haruna al despertar en casa de Shiro fue el horroroso sabor a puré de ajo en la boca. Bah. De todas formas, ella ya se lo había advertido a sus compañeros de piso: no sabía cocinar y no tenía ni la más remota intención de aprender. Pero insistían en esa mierda del reparto de tareas, así que no le quedaba más remedio que convencerles de su ineptitud culinaria con la práctica de la misma, patética e incomible a más no poder.
La peli azul oscura se levantó de la cama, se colocó sus gafas y encendió la mini cadena con el pie, dejando sonar How you remind me de Nickelback a toda leche. Shiro se levantó de un respingo, abriendo mucho los ojos y odiando un poco a su novia. Esta se encontraba junto a la puerta del balcón. Algo le llamó la atención, y salió. La música inundó la silenciosa calle en que vivían. La peli azul oscura se llevó la mano al pecho, emocionada de verlo. Y sonrió, por supuesto.
En la habitación de al lado, Atsuya aparecía por la ventana y se sacudía las manos al caer de pie dentro del cuarto. Resopló, había sido breve pero intenso. Fudo seguía el modus operandi de siempre: llegaba, te amenazaba, desaparecía unos días y luego se dejaba caer por tu barrio para convencerte con halagos. Extorsión, extorsión, extorsión, en realidad. El peli rosa solo había aceptado verse ambos porque estaba seguro de que el siguiente paso del matón iba a ser la extorsión… en otro grado. Quizá a su hermano, quizás a Yuuka. Lo que tenía claro era que no le iba a resultar nada sencillo apartarlo finalmente de su vida; pero lo intentaba. De momento, sin que sus compañeros de piso se enteraran, aunque si Fudo comenzaba a pasearse a menudo por allí, acabaría delatándole.
…
Si había subido alguna vez a lo alto de un rascacielos y mirado hacia abajo, esa no era la sensación más vertiginosa que había sentido. No. Eso lo sentía cuando encontraba inesperadamente a Kazemaru, o cuando escapaba de Shiro para estar con él, o cuando ambas cosas ocurrían. Como en ese instante.
Le dio un amistoso abrazo, y él se disculpó por aparecer en su casa a esas horas. Ni siquiera sabía por qué había venido. Ella rió con ternura todo lo que le inspiraba Ichi, y casi sin ser consciente adoptó la posición con la que lo abrazaba antes, antes de Shiro, entrelazando las manos por detrás de su cuello y cerca, muy cerca. Él no opuso resistencia, al fin y al cabo, era en parte lo que buscaba. Pero se trataba de una tentación tan grande, y estaban tan pegados, y a ella no parecía importarle que Shiro estuviese buscándola, preguntándose adónde habría ido.
Vio al mayor de los Fubuki asomarse por la ventana y mirarles, abrazados, frunciendo el ceño un poco. Ichirouta pensó en la pelea de aquella noche de fiesta. Pensó en lo unidos que estaban antes, y en la cara de idiota que Kaze había puesto cuando se enteró de que su mejor amigo le había robado a la mujer de su vida. "Quiero verte poner esa cara, Shiro Fubuki…"
Después de besarla, escuchó a Shiro gritarle, y a Haruna llorar… Se despertó en el hospital, con una máscara de oxígeno artificial en la boca. Haruna le apretó la mano suavemente y volvió a llorar un poco al ver que estaba bien.
Y aunque creía haberse librado (o perdido) de Shiro, levantó la vista y el peli plata estaba sentado en la butaca de visitas, con la mirada fija en el suelo, y tan serio como jamás lo había visto. Kazemaru pensó que estaría allí porque amaba a Haruna a pesar de todo, o porque se había preocupado por su ex mejor amigo y no quería dejarlo solo. En cualquiera de los casos, entonces sí se sintió mal.
Y pudo leer el rostro del oji gris como si de un libro se tratara.
…
Es todo lo que he podido exprimirme esta vez.
Por cierto: estoy preparando un songfic de una canción de Green Day (mi grupo favorito, que lo meto en todos lados xD), ¿os gustaría? Y os iba a preguntar si preferís un final feliz o no tan feliz (y por tanto realista ewe), pero ya sé lo que suele gustar más y eso a mí no me parece siempre bien… así que haré lo que me dé la gana, como suelo hacer -.-
Alakalufestrufen: Mmmm, nunca se había inventado (si es que lo es xD) nadie una palabra para describir mis fics. Me gusta. Por otro lado, tampoco esperaba un aluvión de reviews: es normal, y es difícil retomar así una historia pero no tenía tiempo. Y por último, muchas gracias por comentar, había olvidado la ilusión que me hacían los reviews :P
¡Chao, criaturitas del demonio, os quiero!
Aika~
