Jugando con Fuego.
BPOV
- ¡No me puede dejar así! - Lancé un cojín por la habitación, furiosa, tratando de desquitarme con algo que no fuera Alice - ¡¿Quién se cree que es? ¿Cree que es taaan importante como para haberme dejado tirada en la cama? ¡¿Eh?
- Bella, tienes que calmarte un poco…
- ¡No me calmo! ¡Él es un estupido! – Chillé, lanzando otro cojín - ¡No me puede dejar sola en la cama después de que tuvimos toda una noche de sexo maravilloso y apasionado!
Alice hizo una mueca, no se si intentaba no reírse o simplemente le pareció asqueroso.
- Creo que…
- ¡Tienes que ayudarme! – le rogué, arrastrándome sobre la cama hacia ella – Eres mi amiga, ¡tienes que ayudarme a vengarme!
- Pero Bell…
- O no, mejor le hacemos la ley del hielo, ¿te parece? – pregunté, con mi mente trabajando a toda velocidad.
- No creo que…
- ¡Escúchame! ¡Tienes que darme alguna idea!
- Yo…
- ¡Ya…!
Hubo una ráfaga de viento, y al segundo después, un plaf. Mi cara quedo orientada hacia otro lado, de una forma casi sobrenatural.
- Ahora me vas a escuchar, Isabella Marie Swan – ordenó, apuntándome con su pequeño dedo en forma de amenaza – Pareces una histérica cualquiera.
- Pe-
- ¡Shhhhh! – Su mano amenazó con golpearme otra vez, y decidí guardar silencio – Tú no eres una babosa, ¡no entiendo que te pasa! Jamás te habías puesto tan histérica por algo así, siendo que en tus aventuras con Garret siempre ocurría. ¡Incluso con el chico de la fiesta de fin de curso!
Gruñí.
- No necesito que me deprimas más, Allie.
- No quiero deprimirte, todo lo contrario: solo quiero saber por que el hecho de que Edward Masen te haya dejado sola en tu cama es diferente a las otras veces.
- Mira…
Guardé silencio. ¿Que iba a decir? ¿Yo iba a decir algo?
Intenté rebuscar la respuesta en mi mente, pero no llegó. Quizás Alice tenía razón; realmente podría ser diferente a las otras veces. Pero, ¿Por qué?
- Yo…creo que no lo se – acepté, jugando con mis manos.
Ella sonrió.
- Lo sabía – dijo con superioridad.
- ¿Qué sabias?
- Que tú no sabias.
EPOV
Llevaba cuatro días en cama. Cuatro días, y mi espalda crujía cada vez que me movía entre las sabanas, intentando encontrar alguna posición lo suficientemente cómoda como para que me entrara sueño. Dormir era lo único que lograba sacarme las imágenes de la cabeza, a penas.
Yo no quería recordarlo. Temía recordar como se sentía su piel con la mía, el olor de su cabello, sus fuertes y tersas piernas en mi cintura, la suavidad de sus manos y sus uñas hincándose en mi piel. Me daba miedo extrañarla lo suficiente como para ir a buscarla de nuevo.
Yo sabía que no era solo sexo. Lo tenía tan claro, era algo tan palpable dentro de mí, tan nuevo…
Al menos por mi parte, claro. Bella solo seguía siendo Bella, para ella el sexo seguía siendo sexo, y el odio seguía siendo odio. Ella no estaba pasando por lo mió, ella no despertó a mi lado y supo que era incapaz de levantarse. Ella no tuvo que hacer un esfuerzo inhumano para irse.
Suspiré pesadamente, tapando mi cabeza con la almohada para tratar de bloquear mis pensamientos; no quería seguir recordando. Por alguna razón que no lograba comprender, la seguía extrañando, lo sabia por que no era la primera vez que sentía ese vació horrible en mi pecho. Y no me gustaba sentirlo.
- ¿Edward? – preguntó mamá, tocando suavemente la puerta - ¿Puedo pasar?
No tenía la puerta con seguro, ella simplemente sabia que no quería que nadie entrara.
- Pasa.
La puerta crujió levemente al abrirse. Esme entró con cuidado, tanteando el terreno, como si hubiera una banda alrededor de mi cama que dijera "Peligro". No se que la hacia pensar eso.
- Edward, cielo…
- Mamá, realmente no quiero escuchar tus palabras de consuelo – le corté inmediatamente.
Ella sonrió cariñosamente.
- Ya estas demasiado grande para esas cosas supongo – se sentó en el borde de mi cama y acaricio suavemente mi mejilla, despejando mi frente de los revoltosos cabellos aplastados – Solo quiero decirte que quizás, solo deberías dejar que las cosas pasen. Por algo estarán ocurriendo, aunque no puedas entenderlo aun.
No quise pensar en sus palabras. Si comenzaba a analizarlas, todo terminaría enredándose más dentro de mi cabeza.
- Gracias, ma – fue mi respuesta automática, intentando sonreír.
- Para algo tiene que servir tu vieja madre – se levantó y jaló de mi mano – Vamos, necesitas hidratarte y comer algo. Y quizás, si no es mucho pedir, una ida al baño.
Reí ligeramente, intentando enderezarme un poco para ponerme de pie. Mi espalda volvió a crujir, y me quejé.
Para mi sorpresa – o quizás ni tanto, puesto que prácticamente vivía en mi casa – Jasper estaba husmeando en mi frigorífico, mientras tarareaba una alegre canción.
- Hazme un sándwich a mi también, si no es mucha molestia – le pedí a la vez que golpeaba su trasero – Y con harta mayonesa…
Él pegó un grito y se dio la vuelta, sobándose el trasero.
- Gay asqueroso… - murmuró, dándome una mirada envenenada. Se quedó en silencio, sin dejar de observarme mientras yo llenaba un vaso con agua - ¿Edward?
Alcé las cejas mientras llevaba el vaso a mi boca. Jasper me apuntó con su dedo, acusadoramente.
- ¡Te pareces a Drácula! – Gritó, saltando sobre sus propios pies - ¡Estas feo y paliducho! ¡Y tu pelo esta asqueroso!
Suspiré. ¿Qué podía yo decirle? No sabía si realmente me veía tan feo como Drácula, pero si sabía que mi estado era horriblemente asqueroso.
- O puede que te parezcas más a un zombie, a esos de Resident Evil – caviló, frotando su barbilla y mirándome pensativo - ¿Qué opinas?
- Que este zombie-drácula se muere de hambre. ¿Serias capaz de dejar de mirarme y hacerme el maldito sándwich?
Jasper rió, haciendo una reverencia.
- Como usted ordene, Señor Draculeitor.
Volví a suspirar, sentándome en una de las sillas de comedor de diario (1).
- Entonces, ¿Qué te trae al mundo exterior? – preguntó mi amigo, colocando dos platos sobre la mesa y sacando los ingredientes.
- Esme fue a buscarme al cuarto a darme "apoyo moral" y a pedirme que por favor me hidratara.
Él rió, pero fue algo breve. Guardó silencio varios minutos, y noté que algo quería decirme.
- Bella esta muy molesta contigo.
Agaché la cabeza, queriendo no haber oído eso.
- ¿Cómo lo sabes? – pregunté en voz baja.
- Alice me lo dijo.
- Oh, claro.
Ambos callamos. ¿Qué se supone que debía decirle? Era mi mejor amigo, no mi consejero o mi sicólogo.
- No crees que…no se, ¿deberías haberte quedado? – Sugirió, observando con demasiado interés la lechuga cortada – Te estarías ahorrando todo este lió.
- ¿Crees que no quise hacerlo? – Pasé la mano por mi grasoso cabello y comencé a caminar por la cocina, nervioso - ¡no sabia que decirle! No quería serle indiferente, pero tampoco quería decirle "Claro, puedes meterte en mi cama cuando te plazca". ¡No sabia como actuar! Estamos hablando de Bella, ¿Entiendes?
- Yo creo, sinceramente hablando, que te estas complicando demasiado. ¡Es una mujer, como cualquier otra! Te has acostado con varias, ¿no?
- ¡Por supuesto! No es como si fuera un niñito virgen.
- ¡¿Entonces?
- ¡No lo se!
Jasper apretó con fuerza la botella de Ketchup, embarrando mi hamburguesa. La cerró y me lanzó el plato por la mesa, dejándolo justo al borde.
- Ahí tienes – se limpió las manos y comenzó a comer – deberías hablar con ella, entonces.
- ¿No has escuchado nada de lo que he dicho? ¡No se que decirle, Jazz! ¡Ni siquiera creo poder ser capaz de mirarla a los ojos!
- Algo te esta pasando, Edward Masen – dijo, analizándome fijamente con la mirada, como si yo fuera un experimento – Y voy a descubrir que es.
Suspiré, agarrando mi sándwich.
- Suerte con eso.
- Por favor.
- No.
- Te lo ruego.
- Ni en tus sueños.
- ¡Por favor!
- ¡No!
Alice pateó mi pie, intentando quitarlo de la puerta para poder cerrarla. Yo no iba a dejar que cerrara esa puerta.
- Solo cinco minutos.
- ¡Ni siquiera un segundo, Edward! ¡Saca tu maldito pie! – chilló. Sus mejillas estaban encendidas y seguía golpeando con insistencia mi pie.
- Necesito hablar con ella, Al. Es importante.
- No me importa, no vas a acercarte a mi amiga, ¿Entendiste? – Me miró por entre la puerta, retándome con la mirada – Ahora, has el favor de sacar tu pie y dejar de empujar la puerta. ¡Arruinas mi uñas!
Gruñí, empujando con más fuerza la puerta. Un duende no podía soportar tanto tiempo, ¡y yo necesitaba entrar en ese mismo instante!
- Alice, no me obligues a hacerlo – le pedí. Ella solo sonrió – Okey, que conste que tú lo pediste.
Quité el pie de la puerta, posicioné bien mis manos y empujé con todas mis fuerza, sosteniendo la puerta antes de que aplastara a Alice contra la muralla.
- Gracias – le sonreí, entrando descaradamente en la casa y dejándola allí, medio aturdida.
Todo estaba extrañamente tranquilo. La televisión estaba apagada al igual que la radio, y una suave luz se filtraba por el cristal de los ventanales de la sala. Era sobrecogedor.
- ¿Al? ¿Qué ocurre? No me digas que volviste a quebrarte una uña…
Alice entró corriendo y me empujo, pero Bella ya había salido de su habitación.
- ¿Por…? – su mirada se detuvo en la duende, y luego en mi – Demonios.
- Le dije que no pasara, pero me aplastó contra la muralla y entró – se defendió Alice, lanzándome rayos láser con los ojos.
- Quiero que te vayas – me ordenó la chica de cabellos castaños, quien solo vestía unos shorts de satín y una remera a rayas.
- Be…
- Te lo estoy pidiendo de buena manera.
- Déjame explicarte.
- ¡No! – Sus mejillas se encendieron instantáneamente - ¡Vete!
- No voy a irme – me acerqué a ella, pero Alice se interpuso en mi camino – Me estas haciendo perder la paciencia, duende.
- Edward, de verdad no quiero meterme en todo esto, pero no creo que sea el mejor momento…
- ¡No pueden decirme que no es el mejor momento! – Miré a Bella directamente a los ojos, sintiéndome herido y enojado – Lo siento, ¿Si? No quise irme. No me importa si piensas que soy un cobarde o un maldito marica, ¡pero no puedo quedarme sin decir nada, por el amor de Dios!
Ella mordió su labio con fuerza, reprimiendo algún sentimiento que claramente no quería mostrarme.
- No quiero escucharte.
- Mientes – trate de acercarme, pero Alice no se movió – Serias una cualquiera si no quisieras una explicación.
- ¡¿Me estas diciendo puta?
Cerré mis ojos con fuerza. Deseaba con todo mi corazón poder romper algo, cualquier cosa, y si Alice no se quitaba de en medio, no me quedaría más opción.
- Estoy intentando explicarte, Bella. No quiero que sigas odiándome.
- Vete al carajo, Edward – fue su única respuesta. Pasó por mi lado sin siquiera tocarme, y al segundo escuche como la puerta se cerraba tras su paso.
Me quedé congelado en mi lugar. Sentía como si me hubieran dado la bofetada más grande de toda mi vida.
Alice me miraba fijamente, intentando descifrar cual seria mi siguiente movimiento, si es que tenia en mente alguno. Yo sentía que mi cuerpo quería correr tras Bella, pero me daba miedo sufrir otro rechazo que doliera más que el anterior. No sabia el por qué debía dolerme, pero lo haría. Además de sufrir, probablemente, humillación publica. ¿Valía la pena correr tras ella, entonces?
Sí.
Parpadeé repetidas veces para despejar la niebla de mi mente. Alice seguía observándome fijamente, pero no le presté atención a su interrogante mirada. Simplemente corrí hacía la ventana, para ver a Bella saliendo del edificio como una ráfaga de viento. Revolvió sus locos cabellos, disponiéndose a cruzar la calle…
Mis manos golpearon con fuerza el cristal
- ¡Bella, cuidado!
BPOV
Sentía las lágrimas arremolinarse en mis ojos, decididas a resbalar con un solo pestañeo. Mordí con fuerza mi labio nuevamente, intentando ver las escaleras por las que prácticamente estaba volando.
No, yo no sentía pena. No estaba molesta ni enojada, yo solo…me sentía humillada. Puede que fuera por que dejar a una mujer en la cama para mi era decir "no me importa lo que pasó, borrémoslo"…o quizás por que viniendo de él sonaba mucho peor. Yo no era santa, pero el sexo tampoco me parecía un juego. No quería jugar con algo tan cargado de emociones fácilmente confundibles.
Pasé como alma que lleva el diablo por el vestíbulo del edificio y salí a la luz de la calle. Estrujé mis ojos con fuerza, queriendo sacarme esas estúpidas lágrimas de los ojos. ¡No tenían sentido!
Escuché un chirrido de ruedas. Luego, una bocina. Varias bocinas.
- ¡Niña, cuidado!
Retiré mis manos, pero solo pude ver un borrón y luego, el suelo. La presión había echo salir de golpe el aire de mis pulmones, cortándome la respiración dolorosamente. Mi mejilla golpeo el piso de cemento, pero es fue todo. En realidad, no podía decir claramente que era lo que había sucedido.
Abrí los ojos a la fuerza, pues prefería no enterarme de que tragedia me había pasado ahora. La gente estaba expectante alrededor mío, observándome con ojos de espanto y bocas abiertas.
- ¡Llamen a una ambulancia! – gritó una mujer desesperada, moviéndose de un lado a otro.
- ¿Te encuentras bien?
Unas grandes y calidas manos me tomaron suavemente de la cintura y me dieron vuelta, dejándome cara a cara con el rostro más preocupado que había visto en toda mi vida. De alguna forma quería decirle que si, solo para aminorar aquel sentimiento que lo mantenía frunciendo el ceño.
- Parece que esta en shock – opinó un señor que también me observaba – Será mejor llevarla a un hospital ahora, la ambulancia llegara con suerte dentro de una hora.
- ¡No! – exclamé. No quería y tampoco necesitaba ir a urgencias – Yo…creo que estoy bien.
Todos guardaron silencio, como si me creyeran una loca.
- ¿Segura? – Preguntó el chico que estaba a mi lado – Te vez algo…pálida.
- Soy así.
Él rió ligeramente.
- ¿Puedes levantarte?
Se puso de pie y me tendió su enorme mano, que junto a la mía parecía la mano de Godzilla. Tiró de mí, y yo tambaleé.
- Woha – me sostuvo de la cintura – Creo que seria mejor llevarte al hospital.
- No, por favor – le rogué, intentando colocar la cara de borreguito que solía usar Alice – En serio, estoy perfectamente bien.
Él me sonrió, mostrando una dentadura perfectamente blanca.
- ¡Bella!
Me giré precipitadamente. Alice y Eward venían corriendo hacía mi desde el edificio, visiblemente asustados.
- ¡Oh, Bella, por el amor de Dios! – La pequeña duende se lanzó sobre mí, abrazándome con fuerza - ¿Qué ha ocurrido? ¡No puedo creer que seas tan despistada!
Me reí.
- Sí….lo siento, no vi la calle al cruzar, eso fue todo.
La gente comenzó a dispersarse, perdiendo el interés en la escena; nadie había salido herido, así que no había nada que valiera la pena mirar.
- Eres un caso perdido – Alice rió con nerviosismo, abrazándome nuevamente – Si no hubiera sido por este apuesto chico, quien sabe que hubiera pasado.
Mi mirada inconcientemente se dirigió a Edward, quien permanecía en silencio, observando fijamente a mi salvador.
- Cierto – me volví hacia el muchacho moreno de ojos chocolatados – Muchísimas gracias, de verdad. Te debo la vida.
Él rió, de nuevo.
- No fue nada – golpeó mi hombro con suavidad – Estoy en este mundo para salvar damiselas en apuros, como tú.
Me sonrojé ligeramente.
- Soy Bella – le tendí mi pálida mano.
- Jacob – la sujetó, y vi como desaparecía en la suya, enorme y oscura – Jacob Black.
- ¿Te gustaría entrar? – le ofreció Al, apuntando a nuestro edificio – Supongo que podrías aceptar un vaso de agua o algo por el estilo.
Él volvió a sonreír.
- ¡Claro! Me hubiera sentido ofendido si no – bromeó, encaminándose junto a mi amiga.
Iba a seguirlos, cuando una suave mano me sostuvo del brazo.
Edward.
- Bella…
- Edward, de verdad, acabo de sufrir un accidente – intenté hacerme la victima ante su mirada – Estoy cansada y no creo estar en condiciones ni tener las jodidas ganas de echarme encima tus excusas, o lo que sea que quieras decirme.
Él pasó una mano por sus cabellos, desordenándolos aún más.
- Supongo…que lo entiendo – se acercó un paso, pero yo retrocedí otro. Masajeó sus sienes - ¿Puedo pasar a hablar contigo mañana?
Me lo debatí por un momento, e intente analizarlo al estilo Alice: Sí Edward quería hablar conmigo, debía ser por algo. Demoró en llegar, pero al final vino a dar una explicación. ¿Qué otra razón que no fuera arreglar las cosas podía tener?
- Voy a meditarlo – respondí.
Él suspiró, pero no parecía abatido ni nada por el estilo. Era un simple suspiro.
EPOV
No podía encontrar ninguna posición cómoda. Me daba vueltas y vueltas entre las sabanas, inquieto, expectante. ¿Qué demonios me estaba ocurriendo? ¿Qué era lo que se me estaba pasando por la cabeza? No, ella no podía importarme tanto, no era sano, ni siquiera me parecía normal. ¿El mundo se estaba dando vuelta?
Dios, no, no podía estárseme pasando por al cabeza. ¡No, no! Eran solo juegos de mi mente, nada más.
No podía ser nada más.
En alguna parte, muy en el fondo de mi yo, sabia que estaba tratando de tapar todo. No había forma de olvidar el enorme y largo latido que se salto mi corazón cuando creí que podría perderla de un segundo a otro. Perderla. ¿Es que ahora me la estaba adjudicando?
Tranquilo, Edward. Solo…solo respira hondo, y deja de comportarte como un jodido marica.
Mi móvil vibro sobre la mesita de noche. Encendí la luz al instante y lo tomé.
"Solo media hora"
B-
Y mi corazón volvió a saltarse otro latido.
Chicas! Espero que les haya gustado el capitulo (:
Si, se que no tengo perdón. Pero no se de que forma volver a explicar que también tengo otras prioridades, y que odio escribir bajo presión. Para mi escribir lo es todo, pero también tengo una vida y bueno, yo escribo cuando siento que debo hacerlo. Muchas gracias por haberme esperado (:
Leí algunos comentarios en los que me pedían que el nuevo de la historia no fuera Jake. Respeto su opinión con respecto a él, pero es uno de mis personajes favoritos y quería tenerlo aquí. Prometo que no va a ser muy relevante, no será un gran obstáculo entre nuestros queridos protagonistas ni nada parecido. Si aun así no les parece, las invito a dejar la página. No va en mala, en serio, pero no quiero palabras de odio hacia él, ni menos contra mí. Gracias (:
En fin, espero recibir lo reviews que creo aun merecer xD Las quiero! Esta vez no tardaré tanto para el proximo cap, lo prometo!
Oh, con respecto a las frases que deje la vez pasada, tuve que aplazar algunas que no entraban aquí.
Sammy!
