Atrapado

BPOV

Jugué con mis manos toda la mañana, y luego toda la tarde. El reloj parecía pasar lentamente, o puede ser que no haya encontrado nada interesante que hacer para mantenerme distraída. De cualquier manera, no encontraba forma de mantener mi cabeza lejos de él, o de la puerta.

Cuando finalmente el timbre sonó, mis piernas se volvieron gelatina.

- Bella, debes tranquilizarte – me pidió Alice, masajeando mis hombros – Y mantener tu mente en frió. Debes ser dura y fuerte, ¿entendido?

- ¿Aja?

Ella se puso frente mí y me miró fijamente, entrecerrando los ojos.

- No me convences.

- Yo tampoco – me reí histéricamente.

-No puedes caer en sus juegos de nuevo, Bella. Aunque bueno, yo insisto en que sus razones habrá tenido…

- No voy a caer, Al. Me lanzaría de la torre Eiffel antes de volver a acostarme con ese tipejo – le aseguré, manteniendo mi postura firme.

Ella volvió a analizarme.

- Nuevamente, no me convences.

Ni yo.

EPOV

Creo que no dormí en toda la noche pensando en que decirle a Bella. Quería encontrar las palabras adecuadas, perfectas, para no tener más malos entendidos con ella, pero nada era lo suficientemente bueno.

Estuve aplazando el momento todo el día. No es que no quisiera ir, me moría por ir, pero tampoco quería que Bella pensara que yo estaba completamente desesperado por verla.

Vaya, si que estaba desesperado por verla.

A eso de las ocho, se me ocurrió que quizás solo me estaba comportando como un cobarde. Es decir, dejaba pasar los segundos argumentando que tenia que hacer esto aquí, esto allá, hasta que finalmente, no me quedó nada más que hacer que ir a enfrentarla cara a cara.

Rogaba a Dios que todo saliera bien.

Di una corta mirada al espejo, levantando mi cabello y fijándome en que no quedara ni un rastro de barba en mi rostro. Chequeado todo, salí del apartamento y, en dos pasos, estuve frente al de Bella. Mis manos comenzaron a sudar, lo cual me hizo sentir estúpido. ¿De verdad estaba nervioso por culpa de una chica? No, Edward Masen no podía ponerse como un idiota por culpa de una simple niñita con la cual solo había dormido una noche. ¡Jamás!

Toqué el timbre sonriendo, sintiéndome valiente y quizás un poco engreído. Lamentablemente, fue solo el segundo de valentía, pues cuando escuche pasos hacia la puerta estuve a punto de vomitar lo poco y nada que había comido.

Y allí estaba. Ella, tan bella y extrañamente atrayente como siempre. Sentí un revoltijo en el estomago que no tenia anda que ver con vomitar, y me sentí estúpido y avergonzado de mi mismo.

- Hola – me saludó, mostrándose fría pero haciendo que sus rosadas mejillas la delataran.

- Hola – sonreí, con las manos en los bolsillos - ¿Puedo?

- Claro, pasa – se movió hacia un lado y me dejó entrar, cerrando la puerta detrás de mi

El apartamento estaba completamente vacío, lo que me hizo pensar si, a solas con Bella, yo seria capaz de controlarme. No es que fuera a abalanzarme sobre ella en cualquier momento, solo…eh…

- ¿Y los demás? – pregunté, sintiéndome demasiado nervioso. ¿Qué demonios me estaba pasando?

- Salieron – respondió simplemente, cruzándose de brazos y apoyándose en una de las murallas.

Silencio. Y luego, más silencio. Mis manos temblaban. ¿Eso estaba bien?

- ¿Y…? – Ella parecía molesta – Te dí media hora. ¿Esperas alguna señal?

Apreté los puños. ¡No era fácil! Menos si ella se ponía en esa pose y me miraba con furia. Me estaba asustando.

- No sé como empezar…

- Pues por el principio, supongo. Podría ser desde la parte en la que se te pasó por la cabeza dejarme sola en esa cama.

- Bella…

- O lo fácil y satisfactorio que debe haber sido acostarse conmigo al fin, ¿no?

- Escúchame…

- ¡O quizás, la forma en la que debes de haberte reído de mi después de que lo hicimos!

- ¡Bella, estas diciendo cosas sin sentido! ¡Jamás haría eso!

- ¡Entonces habla! ¡Dime lo que me viniste a decir, y luego vete!

- No creo que hablar de esto sea la mejor forma de solucionarlo.

- ¡¿Entonces a que demonios viniste?

No sabía que decir. Sinceramente, lo único que pude hacer en ese momento fue acorralarla contra la muralla, tomar su cara entre mis manos y besarla. Besarla con furia, con enojo, con pasión. Besarla a la fuerza, apegando mi cuerpo al suyo, callándola. Pero luego, el beso ya no era como en un principió. Ahora era un beso correspondido, un beso suave y cálido, un beso con demasiadas emociones como para describirlas. Mi corazón palpitaba demasiado rápido y mi cuerpo se estremecía a cada segundo, mientras las manos de Bella recorrían mi cuello y se afirmaban de mi camiseta.

Definitivamente, eso era todo lo que yo quería decir. No tenía mucho sentido, y no podía explicarlo con palabras…pero era eso, simplemente.

Nos separamos con lentitud, juntando nuestras frentes y respirando agitadamente. Tuve la tentación de volver a besarla, pero sentía que no era el momento. No todo puedes taparlo con un beso.

- ¿Qué…q-qué fue eso? – preguntó con la voz ronca.

Acaricié instintivamente su mejilla, aún sosteniendo su rostro entre mis manos.

- Mi forma de decir lo siento – respondí, mirándola directamente a esos enormes ojazos achocolatados – Me asusté, Bella. No puedo explicarlo ahora, por que realmente no quiero sonar como un ñoño – ella rió -, pero te puedo jurar que jamás había estado tan arrepentido de una cosa en toda mi vida. Por favor, perdóname.

Bella mordió dulcemente su labio, sonrojándose un poco. Se veía completamente adorable, y las ganas de abrazarla fueron enormes. No quería acostumbrarme a esas sensaciones, pero tampoco podía luchar contra ellas. Llevaran a donde me llevaran, quería intentarlo.

- Esta bien. Te perdono – respondió, sonriendo y separándose un poco – Pero no…

La besé. De nuevo. Pero esta vez, ella respondió a mi beso de inmediato, enredando sus dedos en mi cabello.

- No lo haré nunca más, lo prometo – susurré con voz ronca, para luego volver a atacar sus labios.

Oh, esos dulces y suaves labios…

Sujeté sus caderas contra las mías, apegándonos para sentirnos el uno al otro. No podía separar mi boca de la suya, tampoco alejar mis manos de su cuerpo. La levanté y ella enroscó sus piernas en mi cintura, soltando una risita nerviosa mientras seguíamos besándonos y yo la sostenía desde sus nalgas. Caminé unos pasos, pero al final terminé recostándola sobre la suave y mullida alfombra blanca.

- Lo siento, no alcanzo a llegar a tu cama – murmuré, atacando sus labios nuevamente y metiendo mis manos por debajo de su holgada blusa morada, abriendo los broches de un tirón.

Su sujetador negro me dejo totalmente noqueado por segundos inimaginables. Acaricié el encaje con suavidad, siguiendo la curva de sus pechos hasta avanzar por su espalda y llegar al broche del sostén. Lo abrí en un segundo, y luego desapareció en algún lugar el salón.

Bella rió, pero en el momento en el que comencé a atacar sus pechos cualquier rastro de risa se transformó en un quejido que tensó todos mis músculos.

Me esforcé por hacerla sentir en el cielo, tocando los lugares exacto aplicando las caricias precisas, besando sus dulces y adictivos labios mientras iba quitando sus prendas – y de paso, las mías – en el camino, desnudando su bello y pálido cuerpo.

Jamás me había sentido más vivo que en ese momento, haciéndole el amor a Bella Swan.

BPOV

Sí, ya sabía que lo que estaba haciendo era una tontería. Lo había perdonado en menos de cinco segundos, pero no podía resistirme a Edward, a su cuerpo, a sus hermosas palabras.

Así que henos aquí: ambos recostados en la alfombra del salón, apoyados el uno en el otro. Mi cabeza descansaba sobre su pecho, mientras él jugaba con los rizos que caían por mi espalda. Parecía algo tan natural y relajante, que mis ojos luchaban por cerrarse.

- ¿Cómo puedo estar segura de que al despertar estarás aquí? – pregunté, pasando un brazo por su cintura.

Él rió suavemente, haciendo vibrar su pecho.

- No te preocupes, no pienso irme – susurró, enredando sus dedos en mi cabello.

Suspiré, cerrando mis ojos. Era tan relajante oírlo hablar…

Lentamente fui perdiendo la conciencia, mientras Edward tarareaba una hermosa melodía que me hacía sentir tranquila y segura entre sus brazos, envuelta en su aroma tan…tan…

Ring. Ring.

Oh, no… por favor, que ese no sea el timbre…

Ring. Ring.

Lo ignoré, al igual que Edward. Este momento era perfecto, nadie me lo arruinaría.

Ring. Ring. Ring. Ring.

¡Maldita sea!

- ¿Bella? ¿Al? ¿Están allí? – preguntó una voz ronca y profunda detrás de la puerta.

Abrí los ojos de golpe.

- ¡Jacob!


¡TARÁN! Les dije que no tardaría tanto esta vez, a pesar de que recibí 3 reviews…pero bueno, supongo que me lo merezco xD

Pido disculpas por algunos errores dentro del fic que no había notado. Por ejemplo, lo de Esme, ya que la madre de Edward aquí es Elizabeth, y lo del apellido del susodicho, pues la verdad no suelo usar el apellido Masen en ninguno de los otros fics, pero Cullen si xD Gracias a Wolfprincess por decírmelo (:

En fin…espero que les haya gustado el capitulo! La verdad, ya estamos más cerca del final…en el otro capitulo harán aparición Rosalie y Emmett al fin xD Así que nos leemos pronto!

Sammy!