Naruto propiedad de Masashi Kishimoto
Solo la trama de esta historia es de mi autoria.
.
.
.
…
La madre virgen
.
.
.
.
.
Capitulo XVII
De paseo
.
.
.
Estaba más serio de lo normal, desde que entró a la oficina permaneció callado, ni siquiera le indicó los deberes de ese día, se limitó a verla de reojo y concentrarse en el monitor de la computadora.
No entendía muy bien su comportamiento, Sasuke era algo frío a veces, pero nunca dejaba de darle los buenos días cuando llegaba a la empresa. Sin soportar más tiempo aquella conducta del azabache, se decidió a ser la primera en hablarle.
-¿Pasa algo? –preguntó sentándose frente a él y mirándolo a los ojos.
Le regresó la mirada y se alzó de hombros, parecía que sería su única respuesta.
-Pareces enojado, ¿hice algo mal? –cuestionó preocupada.
-¿Por qué no me dijiste que no tenías quien cuidara de Naruto? –soltó serio.
-¿Ehh?, pues…pues porque no es tu problema, es decir, no tengo porque preocuparte con mis asuntos –explicó antes de que él se ofendiera-, Gaara te lo dijo –supuso.
-Hmp, no tuvo de otra, estaba con él cuándo lo llamaste. Si te soy sincero me extrañó que no acudieras a mi, hubiera encontrado la manera de ayudarte –señaló algo resentido.
-Ya te dije, no quería causarte molestias, además, ¿Cómo me habrías ayudado? –se sintió más tranquila al saber que no había hecho algo malo para que él estuviera enojado.
-No lo sé, darte el día, o en el extremo caso permitir que lo trajeras a la oficina –respondió sincero.
Abrió los ojos sorprendida, ¿Sasuke en serio hubiera accedido a que ella faltara?, mejor que eso, ¿le habría permitido llevar a Naruto al trabajo?
-No me mires así, no soy un gendarme, entiendo que puedas tener ese tipo de emergencias.
-Gracias Sasuke, esto significa mucho para mi –sonrió agradecida.
-Hmp, de nada, total, preferiste llamar a Gaara antes que a mi –señaló receloso.
-Bueno, es que, aquí entre nos… -se ruborizó un poco y desvió la mirada- si Gaara cuida bien de Naruto, ahora si ya no tendré alguna duda para decirle que si –confesó emocionada.
Otra vez la misma sensación de la noche anterior lo recorrió, ¿molestia, enfado, incomodidad, preocupación, celos?, no, celos no, tal vez se sentía desplazado, después de todo él creía que Sakura le tenía la suficiente confianza como para pedirle cualquier cosa.
-Espero que Naruto esté bien, no está muy acostumbrado a Gaara, es más, a veces pienso que le desagrada –siguió hablando la pelirosa.
-¿Ah sí? –sonrió interesado, ella ni lo notó.
-Bueno, deben ser solo ideas mías, seguro Naruto está de lo mejor –despejó las preocupaciones que la asaltaron de pronto.
.
.
.
Acomodó al pequeño rubio en su cama, desde que Sakura se lo había encargado, el hermoso niño permanecía dormido, se lo llevó a su departamento para estar más cómodo, además de que aprovecharía para realizar unos planos mientras Naruto seguía durmiendo.
Antes de salir de la habitación, un pequeño quejido lo detuvo, volteó alarmado y descubrió que el oji azul se removía inquieto, estaba a punto de despertar. Se acercó de nuevo hasta él, el niño abrió los ojos y los enfocó en él.
-Hey, ya despertaste –le sonrió amistosamente.
El pequeño se puso nervioso y comenzó a desfigurar su rostro en pequeños pucheros.
-Ay no, conozco esos gestos, sé lo que viene –cerró los ojos al escuchar el potente llanto de Naruto -. Tranquilo bebé, tío Gaara te cuidará el día de hoy, ya no llores –lo cargó para tratar de calmarlo.
El menor se revolvía intranquilo en sus brazos, al parecer no quería permanecer quieto.
-Tal vez tengas hambre –se le ocurrió, se acercó a la pañalera y sacó las papillas que Sakura le indicó darle cuando tuviera apetito.
Salió a la cocina para buscar una cuchara, la tomó y caminó después a la sala, se sentó en el sillón más grande, y colocó al rubio en la esquina mientras abría el recipiente.
-Mmm, brócoli con zanahoria –olió el contenido del envase y arrugó la nariz, esperaba que a Naruto le pareciera más delicioso de lo que le parecía a él.
Intentó alimentar al pequeño como sabía que se hacía, usando la cuchara como si fuera un avión.
-Ahí viene el avioncito –jugueteó con el cubierto haciéndolo serpentear por el aire antes de llegar a la boquita del niño.
Los ojitos azules del rubio no dejaban de seguir la cuchara, cuando estuvo cerca de él, abrió sus labios, el pelirojo suspiró tranquilo al verlo probar la papilla.
-¿Te gustó? …diablos, parece que no –lo vio escupir la comida y hacer muecas de desagrado- ¿Qué tal si te pones a caminar un rato?, ¿quieres tu andador? –se le ocurrió parándose y yendo por el carrito- Sube, ahora podrás hacer lo que quieras –lo acomodó y observó como el pequeño le regalaba una sonrisa.
Comenzó a pasear por toda la casa con la ayuda del andador, al verlo tan entretenido y contento, decidió ponerse a trabajar.
.
.
.
Esperaba impaciente la respuesta de su jefe, era el primer reporte que hacía sin ayuda de nadie, temblaba ante la sola idea de que Neji se lo aventara por la cabeza pidiéndole que lo corrigiera. El castaño solo fruncía el entrecejo y continuaba leyendo, no pronunciaba sonido alguno, sus perlas recorrían las líneas cuidadosamente. Al finalizar de leer, suspiró hondamente y se llevó la mano a la frente, luego se recargó sobre su silla y finalmente la miró.
-Pensé que nunca llegaría este día. Muy bien Tenten, tu trabajo es impecable –sonrió levemente.
-¡Oh por Dios!, ¿habla en serio? –preguntó aun incrédula.
Él asintió con seguridad y continuó observando la exagerada reacción de su asistente, que ahora además de sonreír como loca, saltaba de gusto.
-¡Lo logré, lo logré! –brincaba sin parar, olvidándose de la mirada divertida de su jefe.
-¿Qué te parece si para celebrarlo salimos a cenar? –se le ocurrió decirle haciendo que ella parara inmediatamente su festejo.
-¿Ehh?
No se lo creía, Neji Hyuga, su altivo y estirado jefe, ¿la estaba invitando a una cita?, se sorprendió la de ojos cafés. "¿Qué le diré?, pues obvio que no, ¿Qué tal si me pasa lo mismo que le pasó a Sakura con Itachi?", se debatía en su mente, "bueno, Neji no es como Itachi, ¡ja!, ya quisiera", comenzó a morderse las uñas con nerviosismo. "Rayos, me mira como si le urgiera mi respuesta… ¿será una broma?"
-No veo porque lo piensas tanto, anda, creo que te lo mereces –habló sincero, su mirada no era de burla ni mucho menos, Tenten supo que decía la verdad.
-Mn, es que, no lo sé, no quiero que se moleste… -bajó la mirada avergonzada.
-Paso por ti a las ocho, y no se hable más –decidió-, ahora, volvamos al trabajo –ordenó disimulando otra sonrisa al verla sonrojarse.
.
.
.
"Un simposio de Bienes Raíces, hmp, que pérdida de tiempo, además inicia en dos días", revisaba sus correos atrasados, esperaba que Itachi se encargara de eso, lo que menos le apetecía era salir de la ciudad. Casi se llegaba la hora de comida, no tenía pensado ir a ninguna parte, había bastante trabajo que hacer, así que le pediría a Sakura que comieran en la oficina, a eso iba cuando su celular lo distrajo y tuvo que contestar.
-Sasuke, soy yo, si Sakura está contigo no menciones mi nombre –reconoció el tono desesperado de Gaara antes de que dijera cualquier cosa.
-Hmp, ¿Qué pasa? –respondió mirando a la pelirosa que seguía del otro lado del escritorio revisando unas cifras.
-¿Ella está ahí verdad?
-Sí.
-Necesito tu ayuda, pero sin que ella se entere –pidió nervioso.
-Ahm, ¿que necesitas? –giró el rostro a otro lado cuando ella lo miró.
-¿Podrías venir?, no tengo idea de qué hacer con Naruto –se escuchaba ansioso, lo cual era raro en él, Gaara era una persona bastante paciente y tranquila.
-¿Tan mal te va? –se puso de pie caminando al ventanal.
-Terrible es poco decir, me ha puesto el departamento de cabeza, lo dejé solo unos minutos, cuando regresé a echarle un vistazo, tenía un desastre. Luego Karin llegó, así que le pedí que me ayudara, y hasta ella salió perjudicada, intentó cambiarlo y Naruto le orinó encima, justo ahora no puedo hacer que deje de llorar, intenté todo, darle su mamila, darle comida, creo que extraña a Sakura –casi lloraba el pobre pelirojo.
Contuvo las ganas de carcajearse, solo de imaginar a Karin siendo bañada por aquel inquieto rubio, le producía bastante gracia, aunque le dio un poco de pena por Gaara, él que creía que al cuidar de Naruto podría por fin estar con la pelirosa, ¿Qué diría Sakura si supiera que su hiperactivo hijo no quería a su amigo?, pensó de pronto, aunque ella no tenía por qué enterarse, se supone que Gaara confiaba en él, por eso le llamaba con tanta urgencia, no podía traicionarlo diciéndole a Sakura lo que pasaba, así se muriera de ganas.
-Hmp, cálmate, voy para allá –escuchó como su amigo suspiraba más tranquilo.
-Gracias Sasuke, por favor no tardes.
Colgó sin decir más, cogió su saco del respaldo de su silla y se lo acomodó con prisa, la de ojos verdes lo observaba con curiosidad, así que no le quedó opción más que inventarle una excusa para irse tranquilo.
-Saldré a comer con una amiga, vuelvo en dos horas –explicó breve.
-¿Una amiga?, bien –se alzó de hombros despreocupada, era muy normal que Sasuke saliera con sus conquistas- Sasuke –lo llamó antes de que se fuera- ¿puedo entonces también tomarme esas dos horas?, quisiera ir a ver como esta Naruto –pidió creyendo que no habría problema.
-No, prefiero que adelantes el trabajo, si tienes hambre pide algo de comer, hasta luego, cualquier cosa llama a mi celular –salió rápido, dejándola con expresión seria, prácticamente se había negado a una petición suya, cosa rara últimamente.
Su boca se abrió ante la negativa de Sasuke, le parecía injusto que él se largara a divertirse por ahí, mientras ella encerrada en la oficina llena de trabajo, claro que no tenía por qué objetar nada, ella era la asistente y él era el jefe, aun así se contenía de no mandar todos los papeles a volar e irse a tomar las dos horas que le correspondían. Si pudiera renunciaría, pero para su mala suerte la deuda que tenía con el pelinegro aún era bastante grande, Sasuke apenas si le quitaba una parte del sueldo, más bien parecía que quería tenerla eternamente a su servicio. Sin nada que hacer, suspiró resignada, tal vez estaba bien no ir con Gaara, él podría ofenderse ante su falta de confianza. Siguió pues en lo que estaba, trataría de terminar el trabajo cuanto antes, para mínimo, salir a tiempo de su hora de salida.
.
.
.
Con gran alegría veía la sonrisa de su pequeña, cada día estaba más grande, la extrañaba enormemente, su Hinata ya casi daba sus primeros pasos, y él no quería perdérselos. Colocó a la niña en aquel corralito y se agachó para seguirla contemplando, no escuchó cuando la puerta de la recamara se abrió, y por ella entró Shizune.
-¿Cómo has estado? –lo sorprendió.
-Bien, ¿y tú? –preguntó por cortesía.
Hacía más de dos meses que no cruzaba palabra con ella, lo último de lo que se había enterado era que estaba yendo a terapia psiquiátrica.
-Igual de bien, el psiquiatra dice que los antidepresivos me han ayudado mucho, Itachi yo… -bajó la mirada y tomó aire- yo…lo siento mucho –se disculpó mirándolo de pronto y haciendo que él se asombrara-. Ahora sé que mi actitud ayudó mucho a que tú te alejaras de mi, perdóname, no me di cuenta de todo lo que hacía –se acercó hasta quedar a dos pasos de él.
-Bueno, tu tampoco sabías que estabas mal.
-Debí saberlo, debí sospechar que todo dentro de mi se estaba saliendo de control –se escuchaba tan sincera y arrepentida-. La depresión postparto es algo muy común, pero yo me negué a ver que tenía un problema, fue más fácil culparte a ti…
-Eso ya no importa, lo único bueno es que ya estas mejor, y estas recibiendo toda la ayuda que necesitas –le sonrió acariciándole la mejilla.
-Necesito más que eso Itachi, yo te necesito a ti, quiero estar junto a ti, te sigo amando tanto –algunas lágrimas de tristeza comenzaron a escaparse de sus perlados ojos.
-Yo… -no supo que decir.
¿Darle falsas esperanzas a Shizune, o aclararle de una vez que él ya no sentía nada más que afecto y cariño hacia ella?. Todos esos meses le habían servido para darse cuenta que ya no la amaba, su enamoramiento por Sakura fue el primer indicio, si de verdad sintiera algo por su esposa, eso jamás habría ocurrido, pero pasó, y eso le abrió los ojos demostrándole una realidad que no había querido ver. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía tranquilo, le gustaba la soledad en la que se encontraba por el momento. Lo cierto era, que volver con su esposa ya no le parecía una opción, tampoco insistirle a Sakura, ella estaba haciendo un esfuerzo buscando su felicidad con Gaara, no creyó adecuado entrometerse, prefería dedicarse a su hija, a ella sí que jamás dejaría de amarla.
-Tu ya no me amas, ¿verdad? –susurró tratando de plasmar una sonrisa en su pálido rostro.
Negó con la cabeza, esperaba que para Shizune no fuera tan difícil aceptarlo.
-Entonces, nada puede hacerse…solo, ¿la buscaras a ella? –lo miró directo a los ojos.
-No, Sakura con su vida y yo con la mía, mi único interés es Hinata, eso te lo aseguro.
-Bien, los dejo solos para que sigan conviviendo –vio a la pequeña que se entretenía con su mordedera- cuando quieras podemos hacer el acuerdo de divorcio –comunicó dignamente, luego se dio la vuelta y salió de la recamara.
Al cerrar la puerta se llevó la mano derecha al pecho, le dolía bastante, más que cuando descubrió que Itachi tenía una relación con aquella mujer, ahora todo estaba perdido, no podía hacer más que quedarse paralizada contemplando como su vida se destruía.
.
.
.
No llevaba ni dos timbrazos cuando el pelirojo le abrió la puerta. Entró escuchando el potente llanto del rubio, enseguida supo que se hallaba en la recamara, se adentró seguido de Gaara, el pobre niño estaba más que rojo por el esfuerzo de sus sollozos.
-Así ha estado desde hace una hora, no sé cómo calmarlo –escuchó la voz exasperada de su amigo.
-Hmp –se acercó a la cama y tomó al rubio levantándolo por la cintura y colocándolo frente a él- ya cállate pequeño dobe –ordenó con voz firme.
El bebé poco a poco se fue calmando, de sus gritos ruidosos y molestos, solo fueron quedando pequeños suspiros que salían a modo de hipo, sus preciosos ojos azules no le quitaban la vista de encima.
-¿Cómo hiciste eso? –preguntó sorprendido el de ojos turquesa.
-Bastaba hablarle claro, tienes que demostrarle quien manda. Tu no puedes hacer lo que quieras, ¿entendiste? –habló con el pequeño.
Naruto murmuró algo que no supieron descifrar, luego hizo un puchero pero no lloró de nuevo.
-Creo que no le pareció tu regaño –acotó el pelirojo con una sonrisa.
-Aunque no le guste me tiene que obedecer –sonrió arrogante viendo que el niño no discutió mas- bueno, será mejor que nos vayamos.
-¿Qué, piensas llevarte a Naruto? –preguntó poniéndose serio- no puedes, Sakura me lo encargó a mí.
-Hmp, si lo dejo contigo seguirá llorando, ¿quieres que cuando Sakura venga por él, tenga los ojos irritados y la garganta adolorida por tanto llanto?
-Claro que no, pero…si te lo llevas ella sabrá que no pude encargarme de él…
-Entonces prefieres mentirle, decirle que Naruto te adora aunque es claro que no. Gaara, tengo que irme, decide, ¿el niño se queda, o me lo llevo? – ¿por qué le importaba tanto la comodidad de Naruto?, ¿para realmente ayudar al pequeño, o para ser él quien impresionara a Sakura?, se preguntaba mientras contemplaba como su amigo se desanimaba.
-Tienes razón, lo primero es el bebé, creo que será mejor que se vaya contigo –aceptó por fin.
-Hn, tomaste la mejor decisión. Bien, andando pequeño dobe –lo acomodó en su porta bebé y tomó la pañalera- no te preocupes, ya tendrás más oportunidades para ganarte a Sakura –le pasó una mano por el hombro a modo de consuelo.
-Menos mal que te llevas a esa molestia de una vez –apareció Karin por el pasillo-. Aunque, es extraño que tú te intereses por el hijo de tu empleada –arqueó la ceja desconfiada.
-Lo hago por Gaara –justificó sin problema- tengo que irme, hay mucho trabajo en la oficina –pasó de largo a la peliroja quien no le creyó sus excusas.
"Espero que no sea lo que me imagino, mi hermano no te lo perdonaría Sasuke", lo vio salir apuradamente.
Lo subió en el asiento del copiloto y lo afianzó bien con el cinturón, al parecer ya no lloraría más, le extrañó que el pequeño se quedara tan tranquilo.
Los ojitos vivaces de Naruto contemplaban entretenidos el paisaje, señalaba hacia afuera en cada semáforo que se detenían, luego volteaba a verlo y le balbuceaba en su lenguaje de bebé, él lo miraba atento y registraba como el rubio se reía divertido.
Cuando ya estaban a dos calles de llegar a la empresa, Naruto se puso inquieto y empezó a señalarle un parque por el que pasaban.
-¿No me digas que quieres que te lleve? –le preguntó fastidiado, lo que menos quería era detenerse para tener una tarde de padre e hijo con ese hiperactivo bebé.
-Ah-a-a-a…a –le señalaba desesperado el infante.
-Tsk, bien, pero solo unos minutos –se estacionó con cuidado y vio como Naruto reía y saltaba contento- hmp, empiezo a pensar que eres más listo de lo que aparentas.
Lo cargó con cuidado llevándolo por los corredores del parque, a pesar de estar nublado, el cielo no parecía pronosticar tormenta. Varias personas paseaban por las áreas verdes, otras más disfrutaban del paisaje desde las bancas, mientras algunos padres vigilaban a sus hijos que jugaban en los resbaladeros y areneros del lugar.
-Sentémonos un rato quieres, te ves delgado para lo que pesas –se quejó sentándose en una banca que estaba bajo un frondoso árbol de olivo, acomodando al pequeño junto a él.
Naruto disfrutaba de la vista volteando y punteando a todos lados, luego soltaba carcajadas y volteaba para platicarle lo que veía, claro que a su modo.
-Vaya que te gustó el paseo, creo que Sakura debería sacarte más –al igual que el niño, comenzó a recorrer el parque con sus propios ojos, su semblante no podría lucir más desinteresado y aburrido, de pronto sintió como Naruto lo jaló del saco así que bajó la mirada hacia él.
El de ojos azules le señalaba unas personas que pasaban al frente, una castaña llevaba de la mano a una regordeta niña de coletas, mientras a su lado un hombre alto de tez morena y cabello oscuro, cargaba a un bebé también castaño y del tamaño de Naruto.
-¿Una familia?, no tienes nada que envidiarles Naruto, tu madre vale por dos, aunque no tengas padre, bueno, aunque tu padre no este contigo –se corrigió- no tienes por qué sentirte mal –le sonrió amable-. Ven, vayamos a los columpios –lo cargó cuando él levantó sus bracitos.
Lo trasladó al área de niños más pequeños, lo acomodó en un columpio para bebés, se sentía algo incómodo, algunas madres que estaban ahí lo miraban con ternura, una se acercó a él y lo saludó sonriente.
-Oh, ¿es su primer hijo? –preguntó curiosa.
Se quedó pensativo un momento y luego suspiró, no quería entrar en detalles, así que contestó lo primero que se le ocurrió.
-Si –se colocó detrás del rubio y comenzó a empujarlo despacio.
-Su mujer debe ser muy bella, es un bebé muy lindo, lo felicito.
-Lo es, mi esposa es hermosa, disculpe, el clima se está poniendo frío y no quiero que se enferme –cogió de nuevo al niño y se alejó rápidamente huyendo de ahí.
Era la segunda vez que lo confundían con el padre de Naruto, acaso las personas eran idiotas, ¿Qué no se daban cuenta que el rubio y él eran tan parecidos como el día y la noche?, rodó los ojos hastiado, por esa tarde bastaba de hacerla de niñero. Camino al auto un vendedor de algodones de azúcar atrajo la atención de Naruto, frunció el ceño y sin discutirle más al pequeño, le compró aquella golosina.
-Hmp, comételo rápido, no quiero que tu madre me regañe por darte cosas que no son sanas –le quito la envoltura al dulce y se lo pasó al menor.
El pequeñito comió gustoso, no volvió a darle problemas en lo que les restó de recorrido.
-¡Diablos! –maldijo al verlo embarrado desde las mejillas hasta el cuello.
Buscó desesperado con que asearlo y suspiró de alivio al encontrar las toallitas húmedas, se las pasó sin mucho cuidado por el rostro y las manos, el rubio reía ante las cosquillas que le provocaba.
-Hmp, pequeño dobe, todavía tienes el descaro de reírte –finalizó por fin dejándolo limpio.
Al entrar a la empresa, no tardó mucho para que los empleados lo miraran con extrañeza, les parecía increíble verlo cargando a un bebé con el brazo izquierdo, y en el otro sosteniendo aquella pañalera azul con pequeños zorritos anaranjados muy sonrientes.
-¿Qué no tienen trabajo que hacer? –regañó con voz enfadada haciendo que dejaran de mirarlo en seguida.
Al entrar a la oficina la pelirosa casi le saltó encima, tomó a Naruto de sus brazos quedando cerca de su cuerpo, ambos se miraron a los ojos.
-¡Naruto! –lo abrazó preocupada-. ¿Dónde estaban?, me tenían muerta de angustia –reclamó molesta.
-¿Sabías que estaba conmigo? –cuestionó confundido.
-Gaara me llamó y me contó lo que sucedió –le platicó tranquilizándose al sentir las caricias del pequeño rubio en su rostro.
-¿Entonces te dijo que no pudo con Naruto? –indagó interesado.
-Si… -asintió tratando de arrullar al oji azul que estaba más inquieto de lo normal.
-Hmp, es una lástima que justo cuando pensabas que Gaara era el correcto descubras que no es así –apuntó aparentando preocupación.
-Sé que Gaara es el correcto, no pienso cambiar de opinión solo por lo sucedido el día de hoy –le aclaró seria.
-¿Qué?, pero…tu dijiste…
-Sí, sé que esto era como una prueba. Pero cuando Gaara me llamó y me explicó todo, me di cuenta de lo avergonzado y triste que estaba, él en verdad quiere estar en mi vida y en la de Naruto, solo debo darle tiempo para que eso pase, porque tarde o temprano mi hijo lo aceptara –sonrió convencida- es más, cenaremos mañana, y ahí mismo le diré que lo intentemos de una buena vez.
-No, no vas a salir con él –fue una fría y contundente orden.
-¿Qué?, ¿Por qué no? –preguntó altiva.
¿Qué rayos le pasaba a Sasuke para estarse comportando de ese modo?, estaba desencajada. Naruto los miraba en silencio, solo yendo y viniendo de uno a otro.
-Porque…porque –de repente cayó en cuenta que no sabía de dónde había salido aquella prohibición, ¿Qué excusa pondría para impedir que ella iniciara una relación con el pelirojo?, peor aún, ¿Por qué trataba tan desesperadamente de evitarlo?- porque –sonrió con suficiencia ante su ingenio- no estarás aquí, mañana tu y yo nos vamos de viaje –indicó victorioso.
.
.
.
_/_/_/_/_/
_/_/_/_/_/
Hola, no es que me haya tardado poco, pero de seguro que ni me esperaban con la actualización verdad. Bueno, pues es que quise aprovechar los días libres que me quedan. Espero que les haya gustado el capítulo, ¿Qué tal Sasuke de papá postizo?, al parecer ya le están surgiendo los sentimientos, aunque no se dé cuenta.
En fin, cualquier cosa que quieran comentarme pues con gusto dejen su review y yo los leo dichosa. No sé cuando regrese, espero que pronto, estoy por terminar otra de las historias que escribo, aunque ya ven que comencé otra, hehe (no pude resistirme, si no la han leído los invito =)…), así que como siempre, pues trataré de dividirme entre los fics que subo.
Cuídense mucho, que les esté yendo de maravilla, un abrazo, nos leemos próximamente!
P.D., sorry si hay muchos errores, lo subí apurada y no lo revisé muy bien.
