Gente, ni siquiera voy a tratar de disculparme por la demora en actualizar. Dejémoslo en que facultad, dos mudanzas, la muerte de dos mascotas y la adopción de una nueva, además de esa cosa llamada la vida me pasó por encima. Pero seguí escribiendo, aquí les traigo un nuevo capítulo y tengo otro escrito, además que for fin sé cómo sigue la historia.
Verán, mi gran problema fue que me quedé estancada en el cómo. ¿Cómo pudo Dumbledore hacer lo que hizo?, me preguntaba yo, mirando la página en blanco y sin saber cómo seguir. Fue hace muy poco que comprendí que la pregunta no es cómo, sino por qué. Dumbledore tenía razones para dejar a Harry con los Dursley, aún sabiendo que la relación de Lily y Petunia no era buena. ¿Por qué Dumbledore hizo lo que hizo?, me pregunté entonces, y este capítulo, más el resto de la historia, es la respuesta.
Espero que disfruten leerla tanto como yo disfruté escribirla. Desde ya, ¡gracias por leer!
Los personajes y lugares mencionados no me pertenecen, escribo sin fines de lucro, etc.
Una vez más, Albus Dumbledore se reprochó a sí mismo no haberse involucrado más en la situación a lo largo de los años. Si en vez de leer rápidamente los reportes y mantener algunas conversaciones con el Guardián a lo largo de los años él, Dumbledore, se hubiese ocupado personalmente de controlar que sus indicaciones se respetaran al pie de la letra...
Tal vez el Guardián había sido una mala elección. Como protector y cuidador era excelente, era un experto en magia defensiva, y genuinamente buscaba cuidar a su protegido. Pero el modo en que había decidido hacerlo dejaba mucho que desear.
Como si eso no fuera suficiente, estaba el hecho que el paso de los años había vuelto cada vez más huraño y más desconfiado al Guardián. No sin razón, después de todo, no es paranoia si alguien realmente está intentando asesinarte...
...pero una cosa es tener cuidado y otra es automáticamente ignorar la mitad de las cartas sólo por si acaso. Y estar desconectado de la red Flú, y haber hecho su casa Inmarcable, y tener barreras anti–aparición en todo el vecindario.
Eso es, de la casa oficial. Dumbledore sabía que el Guardián tenía al menos cinco residencias (probablemente más) que alternaba de manera aleatoria para ser más difícil de encontrar. Con todo éxito: Dumbledore llevaba cuatro días buscándolo.
Con un suspiro de resignación, Dumbledore volvió a la búsqueda de Alastor "Ojoloco" Moody, Guardián de Harry Potter.
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Por suerte para Dumbledore, Moody dio señales de vida apenas una hora más tarde. Dumbledore estaba dejando una nueva nota en el domicilio legal de Moody, menos cortés y más apremiante que las nueve anteriores, cuando la puerta se abrió y lo dejó pasar. Tomando este acto por la invitación que sin duda era, Dumbledore entró y cerró la puerta tras de sí.
Los usuales detectores de tenebrismo estaban en sus lugares: el falsoscopio, el sensor de ocultamiento y el reflector de enemigos, al igual que unos cuantos espejos estratégicamente ubicados para darle a Moody una buena cobertura visual de todo el lugar y algunos artefactos y sectores del piso deliberadamente polvorientos, un método burdo pero muy efectivo para detectar enemigos invisibles. A quien no se lo veía era a Moody mismo.
Dumbledore, quien conocía el modus operandi del retirado Auror, se sentó en una de las butacas y, armándose de paciencia, empezó a esperar. Moody tenía por regla no confiar en nadie que estuviese en su presencia durante por lo menos la primera hora, por si esa persona había consumido poción multijugos. Eso significaba una hora sin beber una gota de nada ni probar bocado, porque Moody estaba convencido que la poción multijugos podía ser disimulada dentro de casi cualquier cosa, incluso galletitas o bizcochos. En una ocasión Moody había arrestado a un periodista de El Profeta que lo estaba entrevistando porque el hombre había servido té antes de que pasara una hora en su presencia.
No era de sorprender que la vida social de Moody fuera... desértica.
Casi una hora había pasado desde que Dumbledore había llegado a la casa de Moody cuando, detrás de él, oyó al dueño de la casa por primera vez.
–¿Qué fue lo que te respondí cuando me escribiste que Voldemort había sido derrotado por un niño en pañales? –como de costumbre cuando recibía a alguien en su casa, el tono de Moody era acusatorio.
Dumbledore se armó de paciencia. Esta era la segunda fase: comprobación que no había un hechizo imperius o alguna otra forma de dominación mental involucrada.
–No te escribí que un niño había derrotado a Voldemort –respondió Dumbledore con calma, sin girarse y por sobre todo sin realizar movimientos bruscos–. Fui a verte en persona, y te dije que los Potter habían, de alguna manera, conseguido... frenar, si no eliminar por completo, a Voldemort.
Aunque el bufido detrás de él era de desdén, Dumbledore permaneció impasible. La respuesta era correcta, y mostrar nerviosismo sólo haría que Moody desconfiara más.
Las preguntas y respuestas siguieron por un par de minutos, algunas preguntas comprobación de hechos y otras preguntas–trampa. Dumbledore respondió a todas con sinceridad y recordándose que Moody era igual de cuidadoso en extremo cuando velaba por la seguridad de Harry, que era bueno que fuese así de concienzudo, y que echarle una maldición a quien era, en muchos sentidos, su amigo, no era una buena idea.
–Al –Moody apareció de abajo de su capa de invisibilidad, una que Dumbledore le había regalado tiempo atrás: azul marino de un lado, invisible del otro. Los hechizos de invisibilidad eran buenos en verdad, habían estado durando años.
–Al –respondió Dumbledore con un movimiento de cabeza. Era un saludo que había empezado como un chiste, Alastor y Albus saludándose mutuamente como "Al". El saludo había dejado de ser gracioso y había pasado a ser parte de un reconocimiento familiar entre los dos.
–Leí tu último reporte –empezó Dumbledore.
–Ajá –respondió Moody, tomando asiento.
–Imagina mi sorpresa cuando leí la posdata –continuó Dumbledore.
–Hmm –fue todo lo que Moody respondió.
–"PD: envíen a alguien a explicarle sobre magia a la familia. VD y E no saben que su hijo adoptivo es biológicamente sobrino de E" –Dumbledore citó textualmente la posdata, la posdata que le había estado dando dolores de cabeza por los últimos cuatro días–. ¿Cómo es posible que ahora me entere que los Dursley no saben que adoptaron a su sobrino?
Moody se encogió de hombros.
–¿Alastor? –presionó Dumbledore.
–Nunca preguntaste. Ellos tampoco –Moody rió brevemente, una risa burlona–. Cuando lo encontraron, los muggles realizaron una prueba para establecer si Harold y Vernon estaban emparentados. Desde luego, el resultado fue negativo, pero nunca se les ocurrió analizar si el bebé estaba emparentado con Petunia. Prejuiciosos –Moody sacudió la cabeza.
–Les dejé una carta... –empezó Dumbledore, pero Moody lo interrumpió.
–Ah, sí. La dichosa carta –el Auror retirado ya no estaba nada sonriente–. ¿En serio, Albus? ¿Una carta? ¿Dejaste que Petunia supiera que su única hermana había sido asesinada a través de una carta? Y que ahora tenían que hacerse cargo de su sobrino huérfano, porque estaría protegido con ellos mientras que afuera había una pandilla de dementes que buscaban asesinarlo. Eso era lo que tenías que informarles, y te decidiste a escribirles una maldita carta.
–¿Dónde está la carta? –interrumpió Dumbledore, impaciente–. ¿Cómo es que nunca la recibieron?
–No me mires a mí, no fue mi idea dejarles una carta –bufó Moody, levantando las manos delante de sí–. Si recuerdas bien, me encargaste que echara un ojo, o los dos en lo posible, una semana después de dejar a Harold con los muggles. Para ese entonces, ellos lo habían dejado con los Aurors muggles, los policías, que es razonablemente lo que se hace con un bebé abandonado.
–No estaba abandonado, ¡es su sobrino!
–Ah, pero eso ellos no lo sabían –sonrió ferozmente Moody–. Fue un problema encontrar dónde estaba el niño, y luego encontrar un modo de devolvérselo a los Dursley de un modo que los muggles no intentaran volver a quitárselo. Fue una suerte que quisieran adoptarlo. Aunque no fue fácil, estos trámites de adopción son tan complicados, con tanta gente involucrada, y si uno solo de ellos se daba cuenta que algo... dicho de paso, de nada por encargarme de que la adopción saliera a favor de los Dursley –masculló Moody–, no es como si eso mereciera un agradecimiento o algo, por supuesto, sólo tuve que hechizar a cinco policías, tres asistentes sociales, un médico, dos enfermeras, dos jueces, tres secretarias, cinco familias adoptantes y qué sé yo cuánta gente más...
Dumbledore se agarraba la cabeza con las dos manos.
–¿Y en ningún momento se te ocurrió que todo eso se solucionaría diciéndoles que Harry era el sobrino de Petunia?
–Oh, se me ocurrió, por supuesto –asintió Moody, serio–. Se me ocurrió el día que Petunia estaba por entrar a una juguetería, vio que tenían una máscara de una bruja en la vidriera, ya sabes, esas máscaras muggles, nariz ganchuda, verrugas, sonrisa macabra, y Petunia dio media vuelta y se alejó a zancadas. Se me ocurrió el día que vi a Vernon darle unas monedas a un pequeño gamberro que le estaba tirando piedras con una honda a una lechuza. Se me ocurrió cuando noté que Petunia les leía "Hansel y Gretel" al menos una vez por semana mientras eran pequeños, parecía que la parte donde Gretel empuja a la bruja adentro del horno le gustaba mucho. A Petunia, no necesariamente a los niños. Se me ocurrió...
–De acuerdo, ellos desprecian a los magos, pero...
–No, no los desprecian, los temen. Y jamás hubiesen querido aceptar a Harold en su hogar sabiendo que es hijo de magos.
Un largo silencio se instaló entre los dos magos.
–¿Cómo reaccionaron al saber que él es mago? –quiso saber Moody.
–Todavía no lo saben. Es decir, enviamos las cartas mañana –explicó Dumbledore, cansado–. Imagino que sospechan. Dices que Harry dio muestras de magia al día siguiente de su séptimo cumpleaños...
–Sí, nada fuera de lo común para un niño de esa edad, pero el chico es mago –asintió Moody, satisfecho.
–Según tu informe, Harry hizo moverse y rugir a los dinosaurios de plástico con los estaba jugando –señaló Dumbledore–. Los niños creyeron que eran juguetes capaces de hacer ese tipo de cosas, pero los adultos se llevaron un buen susto.
–Sí, fue genial –sonrió Moody, no de un modo muy agradable.
–¿Qué posibilidades hay de que culpen a Harry por ser mago? ¿Crees que lo echen de la familia, que le teman, que... lo odien...? –Dumbledore se permitió un momento de vulnerabilidad y duda.
–¿Ahora se te ocurre que podrían odiarlo? –suspiró Moody, más cansado que enojado–. La verdad, no sé. Los Dursley adoran a sus niños. Y detestan a los magos y brujas. No sé qué es más fuerte en este caso...
Un largo silencio se instaló entre los dos magos.
–Por empezar, tendrás que reconocer que el chico se llama a sí mismo Harold Dursley –advirtió Moody–. Para él, los Dursley son sus padres. No intentes argumentos del tipo "ellos no son tus verdaderos padres", un compañero de clases de los chicos intentó eso hace un par de años y los Dursley acabaron presionando hasta que el niño fue obligado a hacer un curso de ética y valores morales, y sus padres debieron disculparse públicamente. Sé que considerabas a James y Lily amigos tuyos, pero Harold no los recuerda. Sí recuerda a Petunia preparando una torta de chocolate con chispas de chocolate, relleno de chocolate y cobertura de chocolate para su cumpleaños. Recuerda a Vernon enseñándole a andar en bicicleta. Recuerda cuando Dudley golpeó a otro niño que se reía de los anteojos de Harold, al grito de "no te rías de mi hermano". Los Dursley son su familia.
–Me alegro que tenga una infancia feliz –Dumbledore asintió lentamente– y no pretendo arruinársela. Pero, ¿él sabe que es adoptado, verdad?
–Sí. Los muggles trataron el tema con una psicóloga infantil como parte de los requisitos de la adopción –Moody le dirigió a Dumbledore una mirada severa–. Los años de terapia le hicieron la mar de bien a esa familia. Cuando Harold empezó a preguntar de dónde venían los bebés, más o menos por el tiempo que adoptaron a Rosalind, le explicaron usando algún tipo de metáfora sobre las abejas y las flores para explicar cómo se hacen los bebés, y un libro de cuentos para explicar cómo Harold había llegado a la familia. Excepto un par de semanas durante las que Harold se presentó diciendo "hola, soy Harry Dursley, soy adoptado y no me avergüenzo", el tema está superado.
–¿Él se llama Harry a sí mismo? –sonrió Dumbledore.
–Para enorme frustración de su madre, que considera que Harry es un nombre vulgar –asintió Moody.
–El señor Evans padre se llamaba Harry –observó Dumbledore.
–No, se llamaba Harold, pero todo el mundo lo llamaba Harry –corrigió Moody–. Lily le puso a su hijo el nombre informal de su padre; Petunia le dio a su hijo adoptivo el nombre "real y serio" de su padre. Ambas lo querían mucho, sólo que de maneras diferentes.
–En tu opinión, ¿convendría ofrecerle información sobre sus padres biológicos? –quiso saber Dumbledore, serio.
Moody se rascó pensativamente la barbilla antes de responder.
–Sólo si él pregunta primero –respondió finalmente–. Una vez que quedó en claro que ser adoptado no lo hace menos hijo de sus padres, Harold se volvió muy posesivo de su familia. Como los muggles no saben de dónde vino él, quiénes son sus padres biológicos ni quién lo dejó en esa puerta ni por qué, el chico decidió que los Dursley son la única familia que necesita.
–Cree que sus padres lo abandonaron –dijo Dumbledore lentamente, con los ojos muy abiertos.
–Los niños huérfanos no son habitualmente abandonados en los umbrales –señaló Moody.
–Él no fue... –empezó Dumbledore, pero Moody lo interrumpió:
–Lo dejaste en la puerta de una casa, envuelto en una manta y con una carta pidiendo que se hicieran cargo de él. Eso es la definición de niño abandonado. Ni siquiera tuviste la decencia de ponerlo en una cesta, eso es todo lo que faltaba –bufó.
Tras un momento de silencio, Moody lo miró entornando peligrosamente el ojo normal y clavando en Dumbledore el ojo mágico.
–Decías que mañana mandan las cartas –mencionó–. ¿A quién piensas mandar a que dé la cara para explicarle a los Dursley que su hijo es un pequeño mago?
–Pienso ir yo mismo –respondió Dumbledore–. Me sorprendió que Petunia no me hubiese contactado en todos estos años, pero asumí...
El anciano mago suspiró. Agachó la cabeza, sus hombros se hundieron. De pronto parecía un anciano, mucho más viejo de lo que el pelo blanco, los anteojos o la larga barba blanca lo habían hecho parecer nunca.
–Asumí que necesitaba espacio. Asumí que nos culpaba por la muerte de Lily. Asumí que quería proteger a Harry de la fama, de la adulación y de la persecución que sin duda lo perseguirían. Asumí... cosas que no debería haber asumido, que debería haber chequeado. Posiblemente yo no tendría que haberme involucrado en todo este asunto, en verdad no es mi rol ni mi función encargarme de otros niños que los alumnos de Hogwarts...
–¿Entonces por qué lo hiciste? –preguntó Moody, sin poder contener la curiosidad... ni el enojo–. Harold no es pariente tuyo, no tienes ningún tipo de obligación para con él. ¿Por qué tanto interés en el chico? ¿Criando al perfecto pequeño soldado, eh?
Dumbledore lo miró inexpresivamente un momento antes de apoyar ambas manos sobre la mesa entre ellos y empezar a hablar lenta y claramente.
–Los Potter estaban protegidos por un Fidelius. No sabemos qué exactamente es lo que pasó esa noche, pero hubo algún tipo de... descarga de energía, similar a una explosión, que no sólo destruyó parte de una habitación, también anuló los efectos del Fidelius. Como no había una marca tenebrosa sobre la casa, los vecinos llamaron al Escuadrón de Reversión de Magia Accidental. Los técnicos del Escuadrón encontraron a James en la antesala, muerto, y a Lily en el piso superior junto a la cuna, también muerta. Hagrid me contó que Harry estaba en la cuna, llorando y con un corte sangrante en la frente. Lo que no trascendió es que en la pared frente a la cuna, hacia donde Lily estaba mirando, había... lo más cercano a una descripción es la que dio en el informe final una Auror de origen muggle, que lo comparó con una sombra atómica.
–¿Una qué?
–A fines de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos lanzaron bombas nucleares sobre Nagasaki e Hiroshima, dos ciudades japonesas. Era una guerra entre bandos muggles, las autoridades mágicas tuvieron muchísimo cuidado que brujas y magos no intervinieran, pero resultó que los muggles son perfectamente capaces de matar y destruir sin necesitar magia. Estas bombas nucleares eran tan potentes que las personas que estaban más cerca del epicentro de la detonación fueron literalmente vaporizadas, no quedó de ellas más que una sombra, un contorno oscuro sobre el asfalto, una pared o hasta un árbol –explicó Dumbledore–. En la pared de la casa de los Potter había, a falta de una mejor explicación, una "sombra atómica" que se parecía a Voldemort.
–Pero si la explosión hubiese sido tan grande como para... vaporizar a Voldemort, ¿no tendría que haber eliminado también a Lily y al niño? Por no hablar del resto de los habitantes del Valle de Godric –Moody frunció el ceño, escéptico–. Además, ¿cómo de precisa era esa "sombra atómica"? Porque las sombras son todas bastante parecidas, ¿cómo saben que eso era lo que quedaba de Voldemort y no cualquier otra persona? Si es que era una persona...
–Ésa es la cuestión –admitió Dumbledore–. Sea lo que fuere que pasó, no se trató de una explosión nuclear, eso es seguro, pero no sabemos qué fue lo que pasó que destruyó parte de la habitación, anuló el Fidelio, mató a Lily y a James, hirió a Harry y vaporizó a Voldemort, suponiendo que un solo efecto haya tenido todas esas consecuencias. La versión oficial fue que Voldemort mató a James, mató a Lily, cuanto intentó matar a Harry todo lo que consiguió fue herirlo y en cambio él fue destruido, y esa descarga de energía mágica fue la que derrumbó parte de la habitación y suprimió el Fidelio. Es la explicación más razonable, pero puedes imaginarte las reacciones del Consejo de Seguridad cuando leyeron el informe preeliminar que indicaba que Harry era el único que había sobrevivido y en el párrafo siguiente señalaba que Voldemort había sido pulverizado.
–Estúpidos del Consejo de Seguridad –gruñó Moody, malhumorado–. No sabían hacer otra cosa que exigir resultados, sin importarles que se contradijeran entre ellos. La mitad se rasgaban las vestiduras si no capturábamos a los mortífagos vivos, como si esa pandilla de fanáticos estuviese dispuesta a rendirse pacíficamente. La otra mitad quería "eliminar la amenaza por todos los medios necesarios", pero estaban más que dispuestos a crucificar al Auror que no pudiese probar más allá del más mínimo atisbo de duda que el mago al que había matado después de batirse ferozmente a duelo con él era un mortífago. Consejo de Seguridad, mis narices. Montón de políticos más interesados en sus carreras que en proteger a la gente, no servían más que de estorbo. Crouch que quería matar a todos, hasta a los sospechosos; Zangreb, el maldito 'garantista' que quería dejarlos en libertad si se quejaban que habían sido maltratados por los Aurors; Churchman, ese corrupto, sé que nunca capturaron a Nott porque Churchman le filtraba información...
–Ésa fue la gente que leyó el informe –asintió Dumbledore–. No estuve ahí cuando tuvo lugar la discusión, pero...
–Por supuesto que hubo una discusión –bufó Moody–. Todo lo que sabían hacer era discutir.
–Mientras discutían, en el Wizengamot discutíamos también el informe. Pronto quedó en claro cuánto peligro corría Harry, aún sin Voldemort alrededor –señaló Dumbledore gravemente–. Ya había fuertes rumores en el Wizengamot sobre lo "temporalmente preferible" que sería que no trascendiera que Voldemort había sido derrotado, para "mantener el orden en la población" y "evitar situaciones de descontrol"...
–Para que la gente siguiese teniendo miedo, y le diesen rienda libre al Ministerio con tal de que mantuviera a la amenaza que era Voldemort bajo control –gruñó Moody.
–Por supuesto, no todos pensaban así –asintió Dumbledore–, pero había suficientes rumores como para que, cuando leí el informe y supe que el Consejo de Seguridad estaba reunido a puertas cerradas y que la secretaria que les llevaba té y café salía de la sala cada vez más pálida y asustada...
–...entonces mandaste a Hagrid a llevar al bebé con los Dursley –completó Moody–. ¿Dónde lo habías escondido durante el día?
–En mi despacho –admitió Dumbledore.
–¿Tu despacho en Hogwarts? –inquirió Moody.
–Ni bien supe de la explosión en el Valle de Godric, envié a Hagrid a ver qué había pasado. Regresó conteniendo apenas el llanto y con Harry en brazos, el bebé no había dejado de llorar en todo el viaje. Florentia Storm, la enfermera de Hogwarts, se ocupó de él durante el día, con Hagrid custodiando la puerta con estrictas órdenes de no dejar entrar a nadie –rememoró Dumbledore–. Al llegar la noche Hagrid, siguiendo mis instrucciones, lo llevó a la casa de los Dursley, yo fui a dejar la carta...
–¿Por qué la carta? ¿Por qué no hablar con Petunia directamente? –insistió Moody, implacable.
–Dos razones: por un lado, Petunia tenía que aceptar y entrar al bebé a la casa y simbólicamente a la familia ella misma, por su propia decisión. Y por otro, porque ni bien estuve seguro de que Harry estaba a salvo, tuve que presentarme ante el Wizengamot y explicarles dónde estaba Harry, por qué lo había enviado ahí y qué autoridad creía que tenía yo para reubicar huérfanos –respondió Dumbledore, mirando a Moody por sobre sus anteojos–. La sesión fue maratónica, duró casi dieciséis horas, y fue de las más desorganizadas que presencié nunca. Entre otras, hubo mociones para internar a Harry en San Mungo de por vida, para mantenerlo bajo custodia del Ministerio a fin de "evaluar sus competencias mágicas", que es un término amable para decir "queremos saber si este bebé es el próximo mago oscuro", hasta había una docena de parejas o familias que se estaban ofreciendo, algunas de ellas presionando tanto como podían, para adoptar al bebé. Sin ir más lejos, los Malfoy estaban primeros en línea para quedarse con él.
Moody masculló una larga y furiosa frase que insultaba la ascendencia de los Malfoy, su inteligencia, sus hábitos higiénicos y sus preferencias sexuales en una sola larga oración.
–Justo cuando la discusión estaba a punto de convertirse en un duelo o quizás una pelea a puñetazos, nunca lo sabremos, llegaron las noticias que Sirius Black había matado a Peter Pettigrew y a la docena de muggles, por no mencionar la destrucción de la calle y todos los heridos y daños materiales que causó –suspiró Dumbledore con pesar–. Más caos y más muerte, pero al menos eso los convenció de que Harry estaba en peligro en el mundo mágico y que dejarlo con sus familiares muggles, anónimo y oculto, bien podría ser lo que le salvara la vida...
Un largo momento de silencio pasó entre los dos hombres, cada uno sumido en sus recuerdos.
–De modo que mandar a Harold con sus parientes muggles fue una estratagema para ponerlo a salvo de las maquinaciones del Wizengamot –concluyó Moody.
–Tenía sentido –señaló Dumbledore–: son su familia biológica más cercana, eran la opción lógica como tutores... y si, como sospeché al principio y pude confirmar más tarde, fue el amor de Lily el que salvó a Harry de la maldición asesina, el estar con familia consanguínea reforzaría esa magia, haciéndolo virtualmente intocable para Voldemort.
–Después de todo este tiempo, ¿sigues convencido de que va a volver?
–Tanto como el primer día.
¡Muy feliz Navidad, querido/da lector/ra! Te deseo unas fiestas maravillosas, que la pases fantástico con tus seres queridos, y todos por favor recuerden dos cosas: una, la pirotecnia afecta gravemente a niños pequeños, mascotas y personas con desórdenes psiquiátricos; y otra: beber y conducir mata. Por favor, pásenla en paz y sin lastimarse ni lastimar a otros.
