Recomendación musical PERFECTA para el capi: Let There Be Love, de Oasis.
Profundo.
EPOV
Desde ese día nos vimos constantemente, siempre en algún lugar que no fueran nuestros hogares. Bella no quería llevarme por que estaban sus padres, y yo…digamos que mi casa – ejem, cuarto – no era un lugar para invitar a una chica, aunque ella insistiera. Esos días…no podría describir mi vida en ese momento, era todo lo que yo podría haber llegado a soñar. Bella se había convertido en mi vida, como el aire que se respira, como la comida para un pobre, como la flor para el jardinero, como la simple razón que se necesita para mirar el futuro.
Recuerdo un día en especial, en que ella y yo pasamos a ser un todo, uno solo, una sola alma unida.
Julio 25 del 2006, Port Angels, Washington.
Allí estaba ella; sentada en un banco verde, rodeada de árboles y silencio, escuchando música como el mundo no existiera. Avance a su encuentro, pillándola desprevenida por detrás.
- Hola – susurre en su oído, con el audífono en la mano.
Ella ni siquiera se sobresalto, solo soltó un suspiro alegre y echo la cabeza hacia atrás, sonriendo.
- Hola – respondió, inhalando – Sabia que eras tú.
- Es que mi presencia ilumina el mundo, lo se – bromee, recibiendo en respuesta una hermosa sonrisa suya - ¿Cómo supiste?
- Tu aroma – dijo, cerrando los ojos – Es…no lo se, es algo que viene de tu piel. No usas perfume.
- Claro que no, no me alcanza para el "perfume".
- Es tu olor característico – volvió a inhalar, ignorando mi comentario – Es dulce y fresco, como un riachuelo – abrió los ojos con infinita dulzura – Me encanta. Me encanta todo de ti. Me encantas tú.
Un exquisito rubor cubrió sus mejillas.
- Tú también me encantas, Bella. Más de lo que te puedes imaginar – bese suavemente su frente y salte sobre la banca, sentándome a su lado.
Ella enderezo la cabeza y me beso la mejilla.
- ¿Qué tal va tu día? – pregunto, acomodándose entre mis brazos.
- De lujo; mi jefe no quiso pagarme y la señora Violet me quiere echar por que aun no pago la renta.
- ¿Cuánto es?
- 300 dólares.
- ¡¿Tanto?! Eso es un abuso, Edward.
- No, es que debo meses y meses de renta.
- Oh…
Los dos nos sumimos en un silencio algo incomodo. La sentía lejana, como si su mente estuviera a kilómetros de allí. Yo no quería eso.
- ¿Y tu día? – pregunte, haciendo que regresara a mi lado.
- Oh…eh…bastante bien – respondió con voz alegre, pro aun así algo lejana – Aprobé los dos exámenes…Edward…
Espere a que hablara, pero como no lo hizo, pregunte:
- ¿Si, Bella?
Ella se mordió el labio inferior, observándome con ojos dudosos pero a la vez suplicantes.
- Quiero ir a tu casa, Edward – anuncio, sin parecer altanera, sin dar una orden; era solo la constatación de un deseo – Me das igual…donde vivas, quiero ir.
- Bella…
- No me vengas con el cuento de "No es el momento adecuado". Yo solo...quiero ir. Quiero que me tengas ese tipo de confianza.
Yo confiaba en ella con toda mi alma, a pesar de llevar un poco más de un mes de conocidos, pero mi casa… ¡Que casa! Mi penoso cuarto no era un lugar digno de ella, no era un lugar lindo, era una vergüenza. Eso era: me daba vergüenza llevar a Bella a mi "casa".
- No es lo que imaginas – confesé a medias – No es ni grande ni es linda, no es un lugar para ti, Belly.
- ¿Tú…tú crees que me importa eso? – se estaba enojando… - ¡No me importa…lo pobre que seas! Edward, yo te quiero, yo te quiero a pesar…de que seas pobre o incluso si tuvieras un brazo de más o uno menos. No me importa donde vivas – tomo mi cara entre sus delicadas y tibias manos – Yo no soy mas que tú, métete eso en tu hermosa cabecita, bobo.
Sostuvimos la mirada por unos segundos, lo que solo nos llevo a romper en carcajadas.
- Vale, has ganado – me puse de pie y le tendí mi mano – Vamos a casa.
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Creo que nunca había estado tan nerviosa en mi vida. Me aterraba pensar que al ver mi pobre cuarto Bella saliera corriendo o no quisiera verme nunca más. Tenia mucho, muchísimo miedo de perderla, estaba seguro de que no podría vivir sin ella.
Pero Bella, nuevamente, volvió a sorprenderme.
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Subimos las escaleras del edificio tomados de la mano. Era tan estrecha que Bella iba detrás de mí. Apreté su mano suavemente; la mía estaba sudando.
Nos detuvimos en la tercera puerta.
- Aquí vivo – señale, abriendo la gastada puerta. Esta chirrió y dio paso a mi casa-cuarto.
Tire de la mano de Bella para que entrara. Recorrió todo con su mirada, desde la puerta del diminuto baño hasta el orificio que tenia la muralla norte, pequeño y en la parte baja.
Detuvo su mirada en mi guitarra.
- ¿Tocas? – pregunto, avanzando hacia ella.
- Algo – respondí, con la mayor sencillez que pude.
Se sentó en la cama y sonrió, mirando alrededor.
- Es muy acogedor, Edward – dijo con una sinceridad enorme – Me gusta.
Enrojecí.
- No es necesario que…
- Edward, me gusta – me interrumpió con seriedad - ¿Te molesta si me vengo a vivir aquí?
Me reí.
- Claro que no, pero…es…
- Complicado, lo se – palmeo la cama – Ven, siéntate.
Camine hasta ella y tome asiento, abrazándola.
- Gracias – murmuro contra mi cuello.
Fruncí el ceño.
- ¿Por qué?
- Por traerme a tu casa, por confiarme esto – respondió, besando mi mejilla.
Suspire, completamente tranquilo. Bella no iba a irse, no iba a irse nunca.
- ¡Te gusta Bob Dylan! – chillo de repente, separándose para ver las fotografías que tenia pegadas en la muralla, al lado de la cama.
Reí a su lado.
- Y The Kinks… ¡Cake! – Parecía muy emocionada - ¡Oh, The Beatles!
- Bella, calma – dije entre risitas, colocando mis manos sobre sus hombros.
Se hinco sobre la cama y se quito las zapatillas. Comenzó a ver todas las fotos, pasando suavemente sus dedos. Me senté a lo indio detrás de ella y la observe con fascinación. Parecía una niña pequeña y juguetona.
- ¿Y esta foto? – pregunto.
Estire el cuello para ver sobre su hombro.
Oh.
Sentí una opresión dolorosa en el pecho.
- Es mi familia – respondí con ojos húmedos – Mi papá es el de la derecha, Carlisle. Mi madre, Esme, esta a su lado, y ella es mi hermanita menos, Tanya.
Bella se quedo en silencio algunos segundos.
- Que hermosa familia – dijo, algo sorprendida – Eras muy mono de pequeño, Ed. ¿Cuántos años tenias?
- 13 – respondí, sonriendo con nostalgia.
- ¿Y donde viven? Jamás me habías hablado de ellos.
Trate de aclarar mis ideas. Pestañee varias veces seguidas para no derramar lágrimas y carraspee, pues tenía la garganta tapada. Respire varias veces antes de poder responderle:
- Murieron hace tres años, en un accidente aéreo.
Se giro y se me quedo mirando, no recuerdo la expresión exacta que tenia en el rostro, solo que em abrazo como nunca antes. Fue una reacción extraña…la mitad de la gente siempre se disculpa, cosa que encuentro estupida. ¿Por qué lo hacen? No murieron por culpa de ellos, ni tampoco preguntaron con malas intenciones.
Pero claro, Bella volvió a demostrar lo diferente que era. Me acaricio la espalda y el cabello en silencio, mientras yo seguía atónito.
Siempre lloraba con respecto a este tema. Me entristecía y me abrazaba a mi mismo para no desmoronarme más, pero ahora no lo necesitaba. Bella estaba sanando una herida que yo creía permanente.
- ¿Cuántos años tenias? – musito en voz baja y muy suave, como el viento en primavera.
- 16 – suspire, besando una de sus manos – Iban al cumpleaños de una amiga de Tanya. El vuelo tuvo problemas…era de noche y no sabían que se avecinaba una tormenta. Dicen que se descompuso, no lo se realmente. Yo simplemente me desmorone. No quise saber razones ni escuchar a nadie, solo quería estar solo. Aunque claro, los chicos siempre estuvieron allí.
Bella sonrió.
- La vida es dura, Edward. Puede que la mía no lo sea, pero lo se. Y también se que te pone a prueba, pero nunca te deja solo. Dios aprieta, pero no ahorca.
Yo no pude hacer más que observarla.
- Te quiero mucho, Bells – dije, fundiéndome en sus ojos chocolate.
Ella tomo mi mano entre las cuyas y beso mis nudillos, uno por uno.
- Te quiero, Edward – murmuro.
Acaricie su mano suavemente, inclinándome hacia delante. Un impulso incontrolable me recorrió el cuerpo, uno que sentía siempre que estaba con ella.
Estire las manos hacia su rostro hasta alcanzar sus lentes, los cuales retire con suma delicadeza. Bella cerró los ojos y suspiro. Quite sus anteojos y los deje sobre la mesita de noche, sin dejar de verla. Ella abrió sus parpados y pude ver, sin barreras ni ningún cristal, sus orbes chocolate.
Nos miramos con amor, con deseo y con intensidad, esmeralda contra chocolate, verde contra café. Estire nuevamente mis manos, tocando sus mejillas con la yema de mis dedos, a la vez que ella cerraba los ojos ante mi tacto.
- Ábrelos – rogué en un susurro sumamente íntimo.
Ella los abrió lentamente al momento en que volvían a encontrarse con los míos.
Me hinqué sobre la cama y pase suavemente mis manos sobre sus pómulos, desde sus sienes hasta la barbilla. De su boca salían leves suspiros.
Me fui acercando con lentitud, observando cada pequeño detalle de su perfecto rostro. Besé su frente, sus parpados, su nariz, sus mejillas, su barbilla y la comisura de sus labios.
Estaba aterrado. Tenía miedo de no saber besarla tal y como ella se merecía.
De repente, Bella dio un pequeño brinquito sobre la cama, atrapando con suavidad, pero sorpresivamente, mis labios. Me sentí desfallecer.
Tome su rostro entre mis manos y ella me atrajo aun mas, colocando las suyas en mi nuca, enterrando sus dedos en lo poco que el gorro que llevaba dejaba de cabello.
Sus labios eran suaves y delicados. Los tenia entre abiertos, por lo cual todo su aliento llegaba a los míos. Era tan dulce…
Su lengua paso por mi labio inferior, lo cual hizo que mi cuerpo temblara con descontrol. Bella tomo el mando, empujándome suavemente hacia atrás. Mi cabeza dio con la almohada mientras seguíamos teniendo nuestro primer beso.
Bella fue…fue tan suave conmigo…
Comenzó a acariciarme el rostro con sus delicadas manitos, tocando mis pómulos con sus dedos, mi cabello…
Creo que comencé a delirar, quizás hiperventilar… sentía estar viviendo un sueño, era algo que nadie, absolutamente nadie podía llegar a imaginar.
La gire con suavidad, besando su mandíbula y su cuello lentamente, sin presión, sin fuerza, como si ella fuera la más delicada flor que tuviera entre mis manos. Me pose sobre su cuerpo, apoyando mi peso en mis brazos, repartiendo besos por todo trozo de piel que veía. Comenzamos a retirar la ropa de en medio muy lentamente, sin apuros, sin ese deseo carnal que consume a los amantes, solo con amor y un deseo puro, virginal.
Su cuerpo era lo más hermoso que mis ojos pudieran ver. Limpio, nuevo, juvenil y enteramente puro. Lo acaricie cuantas veces pude durante ese momento, sacándole pequeños sonidos que me motivaban a seguir, a saber que lo que hacia estaba bien para ella.
Sus manos viajaron por mi espalda desnuda y mi pecho, memorizando cada línea, cada hueco, avanzando con lentitud y decisivamente. Sus caricias eran tiernas y ardientes, me hacían sentir calor y mi piel ardía cuando retiraba su mano.
De a poco nos envolvimos en un viaje del cual no había retorno, y del cual, de todos modos, no pensábamos volver. Me dolió verla sufrir cuando hice mía su virginidad, pero los dos fuimos fuertes. Ella fue la mas fuerte de los dos, y supo como hacerlo, supo como guiarme en aquella danza nueva para ambos, y no por que tuviera experiencia, no, nada de eso, simplemente por que ella quería saber. Reemplazo su dolor y salio victoriosa, los dos salimos victoriosos.
La danza comenzó a aumentar sin abandonar el cariño, el amor y la pasión, sin dejar de lado nuestra ternura, sin llegar a ser brutal. Hicimos el amor, tal y como dice la palabra. Sabíamos que ambos estábamos echos el uno para el otro, y que con eso bastaba. El matrimonio no hacia falta, nada más que saber que estábamos destinados a estar juntos, para siempre.
Cuando sentí que Bella contraía sus músculos y soltaba un grito, me deje ir junto a ella, y acabamos juntos.
Fue algo que me dejo sin palabras, mudo por varios instantes, solo acariciando el cuerpo de mi adormecida Bella, que ya había caído entre los brazos de Morfeo. La observe un largo rato, analizando su cuerpo, cada centímetro de él, memorizándolo, pensando en lo que acabábamos de hacer.
En ningún momento me arrepentí de ello. No dude ni me cuestione si estaba bien o estaba mal. Solo…lo supe. Yo sabia, muy dentro de mí, que era lo que debíamos hacer. Que de alguna extraña manera ambos éramos uno solo, una sola alma. Éramos almas perdidas que se encontraron para complementarse, para encajar perfectamente.
Bella estaba perfecta tal y como se veía en ese momento. El traje natural que llevaba puesto, su traje de piel blanquecina, era único. Era ella, sin nada, solo…ella. No había figura más virginal que Bella, y jamás lo habría. A pesar de haber echo lo que hicimos, de alguna forma para mi, ella siempre se vería virginal, pura, inocente. Ese era su aire, no había forma de cambiarlo.
Era mi Bella, tal y como yo la amaba y siempre la amaría.
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Y a pesar de todo, ella me seguía pareciendo igual. Podía verla y recordarla tal y como era, cada curva y cada detalle de su perfecto y virginal cuerpo, cada marca de su rostro, todo. Por eso sabia que seguíamos siendo uno solo, que seguíamos siendo una sola alma. Aun en las condiciones en las que estábamos.
Si yo hubiera sabido que las cosas cambiarían tan drásticamente sin darme el tiempo suficiente ni la valentía necesaria, quizás esto no hubiera pasado.
Quizás, Bella estaría a mi lado en estos momentos.
Hola!!! Uff, si que demore, no? Les seré sincera: estuve pensando en abandonar el fic. De repente la idea me pareció poco original y fome, pero cambie de parecer. Es linda, y quiero terminarla, además este fic se lo dedique a Sabri, y voy a terminarlo por ella.
Se lo esperaban? No lo creo xD Lo tenia previsto, pero no tan pronto, aunque les aviso que quedan a lo menos…tres capítulos, mas el Epilogo. Si, justo 4 capítulos.
En fin…solo espero que les haya gustado, y que me dejen sus opiniones y sus teorías! Quiero saber que piensan :D
Cuídense! Hasta pronto!
Simmy!
