Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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La madre virgen
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Capitulo XXXVIII
El dolor de la paternidad
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– ¿Una fiesta? –preguntó sorprendida.
–Así es, el cumpleaños de mi tío es en dos semanas. Mi madre le hará una recepción en su casa, es la oportunidad perfecta para que el resto de mi familia te conozca –explicó atrayéndola hacia su regazo.
Por primera vez le gustaba la empresa y su oficina, estar alejado de Sakura por tanto tiempo, lo estaba volviendo loco. Menos mal, ya tenía de vuelta en el trabajo a su hermosa mujer.
–Sasuke, alguien puede entrar –trató de alejarse.
–No creo que lo hagan sin llamar antes a la puerta, no te vayas, me gusta tenerte cerca –la sujetó con firmeza.
–Bueno, pero ni creas que me convertiré en el típico cliché de la secretaria que se la pasa en las piernas del jefe –bromeó sonrojada.
– ¿Segura?, no me molestaría que te la pasaras trabajando todo el día en esta posición –acarició sus muslos desnudos con delicadeza–, o que tomaras dictado recostada en el escritorio –sonrió ladinamente.
Sakura desvió la mirada, a pesar del tono jocoso de su ahora prometido, intuía que él lo decía muy en serio. Saber que no le costaría ningún esfuerzo ceder a esas demandas, la hizo ponerse más roja de inmediato.
Sasuke no perdió tiempo, acercó sus labios al cuello largo y delgado de la pelirosa, besando superficialmente la delicada piel blanca que se exponía ante él. A la vez, ya sin reserva alguna, se atrevió a colar las manos bajo la falda entubada de su asistente.
– ¡Sasuke! –casi se cayó de la silla, el azabache alcanzó a sostenerla evitándole un buen golpe.
–Lo siento, no era mi intención incomodarte –se disculpó apenado.
–No…es que…no estoy acostumbrada. Sé que es normal que quieras repetir… –se quedó callada, era demasiado vergonzoso tener esa conversación con él, el tema del sexo no era su especialidad.
– ¿Qué quiera repetir qué? –arqueó la ceja expectante.
–Pues, tú sabes –se mordió el labio inferior, malditos nervios, maldita mojigatería y maldita su falta de experiencia, se sintió bastante molesta consigo misma.
–Lo dices como si yo fuera el único interesado y se tratara de una obligación para ti –resaltó serio, apartando sus manos de ella para dejarla en libertad.
¿Por qué Sakura se comportaba de ese modo?. Ahora que analizaba los hechos, ella continuaba con la misma actitud vacilante y reservada. ¿Acaso la había presionado para que estuvieran juntos?, ¿no lo habría disfrutado tanto como él creyó?, la simple idea de que ella no quisiera repetir la experiencia, lo dejó frío. Tal vez estaba exagerando, Sakura hasta aceptó ser su prometida, pero entonces, ¿Por qué no estaba tan receptiva y desesperada como él?
–No digas eso Sasuke –acarició sus mejillas y acercó su rostro al suyo–, yo te amo…por supuesto que quiero…estar contigo de nuevo, muchas, muchas veces –aseguró con la cara ardiéndole por la vergüenza.
– ¿En serio? –sonrió satisfecho.
–Te lo juro. Lo que pasa es que…en esos temas soy algo tímida. No sabes la pena que me da que alguien pueda entrar y…
–Shh, te entiendo. No quiero que te preocupes por nada, es mi culpa por estar tan obsesionado contigo –besó con cuidado su suave boca.
–Cuando dices cosas como esas, me tientas a olvidarme de mis miedos y dejarme llevar –admitió presa de esos hermosos ojos negros.
–Hn, una admisión nada inteligente, considerando que sigues sentada en mis piernas –la atrajo más a su cuerpo.
–Lo sé, pero te lo digo porque no quiero que vuelvas a dudar de lo que siento por ti –sonrió con confianza mientras dejaba caer la cabeza en su hombro, acomodándose en el hueco de su cuello y respirando su deliciosa loción.
–No lo volveré a hacer, te creo –reconoció contento.
Y realmente lo hacía. Sakura no era capaz de mentirle, cierto que a veces no la comprendía del todo, su comportamiento podía tornarse contradictorio, pero no creía que lo hiciera a propósito.
–Entonces… ¿al fin conoceré a tu madre? –soltó ella, alejándose un poco de él para mirarlo directamente.
–Hmp. ¿Te asusta eso? –le colocó el cabello detrás de las orejas en un gesto sumamente cariñoso.
–Un poco. ¿Qué tal si…no le caigo bien?, tal vez no le guste como nuera –suspiró preocupada.
–El hecho de presentártela es únicamente una formalidad. A mí no me importa la opinión de mi madre, que a ella le gustes o no, no cambia lo que siento por ti, ni el hecho de que seas la mujer a la que amo –con aquella respuesta calmó todas sus dudas.
–Gracias, necesitaba oírlo. Aunque espero que sí podamos llevarnos bien, después de todo ella es mi suegra –confesó con optimismo.
Qué no daría ella por estrechar los lazos con la familia de Sasuke. Como siempre había estado sola, nada le gustaría más, que sentirse aceptada y querida por la madre y el tío de su prometido. Asimismo, no sería bueno que él entrara en algún conflicto con ellos por su culpa, sospechaba que de ser rechazada, Sasuke se pondría de su parte e iría contra su propia sangre.
–Ojalá –no permitió que ella notara las pocas esperanzas que tenía de que eso ocurriera.
Su madre no la aceptaría, y eso no sería culpa de Sakura, en absoluto, si había alguien que mereciera el respeto y la admiración de su madre, esa era su pelirosa. Sin embargo, conocía bien a Mikoto. Era clasista, desdeñosa, prejuiciosa y por qué no, bastante fría. Pero explicárselo a Sakura en ese momento y acabar con su sonrisa, no se le antojaba en lo más mínimo. No la atormentaría jamás con esas tonterías. Lo único que podía hacer, era protegerla si llegado el caso, su madre se portaba mal con ella.
–Por cierto, a pesar de ser una reunión supuestamente íntima, será de etiqueta, todas las recepciones de mi madre lo son. Te abriré una cuenta para que puedas disponer de dinero suficiente y así comprarte lo que necesites, el vestido, los zapatos, etcétera.
–No es necesario, seguro puedo ingeniármelas yo sola –respondió rápidamente, nunca se acostumbraría a la idea de gastar el dinero de Sasuke.
– ¿En qué quedamos la última vez?
–No Sasuke, por favor no. Ya has hecho suficiente por mí y por mi hijo…
–Nuestro hijo, no se te olvide que soy el papá de Naruto –corrigió formal.
–Sí, nuestro Naruto –sonrió ante la afirmación de Sasuke.
Era tan maravilloso saber que adoraba a su hijo con aquella devoción. Todavía no se lo creía, haberle conseguido a Naruto un papá como Sasuke, era algo extraordinario. Y si las cosas salían bien, pronto su rubio también tendría una abuelita y un tío abuelo, se emocionó por su bebé.
–Sé que quieres que me apoye en ti, y lo haré siempre que lo necesite, pero respecto al vestido y eso, déjame a mi encargarme ¿si?. Total, voy a gozar de todo mi sueldo, ya que no tengo más gastos. Por favor Sasuke, dame ese soplo de independencia –pidió con ojos suplicantes.
–Eres una chantajista –aceptó con un suspiro–. Bien, pero prométeme que si necesitas algo, lo que sea, me lo dirás –negoció divertido.
–Lo prometo.
–Bien.
–Ya aclarado todo, hay que trabajar. Hace tanto que no pisaba esta oficina, que estoy desesperada por sentirme útil –expresó animada.
–Como digas, pero antes…
– ¿Antes?
La tomó por la nuca y la acerco a él, en un movimiento lento y cortés, conectó sus labios con los suyos. El beso comenzó despacio, tanteándose ambos y saboreándose sin ninguna prisa, los latidos de Sakura fueron incrementando conforme sus alientos se mezclaban. Sasuke le acariciaba la espalda a la vez que hundía su lengua profundamente. Intempestivamente, el roce se hizo más exigente y severo, el recato y la prudencia fueron reemplazados por la pasión y la lujuria.
–Mhn…Sasu-ke –gimió al sentir el mordisco que él le propinó para que no se apartara.
–No creo poder contenerme a diario –admitió apenado, los labios de Sakura estaban rojos e hinchados.
–Tendrás que hacerlo, a menos que quieras mandarme a otro departamento con un nuevo jefe –le dio un beso rápido.
–Nunca. Me comportaré, o al menos, haré el intento –besó sus mejillas y su frente.
–Será mejor que hagas más que intentarlo, o Itachi nos lanzará a la calle a los dos por no trabajar –se puso de pie, tenía que poner distancia entre sus cuerpos.
–No teniendo otro remedio –exhaló recomponiéndose un poco–. Comencemos con el proyecto del hotel de Suna –sugirió encendiendo el ordenador.
– ¿En Suna? –abrió la boca sorprendida.
–Hn. Ya se comenzó con la construcción, dentro de poco, Itachi o yo tendremos que ir a supervisar que todo marche bien –explicó interesado en su expresión.
–Yo…tengo planeado ir a Suna en algunas semanas.
–Si, a la boda de la prima de Tenten, ¿no? –se recargó en el respaldo de su silla.
–No precisamente, iré a…al aniversario luctuoso de Ino…de Ino y de Sai –reveló aguantando el nudo en la garganta.
– ¿Tu amiga y el padre de Naruto murieron el mismo día? –preguntó ligeramente descolocado, aquella información era nueva para él.
–Sí, fue en…el mismo accidente –sus manos comenzaron a temblar.
–Sakura… –se puso de pie de inmediato y corrió a abrazarla.
Sakura se dejó hacer, la pobre pelirosa debió haber sufrido mucho con aquella tragedia, con razón le costaba tanto hablar de su amiga y de su ex pareja. Perder a las personas más importantes de su vida al mismo tiempo, era una cosa increíblemente cruel. Supuso que su única fuerza y razón de continuar, era Naruto, menos mal el rubio le había dado motivos para salir adelante.
–Te acompañaré –propuso en seguida.
– ¿Lo harás? –su rigidez desapareció.
–Por supuesto. Dime la fecha y prepararé el viaje, Tenten puede acompañarnos también –entre más personas la apoyaran, mejor.
–Eso sería maravilloso. Sobre todo porque es el mismo día del cumpleaños de Naruto –se apresuró a limpiarse las pocas lágrimas que dejó correr por su rostro.
Sasuke tensó la mandíbula, lo dicho, el destino podía ser despiadado. ¿Cómo se atrevía la vida, a hacer de un día especial, una especie de martirio para su pelirosa?. El nacimiento de Naruto debió ser la fecha más feliz para Sakura, en cambio, gracias a la desventura, aquel evento tan importante, se había manchado de dolor y muerte.
–No se diga más. Iremos a Suna para que puedas visitar sus tumbas, y después, celebraremos a Naruto como se merece –la apretó contra su pecho.
–Gracias Sasuke, muchas gracias.
Tener a Sasuke y a Tenten a su lado, en ese día tan difícil, la ayudaría a sobrellevar el dolor. Nuevamente, agradeció que Dios lo hubiera puesto en su camino. No tenía idea qué sería de ella sin el amor y el sustento de Sasuke. Rogó silenciosamente para que él nunca se apartara de su lado, de ser así, estaría completamente perdida.
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–Muy escotado –aportó Tenten desde el sofá donde se bebía un café que les habían servido de cortesía.
–Dijiste que el verde estaba muy cerrado –se quejó con las manos en las caderas.
–Y lo estaba –mordisqueó una galletita–, ¿no te encantan estas boutiques donde además de comprar ropa puedes ponerte a comer? –rió tomando más café–. Regresando al tema, con el otro vestido parecías una solterona amargada, y eres demasiado joven y bonita como para eso. Con este pareces una mujer fatal, lo cual no es malo, si únicamente fueras a vestirte así para Sasuke, pero no creo que a tu suegra le guste tanto como a él –negó bromista–. Y, en conclusión, a la que hay que darle una buena impresión, es a la anfitriona –se cruzó de brazos acomodándose mejor en el sillón en el que se hallaba sentada.
–Ya lo sé –suspiró cansada.
Odiaba ir de compras, no estaba acostumbrada a tener que escoger entre montones de prendas algo de su agrado. Si se tratara de simples pantalones y blusas, se conformaría con tomar las que fueran de su talla y color preferido, pero Tenten tenía razón, darle una buena impresión a la madre de Sasuke era su prioridad, por lo tanto, tendría que aguantarse la trabajosa tarea de encontrar el vestido perfecto.
–Menos mal que tú estarás ahí –se acercó a ella y cogió una galleta para endulzarse un poco el humor.
–Oh sí, no creas, también a mí me da algo de miedo. Aunque goce de la protección de Neji, me temo que esa reunión estará llena de esnobs –resopló desanimada.
–Si, por eso tenemos que pulirnos –se enderezó de nuevo y caminó al vestidor, aun le quedaban otras opciones que probarse. No es que le interesara la opinión de ese tipo de personas, pero no quería avergonzar a Sasuke.
–Esa es la actitud. No podemos irnos de aquí sin esos vestidos, por estar tan concentradas en el trabajo no nos queda más tiempo. ¿Te imaginas que tengamos que usar las garras viejas de siempre, todo por haber postergado este pendiente? –exclamó falsamente perturbada.
–Pues no te veo muy apurada –salió de nuevo del probador–. ¿Qué tal este? –dio un giro para que Tenten la observara atentamente–, ¿y bien? –apuró al ver a la castaña quedarse muy quieta.
–Sakura es…hermoso –parpadeó asombrada–, te ves simplemente perfecta –sonrió emocionada.
– ¿En serio? –a ella también le gustaba ese vestido.
–En serio –corroboró poniéndose de pie–. Ahora es mi turno, espero poder verme la mitad de bien de lo que te ves tú –cogió las prendas que tenía a un lado–. Siéntate y disfruta del show, ah, y no te acabes las galletitas –advirtió juguetona encerrándose en el probador que quedaba al lado del de la pelirosa.
–No prometo nada –gritó divertida.
Se dejó caer exhausta en el mismo sillón de Tenten. Faltaban escasas veinticuatro horas para la fiesta, esperaba que todo saliera bien, aunque la idea de codearse con la crema y nata de la sociedad le generaba escalofríos.
Cerró los párpados de repente, estaba hecha polvo. Cuando volvió a su puesto en la oficina, no se imaginó que el ritmo de trabajo se hubiera elevado tanto, si hasta Tenten se quedaba tiempo extra ayudando a Itachi. A su agotamiento se sumó la congoja de no disfrutar de más tiempo a solas con Sasuke. Si bien era cierto que la mayor parte del día la pasaban juntos en el trabajo, el resto de las horas apenas y les alcanzaban para sus respectivos deberes. Ella como ama de casa y madre de un bebé por demás hiperactivo, él como hombre lleno de cargas laborales y padre del mismo bebé.
Dormir a su lado algunas noches a la semana, era muy reconfortante, pero no suficiente. ¿Cómo decirle… no, más bien, cómo pedirle que hicieran el amor de nuevo?. Sasuke apenas si se mantenía en pie, después de darle de cenar a Naruto, bañarlo, contarle un cuento y dormirlo; se quedaba un buen rato despierto trabajando en su portátil hasta que el sueño lo obligaba a acompañarla en la cama. Obviamente, exigirle que todavía la complaciera sexualmente a ella, sería un crimen, claro que tampoco se atrevería ni a sugerírselo, prefería que fuese Sasuke el que se le insinuara. Tendría que seguir esperando, así era como debía ser por ahora, pensó con resignación.
–Listo –escuchó la voz de Tenten.
– ¡Eh! –se enderezó y abrió los ojos asustada–, ¿y el vestido que te ibas a probar? –cuestionó extrañada, la castaña vestía la misma ropa con la que había llegado.
–Ya me probé cuatro. Escogí el morado. Estabas tan a gusto, que no tuve corazón para distraerte con una cosa tan insignificante –explicó alzándose de hombros.
–Lo siento, es que…ya sabes, Naruto cada día es más inquieto, el trabajo en la oficina, los nervios por la fiesta…
–Lo sé, no es fácil cargar con tanto. Quítate el vestido y vamos a pagar, aún faltan los zapatos. Sasuke ya debe estar esperándote en el departamento. Por cierto, esta noche cenaré con Neji, así que podrán darse un respiro de mí –informó ayudándola a ponerse de pie.
–No nos estorbas –expresó sincera.
–Puede que no, pero de todas formas es bueno que tengan el departamento para ustedes dos de vez en cuando. Además, yo también extraño salir con Neji, estos días han sido infernales, espero que cuando los nuevos proyectos se concreten, todos podamos darnos unas vacaciones.
Sakura no pudo más que asentir en acuerdo con su mejor amiga. Se apresuró a cambiarse para poder salir de ahí, ver a Sasuke y a Naruto le renovó las fuerzas.
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–Abre más –ordenó Sasuke con paciencia.
Naruto estaba más necio de lo normal. La señora Chiyo ya se lo había advertido, pero él no le creyó. El rubio solía portarse más desobediente y travieso con la anciana mujer, seguro porque era muy permisiva y lo consentía mucho.
–Naruto no estoy jugando, cómete tu papilla –advirtió serio.
El bebé cerró la boca en un puchero y se revolvió en su sillita, pequeños quejidos salieron de él, a los pocos segundos ya estaba llorando a todo pulmón.
–Genial, simplemente genial –murmuró Sasuke sarcástico.
Dejó la comida en la mesa y se apresuró a cargar a Naruto, esperaba que se calmara con unas palmaditas y un arrullo rápido. Cuando se lo acomodó en el pecho, y la cabecita de su hijo tocó su mejilla, notó algo que lo preocupó de inmediato. La frente del bebé estaba muy caliente.
–Ay no, ¿estás enfermo? –Naruto dejó de llorar, pero todavía se quejaba–. Tranquilo –le acarició la espalda para reconfortarlo–, no podemos esperar a mamá, menos mal, tenemos un vecino que es doctor –se dirigió a la recamara del bebé.
Tomó una de las mantas de Naruto y se la echó encima, no había tiempo que perder, debía bajarle la fiebre cuanto antes a su hijo. Salió apresurado del departamento rumbo al piso superior, ojalá Sasori se encontrara ahí, aunque llevarlo a una clínica probablemente sería una mejor idea.
Después de tres timbrazos, decidió no esperar más, a punto estuvo de irse cuando la puerta se abrió. El pelirrojo lucía ojeroso y desaliñado, claramente lo había despertado.
–Hey, Sasuke, ¿Qué hay? –saludó restregándose los ojos.
–Siento molestar, pero al parecer mi hijo tiene fiebre, no quise perder más tiempo llevándolo hasta el hospital, yo…me preguntaba si tú podrías…
–Por supuesto, pasa –se hizo a un lado dejándolos entrar.
Sasori se olvidó de su fatiga y activó su modo: doctor. En menos de un minuto, ya tenía su maletín abierto y sacaba los instrumentos necesarios para revisar al pequeño.
–Colócalo aquí por favor –indicó señalando la mesa del comedor.
–Hmp. Shh, yo estoy aquí Naruto –comentó cuando el bebé dejó salir un quejido.
– ¿Algún síntoma además de la fiebre? –preguntó Sasori mientras colocaba el termómetro digital en la orejita del bebé.
–La señora que lo cuida comentó que estaba inquieto después de su baño, pero eso no es de extrañar, Naruto es hiperactivo. No quiso comer, y parece estar irritable.
–Vaya, 39 Grados, hiciste bien en traérmelo. Le recetaré un poco de Paracetamol –comentó mientras revisaba con cuidado la garganta y los latidos de Naruto–. Por ahora no presenta más signos de infección –palpó con cuidado el vientrecito–, aun así, quiero que lo mantengan vigilado. Al primer síntoma de que empeora, ya sabes, vómito, diarrea, tos, llévalo a mi clínica.
Sasuke asintió rápidamente.
–No te preocupes, Naruto es un niño fuerte. Mientras le den el medicamento y la dosis adecuada, estará bien –aseguró cargando al bebé y pasándoselo al azabache–. Enseguida te preparo la receta y las indicaciones.
–Gracias Sasori, y…nuevamente, disculpa que te molestara –abrazó a su pequeño, a pesar de las palabras de Sasori, se encontraba aterrado de que Naruto empeorara.
–No te preocupes, ya era hora que despertara –sonrió amable–, debo cubrir a un compañero. Además, desde que Deidara se fue de viaje, no tengo nada que me distraiga ni me impida descansar bien.
– ¿Cómo le va con la película? –preguntó por cortesía.
–Muy bien, el clima por allá es espectacular, y la actriz protagónica es amiga suya –firmó la receta y se la pasó a Sasuke.
–Gracias. ¿Cuánto te debo? –se llevó la mano a la cartera.
–Nada. ¿Se te olvida la pequeña fortuna que gastaste en sacarme de la cárcel?. En lo que a mí respecta, tú y tu familia tienen consultas ilimitadamente gratuitas en este consultorio –explicó simpático.
–Siendo así, de nuevo gracias. No te entretengo más, tengo que ocuparme de mi hijo –ofreció su mano y Sasori la estrechó de inmediato.
–Que estén bien, salúdame a tu esposa –los acompañó a la salida.
–Por supuesto, hasta luego –se despidió sin más preámbulos y corrió a su departamento, necesitaba hacer el pedido a la farmacia más cercana.
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–Sasuke, Naruto –entró Sakura llamando a sus dos hombres–. Qué raro, no se ven por aquí –comentó a Tenten que entró tras ella.
–Tal vez estén viendo la televisión en la recamara.
–Si, puede ser, voy a buscarlos –caminó en dirección a su recamara.
–Claro. Yo iré a prepararme, si ya no me despido, nos vemos en la mañana –abrió la puerta de su habitación.
–Cuídate mucho, salúdame a Neji.
Ingresó al cuarto y enseguida se quedó congelada. La lámpara del buró iluminaba tenuemente la alcoba, la figura de Sasuke resaltaba sobre la cama, al lado del cuerpecito de su hijo –quien yacía dormido en el centro–, pero eso no significaba nada bueno. Sasuke parecía tenso, además, a esas horas deberían estar jugando un poco, no recostados en las sombras.
–Sasuke –dejó las cajas de compras en el suelo, acercándose a ellos con precaución.
– ¿Cómo te fue? –respondió sin mirarla, sus ojos no se despegaron de Naruto, al tiempo que le acariciaba la cabecita.
–Bien, ya compré el…Sasuke, ¿Qué sucede? –llegó por fin a la cama, reparó en algo que no había notado.
Sobre el mismo buró de la lámpara, varias cajas de medicamento se exhibían, pero sólo dos se hallaban abiertas, también había dos jarabes con frascos de distintos colores y un gotero recién utilizado.
–Naruto tenía fiebre, pero ya está mejor –respondió suspirando–. Lo siento, no quería distraerme hasta comprobar que su frente se sintiera fresca –se sentó con cuidado para no despertar al pequeño.
– ¿Qué?, ¿Por qué no me llamaste?, ¿¡no me digas que le diste todos esos jarabes!?
–Claro que no. Cálmate –la tomó de las manos y la tranquilizó en seguida–, no te llamé porque no quería preocuparte. Lo llevé con Sasori, él me dijo que se pondría bien si le daba el medicamento. Por supuesto que no le di todos esos jarabes, simplemente quería darle a escoger el sabor que más le gustara, estaba indeciso entre la cereza y la uva, así que los abrí para que los oliera –explicó sin problema–. Escogió el de uva, preparé las gotas, se las di, y le conté un cuento mientras esperaba a que mejorara, poco a poco se fue quedando dormido –finalizó mirándola a los ojos.
–Tú…le diste a elegir el sabor del jarabe –repitió incrédula–, y él…escogió el de uva –de toda la conversación, aquella información la tenía sorprendida.
–Hn –asintió impasible.
Sakura rompió a reír. Únicamente Sasuke podría lograr que su hijo tuviera ganas de llevar a cabo un concurso de jarabes estando enfermo. Por supuesto que el corazón se le había caído a los pies cuando escuchó la palabra fiebre, pero al saber que Naruto ya estaba mejor y fuera de algún peligro, no pudo evitar concentrarse en aquel gracioso suceso. Eran tan tiernos, igual de irreverentes los dos.
–Y dices que la señora Chiyo lo consiente –se llevó las manos al estómago intentando controlarse–, Sasuke tú eres el único que le cumple todos sus caprichos…si sigues así, lo vas a malcriar –respiró agitada después de tanta risa.
–Hmp –desvió el rostro para esconder su sonrojo–, sólo lo hice porque estaba enfermo, lo que menos necesita es que su medicina no tenga buen sabor –se excusó avergonzado.
–Te amo –se aproximó a él y lo besó inocentemente.
–Me preocupé mucho –admitió de repente–, ver su carita apagada y escucharlo llorar así, me partió en dos…yo…me sentí tan impotente…
Pasado el gran susto, podía respirar de nuevo. Pero la sensación de malestar aún no se disipaba de su pecho. Al pensar en toda la vitalidad de su hijo, y de como esta se había mermado de repente, todo por un malestar, se agitaba nuevamente. No quería verlo enfermo nunca más. Naruto no era un niño que soportara la enfermedad, ese buen humor y toda esa energía que lo motivaban en sus travesuras, eran los rasgos más hermosos de su bebé, no quería verlos desaparecer de nuevo.
–No digas eso, lo hiciste excelente, yo me habría puesto a llorar junto con él, pero tú actuaste rápido y por eso ahora él está tranquilo y mejor, eres un gran padre –alabó conmovida.
En el pasado, cuando su hijo enfermaba, sólo la tenía a ella para cuidarlo y encargarse de él. Recordaba, no sin cierta tensión, lo difícil que fue llevarlo al doctor y pasarse noches en vela con tal de verlo sanar. Todas esas veces, había llorado en silencio en la oscuridad, implorando que Naruto no tuviera que sufrir por más de esos dolores de garganta, o resfriados. Pero Sasuke a pesar de su semblante apesadumbrado, permanecía entero, y no porque la salud de Naruto le importara menos, sino porque tenía una gran fortaleza, y eso, como bien le acababa de decir, lo convertía en un gran padre.
–Es lo menos que puedo hacer por él. Esta noche tendrá que dormir con nosotros, hay que vigilarlo –indicó poniéndose de pie, necesitaba estirarse un poco y cambiarse de ropa.
–Por supuesto, yo lo cuido mientras te preparas para dormir, es temprano, pero creo que todos necesitamos descansar. ¿Quieres cenar algo ligero antes de acostarte?
–Beberé un vaso de leche, ¿quieres tú que te traiga algo? –tomó su pantalón de dormir y una camiseta.
Teóricamente no vivía ahí de tiempo completo, pero varias de sus pertenencias personales, como ropa y artículos de limpieza, se hallaban en el departamento de Sakura, más específicamente en esa habitación.
–Nop, comí muchas galletas –sonrió al verlo arquear las cejas–. Prepararé la cama, anda…
–Ahora vuelvo.
Como ambos imaginaron, no pudieron dormir más que unas cuantas horas. Naruto no volvió a despertarse, pero ellos continuaban al pendiente, despertando en intervalos durante toda la noche para revisarlo.
La mañana del sábado se les escurrió de las manos como agua. Con Naruto completamente recuperado, jugando y gritando por todo el departamento, Sakura retomó los nervios por la fiesta. Sasuke le comentó que debía realizar algunos pendientes antes de irse, insistió en llevarse a Naruto para que ella y Tenten se concentraran en arreglarse, según él, al rubio le vendría bien dar un paseo después de su breve enfermedad.
–Estas quedando divina –informó Tenten colocándole la última horquilla del peinado.
Le había realizado un recogido flojo, dejándole estratégicamente unos mechones sueltos alrededor del rostro, mismos que le enmarcaban perfectamente las delicadas facciones. Sakura se veía fresca y juvenil, justo como tenía que ser.
–Gracias Tenten, me encanta –sonrió asombrada ante su reflejo.
–Te queda estupendo, apuesto a que las damas refinadas irán con un ridículo peinado estirado y remilgado, así que resaltarás como ninguna ante todas ellas –abrió su estuche de maquillaje, era hora de la siguiente fase.
–Es una suerte que seas tan buena en esto –la miró a través del espejo, la castaña tenía tubos en todo el cabello, la idea de Tenten era lucir una espesa y brillante melena rizada y suelta.
–Y que lo digas, nos hemos ahorrado la pequeña fortuna que nos hubiera costado el salón de belleza. Es en momentos como estos que adoro ser experta en caracterizaciones –comenzó a revolver la base que le aplicaría a Sakura.
–Sí, después de los zapatos y el vestido, me quedó muy poco dinero. Es una exageración lo que gastamos, menos mal no asistimos a fiestas tan seguido.
–Verás que valdrá la pena –aseguró iniciando el proceso de maquillado.
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– ¿Ya te decidiste? –preguntó Karin, entrando a la habitación de su hermano después de llamar.
–Hjm. Si, no sé cómo, pero conseguiste convencerme de asistir a esa dichosa reunión –espetó el pelirrojo buscando uno de sus tantos trajes de gala.
–Ya te dije que no quiero ir sola, además, te tengo una grata sorpresa –sonrió misteriosa.
Gaara la observó con suspicacia, Karin parecía impaciente por irse a la mansión Uchiha. En su sano juicio se habría negado a acompañarla, pero tenía tanto tiempo sin una verdadera distracción que no fuese el trabajo, que logró convencerlo. Asimismo, Karin siempre lo apoyaba en todo, no sería justo que él no cediera ante esa insignificante petición de acompañarla.
– ¿De cuánto tiempo dispongo?
–Del que quieras, la maquillista y el peinador que contraté acaban de llegar. Te dejo para que te arregles –hizo una pausa antes de salir–. No sabes lo feliz que me hace el que vayas conmigo –admitió sincera.
Karin sonrió con maldad, nunca había disfrutado tanto del preludio de una fiesta, pero esta ocasión era distinta, esta vez, ella y Gaara poseían los boletos en primera fila para atestiguar lo que sería el fin de Sakura Haruno. Un fin que su hermano tenía todo el derecho de presenciar. Esa inescrupulosa mujer no se había tentado el corazón para herir a Gaara, era más que necesario que –aunque indirectamente– él tuviera su venganza, viéndola caer en desgracia.
Con aquel pensamiento sombrío, se dirigió a su recamara. Verse hermosa era su principal objetivo, después de todo, tenía toda la intención de capturar de nuevo la atención de Sasuke, y con Sakura fuera de su camino, eso era prácticamente un hecho.
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–Gracias por acompañarme hermano –terminó de abrocharle el trajecito a su hijo.
–Nunca imaginé verte así –Sasuke escuchó el click de la cámara del celular y la luz que emitió el flashazo–. En serio es como un milagro –tomó otra foto.
–Y supongo que por eso tienes que documentarlo –gruñó ofreciéndole los brazos a Naruto, este se le lanzó en seguida para que lo cargara.
–Oh, mírense, se ven tan lindos. Padre e hijo ataviados de pingüinos –bromeó Itachi, aunque la realidad era que se hallaba enormemente enternecido y feliz por Sasuke.
Su hermano menor vestía un elegante esmoquin, al igual que el pequeño rubio. Naruto no asistiría a la fiesta, ya que obviamente Mikoto prohibía la entrada de niños a la reunión, pero Sasuke no había arreglado al rubio para eso, no. El azabache menor, tenía un plan bastante romántico entre manos, y para ello, se valdría de la ayuda de su hijo.
–Viniste para aconsejarme acerca de la mayor adquisición de mi vida, no para tomarnos fotos –empezaron a caminar rumbo a la parte más exclusiva de la prestigiosa tienda.
–Lo sé, y agradezco que tengas en tan alta estima mi colaboración.
–Bueno, ya estuviste casado, tienes experiencia en…ese tipo de elecciones –no creyó ofender ni hacer sentir mal a Itachi, era claro que su hermano ya había superado el asunto de su separación e inminente divorcio.
–Eso que ni que, tienes de tu lado al más conocedor. Además, estoy muy feliz de ser parte de todo esto. Tendrás que contarme su reacción, ya que no estaré ahí para verla, de acuerdo.
–Hmp, confórmate con ser el primero que sabe lo que haré –llegaron por fin al último destino del paseo.
En menos de una hora, Sakura y él estarían verdaderamente comprometidos, sonrió acercándose al aparador que se desplegaba frente a ellos.
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¿Qué tal están?
¿Qué les ha parecido el capítulo?, ¿Qué se vendrá en el siguiente?, ¿qué tal estará la fiesta?...creo que ya tienen una idea, pero de todas formas los dejé en suspenso. Aww, adoro esas escenas SasuNaru, no saben lo hermosos que me parecen, y como muchos de ustedes me dicen que adoran la interacción de estos dos, pues me dejo llevar, haha.
No quiero decir más, pero disfruten de estos momentos bonitos, porque se vienen tiempos turbulentos, uy uy, hehe. Esto lo digo, porque a veces me piden que apresure las cosas, sé que voy lento con esta trama, pero ellos tardaron tanto en estar juntos, que lo que menos merecen, es que acorte el romance para sembrar tensión, creo que esto debe llevar un balance, so, ¿Quién me apoya con mas SasuSaku =D?
Ojalá les haya alegrado un poco la actualización, estoy trabajando en varias cosas, hablando específicamente de escribir. No se imaginan como tengo la cabeza, sé que debo actualizar en orden, pero no me encuentro en orden, por eso es que escribo un poco de esto, otro poco de acá, etc, etc, en cuanto no termino de concretar los capis de cada fic. No se me desesperen, que podré tardarme pero nunca me desapareceré así sin más, aquí andaré.
Gracias por leer, por comentar, por las alertas, por seguir aquí, o por unirse aquí, hehe. Les mando un saludo, un fuerte abrazo, y mis mejores deseos. Cuídense mucho.
¡Nos leemos pronto!
P.d. Estoy pensando seriamente en levantar una colecta con ustedes, con el único fin, de viajar a Japón –o dónde sea que se esconde Kishimoto-, con el propósito de convencerlo "amigablemente", de que no nos joda con más tragedia, ¿Quién coopera?. Si leen el manga, me sabrán entender. Btw, me despido rogándole al cielo, un buen fin para Naruto (un fin SasuSaku), apóyenme con las plegarias XP
