Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto

Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.

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La madre virgen

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Capitulo XL

El verdadero amor florece en terrenos áridos

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–Entonces… ¿vas en serio con…Sakura? –el nombre casi se le quedó atorado en la garganta.

Todavía se encontraba en shock. ¿En verdad Sasuke le había propuesto a esa buscavidas matrimonio?. Comprendió que la subestimaba, la desgraciada madre soltera era más astuta de lo que aparentaba. Seguro, la muy vividora ya se sentía vencedora, menos mal, Mikoto se encargaría de ella. Había evitado que Sasuke se diera cuenta cuando ambas salieron del salón, a esas horas, probablemente Sakura ya ni siquiera estaría en la mansión. Evitó celebrar triunfal, no quería dar a notar la satisfacción que esa idea le ocasionaba.

–Muy en serio –confirmó de inmediato–. En cuanto nuestro hijo cumpla un año, Sakura y yo decidiremos la fecha –aportó tranquilamente.

– ¿Su hijo?, Sasuke, ese niñito, no tiene nada que ver contigo. No sé cómo puedes hablar de él de esa manera. Sobre todo tú, que nunca has querido ese tipo de lastres en tu vida –le recordó mordaz.

–Naruto no es un lastre –la expresión de Sasuke se tornó glacial–, así que no vuelvas a insinuarlo nunca más, no si quieres que sigamos siendo tan buenos amigos como hasta ahora. Y si, lo considero mi hijo, y él me considera su padre, lo cual me hace muy feliz –informó orgulloso–. Ahora, creo que ya bailamos lo suficiente, quiero volver a la mesa y ver si Sakura se encuentra bien.

–Espera, antes me gustaría hablar contigo de algo importante. ¿Te molestaría si vamos al jardín?. Por favor –imploró al verlo dudar.

–Hmp. Que sea rápido –dejó que lo arrastrara hacia afuera.

Conocía a Karin desde hacía años, lo menos que merecía era que la escuchara. Además, parecía un asunto muy importante.

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–Ya vuelvo, iré a decirle al chófer que te lleve a casa, en tu estado, no puedes enfrentar a Sasuke. No te preocupes, le diré que tuviste que irte. Espérame aquí, será mejor que nadie te vea así –Mikoto le pasó un pañuelo antes de desaparecer de su vista.

Sakura, temblorosa y destruida como se sentía, no pudo decirle que no. Aunque quería desaparecer de allí cuanto antes, sus pies no podían moverse, nada en su cuerpo de hecho. Controló el llanto de manera eficaz, a pesar de su maleabilidad e inocencia, era una mujer madura, la vida la había hecho despertar a la realidad a muy corta edad. Por eso no le extrañaba que su sueño de amor con Sasuke se viniese abajo, nunca debió abrigar tales esperanzas.

–Sakura, te estaba buscando –alzó la cabeza cuando una voz poco conocida la llamó–. ¡Ay no!, ¿Qué te dijo?

Anko se acercó de inmediato hasta la muchacha. Se sentó junto a ella y atrajo sus manos hacia las suyas, dándoles un apretón reconfortante.

Sakura negó despacio, tragándose el nudo de ardor e intentando una sonrisa despreocupada, la cual le salió fatal.

–Sakura. Te ves terrible, ¿Qué te hizo Mikoto, qué te dijo? –insistió Anko preocupada.

–Yo…simplemente me dijo la verdad. El por qué Sasuke y yo no podemos casarnos –murmuró lentamente, Anko no le dio oportunidad de huir, asimismo, necesitaba desahogarse.

–Lo sabía, esa mujer tramaba algo. Sakura, olvídate de todo lo que te ha dicho, Mikoto es una bruja, no puedes darle el gusto de alejarte de Sasuke.

–No Anko, tú no entiendes…él…Sasuke no me quiere de verdad…

–Esas son palabras de Mikoto, no de él. Sasuke te adora, lo conozco lo suficiente como para saber que has obrado un milagro con él –le alzó el rostro y la hizo encararla–. Él se va a casar contigo Sakura, míralo –cogió su mano donde resplandecía el anillo de compromiso–, éste es el símbolo de su amor.

–Esto no significa nada, no es más que un regalo a mis atenciones, un pago…un…

–Basta. No te rebajes ni lo rebajes así a él. Si tú no eres lo suficientemente astuta o fuerte para encarar a Mikoto y sus elucubraciones, no lo culpes a él –le recriminó seriamente.

–Ni siquiera soy la primera mujer con la que se ha comprometido… –susurró de repente.

No le gustó la acusación de Anko en absoluto. Ella amaba a Sasuke, pero no podía seguir soñando con cuentos de hadas.

– ¿Qué?, Mikoto te habló de…Sakura. ¿Qué fue exactamente lo que te dijo esa mujer?. Esto es importante, por favor confía en mí, quiero ayudarte para que no cometas el mismo error que yo –su mirada se volvió triste de repente.

–Que Sasuke ha estado comprometido en otras tres ocasiones –el dolor que sintió fue indescriptible. Si Sasuke se comprometía con esa facilidad, nada evitaba que rompiera esos compromisos con la misma rapidez.

– ¿Y tú le creíste? –Anko la miró con pena, por supuesto que lo creyó, era una joven bastante inexperta en reconocer intrigas.

– ¿Entonces no es cierto…? –preguntó con voz esperanzada.

–Si lo es. Pero –al ver que Sakura volvió a encogerse de decepción, se apresuró a aclarar–, eso fue cuando tenía cinco, diez, y doce años.

– ¿Cómo?

–Que Mikoto era la que le imponía esos ridículos compromisos a Sasuke, lo mismo hacía con Itachi. Tenía amigas con hijas de las mismas edades que ellos, y en su obstinación, creía que podía arreglarles un matrimonio de conveniencia, como en los tiempos antiguos, en los que se cambiaba a las hijas por una vaca –sonrió bromista–. Como ves, si Sasuke no te mencionó de esos "compromisos", es porque para él no fueron tal cosa. Si, su madre quería imponerle una candidata aceptable, pero él jamás le hizo caso, por eso se fue a Suna, para hacer de su vida lo que quisiera.

–Ya…veo… –asintió titubeante.

–Sakura. Yo cometí la estupidez de no luchar por Itachi cuando tuvimos nuestro primer problema real como pareja, me escondí en mi dignidad y mi orgullo herido. Tú te estas dejando llevar por tu inseguridad y tu ingenuidad.

–No sé qué decir…ni que pensar –admitió culpable. Anko tenía razón, había sido demasiado ingenua, por no decir estúpida al creer con fe ciega las palabras de Mikoto.

–Itachi y yo tuvimos problemas por Shizune –confió Anko de repente, sincerarse totalmente sería la única manera de que Sakura comprendiera–. Ella intrigó contra mí, inventando que yo engañaba a Itachi con otro, simplemente para separarnos, porque estaba encaprichada con mi novio. Lo peor, fue que se sirvió de la ayuda de un conocido, que para mi mala suerte, le siguió la corriente. Como podrás suponer, Itachi les creyó a ellos, y no a mí.

Sakura abrió la boca con sorpresa. Anko lucía tranquila, pero su mirada se volvió rencorosa.

–Lo más fácil fue negarme a rogarle. Empeñarme en que si él me quería, tendría que confiar en mi versión ciegamente. Obviamente eso sólo sirvió para terminar de destruir la relación. Itachi se negó a creerme, yo me negué a pedirle que lo hiciera. Tú desconfías de Sasuke, estás a punto de irte sin darle ni siquiera la oportunidad de que desaparezca tus dudas. ¿Es eso lo que se merece Sakura?, ¿tan poco vale el amor que dices tenerle, que prefieres creerle a una mujer que acabas de conocer, que al hombre que no ha dejado de apoyarte, ni a ti ni a tu hijo?

–Soy una imbécil –reconoció sin la más mínima compasión por sí misma.

Necesitaba quitarse de una vez el estigma de su pasado. Creyó todo lo que su suegra le dijo, porque en su interior, no se sentía merecedora de un amor como el que Sasuke le profesaba. Aquello no era más que el resultado de su origen. No concebía la idea de que alguien la amara tan profunda y verdaderamente, porque ni siquiera sus padres la habían querido así, ¿Cómo un desconocido podría hacerlo?. Pero estaba equivocada, y ahora lo veía claramente. No podía seguir siendo víctima de las circunstancias, desconfiando de todo el mundo, creyendo que era menos que basura, y que alguien como ella no podía tener sueños y a su vez cumplirlos.

Le dolió darse cuenta que la madre de Sasuke jamás tuvo intención de aceptarla. Era claro que si le había dicho tantas cosas haciéndola sentir así de miserable, era porque no la quería al lado de su hijo. Esa cuestión podría ser otro impedimento para estar con Sasuke, porque no pretendía enfrentarlo contra su familia. Pensó detenidamente en esa situación. No le llevó mucho darse cuenta que Sasuke la escogería a ella, y la antepondría ante todo. Por supuesto, con la cabeza ya despejada de complejos y auto-sabotajes, se sentía capaz de hacer lo mismo que él. Defender lo que ambos sentían, aunque por ello se ganara de enemiga a la señora Mikoto Uchiha.

–No, eres ingenua y tal vez muy vulnerable. Pero creo que he logrado que reconsideres tu decisión, ¿verdad? –sonrió Anko de manera maternal.

– ¿Cómo supiste que la mamá de Sasuke maquinaría algo contra mi relación con él?

–Porque…ella me odia, siempre quiso alejarme de su hijo. Tanto era su rechazo, que le ayudó a Shizune a comprometerse y a casarse con Itachi después de que nos dejamos…y vi ese mismo odio en sus ojos cuando se acercó a ti.

–Lo siento tanto Anko –suspiró Sakura sintiéndose mal por su nueva amiga, pensar en que ella casi había perdido a Sasuke por las intrigas de los demás, como le sucedió a Anko en el pasado, la llenó de ira, aunque no era solo culpa de su conspiradora suegra, sino de sí misma.

–No lo hagas, yo ya dejé de atormentarme con eso, ahora solo quiero recuperar a Itachi y ver si podemos ser felices juntos. Sasuke te ama, no dejes que te convenzan de lo contrario, ¿quieres?

–Ya regresé, el chófer se estaba tomado un des-… Anko, ¿Qué haces aquí? –Mikoto la miró con reserva.

–Estaba buscando a Sakura, la cena está a punto de servirse, y los demás extrañamos su presencia –Anko le guiñó el ojo conspiradoramente y Sakura sonrió aliviada de tener su respaldo.

–Eso no podrá ser, Sakura no se estaba sintiendo bien, así que salí a buscar al chófer para que la lleve a su casa –Mikoto se acercó a ellas con decisión.

–Pues yo la veo muy repuesta –aportó Anko levantándose y tendiéndole su mano a la pelirosa.

–Es que…

–Gracias señora Mikoto. Pero Anko tiene razón, ya me siento perfectamente. Disculpe las molestias. Ahora lo único que quiero, es ir a buscar a Sasuke –con una mirada de determinación que muy pocas veces mostraba, Sakura dejó atrás a la madre de Sasuke y se adelantó con Anko de nuevo a la fiesta.

– ¡Eso estuvo genial Sakura!. Mikoto no supo ni que responderte –apretó su brazo adentrándose con ella en el fastuoso salón.

Al momento de llegar a la mesa, se dio cuenta que Sasuke todavía no regresaba. Lo buscó por la pista sin encontrarlo. Itachi le comunicó que lo había visto partir rumbo a los jardines. Les dedicó una sonrisa y se dirigió hacia allá. Mikoto no era la única piedra en el camino, Karin era otro obstáculo bastante desagradable en su relación. Comprendió su error de no confiarle a su prometido acerca de sus desagradables encuentros con la pelirroja, pero ya no más. No se quedaría quieta mansamente mientras esa mujer seguía complicándole la existencia.

Sasuke permanecía callado, sopesando con mucho cuidado la petición de Karin. Su mejor amiga, le suplicaba encarecidamente, que retomara su buena amistad con Gaara. Ella creía que ya era tiempo que los dos resolvieran sus diferencias. Por su parte, no estaba muy convencido de eso. Gaara podría seguir guardándole rencor, a pesar de que se mantenía alejado de Sakura como había prometido. A él también le preocupaba no ser capaz de evitar los celos, ya que si le abría la puerta a Gaara de regreso a su vida, sería inevitable que conviviera con su prometida.

Karin miraba nerviosamente a Sasuke, ojalá él quisiera hacer las paces con su hermano, y que todo volviera a ser como antes. Así habría más probabilidades de que Sasuke y ella empezaran una relación. Casi sonrió victoriosa al pensar en que Sakura ya estaría muy lejos de la fiesta, probablemente haciendo sus maletas para largarse a Suna. Mikoto tenía un efecto devastador en sus contrincantes, ni siquiera esa caza fortunas profesional, podría abstenerse de correr asustada y derrotada.

–Sasuke.

Karin abrió los ojos estupefacta, Sakura se acercaba a ellos con expresión desenfadada y un porte de dignidad nada característico en ella.

–Espero que no te moleste que haya salido a buscarte, pero quería hablar contigo –comunicó llegando hasta ellos.

– ¿Qué no ves que estamos ocupados? –la fulminó Karin con enfado–. Es obvio que no te podías quedar tranquila al verlo conmigo, ¿verdad?. No seas tan desconfiada, a Sasuke le molestan las mujeres posesivas y celosas.

–Karin –Sasuke se extrañó ante el tono primero acerado y después burlón de su amiga. ¿Quién se creía para hablarle así a su prometida?

–No estoy para nada celosa de ti Karin, si Sasuke quisiera reanudar la relación que tuvo contigo, no me habría pedido que me casara con él –expresó Sakura con seguridad.

Después de aquella necesaria introspección con la que Anko la ayudó, se sentía más libre y confiada.

–Si salí a buscarlos, es porque necesito hablar con mi prometido.

–Y tienes que restregármelo, si Sasuke te pidió matrimonio, es porque seguro te has valido de tus sucias artimañas y tu extraño encanto. Además de tu lacrimógena historia de huerfanita y tu patética circunstancia de madre soltera. ¡Niégame que no usas a ese bastardito tuyo para que los demás sientan lástima por ti!

– ¡Basta Karin! –Sasuke se le colocó en frente cuando ella iba a saltarle encima a Sakura–. ¿Qué diablos te pasa?. Discúlpate con Sakura de inmediato, no voy a permitir que la ofendas de ese modo, mucho menos que llames así a Naruto –la tranquilidad en la fachada de Sasuke era superficial, Sakura se percató de sus hombros tensos y de lo helado de su voz.

–¿¡Es que no te das cuenta!?, esta mujerzuela te ha embrujado, no sé qué te da para que la defiendas así, ¡pero tienes que reaccionar Sasuke! –Karin comenzó a derramar lágrimas, su especialidad era la manipulación a través del llanto, pero en ese momento, presentía que no le serviría de nada. Sasuke parecía un desconocido, y no el mismo hombre que cedía ante sus estudiados berrinches.

–Última vez Karin. Discúlpate con Sakura –su rostro displicente parecía esculpido en piedra.

–No necesito sus disculpas Sasuke. Porque no serían más que palabras vacías, además, de que no me podría importar menos lo que Karin piense de mí –Sakura le tocó el hombro y lo hizo girarse hacia ella.

–No estoy dispuesto a tolerar que te falten al respeto Sakura, eres mi prometida, y Naruto mi hijo. Si Karin no entiende eso, es su problema. Pero si se expresa así de ti, delante de mí, tiene que saber que habrá consecuencias –comentó implacable.

–Déjalo ya, por favor. Creo que ella ya se ha dado cuenta que hizo mal –miró a Karin sin rencor, ahora que Sasuke sabia del odio que la pelirroja le tenía, era muy posible que dejaran de ser tan cercanos.

–Sasuke yo… –Karin no podía creer que hubiese perdido el control de ese modo, era una idiota.

–Desaparece Karin, a petición de Sakura no te obligo a que te disculpes, pero olvídate de nuestra amistad, no quiero tener nada que ver con alguien que trate así a mi familia –concluyó Sasuke dándole la espalda y finalizando la conversación.

Karin corrió fuera de su vista, en ese momento no podía hacer más. Tontamente había puesto a Sasuke a elegir, pensando equivocadamente que la escogería a ella. Ahora ni siquiera podría acercársele con el pretexto de su amistad. Se apartó de allí tragándose su coraje y su vergüenza, queriendo salvaguardar un poco su orgullo pisoteado.

–No puedo creer que se haya atrevido a decirte todas esas tonterías –Sasuke la tomó de las manos besándolas con adoración.

–Nunca le caí bien, primero por Gaara y después por ti. Karin siempre intenta ofenderme, pero lo que de verdad me dolía es que tú fueras tan cercano a ella y no podértelo decir –no quería seguir guardándose nada ante él–. Me dejaba claro que ella aun esperaba que estuvieran juntos, y aunque yo confío en ti, me molestaba por lo que hubo entre ustedes.

–Debiste decirme. De saberlo, me habría alejado antes de ella –la acercó a él y la abrazó protectoramente.

–No quise verme inmadura, pero si, habría evitado esto –reconoció rozándole el cuello con la nariz, Sasuke olía maravillosamente, la mente comenzó a nublársele.

–Ya puedes estar tranquila –acarició su espalda, creando círculos imaginarios con sus suaves dedos–. ¿De qué querías hablar conmigo?

–La verdad, preferiría dejarlo para mañana –le diría acerca del comportamiento de su madre, pero no en ese momento, ahora, se le estaba ocurriendo algo mejor–. Sasuke…quiero salir de aquí…quiero…no. Necesito estar contigo –despegó el rostro de su pecho y lo miró suplicante.

– ¿Segura? –no sabía si estaba entendiendo bien la insinuación de Sakura, esperaba que estuviera pidiéndole llevarla a otro lugar para hacerle el amor.

–Sí. Muy segura –lo abrazó desesperada, atrayendo sus labios a los suyos y besándolo apasionadamente.

La estrechó con fuerza, no importándole si la dejaba sin respiración. Desde que la había visto aparecer con ese vestido, ansiaba quitárselo, lucía tan hermosa. Ella lo apretó con el mismo ímpetu, bebiendo de su boca con avidez, las terminaciones nerviosas de ambos amenazaban con hacer un corto circuito.

Se separó de ella unos centímetros, acariciando con el pulgar sus sonrosadas mejillas. En sus ojos verdes no dejaba de brillar el deseo y la pasión. Asintió avivado, tomándola de la mano y dirigiéndola a la salida. Le enviaría un mensaje a su tío explicándole que habían tenido que irse, se vería como un maleducado, era lo de menos. Sus cuerpos exigían fundirse de nuevo.

Sakura ni siquiera se abochornó por su osada petición. Ser la primera en iniciar el cortejo era algo totalmente nuevo y revitalizante. No era una fresca, era una mujer locamente enamorada, que en ese instante lo único que quería era pasar la noche entera entregándose al amor de su vida, para así reafirmar lo que sentían el uno por el otro.

–Vamos a mi departamento, no quiero que la señora Chiyo piense mal de ti –la ayudó Sasuke a colocarse el cinturón de seguridad dentro del auto.

–Me parece buena idea. No por la señora Chiyo –sonrió sabiendo que ella no la juzgaría–, sino por Naruto. Adoro a nuestro bebé, pero sé lo inquieto que es, y esta noche quiero que sea para los dos.

Sasuke asintió, se sentía honrado. Aceleró respetando los límites de velocidad, la urgencia de llegar al departamento que compartía con Itachi, era completamente proporcional a sus ganas de tener a Sakura en sus brazos.

– ¿Pasa algo? –Itachi aprovechó su preocupación para acercarse nuevamente a Anko.

–Sólo tu madre y su inapropiada habilidad para meterse en la vida de los demás –se alzó de hombros probando su crema de hongos al gratín.

Los meseros habían servido la primera entrada de la cena, los demás empezaron a comer después de que Kakashi les anunció que Sasuke y Sakura habían tenido que irse. Karin estaba mortalmente pálida, y se dedicaba exclusivamente a mirar su plato. Mikoto reapareció en la fiesta como si nada hubiese sucedido, continuaba paseándose por las mesas, cerciorándose que todo se encontrase en perfecto orden.

– ¿Crees que eso haya tenido que ver con la partida de Sasuke y Sakura?, ¿tendrán algún problema?

–Espero que no. Lo hubiesen tenido de no haberme entrometido, pero Sakura ya se veía mejor cuando fue a buscarlo. Con un poco de suerte se habrán ido para no seguir soportando las tretas de tu madre. Y lo siento si soy muy ruda, pero sabes que tengo razón –por fin lo miró a la cara.

–Lo sé y te lo agradezco –la tomó de la mano apretándosela suavemente.

–No lo hice por ti –su enfado se disolvía rápidamente, gracias a aquellos ojos hechizantes.

–Anko… –Itachi sonrió ante el temblor que distinguió en el cuerpo de su ex novia–. Perdóname, no quise ser desagradable con el asunto de Kabuto –acarició su muñeca con el pulgar.

No pensaba perder la cercanía que llevaban recuperando con el pasar de los días, le gustaba tenerla de vuelta en su vida, no simplemente como amiga, porque sabía que entre ellos existía mucho más que una amistad. El ponerse celoso por Kabuto, era una señal inequívoca de que Anko le interesaba como mujer.

–No te preocupes –sonrió retomando su buen humor.

La madre de Itachi había tramado aquella mala pasada para ella, así que no podía culparlo completamente a él por reaccionar de ese modo. Además, pensando con cabeza fría las cosas, el enfado de Itachi podría ser a causa de los celos, y la idea de que él volviera a sentir atracción por ella, la tenía loca de contenta.

Mikoto logró sin mucha dificultad ocultar su enfado. Su hijo menor y Sakura no volvieron a la fiesta, aquello sería una buena noticia, si no fuera porque la pelirosa se había arrepentido de escucharla. Quería averiguar que le dijo Anko para convencerla de cambiar de opinión y seguir con Sasuke, pero esa revoltosa no le confesaría nada. Anko la odiaba. Su fracaso la molestó, creyó que Sakura estaba ya fuera del camino de Sasuke. Sonrió a una de sus amigas, que se acercó a felicitarla por la exquisita recepción. No era momento de pensar en lo que había salido mal esa noche, sino de idear una nueva estrategia.

–Tu departamento es…muy bonito –murmuró Sakura con los labios hinchados, el cabello enredado y el cuerpo deliciosamente extenuado.

Sasuke rió divertido envolviéndola en sus brazos y acercándola a su pecho. Entre sábanas revueltas y respiraciones agitadas, yacían saciados en su cama.

– ¡No te rías! –pidió poniéndose más colorada–, estaba tratando de evitar sentirme incómoda –escondió la cara en su hombro.

–No tienes por qué avergonzarte o incomodarte Sakura. Vamos a casarnos, pasar las noches juntos es normal –levantó su barbilla y besó castamente su frente–. Acostúmbrate a esto –la tendió de espalda colocándose encima de ella.

Sakura cerró los ojos y se sumergió de lleno en el delicado beso de Sasuke. Su boca se movía con ternura, explorándola con cuidadosa seducción. Sintió a Sasuke crecer entre sus piernas, hacía pocos minutos que acababan de hacer el amor de forma frenética y desesperada, como si hubiesen estado años sin verse, esperando por ese reencuentro. Ella pensaba que estaría exhausto después de eso. ¿¡En serio él estaba listo de nuevo!?. Su cuerpo, antes desacostumbrado, se arqueaba involuntariamente anhelando su toque. No se reconocía a sí misma, ¿de dónde salía aquella desenvoltura y temeridad?, su torpeza y timidez, parecían no haber existido nunca.

La disposición de Sakura era deliciosa, ¿no se percataba de lo tentadoras que le resultaban sus traviesas manos acariciándolo por todos lados?. Su segunda vez salió de su control, temió que ella lo catalogara de salvaje y se asustara por su rudeza. No es que hubiese abusado de su fuerza bruta, pero ni siquiera le había dado la oportunidad de que se sintiera cómoda y tranquila, calmándola con palabras románticas. Simplemente se le fue encima como el hombre primitivo que era, concentrándose en llevársela a su cama. Aunque ella nunca se quejó, al contrario, pareció gustarle mucho.

Mimó con cortos besos su rostro, a la vez que delineaba lentamente las suntuosas curvas de sus pechos. Ahora si se tomaría su tiempo, adorándola con suavidad y devoción, para recompensar su descortesía. Un ruido delator escapó del estómago de Sakura, congelándolo en su sitio y haciéndole ver que era el peor novio del mundo.

–Estás hambrienta –señaló culpable. Tan concentrado estuvo en sus propios deseos, que se olvidó de cuidar adecuadamente de ella, era un egoísta.

–Puedo esperar –informó cuando Sasuke hizo amago de levantarse. No quería que se separara de ella, no le importaba comer, su necesidad de él era más fuerte.

–Podemos continuar después –la tranquilizó con una sonrisa.

–No quiero comer, te quiero a ti. Hemos esperado mucho –se negó a dejarlo ir.

Sasuke abrió los ojos asombrado al sentir la mano de Sakura acariciando su erección. Intentó luchar en vano, contra la increíble sensación de ella estimulándolo tan desvergonzadamente. Perdió. Su respiración se volvió pesada y sus párpados se cerraron en agonía.

Sakura suspiró victoriosa, poderosa y satisfecha. No tenía idea si lo estaba haciendo bien, pero guiándose por la expresión de Sasuke creía que sí. Era tan natural estar así con él, aquel era su lugar, la sensación de hogar, de paz, de amor, que siempre había querido encontrar. Dejó de pensar y se concentró en disfrutar, aquella noche sería muy larga.

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– ¡Ma-ma…pa-pa! –el grito de Naruto hizo inmensamente feliz a Sakura.

La señora Chiyo le sonrió a la pareja recién llegada. Estaba dándole el desayuno al rubio en la cocina, cuando los oyó llegar. En seguida lo cargó y lo llevó al encuentro de sus amorosos padres, que no tardaron en tomarlo en brazos y llenarlo de besos, en especial Sakura.

–Gracias por haberlo cuidado toda la noche, espero que no haya dado problemas –Sakura le lanzó una mirada de disculpa, a la amigable anciana que la observaba con cariño.

–No te preocupes, no despertó hasta hace unas horas, y se ha comportado muy bien. La fiebre no volvió a presentarse, por eso no hubo necesidad de llamarlos –comunicó viendo como Sasuke se retiraba a la recamara con Naruto a cuestas–. ¿Qué tal la pasaron? –preguntó indiscreta. Quería a Sakura como a una hija, por eso se tomaba tales atribuciones.

–Muy bien, Sasuke y yo necesitábamos un tiempo libre –comentó feliz–. ¿Y Tenten? –se extrañó de no ver a su amiga por ninguna parte.

–Hmn, esa niña se marchó a primera hora sin siquiera desayunar, ya te imaginarás donde está, y con quien –informó con un falso tono de molestia.

–Oh –se alegró bastante con esa información, Neji estaba resultando todo un sueño como novio.

–Bueno, ya me voy. Me alegra serte de ayuda, nos vemos mañana niña. Cuídate mucho y no hagas nada que no hiciera yo –le guiñó el ojo traviesamente.

Sakura rió con humor y recibió el cariñoso beso de la mujer. Después de despedirla, se dirigió a buscar a Sasuke. Estaba un poco preocupada. Durante el trayecto a su departamento, le había contado algunas de las cosas que Mikoto se atrevió a decirle, hubiera preferido no estropear la mañana con esa conversación, pero era preciso que él supiera la opinión de su madre respecto a la relación que ellos tenían. Sasuke no pareció sorprendido, cosa que la extrañó. Él no había dicho mucho, ya que habían llegado encontrándose con la señora Chiyo, por eso ahora que estaban otra vez solos, quería retomar el tema.

Lo descubrió jugando con Naruto en el cuarto del niño. Ambos estaban echados en la alfombra, escuchando los sonidos que hacían los animales en uno de los juguetes educativos del bebé.

–Es todo un genio, mira –aportó Sasuke dándole una mirada orgullosa al rubio–, Naruto, ¿Cómo hacen los perros?

–Guau, guau –contestó el bebé rápidamente.

– ¿Y las vacas? –lo apresuró Sasuke maravillado.

–Muuu, muuu –Naruto se concentraba en las indicaciones del azabache.

–También sabe maullar y cacarear, ¿no es asombroso? –la miró emocionado.

–Sí, mucho –se dejó caer junto a ellos, dándole un beso a cada uno–. Sasuke, no es que quiera arruinar el momento pero…quisiera saber qué haremos con la postura de tu madre. Yo no quiero que se oponga a nuestra boda, ni ponerte a ti en una posición difícil con ella.

–Sakura –la miró con tranquilidad–. Dudo que obtengamos la bendición de Mikoto para casarnos, a mi madre nada le parece, a menos que sea su voluntad la que se tenga en cuenta. Desde hace mucho me resigné a no contar con su apoyo para nada de lo que haga. A mí no me importa, lo que no quiero es que eso te afecte a ti –respondió sin perder la sonrisa que Naruto le generaba. El bebé se esmeraba en ganar de nuevo la atención de su padre, haciéndole caras y jalándolo de la camisa.

– ¡Pa-pa! –le gritó cuando Sasuke se hizo el desentendido mirando hacia otro lado.

–Se está volviendo más exigente con la edad –lo cargó y lo lanzó hacia arriba haciéndolo carcajearse–. Déjalo ya Sakura, nosotros seguiremos con nuestros planes sin importar nada. Tú y Naruto son mi prioridad, así que no lo olvides.

Aceptó sin problema las palabras de Sasuke. Le lastimó que su suegra no le diera una oportunidad de conocerla, pero sabía que su rechazo no era personal, según Sasuke, la señora Mikoto tenía esa actitud hacia todo en general, así que no era de sorprenderse que ella no llenara los estándares de lo esperado por la matriarca Uchiha.

Se acercó más a su hijo y a Sasuke para incluirse en sus juegos. No más preocupaciones por el momento, las amenazas más significativas estaban ya controladas. Karin no la molestaría de nuevo, y la señora Mikoto no lograría interferir tampoco. Se relajó como hacía mucho no podía, dejándose llevar por las risas de su amado hijo, y la grandiosa devoción de su futuro marido.

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– ¿Sakura, ya terminaste de preparar la maleta?, Neji ya llegó para llevarnos al aeropuerto –Tenten asomó la cabeza después de llamar a la puerta.

–Sí –Sakura cerró la valija y la bajó al suelo–. Ya únicamente busco mi abrigo –se dirigió al vestidor, afuera llovía y hacía un poco de viento, no quería enfermar justo ahora que viajarían a Suna al aniversario luctuoso de sus amigos.

–Bien. Sasuke está terminando de cambiar a Naruto, te esperamos en la sala –sonrió desapareciendo de allí.

Al colocarse en su cuerpo la fina prenda de algodón, volvió a sentir aquel presentimiento que tenía días experimentando. Negó repetidas veces con la cabeza, probablemente era sólo la tristeza de regresar a la ciudad donde tantas desgracias le habían sucedido. Respiró profundamente y se tranquilizó. Observó la enorme cama en la que dormía y hacía el amor con Sasuke todas las noches, extrañaría su apartamento y su trabajo. Aunque serían simplemente unos cuantos días lejos de casa, no podía evitar deprimirse.

Aquellos meses habían sido maravillosos. Durante el día ella y Sasuke trabajaban hombro a hombro, sacando a flote los proyectos que su prometido tan bien desarrollaba. Las tardes eran para Naruto, que continuaba creciendo sin parar, aprendiendo cosas nuevas siempre. Sasuke lo adoraba, pasaba con él bastantes horas, llevándolo al parque, leyéndole y estimulándolo a decir palabras, enseñándole a nadar, incluso se lo había presentado a su tío, Kakashi los visitaba con bastante regularidad, lo mismo que Itachi y su hija.

Su vida social también era un aspecto nuevo, en su antes, aburrida rutina. Entre ella, Tenten, Matsuri, Tayuya y Anko, se creó un buen grupo de amigas. Una vez a la semana se veían para ir al cine, a tomar un café, y hasta de compras. A veces salían en parejas a bares o clubes nocturnos, lo que ayudó a que su trato con Neji mejorara bastante. Después de todo, él y Tenten lucían cada día mas enamorados.

Si, La ciudad de la Lluvia, se había convertido finalmente en su hogar, por eso le costaba tanto alejarse. Sin embargo, viajar a Suna era ineludible. Allí, llegaría la última prueba de fuego, confesarle a Sasuke el origen de Naruto. Ya estaba decidido, cuando visitaran las tumbas de Ino y de Sai, él conocería la verdad que ella tan celosamente guardaba. Se sentía confiada y segura de que la entendería, nada podía salir mal porque ellos se amaban.

Con determinación tomó su bolso y su maleta, saliendo al encuentro de su pareja, su hijo y su amiga, para embarcarse en su viaje. Sin saber, que allí le esperaba algo que cambiaría su vida para siempre.

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Ahhhh, ¿Qué pasará?, ¿se lo imaginan?, creo que se viene algo fuerte, pero quién sabe, tal vez sea sólo mi imaginación u.u., haha.

Hola, ¿Cómo están?, además de más viejos/as. ¿Estarán tratando de traspasar la pantalla para apretarme el cuello?, probablemente sí, menos mal que no pueden, hahaha. Los capítulos siguientes, les recomiendo no se los pierdan. Si las cosas no cambian, les aviso que ya estamos entrando en la recta final.

Si creían que Sakura rompería el compromiso, ¡pues no!, todavía le queda un gramo de inteligencia, haha, ósea, nadie en su sano juicio botaría a Sasuke. A partir de este capi, ella madura un poco más su carácter. Para los que me comentaron que ella es algo tonta y voluble, pues si, recordemos que su modo de crianza ha sido un factor determinante para forjar su personalidad, por eso a veces sabe salir adelante, y a veces se deja arrastrar por sus inseguridades y complejos, aparte de eso, la edad tampoco le ayuda mucho :/. En fin, creo que ya encontró el equilibrio.

OK. Quiero agradecerles sus opiniones, sus alertas, y su apoyo. Sé que no es fácil seguir aguantándome, por eso les reitero siempre mi gratitud. Insisto, que aquí sigo, escribiendo y actualizando al ritmo que puedo, les pido comprensión (más de la que ya me han tenido), y si quieren, pues un poco de presión, no está de más que me apuren ;).

En fin, me despido deseándoles que les esté yendo de maravilla, cuídense mucho. Un abrazo fuerte y un cordial saludo. ¡Nos leemos espero que pronto!

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¡SasuSaku CANON!