Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto.

Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.

.

.

Dedicatoria especial para Hoshi Usami Takahashi009 ;)

¡Hola, gracias por leer, un saludo y un abrazo!

.

.

.

.

La madre virgen

.

.

.

.

.

Capítulo XLI

Doloroso desengaño

.

.

.

–Nunca había estado aquí, que diferencia de clima. Empezando porque no está lloviendo –Tenten contemplaba la ciudad desde el gran ventanal de la habitación del hotel–. Deberíamos de preguntarle a Tomori cuáles son los sitios turísticos más famosos.

–Hmp, no es necesario, viví años en esta ciudad, conozco todo lo que tiene para ofrecer. Puedo llevarlas a donde gusten –Sasuke terminó de colocarle a Naruto el babero, era hora de darle su cena.

–Es cierto, había olvidado que tú y Gaara cursaron sus carreras aquí –se acercó la castaña hasta el sofá en el que Sasuke empezaba a alimentar al rubio.

– ¿Qué tanto discuten? –Sakura salió de una de las dos recamaras con las que contaba la suite.

–Sasuke me estaba recordando que él se conoce Suna de principio a fin. Tengo la intención de visitar los lugares más atractivos de la ciudad. ¿No sería perfecto planear todo un día para ir de paseo a conocerlos?

–Suena bien. Las semanas que estuve en Suna, sólo iba del hospital al trabajo, y por las noches, a dormir a la casa de Lee. Por supuesto no tenía tiempo para estar de turista –se sentó a un lado de su hijo y le acarició la cabecita con cariño.

–Entonces también necesitas que te muestren la ciudad, así como a mí. Es más, ahora que lo pienso, ¿Por qué no ir también a tu pueblo natal?. ¿No te gustaría ir a visitar a tus viejos conocidos a Konoha? –propuso Tenten con entusiasmo.

–No hay nada allí para mí –respondió rápidamente.

Sasuke la miró de reojo, Naruto dejó de comer, y Tenten borró la sonrisa.

–La verdad en Konoha no hay nada que ver, es un pueblo sin mucho atractivo turístico –continuó con parquedad–. Lo siento, si me disculpan, preferiría acostarme de una vez, estoy cansada por el viaje –se levantó con el cuerpo cargado de tensión–. Termina de comer con papi –se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Naruto.

–Papi –sonrió Naruto apurando a Sasuke para que le diera una nueva cucharada de su sopa especial.

–Ya voy, ya voy –murmuró Sasuke dejando que Sakura se retirara a la habitación.

Sospechaba que algo le pasaba a su mujer. Desde que habían abordado el avión, Sakura parecía perdida en sus pensamientos. Charlaba con ellos, pero su actitud alegre, brillaba por su ausencia. Hablaría con ella después de acostar a Naruto, y la tranquilizaría como sólo él sabía. Se le ocurrió que estaría triste por lo que se le venía al día siguiente, visitar las tumbas de su amiga y su difunto novio, no sería sencillo. Pobrecita, era comprensible que se sintiera así de ausente, después de todo, volvía a la ciudad donde la vida le había cambiado drásticamente. Afortunadamente, estaban allí únicamente de paso. Además, después de la visita al cementerio, todo sería distracción y diversión, ¿Por qué, qué se podría esperar de la tremenda celebración que le tenía planeada a su hijo?

–Creo que metí la pata –Tenten se dejó caer frente a él, su expresión culpable era muy evidente.

–No te preocupes, Sakura sabe que no ha sido tu intención.

–Aun así. Vaya tino el mío, ¿crees que le haya recordado sus días en el orfanato? –se mordió el labio con nerviosismo.

–Seguramente –respondió sin malicia.

–Ash. Ve y alégrale el semblante. Por Naruto no te preocupes, yo me hago cargo, además es mejor que duerma conmigo, estará más cómodo él, y ustedes también –se ofreció servicial.

–Bueno…si no es problema para ti –la vio negar muy dispuesta–. Naruto, ¿quieres quedarte con tía Tenten? –le preguntó a su risueño hijo.

–Ti Teten –le ofreció los brazos a Tenten, quien ya se deshacía en halagos para el pequeño rubio.

Naruto era todo un pingo. Le faltaba muy poco para comenzar a caminar solo, y le encantaba llamar por sus nombres a todas las personas que conocía. Obviamente las únicas palabras que pronunciaba adecuadamente eran mamá y papi, pero eso no quitaba que no se hiciera entender cuando llamaba a la abu Chio, al ogo Neyii o al ti Ichachi. Sasuke sonrió orgulloso, su hijo era el niño más inteligente y sociable que conocía, ni siquiera su sobrina Hinata que tenía casi la misma edad, poseía esa capacidad lingüística.

Esperó hasta que su amiga se encerró en su propia habitación con el bebé, para ir al encuentro de Sakura. Las luces estaban apagadas, las cortinas a medio cerrar le permitieron distinguir el delgado bulto que se ocultaba debajo de las mantas. Se desvistió con agilidad y se metió en la cama cuidadosamente. Sólo cuando Naruto dormía con ellos se ponía algo de ropa encima, y como no era el caso, no se molestó en cubrir su desnudez.

Pasó el brazo por la cintura de Sakura y la atrajo hacia su cuerpo, ella le daba la espalda, por lo que no fue difícil acomodarla contra su pecho y sostenerla fuertemente. La sintió suspirar profundamente y removerse para buscar su calor. Besó su cabeza y la mantuvo firmemente apretada contra sí.

– ¿Estas bien? –cuestionó sabiendo que permanecía despierta.

–Ahora si –murmuró sincera.

Desde el comienzo del viaje, sentía sus pulmones cargados de plomo. Le era difícil concentrarse, relajarse, y sobre todo sentirse alegre. Justo en ese instante, en los brazos del hombre de su vida, se consideraba tremendamente frágil. Lo único que deseaba es que Sasuke no la soltara nunca, que la protegiera en el círculo de sus brazos y la hiciera olvidar todo con sus caricias. No comprendía por qué, ¿tanto le afectaba visitar las tumbas de sus amigos?, por supuesto que los recuerdos la abrumaban. Pero había algo más. Una sensación de indefensión, de angustia. Solamente quería tomar a Naruto y a Sasuke, para después salir corriendo y nunca volver a esa ciudad. ¿Qué era ese miedo?

No deseaba seguir preocupándose, seguro era el dolor del luto que todavía cargaba. Se dio la vuelta para encontrarse con la mirada brillosa de Sasuke, la luna hacía resaltar sus preciosos ojos negros. Acarició su mejilla y él soltó un suspiro, lo besó primero despacio. Luego, la necesidad de saberlo suyo, de querer que todo volviera a la normalidad, la empujó a tornarse provocativa. Gimió cuando él comenzó a despojarla de su camisón, sin dejar de besarla, le abrasó el cuerpo con sus fuertes y exigentes manos, dejando marcas indelebles por donde la tocaba.

Sasuke pretendía consolarla por lo que sea que le ocurriera, mostrarse comprensivo, apoyándola puramente con su compañía, abrazándola hasta que se tranquilizara y se quedara dormida. Sin embargo, Sakura tenía otros planes. Por supuesto que él no había necesitado de mucha persuasión para seguirle el paso. Desde la primera vez, supo que eran el uno para el otro. Bastaba un simple beso, una furtiva mirada, para que se encendiera en ambos la urgencia de fundir sus cuerpos.

Sakura no pudo acallar el torrente de súplicas que se le vinieron a la garganta, cuando Sasuke se colocó encima de ella, todavía burlándola, estremeciéndola y excitándola hasta el punto de la locura. Simplemente anhelaba que él la poseyera de una buena vez, sentirlo llenándola, como cada noche. Él adivinó su desesperación, por lo que no esperó más, gimió extasiada al tiempo que él la besaba y entraba en ella. Se aferró con fuerza a su cuello, manteniéndolo adherido a sus labios mientras el placer se le propagaba desde la cabeza a los pies. Escuchaba sus cuerpos uniéndose, era un sonido maravilloso, erótico. Lo amaba, tanto. ¿Cómo era posible un sentimiento tan intenso como aquel?

Con sus inquietudes desvanecidas, gracias a él, pudo concentrarse en un futuro prometedor. Recuperando su actitud optimista, sabiendo que al día siguiente, en el momento en que él supiera toda la verdad acerca de Naruto, su amor se fortalecería más.

Sasuke se perdió completamente cuando ella llegó al éxtasis, encontrando él su propia culminación. Se dejó caer sin fuerzas, intentando no avasallarla con todo su peso. Ella le repartía cortos besos en el rostro, enredando sus dedos en su alborotado cabello. La experiencia había sido muy intensa, igual que todas las veces que hacían el amor, sin embargo, distinta. Porque cada encuentro carnal entre ellos, era especial, único e irrepetible.

–Te amo –le sonrió ella comenzando a rastrillar su espalda–. Gracias por acompañarme, no sé qué haría sin ti mañana.

–No hay nada que agradecer, siempre estaré a tu lado –la miró directamente, sosteniendo su promesa con la sinceridad de sus ojos–. Ahora, creo que es hora de descansar. Será un día largo, y hay que estar preparados –se acomodó a su lado y la atrajo a su pecho.

–Si –respondió sumamente agotada.

No pensó en nada mas, su mente por fin estaba completamente apagada. Cerró los párpados sabiendo que su respiración era lenta, y que el sueño por fin la reclamaría. Nada podía salir mal, tenía una hermosa familia y era feliz, eso nadie podría quitárselo.

.

.

.

– ¡Hola, hola, buenos días Matsuri! –Anko llegó sonriente a la oficina de Itachi.

Tenía por costumbre verlo en las tardes para comer, pero ese día había podido ir temprano porque su asunto era de negocios. No es como si requiriera de algún pretexto, pero no quería complicarle las horas de trabajo con visitas que no fuesen necesarias.

– ¡Hola Anko! –saludó la chica con sonrisa cordial.

– ¿Itachi está ocupado?, tenemos una cita de trabajo, pero llegué un poco antes –indagó y explicó, retirándose el cabello del rostro, ya necesitaba su corte mensual.

–De hecho, sí. Aunque su reunión debe estar por concluir. Sabaku No-san ya lleva allí más de una hora, seguro terminaran en cualquier momento –expresó poniéndose colorada–. ¿Quieres que te prepare un café, o te traiga un vaso con agua? –se puso de pie acomodándose la falda que le llegaba un poco más arriba de la rodilla.

–No te preocupes, así estoy bien. Sakura me mandó un mensaje desde Suna ayer por la noche, dijo que habían llegado muy bien –le comentó acercándose al sofá de la acogedora sala de espera.

Matsuri la acompañó y se sentó a su lado. No tenía pendientes urgentes, y mientras no tuviera que contestar el teléfono o atender el llamado de Itachi, no le veía problema a tomarse un respiro. Sonrió contenta por su amiga pelirosa, Sakura era una mujer muy noble y atenta, la unió a su grupo proveyéndole una vida social, que hasta ese entonces, era inexistente.

No es que ella fuese partidaria de la soledad, simplemente que se dedicaba principalmente a su trabajo, y no le quedaba tiempo para socializar con nadie que no fuese de su entorno laboral. Sus vecinos eran personas que nada tenían en común con ella. Sakura era casi de su edad, lo mismo que Tenten y Tayuya, por eso se llevaba tan bien con ellas. Anko por otro lado, era la más madura, pero no por eso había olvidado como divertirse.

– ¡Qué bueno!, le encomendé a Tenten que tomara muchas fotos, Sakura seguro estará más preocupada por cuidar de Naruto y disfrutar de Sasuke.

–Ya lo creo. Por cierto, hablando de Naruto, ya tengo todo listo para la fiesta sorpresa que le organizamos Itachi, Sasuke y yo, será el sábado, cuando ellos vuelvan de su viaje –los ojos se le iluminaron de la emoción. Todas adoraban a los bebés del grupo. Pero sin duda Naruto se llevaba las palmas, las tenía enamoradas con su encanto y sus ocurrencias.

–Oh, estoy ansiosa por ver la sorpresa de Sakura y de Naruto. ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?

–Umn, pues, ahora que lo mencionas, tal vez pueda encomendarte la decoración. Pensé en contratar a una persona que se hiciera cargo de ello, pero nadie mejor que nosotras para saber lo que le gusta a Naruto, ¿no crees?.

–¡Perfecto!. Sí, yo me encargo, conseguiré globos, confeti, soy muy buena con las manualidades, incluso podría hacerle algunos arreglos para las mesas, ¿Qué te parece? –sugirió entusiasmada.

–Genial, Tayuya puede darte una mano si algo se te complica –aprobó con satisfacción.

La puerta del despacho de Itachi se abrió. Gaara salió de allí con expresión formal, siempre se comportaba muy serio y profesional cuando visitaba la empresa Uchiha. Matsuri se puso de pie a la velocidad de un rayo. Se acercó a él torpemente, tenía que despedirlo como debía, no obstante, estaba demasiado nerviosa para hacerlo sin que se notara su exaltación.

–Que le vaya bien Sabaku No-san –le dedicó una sonrisa temblorosa.

–Hasta luego Matsuri –murmuró él con educación y siguió con su camino.

– ¡Si no lo hubiera visto, no lo creería! –exclamó Anko tras ella, las puertas del ascensor acababan de cerrarse, Gaara ya no estaba presente.

Matsuri se dio la vuelta y la miró con la cara completamente escarlata.

– ¡Te gusta Gaara! –sonrió de oreja a oreja.

– ¿Qué?, por…por supuesto que no. Sabaku No-san es muy atractivo, pero-pero eso no significa que yo, que él me… ¡que nada! –negó desesperada.

–Matsuri, eso salta a la vista, así que no te empeñes en hacerme creer lo contrario –la tomó de la mano llevándosela al mismo lugar en el que habían estado sentadas–. ¿Por qué no nos lo dijiste?. Pensé que nos considerabas tus amigas.

–Claro que lo son. Yo las quiero mucho, pero…no se los dije porque no tiene importancia –su semblante decayó–. Que a mí me guste Gaara –se detuvo un instante a tomar aire, ella nunca lo llamaba por su nombre, era una manera de mantener sus sentimientos por él controlados–, no quiere decir que sea recíproco. ¿Qué no viste que ni siquiera me miró?. Él estuvo mucho tiempo enamorado de Sakura, y, apuesto a que todavía siente algo por ella –finalizó con expresión triste.

–Bueno, eso no podemos saberlo. Sakura y él nuca tuvieron realmente una relación, así que tal vez Gaara ya la superó. ¿Por qué no haces el intento de acercártele?, si no te arriesgas, nunca sabrás si tienes verdaderamente la posibilidad de gustarle –aconsejó juiciosa.

–Hay que ser realistas Anko, Gaara es un hombre muy guapo y exitoso. Eso sin contar su posición social, yo soy una simple secretaria.

– ¡Hola!, Sakura y Sasuke se adoran, y ella no es más que su asistente. Tenten y Neji estuvieron en la misma situación también. ¿Por qué no podría ser ese tu caso?

–Yo no soy como Sakura, ella es muy hermosa. En cuanto a Tenten, tiene una personalidad tan atrayente y segura, que ni Neji pudo evitar enamorarse de ella –sus hombros estaban sumidos en señal de desesperanza.

–Creo que no te das el valor que mereces. Quiérete más. No hay nada malo en ti, si te lo propusieras, Gaara te miraría con otros ojos –aseguró–. Eres bonita, divertida, inteligente, aprovecha tus cualidades. Es más –saltó ante la idea que se le ocurrió–, ¡lo voy a invitar a la fiesta de Naruto!

–Sasuke va a poner el grito en el cielo –auguró Matsuri, Anko no estaba pensando con claridad.

–No si tú mantienes a Gaara a distancia de su Sakura. Él quiere mucho al bebé, y creo que es tiempo que retome los lazos de amistad que tenía con Itachi y Sasuke. ¿Qué me dices Matsuri?, ¿te encargarás de él si lo invito? –la miró con ojos inocentes.

Permaneció callada reconsiderando los planes de Anko. Sería bueno arriesgarse, descubrir si tenía por lo menos una posibilidad de ser tomada en cuenta por él. Claro que la idea la asustaba, ella no era nada extrovertida y osada, sino más bien del tipo tímida y predecible. Acercarse a Gaara era, el máximo reto de su vida. Sin embargo, la fantasía de tener lo que sus amigas, un hombre que las amaba con locura, que les correspondía sus sentimientos, la empujó a decidirse. Asintió sin titubear, siendo consciente de los posibles resultados. Que aquello funcionara y ser inmensamente feliz, o, que las cosas fracasaran. No obstante, también eso la ayudaría, si Gaara no quería nada con ella, podría deshacerse de esa ilusión y seguir con su vida.

–Entonces eso haremos. Yo hablaré con él, y tú te encargarás de que no se meta en problemas –se puso de pie, tanto hablar de amor le recordó a Itachi–. Bien, ya arreglado el asunto, ahora si necesito concentrarme en el trabajo –exhaló aburrida.

–Vamos, te anunciaré –se levantó sonriente.

Itachi dejó de lado los documentos que leía y se dirigió a la mujer que atravesaba su puerta. Con un aspecto de ejecutiva, Anko le sonreía risueña. Besó su mejilla y la condujo a la silla más próxima, sabía que estaba ahí por aspectos que no tenían nada que ver con su relación, pero no pudo evitar pensar lo hermosa que lucía, y a la vez, empezar a planear a dónde la llevaría a comer esa tarde.

– ¿Empezamos? –preguntó ella abriendo su delgado portafolios.

–Qué, ¿no merezco ni siquiera: un hola cómo has estado? –comentó falsamente ofendido.

–Sé cómo has estado Itachi, nos vimos anoche, ¿tan insignificante soy que ya lo olvidaste? –su sorpresa exagerada era muy cómica.

– ¿Apenas fue anoche que te dejé de ver? –murmuró con el mismo tono artificial de sorpresa–, será que las horas son eternas cuando no estoy contigo –completó más sincero dejándose caer frente a ella.

– ¿Es eso cierto? –cuestionó poniéndose seria–, porque al menos para mí, lo es. Cuando no te veo, lo único en lo que pienso es en ti –acarició su mejilla, delineando después sus labios.

Itachi se abstuvo de responder, omitir las palabras y mostrar con actos le pareció más explicativo. Se acercó lentamente a ella, dándole la oportunidad de rechazarlo. Por supuesto, Anko se quedó dónde estaba, esperando emocionada a que él finalmente la besara. Sus bocas se unieron en una caricia exquisita, sostuvo con una mano su barbilla, mientras con la otra rodeaba su cintura y la atraía hacia su cuerpo.

Era el beso más apasionado que le habían dado en su vida, Itachi no se estaba conteniendo en absoluto. Por el contrario, parecía querer recordarle la pasión que siempre había existido entre ellos. Los años separados se desvanecieron, como si estuvieran continuando justo donde dejaron su relación. Lo abrazó por el cuello y disfrutó del movimiento sensual de sus labios. No quería dejarlo ir, a pesar de lo difícil que se le hacía respirar, apartarlo de ella sería imposible. De pronto, notó que su cuerpo ya no se encontraba bien cimentado en la silla, Itachi la levantó en brazos y la colocó sobre su escritorio.

– ¿Qué haces?...estamos en tu oficina –se separó de su boca demandante, curiosa e inquieta ante la mirada hambrienta de él.

–Nadie entra sin mi permiso. Dime que no Anko –la retó deshaciendo el perfecto nudo de su corbata.

El poco oxígeno que había sido capaz de conseguir, se le escapó de golpe. Itachi no podría estar sugiriendo…¿o sí?. Lo vio desabotonar el primer botón de su camisa.

– ¡Sí! –respondió apresurada. ¡Al diablo el trabajo y los negocios!

Él sonrió complacido, abrazándola de nuevo haciéndose un espacio entre sus piernas. Empezó a recorrerle el cuello con besos tortuosos, rozando por debajo de su falda la sedosa piel blanca de sus muslos. Aquello era lo que más anhelaba. Anko había sido tan paciente, tan comprensiva, pero por sobre todo, sabía que lo amaba a él, y también a su hija. Por fin era momento de darse otra oportunidad de ser feliz con ella.

Anko disfrutaba perdida en un mar de placer, anticipando lo que venía, añorando volver a hacer suyo a Itachi. Se recostó sobre la plana superficie, abandonándose ante él, mostrándole cuanto lo adoraba. Él aceptó la ofrenda que le hacía, acariciando satisfecho su exuberante cuerpo. Se entregó sin reservas y exigió lo mismo. Su amor era de nuevo correspondido, fue lo último que pensó antes de volverse loca en sus brazos.

.

.

.

Sakura despertó poco a poco, si por ella fuera, continuaría durmiendo otras dos horas, sin embargo, Sasuke no le dio esa opción, había mucho por hacer aquel día, por lo que ya era tiempo de levantarse. Lo vio salir de la habitación ya bañado y cambiado, ella por su parte, prefería primero beberse un café. Se levantó perezosamente, tomando la bata que él le dejó a los pies de la cama.

Sonrió emocionada, su Naruto cumplía su primer año. Quería cargarlo y abrazarlo fuertemente, sentir su cuerpecito pegado al de ella dándole calor. Salió apresurada para buscarlo. Sasuke despedía al empleado del servicio a cuarto. En la mesa, además del desayuno de los cuatro, había una gran tarta infantil.

–Tenten lo está vistiendo, en seguida lo traerá para que podamos felicitarlo –respondió a la pregunta tácita de Sakura, quien ya buscaba con la mirada al pequeño rubio.

– ¡Aquí viene ya el festejado!

Tenten salió de su recamara con Naruto de su mano. El bebé sonreía con energía, producto quizá, de haber descansado bien toda la noche. Vestía impecablemente, aunque Sakura sospechaba que ese aspecto de niño pulcro no le duraría a su hijo más que algunos minutos.

–Mama –quiso salir corriendo a abrazarla, pero Tenten no se lo permitió, podría caerse y hacerse daño, así que lo ayudó a llegar hasta su madre.

–Mi niño hermoso ya es todo un hombrecito –murmuró cargándolo cuando lo tuvo a su lado–, ¿Cuántos años cumple mi bebé? –le preguntó divertida. Sasuke le había estado enseñando a Naruto como responder.

– ¡Uno! –gritó Naruto contento, a la vez que aplaudía.

– ¡Sí! –lo felicitó al borde de las lágrimas, inundada de tanta dicha–, deja que mami te dé un beso para felicitarte –lo apretó con cariño, restregando su mejilla en la cabecita alborotada del bebé.

Naruto le pasó sus bracitos por encima de los hombros, después le dio un sonoro beso en la barbilla. Riendo gustoso cuando ella también comenzó a besarlo por todo el rostro.

–Papi –llamó el rubio al ver a Sasuke acercarse.

–Ven acá –el niño se lanzó a sus brazos, Sasuke lo abrazó también, besando su frente, permitiendo que Naruto le babeara la mejilla.

– ¡Paiascho! –señaló contento su pastel, cuando Sasuke se sentó con él a la mesa.

–Si amor, papá te compró un pastel con un payaso –se posicionó al lado de su hijo y su prometido, sonriendo ante la cámara que Tenten apuntaba hacia ellos.

Con gran felicidad, vieron a Naruto soplar la vela de su pastel, luego darle la tradicional mordida y batirse completamente la cara. El bebé no dejaba de asombrarse ante cada sorpresa que le presentaban. Desde el enorme regalo envuelto que su padre le colocó enfrente, hasta la alegre música que su tía Tenten le puso para posteriormente ponerse a bailar con él.

–Lee y Tomori nos esperan por la tarde en su casa –anunció Tenten después de la cuarta vuelta que Naruto daba con su nuevo juguete, un cochecito precioso que ella tenía que empujar. El niño no la dejaba descansar.

–Bien, iré a prepararme –sentada en las piernas de Sasuke viendo a su hijo jugar con la morena, Sakura tuvo que levantarse para no atrasar más los planes.

Sasuke decidió relevar a Tenten, así su amiga terminaría de arreglarse, por lo que se quedó solo con su hijo. Si antes de conocer a Sakura y a Naruto, le hubieran dicho que vivir en familia era lo mejor del mundo, él se habría reído incrédulo. Ciertamente nunca quiso que su vida se dirigiera por esos caminos, tener esposa, hijos, a su parecer no resultaría nada fascinante. Él adoraba su libertad, preocuparse solo por sí mismo y por su disfrute. En cambio ahora, aquellas opiniones mundanas, no eran más que borrosos recuerdos. No concebía su existencia sin la risa de su hijo, o sin el amor de Sakura. ¿Cómo podían cambiar tanto las cosas en tan corto tiempo?

–Papi –Naruto alzó los brazos para que lo sacara del cochecito.

– ¿Qué pasa, ya te cansaste? –le preguntó levantándolo con ternura.

Naruto se amoldó a su pecho y se quedó muy quieto, a veces Sasuke se sorprendía bastante de aquellos gestos de su hijo. Naruto lo llamaba para que lo cargara, y después de hacerlo, simplemente se quedaba disfrutando en la misma posición durante minutos.

–No quieres dejar de ser el nene de mamá, ¿verdad? –comenzó a caminar por la estancia para arrullarlo.

Enternecido por la demostración de cariño del rubio, lo mantuvo aferrado contra sí. Él, como Naruto, tampoco quería que el pequeño dejase de ser su bebé.

.

.

–Y yo que pensé que aquí el clima no era tan caprichoso –Tenten señaló desde atrás del auto, el cielo completamente oscurecido por las nubes.

Estacionándose afuera del cementerio, Sasuke apagó el vehículo y miró a Sakura expectante. ¿Desearía que la acompañaran todos a las tumbas de sus amigos?. Tal vez, lo mejor sería que sólo él la escoltara, mientras Tenten se quedaba al cuidado de Naruto, resguardándose de la posible lluvia que pronto se desataría.

–Hace un año también fue un día muy nublado y lluvioso –comentó Sakura en un suspiro–. Si no les molesta, me gustaría adelantarme –se giró hacia ellos–, quisiera…tener unos minutos a solas –continuó con nerviosismo.

– ¿Segura? –Sasuke no estaba muy convencido de que esa idea fuera la mejor.

Podía notar que ella apenas y contenía los tumultuosos sentimientos que se apreciaban en sus ojos. No quería que se enfrentara sola, a la desagradable experiencia de recordar a su fallecido amor y a su mejor amiga. Él podría fortalecerla, para eso estaba allí con ella. Ser su apoyo en esos momentos era su función y prioridad.

–Es que…después de todo lo que ha pasado, siento que es lo que debo hacer. Por favor, te juro que serán unos cuantos minutos. Después, tú, Tenten y Naruto, pueden alcanzarme. Hay algo…hay algo que quiero decirles –tragó el nudo de angustia que le atravesaba la garganta.

Sasuke consintió mudamente su petición, aunque la actitud restrictiva de ella lo puso receloso, ¿para qué necesitaba minutos a solas?. Se desabrochó el cinturón y bajó del auto para abrirle la puerta.

–Recuerda que estamos contigo –Tenten le pasó los dos ramos de flores que habían comprado para colocar sobre las lápidas–. Cuando pase un tiempo prudente, le diré a Sasuke que vayamos a encontrarte –le aseguró calmando a Naruto, él bebé al verla salir, quería ir con ella.

–Gracias –cerró la puerta y se giró hacia Sasuke–. Las tumbas de Ino y Sai están a la derecha, sigan por el camino empedrado hasta llegar a un gran roble, de ahí, sólo algunos metros a la izquierda, y me encontrarán –besó sus labios y se encaminó a la entrada.

Había unos pocos autos aparcados, no les prestó atención, ya que su mente se hallaba trabajando en otras cosas. El pasto seguía bien cuidado, lo mismo que la mayoría de las tumbas. Después de unos cuantos minutos, llegó por fin a su destino.

Se arrodilló con cuidado frente a las últimas moradas de sus amigos. Acomodando las flores, primero del lado de Ino y después del lado de Sai, se dedicó a contemplar con ojos empañados las frías y solitarias losas. Lee se había hecho cargo de pagar un hogar decoroso para ellos, ese gasto fue restituido por ella, gracias a su buen sueldo, pudo regresarle al doctor el dinero invertido.

El mármol era de la mejor calidad, y las figuras que adornaban, eran unos sencillos serafines que lucían preciosos. Las inscripciones, afectuosamente concisas.

Dejó correr sin pena las lágrimas que se le desbordaron de los ojos. Un año ya. Doce meses, extrañándolos y recordándolos. 365 días, cuidando y siendo feliz con el hermoso regalo que ellos le habían dejado. Cerró los párpados y se dispuso a comenzar, tenía tantas cosas que contarles y el tiempo era tan escaso, que mejor se iba apurando.

"Ino…Sai, amigos. Los extraño mucho", pensó con el pecho oprimido. "Sé que donde quiera que estén, ustedes se están ocupando de cuidarnos a mí y a Naruto. No podría haber salido de tantas, sin su ayuda", reconoció suspirando. "Gracias por salvarme de aquel ataque, gracias por guiarme hacia personas que nos han tendido la mano a mí y a su hijo", abrió los ojos al sentir la primera gota de lluvia.

Continuó sin preocuparse por el agua helada que comenzaba a volverse más incesante. "Pero, por encima de todo, gracias por enviarme a Sasuke", sonrió distraídamente. "Ino, ahora puedo comprender lo que tú sentiste al enamorarte de Sai. Esa felicidad infinita que mostraban tus ojos cada vez que lo mirabas. Yo siento lo mismo con él, lo amo tanto, y lo mejor de todo, es que él nos ama a mí y a Naruto"…"Naruto, él es…perfecto. Es un bebé maravilloso, ustedes estarían tan orgullosos. Ya me dice mamá, y adora a Sasuke, se vuelve loco cuando regresa del trabajo y juega con él. El amor con el que lo llama papi, hace que siempre me estremezca"…

–Así que tú eres Sakura –escuchó una voz varonil tras ella.

Su cerebro se apagó durante algunos segundos, haciéndola perder el hilo de sus pensamientos. Se puso de pie y se giró hacia la persona tras ella. El rostro se le volvió de un blanco enfermizo, sus ojos verdes se ampliaron asustados, fue incapaz de decir palabra, ¿¡Quién era ese hombre!?, ¿y por qué…era tan parecido a Ino?

.

Sasuke decidió que ya era hora de ir por Sakura, el clima se tornaba más oscuro y frío, haciendo que Naruto se inquietara. Además, Sakura ni siquiera se había llevado un paraguas, a esas horas, ya estaría completamente empapada.

–Vamos –ayudó a Tenten a salir del auto pasándole la sombrilla, hubiera preferido que se quedara con el bebé resguardándose de la lluvia, pero la castaña estaba igual de fastidiada que Naruto, asimismo, se cubrirían bien antes de partir.

Tenten le echó a Naruto una cobija encima, el niño iba bien abrigado, pero no estaba de mas ser previsora. La lluvia no los tocaba, por lo que incluso podría disfrutar del paseo.

Sasuke tomó el otro paraguas. Augurando el pronóstico del tiempo, había sido precavido al comprar en la tienda del hotel las sombrillas. Imaginó que tendría que compartir la suya con Sakura, la idea de abrazarla por detrás y pegarse a ella como lapa para quedar bien resguardados, no le desagradó ni un poco.

Siguiendo las indicaciones que ella le había dado, condujo a Tenten por el sendero señalado. No tardaron mucho para llegar al gran roble que partía el camino en dos destinos distintos. Giró a la izquierda buscando a Sakura con la mirada. Sin ser consciente, comenzó a caminar hacia donde dos personas permanecían extremadamente cerca una de otra. La primera a la que reconoció, fue a Sakura. La pelirosa parecía pasmada, intuyó que le costaba trabajo sostenerse. El segundo, un hombre alto con traje, de aspecto elegante. Pero el detalle llamativo y preocupante, era su cabello, rubio.

Se acercó hasta ellos indicándole con un ademán a Tenten, que se mantuviera al margen, un agrio presentimiento de pronto le cortaba la respiración. La castaña, testigo mudo de aquel espectáculo, hizo lo que él le pidió. Ellos no lo notaron hasta que fue demasiado tarde. Frenando a escasos pasos, y teniendo una inmejorable vista del desconocido, se percató de una verdad que lo dejó atónito. Su corazón dejó de latir, la comprensión de la clara realidad frente a él, lo desarmó. Girándose hacia Sakura la miró con odio.

–Todo este tiempo...me has mentido –la frialdad sintiéndose en su voz.

–Sasuke…esto no es…no es lo que tú crees –ella temblaba, sabía lo que Sasuke pensaba en ese momento y no lo culpaba, su siguiente contestación, le dejó claro que sus temores acababan de hacerse realidad.

–Qué no es lo que creo –le dedicó una mirada desdeñosa a ella y al sujeto a su lado. El hombre permanecía impasible. Sus ojos azules, idénticos a los de su hijo–. Hn, mentirosa…niégame que este hombre…no es el padre de Naruto –la retó con desprecio.

.

.

.

.

¡Hola! ¿Qué tal?, ¿cómo andan?

¡Por fin!, ya todo explotó, y nada más y menos que en la cara de Sakura. Obviamente se desata el drama. ¿Qué pasará?, ¿alguna idea?. Tan lindas que iban las cosas verdad. OK, pues como les mencioné antes, ya estamos en la recta final, ya es tiempo que la verdad surja, aunque con este enredo quién sabe si Sasuke quiera escuchar lo que Sakura debe explicar.

Dejando de lado el fic, pasando a temas más de la vida cotidiana. Por acá por mi rancho es día de las madres, ¿Quién de ustedes lectoras, es madre?, a lo mejor no muchas, o incluso ninguna, bueno, de ser así, pues me felicitan a sus mamis, díganles que Evangeline . siK les manda un saludo y sus mejores deseos. Y a las que sí tienen nenes, pues ¡Felicidades para ustedes!, que las consientan como se merecen y las traten como las reinas que son.

OK, antes de decir hasta luego. Gracias por leer y apoyar el fic, la espera ha sido eterna pero en serio que ya casi llegamos al desenlace, no se rindan en el camino =P, hahaha. Espero sus opiniones con mucho interés, cualquier cosa saben que estoy a su disposición.

Les mando un saludote, un fuerte abrazo, disfruten de la vida. ¡Nos leemos pronto!

.

.

¡SasuSaku CANON!