Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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La madre virgen
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Capitulo XLIII
Revelaciones
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El jadeo ahogado de Tenten fue lo único que se escuchó después de su declaración. Desvió la mirada al suelo, no sabiendo cómo encarar las expresiones desencajadas que probablemente tendrían. Caminó hacia el sofá donde su hijo continuaba durmiendo. Se permitió un segundo para acariciarlo, para soñar que todo estaba bien, que las cosas seguían siendo como siempre. Su bebé despertaría, ella le dedicaría una sonrisa cargada de cariño y él la abrazaría con ternura. Su hijo, su Naruto.
–Sakura –Sasuke no se movió del mismo lugar, pero no necesitó acercarse a ella para que su voz se escuchara fuerte y clara.
De su bolsa comenzó a revolver el contenido, sacando su pequeña cartera. Aquella que no usaba, la cual sólo contenía viejas fotos, había decidido conservarla porque era un recuerdo de sus días en Konoha. Allí guardó cada centavo que fue capaz de ganar, una de las monjas se la regaló cuando ella e Ino comenzaban a vender dulces en el parque. Estaba rota y gastada, lucía fuera de lugar dentro del bolso de marca que Sasuke le obsequió.
Removió cuidadosamente las fotografías de Naruto, dejando al descubierto una imagen más antigua y descolorida. La tomó con dedos temblorosos y se la tendió a Sasuke, quien se acercó con cuidado y la cogió dubitativo.
–Ella es Ino, y ese es Sai, tomamos esa foto en el kiosco de una plaza aquí en Suna, habíamos venido para festejar con una pequeña comida, la noticia del embarazo y el compromiso de ambos.
–Pero…si ella es igual a… –Tenten estaba ya al lado de Sasuke, observando con ojos atónitos la fotografía.
–Antes de saber lo que significaba ser huérfanas, Ino y yo ya éramos hermanas. No recuerdo cómo fue, simplemente sé que desde que tengo memoria, ella estuvo a mi lado y yo al de ella. En el orfanato habitaban un total de cuarenta niñas, pero ninguna significaba para mí lo que Ino. Era tan vital, tan divertida y sonriente. Tenía una afección del corazón, por lo tanto cualquier actividad física desgastante, incluso correr, le generaba malestar. Pero eso jamás la detuvo –su vista se perdió en la nada.
De pronto frente a ella ya no se encontraban Sasuke y Tenten, la bonita estancia de la suite desapareció. Visualizó el patio árido y humilde del viejo edificio de ladrillo donde creció. Ahora se hallaba sentada en la banca descascarada, en la que ella y la rubia se dedicaban a jugar con las muñecas de papel que dibujaban.
–Las clases la aburrían, en cambio, a mí me encantaba aprender cosas nuevas siempre. Encerrarme en la biblioteca y leer los libros que la gente donaba. Me acomodaba en la silla más lejana, para que nadie me interrumpiera, sin embargo ella me encontraba. Brincaba de un lado a otro, ¡Sakura, Sakura!, gritaba con su vocecita chillona, intentando sonsacarme para ir a jugar…siempre lograba convencerme –sonrió ampliamente–. La vida era dura, no teníamos mucho. Comíamos lo que había, agradeciendo no pasar hambre. Los inviernos eran fríos, cuando las luces se apagaban, no sabíamos quién era la que saltaba a la cama de la otra, sólo que amanecíamos abrazadas, enredadas entre las viejas mantas y con suficiente calor opacando el crudo ambiente helado de la habitación.
«Las navidades… –suspiró con melancolía– de todas las fechas especiales, creo que esa era la más triste. Cerca de las siete de la noche, después de la misa de noche vieja, las monjas, con ayuda de las chicas mayores, preparaban una "cena especial". Se esforzaban por hacer parecer aquello un banquete, claro que, como comprenderán, era una labor titánica convertir las sobras en un verdadero manjar culinario. Sé que no debería ser tan crítica, en serio tuvimos una existencia digna. Lo malo no era la comida, o la falta de regalos, ni siquiera el hecho de que a las nueve de la noche estábamos de vuelta en nuestras camas, sabiendo que no habría Santa Claus para nosotras. No. Lo que de verdad nos deprimía, era la certeza de que el resto del pueblo, estarían en sus casas, con sus familias… sonrientes… alegres… festejando y conviviendo… abrazándose».
Recordar era volver a vivir. Las sensaciones la embargaron. Guardó silencio unos minutos, los suficientes para recomponerse y poder continuar hablando sin que hubiera peligro de comenzar a llorar. Ya no dolía como en un principio, no obstante, le afectaba aún.
–Los cumpleaños eran una cuestión distinta –asombrosamente su tono adquirió algo de júbilo–. Sabíamos que a nadie más le importaba nuestra existencia, nuestros padres tal vez incluso habían renegado el traernos a la vida, pero yo estaba agradecida de tener a Ino, y ella de tenerme a mí. Antes de que pudiéramos comenzar a ganar dinero, ambas nos celebrábamos de maneras muy especiales. Yo le inventaba un cuento, y ella se volvía mi esclava. Según Ino yo tenía una imaginación muy despierta, decía que mi creatividad no debía ser desperdiciada. Le encantaba oírme narrarle historias, era mejor que leerlas ella misma –rió divertida, podía escucharla refunfuñando en su cabeza–. Una de las monjas, la que era un poco más culta, me apodaba Sherezada.
«Cuando fuimos un poco más mayores, comenzamos por fin con nuestro "lucrativo negocio". Una buena señora que quería ayudar, nos apoyaba con mercancía de su tienda, ella conocía la condición de Ino. Las medicinas eran caras y, los apoyos de los pocos benefactores únicamente cubrían lo elemental. Fue así como mi amiga y yo comenzamos a vender dulces en el parque. Íbamos a diario, todas las ganancias destinadas a un único propósito. Nos iba bien, nuestros principales clientes eran los ancianos y los niños que paseaban siempre por allí».
Aquella fue una etapa buena, asimiló Sakura consciente de que en esos años, la salud de Ino gracias al constante tratamiento, mejoró bastante.
–Ella fue la primera en llegar a la mayoría de edad. Debido a su enfermedad, las monjas le ofrecieron continuar viviendo en el orfanato, Ino aceptó. Lo hizo para esperarme, quería que ambas abandonáramos aquel lugar juntas. No pasó mucho tiempo para que eso sucediera. Nos rentamos un lugar con los escasos ahorros que obtuvimos de nuestras ventas. Yo conseguí un trabajo rápidamente, atendiendo mesas en la cafetería del pueblo. Mientras, Ino continuaba vendiendo en el parque, en ese entonces ya no necesitábamos de la ayuda de alguien, ella misma compraba y revendía la mercancía. Nuestra vida era humilde y sencilla, no aspirábamos a mucho, éramos felices con lo poco que obteníamos. Pero aquella situación no duró lo suficiente. Tarde o temprano las cosas tenían que cambiar. Sai.
Se estremeció al nombrar a su pobre amigo.
–No lo culpo, él la amaba, ¿Cómo iba a saber lo que la vida les tenía deparado?. En todo caso, yo fui la que instigó a Ino para ir tras él, tras su sueño –sus ojos se empañaron y prefirió cerrarlos, conteniendo detrás de los párpados, las amargas lágrimas que pugnaban por salir–. Él era un artista habilidoso, Ino y yo lo conocimos en el parque, hacía retratos de los pocos turistas y de los paseantes. Era un hombre tranquilo, de carácter fácil aunque reservado. Creo que para los dos fue amor a primera vista. Por supuesto, su romance no comenzó hasta que Ino se atrevió a invitarlo a cenar.
«Hacían una hermosa pareja, su amor era intenso, pasional, se entregaron sin reservas, uno igual de inexperto que el otro. Por eso, evidentemente no tardaron en haber consecuencias –tragó con fuerza el nudo que le oprimía la garganta–. Ino quedó embarazada a los pocos meses, Sai y ella estaban felices. Yo… yo también, aunque eso no me salvó de preocuparme. La salud de Ino era frágil, temía por ella, por el bebé, por todo…»
Su respiración se hizo más pesada. ¿En verdad podía continuar con aquello?. Experimentar de nuevo la etapa más oscura que vivió al perder a su familia, iba a costarle más que llanto. Ya podía sentir su cuerpo temblar.
–En Konoha no podían brindarle la atención adecuada. Los viajes a Suna se volvieron constantes. Cada vez que ellos venían a las consultas, me quedaba con el alma en un hilo. El camino es escabroso, el auto no estaba en las mejores condiciones, Sai no era muy buen conductor… hacía prometer a Ino que me llamaría cuando estuviesen de nuevo en casa, sanos y salvos. Con el paso de los meses me acostumbré a ese regular ir y venir. Ella engordaba, a la vez que Sai y yo trabajábamos más duro. Ahorraba cada centavo extra que ganaba, quería ayudarlos con los gastos, asimismo, en el fondo sabía que necesitaría dinero para llevar a cabo mi propio sueño.
«Tarde o temprano tendría que irme. Dejarlos hacer su vida, su pequeña y perfecta familia de tres. Buscarme un lugar en el cual empezar a labrarme un futuro. Como verán, mi plan era simple, nunca había salido de Konoha, del mundo de fantasía que los libros me ayudaban a construir. Quería viajar, descubrir que existía más allá».
–Sakura… –Tenten se sentó a su lado, pero no dijo más, simplemente apretó su mano, ayudándola a continuar.
–El día en el que todo desapareció…fue un día como cualquier otro. No había nubes, no hacía frío, habíamos desayunado los tres juntos, siempre compartíamos una comida, nos gustaba mantenernos unidos. En un regreso de Suna a Konoha, como tantos otros, un conductor ebrio se impactó contra el auto de Sai. Yo…supe que algo pasaba, Ino no llamaba y se hacía tarde. Traté de comunicarme con ellos, pero no respondían. Rogué para que nada hubiera sucedido…minutos después de intentar contactarlos, recibí su llamada…
«La desesperación… el miedo… el dolor de Ino… atravesaron la línea telefónica. De pronto cada cosa a mi alrededor se volvió irreal. Ella aparentemente se encontraba bien, pero Sai no. Mi jefe, compadeciéndose de mí, me trajo hasta Suna. Yo, no sabía qué pasillo seguir, a quién preguntarle qué sucedía…luego vino el grito de Ino…la encontré casi de inmediato. Ya era tarde, Sai no había soportado la cirugía. Inmediatamente después, Ino entró en labor de parto, tuvieron que llevársela de emergencia a un quirófano, mientras yo me quedaba allí, sin poder moverme, impotente y aterrorizada. Incrédula de lo que pasaba ante mis ojos».
Se dejó abrazar por los amorosos brazos de su amiga, por fuera se sentía adormecida, explicando con tono apagado las cosas como si se trataran de las desgracias de alguien más. Por dentro, el dolor la asfixiaba hasta el punto de volverse insoportable. Sin embargo, no podía dejarlo salir, no todavía, hasta que todo estuviese dicho. Hasta que Tenten y Sasuke supieran su secreto.
–Fueron horas, pero a mí me pareció toda una vida. Lee…el médico de Ino, se acercó con cara seria. Lo intuí de inmediato, supe que ya no saldría de allí con ella, aunque rechacé rápidamente ese pensamiento. Ino tenía que estar bien, recuperarse por su hijo recién nacido, por mí… Me llevaron hasta ella, nunca la había visto tan derrotada, parecía otra mujer, una que no reconocía de nada. Su mirada ya no brillaba, su piel mortecinamente enfermiza. Solo cuando le llevaron a Naruto pudo volver a sonreír, pero fue el último reflejo de luz que la vi lanzar.
«Intenté convencerla que todo estaría bien, pero ella siempre supo descubrir mis mentiras. Antes de que… –inspiró profundamente– antes de que se le acabara el tiempo. Me hizo prometerle que me encargaría de Naruto…que lo cuidaría como si yo fuera su madre…no podía negarme…era su único deseo, que su hijo creciera bien, que estuviera con alguien que lo querría por encima de todo, protegido, feliz...que no tuviera el mismo destino que tuvimos nosotras. No dudé, por supuesto que acepté hacerme cargo de él, convertirme en la madre que ella ya no podría ser…»
Se levantó del sofá no soportando más la sensación de opresión que la cubría. Se refugió concentrándose en la ventana, en el cielo oscurecido por las nubes, en la inmensidad de una ciudad que estaba llena de frenética actividad.
–Ino murió minutos después –acarició el cristal helado, delineando una de las tantas gotas que permanecían adheridas al otro lado–. Yo no tenía la mínima idea de lo que significaba ser madre, pero no estaba dispuesta a incumplir con la promesa que le hice. Desde el momento que vi a Naruto, lo amé…yo era lo único que le quedaba, no iba a defraudarlo. Con ayuda de Lee, Tomori, y el resto del equipo que conocían la situación de Ino, pudimos hacer pasar a Naruto por hijo mío –se dio la vuelta, queriendo descubrir en sus ojos lo que pensaban de ella–. Cometimos un delito, no podía ser de otra manera…a Lee se le ocurrió internarme y crearme un expediente que respaldara nuestra mentira.
«Fue tan sencillo, por primera vez la suerte comenzaba a estar de nuestro lado. Acordamos que yo permanecería en Suna únicamente el tiempo necesario en que Naruto era dado de alta. Pasaba las mañanas con él, observándolo crecer, fortalecerse. Las demás enfermeras me instruían como cuidarlo cuando ya lo tuviera en mis brazos. Por las tardes, trabajaba de mesera en un restaurant cercano al hospital, necesitaba conseguir todo el dinero posible para mantenernos a ambos. Mis ahorros prácticamente desaparecieron con las cuentas del hospital».
El rostro de Sasuke no revelaba sus pensamientos. Eso no la detuvo de acercarse hasta él, necesitaba conocer cuál sería su reacción. Saber de una vez por todas, si él seguiría amándola después de escuchar la verdad, de conocer que ella era una delincuente.
–Nunca fue mi intención engañarlos…pero decirles la verdad tampoco era una opción. El bienestar y el futuro de mi hijo dependían de que nadie descubriera mi secreto. Yo no soy la madre biológica de Naruto, Sasuke. Legalmente no soy nada suyo. Perdóname por confesarlo hasta hoy…tenía pensado decírselos en otras circunstancias, nunca hubiera callado para siempre. Por favor créeme, créanme –miró brevemente a Tenten.
Sasuke se hallaba completamente aturdido, horrorizado y brutalmente consternado. Sabía que la vida de Sakura había sido difícil, pero no hasta qué punto. Quería estrecharla entre sus brazos y jurarle que nada malo volvería a ocurrirle. El relato de sus días en el orfanato le hizo un hueco en el pecho, la historia de los padres de Naruto, simplemente una pesadilla. Tanto dolor, tantas decepciones e injusticias.
–Por favor…perdónenme, sin ustedes yo… –rompió en llanto, dejando salir por fin toda la emoción contenida.
Sasuke no perdió más tiempo, de inmediato hizo lo que quería hacer desde un principio. Reconfortarla en el amoroso refugio de sus brazos.
–Shh…Sakura, no tenemos nada que perdonarte. Has pasado por mucho tú sola. Pero ya no más, no volverás a sufrir mientras yo pueda evitarlo…
– ¡Sasuke! –sollozó apretándose más a él–. No quiero perderlo, no puedo perder al hijo de Ino…
–Nadie nos va a quitar a Naruto –cogió su rostro entre sus manos–. Es nuestro, ¿me oyes?, tuyo y mío. Tú eres su madre. Una madre que se ha entregado por completo a él, una madre que incluso estuvo y está dispuesta a perder su libertad por darle un hogar.
– ¿No estás enojado…decepcionado de mí?...soy una criminal… –lo miró destrozada, aquello era demasiado bueno para ser verdad.
–Sasuke y yo estamos orgullosos de ti Sakura –fue el turno de Tenten de acercarse, apretó su hombro haciéndole saber que estaba allí para ella–. No te avergüences, tampoco te sientas culpable. No tenemos nada que perdonarte, hiciste lo que debías. Jamas te habrían entregado la custodia de Naruto. Sin ti, él estaría perdido en el sistema de niños huérfanos. Nadie lo amará jamás como tú lo amas. Ino lo sabía, por eso te lo confió. Sabía que Naruto no podría estar en mejores manos.
–Gracias –se estremeció de nuevo, ahora las lágrimas provenían del inmenso alivio que sintió al desaparecer tan pesada carga–. Pensé que se enfadarían. Estarían en todo su derecho de rechazarme…yo no fui sincera…debí confiar antes en ustedes…
–Lo importante es que ahora dejarás que te ayudemos –mencionó Sasuke, atrayéndola otra vez al calor de su cuerpo.
Sakura no era la madre de Naruto, la impresionante confesión no dejaba de retumbar en su cabeza. Lo que creyó saber acerca de la vida de Sakura, se derrumbó en un segundo. "Sakura no describió la existencia de ningún otro hombre en su vida", analizó recordando cada palabra que ella dijo. "Si es así, entonces ella no estuvo con nadie antes de mí", un escalofrío le congeló la espina dorsal. Había sido un bruto la primera vez que hicieron el amor. ¡Sakura debió sentirse tan defraudada!, tenía que haberlo hecho especial para ella. Pero, ¿¡Cómo iba a saber él que ella era virgen!?
– ¿Qué pasa? –preguntó Sakura resintiendo el cambio de Sasuke, se percibía tenso.
–Aquella vez que tú y yo… ¿antes de mí…? –no supo cómo abordar el tema con Tenten tan cerca de ellos. Sakura se puso colorada de inmediato. Entonces era verdad, ella no había estado con otro hombre–. Lo siento Sakura. De haberlo sabido…
–Fue perfecto Sasuke, demostrarte cuanto te amo fue lo más maravilloso que he experimentado en la vida –con sus dedos impidió que él siguiera disculpándose.
– ¡Claro! –interrumpió Tenten comprendiendo la preocupación de su amigo–, por eso hacías tantas preguntas sobre la virginidad. No tenías idea de nada porque tú seguías siendo virgen.
–Es mejor no seguir dándole vueltas a eso –se apresuró Sakura a desviar el tema, que no le importara haber perdido la virginidad con Sasuke, no significaba que no le diera vergüenza que su amiga lo gritara a los cuatro vientos.
Sasuke asintió en acuerdo, ya más contento. Le alegraba enormemente haber tenido el honor de ser el primer amante de Sakura, no por alguna estúpida creencia machista de que las mujeres vírgenes eran mejores para casarse que las que llevaban una vida sexual activa, sino porque eso significaba, que él era su único amor, así como ella era el de él.
A Sakura todavía le parecía un sueño estar hablando con tanta libertad. Que Tenten y Sasuke la apoyaran de esa manera tan incondicional, le daba fuerzas para enfrentarse a lo que venía. Dejó de sonreír y retomó la seriedad, ahora había que hablarles de Minato Namikaze.
–Me siento muy feliz de por fin haberles confesado todo. Ustedes son mi familia, agradezco que me lo estén demostrando cuando más lo necesito. No sé lo que pueda pasar conmigo y con Naruto con la aparición del hermano de Ino.
– ¿Le dijiste algo sobre Naruto? –Sasuke la condujo al sofá, mientras Tenten se encargaba de cargar al bebé para llevarlo a su cuna.
–No. Sé que él merece saber acerca de su sobrino, pero tengo miedo de que intente quitármelo. Yo no lo conozco, no sé de qué sea capaz. Se portó muy bien, pero eso no me da ninguna garantía, ya sabes, la sangre llama…
–Tranquila –la atrajo a su pecho–. ¿Qué quería de ti, para qué te buscó?. Su hermana lleva un año fallecida, ¿Qué puede esperar él de ti?
–Dice que su padre le confesó antes de morir, que había tenido una hija con una mujer humilde. En ese entonces el señor Namikaze y su esposa estaban supuestamente separados, por lo que no le pareció inadecuado seducir a la mamá de Ino. Como siempre pasa, él regresó al lado de su familia, la madre de Ino lo buscó tiempo después, por medio de cartas, diciéndole que estaba embarazada…
–Adivino, el muy canalla se desentendió de todo diciéndole que era su problema –regresó Tenten con un vaso de coñac para cada uno.
–Al parecer no era tan canalla como piensas. Le dijo que la ayudaría, comenzó a enviarle una buena cantidad de dinero cada mes. Pero ella quería más, quería que él volviera con ella. Conforme los días avanzaban, empezó a amenazarlo con contarle la verdad a su esposa, se conformaba con ser su amante. La madre de Ino estaba muy enamorada, no le importaba más que seguir con él. El señor Namikaze se negó y, anticipando cualquier tontería que su ex amante pudiera hacer, se llevó a su familia fuera del país. No volvió a saber nada de ella ni de su hija. No le importó lo que les sucediera.
«Minato descubrió que la madre de Ino regresó a su pueblo natal después de aquella decepción. Konoha. Entró en una depresión muy grande, se la mantenía mendigando en las calles, ya que no tenía familia. Finalmente fue ingresada al sanatorio, donde estuvo internada durante cinco semanas. Ino nació mediante una cesárea de emergencia, la señora Yamanaka había enfermado de neumonía, ya no se recuperó. Murió horas después de ver nacer a su hija».
–Eso es… –Tenten apuró un gran sorbo de su bebida– horriblemente triste.
–Minato contrató a un detective para encontrar a la hermana que nunca conoció. Así supo que ya era tarde. Decidió viajar a Konoha para encontrarse con las personas que pudieran hablarle de ella, una señora que nos conocía a mí y a Ino desde niñas, le dio mi nombre, le dijo lo inseparables que éramos, por lo que decidió buscarme. Intuyó que yo aparecería en el cementerio para el aniversario luctuoso de Ino y Sai. No se equivocó.
–Un momento –Sasuke se puso de pie, caminó inquieto alrededor de la sala, hasta que al fin se detuvo–. ¿El detective no le dijo acerca del embarazo de Ino?. Si él sabía que su hermana murió junto con su pareja, y, que ambos están enterrados en Suna, ¿Cómo puede ignorar la existencia de Naruto, cómo pudo a su vez, no saber de ti hasta que se encontró con esa señora que te delató?
–No tengo idea, yo me pregunto lo mismo. Si el detective investigó toda la vida de Ino, indudablemente mi nombre habría aparecido en la investigación.
Sasuke comenzó a especular el porqué de aquel hueco en la historia de Ino. Aquello no era lógico. Cualquier investigador calificado habría descubierto la existencia de Naruto y Sakura. Seguro Namikaze no contrataría a cualquier pelele, ya que bien podía pagar al mejor detective para hacer un trabajo tan importante para él. La llamada de su amigo acudió de repente a su mente.
–No…él no haría algo así…su trabajo es sagrado…
– ¿Qué pasa Sasuke? –Tenten observó a Sakura, quien se hallaba igual de extrañada que ella.
–Ese idiota lo sabía, y trató de avisarme…
Suigetsu. No existía otra explicación. Su amigo había llevado la investigación de Ino, y lo más probable es que intencionalmente, excluyó la información que encontró sobre Sakura y Naruto para protegerlos.
–Sasuke… –Sakura se irguió, aproximándose nerviosamente a él, lo tocó sacándolo de su debate personal.
–Creo que ya sé lo que sucedió, aunque necesito hacer una llamada para confirmarlo –retomó su usual imperturbabilidad.
–Pero entonces, ¿Qué haremos?. Él no sabe acerca de Naruto, no tienes que contárselo Sakura, mientras ese hombre no vea al bebé, no podrá relacionarlo con su hermana.
–Tenten tiene razón. Además, pronto nos casaremos, yo adoptaré formalmente a Naruto, así que él tendrá mi apellido. Eso ayudará a que Namikaze tenga más obstáculos para reclamarlo si algún día se entera de su existencia.
–Yo…no puedo ser tan egoísta. Minato merece saber de su sobrino, así como mi bebé necesitará conocer toda la verdad sobre su familia. Si hay alguien además de nosotros, que se preocupe por Naruto, no puedo simplemente ignorarlo. Minato es su familiar de sangre, no puedo darme la vuelta y fingir que jamás me enteré de esto.
–Y si él quiere a Naruto, ¿se lo entregarás? –Sasuke apretó los labios inconscientemente, Naruto era su hijo también, si a él le dolería en el alma separarse del bebé, no se imaginaba lo que Sakura pudiera sentir, ella quedaría devastada.
– ¡No!, una cosa es que quiera hacerlo partícipe de la vida del niño, y otra muy distinta que vaya a desentenderme de mis responsabilidades. Naruto es más que una promesa hacia Ino, Naruto es mi niño, mi hijo…yo jamás renunciaré a él.
–Me alegra escucharlo. Sabes que pienso y siento igual que tú, ¿verdad? –Sasuke la abrazó cariñosamente.
–Sí, y en estos momentos vuelvo a comprobarlo. Naruto es y seguirá siendo nuestro hijo. Tengo miedo, pero, sé que no me dejarás sola.
–Nunca –besó su frente.
–Me pidió que nos viéramos de nuevo mañana, pensaba en contarle la verdad después de hablar con ustedes. Me gustaría que estuvieran presentes cuando él vea a su sobrino. Eso me dará fuerzas –pidió viéndolos a ambos.
–Por supuesto –Tenten no esperó para dar su respuesta, mucho menos Sasuke, que la estrechó y afirmó con la cabeza–. Y que ni se le pase por la mente a ese candente rubio dar problemas, porque no sabe de lo que es capaz una tía adoptiva cuando la provocan.
–Hmp, o un padre y marido preocupado –Sasuke sonrió socarrón.
–Gracias –Sakura susurró conmovida.
El celular de Sasuke comenzó a sonar dentro del bolsillo de su pantalón. Lo sacó sin apartar a Sakura de su cuerpo, revisó el número entrante, guardando el aparato sin molestarse en contestar.
–Es Itachi, seguro quiere preguntarme si ya fui a inspeccionar la construcción del hotel. Está demente si piensa que trabajaré el día del cumpleaños de mi hijo –besó a Sakura en los labios, parecía que habían pasado años desde su último beso.
–Por cierto, hay que ir con Lee y Tomori, será bueno informarles que ya sabemos todo, también pedirles que estén pendientes por si Namikaze decide investigar en el hospital –Tenten aportó cuando sus amigos dejaron de comerse mutuamente.
–Tengo que agradecerles la ayuda que te dieron cuando más lo necesitaste –apuntó Sasuke acariciando las mejillas de su futura esposa.
–Cierto. Mi prima y el doctor merecen el cielo, creo que…ah, disculpen–tomó el móvil que comenzó a vibrar en la mesa– es Neji –se alejó unos metros para tener algo de privacidad. Seguro su novio quería saludarla y decirle lo mucho que la echaba de menos.
–Será mejor que vaya a ver si todo está bien con Naruto, lo único que quiero es abrazarlo.
–Te acompaño –ofreció Sasuke sin querer soltarla.
–Espera…Neji, cálmate…yo…no puedo creer que hiciera eso… –la voz temblorosa de Tenten los detuvo en su lugar–, amor…lo siento tanto…no tengo palabras. Saldremos de inmediato en el próximo vuelo…no hay nada que agradecer. Te veo en unas horas…te amo –finalizó la llamada. Su expresión era de consternación, su cara se había quedado sin color.
– ¿Tenten, que sucede? –exigió Sasuke presintiendo lo peor.
–Tenemos que regresar cuanto antes…ha…ha ocurrido una desgracia…Shizune…ella…Shizune está…muerta.
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Oh my God. Hehe, me tardé una eternidad, sí. Ya pensaban que no iba a volver, sí. Soy muy mala y lo dejo en la mejor parte, eso también ya lo sé. Hahaha, solo unas pocas de las cosas que siempre me dicen.
La verdad os hará libres. Ya se destapó el secreto. Sasuke y Tenten obviamente apoyaron de inmediato a Sakura, no podía ser de otra manera. Sasuke sería un verdadero hdp si se enfadara por algo así, él la ama, claro que la comprende, pero…sigue el peligro presente, quién sabe que decida hacer Minato si se entera del hermoso Naruto.
Shizune, ya en el capítulo siguiente sabremos qué pasó exactamente. En fin, ya me dirán que les ha parecido el capítulo, está algo triste, pero me gustó escribirlo. Creo que más que decir la verdad de Naruto, Sakura necesitaba expresar un poco lo que fue de su vida, para que ellos pudieran darse cuenta de lo importante que fue Ino para ella.
Gracias por alentarme a terminar el fic, ya mero se acaba se los prometo. Sus alertas, sus comentarios, como siempre, son mi mejor pago. Espero sus preguntas, sus críticas, sus chismes, o lo que sea que me quieran expresar.
Les mando su saludo de siempre, su súper abrazo, y mis mejores deseos. Cuídense mucho, disfruten de la vida que es tan maravillosa. ¡Un besote, nos leemos pronto!
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¡SasuSaku CANON!
