Naruto y personales propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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La madre virgen
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XLIX
Aún quedan baches en el camino
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Entró a la gran habitación intentando hacer el mínimo ruido, la casa estaba en completo silencio, él no quería que se enterasen que seguía despierto. Encendiendo la pequeña linterna que usaba para emergencias nocturnas, husmeó en la sección de libros infantiles del enorme librero.
— ¡Din-din-din! —susurró contento al encontrar el que buscaba.
Regresando por el mismo camino por el que llegó, se apresuró a dirigirse hacia su destino. No tropezó ni una sola vez en las escaleras, eso le valió una sonrisa de orgullo.
La alcoba en la que se internó, estaba tenuemente iluminada con una lamparita de noche, que arrojaba un destello azul. Sus ligeras pisadas fueron silenciosas en la alfombra. Sin embargo sabía que sus preciosos e inocentes ojos negros estarían abiertos, siempre lo estaban, esperando por él.
—Hola nena —saludó con emoción. Hacía solo dos horas que se habían despedido, cuando su mamá los había llevado a dormir, pero ellos ya se extrañaban—. Vine a contadte tu cuento, hasta que papi regrese yo soy el hombde de la casa —anunció haciéndola reír.
Subió con pericia, agarrándose con fuerza a los barrotes de la gran cuna de madera, no era una tarea difícil, llevaba haciéndolo varios meses por lo que se había acostumbrado. Se sentó al lado del regordete cuerpecito, acercándose al luminoso y hermoso rostro sonriente para darle un beso en la frente. Adoraba a la preciosa niña, amaba a su hermanita.
—Y dice así —abrió el libro, apuntando la luz de su linterna, se preparó para leer el cuento de aquella noche.
Por supuesto, a sus cuatro años, aun no sabía leer, pero no era necesario tampoco, ya que las letras no eran muchas, y las imágenes contaban por si sola la historia. Aunado a eso, conocía a la perfección cada libro, su padre se los había leído todos ya, su hermosa mamá siempre decía que necesitaban una nueva colección. Esperaba que cuando su papi regresara de su viaje, le trajera más cuentos de regalo, como hacia cuando se ausentaba por días.
—La danita saltadina que vivía en un glan chalco, quedía conocer todo el pantano —giró la página con cuidado, evitando que alguna se le pasase por alto—, su mamá la gdan lana, le decía que era muy chiquito y no podía idse solo. Él era como nosotos Salada —le sonrió con cariño, acercándose a su rostro y dándole un sonoro beso en la mejilla. La bebé aplaudió y balbuceó contenta—. Sigamos…
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Sasuke atravesó la entrada con cansancio, su maldito vuelo se retrasó cuatro horas, por lo que le había pedido a Sakura que no lo esperara despierta. Mirando el reloj en la sala de estar, se percató que eran más de las doce de la noche, no le apetecía otra cosa que caer sobre su cama y abrazar a su esposa. Dejó la maleta en medio de la sala, así como su maletín con los nuevos contratos que había logrado cerrar y subió a la planta superior. Pero sus pasos no se dirigieron hacia la alcoba principal, antes necesitaba algo más.
Entró silenciosamente a la recamara de su hijo, a pesar de que a lo largo de esos cinco días que estuvo de viaje, conversó diariamente con Naruto por vídeo llamadas, sentía que hacía siglos que no lo veía y abrazaba. No le extrañó ver la cama vacía. Sonrió con certeza, sabiendo de inmediato en dónde se encontraría el travieso rubio.
Aprovechando que la puerta del cuarto de la bebé se hallaba abierta, echó un vistazo al interior. El alivio que sintió fue incomparable. Acercándose con sumo cuidado, alargó las manos y acarició la revoltosa cabeza rubia y la cabecita azabache. Descansaban muy cerca una de la otra.
Sus hijos. Sus preciosos y amados bebés.
Los había extrañado demasiado, odiaba tener que salir de viaje y dejar de estar con ellos, por lo menos sabía que no se volvería a repetir dentro de poco. Él e Itachi hicieron un acuerdo de turnarse las salidas de la ciudad, así no tenían que dejar a sus familias tan seguido.
Ambos dormían plácidamente, el cuerpo más grande de Naruto, reposando desgarbadamente sobre el libro abierto que seguramente le había "leído" a su hermanita. Como todo hermano mayor, era muy protector con Sarada. No sólo la cuidaba y la entretenía, sino que verdaderamente la amaba, prácticamente besaba el suelo que gateaba.
Naruto era un niño amoroso y extremadamente bueno. Recordó con cariño el momento en el que se enteró que tendría una hermanita —fue el mismo día en el que se enteró que volvería a ser padre—, había saltado y gritado de felicidad, prometiendo ser el mejor hermano.
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—Que sorpresa verlos aquí, pensé que comeríamos juntos en casa, ¿Por qué no me dijiste que tenían planeado venir a visitarme? —preguntó alegre, cuando Sakura entró a su oficina sin siquiera anunciarse.
— ¡Hola papi! —Naruto corrió a sus brazos, haciendo que lo levantara de inmediato y lo abrazara con fuerza.
—Hola hijo —besó su cabeza con cariño, a la vez que extendía su brazo hacia Sakura para que lo saludara como normalmente hacía, con un beso en los labios.
Ella no perdió la oportunidad, se aproximó y permitió que la besara castamente.
Desde que se casaron, Sakura no regresó a la oficina como su asistente. Convencida de que quería ser escritora, comenzó a intercalar su rol de madre y esposa, con el de estudiante de literatura. Era la mejor en lo que hacía, sin duda un prodigio.
—Mami ta enfedma, fuimos a ver a Sasodi —se apresuró el rubio a contarle. Naruto nunca se callaba, siempre fue bueno con las palabras, pero ahora que no era más un bebé, sino un gran niño de tres años, conversaba con una facilidad asombrosa.
— ¿Uh? —arqueó la ceja con preocupación. Sakura no le había mencionado que se sintiera mal.
— ¡Naruto!, te dije que guardaras el secreto —Sasuke la vio ponerse roja, no parecía enferma, sino más bien avergonzada por haber sido descubierta por su hijo—. Pensaba hablarte de eso en la noche —murmuró cuando él le dedicó una mirada interrogante.
Sasuke supo de inmediato que algo no iba bien. Sasori era el pediatra de Naruto, no el médico de Sakura. Por lo regular ambos llevaban a su hijo a sus revisiones, todo marchaba perfecto, ¿Por qué iría ella sola a ver al atractivo doctor, sin él?
— ¿Qué sucede? —bajó a Naruto al suelo para que se dirigiera a travesear en su escritorio, como siempre que se hallaba en la oficina. Intuía que lo que Sakura tenía que contarle era algo importante.
—Yo… necesitaba estar segura sobre algo y… no sabía a quién más acudir, medicamente hablando me refiero —aclaró apresurada. No había esperado sincerarse todavía, se suponía que aquella visita a Sasuke en su trabajo, era para no estar sola en casa, rumiando las buenas nuevas.
— ¿Estás enferma? —se acercó a ella, tomando su rostro entre sus palmas y mirándola fijamente a los ojos.
—No —se mordió el labio inferior, desviando los ojos hacia el suelo.
— ¿Entonces?... Sakura…
Naruto corrió de nuevo hacia ellos, al parecer no muy dispuesto a distraerse con los juegos de la computadora.
—Tía Teten dijo que tene un bollo en su holno. ¿Eso e malo papi? —lo observó con sus inmensos e inocentes ojos azules.
— ¡Naruto! —Sakura no podía creer que su pequeño e indiscreto hijo, acababa de descubrir la increíble noticia que tenía para darle a su marido, de una manera tan simple y vergonzosa.
Nuevamente, aquello no era lo que había planeado. Aunque qué esperaba, Naruto era demasiado inteligente para su propio bien, por supuesto que captó a la perfección la broma que Tenten hizo al enterarse de su embarazo. Jamás debió permitir que aquellos dos alborotadores la acompañasen al doctor.
—Tienes un bollo… —Sasuke negó con la cabeza—, ¿es lo que creo que es?... ¿estás…? —acarició su plano vientre con tanta ternura, que Sakura no pudo contener por más tiempo la inmensa sonrisa ni las lágrimas de felicidad.
— ¡Sí!
— ¿Vamos a tener otro bebé?
—Tengo dos meses de embarazo —declaró con un hipido traidor.
Sasuke la tomó en sus brazos, cuidando no aplastarla ni lastimarla de ninguna manera. No dejó de repetirle lo mucho que la amaba. Lo feliz que se sentía de que pronto serian nuevamente padres.
Sakura disfrutó de la auténtica reacción de Sasuke. Había temido que él la amonestara por embarazarse antes de terminar su carrera. Su embarazo no estaba todavía en los planes, era algo completamente imprevisto. Un milagro, ya que ella llevaba un perfecto control de natalidad.
—Naruto, vas a tener un hermanito. Un nuevo bebé del que tendrás que cuidar, ya que serás su hermano mayor —Sasuke capturó a su hijo, celebrando con varios giros juguetones, como le gustaban al rubio.
— ¿Hemanito, cómo los de Jina? —preguntó con ilusión.
—Así es, como los de Hinata —confirmó gustoso.
Su hermano Itachi tenía una gran familia, aunque eso se debía a un golpe de suerte y no tanto a la planeación. Después de tres años, ya contaba con tres hijos y medio. Hinata, sus dos gemelos Shin y Len de un año, y una próxima en camino, que nacería dentro de cinco meses. Él y Anko no perdían el tiempo.
— ¡Sii! —festejó Naruto, que amaba a sus primos y le encantaría tener su propio bebé en casa con el cual jugar.
—Hay que festejar —atrajo de nuevo a Sakura.
— ¿No estás decepcionado? —cuestionó ella un poco nerviosa todavía.
—A decir verdad estoy más que feliz. ¿Lo estás tú?, sé que querías concentrarte en tus estudios. Me siento algo culpable de sentirme tan contento, cuando tú podrías estar pensando en que tal vez tendrás que posponer un poco tu carrera —admitió apenado.
—Me siento igual que tú. Completamente dichosa —sonrió abrazando a los dos hombres más importantes de su vida—. Te amo. Los amo —besó la frente de Naruto y luego los cálidos y amorosos labios de su marido.
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Sasuke suspiró tranquilamente. Se preparó al ver como el cuerpo de Naruto se agitaba un poco, luego gimió y abrió los párpados lentamente, concentrando sus desenfocados ojos azules hasta que por fin estuvo despierto completamente.
— ¡Papi! —exclamó sorprendido y contento.
Sasuke se olvidó de su agotador día, el cansancio era cosa del pasado cuando tomó a su hijo en brazos y le dio un fuerte abrazo y un sonoro beso en la cabellera alborotada y rubia.
— ¡Volviste papi, te extlañe mucho! —comunicó colgándosele como un mono.
Ambos se congelaron un poco, al oír un quejido que provino de la cuna. Sarada estaba también despierta. Curiosamente ella y Naruto siempre parecían estar conectados, si él no estaba a su lado, ella no permanecía mucho tiempo dormida. Parecía que presentir la cercanía de su hermano mayor, era lo que la tranquilizaba.
— ¡Sala, papi ya llegó! Saluda a Sala papi, ella también te extlañó —lo urgió el rubio soltándolo para que lo bajara al suelo y procediera a cargar a su hermana.
Sasuke de inmediato lo hizo. Levantó el pequeño bulto con cuidado y devoción. Su hija era todavía una bebé delicada, aunque era bastante ruda a la hora de exigir atención y comida con sus furiosos pulmones que se hacían oír por toda la casa. Enterró la nariz en su cabello, disfrutando de los deliciosos olores a vainilla de su champú y el talco. Sarada lanzaba gritillos y balbuceos gozosa, sacudiendo sus manitas intentando tocarlo.
Se dirigió a la mecedora, sabiendo que sus hijos estarían demasiado despiertos para meterlos en su cuna y cama, respectivamente. Dejándose caer con precaución, recargó a Sarada en su brazo izquierdo, a la vez que dejaba espacio para que Naruto escalara por sus piernas y se recargara del lado contrario.
—Y bien, ¿cómo han estado las cosas por aquí?. ¿Se han portado bien ustedes dos? —indagó balanceándose lentamente, con la intención de arrullarlos.
—Salada sí, yo no tanto papi —confió su hijo haciendo un puchero.
— ¿Ah sí, y por qué es eso? —su tono fue interesado pero casual, si Naruto era tan abierto, era porque siempre le había dado la confianza de hablar con él.
—La maestla me castigó… otla vez. Dice que soy muy inquieto, que soy un niño desobe- desobe-, que no le hago caso —recargó la mejilla en su pecho, buscando que lo confortara.
—Hmn —acarició su espalda, no era la primera vez que recibía esa queja de su hijo.
—No me gusta la escuela papi. No quiero volvel. Quielo quedalme aquí en la casa, con Salada y con mami —pidió afligido.
Sasuke se sorprendió ante la tristeza que Naruto reflejaba en su expresión. No parecía ser un berrinche o chantaje. A decir verdad, Naruto nunca había sido un niño majadero o caprichoso, Sakura y él cuidaban siempre de educarlo con amor y comprensión.
—Además, la maestla dice que no entiende lo que digo, que ya soy glande y debo hablal mejod. ¡Soy muy tonto papi!
— ¡Maldita bruja! —murmuró entre dientes enfadado. Naruto había comenzado a llorar angustiado.
Sarada se tensó junto a él y empezó a alterarse. No faltaba mucho para que también rompiera en sollozos.
—Tranquilo hijo. No llores Naruto, a tu hermanita no le gusta verte así, harás que se preocupe. No eres tonto. Si esa escuela no es la adecuada para ti, buscaremos otra que te guste, donde hagas muchos amiguitos y te diviertas además de aprender —prometió apretándolo más en su pecho.
—Así que tenemos reunión familiar —Sasuke desvió la mirada hacia la entrada.
Su preciosa esposa se acercaba sonriente hasta ellos. La bata de seda no ayudaba a cubrir el seductor camisón que vestía. El cuerpo de Sakura tenía más curvas, desde que había dado a luz a Sarada, sus pechos y caderas eran más prominentes, convirtiéndola en una mujer voluptuosa y exuberante.
—Venía a ver si a nuestra niña se le antojaba algún bocadillo de media noche, me alegra que ya estés aquí, no podía dormir por la emoción de que pronto regresarías a casa. ¿Sabes?, nuestros bebés no son los únicos que te han echado de menos —se aproximó contoneándose sensualmente, eso fue hasta que vio las lágrimas de Naruto y la fase de esposa deseosa, cambió a la de mamá preocupada—, ¿¡Qué sucede!, bebé qué pasa, que tienes amor? —atrapó a Naruto entre sus brazos y lo cargó amorosa, era tan protectora. El rubio se afianzó a ella y escondió la cara entre el hueco de su cuello y hombro.
— ¿Por qué no me dijiste que Naruto seguía teniendo problemas en el colegio? —cuestionó poniéndose de pie con Sarada a cuestas, a la vez que alcanzaba a su dulce mujer y le daba un beso rápido pero necesitado.
Más tarde podrían ponerse al corriente con todas aquellas noches separados, por ahora era urgente solucionar el problema de Naruto.
—Estaba esperando a que volvieras, no quería que te estresaras estando tan lejos como para hacer algo. Sobre todo porque he tomado una decisión respecto a ese asunto. Sé que juré que escucharía también tus opiniones y deseos en lo que a nuestros hijos se refiere, pero…
—Sakura…
—Sacaré a Naruto de ese pomposo colegio. No voy a seguir permitiendo que minen su confianza y destrocen su tierna y alegre personalidad. Sé que tú estudiaste ahí, e Itachi también. Que ustedes querían que sus hijos continuasen con la tradición, pero esa maestra horrible está haciendo sufrir a nuestro bebé. Te juro que cuando me dijo que Naruto no era más que problemas —cubrió los oídos del rubio para que no escuchara tan desagradable declaración—, estuve a punto de arrancarle los ojos. ¡Nadie habla mal de mis hijos, nadie!
—Por supuesto que no. Son perfectos. Estoy de acuerdo contigo. Encontraremos un colegio más flexible, en el que los métodos de enseñanza vayan acorde a las necesidades de Naruto.
Sakura se relajó visiblemente. Estaba preparada para debatir con Sasuke, no es que le gustase pelear con él —aunque las reconciliaciones que venían después, eran algo que sin duda disfrutaba mucho—, pero pensó que sería menos blando con la situación.
—Mami, no soy un bebé —se quejó Naruto, que de toda la conversación, aquello era lo que lo mortificaba más. Él era un niño grande y fuerte, debía serlo para cuidar de su hermanita.
—Lo sé amor. Pero mami siempre te verá así, aunque tengas cincuenta años, tú, Sarada, y los niños que vengan después, serán mis bebés.
Después de recibir las buenas noticias, Naruto se relajó y se quedó dormido de inmediato, lo mismo que Sarada, a quien solo le bastaron un cambio de pañal y unos cuantos sorbos de leche del pecho de su madre para caer rendida. Dejando reposar a sus querubines en la misma habitación —menos mal la cuna era suficientemente grande para ambos—, se dirigieron por fin a su recamara.
—¿Así qué, en serio no estás molesto?. Tu madre tuvo que mover varios hilos para que aceptaran a Naruto en ese colegio —Sakura retiró las mantas preparando la cama, al tiempo que Sasuke se desvestía.
—Hmp, si los padres supieran lo que tanta severidad y estrictez les hace a sus hijos, no pedirían estar en la lista de espera, menos ser admitidos en esa maldita escuela —se colocó su pantalón de pijama, desde que Naruto podía colarse a la habitación de ellos en cualquier momento, había tenido que aprender a dormir con algo de ropa.
—Tal vez somos nosotros los que hemos sido muy complacientes… —murmuró desanudándose la bata.
— ¿En serio crees eso? —arqueó la ceja dudoso.
—No. La verdad es que amo a nuestros hijos y quiero que siempre se sientan queridos, si eso significa convertirlos en niños juguetones, alegres y con un vocabulario muy por debajo de la norma que esos genios esperan, me importa un bledo —se cruzó de brazos alzando la barbilla.
—Hey, estoy de tu lado, deja de intentar provocarme. A mí también me importa una mierda lo que opinen los demás. Yo estaré orgulloso aunque Naruto no gane una medalla al mejor orador de preescolar, y seguiré adorando a Sarada aunque sus únicos talentos sean hartarse de leche y meterse el puño en la boca.
—Si es así, ¿entonces por qué te molestaste cuando la alimenté en ese día de campo que tenías con Shimura y su esposa?, asentiste cuando esa restirada mujer dijo que debía dejar de amamantarla y darle leche de fórmula —espetó resentida.
Bueno sí, tal vez si buscaba pelea. Si no, ¿por qué otra razón seguía intentando discutir con Sasuke sobre asuntos intrascendentes, únicamente con el afán de provocarlo?
—La verdad es que ni siquiera puse atención a lo que dijo, estaba más ocupado advirtiéndole a Shimura con la mirada, que dejara de babear por tus pechos —se colocó frente a ella, su cara era seria, su alto y musculoso cuerpo estaba rígido.
— ¡Tenía una manta cubriéndome!, no es como si pudiera ver algo a través de ella —se sonrojó avergonzada.
Era pro amamantar en público y la crianza con apego. Así que, cuando la remilgada esposa de uno de los clientes de Sasuke le señaló que la mesa donde pasaban el rato, no era el sitio apropiado para darle pecho a su bebé, en vez de hacerle caso y buscar un lugar apartado e íntimo, rebeldemente se había quedado ahí a darle de comer a Sarada.
—Sí, y ese maldito viejo parecía tener vista de rayos X.
— ¿Estabas celoso? —se estremeció ante la expresión depredadora de su ahora molesto esposo. Sip, había conseguido pincharlo, se mordió el labio en una sutil invitación.
—No precisamente, los celos surgen de la inseguridad, y yo no me siento para nada inseguro de ti —acarició su mejilla con delicadeza, Sakura no se confió, el rostro de Sasuke todavía se observaba contenido—. Pero eso no quita el hecho de que haya querido molerlo a golpes, para enseñarle la valiosa lección de que no debe mirar con deseo a las esposas de otros.
Sakura gimió al sentir las grandes y fuertes manos de Sasuke sujetarla por la cintura, atrayéndola con firmeza en un gesto totalmente posesivo.
—Eso hubiera sido completamente incorrecto y… muy sexy —sosteniéndolo por el cuello, se puso de puntillas para alcanzarlo y besarlo desesperadamente.
Cinco días sin tocarlo, besarlo, hacerle el amor, era demasiado maldito tiempo.
Sus lenguas se encontraron de inmediato, ella lanzó un tembloroso suspiro mientras Sasuke eliminaba la bata que aun la cubría.
—No culpo a Sarada por querer seguir pegada a estos —bromeó al bajar los finos tirantes de su para nada discreto camisón, descubriendo sus senos.
— ¡Tonto! —rió y gimió excitada, al tiempo que él empezó a acunarlos y apretarlos magistralmente.
—Te amo… —expresó regresando a sus húmedos labios.
—Y yo a ti. Déjame mostrarte cuanto —con un ligero empujón lo aventó a la cama y se subió a horcajadas sobre él. Aquella sería una bienvenida que Sasuke no olvidaría pronto.
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—Estoy…
Sakura contuvo el aliento, esperando para escuchar la reacción de su suegra ante la decisión de sacar a Naruto del colegio en el que la familia Uchiha insistió en inscribirlo. Sentada en una de las terrazas que daba al jardín, en la cual desayunaban siempre que el clima era cálido y soleado —como ese día—, la nerviosa pelirosa miraba intermitentemente de su suegra a su concuña. Como cada domingo, Anko e Itachi habían traído a sus hijos para que convivieran con sus primos.
—…totalmente de acuerdo contigo —completó Mikoto, asombrándola.
— ¿De verdad?
—Por supuesto. La actitud de esa maestra le estaba generando mucho sufrimiento emocional a mi nieto. Naruto es tan sensible, ya me imagino lo inseguro e inadecuado que debe sentirse ahora, después de tan despiadadas críticas. Mi pobre niño —Mikoto desvió los ojos hacia donde Naruto jugaba con Hinata, ambos niños cuidando y divirtiéndose con los gemelos.
—Ahora que lo mencionas… yo también he tomado la decisión de cambiar a Hinata de colegio —aportó Anko, sosteniendo a su hija menor que dormía plácidamente. A sus diez meses, Yuki era bastante perezosa y despreocupada.
— ¿Acaso también a ella la ha maltratado esa mujer?
—Tuvo el descaro de decirme que Hinata se estaba volviendo igual de vaga que su primo. Que si no la alejaba de él, nunca llegaría a ser una niña recatada y buena —apretó los labios claramente furiosa—. Por supuesto que le dije que ella y Naruto se adoraban, y que apreciaba la buena influencia de mi sobrino a lo largo de todos estos años, ya que él ayudaba a mi hija a no ser tan tímida y retraída. Él la hace feliz —agregó viendo a lo lejos, donde los cuatro niños corrían y gritaban contentos.
— ¿Por qué no me lo contaste? —Sakura pensó que no podía enfurecerse más, pero se había equivocado.
—Iba a hacerlo, para sugerirte que buscásemos otra escuela. Te me has adelantado.
—Gracias por su apoyo.
—No hay nada que agradecer. Estamos contigo.
— ¡Hey, miren quién está ansiosa por unirse a la charla de mujeres! —Anko sonrió al ver aparecer a su marido.
Itachi atravesó las puertas francesas con una enorme sonrisa y con Sarada en su costado. La bebé saltaba y celebraba desde los brazos de su tío.
— ¿Dónde dejaste a Sasuke? —indagó Sakura después de que su suegra tomara en brazos a su nieta menor.
—Está atendiendo una llamada de una de nuestras últimas clientes.
— ¿En domingo? —no le gustaba que los momentos que Sasuke tenía libres para la familia, los desperdiciara trabajando.
—Descuida, esto es cosa de una vez, no se volverá un hábito.
Si aquello hubiese sido verdad.
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Meses después, esas llamadas no sólo no habían cesado, sino que se habían incrementado. Sakura estaba muy molesta. La famosa clienta de Sasuke, se convirtió en un punto de constantes problemas y discusiones entre ellos.
Su tonto marido no entendía que la prestigiosa Taylyn Osuka, lo veía más como un posible amante, que como un socio de negocios. No se conformaba con asediarlo por teléfono, también tuvo el descaro de comprarse un departamento en la ciudad y presionarlo constantemente para cenar con ella, con el endeble pretexto de hablar sobre el seguimiento de su proyecto, del cual Uchiha Corp se estaba haciendo cargo, y en el que ella, era accionista.
—Te ves muy tensa, ¿Qué te sucede? —Tenten observó a su amiga lanzar una tormentosa exhalación.
Hacía mucho que no veía a Sakura tan preocupada. La última vez, fue probablemente cuando la pelirosa e Itachi habían tenido ese amorío, ya años atrás.
—Tenten creo que… Sasuke ya no me quiere —se cubrió la boca con la mano, pero el sollozo que escapó logró escucharse claramente.
—Pero qué dices…
Tenten no perdió tiempo en levantarse del sofá y acercarse a ella para abrazarla. Afortunadamente estaban en la comodidad e intimidad de la casa que ella y Neji decidieron comprar al casarse. Sakura le había pedido que hablaran de algo importante, que Mikoto iba a cuidar a los niños para que ellas no tuvieran que contenerse.
—Esa mujer no deja de meterse entre nosotros, y él no lo ve. Le dije que quería que dejara ese proyecto, que se lo cediera a Itachi, porque me estaba cansando de sus constantes salidas con Taylyn, pero me dijo que no. Que estaba siendo inmadura, que sus citas son únicamente laborales, y que él es demasiado profesional para quedar mal con cualquiera de sus clientes, únicamente por mis inseguridades —lloró desconsolada.
—No te enojes conmigo ¿sí?, pero déjame jugar un poco al abogado del diablo. ¿No crees que Sasuke tenga razón?, es decir —se apresuró a continuar al ver que Sakura no recibiría bien sus palabras—, tal vez lo que esa bruja busca es crear conflicto entre ustedes, y tú se lo estás permitiendo. Sasuke te ama, adora a sus hijos. Por supuesto que espera recibir de ti toda tu confianza, después de estos años juntos, con él apoyándote y queriéndote como lo ha hecho, es injusto que creas que podría serte infiel con esa mujer, por más interesada que ella esté en él.
Sakura dejó que los consejos de Tenten se asentaran en ella. Debía reconocer que últimamente no se estaba sintiendo como ella misma. Se ponía muy emocional por cualquier cosa, no sabía cómo mantener la cabeza fría, la seguridad con la que desde hacía tiempo se caracterizaba, brillaba ahora por su ausencia. ¿Sasuke tendría razón?, ¿estaría exagerando y haciendo una tormenta en un vaso de agua?
Sí, algo malo le pasaba, ni siquiera encontraba motivación para continuar con el libro de cuentos infantiles que había empezado a escribir. Entre sus ataques de celos, sus arranques de llanto y su apatía por su carrera, se estaba convirtiendo en una mujer desquiciada. Por lo menos ese aspecto irreconocible de su personalidad, no afectaba aun su rol de madre.
—Creo que lo que necesitas es un respiro. Tengo una idea, ¿Por qué no te vienes conmigo a la filmación del comercial de mi perfume, este fin de semana?, mientras yo trabajo, tú podrás relajarte en la finca spa en donde será el rodaje.
—Tenten no estoy segura que…
—Anda. Salir de la rutina te servirá para que puedas ver tu situación desde una nueva perspectiva. Necesitas un descanso, además hace mucho que no pasamos el rato. ¡Por favor! —le dedicó su mejor mirada de cachorro—. Solas tú y yo contra el mundo, como en los viejos tiempos.
— ¡Bien! —acordó en un impulso.
No le haría mal liberarse de sus ocupaciones por dos días. Sus hijos estarían bien atendidos, seguro Mikoto no pondría ninguna objeción para cuidárselos. Sasuke estaba tan enfrascado en el trabajo, que tampoco le importaría.
Sasuke.
Su sonrisa titubeó, aquellos días alejados probablemente les servirían para pensar en arreglar su distanciamiento.
—Entonces no se diga más. Haz la maleta, y escapemos del mundo —chocó palmas con ella, alegre por estar ayudando a recuperarse a su decaída mejor amiga.
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—No.
— ¿Perdón? —Sakura dejó de guardar la ropa en su bolsa de viaje para observar a su marido con desconcierto.
—He dicho que no estoy de acuerdo en que te vayas con Tenten —repitió desabotonándose la camisa después de deshacerse de la corbata. Había sido un día duro en la oficina.
— ¿Y se puede saber por qué no? —arrojó la blusa que cuidadosamente había estado doblando, dentro de su pequeña maleta.
—Es el primer fin de semana que tendré completamente libre, quiero pasarlo contigo y con los niños aquí en casa. Hace mucho que no estamos todos juntos —solamente con los pantalones del traje puestos, se acercó hasta ella, seguro a Sakura le encantaría la idea.
— ¿Y de quién es la culpa que no hayamos estado como familia todos estos días? —lo fulminó con sus grandes ojos verdes, casi podía adivinar la advertencia de no aproximarse más, que ella furiosamente le lanzaba.
Sasuke resopló frustrado. No otra vez. ¿Qué a Sakura no podía quedarle claro que él no lo hacía con la intención de fastidiarla?. La empresa era muy importante, claro que no más que su familia. Él intentaba mantener un equilibrio entre sus prioridades, reconocía que era difícil, había períodos en los que los descuidaba un poco a ella y a sus hijos, pero cuando podía se aseguraba de compensarlos, justo como planeaba en ese momento.
—No quiero pelear Sakura. Dile a Tenten que lo dejen para otra ocasión —sugirió en tono conciliador.
—Ya le he dicho que iré con ella. Tu madre está de acuerdo en quedarse con Naruto y Sarada, así que no voy a cancelar. Podemos aprovechar el siguiente fin de semana para hacer lo que tú desees —propuso ella intentando mediar también.
—El próximo viernes salgo de viaje con Taylyn, iremos a supervisar la construcción del resort de Umi no Kuni.
Había esperado darle la noticia a Sakura cuando estuviese relajada y contenta, de ser posible después de haber hecho el amor, así ella no se enfadaría. Ya era tarde para eso, su expresión se convirtió en una de ira mal contenida.
—No.
— ¿No? En qué quedamos Sakura. Sabes que tengo que trabajar con ella.
— ¿Y yo no tengo derecho a decir nada al respecto?. Claro que no —completó al comprender que la decisión de Sasuke no era negociable—. Después de todo soy sólo tu esposa, la madre de tus hijos, la loca celosa que exagera todo —su voz había comenzado a quebrarse.
—Sakura.
—Haz lo que te dé la gana. Así como yo. Me voy con Tenten. No te molestes en llamarme, no tendré tiempo para hablar contigo —zanjó cortante a la vez que corría a encerrarse al baño.
Cuando regresó a la alcoba, una hora después de llorar en la bañera, Sasuke no se hallaba por ningún sitio. Se dejó caer en la grande y solitaria cama. Sus hijos estaban en casa de Itachi, que los llevaría por la mañana con Mikoto, así ella podría pasar la noche con su marido ya que quería disfrutar con él a solas. ¡Ja!, su plan de seducción acababa de unirse a la interminable lista de decepciones que la aquejaban últimamente. Ahora más que nunca, anhelaba ese viaje con Tenten, ojalá que de verdad pudiera despejarse y descubrir de qué manera enderezar su tambaleante matrimonio.
Se despertó temprano por la mañana, todavía sola. Sasuke probablemente había dormido en una de las habitaciones de invitados. Mejor, no se sentía con fuerzas para enfrentarlo. Se bañó y vistió rápidamente, Tenten y su guardaespaldas pasarían por ella a las nueve. Cuando bajó a la cocina, encontró a Sasuke bebiendo café. Su aspecto no era mejor que el de ella. Parecía no haber pegado el ojo en toda la noche.
Cogió una taza y se dirigió a la cafetera. Cinco segundos después, estaba vaciando el contenido por el fregadero y dominando las arcadas.
— ¿Estás bien? —Sasuke llegó a su lado de inmediato, asistiéndola.
—Sí, es que ese olor… —respiró profundamente, inundándose del delicioso aroma que su marido desprendía, encontrándolo sumamente placentero y calmante.
—Tal vez sería mejor si te recuestas y…
—Tenten no tarda en pasar por mí —anunció separándose varios pasos. Sasuke apretó los labios y asintió bruscamente.
—Disfruta tu viaje entonces —le dio la espalda y desapareció rumbo a su estudio.
Aquellas últimas palabras de Sasuke no fueron nada premonitorias. Porque no sólo no disfruto de nada en su viaje, sino que aquella salida fue un calvario. Cuando no estaba profundamente dormida debido a un agotamiento desesperante, se encontraba mareada y llena de náuseas. Ni siquiera había tenido tiempo de explorar el lugar, mucho menos de aprovechar los beneficios del lujoso spa.
—En serio Tenten, ve a divertirte, te aseguro que estaré bien —pidió por tercera ocasión. La morena no se había apartado de su lado desde que terminó su trabajo.
—Si pudieras verte en un espejo, no pensarías así. Sé que no quieres que le avise a tu marido, pero el doctor estará aquí pronto, sobre eso no me pude contener Sakura.
—Seguro es algo que comí.
Aunque no se había alimentado muy bien en los últimos días, entre sus ocupaciones, preocupaciones y depresiones, se descuidó terriblemente.
El doctor llegó minutos más tarde. Otra media hora después. Sakura por fin comprendía sus bruscos estados de ánimo y sus molestias físicas. Embarazada otra vez. Quería comenzar a llorar.
No había sospechado nada, porque desde que Sarada nació, se volvió muy irregular en relación a sus ciclos menstruales. Su ginecólogo le había dicho que era algo normal. Asociado a eso, el nuevo método anticonceptivo "más fiable y menos invasivo" que comenzó a usar después de dejar de amamantar a su hija, le había provocado una reacción alérgica, por lo que el período que necesitó para cambiarlo y recuperarse, fue suficiente para quedarse en cinta.
Una lágrima escapó, luego otra más, cuando se dio cuenta, sus ojos estaban empañados y su rostro completamente empapado de su llanto. Su matrimonio atravesaba por una crisis, la peor de su historia, y a ella no se le ocurría otra cosa que embarazarse. Aquello era culpa de Sasuke, por ser tan irresistible, ni siquiera enfadados y distantes, habían dejado de tocarse y amarse cada noche como dos adolescentes lujuriosos.
—Sakura, ¿Por qué lloras?, es una noticia maravillosa —Tenten se acomodó a su lado, rodeándola con su brazo y juntando sus sienes.
—Sasuke y yo estamos a nada de la separación, Minato y yo habíamos decidido ir preparando el terreno con Naruto para contarle la verdad, y Sarada solo tiene un año y medio. No estaba preparada para un bebé más todavía —gimió.
— ¿No lo quieres?
— ¡Por supuesto que sí!, es mi hijo y del hombre que amo más que a mi vida, claro que lo quiero —expresó espontánea, dándose cuenta que era la verdad, a pesar de todo, estaba feliz.
— ¡Así se habla!, ahora sabemos que tus hormonas son las que te han estado jugando una mala pasada.
—Tengo que hablar con Sasuke…
—Sí, si tienes. En cuanto te sientas mejor, volveremos, ¿de acuerdo? —propuso la morena, sabiendo que aquello era lo que Sakura necesitaba.
—De acuerdo —corroboró respirando profundamente, enfocándose en la paz que comenzó a invadirla en ese momento.
Todo saldría bien. Por el bien de su familia en expansión, tenía que salir bien.
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¡Feliz año!
¿Qué creen?, ¡decidí alargar la historia diez capítulos más =)!
Hehe, no es cierto, de ser así, mis nietos tendrían que terminar el fic por mí =P. De hecho, esta es la primera parte del final. Preferí cortarlo porque se estaba alargando mucho, además a mi parecer, era necesario inyectarle un poco de drama. Creo que me dejé llevar con eso de las familias numerosas, pero bueno, han pasado años y la historia lo amerita, sobretodo porque en mis otros fics no creo tener oportunidad de crear bebés, ¿Quién sabe?, ya veremos que sucede.
Disculpas por no dar señales de vida. Lo que fue los meses anteriores, mi trabajo se puso pesado y no dejó espacio para mucha motivación. Sin embargo, aprovechando los días festivos libres, me puse a escribir como si de veras me pagaran por ello, jaja, créanme que he estado esclavizada a la compu desde el viernes. Al rato, si no es que mañana, les cuelgo la actualización de Number 13. El cierre de aquí también ya lo llevo a la mitad, pero tuve que tomar un descanso para que mi agilidad mental se restablezca.
En fin, de verás lamento mucho mi ausencia. Les prometo seguir aquí en Fanfiction, de igual manera le estoy dando con todo a las complacencias, aguántenme como siempre. Gracias por leer y comentar a los/las que lo hagan, vuelvo rápido, al menos con la culminación de esta historia.
Cuídense mucho. Ojalá estén disfrutando de este año que comienza, que sus propósitos puedan cumplirse, sobretodo que tengan vida y salud para realizarlos. Les mando un abrazo, un brindis atrasado, y un saludote cordial. ¡Nos leemos pronto!
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Y que este 2018, siga predominando el:
SasuSaku
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