Nota de la autora:

Bueno aquí les traigo el nuevo capítulo, esta vez enfocado en la relación de Ichi con Kara. No veremos a los otros matsus, pero tendremos a Choroko e Ichiko. Espero no defraudarles con las escenas de sexo.

Por cierto, ando leyendo cosas de la iglesia, costumbres, vestimentas y arquitecturas (soy católica pero no voy frecuentemente a la iglesia) así que puede que no haya desarrollado muy bien las cosas para este fic (¿o sí?).

A las personas que me preguntan el tiempo de entrega de cada capítulo, pienso que sería (sí es que tengo tiempo) cada 15 días. Sí tardo más, prometo hacer el capítulo largo. Es que ahora sí se me juntaron proyectos D:

Gracias por leer (inclusive mis notas)


Karamatsu no entendía porque un calor se apoderaba de su cuerpo, acelerando su corazón. Su sangre ardía haciendo que su cuerpo se quemada. Un choque eléctrico le recorrió toda su espalda, haciendo que un leve gemido escape de sus labios.

Él se sorprendió. Automáticamente se llevó sus manos a su propia boca para dejar de gemir. No entendía que le sucedía a su cuerpo.

Sintió un peso tibio sobre él, casi escuchaba a alguien susurrarle al oído que era tiempo de pecar.

Su mente se ponía en blanco con forme el fuego se expandía.

–¿Así se siente caer al infierno? ¿Estoy siendo arrastrado a él? ¿Qué hice para merecerlo? -se preguntaba con una voz débil, ahogada entre lamentos y gemidos- Dios… -extendió su mano hacia la imagen de un sagrado corazón que tenía en la pared frente a su cama- ayúdame…

–No sé si así se siente las almas de ustedes cuando son llevadas al infierno -Ichimatsu en su forma demoniaca se mostró flotando con las alas extendidas y sus manos en los bolsillos. Su camisa desabrochada a juego con su sonrisa maléfica, le hacía ver un ser hermosamente infernal- Dudo que Dios te escuché…

–¿Qué? -Kakaramatsu se sentía débil para defenderse o sorprenderse.

–Él debe estar ocupado masturbándose -estiro su brazo para entre lazar sus garras con los dedos de la mano del sacerdote que comenzaba a caer al suelo-. No te voy a arrastrar al infierno… -apretó el agarré- todavía –mencionó con una voz grave diferente a su tono cansado pero divertido-. Te llevaré a la gloria con lo que te haré -Se acercó al padre que yacía acostado en su cama tratando de liberarse.

–¡Ah! ¡Demonio… lárgate! -forcejeaba su cuerpo sacudiéndose de un lado a otro en la cama - ¡Déjame… engendro de Lucifer!

Karamatsu no quería rendirse ante aquel diablo que le miraba como un depredador. Su mente estaba cansándose pero su corazón latía para continuar la batalla. Ichimatsu podía sentir a través de la transpiración del cura ese temor que le encantaba, ya que mostraba quien era el amo, se posó sobre el estómago del otro, se relamió los labios y le sostuvo su barbilla.

–Vamos… lucha más por tu vida -le murmuro contra los labios-. Suplícame, haz una oferta -coloco sus manos sobre su cuello.

–Dios… mío… -trataba de no perder su consciencia- Padre nuestro…

–Ya te dije -puso más fuerza en su agarre para oírle gemir de dolor- él no te va oír tus suplicas, solamente yo.

Karamatsu estiro su mano con la poca fuerza que tenía para acariciar la mejilla del demonio. Su respiración se escuchaba más débil y lenta.

– "Padre mío, sí está es tu voluntad… que así sea" -pensó para sí dejando caer su mano al mismo instante que sus ojos se cerraban.

xXxX

–¡Padre Karamatsu! ¡Padre Karamatsu! -una voz le llamaba preocupado moviéndolo del hombro.

Karamatsu solo podía escuchar rezos y sollozos a su alrededor. Poco a poco abrió los ojos encontrando junto a él a un hombre anciano con túnica de sacerdocio.

–¿Padre Hayato? -preguntó confundido, tratando de sentarse en su propia cama.

–No, Karamatsu-san, no intente hacer esfuerzo -poso su mano sobre su hombro intentando ayudarle para que se acomode en su cama-. Por favor, beba un poco de agua.

Karamatsu acepto. Se bebió el agua fresca ofrecida por la madre superiora, quien tenía los ojos rojos de llanto. Él seguía mirando confundido.

–¿Qué ha ocurrido? Padre Hayato… ¿por qué están? -preguntó débilmente.

–… -el anciano resoplo de cansancio, tal vez por la edad- No estoy seguro -respondió agarrando su biblia con fuerza- pero nuestro señor intervino a tiempo.

–¿A tiempo de qué? -sintió un dolor alrededor de su cuello.

–De que usted, mi joven amigo haya muerto -respondió a secas-. Fue la misericordia de nuestro señor, quien hizo que la madre superiora decida pasar a revisar sí todo estaba en orden para salvarle.

Karamatsu abrió los ojos como los labios que no tiraban palabras. Su piel palideció ante ese comentario. Se acarició el cuello recordando su encuentro con un diablo creía que solo había sido una horrible pesadilla… él realmente estuvo por morir.

–Escuche sus gritos -comentó la madre superiora de la iglesia que le secaba el sudor frío que su frente expulsaba- pero no eran gritos normales de alguien sufriendo un dolor físico –le aclaro la mujer de mediana edad-. Eran gritos de lamentos bestiales, –se persigno- además no dejaba de gritar: "¡Aléjate Satanás!" "¡Regresa al abismo oscuro de donde saliste!" –Repetía elevando sus manos al aire- Le llame y golpee su puerta para ver sí estaba bien, pero usted no me respondía soló hablaba de ese… -a punto hacia el piso como si indicada al infierno-.

El joven padre estaba atento a las palabras de la mujer; recordaba las palabras de Ichimatsu, pero no de haber oído otras voces llamándole.

–Cuando ella dejo de escucharle, vino corriendo hacia mis aposentos -intervino el anciano-. Le llame e hice buscar ayuda de inmediato para derribar su puerta, -Karamatsu miró detrás del padre encontrando una puerta destrozada a un lado- discúlpeme hermano –Karamatsu negó con su cabeza entendiendo que se trataba de una situación grave-. Tratamos de reanimarlo mientras el médico venía, él dijo que no se iba a salvar…

–Cuanto… -todos miraron a Karamatsu- ¿Cuánto tiempo estuve así?

–Un día… Gracias a la obra de Dios -contestó- ¿Recuerda por qué gritaba?

Karamatsu se agarró el rostro tratando de recordar exactamente lo que sucedió entre él y el demonio. Mintió negando con la cabeza y disculpándose. Tal vez, lo diría como secreto de confesión para no alarmar a las monjas más de lo que estaban.

–Padre Karamatsu, es necesario que descanse -comentó nuevamente la monja-. Estaremos rondando por sí necesita algo.

Karamatsu no discutió ese punto, estaba agotado por lo que había pasado. Necesitaba recobrar su fuerza y su espíritu.

Por su parte, Ichimatsu aún permanecía en la habitación en forma invisible, entre las sombras. No pudo moverse debido a los rezos que se hicieron con fe, de aquellos servidores de la iglesia y sus creyentes al enterarse de lo que paso.

Aparentemente Choromatsu escuchó los ruegos de su sacerdote favorito y mando a una aguafiestas a salvarle. Sí ella no hubiera entrado, Karamatsu hubiera caído rendido a él para hacerlo suyo. No planeaba asesinarlo, solo poseerlo en todo tipo de formas. Pero ella interrumpió y él tuvo que liberarlo. Todo un día no pudo hacer nada, estaba de manos atadas por los rezos.

Ahora que los llantos y ruegos a Choromatsu disminuyeron, se acercó nuevamente pero no le hizo nada grave a Karamatsu.

Soló floto acostado, mirándole dormir. Dejo caer su mano a unos centímetros del rosto de aquel sacerdote. Paso su dedo índice que había dejado de ser una garra, desde la línea del entre cejo hasta donde inicia el labio inferior. Su mente estaba en la imagen del cura tocando su mejilla, trataba de entender porque hacer eso en vez de empujarlo para defenderse.

–Tsk… hasta para eso eres idiota -murmuró mordiéndose el labio inferior-. No te defiendes… -suspiró observándole por un momento en silencio-. Hey Cacamatsu, recupérate rápido, no es porque me agrades… -con su dedo rodeo los labios del padre- es porque eres mi juguete.

Parpadeo al ver o creer que vio una sonrisa formarse en el rostro de Karamatsu. Eso hizo que aparte su mano de él. Ichimatsu sintió algo diferente en su interior, que se hizo negar a sí mismo. Huyó directo al campanario para resguardarse, ya que no puede hacer mucho sí el padre estaba en esa condición. No le era divertido.

xXx

Karamatsu fue cambiado de habitación para que pueda recuperar energías mientras se arreglaba la puerta de su cuarto. Durante ese tiempo leía pasajes bíblicos para tranquilizar su alma agitada por los recuerdos. Además aún sentía que era vigilado. Ichimatsu lo seguía como su sombra.

Ichimatsu no lo molestaba, solo se quedaba a su lado verle recuperarse. Miraba a las monjas entrar a la habitación para entregarle medicamentos. Se preguntó sí a él realmente le gustaban las mujeres.

–¡Ja! Dios me ha elegido para ser su mensajero, por eso no me llevó con él -el sacerdote se reía agarrando su barbilla-

Las monjas solo lo miraban mostrando extrañeza en su rostro.

–Padre Karamatsu, eso es pecar de soberbia -mencionó una joven de cabello negro con lentes entregándole su mentira.

–¡Ja! No es soberbia -se jactó- solo digo la verdad.

–¡Es soberbia como quieras verlo! -Exclamó Ichimatsu- ¡Se reconocerla cuando la veo y la tuya me causa un horrible dolor en mis ojos! ¡Me dan ganas de sacarlos con una cuchara!

–¡Madre Choroko! -dijo sorprendido el párroco- No es necesario que se ponga así -la monja estaba confundida-. Entiendo que estoy pecando de soberbia -se cruzó de brazos cerrando los ojos- pero usted está de altanera.

–¿Eh? No he dicho nada más, Padre Karamatsu -ella no sabía de qué hablaba-.

–¿A caso no dijo qué le gustaría sacarse los ojos porque mi soberbia le enferma? -la madre negó con la cabeza pero Ichimatsu se erizo desde la cola hasta los cuernos.

–Me… me escuchó… -murmuró-

–Creo que necesita descansar más -Choroko se levantó de la silla en la que estaba para caminar hacia la puerta-. Descanse Padre Karamatsu.

–Sí… -Karamatsu suspiró pensando que necesitará más descanso de lo que creía.

Ichimatsu aún no se creía que lo escuchó.

Tal vez fue una extraña coincidencia.

Tal vez porque estuvo con él dejándose ver, hizo que aún estén conectados.

La verdad solo buscaba alguna explicación que no tenía.

Pasaron las horas y Karamatsu se aburría en la habitación por lo que decidió que era tiempo que el sol le bronceada su piel, que a su parecer ya estaba pálida.

Se vistió de su traje eclesiástico: una camisa manga corta con pantalón de vestir, ambos de conjunto negro. No quiso usar su sotana, en su lugar uso su alzacuello blanco.

El párroco seguía ignorando que el demonio se debatía sí aún era escuchado por él. Quien a ver que el religioso abandonaba el cuarto y lo siguió.

Llegaron a la fuente donde lo encontró la primera vez. En ella descansaba un gato naranja que dormía tranquilo, al cual siempre lo veía en ese lugar, siendo alimentado por Karamatsu.

–Hola pequeño -le acaricio la cabeza- ¿Te han alimentado bien? –Ichimatsu entendió que ese gato no era mascota de la iglesia. Solo era un gato vagabundo que entraba por comodidades al recinto; y qué Karamatsu lo mimaba al verle.- ¿Me extrañaste? -el gato se estiró y ronroneo junto a la mano bienvenida del sacerdote.

El demonio se sintió algo incómodo con la escena, al ver como ese gato era acariciado por el cura. Sus ojos solo seguían su mano, pensó en la mano sobre su mejilla y por instinto; puso la propia en esa misma mejilla imaginando que había otra. Trago su propia saliva, estirando su mano hacia la del sacerdote pero en ese momento el gato se puso huraño al sentir su presencia.

–¡Auch! -Karamatsu se quejó de dolor al ser arañado por el gato, quien realmente intento lastimar a Ichimatsu para defenderlo- Creo que alguien está muy molesto porque no me vio ayer. -El gato escapo corriendo.

–Tsk… -Ichimatsu despertó de su extraño trance y se mordió el labio- que estúpido es un ser que espera una acaricia de otra persona…

–¡Padre Karamatsu! -Choroko lo llamó al verle- Debería estar descansando.

–Gracias por preocuparte, pero no quiero pecar de pereza -respondió con una sonrisa-. Además creo que el aire limpio me hará bien.

–¡Es el colmo, contigo Cacamatsu! ¡Pecas de soberbia, de pereza pero no de lujuria! -movía sus brazos en forma de reclamó sabiendo que ahora no era escuchado ni visto… eso esperaba.

La monja afirmo con la cabeza y siguió con su tarea de barrer en el área de la fuente. Karamatsu se ofreció ayudarle pero ella se negó. Él se excusó diciendo que de esa forma su cuerpo pueda agotarse e ir a descansar como ella le indicaba. Ella acepto.

Él se veía feliz siendo servicial, además se veía divertido platicando con Choroko.

–Es fea -Comento Ichimatsu sentando en la punta de la fuente-. ¿Te gustan feas? -Arqueó su ceja- que mal gusto tienes. Te puedo presentar a una mujer realmente sexy con la que perderías tu virginidad…

Miró las hojas que la hermana había juntado para poner en una bolsa, una sonrisa se le formo al hacer una travesura. Hizo un pequeño remolino que esparció todas las hojas hasta regarlas por el jardín de la fuente.

–Ups… -tapo su boca con su palma derecha mirando el desastre, ante los dos humanos- tendrás que volverlo a… -se quedó en silencio casi petrificado al ver al sacerdote ocultar entre sus brazos y su pecho a la monja- Grr… -Gruño haciendo puños con sus manos que se volvieron garras. Se mordió el labio inferior dejando ver sus colmillos filosos que se asomaron-

–¿Está bien, madre Choroko? -Preguntó Karamatsu preocupado mirando a la mujer que tenía desacomodado los lentes en que la jalo del brazo para protegerla.

–Sí… -afirmo sonrojada por estar cerca del joven padre- mu…muchas gracias Padre Karamatsu -él sonrió liberándola- Santa María Purísima –se persigno- ese no fue un aire normal.

–No, no lo fue -se acercó a ella acomodándole sus gafas-. Listo, ahora es nuestra querida Choroko de siempre –le sonrió pero ella pudo ver un brillo en sus ojos provocando que se sonroje.

–Gra…gracias -respondió de manera timida.

–Otro remolino… -el sacerdote poso ambas manos en su propia cadera- últimamente se están formando. -miró al cielo que estaba muy brillante, era un día agradable que no daba explicación del porque un remolino- Mejor entremos para estar seguros… -sugirió.

Ichimatsu los siguió adentro del edificio. Flotando siempre a un lado de Karamatsu que ignoraba su presencia. Veía con desdén a la mujer que los acompañaba.

–Mojigata… -dijo flotando frente a ella- fea. De seguro entraste de monja porque eres una solterona fea -se burlaba-. No me sirves para excitarle, no me sirves para que caiga en pecado contigo. –La señalo- ¡Virgen fea! ¡Ningún Párroco querrá acostarte contigo! –le sacó la lengua.

–Entraré a rezar en la capilla -el párroco se detuvo frente a una puerta-. Que el resto de su tarde sea tranquila y en paz con nuestro señor –mencionó haciendo una cruz en el aire. La mujer se inclinó para besar la mano del cura. Posteriormente, se retiró.

–¡Hey Cacamatsu! -su tono era de molestia- ¿Crees que sería divertido tener sexo en su habitación? –Pregunto mientras el cura se persignaba- Un Padre Nuestro es un sí –Karamatsu comenzó con su rezo con esa oración. Ichimatsu sonrió- Sabes te ves más sensual cuando rezas –se acercó por detrás respirando su aroma- ese aroma a virgen que posees –un sonrojo que combinaba con el rojo de sus ojos que resplandecía en su rostro. Pero no era el mismo sonrojo que el de Choroko, este era de la lujuria.- me fascina.

Karamatsu estaba concentrado en sus alabanzas ignorando que la puerta fue cerrada por Ichimatsu. El demonio lo abrazo de espaldas, mordisqueando su oreja. El sacerdote, nuevamente sintió un peso sobre él e incomodidad en su oído.

–Oe Cacamatsu -le susurro- deberíamos terminar lo que empezamos -bajo su mano hacia el zíper del pantalón para abrirlo mientras le besa su cuello-

Karamatsu no entendía como su respiración se agitaba, por lo que aumento sus rezos. Le suplicaba a su Dios que le salvará de nuevo, que le ayude a librarse de ese demonio que lo atormentaba día y noche. Sabía que era un ser diabólico, lo había visto.

–Basta… -mencionó Karamatsu al darse cuenta de su situación- ¡No sé quién seas, pero déjame en paz! ¡No podrás contra mí, Dios está de mi lado!

–Tú Dios es un idiota pajero llamado Choromatsu -respondió revoloteando sabiendo que no era escuchado-. Eres tan lindo cuando finges ser valiente. -dijo con sarcasmo-

Ichimatsu ladeo los labios haciendo una sonrisa divertida, decidió mostrarse nuevamente a él. Cerró puertas y ventanas con un chasquido de sus dedos.

Karamatsu lo vio, su vestimenta negra con camisa de rayas moradas y blancas, junto con su cabello revuelto le daba un aspecto de gánster. Sí no fuera por los colmillos, ojos rojos y el par de cuernos que asomaban; creería que es un cristiano y no un demonio.

–Y esa cara de terror que pones no se compara a la que pones cuando estas dentro del placer -Karamatsu se sintió temblar y sin voz ante la presencia de aquel monstruo-. Me gusta cuando gimes, así que gime para mí –de un aletazo lo mando a volar contra el muro.

–¡Ah! -exclamó al sentir su cuerpo estrellarse contra la pared-

–¿Te dolió? -arqueo su ceja mirando desde arriba para el piso donde estaba Karamatsu gimiendo de dolor- nah, no creo –se dejó caer sobre él- Oe, Cacamatsu… apenas te estas recuperando y ya estas lastimado otra vez –le jalo el cabello con fuerza-

–Ah… demonio -trataba de arrastrarse como bebé aprendiendo a gatear a pesar del peso extra que tenía sobre sí- te atreves a profanar la casa de nuestro señor con tu presencia y hieres a sus fieles corderos –rezaba en su mente para sacar fuerzas y escapar-.

–Me encanta como ustedes dicen que estos sitios son sagrados para su Dios… bff -bufo rodando los ojos- y que nosotros "no" -haciendo las comillas con sus dedos- podemos estar aquí –negó con la cabeza dibujando una sonrisa de diversión-. Ustedes sí que son idiotas –se levantó de Karamatsu para ponerse delante de él-. No existe tal cosa –le piso la cabeza mientras el pobre padre exclamaba de dolor-. Somos libres de entrar donde queramos –aplastaba su rostro contra el piso- porque ustedes nos extienden una alfombra de sangre, un bello y brillante rojo sangre.

–Aunque esté lugar… -Débilmente levantó su vista hacia él, su frente derramaba sangre que cruzaba entre sus ojos o sobre ellos- haya sido manchado… -miró su sangre en el piso- Dios no lo abandona.

–Él te abandono -se agachó de puntillas, doblando sus rodillas, apoyándose en sus dedos de los pies-. Él siempre abandona.

–Tal vez… -escupió su sangre- o tal vez no -sonrió levantado sus pulgares-. Todo sucede por algo y creo que tenerte frente a mí es su intervención.

–¡Mh! Eres demasiado optimista, -poso sus manos en su propio rostro-. En cierta forma, tienes razón. -Sí Choromatsu no hubiera puesto sus ojos en él, Osomatsu no lo habría notado e Ichimatsu no estaría ahora torturándolo.

–No dejaré de creer en Dios -apoyándose de una de las bancas de la capilla, logró ponerse de rodillas ante aquel diablo- y no dejaré de creer en ti -Ichi se vio confundido por aquella frase-. Sí niego de su existencia, negaría la tuya.

Él otro solo abrió los ojos y un sentimiento extraño broto. Su cara estaba quedando roja. No era el mismo rojo de la lujuria e Ichimatsu lo sabía.

– "Tal vez es la rabia que me causa escucharle". -Pensó al darse cuenta-

Karamatsu vio el rojo en el rostro de ese ser. Imaginó que era su enojo y su silencio era para incomodarle.

–Creo en ti como en todo ser creado por nuestro señor -comentó-. Eres como Lucifer, un ángel caído por el engaño.

–¡Cállate Cacamatsu -le apretó el cuello con firmeza- solo sacas mierda de la boca!

–Argh… -sentía que el aire ya no llegaba a sus pulmones- tú… -estiró su brazo tratando de tocar el rostro que veía familiar mientras cerraba los ojos-

–¡Tú idiota! ¡Cacamatsu! -miraba la mano que estaba yendo hacia su rostro. Por un momento, deseo entrelazar su mano con la de él o simplemente dejar que caiga en su mejilla.

–No ganarás a nuestro señor -podía sentir el aire hirviente proveniente de la respiración de Ichimatsu entre sus dedos- pero te deseo suerte para eso… -se desmayó.

El demonio solo vio como el brazo caía lentamente a un costado de su dueño. Observó a Karamatsu desmayarse. Lo soltó para no matarlo.

–Tsk… -lo agarró por los hombros acercado su oído a su pecho- … -cerró los ojos tratando de escuchar los débiles latidos- mm… -pegó el cuerpo al suyo, sostuvo su cabeza en el espacio entre su cuello y hombro, cubriéndolo con su brazo derecho-

–Tsk, de verdad que eres un idiota, Cacamatsu… -se levantó del piso con él entre sus brazos- ¿Apoyas que te maltrate? ¿Me deseas suerte? -sonrió- ¿Te das cuenta que te estas muriendo por mi causa? -Lo acostó sobre una de las bancas- Idiota… -a cercó su rostro al de él, manchando algunas hembras de su flequillo- Vamos, tenemos que terminar lo que empezamos –poso sus labios sobre los ajenos.

xXxX

El incidente de la capilla había pasado. Karamatsu nuevamente despertó en su habitación con vendajes en su cuerpo. No recordaba cómo llegó a sus aposentos solo le dijeron que una feligresa entró a la capilla encontrándolo en un terrible estado.

Karamatsu solo recordaba como ella lo llamaba para despertarle. Solo tenía una imagen difusa de una mujer tomando su mano. Ella tenía el cabello oscuro y largo, su vestido largo negro con detalles en purpura.

Más tarde en ese mismo día Karamatsu fue interrogado por el padre Hayato.

–Padre Karamatsu, ¿qué es lo que realmente le ocurre? -preguntó el sacerdote más anciano acercándose a su hermano de congregación quien estaba prendiendo veladoras para el altar de la Virgen María.

–¿A qué se refiere? -respondió

–A las heridas que ha estado teniendo, no creo que usted se autolesione -contestó observando sus heridas cubiertas-. Los parroquianos están muy preocupados porque no lo han visto impartiendo misa solo caminando en los pasillos con vendajes.

–Padre Hayato… -suspiró de decepción- sí le dijera lo que me ocurre… usted jamás me creería

–Dime -El viejo sacerdote posó su mano sobre el hombro del joven tratando de darle consuelo.

–Estoy siendo atormentado por un fiel esclavo de satanás -fue directo.

Ichimatsu que revoloteaba alrededor de ellos, escuchaba la conversación.

–¿Esclavo? ¡Oe, Cacamatsu! ¡No soy su esclavo! Soy su trabajador, y me dice "niisan" -Ichimatsu se quejaba al escucharle.

–¿Es en serio? Eso es una acusación grave -comentó el otro sacerdote-. Estamos en la casa del señor y ellos no pueden entrar aquí.

–Otro idiota… -murmuró de brazos cruzados.

–Eso mismo creí, pero aparentemente solo estoy seguro sí me pegó más a Dios -agarro su crucifijo con firmeza-

–Se llama tener suerte -respondió Ichi mientras los miraba.

–Sí eso es cierto, entonces todo estará a manos de nuestro señor. -agregó Hayato- Él demonio sabe que usted es un seguidor fiel a la palabra de nuestro señor Jesús Cristo.

–Esto ha de ser una prueba de fe -se agarró la barbilla haciendo un "bang" con sus dedos índice y pulgar disimulando una pistola-

–… -Ichimatsu se quedó en silencio mientras el otro padre se reía del comentario- … idiota -con su poder lanzo una de las veladoras encendidas con dirección a Karamatsu.

–¡Cuidado padre! -Hayato hizo que Karamatsu se agache para esquivar el objeto.

–Ve lo que le digo… -comentó alarmado mientras Ichi se reía de su travesura- Esa cosa salió volando y es una de las que estaban en el centro.

El otro padre se persigno y miro con lastima al joven párroco.

–Lo único que puedo hacer por usted es rezar -mencionó colocando ambas manos en los hombros ajenos- y averiguar cómo hacer un exorcismo. En mis más de 30 años como líder espiritual nunca me topé con un caso de posesión.

–¿Cree que sea uno de esos casos? -Preguntó Kara.

–Son dos tipos de posesión, la espiritual y la sexual. Solo uso la última -mencionó el demonio mirando sus uñas- ¿Quién va a querer poseer un cuerpo tan doloroso?

–No sé, sí lo sea -respondió Hayato- pero lo comentaré con otros colegas que son experimentados en esa área.

–Gracias Padre Hayato -le entrego una sonrisa.

–Usted no pierda la fe, que es lo que quiere ese esclavo de Satanás -comentó

–Por última vez, que no soy su esclavo… y solo quiero que se masturbe -respondió el diablo.

–Sí… no lo haré -mencionó Kara mirando la cera derramada junto a los cristales de la veladora lanzada.

xXxX

–Karamatsu… karamatsu… ¡Cacamatsu! -Recibió un golpe en su nuca- bff… -bufó- sí no me vas a hacer caso, mejor me voy -sintió como era liberado de un par de brazos-

–¿Eh? -parpadeo confuso. Frente a él estaba nuevamente el joven de hace días pero ahora tenía solo unos pants deportivos grises y franja blanca. Además de unas chanclas- ¿Qué pasa?

–¿Qué pasa? -replicó quejándose colocándose una sudadera morada- No nos hemos visto en días por tu seminario, por fin estamos juntos para amarnos y me sales con esta pendejada de rezar. Sí quieres follar con tu Dios, mejor ve y bájate a tu cristo crucificado -se levantó para caminar hacia la puerta-. Sí crees que estar conmigo es tan malo… -miró la ropa que estaba en el piso- mejor dímelo -unas lágrimas cayeron sobre sus mejillas.

–¡No! -Karamatsu se puso de pie abrazándolo por detrás- No creo que estar contigo es malo… -decía eso mientras pensaba que estaba cometiendo pecado mientras aprendía sobre el sacerdocio- Solo que no entiendo que me está pasando -lo giró para ponerlo frente a frente. Paso su mano de manera delicada en su mejilla para limpiarla-. Lo siento.

Ichimatsu miró aquella misma mano que había caído anteriormente porque su dueño quedo inconsciente.

–Te perdono -aquel joven le agarro su mano sin apartarla de su rosto- sí me acaricias como siempre lo haces –La acercó un poco a sus labios para besarla-. Acaríciame como si fuera un gato.

Estiró sus brazos para quitarle la chaqueta de cuero negro a Karamatsu, dejándole con una playera blanca.

–Vaya futuro sacerdote -sus manos bajaban al cierre del pantalón- rezándole a Dios pero usando un cinturón de calavera –le beso pescando su labio al mismo tiempo que desabrochaba su pantalón-

–No quiero ser descubierto –confesó-. Siempre quise ser sacerdote y esto terminaría todo.

Ichimatsu ahora entendía porque se conservaba virgen; pero aún tenía la duda de que sí le gustaban las mujeres o los hombres.

Ahora mismo estaban en el país de los sueños, todos podían ser lo que quieran pero a la vez no.

Ichimatsu en el mundo real, solo podía volverse mujer para el sexo con los hombres; a diferencia de los súcubos menores que podían ser uno u otro sexo.

Los ángeles eran asexuales, ellos cuando se volvían humanos tenían el sexo deseado por la otra persona por la cual renunciaron a sus alas.

Pero él deseaba poseerlo como hombre por eso se presentaba de esa forma en los sueños de Karamatsu. Jugaba con su cuerpo y mente, a la cual engañaba, haciéndole creer que era un conocido con el que Karamatsu hubiera deseado hacer cosas.

Como ahora que lamía su pene por encima de su ropa interior mientras Karamatsu le acariciaba su cabeza. Escuchaba como pequeños gemidos se escapaban de la boca del padre que intentaba controlarse.

–Ichimatsu… -murmuró su nombre ante el sacerdote confundido- di mi nombre… -le miró a los ojos sin separarse de sus rodillas, las cuales abrazaba- gime mi nombre... –deseaba que le suplique- siempre gimes mi apellido -mintió-.

–… -Karamatsu se le quedo viendo. Cerró los ojos exhalando aire y se sobo el entrecejo. Se arrodillo para estar a su altura. Posó sus manos en los hombros ajenos-

Por un momento, el demonio pensó que la escena se iba a repetir pero en vez de ahorcar al sacerdote, sería él, el ahorcado.

–¿Prefieres que te llame Ichimatsu-san o Ichimatsu-kun? -lo abrazo con una sonrisa tierna.

Se sorprendió por el gesto. No es que sea la primera vez que recibe un abrazo de un ser humano. Los ha recibido de quienes tienen sexo con él pero nunca le han dejado una sensación de extrañeza.

No supo cómo es que sus brazos tuvieron voluntad propia rodear el cuello de su misión, o porque, se negaban a separarse de él. Antes de viajar a este mundo, estaba estrangulándolo pero ahora no. Tan poco entendía porque oculto su rostro en el cuello de Karamatsu, además de sentirlo tan cómodo como una almohada.

–Ichimatsu, me gusta más -le susurró como respuesta-. Gime mi nombre, invócame mientras estas tocándote –separo su rostro de su cuello. Luego sostuvo la cara de Karamatsu entre sus manos-. Como lo hago con el tuyo. Como lo haces cuando le rezas a tu Dios –le beso-

–Ichimatsu -le correspondió el beso con una pasión más fuerte que antes-

Sus lenguas se entrelazaron mientras las acaricias los desvestían.

Ichimatsu se posó sobre él para caer a la cama, mordisqueaba su cuello deseando que esas marcas pasen al mundo real.

Todo lo que le haría esta noche, sería una probada de lo que le esperaría cuando se presente en forma humana o cuando viaje al infierno con él.

No estaría mal tener una mascota en su hogar.

Claro, tienen a Cerbero, la mascota de Osomatsu; pero con ese perro de tres cabezas no se podrá divertir como lo haría con el sacerdote.

Lo único que Karamatsu tendría encima sería un collar de perros; además lo entrenaría para que se refiera a él como "amo" o "Ichimatsu-sama"; y, trucos que le harían gemir como perra en celo.

Que fantástico sería.

Ichimatsu se separó de Karamatsu y lo miró a los ojos. Karamatsu no sabía porque se detuvo. ¿Arrepentimiento?

–Karamatsu, siéntate –el cura parpadeo-. Siéntate… -¿le estaba ordenando?- ¡Cacamatsu siéntate! –lo abofeteo. Él abrió su boca sorprendido por aquel golpe- ¿no entiendes que te sientes? Tsk… Cacamatsu

–¿Qué? ¡No soy un perro! -respondió al reaccionar tras el golpe.

–¡Siéntate! -ignoro su comentario. Karamatsu lo hizo no porque sea una orden, lo hizo para pensar- Bien… Buen chico -le acaricio la cabeza-. Dame la pata –extendió su mano hacia él- ¡Qué me la des! -le jalo de la mano con fuerza haciendo que Karamatsu caiga sobre su pecho-

–No soy un perro… -repitió-

–Los perros son más obedientes que tú -le agarro del cabello- pero hasta el perro más viejo es capaz de aprender algún truco -le mordió su cuello con fuerza, haciendo que suene como si fuera una manzana jugosa pero en vez de jugo era una hilera de sangre lo que caía.

–¡Auch! Ichimatsu… duele -trató de empujarlo forcejeando para liberarse-

–Solo es parte de tu castigo -lamió la sangre para limpiarle-. Deberías obedecer -beso su mejilla- para recibir premios como este.

–… -Karamatsu solo agacho la mirada- Sí no obedezco a Dios, ¿por qué he de obedecerte a ti?

–¿Por qué? Mmm -guardo silencio mientras seguía dando besos cortos en su mejilla y cuello- ¿Por qué siempre has de meter a tu Dios? -alzo su vista sosteniéndole del mentón- Él nunca te va dar el mismo placer que te estoy dando –le beso en los labios golpeando los dientes de Karamatsu con su lengua.

–Dios está en todo… -comentó girando su cabeza hacia su lado izquierdo.

–Tengo un truco para ti -se sujetó de la oreja para conducirle ante la glande de su pene erecto- Chúpamelo.

–¡Ah! ¡Qué! -Gimió de dolor y sorpresa.

–No te lastime tanto la oreja para que te hayas quedado sordo… bfff… en serio Cacamatsu eres un idiota -sostuvo su pene con una mano para acercarlo a la cara de Karamatsu- Chúpamelo y veamos sí tu Dios está dentro de mí –le tapo la nariz para que abriera la boca y meterle su pene-

–¡mmh! -Ichimatsu, nuevamente se agarró del cabello del padre para moverle su cabeza al son de sus caderas- mmm no… respiró…

–¿Dónde está tu Dios salvándote? Seguramente está masturbando mientras nos observa –para él era lo más lógico- ¡Vamos, has que tu Dios salga de mí! -le dio asco imaginar que se asome la cabeza de Choromatsu en vez de su glande-

Karamatsu logró apartarse de su opresor. Respiró hondo tratando de tranquilizar a su agitado corazón. Pudo sentir la muerte cerca por atragantarse con un pene.

–No has terminado -lo agarró del cuello poniendo su cabeza contra la colcha- ¿tendré que enseñarte como se hace?

–¡mh! –Al menos el colchón era suave y no lo lastimaba- Ichimatsu… por favor –suplico mientras él se colocaba entre sus piernas- me lastimas…

–Eso dices ahora pero -respiró sobre su pene- luego dirás que siga -dejo de hablar para comenzar a succionar el miembro recto del párroco-

–Ah… Ichi… Ichimatsu… -se retorcía debajo de su lengua. Se mordía sus labios para retener los gemidos cuando sentía una punzada de dolor al sentir mordidas alrededor de su glande- du…duele… no seas malo -Ichimatsu solo lo miraba sin decir nada.

–Dilo… -subió hacia su rostro lamiendo su abdomen para llegar hasta sus labios- Dilo -puso su frente contra la de él mientras su mano lo masturbaba-

–Que… ¡Gh! -dijo contra su boca-

– "Oh my god" -jalo con fuerza el pene del otro-

–¡Gm! -tragó su gemido-

– "Ichimatsu, eres un demonio -pellizco uno de los pezones- en la cama" "Ichimatsu, llévame al paraíso para que Dios nos condene al infierno por la envidia".

–Eso… mr… -saco la lengua jadeante como un perro- es… uhm ofensa

–No te preocupes por mí -Ichimatsu sonrió picándole las mejillas-. Para mí es un halago –nuevamente bajo hasta sus piernas para colocarse en medio- pero sí no quieres decirlo, está bien -levanto sus brazos a la altura de sus hombros moviendo su mano como llamándolo-. Tarde o temprano lo dirás –le introdujo su pene de un golpe provocando que Karamatsu tenga un espasmo-. Por ahora, me conformo con follarte duro.

Karamatsu solo sentía las penetraciones rápidas y dolorosas, tal vez Ichimatsu lo hacía porque quería castigarle. Sus piernas estaban sobre los hombros del demonio, quien las mordía para causarle más placer.

El sacerdote cubrió su rostro con sus brazos mientras lagrimaba.

–No… -el demonio aparto sus brazos apretándole sus muñecas- deja que te vea -le acaricio el rostro-. Quiero ver el placer, reflejado en tu rostro.

–Ah… Ichi… no voy… -su mano comenzó a bajar a su propio pene- aguantar.

–Sí, hazlo -Aunque era un sueño, ver como Karamatsu se masturbaba en él era un avance. Pronto lo haría en el mundo real- Te ayudaré -movió sus caderas más rápido emocionado por lo que veía.

–¡Aaaah! -Karamatsu expulso su semen manchando parte de su muslo y el cuerpo de Ichimatsu.

Ichimatsu imitó su acción en su interior. Los dos quedaron exhaustos. Karamatsu miraba a los ojos a Ichimatsu con una tierna sonrisa aunque su mirada reflejaba temor.

–Por ti, he de ser un pecador -le acaricio su mejilla- Ichimatsu… -se quedó dormido.

Ichimatsu solo se quedó en silencio.

xXxX

Los días avanzaban así como su sanación. Ichimatsu solo lo fastidiaba con sus travesuras, como el de moverle su cama como si fuera un temblor a mitad de su sueño. Guardarle sus objetos religiosos antes de la misa que partiría.

–Hermanos, gracias por su preocupación hacia mi persona -Mencionó antes de su discurso religioso-. Como ven, he tenido problemas físicos pero gracias a la intervención divina, me he curado. Aun no es tiempo para encontrarme con nuestro Padre, ya que él tiene planes para mí en la tierra.

– "Armar un ejército de castos" -pensó Ichimatsu que estaba en su forma humana sentado en medio de la gente. Tratando de llamar la atención de Karamatsu.

–En estos tiempos nuestro señor nos pone a prueba nuestra fe -mencionó en su discurso-. El demonio y sus seguidores, nos han estado molestando para dejar de creer en Dios -No iba a decir que a él lo atormentan-. ¡Pero! -Levanto sus brazos por encima de su cabeza- ¡Ellos no nos van a vencer! –golpeo el púlpito donde se hallaba impartiendo sus palabras.

– "Hasta el potro más salvaje termina siendo dominado" -respondió en su pensamiento mientras jugaba con un mechón de su cabello.

–Es tiempo de recibir el cuerpo de Jesús Cristo -Dijo Karamatsu mientras el monaguillo tocaba la campana al mismo tiempo que él elevaba el cáliz y la hostia consagrados dando una oración para bendecir.

Se hizo un momento de silencio entre los presentes dejando solo el sonido de la campanilla para dar paso a la Eucaristía, las personas hicieron su fila para recibir el cuerpo de Dios vuelto hostia.

– "Que horror, me comeré el cuerpo de Choromatsu, -puso cara de asco antes de llegar a Karamatsu- lo bueno no es sexual… y le dicen Jesús…" -se encogió de hombros- "Es mejor que Pajamatsu" -burlo el nombre de Choromatsu.

Por fin llegó al principio de la fila y miró a Karamatsu concentrado en sus acciones sacerdotales. El demonio estaba seguro que lo notaría.

–El cuerpo de cristo -el padre ofreció la hostia-

–Alabado sea -respondió

Karamatsu se sorprendió a tener frente a él, a la misma mujer que le ayudo tiempo atrás. La persigno y ella sonrió besándole su mano. Ella se regresó a su lugar, hincándose para rezar cuando realmente estaba sonriendo porque su plan salió a la perfección.

La misa se terminó. Las personas rodearon a Karamatsu, puesto que no lo habían visto por su recuperación, se acercaron para averiguar cómo se encontraba.

Uno a uno fueron abandonando el recinto. La última en salir fue una mujer de cabello negro y largo, que usaba un vestido negro con nubes moradas en él.

–Disculpa, hija -Karamatsu le llamó y ella se detuvo- ¿A caso eres la mujer que me ayudo el otro día?

–Sí, -se giró de manera lenta, apartando su mechón del rostro. Se veía coqueta- y me da gusto, que este mejor Padre.

–Gracias a ti -le regalo su mejor sonrisa-. Me gustaría agradecerte de alguna forma.

–No se preocupe Padre, solo hice lo que cualquier cristiano haría -poso su mano derecha sobre sus labios-

–Aun así… -Karamatsu insistía- al menos quisiera saber, si no es mucha molesta… tú nombre.

–Ichiko… -extendió su mano para él- Matsuno, Ichiko.