Nota: Ya se, quieren más feels~ Así que les traigo feels~
Me da gusto que les guste esta historia, sus comentarios me alegran el día -se pone a leerlos todos los días infelices de su pobre vida sin Ichikara/karaichi(?)-
Espero que no me odien por este capítulo -se pone detrás de una barrera-
lean! lean mis ichikara girls / boys que lo termine para el #IchikaraDay pero me quede sin internet :(
Ichimatsu, se encontraba en el campanario reflexionando sobre su situación con aquel sacerdote llamado Karamatsu. Observando todo desde la torre. De vez en cuando, golpeaba la campana para sacar la frustración que distinguía entre todas sus emociones mezcladas.
Sus planes arruinados, sentimientos raros carcomiéndolo.
Una extraña tortura dominando su ser.
–Duele, duele verte… creo que es un dolor provocado por tu apariencia extraña con tu comportamiento asquerosamente positivo. Duele estar cerca de ti… pero duele más estar sin ti. Ese dolor viene del pecho con punzadas latentes. No puedo respirar, se me complica. Cierro los ojos y tu sonrisa viene a mi mente. Abro los ojos y es tu sonrisa lo primero que quiero ver. Me siento morir junto a ti y siento que moriré si no estoy a tu lado. Es raro pensar en la muerte cuando eres un ser inmortal. Creo que es un castigo por estar contigo. -Eran los pensamientos que dominaban su cabeza, los cuales meditaba acompañado de un extraño dolor en su pecho.
Tenía que decidir que iba a hacer. No podía tardar más tiempo. Osomatsu lo mandó a buscar además de que lo está castigando de alguna forma.
– Debo regresar a mi hogar, con mi gente para que el castigo se elimine. Es lo mejor para mí. Además tú me olvidarás… -Era ahora o nunca.
Y nunca ha fallado en ninguna misión.
Extendió sus alas estando de pie en la orilla de la torre, dio un paso dejándose caer. No toco el duro concreto que cubría la tierra. Solo voló. Voló alrededor de la torre y de la iglesia, hasta aterrizar.
Fue a su encuentro habitual con Karamatsu. Quien estaba en junta explicando a los niños y a sus familias dentro de la capilla los últimos pasos para recibir la comunión. Lo que deben hacer y lo que no.
Se sentó a los pies de un santo hecho piedra. Doblo su pierna derecha a la altura de su pecho donde poso su cabeza mientras sus manos sostenían a su pierna.
Su vista estaba cansada, más de lo habitual debido a que le aburría la patética conferencia que estaba impartiéndose. Niños haciendo griterío, padres revisando su celular ignorando lo que sucedía a su alrededor, otros regañando con amenazas. Karamatsu tratando de seguir con una sonrisa falsa y nerviosa.
–… patético -bufó exhalando aire.
Terminó su junta y Karamatsu pudo respirar. Se sentía agotado.
–Uff… agotador -se abrió el cuello dejándose caer al piso deslizando su espalda contra la pared-. Oh my god… I'm sorry por lo que voy a decir –el demonio lo observaba en silencio levantando la ceja derecha- pero ¿qué clase de gente es esta? –Se revolvió su propio cabello- ¿No pueden controlar a sus hijos? ¿Para qué tienen niños sí solo estarán viendo su teléfono? Gente irresponsable.
Ichimatsu dibujo una débil sonrisa en sus labios negando con la cabeza le parecía tan graciosa la actitud del párroco.
–¿Padre Karamatsu? -Choroko entró en ese momento mirándole con extrañeza-
–¿Yes? –Respondió en un tono de fastidio, ladeando la cabeza y poniendo los ojos en blanco. Luego alzó su vista para la mujer que estaba con la boca abierta con una mirada rara- I'm sorry my beautiful nun Choroko!
–¡¿Eh?! -exclamaron el demonio y la monja al mismo tiempo.
–¿Hermosa? ¿De dónde sacas semejante idiotez, Cacamatsu? –Dijo Ichimatsu colocando su mano derecha sobre su rostro-. Necesitas lentes.
–No sabía que habla inglés, padre… -no sabía cómo reaccionar ante eso. Ya que los años que tenía en la congregación junto a Karamatsu nunca lo escuchó en otro idioma.
–Lo siento, sucede que cuando me frustro o me emociono comienzo a hablar en otras lenguas. Todo hermano que quiera ser parte del sacerdocio debe aprender otros idiomas, sobretodo el latín y el italiano. Es parte del requisito -aclaró.
–Eso es interesante -sonrió divertida- Espero escucharle hablar pronto en otro idioma pero no en esas clases de situaciones.
Ichimatsu sintió una molestia por aquel comentario de la monja. En especial cuando vio que ella se colgó del brazo del sacerdote, ambos se veían felices. Él pudo observar, o mejor dicho, creyó haber visto que Karamatsu brillaba más de lo normal con aquella mujer.
–Padre Karamatsu -Ichiko empujó a Choroko con el brazo para adueñarse del sacerdote- Oh, lo siento… no la vi -dijo fría como su mirada.
–Descuide… -respondió la monja con molestia acomodando su ropa.
–Ichiko, ¿qué te trae por aquí? -preguntó sorprendido al verla-
–Vine a conversar con usted -con una tierna sonrisa que demostraba un leve sonrojo que ocultó llevando un mechón de su cabello al rostro de forma coqueta-.
–Ok, vamos a platicar -Mencionó con su sonrisa cálida y brillosa.
La madre los veía con enojo.
– "Esa actitud de esa mujer con el padre no es muy respetable. Karamatsu es amable pero debería ponerle un alto. Las cosas se pueden mal interpretar y él puede ser suspendido" -pensaba mientras los veía-. Padre Karamatsu, -intervino - perdone que le interrumpa, -uso un tono de voz firme- pero el Padre Hayato lo está buscando.
–Oh, ya veo -miró a Ichiko-. Me temo que nuestra conversación quedará pendiente –sostuvo su mano.
– "Esa maldita perra, me quiere dar guerra para robarme la atención de Karamatsu" -ella le miro con un rostro tranquilo-. No se preocupe, estaré en la fuente esperándolo.
–¿Algo importante que valga la pena la espera? -parpadeo inclinando levente su cabeza por encima de su hombro.
–Eh… -Ichimatsu no pensó bien que iba ser su excusa- ¡Sí! -Agitaba su cabeza de forma nerviosa para afirmar- Es sobre mi hermano Ichimatsu.
–¡Ichimatsu! -Un tono alegre salió de su garganta y en su cara se veía emocionado por haber escuchado su nombre- ¡Ok, my lady! –Sostuvo sus manos- ¡I wish hear to you! ¿Can you wait me? –Ichiko solo afirmo con la cabeza- ¡Yeah! ¡I regret pront!
Karamatsu salió corriendo de la capilla.
–¡Padre Karamatsu no corra! -Gritó Choroko desde la entrada de la capilla pero era inútil el otro corría como alma que lleva el diablo- … -suspiró. Se giró a ver a la mujer de cabellera negra con mirada cansada que le observaba en silencio- Señorita Ichiko –empujo sus lentes que se resbalaban por el arco de la nariz para regresarlo a su sitió-
–¿Mh? -caminó hacia la puerta acercándose a ella- ¿Sí?
–Puede dejar de comportarse de esa manera con el Padre Karamatsu -comentó.
–¿A qué se refiere? -preguntó de forma indiferente.
–Usted sabe bien a lo que me refiero -contestó en un tono serio como su mirada-. Por lo que entiendo, usted es alguna amiga de tiempo atrás pero me temo que su comportamiento no es adecuado –Ichiko arqueo su ceja-. Tal vez cuando eran más jóvenes se llevaban de esa manera pero ahora el Padre Karamatsu, es un líder espiritual, al cual, la comunidad lo respeta. Me entiende.
–No. Hable más claro -se puso firme frente a ella. Arrugó el entrecejo observándola-
–En pocas palabras -poso de la misma forma ante el reto físico que le lanzaba aquel demonio en vestido purpura- su relación con él, se puede mal interpretar.
–Lo mismo digo, -alzó su pecho tomando aire- "hermana" -hizo énfasis en esta última palabra para sonar amenazante.
–Mi relación con él, es estrictamente de compañeros laborales -respondió tranquila a la amenaza.
Ichiko sonrió pasando de largo a Choroko. Caminó por el pasillo contrario al que se fue Karamatsu, para ir a la fuente. Regreso a su forma diabólica.
–¿En serio Choroko? -sonrió de pie arqueando su espalda para atrás- ¿crees que eres competencia para mí? –Cubrió su rostro con ambas manos para reír- Debes estar loca para que te deje a Karamatsu para ti sola –su brazo izquierdo cayo a su costando dejando por descubierto sus colmillos y ojos rojos mientras reía-. Karamatsu es solo mío.
Recordó que el sacerdote se había ido y su deber era seguirlo para tentarlo pero cuando iba por él, una risa divertida se escuchaba cerca. Se giró para ver su procedencia pero grande fue su sorpresa fue distinguir a un chico de shorts rosa como la corbata que portaba encima de la camisa blanca de manga larga y un sombrero a juego con el atuendo, se veía divertido mirando la pantalla de su teléfono rosa.
– "Atsushi, hombre de veintitantos años, millonario morirá cuando su nuevo auto de lujo pierda el control por ir a toda velocidad" -leyó en voz alta- hay estos humanos –negó con la cabeza mientras seguía riéndose- que trabajan toda una vida para conseguir estos lujos y la pierden en los mismos.
–Oh… Todomatsu-sama -Hizo una reverencia ante él.
–Ichimatsu-niisan -sonrió agitando su mano para que se levantada, ya que le agradaba y por eso usaba el "niisan"- ¿A qué se debe este honor que el juez del infierno este fuera de su hogar? –preguntó con indiferencia pero había curiosidad oculta.
–Osomatsu-sama me envió en una misión -respondió levantándose- ¿Y usted? Claro sí se puede preguntar.
–Vine a lo mismo pero por órdenes de Choromatsu -contestó sin quitar su vista de su móvil. Esa respuesta provocó un escalofrió a Ichimatsu. Quiso saber más pero sabría que no habría respuesta para él-. Por cierto Ichimatsu, ¿Te han visto? -le miro directo a los ojos esperando respuesta.
–¿A qué se refiere? -se sintió tembloroso por la presencia de la persona que le podría quitar la inmortalidad en un segundo.
–… -exhaló aire regresando sus ojos a su teléfono- Cuando las personas están a punto de morir, algunos pueden ver a los que son de nuestro mundo que ya no forman del suyo.
–Me he dejado ver -confesó haciendo que Todomatsu deje de teclear su móvil- porque estoy atormentando a alguien –no quería decir el nombre del sacerdote- pero nadie más me ha visto. Incluso tiran de loco a la persona. –Totty solo lo miró por el rabillo del ojo-.
–¿Por qué estás en la iglesia? -cuestionó su presencia.
–La persona viene a misa todos los días creyendo que se salvará de mí -mintió.
El dios de la muerte se mantuvo en silencio con el celular entre las manos sin prestarle atención. Era un silencio incómodo. El móvil vibro entre sus manos.
– "Notificación nueva: Atsushi ha tenido el accidente, los paramédicos intentan reanimarlo" -leyó guardando su teléfono en el bolsillo-. Me tengo que ir -Agitó su mano en forma de despedida. Ichimatsu nuevamente haciendo reverencia-. Tal vez la próxima vez que nos veamos sea cuando tu victima muera… -el demonio abrió sus ojos mirándole- ya sabes, ese tipo de personas se terminan suicidando. Adiós.
Dicho eso desapareció en una neblina rosa. El juez solo se quedó viendo a la nada. Se rasco algo confuso su cabeza.
–¿Ichiko? -escuchó la voz de Karamatsu que llamaba a su forma femenina-
–¡Hola de nuevo! -Dijo en un tono alegre agitando su mano caminando hacia él-
–¿Dónde estabas? Fui a la fuente y no te encontré -le miró con preocupación.
–Recibí una llamada y me fui a responder -le dio como contestación-.
–¿Ichimatsu acaso? -Preguntó con entusiasmo como si fuera un niño preguntando por dulces. Ella negó con la cabeza- Bueno, sígueme.
Nuevamente llegaron a la fuente. Se sentaron en una banca bajo la sombra de un árbol del lugar.
–Cuéntame, que hay sobre él -El demonio en vestido se preguntaba porque tanto interés en su persona dentro de los sueños-
–Me contacto -respondió-. Quiere verme.
–¿En serio? -Su alegría era tan notoria- ¿Le hablaste de mí?
–No… lo siento -dijo.
–Bueno… no importa -sus ánimos se bajaron-
–Karamatsu, ¿por qué tanto interés en mi hermano? -tenía curiosidad por esa reacción.
–Por nuestro pasado. Quiero saber cosas que solo él me responderá. -confesó-
–¿Cómo cuáles? -ella quería saber
–Es secreto entre él y yo -le guiño.
–¿Qué hay de nuestra cita? -recordó ignorando el guiño horriblemente incómodo.
–Oh… pensé que se te olvido -comentó con una risa nerviosa cruzando sus brazos- Mañana estoy libre, cambie mi horario.
–Me estás diciendo que sí no te preguntaba, ¿nunca me ibas a decir? -se cruzó de brazos mirándole seriamente con algo de molestia reflejada en la voz.
–Quería que sea sorpresa -agachó la cabeza-. Lo siento.
–Como sea -tomó su mano. Ichimatsu vio la mano ajena como si fuera algo más grande que la suya. Pensó que podría ser que al estar como mujer la suya se reducía-. ¿De qué hablabas con el otro sacerdote?
–De eso, me confirmo el cambio -levantó su pulgar- y sobre otro asunto.
–¿Puedo saber cuál? -le vio curiosa y el negó la cabeza colocando su dedo índice en el labial rosa de la chica.
–Secret, my lady -respondió.
Ichimatsu sabía que era sobre él, o al menos eso creía. Sintió el dedo sobre sus labios y un sonrojo dominó su rostro. Aparto el brazo de un empujón.
–Lo siento, creo que invadí tu espacio -el sacerdote veía como la mujer respiraba de forma agitada, además de abanicarse con sus propias manos.
–No… es el calor que me tiene así -tratando de tranquilizarse-. Me parece que está bien mañana en la tarde.
Karamatsu le acarició la cabeza.
–¿Te parece bien a las 5? Podemos vernos en una heladería que está a unas cuadras de aquí -le preguntó ella solo afirmo- Perfect.
–¿También hablas inglés? -fingió sorpresa con una risa delicada.
–A veces… -agachó la cabeza moviendo su pie sobre el piso- te parece tonto… ¿verdad?
–No… -negó con la cabeza sosteniéndole su mano- me es dulce -Karamatsu sonrió nuevamente con todos los brillos que puede tener a su alrededor- ¿Un santo? -dijo en voz alta pensando en las aureolas de estos.
–¿Eh? Je… No, no soy un santo -se rió-. Nunca sería uno. Ni me imaginó ser considerado uno, a mi muerte.
–Sí supieras… -murmuró.
–Bien, me dio gusto platicar contigo -Karamatsu se puso de pie- pero debo preparar todo para la misa de la noche. Nos veremos mañana –le dio un beso en la mejilla-. Adios.
xXx
Karamatsu regresó a sus deberes con Ichimatsu como su sombra pero ya en su forma real. Le miraba tocar la guitarra para acompañar a los niños del coro en su ensayo. A veces les toca otras canciones que no eran religiosas para que ellos se diviertan.
Luego se puso a escuchar con él a los feligreses que se confesaban. El párroco como siempre dándoles consuelo a sus almas mientras que el demonio solo decía que castigo tendrán si llegaban frente a él como juez o con sus otros colegas jueces.
Acompaño a Karamatsu con la madre Choroko fuera de la iglesia ambos sin quitarse su traje religioso. El demonio se veía molesto al encontrar a la monja caminando a la par del sacerdote. Observó que ambos llevaban bolsas de plástico y que se detuvieron en un callejón, en donde hallaron a unos gatitos indefensos llorando por comida. Karamatsu se acercó a ellos, sacando leche de una de sus bolsas para dejárselas en un pequeño plato. Los pequeños se le untaron en su pierna como agradecimiento mientras él les acariciaba la cabeza.
Hizo lo mismo en otros callejones, pero no solo con gatos. Igual entregó un plato de croquetas para los perros hambrientos que hurgaban en la comida. Posteriormente, se puso a llorar frente el cadáver de una perra aun embarazada que había sido envenenada. Se incó para acariciarla amortiguando su dolor al más allá. Rezó por el alma de ella y sus inocentes crías sin concebir.
–¿Cómo la gente puede ser así con seres indefensos? -se preguntó Choroko-. Todos son creaciones de nuestro señor.
–Somos hermanos, no importa la especie -Mencionó Karamatsu sin dejar de tocar a la perra que movía cada vez más lento y con pesar su cola-. Pobre chica –él siempre había alimentado a los animales del lugar, por eso se le acercaban con confianza- lo siento, no pude hacer nada por ti –siguió llorando abrazándola.
Aquel animal le lamió la mejilla como agradecimiento por todo lo que hizo. Finalmente dejo de moverse. Karamatsu lloró nuevamente más fuerte.
Ichimatsu siempre había visto ese tipo de escenas cuando le tocaba enjuiciar a las personas y se encontraba con personas que mataban a animales frente a los dueños solo por diversión. Nunca le dio importancia pero veía a Karamatsu así y una punzada le hacía querer ir hacia él para que detenga su llanto.
El sacerdote se puso de pie, hizo una llamada por su teléfono azul para que pasen a recoger el cuerpo del animal y no este simplemente ahí pudriéndose. No se merecía eso.
En un momento llegaron personas especializadas para llevarse el cuerpo del animal. Aprovecharon para pedir una bendición al cura que no se negó, al igual que bendijo a su amiga envuelta en una bolsa negra.
Miró el camión en marcha e hizo lo mismo.
Pronto se hallaron los tres dentro de un albergue para todo tipo de personas que preferían el concreto a un cielo como techo. Choroko se unió con Karamatsu en la cocina para preparar los alimentos. Ichimatsu le observaba en silencio solo ponía malas caras cuando los veía demasiado cerca, incluso se interponía tirando las cosas de la monja para separarlos.
El sacerdote dejo que Choroko y otros voluntarios terminen los preparativos para la comida. Él se dedicó a enseñar a coser ropas a los residentes del lugar para que tengan un conocimiento básico para arreglar las propias. Creó ropa nueva de la ropa destrozada, que podría servir más para trapos, ahora eran playeras de tirantes o shorts que se podrían usar. También hizo muñecos con calcetines viejos y con los trozos que le sobraron de sus cortes para los niños.
Finalmente, se puso a tocar su guitarra para ellos mientras Choroko servía la comida. Cualquier párroco que iba les leía pasajes bíblicos pero este era raro, no en el sentido malo, sí no que en el sentido especial por eso la gente estaba sorprendida, Ichimatsu también.
El diablo pudo ver cómo la gente se le acercaba a platicar con él, a divertirse sin ser juzgados. Le demostraron su preocupación cuando vieron que no regreso a visitarles, sobre todo cuando se enteraron que sufrió heridas. El cura solo se limitó a agradecer su preocupación. De igual manera, observó como los niños iban de un lado a otro al alrededor del cura, peleando por un poco de su atención.
El ambiente era maravilloso y brillante a su alrededor, tan diferente a cuando llegaron… al entrar vio gente llorando su tragedia, peleándose por comida o espacio, niños en un rincón con temor. Para aquel demonio, era como visitar algunos círculos del infierno y purgatorio. Y Karamatsu transformaba todo con su presencia, era como un Dios que había bajado para brindarle esperanza y alegría.
Ahora entendía porque Choromatsu lo había elegido.
Ichimatsu sabía que Karamatsu no iba ser un ángel, ni siquiera un arcángel. Tal vez sería un santo para los humanos pero en el cielo… el lugar que ocuparía en el paraíso… sería de un Dios.
Un Dios que bajaría al oscuro infierno iluminando a las almas con su luz. Un Dios que sería su enemigo…
–¿Un Dios? -se dijo así mismo. Nuevamente la tortura se le hizo presente en su interior, más fuerte que antes.
Los religiosos se despidieron del albergue prometiendo regresar. Las personas no querían que él se fuera pero fue imposible evitarlo.
Regresaron a la iglesia, se despidieron deseándose buenas noches.
XxX
Karamatsu se cambió de ropa, se metió a su cama para dormir. Había pasado unas horas cuando despertó debido a que sintió un peso sobre él. Al abrir sus ojos, se encontró con Ichimatsu en su forma de demonio.
–¡Ah! ¡Dios bendito, que susto me has pegado! -se persigno respirando hondo para tranquilizarse- pensé que ya habías desistido.
–No voy a permitirlo -acercó su rostro al de él-. Nunca permitiré que te vuelvas un Dios.
El cura no entendía a que venía ese tema pero nunca acertaba a lo que el demonio le decía.
–No planeo volverme un Dios -respondió confuso.
–¡No es tu decisión! -contestó gruñendo.
–¿Eh? -su rostro reflejaba tanta confusión.
–Estúpido Cacamatsu -un puñetazo directo a la nariz lo regreso al mundo de los sueños.
xXx
El día de la cita con Ichiko había llegado. Karamatsu buscaba su ropa dentro de su closet.
–Por favor, no uses tus hábitos sacerdocios en la cita -comentó Ichimatsu sentado en la cama con las piernas cruzadas, su mano izquierda sobre la rodilla correspondiente y su mejilla sosteniéndose en su mano derecha.
–Mmm… creó que esto -saco una chaqueta de cuero negra con una calavera dibujada en la espalda- con esta playera, estos pantalones azules ajustados y mi cinturón con hebilla de calavera –estaba orgulloso de su estilo-
Ichimatsu se sorprendió porque era el mismo conjunto de ropa que uso en uno de los sueños donde lo visito.
–Espero que Ichiko, no se preocupe por esto -se miró en el espejo de mano reflejando una vendita sobre el arco de su nariz.- Ese demonio sí que pega fuerte.
–¡Mh! Gracias -comentó por el halago
–¿Qué clase de lugares debería ir con ella? -revisaba una revista de moda donde hablaban sobre la cita perfecta- Tuve que mentir para obtenerte… -suspiró recordando que en la tienda se le quedaron estupefactos por su adquisión. Él se excusó diciendo que era para hablar con los adolescentes y que así sepan cómo es una cita realmente, y no un sinónimo de sexo.
–De hecho no mentiste -respondió Ichimatsu ojeando la revista que ya estaba sobre un escritorio que servía para preparar sus discursos personalizados para las misas. Como el demonio permanecía invisible hacía creer que era el aire que cambiaba la paginación.- Así debemos acabar en la cita de hoy. No me importa a qué lugar me lleves, siempre y cuando terminemos en sexo.
–Quiero que todo sea perfecto -se desvestía para bañarse- ya que será mi única cita, debe ser inolvidable –nuevamente los brillos celestiales.
–Si tienes sexo, -posó su vista cansada sobre el torso desnudo- será inolvidable para ambos –se relamió los labios.
La espalda lisa del sacerdote sin marca alguna pronto estará llena de arañazos y chupetones que le dejará para marcarlo como suyo. Karamatsu entró bajo el agua de la ducha, ahora estaba completamente desnudo. Ichimatsu de manera inconsciente entró tras él para que su mano acaricie aquel torso húmedo.
El sacerdote ignoraba al demonio que estaba a sus espaldas, lamiendo las gotas de agua que chorreaban por su silueta masculina. No sintió cuando sus glúteos fueron golpeados con la cola de este.
Ichimatsu quería penetrarlo en ese preciso momento, alzarlo de su cintura para pegarlo a la suya e ir embistiéndole.
El sabor de un Dios… de un próximo Dios era tan exquisito y adictivo. Sobretodo sí este aún se conservaba puro.
–¡Ah! -Gimió Karamatsu debajo del agua caliente sintiendo por fin unos colmillos clavarse en su cuello.
–Te necesito ahora -le susurró al oído-. Tomaré lo que me pertenece por derecho –con sus manos trataba de separar los glúteos para poder penetrarlo.
–¡Basta! -El sacerdote imploraba- ¡Aléjate demonio! ¡Padre nuestro que estas en los cielos…! –rezaba para salvarse.
–¡Ya te he dicho que eso no funciona conmigo! -lo pegó contra la pared de la regadera para atraparlo con su cuerpo- ¡Ahora ven y chupamelo!
Ichimatsu estaba sin control quería poseer a Karamatsu para que sea suyo, sí él realmente sería un Dios ya no podría verlo al menos que sea para una guerra entre el cielo y el infierno. Por eso su cuerpo deseaba adueñarse de ese Dios.
Las piernas del párroco estaban enredadas alrededor de la cintura del diablo, no por voluntad propia. Aquel juez del infierno lo jalo hacia él y con su cola le sostenía del talón, cada vez que Karamatsu pataleaba para ser liberado, le jalaba de la cola provocándole un placer, y como respuesta, le mordía.
Su pene rozaba contra la entrada anal por fricción.
–¿Cómo puedes negarte cuando tu pene está disfrutando de esto? -le cuestiono a ver la erección del cura. Karamatsu se acercó a él cruzando sus brazos alrededor del cuello del ente.- ¿Ves? Lo deseas.
Como respuesta Karamatsu estiró su mano abriendo el agua caliente hasta su punto máximo. Haciendo que caiga directamente en la cabeza del demonio.
–¡Ja! ¿En serio? Estoy acostumbrado al fuego del infier… -antes de terminar sintió como el agua le perforaba la piel casi como agua bendita.- ¡Demonios!
El cura aprovecho para escapar de su propia ducha dejando al ser infernal retorcerse en el agua que aún le quemaba.
–¡Gracias Dios mío! -se persignó frente a su imagen de Cristo. Escena bizarra porque estaba desnudo con una erección.
Ichimatsu logró ponerse de pie hasta alcanzar la llave para cerrarla. Respiró de manera agitada tratando de sostenerse con sus propios pies. Se vio por el espejo, se veía con piel ahuecada y manchas rojas. Se daba asco. Se hizo invisible. Fue por Karamatsu que ya estaba vestido.
–¿Qué hiciste para quitarte la erección? -preguntó curioso viendo que el agua del florero estaba derramada en el piso- Era más fácil e higiénico masturbarte –se miró las uñas de las manos mientras se recargaba en el marco de la puerta- Por cierto, me cobraré más tarde lo que me hiciste en la regada.
xXx
Pronto Karamatsu estaba caminando por el pasillo de la iglesia con su atuendo inusual al de siempre. Algunas feligreses cuchicheaban a su alrededor.
–Padre Karamatsu -le llamó el más anciano de la congregación- ¿tiene un momento?
–Claro -levantó su pulgar hacia él- ¿Qué se le ofrece? –preguntó caminando junto a él.
–Se me ha informado sobre cierto comportamiento inusual -arqueo la ceja mirándole por el rabillo del ojo sin dejar de caminar.- Sobre usted y una parroquiana.
–¿Disculpe? -el joven se veía confundido.
–¿A dónde va padre? -respondió con otra pregunta.
–Veré a una amiga -el joven cura seguía con extrañeza por aquellas cuestiones-. ¿Algún problema?
–Ese es el asunto. Su comportamiento con aquella mujer de cabellos oscuros que ha venido mucho por aquí por usted -explicó.
–La zorra acuso -Ichimatsu rodo los ojos-
–No veo cual sea el problema -Karamatsu se cruzó de brazos esperando alguna explicación convincente.
–¿Cree que está bien tratar así a una mujer con el puesto que tiene? -Cuestionó en forma de regaño- ¿Qué ella le bese la mejilla colgada de su brazo?
–Sí, la monjigata fue la soplona -El demonio negaba con la cabeza-. Esta celosa de que no se la revuelquen como la perra que es.
–Bueno Padre Hayato, no tiene por qué preocuparse. Es una vieja amiga, que por azares del destino la he vuelto a encontrar -Ichimatsu sonrió por la mentira de Karamatsu-. Además, Ichiko fue la que me encontró herido el otro día –movía sus manos al hablar-. Saldré con ella como agradecimiento y para ponernos a la corriente de todo este tiempo. –comentó.
Hayato solo le miraba de forma seria negando con la cabeza.
–Padre, usted es joven al igual que ella… -suspiró- y el diablo lo sabe -Ichimatsu afirmaba con la cabeza sabiendo para donde iba el tema-. Creo que a eso se debería los ataques de aquel ser, incluso la presencia de la señorita hizo que se detenga.
–Eh… no -levanto la mano como un niño pequeño-. Fui atacado por él hace un par de horas y en la madrugada mientras dormía -señalo la venda de su nariz-
–Cacamatsu eres un idiota… -se golpeó su propio rostro por el comentario del cura.
–Bu… cof… bueno, eso no quiere decir que la mujer sea una tentación para sus necesidades -fue más directo.
–¿Qué necesidades? -Preguntó el joven sacerdote
–Usted sabe… -ladeo su cabeza canosa.
Karamatsu seguía sin entender.
–¡De verdad eres un idiota de mierda! ¡Estúpido Cacamatsu que no entiendes que hablan del sexo! ¡Sexo, idiota, sexo!-El demonio gritaba alborotado.
–Sexo Padre, relaciones sexuales -dijo un anciano sonrojado.
–¿Eh?... ¡Ehhh! -el joven reacciono quedando rojo- ¡No! –Hizo una equis en el aire al mismo tiempo que negaba con la cabeza- ¡No pienso en hacerlo con ella o con otra persona! –Explicaba- conozco mis deberes y prohibiciones como representante de Dios
–Para el paso que vas… ya representaste lo virgen que es -se rasco la cabeza- solo porque no te masturbas… no eres su copia fiel -Ichimatsu se imaginó el inició del club: "Dioses vírgenes"-. Hay que evitar eso –comentó moviendo la cabeza de manera agitada para borrar la escena del club.
–Espero que así sea padre -poso su mano derecha en el hombro del sacerdote-. No quiero verlo en las noticias como otros colegas caídos en pecado.
–No sucederá, no se preocupe -le sonrió para tranquilizarlo.
–Eso dices… -Ichimatsu rodó los ojos.
xXx
Ya era hora del encuentro en la heladería. Karamatsu entró para ocultarse del sol mientras esperaba. Se puso a platicar con las personas que ahí se encontraban. Incluso recibió un helado de cortesía, era un cura querido por la comunidad no había duda que pronto tendría devotos cuando sea santo.
– "¡San Karamatsu sálvanos! ¡San Karamatsu protege nuestra virginidad como tú lo hiciste con la tuya!" -Era el tipo de griterío que se imaginaba Ichiko al entrar por la puerta de cristal.
–¡Ichiko-san por aquí! -agitaba su mano entusiasmado-
La chica (o demonio) se acercó hacia él y su presencia se hizo notar con las miradas y cuchicheos que dejaba a su alrededor.
–Por favor, siéntate -El sacerdote parecía estar ignorando lo que sucedía a su alrededor-.
–"O está ciego y sordo o simplemente es un idiota para no darse cuenta" -pensó acomodando la falda negra con encajes purpuras-. Esperó no haberlo hecho esperar mucho –respondió sonriéndole de manera dulce, haciendo que uno de sus mechones se pegada a su labial rojo pasión. Karamatsu negó con la cabeza.
–Pensé que iba a llegar tarde porque me detuvieron para regañarme -comentó como si fuera el clima- ¿Ya elegiste el sabor para tu helado? Me dieron a probar este –le acercó un helado de color morado- es arándano –le ofreció de su postre. Miró el menú-. Aunque prefiero el sabor rol de canela. ¿O quieres un frappe? Me gusta el sabor gansito. También hay malteadas, mi favorita es la vainilla.
– "¿No tiene botón de pausado o lento?" -lo miraba sin poder emitir palabra alguna ya que Karamatsu no le dejaba- Gracias –probó el helado- ¡Delicioso! –Exclamó abriendo los ojos con un sonrojo- Nunca había probado algo así.
La última vez que estuvo en la tierra fue cuando Osomatsu explotó dos ciudades japonesas en una guerra que ya ni se acordaba cual era o porque era. En ese momento los helados era los sabores normales: vainilla, chocolate y fresa.
–Me alegró que te gusté -sonrió- ¿Quieres probar otro? Te invito.
– "¿Por qué siempre era tan jodidamente amable? Y con una sonrisa para todo. ¿De dónde demonios las sacaba?" -Pensaba entrecerrando los ojos- ¿Qué sabor me recomiendas? –Preguntó- "Idiota, Cacamatsu ya te lo dijo va pensar que no le tomas atención"
–Sí te gusta el alcohol, prueba el de tequila -respondió divertido.
–¿Por qué me quieres llevar a la cama después de ese helado? -poso su mentó sobre su propia mano.
–¡No! -Todos se giraron a verle provocando que se sonroje por el comentario- Solo era una broma.
Ella se empezó a reír por aquel comportamiento. Realmente disfrutaba de ver al sacerdote avergonzarse.
–Quiero un frappe -leyó el menú- de oreo.
–Entonces, ahora lo pido -se levantó de su asiento para ordenar en el mostrador lo que querían.
Ichimatsu se le quedo observando con la vista cansada de siempre mientras jugaba con un mechón de su cabello largo, sonriendo de vez en cuando para él, cada vez que se volteaba a verle.
– "Hoy es el día en que finalmente serás mío. Hoy por fin te haré caer en pecado y con ello directo al infierno donde serás mi mascota" –pensaba
–Aquí tienes -le entregó el frappe- antes que lo bebas, prueba –le acercó una cuchara con un helado de color azul- di aahh
–Ah -en tono seco arqueando la ceja al mismo tiempo que las personas negaban con la cabeza la escena que estaban viendo de su amado sacerdote con una mujer cualquiera-
–¿Rico? -comió un poco de su helado mientras ella disfrutaba del sabor. Nuevamente su expresión por el placer que su paladar disfrutaba apareció- es mora azul. Ichiko… la razón por la que quería salir contigo… -agachó la mirada- es para saber más sobre Ichimatsu.
–¿Por qué quieres saber de él? -se cruzó de brazos pegando su espalda al respaldo de su asiento, levantando ambas cejas.
–Po… po… porque es un amigo… -se puso nervioso al mismo tiempo que se sonrojaba- al que no recuerdo mucho. Por eso te dije: no me mientas. Quiero saber todo sobre él, -se agarró la frente- mi memoria no me permite verlo. Es como si fuera un sueño.
–Cof cof -tos nerviosa atacando pero ella fingió que fue la bebida-. No hay mucho que contar sobre él… -arrugó una servilleta entre sus manos al mismo tiempo que miraba el piso. Quería parecer incomoda con el tema para que él no siga preguntando.
–Soy sacerdote, he escuchado de todo en el confesionario -le tomó de las manos- ¡No hay nada que me sorprenda ahora! ¡Por favor, quiero saber!
Nuevamente los ojos en ellos.
–¡No sé nada sobre él! -Respondió levantando la voz- ¡Apenas se contactó conmigo! –en un tono de molestia para que deje de preguntarle pero eso solo le mostró una tristeza en la cara del cura- Tal vez cuando venga a verme cuente sobre su vida… y le diga que quieres verlo -posó su mano sobre la del sacerdote-. No sé qué clase de vida haya tenido desde la última vez que lo vi, pero él está bien. Te lo aseguro.
–Sí… -susurró.
–Anímate -le mancho su nariz con su propio helado- y come que ya se te está derritiendo –chupo su dedo que tenía un azul cremoso con una sonrisa coqueta. Karamatsu afirmó con la cabeza limpiando el punto azul de su nariz.
Terminaron de comer sus postres para luego pasear por la ciudad, se sentían bien ir por lugares donde no sepan que Karamatsu era un cura. Esas miradas eran incomodas para él pero no para el párroco que tal vez no se daba cuenta o simplemente lo ignoraba. Ella caminaba de su lado izquierdo siendo protegida por él he intentado tomarle su mano.
Entraron a una librería donde Karamatsu buscaba cuentos infantiles para los niños del centro. Ichiko, por su parte, se puso a revisar los títulos y sinopsis para entretenerse, se topó con uno que le llamó la atención: "The Belle and Beast".
La sinopsis decía: "No es el final feliz que Disney nos presentó, ni él de los Grimm. La bestia es aquel demonio que nos persigue para atormentarnos mientras que Belle es su víctima. En pocas palabras, esta es la historia de un demonio enamorado".
–¿Es una lectura interesante? -Le pregunto acercándose detrás de su hombro-
–¡Ah! -se asustó… por vez primera… un humano lo asusto- No –respondió de forma seca-. Me gustó la portada –le mostró que el libro tenía a un demonio con las alas extendidas y en sus brazos el cuerpo de una mujer que parecía estar inconsciente (por no decir muerta)-.
–Definitivamente ese no es el mismo libro infantil que tengo aquí -mostró la versión de Disney entre sus manos- y no es de mi agrado…
Recordó a Ichimatsu y sus constantes ataques, luego le vio a ella puso una mirada de horror abriendo la boca como los ojos. Luego negó con la cabeza. La miró otra vez y suspiró.
–Creo que el sol me está haciendo mal -murmuró-. Iré a pagar –agarró el libro que ella tenía.
–¿Lo vas a comprar? -se sorprendió.
–Porque tú estás interesada -contestó.
–No, no lo quiero -le agarró de su muñeca-. Solo curioseaba.
–¿Segura? -le cuestiono. Ella solo afirmo con la cabeza. Karamatsu suspiró exhausto.
Compraron lo que él necesitaba y se fueron a seguir paseando a su alrededor. Cenaron juntos en una pizzería del lugar, platicaban de los planes (ficticios) de Ichiko para el futuro.
–Quiero ser madre -comentó ella mientras se llevaba otra rebanada a la boca- y creo que ya encontré al hombre perfecto para ello.
–¿En serio? -el queso derretido caía de su boca por la mordida que hizo- Entonces tienes pareja –ella negó la cabeza-
–No necesito de una pareja para criar a un pequeño -mencionó con una mirada picada- solo para tenerlo –tocó su mano- ¿Nunca has pensado en tener hijos?
–Hubo un tiempo en que quise ser otro tipo de padre -respondió rascándose a un lado de su nariz- pero preferí ser el padre de todos los desafortunados. Y no me he arrepentido de ello.
Definitivamente te iras para Dios… -mencionó en voz alta haciendo reír al otro.
–No, no es para tanto -se divertía por el comentario-. Dios solo hay uno.
"Virgen sí, porque de los demás hay por montón regando al mundo con bastardos" –pensaba- Según la mitología, Zeus tuvo hijos con mortales, al igual que otros dioses de su nivel o menores –empezó a jugar con su corteza de pizza- algunos de los descendientes fueron héroes… otros… fueron parásitos de la sociedad.
En ese mismo momento Todomatsu estornudo en el traje de diseñador que llevaba el cuerpo sin vida de Atsushi, quien siendo un espíritu, solo vio como el Dios de la muerte se limpiaba en su corbata amarilla. Por su parte, Choromatsu estornudo revelando su escondite en el río donde espiaba a las ninfas bañándose, en ese instante el agua se tiño de rojo. Igual el mayor de los tres, Osomatsu estornudo escupiendo todo el semen que tenía en su boca sobre los zapatos de otro juez del infierno; él lo sabía, su título: "Rey del infierno" no le iba a salvar del castigo que estaban por impartirle.
–A lo que me refiero, es que puedes tener hijos. No hay problema con ello. Los cristianos pueden formar su familias y otros casarse con más de una mujer -explicó antes de beber su refresco.
–Solo tenemos un Dios y él nunca se casó. Concibió a nuestro salvador por obra del espíritu santo -Ichimatsu solo puso los ojos en blanco porque sabía la verdad detrás de eso-. Lo que tú dices son otras religiones, no es lo mismo.
–¿Por qué no tuviste hijos? -Intentó cambiar el tema- ¿Alguna mujer fue capaz de rechazarte?
–Nunca encontré a la indicada -respondió- … y creo que… el indicado no es mujer.
–¡¿No te gustan las mujeres?! -se levantó golpeando la mesa del restaurante haciendo que nuevamente todo el mundo los mire, esta vez no porque era un sacerdote sí no porque era un homosexual rechazando a un bella dama.
–Tranquila… -se espantó por la reacción de la chica- ¡Claro que me gustan! Me he enamorado de algunas en el camino antes de mi sacerdocio -no mentía- pero la persona que tengo en mente no es mujer…
El demonio recordó como Karamatsu habló de sus dudas de sentir amor con Ichiko, su forma femenina; y con Ichimatsu, su apariencia que tomaba en sus sueños, aunque realmente, era su mismo aspecto pero sin alas, ni cuernos o cola.
–Te has decidido por Ichimatsu… -él apartó la otra rebanada que le quedaba- Lo sospeche desde el momento que me preguntabas por él con una emoción de un pequeño –puso una sonrisa triste para conmover-. Es la primera vez, que pierdo contra él –Le daba igual sí Karamatsu elegía a alguna de sus apariencias, el resultado era el mismo: era suyo.-
–¿A qué te refieres? -preguntó tomando su mano.
–Mejor regresemos a nuestras casas -se puso de pie empezando a caminar-
El sacerdote tomó sus cosas para empezar a seguirla. La dejó donde él creyó que vivía.
–Espera -le sostuvo la mano- esto es para ti –le entregó una rosa azul-. Espero que te guste –le beso la mejilla.
Espero que entre a su departamento, uno abandonado pero por la magia infernal hacía parecer que era habitado por otras personas. Se despidió al verle entrar por la puerta. Se fue a dormir tranquilo por la noche.
xXx
Un nuevo día había llegado, estaba por salir de su alcoba cuando Ichiko apareció tras la puerta. ¿Cómo llegó ahí? No tenía idea. Era un lugar sin acceso para las personas ajenas a la iglesia, sobre todo las alcobas y más sí era una mujer. No existía motivo para que se le permita pasar.
Quería cuestionarle pero antes de pensar en la primera palabra o pronunciar su nombre, ya se encontraba arrinconado en la esquina de su propio cuarto aprisionado por ella.
–¡Tengamos sexo! -Gritó con las manos al pecho- ¡Quiero que me toques como si pensarás que fuera Ichimatsu! -un tono de desesperación dominaba su voz
–Pero… no puedo… lo siento. -Karamatsu estaba confundido. ¿Fue hasta ahí a pedirle ser padre de su hijo?-
–¡Te amo Karamatsu! ¡Me gustas! –El pecho de Ichimatsu se entusiasmó demasiado para ser un drama fingido- ¡Dame un hijo! -Colocó sus manos alrededor de su cuello con lágrimas fingidas en los ojos- Eres perfecto para mí… no quiero que mi hermano te tenga.
–No… no puedo… tal vez otro hombre es mejor para ti -respondió nervioso y con miedo.
–¡No hay otro hombre mejor que tú! -Apartó sus manos para llevarlas detrás de su espalda- piensa esto: amas a Ichimatsu -comenzó a desabrochar su vestido- y soy su gemela -sus pechos cubiertos por un brassier purpura con encajes eran expuestos- puedes pensar que soy él –se quitaba el protector de sus senos mientras Karamatsu tragaba saliva y pasando el sudor frío debajo de ropa-. Tú tendrás un hijo con parecido a mi hermano, como si fuera de ambos; y yo, seré madre del hijo de la persona que más amo –acercó sus labios al cuello del párroco desabrochando su camisa-
–Ichiko… por favor… -se sentía nervioso- No debemos… cúbrete.
–Además el sexo que no has tenido en años -le hizo creer que él era un hombre experto y no el virgen que realmente era.
–¡No! -se puso firme como su pene al sentir una mano delicada sobre él-
–Pero esto me dice que quieres -El párroco se mordió sus labios reteniendo el gemido-.
–Solo te haces el difícil -Karamatsu luchaba por apartarla y contra sus instintos de hombre que querían salir para reclamar la oferta.
Antes que él pueda decir algo sus labios fueron secuestrados por el labial rojo que cubría los labios pecaminosos. Pronto estaba desvistiéndose acompañado de chupetones y mordidas que la mujer le entrego.
– "Eres fácil de convencer…" -pensó mientras lo empujaba a la cama para caer sobre él- Karamatsu -le murmuró al oído mientras su mano se metía debajo de su camisa desabrochada- Estás muy emocionado -la cama comenzó a temblar.
–¿Eh? -Ladeo su cabeza- Aun no hago nada.
–Eso dices pero ya estas moviendo la cama -pego sus labios a los de él-
–No soy yo… -mencionó.
–¡Terremoto! ¡Temblor! -Gritaban en el lugar-
–No… ¡No! -dijo Ichiko cuando Karamatsu se puso de pie cerrándose su camisa y vistiéndole a ella- ¡No!
–¡Tenemos que salir de aquí! -ella se agarró del marco de la puerta-
–¡No es justo! ¡Por qué! ¡Estábamos tan cerca! -se quejaba mientras era jalada del marco tomada de la cintura.
–¡Ichiko hay que huir! -el temblor se hacía más fuerte con cada replica- Lo siento… -la soltó para acercarse a ella- de verdad, lo siento -la abofeteo y el demonio no sabía sí fue un golpe tan fuerte para hacerle caer o fue el temblor-. Ven –la jalo de su brazo para cargarla entre los suyos y salir corriendo del lugar.
Lograron salir de la iglesia para estar en la calle junto con los otros miembros de la iglesia y de la vecindad que estaban sorprendidos por aquel movimiento sísmico de sorpresa. Ichimatsu aún no creía que ese sacerdote amable le hubiera golpeado. Se ha dado que alguno lo ha intentado pero en ese mismo momento es asesinado, por eso, se preguntaba: ¿por qué él se disculparía? Ninguno se disculpó antes. Pero sobretodo se preguntaba ¿por qué no atacó a Karamatsu? ¿Por qué no lo violo?
–¿Por qué esta señorita tiene un golpe en la mejilla? -pregunto Hayato.
–Es mi culpa -respondió Kara-. Le di una bofetada –agacho la cabeza de vergüenza.
–¡Entre en pánico! -Alzó la voz haciendo puños con las manos en sus costados- Él quería llevarme a un lugar seguro pero en vez de eso me puse a hacer un berrinche. No es su culpa querer protegerme, es mía por entrar en pánico.
Los dos sacerdotes se le quedaron observando mutuamente a la mujer de cabellos negros con tonalidad purpura.
Acaba de defenderlo y nuevamente no sabía por qué actuó así.
–Nadie tiene la culpa -respondió Hayato caminando entre sus feligreses para calmarlos.
–Gracias -el sacerdote poso sus manos en los hombros de la chica con una mirada tierna- pero no debiste mentir por mí.
–No es mentira -respondió viéndole a los ojos-. Realmente entre en pánico.
–¿Duele? -le acarició la mejilla del golpe-
–Solo el pecho… -llevando ambas manos femeninas a la altura de sus pechos derramando una lagrima dejando ver su vista cansada- y no fue ahí donde me pegaste -murmuró-. Karamatsu –libero una de sus manos para sostener la mano sobre su mejilla y con la otra acarició los labios del cura.
La gente estaba alterada a su alrededor. Nadie los estaba vigilando o eso creían… Ella acercó su rostro al de él.
–Ichi… Ichimatsu -tartamudeo el nombre equivocado para la forma que este tenía ahora provocando otro dolor al pecho femenino- tú…
–Sh… -posó su dedo índice en los labios masculinos- solo déjate llevar -en voz seductora e inaudible para otros, solo en secreto para los dos-
Estaban por unir sus labios.
–¡Madre Choroko! -Gritó Hayato- ¡Padre Karamatsu!
–¿Sí? -se apartó corriendo antes de ser visto. Sin embargo cuando llegó con el viejo sacerdote estaba nervioso, sudoroso y con la respiración agitada.
–Tsk… -escupió al piso escuchando como una risa se burlaba de él- Nuevamente nos vemos, Todomatsu-sama -¿Cuánto tiempo lleva ahí?
–Ichimatsu-niisan -sonrió mirando su móvil- ahora tengo una linda foto que subir al instagram –mostrando la captura del momento previamente arruinado en una foto-. Solo pondré algunos filtros para que se vea mejor –Ichimatsu ya en su forma demoniaca con un rojo en su cara quería quitarle el móvil pero no podía por su estatus-. El instagram lo usan los humanos, comencé a usarlo y ya tengo millones de seguidores, lástima que pronto serán nada cuando vaya por ellos –suspiró algo triste ya que Atsushi era su seguidor favorito-.
–Veo que vino a llevarse a algunos -mencionó al verlo vestido de un traje negro con corbata rosa y encima una caperuza rosa.
–Sí, vine a trabajar -sin dejar de ver su móvil-. Traje a mis sirvientes a ayudarme con la labor -suspiró exhausto-. He venido por el cura –señalo donde se hallaban Hayato y Karamatsu.
–¿Eh? -parpadeo el juez del infierno al ver a su encargo regresar a la iglesia corriendo mientras el más anciano rezaba.
–Ya casi es hora… -susurró mirando su aplicación de Deathbook- Hey Ichimatsu-niisan, ¿es tú misión Matsu…? -no terminó su frase ya que lo vio en su forma de mujer correr hasta Hayato.
–¿Por qué el padre Karamatsu entró nuevamente a la iglesia? -cuestionó Ichiko-
–La Madre Choroko se quedó ahí y el padre fue a rescatarla, a pesar que le dije que era peligroso -El demonio abrió sus ojos femeninos sintiendo como su pecho se agitaba.
–Tengo que ir… -intentó caminar pero el anciano le sostuvo de la muñeca para detenerla-
–No puede arriesgarse, piense que le puede pasar algo. El padre Karamatsu se pondría muy mal por usted -Hayato le dio una mirada azul llena de tristeza-.
Ichimatsu no iba a permitir a un mortal interferir que vaya con su Cacamatsu. Sí era suyo, él lo había trabajado. Todo lo que ha avanzado con él. Él era el dueño de Karamatsu.
Mientras tanto el Dios de la muerta, estaba escribiendo: "Trabajando" para cambiar su estado social; luego lanzó al aire su móvil rosa, que giraba hasta convertirse en su hoz que atrapo con su mano. Finalmente se cubrió con su caperuzo. Comenzó a caminar entre las personas incluyendo al demonio en vestido para adentrarse a la iglesia.
Ichimatsu por fin pudo enlazar de quien realmente estaba hablando Todomatsu.
Forcejeaba para ser liberado pero a pesar de la edad del cura podía someterle. Dejo salir su ira, mostrando sus colmillos como el rojo de sus ojos. El sacerdote se asustó persignándose, momento que aprovechó Ichiko para escapar a la iglesia.
Ahí adentro se convirtió en un demonio para buscar a Karamatsu.
Volaba de un lado a otro, evitando las lámparas que comenzaban a caer. Por fin lo hallo. Estaba con la monja que le caía mal, la tenía colgada de su hombro con su brazo en la cintura de ella.
–Siento no poder cargarla madre -comentó Karamatsu- pero se me es arriesgado en estas condiciones -las cosas caían a su alrededor-
–No se preocupe por eso -decía la hermana dando uno que otro brinco al no poder caminar bien debido a una herida en su pie-
–¡Tsk, Demonios…! -exclamó el sacerdote a ver la salida bloqueada por un candelabro roto- Salgamos por la fuente –Choroko afirmó con la cabeza-
–¡Karamatsu! -dijo Ichimatsu acercándose a él- ¡¿Estás bien?! ¡Deja que ella se pudra sola y sálvate! -Gritaba sabiendo que lo ignoraba…
O eso quería creer…
–No voy a abandonar a la hermana Choroko –respondió haciendo que demonio y monja le miren mientras él seguía caminando para salir.
Estaban llegando a la fuente donde se encontraba la otra entrada-salida a la iglesia cuando un "crack" muy fuerte se oyó.
–La salida también está bloqueada… -ella observó la puerta de madera que cerraba la conexión del edificio con el jardín destrozada por los terremotos complicando la salida.
–No se preocupe -dijo nervioso- todo saldrá bien -le entrego una de sus sonrisas con más brillos de lo normal- está conmigo -se señaló- Don't worry, my lady.
Las réplicas eran más fuerte de lo normal. El sacerdote estaba nervioso tratando de tranquilizar a la monja que lloraba por ver su eminente final ahí. El demonio tenía una expresión inexplicable ante el sacerdote.
–Ka… Kamatsu… -dejó de estar flotando sobre él para poner los pies en el suelo a su lado-
–Don't worry for me, my angel -No había duda él lo escuchaba.
Esas palabras le preocuparon más. Sí él le escuchaba quiere decir que era su hora de morir… Todomatsu se lo dijo: las personas a punto de morir en ocasiones pueden verlos.
–¡No soy un ángel! ¡Soy un demonio que vino atormentarte porque es su misión! -gritó haciendo puños con las manos- ¡No puedes morir porque… -intentaba sacar las palabras- eres mi misión! ¡Tú me deseaste suerte para llevarla a cabo y esto no es suerte! -Karamatsu sonrió con una mirada triste al escuchar sus palabras-
–Moriremos… -dijo Choroko pensando que a ella le llamó ángel- y usted lo sabe.
El joven solo guardo silencio buscando palabras para consolar a la mujer y al diablo.
–Sí morir esta en los planes de nuestro señor, que así sea. Él sabe porque hace las cosas -comentó tocando las maderas pegando a Choroko a su cuerpo para consolar su llanto.
–¡Ignora al pajamatsu! -Volvió a gritar- ¡Choromatsu es un Dios virgen que no puede follar con ninguna mujer o diosa! ¡Se la pasa masturbándose! –agacho la cabeza. Su vista se hizo acuosa.
Alzo la mirada mostrando un par de lágrimas rodar por sus mejillas. Los ojos de Karamastu se cruzaron con los de Ichimatsu.
–Romperé esto -mencionó quitando las tablas que le estorbaban a base de patadas y puños- y escaparemos. Sobreviviremos yendo contra las leyes de Dios.
–¿Qué? -la monja se limpió las lágrimas.
–No suena mal tener una vida pecaminosa -le guiño el ojo rompiendo la última tabla para escapar.
–No… no lo es -mencionó Ichimatsu rascándose detrás de la cabeza con una sonrisa sabiendo que el guiño era para él.
Choroko cruzó primero por el hueco que Karamatsu hizo, cuando nuevamente un "crack" se escuchó más fuerte, el sacerdote giró su cabeza viendo que una columna caía dirigida hacia ellos.
–Lo siento madre Choroko -le sonrió con dulzura.
–¿Padre Karamatsu? -ella le vio confundida cuando sintió como era empujada-
–¡Aléjese! -gritó con todas sus fuerzas cuando ella se giró a verle observo a la columna que se venía abajo.
El cura no podía escapar junto con la madre una de las maderas que había derribado le cayó encima de su pie, haciendo que se atore.
–Creo que no… nos volveremos a ver -Miro hacia Ichimatsu- Congrulations, you win! –sonrió de manera triste levantando su pulga- Game Over for me.
Choroko estaba espantada porque no podía hacer nada para ayudar. Solo cerró los ojos al ver como la columna caía sobre Karamatsu.
–¡Karamatsu! -gritó Ichimatsu con todas sus fuerzas.
Nota: He hecho arts inspirados en la canción The Alluring Secret, en mi perfil esta mi Tumblr & DA (Devinart) para que lo revisen. En tumblr, le dan al "V" que abre los links a mis arts.
Por cierto, creo que ya estamos entrando a la reta final de fic...
bye
