Nota: Me extrañaron? Este capítulo lo termine antes de tiempo. ¡Yay!
Aclaro, dije que estamos llegando al final, eso no quiere decir que este sea el final. Digamos que estamos por la mitad de la historia. Sí la inspiración me da para más puede que escriba más, osea alargarla.
no respondí ningún comentario anterior porque lo haré tras este.
Sí, se que quieren Osochoro. No se me olvida pero pronto vendrán ellos.
–El juicio comenzará ahora -comento sentado desde su tribuna golpeando un martillo hecho de huesos humanos- ¡Esperen su turno o de lo contrario los mandaré a tortura eterna aunque no hayan cometido nada grave! -regañó a la gente que intentaba aligerar las cosas.
– "Tsk… estúpido Osomatsu… supuestamente estaría aquí atendiendo a las personas o poner a un suplente solo me inserto más trabajo que antes" -pensaba conforme la gente avanzaba- … Karamatsu… -suspiró exhausto recordado al sacerdote esa despedida lo mantenía decaído.
Había regresado al infierno luego del incidente pero algo había cambiado en él y se notaba en su vista que ahora era más recaída.
Leyó el pecado del siguiente en fila. La persona había cometido asesinato hacia los felinos… eso le hizo recordar a Karamatsu alimentando a los animales abandonados y llorar por ellos.
–¡Tata-san! ¡Por asesinar a gatos inocentes, te condeno al infierno de los animales -azotó su martillo sentenciando a la persona- serás devorado eternamente por aquellos seres y verás cómo estabas equivocado de que los animales son indefensos!
Todos los presentes se sorprendieron al oírlo gritar, ya que había guardado un tono tranquilo e inclusive de fastidio por leer sus pecados. Ahora se encontraba alterado por algo simple a comparación del asesino de niños o el del violador y asesino de mujeres.
–Oe idiota… -Ichimatsu arqueo su ceja ante tal atrevimiento- Ichimatsu-sama
–Oh… eres tú Chibita -respondió con indiferencia- eres tan pequeño que ni te vi.
–Osomatsu-sama quiere verle -flotó hacia él- ya tiene su resolución.
Ichimatsu abrió los ojos sorprendido por aquel comentario por lo que decidió irse de ahí. Expandió sus alas y de un aletazo salió del lugar, volando entre las personas que se quejaban del abandono repentino.
Pronto estaba en los dominios de Osomatsu. Quien, vestía traje negro con una camisa roja debajo del saco, con las alas ocultas. Él se encontraba hablando con un hombre mayor, canoso en los lados cercanos a las orejas, vestimenta de traje a cuadros, tenía cuernos negros con espiral en el centro y sus alas extendidas con orgullo como su porte; aquel hombre era el otro juez del infierno: Tougou.
Siempre que los veía juntos era porque Osomatsu le estaba molestando con más trabajo o dificultándole su sector; o era porque Tougou venía a burlarse de su propio rey mostrándole desobedecía o le intentaba dominar.
Ahora estaban juntos. El demonio más maduro tenía una libreta de cuero negra que ojeaba junto al demonio de aparecía joven. El líder supremo se dio cuenta de la presencia del otro juez.
–Gracias Tougou-san, te puedes retirar -el otro demonio hizo una reverencia. Pasó de largo a Ichimatsu con una sonrisa que dejaba ver su colmillo.
Ante la vista de los demonios, los tres jueces del infierno tenían el mismo estatus pero en realidad el más temido era Tougou. Era más poderoso y cruel. Ichimatsu siempre temblaba ante su presencia pero lo ocultaba. Muchos decían que Tougou era la mano derecha de Osomatsu pero en realidad era Ichimatsu, quien ocupaba ese puesto.
–Osomatsu-sama -hizo una reverencia ante el rey que se veía feliz de verle-. Me sorprende verlo hablar tranquilo con Tougou-san.
–A veces se puede tratar con él -se agarró el cuello- solo hay que saber cómo convencerle –le guiño pasando su dedo índice entre su nariz y labio superior.
–¿Qué ha pasado? -Ichimatsu preguntó restándole importancia al comentario de su amo- ¿Para qué me has llamado? -decía fríamente pero su mirada mostraba entusiasmo por la curiosidad.
–Sabes porque te he citado -mencionó liberando su propio cuello poniendo un semblante serio-
–Sobre lo de Cacamatsu… -colocó sus manos detrás de la espalda quedándose de pie de manera recta ya que siempre andaba encorvado.
Osomatsu caminó a su alrededor en silencio revisando la libreta que le entregó el otro juez. Ichimatsu lo miraba por el rabillo de su ojo, esperando ser atacado. Arrugó el entrecejo cuando vio una marca de colmillos en el cuello de su señor.
–Estuve investigando que tanto habías hecho con ese sacerdote -comentó deteniéndose frente a él dándole la espalda- lo último que supe es que estuviste por tener sexo con él antes de ese gran sacudida –bufó como burla-. No te culpo, avanzaste mucho pero ese maldito inconveniente –negó con la cabeza haciendo ruidos con la boca.
–Es una vergüenza para mí haber fallado en mi misión -respondió agachando la cabeza-.
–He llegado a una resolución sobre esta situación -comentó girándose hacia él- ¿quieres saber cuál es?
xXxX
Por primera vez, Ichimatsu, el juez del infierno se sintió nervioso por el resultado de un juicio. Y no era cualquier juicio, era el suyo. Además que era un veredicto creado por los tres dioses hermanos: Osomatsu, el rey del infierno; Choromatsu, el Dios de los cielos y Todomatsu, el Dios de la muerte.
Todo por la culpa de aquel sacerdote virgen: Karamatsu.
Aun recordaba la última vez que lo vio… en el momento de que una columna colapso.
–¡Karamatsu! -gritó con todas sus fuerzas- ¡Deja de hacer dramas y escapa! –El sacerdote abrió los ojos al escuchar los gritos del demonio, quien sostenía la columna- ¡Eres un mierdamatsu pero eso no significa que te conviertas en uno! –Sus garras estaban clavadas en el concreto- ¡Corre Cacamatsu!
El párroco estaba petrificado no porque estuvo a punto de morir, sí no porque el diablo que lo atormentaba hasta casi matarlo…
Ahora le salvaba la vida.
–¡Padre! -Choroko le jalo del brazo arrastrándolo fuera del lugar-
Cuando Ichimatsu vio que estaba fuera de peligro, soltó la columna haciendo que la tierra vibre más fuerte que antes.
–Fiu… -exhalo fatigado dejándose reposar en la columna que yacía destrozada en el piso- estúpido Cacamatsu… haciendo que lo salve -sonrió pasando su mano por detrás de la cabeza-
–¡Qué! -Ichimatsu levanto la vista sorprendido y con temor al imaginarse quien era- ¡Qué has hecho! ¡Te atreviste a interferir en mi trabajo! –Una hoz fue aventada a él, la cual apenas esquivo ya que su dueño se mostró en su forma real.
La gente cuando piensa en la figura de la muerte solo se imagina a un esqueleto, hueco en los ojos cubierto de una túnica negra. Tal vez, ellos olvidaron su aspecto real por trauma. No era una túnica, que le cubría… era su aura negra.
Ichimatsu sabía que de los tres dioses hermanos, él más peligroso era de la muerte. Todomatsu era el verdadero rey del infierno en persona… pero su maldad hacía que se divierta más como Dios de la muerte, aunque se queje del trabajo que tiene.
Le vio a los ojos los segundos suficientes para arrepentirse de ello.
Todomatsu tenía los ojos abiertos lo suficiente para salirse de su rostro, ¿tal vez los estaba expulsando de su cara?; en ellos se reflejaban espíritus sufriendo castigos por Hatabo. Su boca se deformo, encogiéndose y arqueándose para abajo, mostrando sus dientes convertidos en colmillos que se clavaban en su labio inferior. Su nariz se redujo con arrugas sobre el arco de la misma.
Por eso los humanos lo dibujaban de otra forma…
Era un trauma verle.
–Tu… demonio idiota -su voz se agravó mientras era señalo- ¡Pagaras por esto! –Con su hoz corto una fisura para unir a los mundos humano y demoniaco.
Todomatsu cruzó seguido de Ichimatsu que volaba apresurado.
–¡Osomatsu-niisan! -Gritó llegando al trono vació-
–Todomatsu-sama, puedo explicar el incidente -trataba de excusarse.
Todomatsu seguía llamándolo hasta que por fin apareció su hermano mayor, el rey del infierno.
–Uno, ya no puede tener diversión con las diablitas sin que lo interrumpan -dijo mientras se cerraba el pantalón negro con su camisa roja mal abotonada- ¡Totty! –Lo abrazó con entusiasmo-
–¡Asco! -Puso una mala cara- ¡hueles a sexo barato! –lo alejo de él casi vomitando-
–¿Cómo es ese olor? -preguntó bromeando colocando su brazo alrededor de su cuello para sacudirle su cabello con su mano libre- ¿Ichimatsu-niisan? –lo vio sorprendido pero luego festejo brincando de un lado a otro a su alrededor con su hermano menor aun debajo de su brazo.- ¡A festejar que los 3 estamos aquí! –exclamaba emocionado.
–Se te quitará la emoción cuando sepas mi motivo de visita -vio a de forma asesina al demonio. Amenazaba con quitarle la inmortalidad. Osomatsu solo levantó las cejas confundido- ¡Tu esbirro se metió en mi misión! –Apunto a Ichimatsu con su guadaña-
–¿Qué quieres decir con eso? -preguntó confundido
–¡Evito mi trabajo, una misión Choromatsu-niisan! -pataleo el piso.
Osomatsu miró a Ichimatsu quien con señas le indicaba que la misión era Karamatsu.
–Oh… ya veo -respondió con una sonrisa nerviosa- Bueno, podemos pasar por alto esto.
–¡¿Es tu forma de arreglar las cosas?! -Todomatsu se alteró nuevamente tomando su forma monstruosa
–To…Totty -El rey del infierno se ocultó detrás de su juez-
–¡Arréglalo con Choromatsu-niisan! -desapareció-
–¡Demonios irá a acusarme! -empujo a Ichimatsu- ¡No te vayas del infierno, hablaré contigo después!
xXx
Ahora estaba frente a su señor esperando su sentencia. No dudaba que Choromatsu también esté involucrado en ella, ya que arruino los planes de este.
No le preocupaba que le iba a pasar a él.
Pensaba que ya vivía la peor tortura a lado de Karamatsu.
Ichimatsu abrió los ojos sintiendo un dolor en su pecho.
¿Y sí le quitan a Karamatsu como castigo?
¿Sí estando en ese mismo momento en el infierno, Karamatsu estaba recibiendo su bendición de Dios?
¿Cuánto tiempo llevaba en el averno?
El tiempo no era igual al de la tierra. Ya que era castigo de los dioses para engañar a los demonios y de esa forma, retardarlos para que suban a la tierra.
¿Por qué su corazón se está alterando mientras su cuerpo tiembla?
¿Realmente esto es amor?
¿Karamatsu es amor?
–Ichimatsu-niisan, Ichimatsu-niisan… -lo llamaban atrayéndolo a la realidad.
¿El amor es una extraña maldición?
Tal vez porque el sacerdote es un futuro Dios, y él, ha caído en su encantó espiritual.
¡Sí debe ser eso!
Karamatsu es puro, es virgen y próximo Dios.
Es un aroma a celo para los demonios, eso debe ser.
Debe ser.
Se negaba a admitir que realmente lo amaba.
–¡Oe Ichimatsu! -le gritaba al mismo tiempo que lo sacudía de los hombros despertándolo de su transe-
–Osomatsu-sama -mencionó confundido-
–… oe… -se agarró la frente- ¿No escuchaste nada de lo que te dije?
Ichimatsu negó con la cabeza.
–… -dio una gran suspiró poniendo los ojos en blanco- me estoy decepcionando mucho de ti -palabras directas y dolorosas para el otro demonio- ¿Es muy difícil esta misión? -El otro agacho la cabeza de vergüenza- No te daré ningún castigo…
–¿Eh? -Ichimatsu lo miró a los ojos- ¿De qué hablo con sus hermanos?
–Convencí a Todomatsu antes de que llegue con Choromatsu -respondió-. Quedamos en que le dará más tiempo de vida al sacerdote para que logre mi objetivo -entre cerro los ojos para analizar a su demonio- tienes menos de un mes para hacerlo o Totty se llevará su alma virgen a otro virgen -en un tono tranquilo.
–De acuerdo -metió sus manos en los bolsillos de su pantalón- pero ya no tengo ideas para actuar.
Confeso con un tono de fatiga y aburrimiento más delo habitual en él. Osomatsu seguía viéndole en silencio.
–Tougou averiguo algo curioso sobre el sacerdote -se puso recto sobre sus pies. Ichimatsu arqueo su ceja mejorando su compostura encorvada- ¿Es verdad que será un Dios?
–¡¿Cómo lo supo?! -respondió sorprendido-
–… -Osomatsu suspiró para luego chasquear su lengua- maldita bestia… -torció su labio con enojo- Tenía razón. Él puede oler a futuros dioses o arcángeles a kilómetros –aventó la libreta que le entregó el mismo Tougou. El rey de los demonios parecía que hacía un berrinche de pie- ¡Es importante que te lo folles a la fuerza! –agarró de los brazos a Ichimatsu.
–¡Lo he intentado! -gritó alterado.
–¡Sí no lo haces ese idiota de Tougou subirá en cualquier momento a follarselo! -el otro se alteraba peor que su esbirro- Me lo ha dicho…
Osomatsu recordó como estaba entre las piernas de su juez infernal succionando su pene mientras el otro llevaba su cabeza hacia atrás acariciando el cabello de su rey.
– "¿Rey del infierno o rey de las mamadas?" -Burló el anciano
– "Cállate" -ordenó arrugando el entrecejo.
– "He investigado a tu hermano Choromatsu sobre el asunto del sacerdote" -un gemido de la boca de Osomatsu fue señal para que prosiguiera- "Por sus… -se mordió el labio inferior al mismo tiempo que sus caderas se movían en la garganta de su superior- buenas acciones será un Dios"
–"¡Eh!" -expulso el pene de su inferior. Este lo miraba con enfado. Ya que estaba disfrutando de su boca- "¡Otro Dios virgen! ¡Con Pajamisaski-niisan es suficiente!" –Infló los labios haciendo puchero- "Tendré que apurar a Ichimatsu".
Tougou estaba posando su mejilla sobre su mano derecha observando fijamente al joven demonio quejándose sin sentido como siempre.
– "No veo nada de malo eso" -agregó- "Los dioses que se conservan puros y vírgenes por siempre son el alimento preferido de nosotros los demonios" –Osomatsu arqueo la ceja mirando al más viejo-. "Tu hermano se veía tan exquisito masturbándose mientras miraba a las vírgenes bañarse en el rio. Tuve ganas de follarmelo en ese instante" –El líder de los demonios sintió repulsión y asco por su hermano. Un odio naciendo en él- "pero mejor vine a follarte a ti…" -sonrió sosteniendo el mentón de su amo (o era su esclavo)- "cuando ese sacerdote suba, iré a follar a ambos al mismo tiempo".
Una sonrisa brillante y burlona se formó en el rostro del otro demonio, la cual, también mostraba sus colmillos. Osomatsu se bajó los pantalones para luego montarse sobre el pene aún erecto de su juez.
No iba a dejar que Tougou se revuelque con otros que no sean él.
Era su rey.
Su amo.
Le pertenecía a él, no a otros.
Se llegaron al orgasmo cuando fueron interrumpidos por la voz de su hermano Todomatsu, visitándolo en un mal momento.
–¡Tougou no puede tocar lo mío! -reclamó extendiendo sus alas-
–Por eso, debes hacer que él se masturbe de esa forma ya no le atraerá a Tougou -replicó-. Hay una forma con la que puedes conseguir tu objetivo pero no se sí estás listo para eso. Aunque eres un juez del infierno creo que sí…
–¿A qué te refieres? -preguntó
–Algunos le llaman "encanto de luz" porque atrae a los humanos como insectos a la luz… -hizo una breve pausa- pero es mejor conocido como "encanto angelical".
–¿Qué es eso? -era la primera vez que escuchaba eso además de aquel tono de seriedad de Osomatsu al pronunciarlo.
–… -exhalo aire arqueando su espalda para luego soltar todo el aire que entro en sus pulmones al mismo tiempo que movía sus brazos cruzándolos frente a él- Cuando un ángel entre sus alas, se vuelve humano haciendo que su inocencia y pureza enamoren a la persona que lo vea a los ojos.
–Estas intentando decirme qué… -Ichimatsu tenía una idea vaga de lo que Osomatsu le quería decir- finja ser un ángel -el otro asintió con la cabeza.
–Para eso tienes que robarte las alas de algún tonto ángel enamorado -le vio directamente a los ojos-. Tienes que arrancarte las tuyas para luego poner las otras en su lugar.
–Pero hacer eso me volverá un caído… no podré estar ni en el cielo ni aquí -trataba de entender el plan de su amo-. ¿Cómo podrá eso ayudar?
–De eso no te preocupes, cuando el plumaje quede negro… -se acercó a él arrancándole un par de cabellos- te las arrancas -lo hacía tan parecer fácil- y te volverás un humano. El cura no podrá resistirte a ti.
Ichimatsu se quedó callado por un tiempo. Posiblemente fueron segundos pero para su oyente fue eterno. Estaba sorprendido no podía creer lo que oía.
¿Podía tener así de fácil a su estúpido sacerdote?
Su corazón se aceleró en imaginar en ser un humano a lado de Cacamatsu.
Tal vez en su forma de Ichiko.
Tal vez podría tener familia con él, tener al bebé del cual hablaron la última vez.
Pasar su vida mortal a su lado.
Recostarse en su hombro mientras le escucha cantar con su guitarra, bajo la sombra de un gran árbol.
–"¿En qué demonios estoy pensando?" -trato de despertar de su letargo- "Cacamatsu quiere a Ichimatsu… no a Ichiko" –su mente le hizo reaccionar ante el recuerdo de Karamatsu apunto de besar a Ichiko pronunciando el nombre de Ichimatsu.
–¡Oe, Ichimatsu! -nuevamente Osomatsu le sacudió la cabeza con su gritó- ¿Qué te está pasando? -Arrugo su frente- Estas muy despistado… además de que estas rojo –se agarró su mentón.
–En que perderé mi inmortalidad por una estupidez y eso me enfada -mintió-
Osomatsu suspiró sobándose la sien para tranquilizar el dolor de cabeza que le estaba naciendo.
–Escucha primero te explicó lo que harás con las alas, luego lo de tu inmortalidad -Se traía algo entre manos. Su rostro travieso lo delataba-. Escucha, las alas de los ángeles no pueden ser robadas o no funcionara el plan. Búscate a algún tonto ángel que te las entregue a voluntad.
–¿Existe alguno que lo haga? -Para Ichi todos eran seres idiotas.
–Solo los que están enamorados, comprenden el sacrificio para estar junto a su amado. Abandonar algo que les da felicidad por algo que realmente aman -vio de manera seria a su subordinado-. Siempre hay un estúpido ángel que se enamora y las entrega.
El juez recordó una tonta sonrisa que le arruino sus planes desde el primer día que atacó a Karamatsu.
–Jyushimatsu… -murmuró- ¿Cómo sabré que está enamorado? –quería estar seguro de hacer bien su trabajo. Aunque Jyushimatsu no lo estuviera, sería su venganza por aquella vez- Para saber sí encontré al indicado.
–Es cierto… -entre cerro los ojos viendo al otro demonio- ustedes no pueden sentir amor -una duda se le vino a su cabeza mientras observaba al otro- solo los dioses y ángeles. Lo experimente como Dios y es muy doloroso.
–"¿Más doloroso que Karamatsu?" -pensó
–Es lo mejor y peor que te puede pasar al mismo tiempo. Sufres. Nuestras torturas no son nada a comparación -Ichimatsu era consciente de que experimentaba esa tortura-. Cada persona experimenta diferentes expresiones de amor pero es lo mismo… los une la felicidad y la tristeza.
–… es algo raro… -Mencionó en seco tocándose el pecho.
No había duda.
No tenía por qué seguir engañándose así mismo.
Realmente se había enamorado de un humano.
Y no era cualquier humano…
Sí no de un futuro Dios…
Ichimatsu amaba a su Cacamatsu.
Amaba a Karamatsu.
–Luego de que me arranque las alas -intento continuar- y sea un humano, ¿qué va a pasar con el sacerdote? -Una preocupación domino su mente.
–Lo asesinaras -respondió con una sonrisa orgullosa por la idea- es parte del trato que hice con Todomatsu. Quiere asegurarse que no te entrometerás nuevamente –poso sus manos en los hombros del joven demonio, quien se paralizó al oír la descarada idea de su rey-. Y te suicidarás para que regreses a nuestro hogar -lo abrazo-. A lado de tu Niisan.
–Vaya… -se dejó abrazar para no mostrar su pálido rostro- lo has pensado todo… Osomatsu-niisan
El llamado líder de los demonios se separó de su subordinado. Nuevamente observándolo en silencio arqueo una ceja mientras que el otro se rascaba la cabeza.
–Oe Ichimatsu… desde que llegaste he notado algo diferente -el nombrado puro sentir como su piel se erizo- Tus ojos… se ven más cansados de lo normal e inclusive más apagados.
Nunca pensó ver esa clase de mirada en sus esbirros. Una que ya había visto antes, cuando era un Dios de los cielos.
–Estoy cansado y harto de pasar mi tiempo con el Cacamatsu… -respondió pero tenía un tono tan diferente al hablar.
–"¿Qué era ese tono nuevo de voz?" -No era la primera vez que oía esa forma de hablar de su juez.
Ya la había escuchado anteriormente pero siempre aparecía cuando se mencionaba al sacerdote. Hasta Iyami se dio cuenta. Esto era malo. Osomatsu comenzaba a sospechar la razón del todo
–Quédate -se giró para volar a su trono de forma tranquila- Reasignaré a otro juez para esto. Tougou aceptaría encantado pero dejaría que se muera virgen para violarlo en los cielos.
–¡Por qué! -Ichimatsu se exaltó sujetando la muñeca de Osomatsu evitando que vuele.
–¿Eh? -El otro se quedó sorprendido ya que nunca lo había visto actuar de esa forma- Calmate Ichimatsu-niisan -trataba de tranquilizarlo.
–¡Por qué! ¡Estás diciendo que no hago mi trabajo! -Estaba totalmente alterado y enfadado.
–No me refería a eso… -negó con la cabeza sin dejar de flotar- pero creo que es mejor que regreses. Tú área infernal esta descuida -esa era una excusa tan obvia para Ichimatsu.
–¡Quiero estar con Karamatsu! -Dijo en voz alta creyendo que lo pensaba- ¡Él es mío! –Su cara estaba roja al darse cuenta de que estaba gritando y frente a quien- ¡Es mi misión! –Trató de componer las cosas- …no quiero ser visto como un juez fracasado –agachó la cabeza rascándosela al mismo tiempo- Seré el hazme reír y nadie me respetará como juez –trataba de explicarse pero no sabía quién ya que nuevamente intentaba negarse sus sentimientos.
–… mmm Ichimatsu -suspiró frotándose el entrecejo- estoy pensando que será peligroso que uses las alas de un ángel con él… -exhalo de fastidio- muy a mí pesar se lo asignaré a Tougou –torció los labios con una mirada de molestia- o se lo dé a la otra jueza: Fuji.
Por una extraña razón Ichimatsu odiaba la mención de aquel demonio planta. La veía como una amenaza para que le quiten a Karamatsu.
Karamatsu amaba las flores, no le importaba sí eran hermosas o feas.
Simplemente las amaba.
–Creo que en la tierra es primavera, así que esa planta puede hacer fotosíntesis o lo de las abejitas -movía su mano de un lado a otro sin darle importancia al proceso reproductivo de las plantas- Esa horrible planta tal vez pueda hacer algo… como finalizar tu trabajo -le miro con una sonrisa lasciva.
–Tsk… -se mordió sus labios mostrando sus colmillos comenzado a gruñir por aquello. Sus garras se asomaron clavándose a Osomatsu-
–¡Oe! -lo empujo derribándole al piso- auch… -se sobó su muñeca.
Ichimatsu se quedó sentado sobre su trasero donde fue aventado. Sus garras se seguían notando pero estas ahora se clavaban en su propia piel. Sus ojos estaban tan rojos que se confundían con los botones de la camisa de su amo.
Ichimatsu, lo sabía.
Tenía que actuar antes que le quiten a su Karamatsu.
–¿No planeas disculparte? -dijo con indiferencia su rey- Como sea –alzó sus hombros-. Hablare con Fuji. Retírate –se dejó caer en su trono.
Ichimatsu abandonó el lugar y con ello el infierno.
xXxX
Llegó a la tierra esperando encontrar a Karamatsu antes de ir por Jyushimatsu para robarle sus alas.
No iba a permitir que otro obtenga a Karamatsu.
Llegó a la iglesia, siendo de noche.
El sacerdote se encontraba en su cama durmiendo.
Se veía tan tranquilo.
Aún tenía algunas cicatrices de heridas hechas por el temblor.
Le acaricio su cabello viéndole en silencio.
Beso su frente.
–Karamatsu… -lo llamó- Karamatsu -su voz era como un susurro para él- Karamatsu –el padre abrió lentamente los ojos.
–¿Ichimatsu? -preguntó aún dormido- ¿Dónde has estado? –poso su mano sobre su mejilla. El demonio poso la suya en ella.
–Soy Ichiko -el cabello largo cubrió ambas manos al dejarse caer- vine a despedirme.
Karamatsu sintió unas lágrimas rodearle la mano. Se sentó sobre su cama prendiendo la luz para comprobar que era la mujer que estaba frente a él. Ella estaba sentada a su lado del colchón.
–¿Qué? ¿Por qué? -La abrazo con fuerzas- Te desapareciste tras el temblor me preocupe mucho por ti.
–Tuve que irme de emergencia -le respondió pegando su rostro a su cuello- y es por ello que debo irme… -hizo una pausa larga para abrazarle con todas sus fuerzas- tal vez para siempre.
–No quiero que te vayas -aparto su rostro oculto para verle directo a los ojos purpura- por favor.
–No quiero irme pero debo de hacerlo -acaricio su rostro- solo no me olvides –su forma femenina quería despedirse de aquel sacerdote.
El cura miro con atención a la chica, sus ojos azules perdían brillo con cada palabra que salía de ella.
Rodeo su cintura con su brazo para acercarla a él.
Junto sus labios con labial púrpura. Le entrego un beso casto que fue bajando y aumentando su nivel bajando por su cuello. Ichiko estaba sorprendida, sobre todo al sentir las manos de Karamatsu deslizarse sobre su curvilíneo cuerpo para buscar donde se abre su vestido negro con flores moradas.
Las manos se detuvieron para acariciar sus torneadas piernas debajo de la falda. Ahí se quedaron rozando las medias de seda fina.
–Ka… Karamatsu -el demonio logró murmurar su nombre- ¿Por qué?
El cura le calló nuevamente besándola.
–No digas nada -deslizó su dedo índice desde sus labios hasta el escote- solo déjate llevar.
Ahora, ¿quién está tentando a quién?
Ichiko se desprendió de sus telas, tomando la mano de Karamatsu para que se deslizará sobre su cuerpo como lo hacía su vestido. Las manos masculinas se detuvieron nuevamente sobre las piernas, con las cuales jugaba entre sus caricias.
Suaves besos como la seda de las medias de la mujer, tocaban la piel femenina descubierta.
Suaves gemidos convertidos en arrullos para el hombre que estaba debajo de ella.
Los senos al aire tibio temblaban de placer por la humedad en la que estaban siendo sometidos por la lengua de su amante. Su entre pierna también podía sentir el placer sin ser aun tocada.
Karamatsu se giró cambiando posición con Ichiko.
Ahora ella estaba debajo de él.
Ella pudo ver aquel torso desnudo, transpirando por sus poros lujuria y pasión. Era la primera vez para el demonio experimentar ese tipo de lujuria. Era tan rara pero deliciosa. Hacía que su corazón se acelerada con cada toque del sacerdote.
Ichimatsu lo amaba con cada segundo que tardaba en sus acaricias lentas pero exquisitas. Karamatsu parecía ser un experto en ello, pero era consciente de esa mentira.
El cura deslizo las medias de sus piernas y lo mismo hizo con la panty húmeda de color lila. Karamatsu se bajó el bóxer azul mostrando a su amigo duro como la cruz de oro que portaba en las misas.
Se acomodó entre sus piernas quedando unos segundos quieto sonriendo a Ichiko.
–Sí llegó a lastimarte -advirtió acercando su rosto al de ella, pasando su mano en su mejilla-. Dímelo para detenerme.
Karamatsu era tan lindo y amable como siempre. No era como los bruscos hombres con los que ha estado anteriormente.
Lo jalo hacia él para besarlo de manera tierna. Algo que nunca había hecho durante su inmortalidad.
Mientras el beso se daba…
El otro se acomodaba introduciendo su pene en la entrada vaginal.
Ichiko dio un suave gemido contra los labios de Karamatsu.
Estaba tan alegre de que por fin se hacían uno.
Ya no importaba quien vinera después, Karamatsu era suyo.
Y él era de Karamatsu.
Le penetraron más profundo cuando los movimientos de caderas aumentaron.
–¡Ah, Karamatsu! -lo llamó por su nombre con un sonrojo sobre sus mejillas-
–¿Te lastimó? -preguntó mientras besaba su cuello-
No… quiero que… -sintió una vergüenza de que le vea su cara- más… -¿por qué ha de sentirse así en esta situación?- por favor… -hablaba como en balbuceos tratando de explicarse.
Karamatsu solo le miro a la cara con una sonrisa.
–Yes, my lady -le entrego un beso en los labios utilizando la lengua.
Los gemidos se quedaron atorados en su garganta ya que la lengua de Karamatsu no les permitía expresarse bien.
Las manos bendecidas jugueteaban con los pezones, siempre con delicadeza. Él veía en ella una rosa delicada.
Las embestían aumentaban su velocidad.
Se sentó sobre su cama, quedando ella sobre sus piernas aun siendo penetrada.
Era tan sensacional darle el control de su cuerpo a él.
Lágrimas de placer salían de los ojos purpuras.
Intentaba gemir tan alto para que el mismo Choromatsu se entere que su Dios ha caído en pecado.
–Sh… -un dedo se posó en sus labios- no hagas ruido o nos descubrirán -le dio una leve mordida a sus labios.
–Eso quiero -tomó el rostro del otro entre sus manos con una sonrisa- que se enteren de esto –le regreso la mordida.
El sonido de la piel dejaba de ser inaudible por los gemidos de la mujer.
–¡Sí! ¡Más! -arañaba la espalda al igual de atacar su cuello- Karamatsu -llenaba de besos al hombre.
–Me vendré -gruño en su oído-
–¡Hazlo! ¡Llename! -suplicaba
Él la abrazo con fuerza pegándola a su cuerpo. Unos últimos movimientos de caderas haciendo que ambos se vinieran en conjunto.
–Ichimatsu… -gimió otro nombre correcto pero a la vez incorrecto para la forma que tenía.
–Karamatsu -le dijo al oído- Te amo.
Lo amaba aunque él no lo hiciera.
Lo deseaba aunque él lo olvidará.
Ichimatsu sabía que esto era el adiós para ellos.
Karamatsu lo supo cuando al despertar no hubo rastro alguno de la mujer.
Ni siquiera muestras del placer que vivió la noche anterior.
Su pene no tenía ninguna erección o muestra que hubo alguno.
Todo se veía normal.
¿Habrá sido todo un sueño?
Nota: ¿Qué dijeron que les mate a Karamatsu? ¡No! Recuerden que eso no pasa en la canción (¿o sí?)
De seguro pensaron: "A Lavenus6 no le gusta el sexo hetero por eso no escribe de ello"
¡Pues es mentira! Les dí un excelente final hetero para Ichiko y Karamatsu.
Sí, Fuji es quien están pensando: la flor de Karamatsu.
Ahora sí, el siguiente capítulo va a tardar.
