Nota: Pues quería subir este capítulo en mi cumple pero el festejo no me lo permitió. Así que lo subo 2 días después...

Intente hacer un Osochoro / Choroso espero no decepcionar con la escena...

Por error de mi fatiga puse en el capítulo anterior que es el 7 cuando realmente es el 6... sin querer conté el prologo como capítulo 1. Este capítulo es el 7. Igual puse nombre del capítulo en la historia y ahora lo dejo así a partir de este para no confundir. El siguiente que subiré será el 8.


Cap. VII: Alas para volar

Ichiko se veía sudara por las acciones sexuales con el párroco que ahora se encontraba dormido de forma tranquila. Uno de sus mechones cayó sobre el rostro del hombre, por lo que lo puso detrás de su oreja. Regreso a su forma demoniaca. Ahora era Ichimatsu, el juez del infierno.

Sabía que tener sexo con Karamatsu en su forma femenina no era suficiente para corromperlo. Quería hundirlo al pecado para que este a su lado por la eternidad. Era suyo y nadie se lo iba a quitar.

Con la ayuda de su poder demoniaco dejo el lugar como si nada hubiera pasado entre ellos. Solo un simple sueño.

Abandonó la iglesia derrumbada para buscar al tonto ángel enamorado y obtener sus alas. Le fue difícil, dar con él. Tuvo que pedir indicaciones a los gatos del lugar que se alteraban al verlo, su relación con esos seres no mejoraba. Un gato amarillo con marcas como si fueran lentes, se le acerco escuchándolo.

Le dijo que vio al ángel que busca en un pequeño poblado cerca de la playa. Siempre esta con una chica castaña de trenza. Ichimatsu agradeció al gato pero cuando se volteó ya no estaba. No le dio importancia, solo expandió sus alas para ir en dirección del ángel.

El gato solo se ocultó en la oscuridad, en la que lo observaba para luego caminar con sus cuatros patas en los muros de las casas.

–La historia se repite… -dijo entre maullidos lastimeros- ¿tendrán el mismo final que mis hijos? -Se sentó en una esquina formada por los muros grises- un humano y un demonio… pueden que no tengan ese final… -miro a la luna agitando su cola-

Un sonido de zumbido resonó a su lado.

Apretó el teléfono con la ayuda de sus patas. Era una notificación del ángel que estaba por salir al tejado a recordar el pasado. El gato se puso de dos patas, brinco al suelo convirtiéndose en un hombre de estatura baja de traje marrón con corbata negra. Algunos cabellos en la cabeza calva, con uniceja que cubría a los ojos fijos a la luna, una nariz pequeña pero gorda, su boca parecida a las de los gatos con un par de dientes de conejo resaltando de sus labios, así como un bigote en cada lado dejando espacio vació entre los labios y la nariz.

Escribió un mensaje en su celular (que tenía la apariencia de los primeros creados). Envió el texto para meter su teléfono en el bolsillo interior de su saco, intercambiándolo por un aparato de dos ruedas al que se subió para ir a visitar a su amigo Jyushimatsu, antes que llegue el demonio.

xXx

Ichimatsu encontró el lugar donde el ángel vivía con la humana a quien protegía. Sintió el aroma a muerte demasiado fuerte. No era cosa del ángel, ellos no olían así. Se acercó un poco para ver que Jyushimatsu se hallaba con un shinigami. Y no era cualquier shinigami.

Era Hijirisawa, Shounozuke. Uno de los pocos dioses supremos de la primera era, que aún seguían activos. Bueno, igual era el primer dios de la muerte era normal que nunca descanse a pesar que su reemplazo es uno de sus estudiantes: Todomatsu.

Tuvo que esperar a que él se fuera para poder acercarse al ángel. Mientras estaba esperando, por no decir, espiando… escuchó la historia de Jyushimatsu con Homura. Tenía que aprovechar esa brecha para colarse al corazón del ángel, ahora que estaba abierta.

El shinigami solo tenía la mirada fija al entusiasta ángel. No pronunciaba palabra alguna. Solo miraba a la luna imitando al de ojos ámbar. Eso era de temer. Un shinigami vigilante… era sospechoso. Sobre todo cuando se fue sin despedirse.

–Vaya es una despedida tan conmovida -dijo posándose en la orilla del tejado con sus alas de murciélago extendidas, y las manos metidas en los bolsillos de la gabardina negra.

Jyushimatsu detuvo su entusiasta despedida girándose lentamente hacia su visitante. Mostró un semblante serio cuando vio a Ichimatsu con una camisa gris de manga larga, cubierta con un chaleco purpura con pantalón de vestir y gabardina negra.

Mantuvo silencio arrugando el entrecejo.

El viento soplo meciendo los cabellos revoltosos del demonio, dejando al descubierto sus cuernos. La túnica blanca del ángel se balanceaba como una de sus plumas que bailaban con el aire. Ichimatsu iba a volver a hablar al advertir peligro ante la presencia del silencio.

–¡Ichimatsu! -el ángel corrió hacia él. El juez del infierno preparó sus filosas garras para defenderse del ataque pero fue atrapado por un gran abrazo- ¡Ichimatsu-niisan, viniste a jugar! –el nombrado se quedó sin aire. No por la impresión, sí no por apretón que le daban- ¡Hurra! –Giraba con él entre sus brazos- ¡Juguemos béisbol! ¡Muscule, hustle!

–Jyushi… -trataba de zafarse- ¡Jyushimatsu basta! -Ordenaba entre empujones- ¡Dame espacio! -le gritó.

El ángel solo afirmo con su cabeza dejándolo en el piso. No le dio tristeza o enojo esa actitud hacia su persona porque sabía que era normal en los engendros del infierno.

–Vengo hablar de negocios contigo -comentó sacudiendo su ropa.

–¿Negocios? -Ladeo la cabeza abriendo los ojos como rombo, adelgazando su pupila como gato al mismo tiempo que posaba su mano derecha sobre sus labios. El otro afirmo con la cabeza.- ¿Y sí mejor hablamos de béisbol? -liberó un largo suspiro. No estaba seguro de poder explicarle bien las cosas al despistado que estaba frente a él-

–No… -miró por la ventana observando a la joven que dormía de forma tranquila. Posó su mano sobre el cristal. Aún sentía el olor de la pureza manchada en ella. Se relamió los labios por probar tan dulce alma. Su mano paso a convertirse una garra con la que araño el cristal.

–Todas las noches, velo su sueño para protegerla de monstruos -La voz de su guardián se escuchó más gruesa. Sintió el agarre del cuello de su ropa para alejarlo de la ventana para hacerle caer a tierra- ¡Y hoy no será la excepción! –Una espada dorada apuntaba sobre su cuello. Al otro extremo de ella, se encontraba el ángel con las alas extendidas con una mirada fija y vacía.

– Ja ja -Quien se encontraba derribado en el suelo solo se puso reír. Lo miro con desdén. Su flequillo solo cubría su ojo izquierdo mientras que el otro había cambiado de color purpura al rojo.- ¿No sería mejor protegerla de los verdaderos monstruos?

Jyushimatsu no hizo ningún movimiento. Solo esperaba el momento oportuno para atacar en defensa. Los demonios eran tramposos.

–La salvaras de mí… -se apuntó con su propio índice que tenía una gran garra- pero ¿quién la salvara de los hombres? -Sacudió sus hombros- No pudiste hacerlo antes… -negó con la cabeza cortándose levemente con el filo de la espada haciendo que una línea roja se dibuje en su cuello- ¿crees que podrás salvarla del próximo?

El ángel solo se mordió del labio inferior. El demonio tenía razón, no se lo podía negar. Aunque acabe con él…

no podrá hacerlo con los humanos por su posición.

–Pero hay una forma -levanto su índice sin apartar la espada o al ser celestial-. Solo tienes que volverte un humano.

El otro se alejó abriendo los ojos, incrédulo ante las palabras del ser de la oscuridad. Había escuchado sobre los ángeles que se volvían seres humanos pero pensaba que era un mito.

–Solo tienes que entregarme tus alas -comentó poniéndose de pie con la ayuda de sus rodillas. Luego caminó hacia el de túnica para tocar el plumaje blanco y suave que poseía.- solo deshazte de ellas –llegó a su oído susurrando aquellas palabras- y ella será tuya.

Jyushimatsu miró hacia la ventana y luego a Ichimatsu que observaba el mismo lugar. El más joven palideció ante ese trato.

–¿Es este el negocio del que me hablabas? -El otro solo afirmo con una sonrisa- no… -negó con la cabeza- ¡No! –Lo aparto de un empujón con ambas manos- ¡Nunca haría eso! ¡Sería traicionar a Choromatsu-niisan!

El guardián de Homura gritaba alterado por aquella confesión. El sudor frío le salía por los poros de la piel. Se enfrentaba al demonio pero al mismo tiempo temblaba.

Ichimatsu notó eso.

El juez tenía que usar todas sus artimañas para ganarse aquellas alas. Tenía que pensar con la cabeza fría si realmente las quería.

Relajo su vista a la habitual expresión cansada que siempre traía. Soltó un soplido, llevando sus manos detrás de la nuca.

–¿Prefieres serle fiel a alguien que no te permitió rescatarla del peligro? –Le cuestionó en un tono de fatiga para que confíe en él- ¿Cuántas veces estuviste de la misma forma -señaló las posición de las manos en los costados del otro apretando lo suficiente para que sus uñas se claven. También le apunto como estaba mordiendo sus labios y gruñendo- impotente mientras era violada, una y otra vez frente a la cámara?

–¡Eso no…! -quería defenderse pero no tenía como. Por primera vez, un demonio decía la verdad.

–¿No es lema de ustedes: "alabado sea la voluntad de Dios"? -Se encogió de hombros- Pensé que el demonio era mi jefe y no él. Bueno que se espera de un Dios que espía a vírgenes bañarse para pajearse.

–¡Calla! -lo sostuvo del cuello de la camisa.

–Solo digo la verdad -aparto sus manos con suavidad-. Sí quieres seguir siendo un espectador más –mostró sus alas- sigue como estas. No dudes que ella solo va estar segura contigo.

Ichimatsu emprendió el vuelo dejando a un Jyushimatsu enfadado y dudoso por su propuesta. Quien, entró a la habitación de Homura para sentarse a la orilla de su cama con su mano sujetando a la de ella. Suspiró acariciando su mejilla con una tierna sonrisa.

xXx

–¡Vaya sí que ha sido entretenido todo esto! -exclamó el joven de pantaloncillos rosas, camisa abotonada blanca y corbata negra estirando su cuerpo- Gracias por avisarme de este entretenimiento –miro al hombre bajito que permanecía con la mirada fija a la nada- Shouzuke-sensei.

El chico sonreía inclinándose de lado para estar a la altura de su instructor pero a ver que no tenía respuesta solo parpadeo.

–Esto… creo que se pondrá más interesante -saco su teléfono para mostrarle- mire.

El mayor tomó el móvil leyendo la notificación sobre la perdida de la virginidad de Karamatsu Matsuno con el juez del infierno Ichimatsu.

–¿Por qué quiere que Jyushimatsu pierda sus alas sí ya cumplió su orden? -Se agarró el mentón mirando para el cielo tratando de encontrar respuesta pero solo otra duda vino a su mente- ¿No debería entregarme el alma del sacerdote porque ya la mancho? ¡Ya sé! A lo mejor ha perdido credibilidad por no cumplir una simple misión que planea regresar con las alas como trofeo.

–No… -el menor volteo a verle cuando por fin pronuncio palabra- Tengo que hablar de unas cosas con tu hermano. -nuevamente el de rosa parpadeo confuso.

–¿Con Osomatsu-niisan? -Preguntó- ¡Cierto! -Su mano derecha se hizo puño para golpearla contra la palma de la mano izquierda- ¡Tal vez sea plan de él! -estaba emocionado por la idea y más sí era para molestar a su otro hermano.

–Todomatsu-kun, ¿recuerdas la historia que les conté cuando eran niños? -pregunto de pie mirando -siempre para el frente.

–¿La de Kamimatsu y Akumatsu? -Shounozuke solo afirmo con la cabeza sin verle- solo que fueron desterrados y crearon a los ángeles y demonios.

Hijirisawa solo retomo su camino ignorando las palabras de un confuso Totty. Realmente, el actual rey de los shinigamis, no entendía a su predecesor. Dio un largo suspiro para marcharse, aún tenía trabajo que hacer. Luego se encargaría de cobrarle al demonio el favor que le hizo.

XxX

–¿Se han preguntado por qué cada cultura tiene un dios diferente? ¿Por qué cada época va cambiando el rostro de su adoración? ¿En qué momento se hicieron los demonios como seres representantes de lo malo cuando todos los dioses eran buenos y malos a la vez? -Aquel hombre de estatura baja miraba a tres pequeños frente a él escuchando sus enseñanzas. Ambos negaron con la cabeza-

–Hace mucho tiempo, todos los dioses vivían en armonía. Todo lo bueno recaía en todos, todo lo malo también. No había a quien señalar como el culpable -con su hoz mostraba en el cielo de estrellas las imágenes de veneración de los humanos a los Dioses.

–Shinozuke-sama, ¿podemos saltarnos esto e ir directo a las enseñanzas de nuestros roles? -Pregunto el chico con alas de plumas con una manta blanca con detalles en rojo- la historia es aburrida… -bufó-

–Y nos duerme -bostezó el más pequeño tratando de no cerrar los ojos.

–¡Par de idiotas! -el de cuernos en forma de espiral jalo mejillas de ambos gruñendo- Debemos saber lo que paso a nuestros antecesores para que no cometamos los mismos errores.

–Por algo eres un demonio -dijo en tono de burla el de rosado que jugaba con la hoz de su maestro, la cual se la robo en el descuido del anciano que solo observaba en silencio.

–¡Un demonio virgen! -señalo el ángel volando a su alrededor- tantas diablillas traviesas y él se sigue conservando virgen –se burlaba-

–¡El rey demonio pierde la virginidad con humanas que lo veneran! -grito con la cara roja de rabia pero sobretodo de vergüenza.

–Bueno, no tengo problema con ello. -abrazó a su hermano mediano pegando su mejilla contra la de el- Te quiero aunque seas bien gruñón –suspiró en un tono de romántico- y sé, que conservas tu virginidad para mí.

Choromatsu se sonrojo por la cercanía de su hermano mayor a él. Esas últimas palabras lo pusieron nervioso. Comenzó agitar sus manos sin alejar a Osomatsu de él. Realmente ese dios sabía cómo incomodarlo.

–¡Auch! -se quejaron los tres al mismo tiempo cuando la hoz los golpeo en la cabeza al mismo tiempo. Shinozuke se quedó observándolos en silencio como reprimenda.- ¡Pronto serán dioses supremos dejen de jugar y pongan atención! –siguió golpeándolos.

–¡Hey pajamisama-niisan! ¿Recordando a las diablillas para tocarte? -Apareció detrás de su hombro haciendo que se sobresalte del susto- ¿Le atine? -paso su dedo índice bajo la nariz mientras sonreía por la actuación de su hermano menor.

–¡Estúpido hermano mayor! ¡Me has dado un susto, idiota! -se agarró el pecho.

–De seguro, tu consciencia no está tranquila -negó con la cabeza-. Tienes unos sucios pensamientos -cubrió sus labios con un par de sus dedos de la mano derecha mientras sus cuernos le salían y su cola se agitaba.

… -suspiró sobándose el entrecejo- solo recordaba aquellos días que nos preparaban para nuestros puestos.

–Oh… -se dejó caer al pasto verde que crecía en el cielo para sentarse- aburrido… -se recostó- Esperaba que me dijeras que viste los senos de alguna diosa y ahora te andabas pajeando.

–¡Qué no hago eso! -comentó pisando su cabeza

–¡Dios! ¿Nunca has oído de la ropa interior? -Sangre comenzó a salir por montones por los ojos. No necesariamente por las patadas- ¡Dios, estoy ciego!

–¿Sabes que te ves raro diciendo "Dios" cuando eres su enemigo y que soy él? -se cruzó de brazos tratando de controlar su ira pero unas nubes negras con relámpagos aparecieron.

–Tranquilo, solo vine a saber cómo estas -puso sus manos delante de él para controlarlo- ¡de virgen! -agregó volando para que no lo alcancé.

–Cuando bajes te voy… -hizo un puño con la mano mientras la vena de su frente iba a explotar-

–¿Qué me cuentas de tu sacerdote? -Osomatsu cambió el tema.

–¿Qué hay con Karamatsu? -Arrugo el entrecejo por aquella pregunta sospechosa-

–Tengo curiosidad de que sí él perderá la virginidad aquí o se la seguirá guardando como haces tú -puso sus manos detrás de la cabeza sin dejar de flotar con las ayuda de sus alas-. No entiendo porque cuando eras el rey de los demonios nunca perdiste la virginidad, incluso yo lo hice cuando aún era un Dios.

–Eso no te importa… -desvió el rostro tomando su brazo aún recuerda cuando se enteró que su hermano mayor se enredó con el primer juez del infierno: Tougou. Se desilusionó ya que él sí se conservaba para Osomatsu.

Incluso el verdadero motivo por lo cual intercambiaron reinos fue porque Osomatsu quería estar con Tougou. Se dio cuenta cuando sus visitas se hicieron más frecuentes a su reino, además de que siempre buscaba algo con la mirada, y cuando lo hallaba, se acercaba volando alrededor de aquel demonio que en ese tiempo sus alas estaban completas como sus cuernos.

–¿Te arrepientes de elegir a Tougou? -preguntó en voz baja apretando su brazo izquierdo con su mano derecha con la mirada agachada intentando no llorar.

Choromatsu amaba demasiado a su hermano mayor y no se dio cuenta de eso… o mejor dicho, no acepto esos sentimientos hasta que se convirtió en el nuevo dios. Como ser celestial, los sentimientos que creía no tener afloraron. Se dio cuenta que como demonio ya empezaba a amar a Osomatsu, pero lo ignoró.

Ahora seguía haciendo lo mismo por dos motivos: Osomatsu ama a Tougou desde que era un dios. Esos sentimientos tan puros que no se borraron al convertirse en demonio. Y no quería repetir lo que paso entre Kami y Aku.

–¿Dijiste algo? -contestó Osomatsu al no oír bien la pregunta.

–Que ha pasado mucho desde que cambiamos de lugar -comentó con una tristeza disfrazada de sonrisa.

–Sí, es cierto -comentó.

En ese momento recordaron cuando con la ayuda de Shounozuke se hizo el cambio. Ambos entraron a unas marcas celtas: una espiral y el awen, que tenía tres rayas que terminaban en el horizonte con un punto cada una en esa misma dirección. Ambos juntos era para la muerte de su ser anterior y renacer en otro, por lo tanto, creando armonía y equilibrio entre esos seres con sus nuevos reinos.

Una luz verdosa con azul cubrió a ambos haciendo que flote. Las alas de Choromatsu se extendieron deshaciéndose con el fuego. Las cenizas flotaron envolviendo a Osomatsu. Los cuernos de espiral que tenía se cayeron como ramas secas de árboles. Su cola cayó sin gracia alguna al suelo haciéndose polvo. No hubo dolor, no sintió más que temor y preocupación por el mayor que gritaba de dolor.

Osomatsu sintió como algo atravesaba su espalda desde el interior para salir. Eran sus alas rojas, teñidas de su sangre. Unos cuernos también aparecieron de la misma forma. Los que Choromatsu tenía eran espirales como de algún borrego mientras que los de Osomatsu, era curveado y filosos en las puntas, asemejaban a la luna menguante. Sus dientes se transformaron en filosos como sus uñas. Una cola le apareció meneándose como si fuera una serpiente. Hubo dolor y mucho.

No hubo cambio en sus sentimientos, aun pensaba en Tougou como siempre. Vio a Choromatsu, le agradecía que aceptada el ritual. Quería a sus hermanos pero esto, le hizo quererlo más.

Al final, ambos ya poseían sus cuerpos de reyes que ahora les correspondía a cada uno.

–Siempre te estaré agradecido por ello -dejo de volar dejándose caer sobre el menor al que abrazo con fuerza besando su mejilla-. Realmente te agradezco esto -tomó las mejillas sonrojadas de Choromatsu regalándole una tierna sonrisa- pero eso no significa que no dejaré de molestarte -le saco la lengua de forma traviesa.

Verle con esa sonrisa le era pago suficiente al dios.

El sonido de unos pasos sorprendió a ambos abrazados. Osomatsu no reacciono ante eso. Solo Choromatsu que lo aparto de un empujo con la cara rojo como la sudadera de su hermano mayor, abanicándose para respirar.

–Shounozuke-san -el demonio metió una mano en el bolsillo de su sudadera agitando la libre con una sonrisa traviesa para saludar al recién llegado- Nos volvemos a ver.

XxX

Ichimatsu llevaba tres días fuera de la iglesia donde vivía con Karamatsu. Extrañaba su hogar, ya no se refería al infierno como uno. Ahora hablaba de estar ha lado del párroco como su nuevo hogar. Solo en pensar eso, le provocaba una sonrisa que borraba al sacudir su cabeza. Durante esos tres días, insistía a Jyushimatsu que le otorgará sus alas, no podía obligarlo o no habría efecto. Para el cuarto día, decidió que lo mejor era regresar, seguir atormentando al cura para enviarlo al infierno con él.

Pero algo cambio de manera milagrosa.

Un sujeto tomó a Homura de la muñeca tratando de llevarla a un callejón para que recuerden los tiempos de sus películas.

La chica forcejeaba.

Gritaba por ayuda pero el ruido la opacaba.

Nada podía hacer para salvarse.

Jyushimatsu revoloteaba por encima tratando de frenar todo pero no podía. Su forma angelical se lo impedía.

¿Qué clase de ángel guardián es sí no puede protegerla?

Se preguntaba desesperado tratando de llamar a los niños que podían verlos pero sus padres ignoraban las suplicas.

Todo se acabó.

El fin llego para Homura que cerró los ojos al sentir una mano colándose por su falda. Unas lágrimas se salieron de sus ojos miel como los del ángel al sentirse incapaz de defenderla.

–¡Suéltala! -Una voz grave se escuchó. Era como el ruido de sierras contra metal. Unas garras aparecieron por detrás del hombre que le tomaron por el cuello- ¡Dije que la sueltes! -lo aventó contra la pared. Homura había caído desmayada a su lado.

–Ichimatsu… -lo nombro al posarse junto a ella para sostenerla entre sus brazos-

Jyushimatsu vio al demonio con vestimentas negras, cabello revuelto con un mechón ocultando uno de sus ojos que se veían rojos. Estaba con su forma humana. Aquel hombre musculoso de tez morena que intento violar a la chica, tomó una botella rota para responder el ataque. Ichimatsu lo esquivaba sin moverse de su lugar, solo se ladeaba. Cuando la botella estaba por perforarle un ojo, sostuvo la muñeca del hombre con su cola. Sus alas se abrieron junto con los cuernos que el aire revelo, su sonrisa mostraba la dentadura filosa que poseía.

–Tengo mucha hambre -el hombre abrió los ojos dilatando sus pupilas- del alma asquerosa de un pecador idiota -abrió su boca y lo último que aquel sujeto vio fueron la luz del sol reflejada en los colmillos.

Horas más tarde Homura se hallaba recostada en la cama. Jyushimatsu la había puesto ahí para que descanse, y crea que fue una pesadilla.

–Gracias… -mencionó viendo al demonio apoyado en el marco de la ventana.

–No me agradezcas, solo pasaba por ahí buscando alimento -respondió de forma seca mirando hacia fuera.

–Tenías razón… -sostuvo la mano de la joven arrodillado a un lado de la cama- no puedo protegerla de ellos con esta forma.

Solo los ángeles de mejor rango podían bajar a la tierra a presentarse en su forma real o humana para regresarle la fe a la humanidad. Jyushimatsu no tenía tanto poder para eso. Realmente, agradecía que Ichimatsu lo haya ayudado aunque su naturaleza no sea esa.

–Quiero agradecerte -se puso de pie respirando hondo.

–Ya te dije que no es nada… -Ichimatsu se giró al sentir una mano sobre su hombro pero se soprendió de lo que vio.

Jyushimatsu tenía sus alas extendidas comenzó a arrancarse el ala. Lágrimas de dolor salían pero no gritaba para quejarse. Se mantenía con la sonrisa. Plumas blancas caían por la agitación. Mismas que se escapaban por la ventana cruzando lentamente frente a los ojos purpuras de Ichimatsu como sí se detuvieran a despedirse. Sangre goteaba al desprenderse las alas. Una se tiño de negro con rojo. La otra permaneció blanca con manchas rojas.

Finalmente se la arrancó. Estiró su mano para ofrecerla a un sorprendido Ichimatsu.

–Es tuya, Ichimatsu-niisan -aquel demonio no lo pensó y la tomó saliendo de ahí sin mirar atrás-

–Nos veremos pronto… Homura-chan -con esas palabras sonrió agitando su mano para despedirse de la inconsciente mujer sobre la cama dejando que su cuerpo se vuelva esperas de luz blancas en la habitación.

xXx

Ichimatsu ahora tenía entre sus manos el ala de un ángel. Ahora era cuestión de quitarse la suya como dijo Osomatsu. Una risa le gano haciendo que se agarrará la frente. ¿Realmente ama tanto a Karamatsu para querer pasar sus días como humano a su lado?

La respuesta era obvia.

Era un "estoy jodidamente loco por Karamatsu".

Se arrancó su ala para colocarse la del ángel.

Ahora su ala de murciélago se podría para dar paso a un plumaje negro.

Regreso a la iglesia para quitarse el resto del ala ahí mismo para despertar a lado de Karamatsu.

Volaba de lado por la reciente herida y cambio que tenía en su cuerpo. A veces se caía del cielo, otras veces se movía lentamente para luego detenerse a descansar en algún árbol o tejado. Pero siempre retomando su vuelo para estar con su párroco.

Al llegar a la iglesia encontró un olor familiar.

Era el olor a flores silvestres y venenosas.

–Fuji… -murmuró gruñendo buscando al cura por los pasillos.

Encontró a ambos hablando. Nuevamente sintió el aroma de las flores, este era un afrodisiaco que salía de ellas. Uso la poca fuerza que le quedaba pues el viaje con las nuevas alas lo agotaron por lo que intento crear un pequeño incendio avivando las llamas.

Vio como Karamatsu lo evito con el agua bendita. Le causo gracia. Sobre todo las caras deformes que hacía la otra juez del infierno.

Fuji abandonó el lugar para volar lejos buscando al entrometido. Ichimatsu se mantuvo escondido para retomar energías observando a un confuso Karamatsu dispuesto a descansar en la fuente con su guitarra.

Sonrió.

Salió de su escondite pasa posarse junto al cura mientras este tocaba una suave melodía.

–Pronto podremos disfrutar de más días como estos… -murmuró acurrucándose en sus piernas al sentarse al suelo a su lado- pero primero debo de deshacerme de alguien… -cerro sus ojos lentamente mientras caía rendido al mundo de los sueños.

Al despertar era de noche. Karamatsu estaba en sus labores o dormido. Lo más probable es que sea lo segundo.

–Así que es este tu lugar de residencia -comentó caminando entre macetas con flores- se ve mejor tu jardín del paraíso.

–Vaya así que se trataba de ti -respondió aquella mujer regordeta mientras alimentaba a una flor carnívora con ratones-. Gracias por el halago, Ichimatsu-kun -el otro hizo una mueca como respuesta-. ¿Quieres té?

–Quiero que te largues al infierno y no regreses -respondió en tono tranquilo pero con una mirada amenazante.

–¿Por qué no aceptas que no puedes con el trabajo? -Tomó unos pétalos de varias flores para crear su té al hervirlas con agua tibia- El que debió regresar con la cola entre las patas es otro, ya que no pudo con una simple misión.

–¿Crees que tú podrás con él? -Le reto- Un ramo de rosas no es suficiente para que él caiga.

Creo que con mis flores cualquier abeja vendrá por mi miel -se burló riéndose del otro juez-

–Ja… ja… ja… -Ichimatsu comenzó a reír extendió sus alas sorprendiendo a la mujer- Karamatsu nunca vendrá a ti teniéndome…

–Oe… tus alas… -señalo con nervios- ¿Qué hiciste?

–Una abeja solo necesita de una flor… no cenizas -con un chasquido un incendio inicio.

Aquí no estaba Karamatsu para apagar el fuego. Solo era Fuji y él. La mujer tomó su forma real de una flor gigante con espinas y colmillos, quien en esa forma, se hallaba atacando a Ichimatsu. El ángel caído usaba sus trucos con fuerza combinaba para acabar con ella en contra ataques. La pelea se daba mientras el fuego iba consumiéndose despertando con su humo a la vecindad que se alarmaba.

La lucha se daba creando heridas en ambos serés.

Ichimatsu se había hartado e intento mostrar su forma bestial. Nunca la uso porque no la creyó necesaria pero ahora sí. El problema era sí podía volverse aquel gato gigante para acabar con esa planta que necesitaba ser podada.

No se equivocaba…

Ser un ángel caído le quito ese privilegio.

Pero pensar que fue por Karamatsu, por quien lo hizo… le daba fuerzas para seguir.

Con sus manos que ya no eran más garras la capturo de las raíces mirándola con una cara de demonio que aún poseía. No espero más. Partió por la mitad a la flor.

Un grito fuerte se escuchó rompiendo los cristales y avivando el fuego.

Ichimatsu sonreía al mismo tiempo que le arrancaba los pétalos de Fuji.

La flor se rindió desapareciendo para huir al infierno. Tardaría en llegar y en recuperarse. Osomatsu no sabrá nada de esto por un tiempo, estaba seguro.

Las llamas crecían. Las flores se convirtieron en polvo que se mezclaba con la tierra de sus macetas. Algunas cosas caían del techo. El lugar se venía abajo ya que la dueña lo abandonó. Ichimatsu respiró hondo dejándose caer por la fatiga.

–Karamatsu… -se levantó extendiendo sus nuevas alas- más te vale idiota que aprecies lo que hago por ti -con ello se arrancó el ala de un solo golpe. Miró caer su sangre que se evaporaba por el fuego.

Nuevamente miro hacia la oscuridad para caminar hacia ella perdiéndose en ese mundo.

XxX

Tiempo después apareció en la iglesia esperando a Karamatsu pero su forma humana estaba débil. Le dolía todo. Sentía un líquido tibio recorrer desde su hombro hasta su abdomen.

Era rojo.

Era sangre.

Su sangre.

Quedo inconsciente por un tiempo hasta que escuchó al cura.

Le miró unos momentos antes de caer nuevamente desmayado frente a él. Entre los brazos de Karamatsu.

XxX

Todos los recuerdos de su vida demoniaca hasta el momento que se convirtió en un humano le pareció un sueño. Incluso los momentos con Karamatsu, donde lo atormentaba y salvaba. Tenía miedo de despertar y darse cuenta que seguía siendo un demonio que se encontraba durmiendo en el infierno, soñando a aquel sacerdote que nunca existió.

¿Miedo? Eso es nuevo.

Le echaría la culpa de estos sentimientos a su nueva humanidad pero en realidad es culpa de Karamatsu.

Desde que lo conoció, sentimientos desconocidos surgieron en él.

Lentamente abrió los ojos para finalmente enfrentar su realidad.

Parpadeo nuevamente por la luz solar que se filtraba por las ventas. Estiro su mano frente a su rostro para acostumbrarse a la claridad. Una vez hecho eso, miro a su alrededor. Estaba en una habitación que reconocía a la perfección, aquel escritorio con una biblia abierta encima, con papeles y plumas regadas a su alrededor de ella. El ropero viejo abierto, mostrando ropas de sarcedocio. Imágenes de santos, una cruz sobre la cabecera de la cama donde se hallaba recostado. La almohada con una exquisita colonia.

Definitivamente se hallaba en la habitación de Karamatsu.

–¡Karamatsu! -Exclamó tratando de levantarse desesperado a buscarlo- ¡Kara…! -respiró profundo al verlo durmiendo de su lado izquierdo sobre una silla.

Tenía los dedos entrelazados con un rosario dorado con perlas azules entre ellas. Su túnica negra estaba humedecida por la saliva que se le escapaba de la boca abierta.

El muy idiota se quedó dormido orando por el ex demonio.

Eso era… adorable.

Ichimatsu sonrió con un sonrojo.

Karamatsu gimió al despertar. Se levantó de su asiento estirándose y sobando las partes adoloridas por su mala postura al dormir. Dio un largo bostezo.

–Buenos días, Ichimatsu… -dijo en un tono bajo.

–Buenos días, Karamatsu -respondió.

–¡Eh! -El cura se sorprendió al escucharle. Abrió la boca junto a los ojos para estar seguro que realmente estaba despierto o era un sueño recurrente.

–Yo… -Ichimatsu se mordió los labios, apretó la manta que lo cubría, agacho la vista para ver lo que sus manos hacían con la tela. Tenía que pensar las palabras correctas para el momento. Realmente, no era lo suyo.- Estoy… -giró su rostro buscando a los ojos azules- en casa…

–¡Bienvenido! -El padre lo abrazo con una sonrisa combinada con lágrimas de alegría.

Eran cálidas como el abrazo de Karamatsu.

Eran contagiosas.


Nota: Mi idea original era una charla tranquila entre Jyushi e Ichi donde le entregue sus alas a ver que los sentimientos del demonio al sacerdote son puros pero me gusto la idea de meter algo de drama para que no sea fácil. Además al fic le hace falta algo de drama(?)