Nota: he regresado para traerles continuación de año nuevo y navidades, por cierto felicidades atrasadas. Quiero entregar capítulos porque se viene el Karaichi day y quiero hacer una serie de drabbles.
Espero que les guste.
Cap. VIII:
Sueño hecho realidad.
Por una extraña razón estar entre los brazos de Karamatsu le hicieron llorar. Era una escena rara, ambos hombres abrazados derramaban lágrimas y gimoteos. ¿Esto significaba ser humano?
–Duele… -murmuro como respuesta a su pensamientos haciendo que el párroco se parte.
–¡Lo siento! -Ichimatsu no quería que se alejada de él- Olvide tus heridas.
El ex demonio noto que no tenía camisa solo vendas rodando su hombro y abdomen. También notó partes suaves de su cuerpo, como un vientre abultado. Karamatsu tenía uno plano. Lo envidiaba por eso y en su rostro se mostraba el enojo.
–¡Púdrete Cacamatsu! -señalo ante la cara de duda del cura.
–¿Por qué? ¿Qué hice? -El cura no entendía nada sobre ese cambio de actitud repentino pero tan poco entendía lo que ha pasado.
Un demonio apareció y desapareció sin explicación como Ichiko.
¿A caso Ichimatsu es el siguiente?
Un ser con existencia inexplicable que solo vivía en sueños ahora estaba sobre su cama. Ichimatsu era real… ¿o era otro sueño pintado de realidad?
Era tiempo de que sus dudas se resuelvan pero primero debe explorar el terreno, ya que al sentirse en peligro, las bestias escapan.
Ichimatsu por su parte pensaba en su nueva vida como un humano. No podía decir que era permanente porque la vida huma es corta, era fácil de apagar como una vela.
Sentía dolor en su cuerpo como nunca había experimentado.
Puso sus manos delante de su rostro. Eran dedos tan normales, uñas cortas que no se volvían filosas. No había garras para aparecer.
Paso sus dedos entre sus cabellos revueltos. No hubo rastro de sus cuernos. Imitó la acción con su lengua y sus dientes, aún conservaba los colmillos pero no eran filosos como antes, eran capaz de arrancar el cuello de algún animal salvaje… ahora solo podía marcar a Karamatsu.
Ambos estaban tan metidos en sus pensamientos sin percatarse del incomodo silencio entrando al lugar con forme el tiempo les abandonaba en la habitación. Hasta que el rugido de un estomago sonó. Ichimatsu abrió los ojos, rojo de la vergüenza al saber de donde provenía.
–¡Cierto! Haz de tener hambre -Dijo el párroco con el índice hacia arriba- primero come porque tus medicinas son fuertes. ¿Quieres Waffles?
¿Medicina? ¿Waffles? ¿Sonidos raros viniendo de su cuerpo?
Aun eran cosas nuevas para él.
Antes probaba comida humana, le podía gustar pero no depender de ella. Ahora tendrá que hacerlo.
Salud, siempre se ha curado por su propia cuenta sin miedo a la muerte porque era inmortal… ahora era mortal como Karamatsu. Su vida cuelga de un hilo pero quiere mantenerse en ese hilo para estar cerca del sacerdote que le sonreía mientras le hablaba de diferentes alimentos.
–Lo que a ti te guste… está bien para mí -respondió en un murmuro.
–¡Perfect! -Exclamó el párroco acariciando su cabeza con una tierna sonrisa- Te traeré mi favorito.
El ex demonio estaba sonrojado por aquella acción que aparto su mano del cura con desesperación. Por eso se hallaba pasando su propia mano sobre la zona tocada por Karamatsu. Quien, había abandonado la habitación para traer comida.
–El tacto de Karamatsu, se siente tan diferente -se dijo sin dejar de imaginar la mano encima-. Ser un humano es tan diferente. -miro a su alrededor encontrando imágenes religiosas. Sabía dónde estaba era una alcoba de iglesia pero no como llego ahí- Tsk… imágenes del dios de la masturbación.
Mientras esperaba al cura, intento levantarse para inspeccionar el lugar pero sus fuerzas se habían ido y un dolor apareció en él.
¿Karamatsu lo curo?
Era una pregunta que esperaba ser respondida.
¿Osomatsu y los otros ya se habrán enterado de su cambio?
¿Cómo le ida a Jyushimatsu?
Porque cuando un ángel pierde las alas, una estrella deja de brillar dando paso a la oscuridad.
Muchas dudas le rodeaban la cabeza, la cual se sostuvo.
–¡Ichimatsu! ¿Qué tienes? -El sacerdote había regresado con una bandeja, misma que depósito en la silla donde se hallaba antes para luego ir a lado de su invitado.- ¿Dónde te duele?
–Mi cabeza… -Pensó que clavarse las uñas en la misma le arrancarían el dolor pero ese aumento-
–¡No hagas eso! -apartó sus manos. Luego paso las propias a las mejillas del chico- Ten, tus medicinas -le entrego pastillas-. Hubiera preferido que tengas algo en el estómago antes de dártelas pero ya que no lo soportas.
El nuevo humano, solo tomó las pastillas con un vaso de agua fresca para pasarlas por su garganta.
–Gracias… -Karamatsu negó con la cabeza ya que no tenía por qué dárselas- ¿Tu hiciste esto? -señalo sus vendajes.
–No -respondió-. Fui a cobrarme un favor.
–¿Eh? -El otro no entendía a qué se refería.
–Veras, cuando eres un representante de Dios en la tierra… tienes… ah… ciertos privilegios… -se rasco a un lado de la nariz mientras desviaba la mirada-
XxX
Karamatsu recordó que tras haberse encontrado a Ichimatsu en medio de la iglesia con sangre en su cuerpo y desmayado entre sus brazos. Por lo que tuvo que cargarlo hasta su habitación, para retener las heridas. No quería llevarlo a un hospital ya que temía que sea el culpable del incendio.
– "Ichimatsu… Ichimatsu -tomó sus manos mirándolo con tristeza- regresaré con ayuda. Por favor, aguanta -puso su frente contra la de él sin soltarle la mano-. No me dejes ahora…" -le dio un tierno beso en su frente para luego salir corriendo de la iglesia.
Los minutos se volvieron horas cuando el cura por fin llegó a la entrada de una mansión blanca que ocupaba gran parte de la cuadra. Las rejas eran color negro con las iniciales I.S. Un guardia lo reconoció tras apuntarle la cabeza por invadir propiedad privada.
– "¡Han! -gritó un hombre con camisa azul, los tres primeros botones del cuello desabotonados mostrando la cadena dorada y parte de su pecho. Llevaba unos pantalones negros ajustados- ¿Qué sucede?"
– "Karaku, el sacerdote Karamatsu está aquí para hablar con Don Ichino. Le dije que no estaba entonces insistió en hablar con Hiramaru -respondió el guardia. Un hombre de vista cansada, caminaba encorvado con las manos dentro de los bolsillos. Su gorra gris como el resto de su uniforme cubría sus cabellos revueltos."
– "Padre, nuestro Don no está. Hiramaru ahora está ocupado en el papeleo -se acercó al hombre que se miraba desesperado".
– "¡Lo siento pero necesito ayuda del Don!" -exclamó casi en reclamo.
Los presentes estaban sorprendidos por esa actitud. Nunca habían escuchado o presenciado aquella forma alterada del padre.
– "¿Qué sucede? -Un hombre que se veía agotado con ojeras por su arduo trabajo, entró al recibidor en el que se hallaba el resto. Aquel hombre de traje negro con pómulos remarcados por lo delgado que estaba, era Hiramaru.- ¿Por qué esta el sacerdote del pueblo aquí? ¿Se encuentra bien padre? -Se acercó al cura tomándole de las manos- ¡Han, ve por té para el padre! ¡Karaku, por qué no me informaste de esto?"
– "Por favor, no los regañe -intervino Karamatsu-. Estoy bien… bueno confundido y preocupado pero… necesito la ayuda de su esposo para un amigo. –Hiramasu solo levantó una de sus pobladas cejas-."
– "Bueno, mi marido viajo a Italia por unos asuntos. ¿Puedo ayudarle en vez de él? -el sacerdote solo afirmo con la cabeza- ¿En qué necesita la ayuda?"
– "Tengo a un amigo herido en mi cama, no puedo llevarlo al hospital porque puede estar en problemas. Mi deber es ayudarlo. -Hiramaru afirmo con la cabeza mientras el cura explicaba con una taza de té que temblaba entre sus manos."
– "Ya veo -El compañero del Don miró al hombre de azul que estaba cruzado de brazos pegado a la pared-. Han, localiza al doctor Ichitsu y llévalo a la iglesia –se levantó de su asiento- Karaku, regresemos a la iglesia con nuestro párroco que de seguro –miró a Karamatsu con una sonrisa tierna- quiere estar ha lado de su amigo."
Ambos hombres obedecieron.
Al poco rato tres de ellos estaban en la habitación donde reposaba Ichimatsu, luego vinieron los otros dos faltantes.
Karaku se quedó fuera del pasillo del astro para estar pendiente de las mejoras del paciente y de su amo. A pesar de ser el sottocapo del Don, tenía que ser el niñero de su esposo. Bueno, era una tarea importante para la elite. Han, por su parte, estaba ayudando al médico con las curaciones a Ichimatsu.
Hiramaru entro a la sacristía, mirando al cura rezando de rodillas frente a su dios crucificado.
– "¿Cómo podré pagarle esto? -Preguntó Karamatsu al darse cuenta de la presencia a su lado.
– "No es nada, padre. Al contrario. -Poso su mano sobre el párroco-. Nosotros le debemos mucho a usted -miró a Hiramaru confuso-. Usted, nos casó y apoyo nuestra relación a pesar que la iglesia lo prohibía. Usted no excomulgo a mi marido y eso, el Don nunca lo olvida. Siempre estaremos agradecidos con usted."
– "No hice nada -negó con la cabeza-. Solo apoye al amor. La biblia lo dice, ama a tu prójimo pero no menciona reglas para eso. Además ustedes me han ayudado dándoles techo a las personas con situación lamentable."
– "Le repito, nosotros siempre vamos a estar adeudados con usted. -Aquel hombre de cuerpo delgado sonrió para el cura-."
– "Hiramaru-sama, -llamó Karaku caminando hacia ellos- el doctor ha terminado pero quiere ver al sacerdote."
Karamatsu se preocupó por aquellas palabras abandonando a ambos hombres sin decir palabra alguna. Corrió por el pasillo que le pareció demasiado largo deteniéndose en la puerta de su habitación donde Ichimatsu descansaba. Trago saliva antes de girar el picaporte de la puerta y entrar.
– "Padre Karamatsu, lo he mandando a llamar para darle indicaciones sobre el cuidado del paciente -dijo aquel hombre mayor que limpiaba sus lentes con su bata blanca manchada de café en una de sus esquinas. Su corbata poseía una calavera pequeña de adorno-. Debe esperar a que despierte de lo contrario tendrá que ser internado. Debe lavar las heridas con agua oxigenada, además de cambiarle las vendas cada cinco horas para que no se infecten. -El sacerdote afirma ante cada una de las indicaciones del doctor, sobre todo en aquellas sobre la curación de sus heridas."
Luego acompaño a todos los presentes hasta la entrada de la iglesia, les agradeció por la ayuda antes que suban a sus respetivos autos; posteriormente se despidieron.
Karamatsu regreso corriendo para dormir sobre la silla a esperar que Ichimatsu se despierte.
Horas más tarde él había despertado y ahora escuchaba la historia del sacerdote sobre cómo lo curaron.
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– "Curioso es que los mafiosos italianos aman y veneran a un Dios que los condeno al infierno por sus crímenes" -Pensó Ichimatsu tras escuchar la historia-. Ahora tengo hambre…
–Esto es bueno para que recuperes las fuerzas y sanes más rápido -Karamatsu a cercó la bandeja donde tenía fruta cortada para su inquilino. Luego se regresó a la silla en la que estaba.
El ex juez del infierno, tomó los trozos para llevarlo a la boca. Devorándolos en silencio frente a la mirada inocente del cura.
–Tengo muchas dudas que quisiera que me aclares -comentó el padre levantándose de su asiento para sentarse a un lado de la cama. El ahora humano solo desvió la mirada para otro lado sin dejar de comer- Ichiko me contó que la contactaste, ella desaparece y tú regresas. No tengo recuerdos sobre ti, solo sueños que estoy seguro que no son reales.
Ichimatsu se acomodó debajo de la manta poniendo en Karamatsu la bandeja para luego fingir que dormía.
–No quiero que me respondas ahora, no te voy a presionar con ello porque primero debes recuperarte. Quiero que lo hagas a su tiempo, con la verdad. Hazlo en forma de confesión… -le regalo una mirada de ternura al mismo tiempo que acariciaba sus cabellos rebeldes que se asomaban por los bordes de la manta- Incluso sí es algo temible… -se acercó a su oído- podré con ello. Te dejo descansar.
Karamatsu se retiró de la habitación. El ex demonio al escuchar la puerta cerrar, salió de su escondite.
–Sí supieras… -miró el cuadro de dios frente a él- puede que me temas al saber mi naturaleza… o me ames por abandonarla. -Unas cálidas lágrimas rodaban por sus mejillas-. Me duele pensar en las consecuencias de que descubras mi secreto -se agarró el pecho-. ¿Qué es esto? –Tocó aquellas gotas que salían- ¿Esto es ser un humano? Es tan cálido y doliente.
Ichimatsu soltó un largo suspiro. Conociendo a Karamatsu por sus observaciones diarias, sabría que él estaría en misa; además que sumando los últimos acontecimientos, estaría con los afectados para consolarlos.
Afectados como él.
Ante los ojos azules del sacerdote, él era otra víctima…
un alma en desgracia.
Un alma condenada al infierno quiera o no.
Karamatsu no podrá salvarlo de ahí por eso quería arrastrar al sacerdote con él. Pasar una vida de mortal a su lado y podrirse en el infierno cuando la hora llegue.
Se tocó el cuello en solo recordar las últimas palabras de Karamatsu. Él quería la verdad pero Ichimatsu es un juez del infierno experto en mentir. Tenía unas cuantas horas para planearse una excusa antes que él regrese a interrogar.
Se levantó de la cama, algo mareado por el movimiento que acaba de hacer. Solo llevaba un pantalón puesto, el pecho al aire cubierto de vendajes. Busco algún espejo que le sirviera, lo encontró en el baño. Se vio frente a él. Era lo mismo pero sin cuernos o colmillos filosos. No importaba cuantas veces rebuscaba entre sus cabellos o debajo de sus vendajes. Ahora era un humano.
Una vida corta le esperaba…
Pero era una vida con la persona que amaba.
Pensar en su futura vida junto a él, aceleraba su corazón provocando que la sangre llegada a sus pálidas mejillas. Incluso le costaba respirar debido a que solo expulsaba suspiros con sonrisas.
Una sonrisa tan extraña para los habitantes del infierno.
Un "toc toc" anunció que alguien llamaba desde la puerta de la habitación. Se quedó en silencio esperando otro llamado. Su nombre fue el siguiente sonido. La voz reconocible de Karamatsu lo atrajo para abrir la puerta.
El cura paso a la habitación con otra bandeja de frutas para el ex juez del infierno. Unas cajas blancas se asomaban en una bolsa de plástico que el párroco sostenía. Dejó los alimentos sobre la mesa cercana; saco las cajas para ponerlas sobre la cama.
Se sentó en silencio con una mirada severa, bueno Ichimatsu no sabía exactamente sí lo era, ya que las exuberantes cejas del párroco siempre le hacían ver que estaba molesto o pensativo.
Por reflejo paso su mano sobre su frente dándose cuenta que él estaba escaso de ellas.
–Cof Ichimatsu, -Karamatsu fingió toser para tomar palabra mientras miraba al ser frente a él- ¿me tienes respuesta alguna? -El demonio que se veía más joven en su nueva apariencia humana negó con la cabeza con nervios que le invadieron de repente. Karamatsu respiró hondo para luego liberar ese aire en un largo y pesado suspiro. Se froto el entrecejo- Ave María purísima…
El demonio sabía lo que el sacerdote quería hacer por aquella frase. Había escuchado a más de una persona confesarse con él.
–Sin pecado concebido -completo la frase a regaña dientes.
–Dime hijo, ¿qué te atormenta? -Karamatsu prosiguió.
–Confieso que no soy un buen hombre, sí no que un demonio -Decidió contar la verdad a medias. Era cuestión de quien lo escuchará creerle-. Sí, hable a mi hermana Ichiko para advertirle que iré a visitarle con unos amigos, ella huyó al enterarse de quienes eran. Quiso decirte pero prefirió despedirse -se sentó a su lado con una mirada vacía a la que el ojiazul solo respondió con una seca-. ¿Cometí el incendio? –se encogió de brazos- Sabes muy bien esa respuesta. ¿Arrepentido? Nah…
El sacerdote guardo silencio.
–¿Estoy absuelto de pecado? Porque creo que aún tengo pase VIP para el infierno -bromeo con su situación con una sonrisa perversa. Se podía notar una mirada sombría reflejándose.
–No puedo juzgarte… -Karamatsu poso sus manos sobre sus propias rodillas- eso es trabajo de nuestro Dios -sonrió mirando al chico a su lado- solo puedo rezar por tu alma –le revolvió más su cabello con su mano de forma juguetona- Al menos ya se más de ti.
–Tsk… -Ichimatsu solo se sonrojo sin apartar aquella acaricia- ¿Qué hay en las cajas? –cambió el tema de manera brusca.
–Ropa para ti -le entregó una caja-. Imagine que te estabas ocultando, así que busque alguna que te ayude.
El ojipurpura arqueo la ceja mientras levantaba la tapa de la primera caja. Era una mascará de hockey, una camisa de manga corta y rasgada de color beige, pantalón negro, un mandil café oscuro, y unas botas negras de hule.
–Necesitamos un jardinero para reconstruir el jardín que se perdió por el temblor -comentó colocando su mano sobre el hombro ajeno-. Aquí tienes -extendió la caja restante hacía él.
Ichimatsu la abrió encontrando tela negra por completo. Extrañado la saco para analizar. Era un vestido negro. Pensó que era un habito como el de Karamatsu… estaba en un error.
Era como el de Choroko, uno de "monjigata" como le llamaba a la hermana.
Una cofia o velo para cubrir su cara de dos colores para elegir blanco o negro. La túnica negra con bordados en purpura, era de manga larga con partes en blancas, como el cuadro alrededor del cuello y del puño. Una faja de lana purpura con negro. También venía con un juego de botines negros de piel y tacón.
También notó que dentro de esa misma caja, había otra más pequeña, la cual, sostuvo entre sus manos para ver que eran accesorios: un rosario de cuecas, una cruz metálica con una rosa azul en el centro, un escapulario del arcángel san Miguel, esto lo sintió como ofensa ya que tenía a un demonio siendo pisado por el arcángel más temido.
–También necesitamos una monja que reemplace a la hermana choro… -El sacerdote no terminó su frase cuando la última caja con los habitos de monja fueron lanzados a su rostro- ¡Ichimatsu, por favor! -Ahora uno de los botines le dio directo a la nariz por lo que el cura comenzó a sangrar.
–¡Infeliz! -le agarro de la sotana- ¿Qué crees que haces dándome ropa de mujer? -le reclamaba sacudiéndolo.
–No podemos tener otro sacerdote que no sea enviado por la iglesia -respondió entre sacudidas que lo mareaban por la pérdida de sangre-. Además… -trataba de detener los jaloneos- debes saber que las monjas usan en ocasiones, un velo blanco o "velo de la libertad condicional" durante el noviciado y un velo oscuro que es el "velo de la profesión", cuando se toman los votos solemnes. Así no te reconocerán.
Ichimatsu solo lo miro con odio haciendo que Karamatsu solo se erice de pies a cabeza.
–No me veas así, solo te estoy protegiendo… -agacho su cabeza acariciando su cuello- por eso quiero que elijas algún disfraz para que estés a mi lado…
Al escuchar esas palabras el ex juez dejo de golpear al sacerdote, ya que por ello decidió volverse humano.
–Tsk… idiota -agarró la caja con el traje de jardinero- necesitaré otra ropa también. –tapo su rostro sonrojado con ella mientras desviaba la mirada para la pared.
–¡Por supuesto! -Respondió emocionado al hacer aceptado- ¿Siempre has sido así conmigo?
–¿Eh? -nuevamente regreso sus ojos purpuras sobre el cura-
–No recuerdo mucho de nosotros juntos, solo he tenido sueños… -ahora el sonrojo se trasladó al otro, haciendo que se muestre algo tímido. Ichimatsu sonrió mostrando los colmillos sabiendo a que se refería, solo era cuestión de molestar al párroco para confesar.
–¿Qué clase de sueños? -se inclinó hacia él posando su mano derecha sobre la rodilla del padre, dando un suave pero tentador apretón a esta.
Karamatsu comenzó a tartamudear palabras incoherentes e inexistentes. Un nerviosismo ataco su cuerpo con tics en el parpado que estaba a punto de explotar conforme el cuerpo de Ichimatsu se aproximaba.
–¿Por qué estas nervioso? -le preguntó tomando su mentón para que el párroco lo miré pero aunque su rostro estaba frente al de él, los ojos azules rehuían de los ajenos- No muerdo… -paso su índice sobre sus varoniles labios temblorosos por el tacto- al menos que me lo pidas –El más joven inclino su cabeza para arrebatar un beso pero fue empujado por las manos del sacerdote, quien se levantó apresurado con sudor en su frente.
–Te… tengo que… -corrió hacia la puerta tropezando con sus propios pies haciendo que su frente choque con la madera de esta- ir a preparar la misa -dijo en un intento de sonar seguro a pesar de la sangre se le caí de la frente- Nos… nos vemos.
Ante esas últimas palabras de Karamatsu, el único de la habitación comenzó a reír. Realmente, el sacerdote era un idiota divertido y lindo. Sí, lo admitía pero no frente a él, ni en confesión.
Dio un bostezo de lo aburrido que se estaba poniendo en la habitación. Vio nuevamente las cajas para examinar la ropa con la que saldría ese mismo día. No planeaba quedarse ahí. Tenía que empezar actuar antes que la otra juez le diga a Osomatsu lo que ha hecho. Claro, es muy difícil que el mismo rey del infierno salga por su cuenta; ya que necesita permiso de sus otros hermanos para ello. No quieren una nueva catástrofe provocada por el mayor de los trillizos.
xXx
Karamatsu había escapado de Ichimatsu refugiándose en la sacristía. Esa era la verdad. El huyó de su viejo amigo del cual su mente no recuerda pero su cuerpo parecía reaccionar ante él. Se colocó de rodillas ante la imagen de una virgen de tamaño natural, color blanca con azul, corona dorada y cabello negro, ella le extendía una de sus manos; misma que sostuvo con la suya.
–¡Oh, madre mía! -Exclamo con ruego posando su frente contra la mano de cerámica- Ese demonio… me ha dejado con una marca en mi mente… -un ligero sollozo se escaba de sus labios- ¿Podré contra ello?
Cerró los ojos para seguir llorando cuando unos pasos se detuvieron detrás de él. El sacerdote liberó un suspiro antes de mirar a la persona.
–¿Puedo ayudarle? -preguntó.
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–Oe… mierdamatsu… Levántate -Ichimatsu lo llamaba tocando su hombro. Llevaba un tiempo atrás buscándole hasta que dio con él en la sacristía. Lo halló acostado en el piso con los ojos cerrados, aparentemente dormido… o eso quería creer- ¡Karamatsu! -Lo agarró del cuello sacudiéndole- ¡Despierta idiota! ¡Por favor! –lagrimas recorrían sus ojos- ¡No! ¡No ahora!
En su mente apareció el rey supremo de los demonios matando al sacerdote o algo peor. El primer y más temido juez del infierno.
–¡No mueras! -Abrazó el cuerpo ajeno pegándolo a su pecho- ¡No quiero perderte ahora! –Dio un grito fuerte con sollozos- ¡Te maldigo Osomatsu!
–¿Ichimatsu? -Un par de ojos azules comenzaban abrirse entre sus brazos- ¿Por qué estas llorando? -Extendió su mano hacia su mejilla para limpiar el rastro de lágrimas-
–¡¿Estas vivo?! ¡¿Estas bien?! -fue su respuesta tomando la mano aun posada sobre su mejilla. Solo lloró más fuerte alarmando a Karamatsu.
–¡Sí, lo estoy! -lo tomó entre sus brazos, ocultando el rostro del más joven en su pecho. Pego su cabeza contra el cabello revuelto- Solo me quede dormido, por la fatiga y mis heridas ocasionadas por el temblor. Je… igual debería tomar mis medicamentos y reposar pero con todos los pendientes no puedo.
–¡Idiota! -Le dio un cabezazo a su mentón para rematar con un golpe a su estómago. Lo tomó del cuello- ¡Pensé… pensé que… -nuevamente el llanto le gano-
–Lo siento… -Karamatsu solo agachó su cabeza por el dolor-
–Te amo… -murmuró antes de jalarlo hacia sus labios para unirlo a él en un tierno beso rodeado de lágrimas- No me dejes aún.
El sacerdote no supo cómo reaccionar ante aquel beso y más cuando las manos del otro trataban de desprenderle de su hábito frente a la virgen. Sintió que se atragantaba cuando la lengua de Ichimatsu hurgaba hasta lo profundo de su garganta.
Eso provoco que lo aparte con un empujón de sus propias manos, dejando saliva combinada de ambos caer al piso y un Karamatsu tosiendo para recuperar el aire. Dobló su espalda hacia delante para luego enderezarse para nuevamente toser recuperando el aliento junto con su compostura.
–Esto… es… -El cura no sabía que decir o actuar. Una parte de él tuvo miedo por su celibato y otra parte de él estaba dispuesto a avanzar hasta el infierno por el joven de ojos cansados.
–Me gustas desde que te conocí -fue directo al grano. Sin rodeos. Quería lo que fue a buscar, quería adueñarse de su sacerdote. No lo iba a compartir a ningún dios, y menos a uno pajero como era Choromatsu-. Me aleje por tu decisión de ser la mujer de un ser estúpido en vez de la mía. De ahí tomé una peligrosa vida odiando a tu querido esposo -verdad a medias nuevamente-. Ahora estoy aquí para arrancarte de sus brazos.
–Ichimatsu… eso… -se mordió el labio con nervios por aquellas palabras.
–Te necesito ahora -sus manos fueron tomadas por las de Ichimatsu.
–Te… te pusiste el traje de jardinero… -Trataba de cambiar el tema pero le era imposible.
–… -suspiró negando con la cabeza para después colocarse la máscara que se había quitado- Sí, jardinero…
Ichimatsu comprendió en ese momento que le sería muy difícil hacer que Karamatsu cambie de parecer. Tratar que él se masturbe era una prueba de ello.
–No recuerdo de nuestra relación… no recuerdo aquellas palabras de rechazo que te di -el párroco tomaba la palabra.- He tenido sueños de nosotros… de ahí nada más. -nuevamente el silencio reino sobre ellos provocando que el sacerdote desvié su mirada hacia el altar para evitar esos ojos fijos sobre él.
–Dicen que los sueños son recuerdos de una vida pasada -"En mi caso como demonio" pensó Ichimatsu sentándose en una banca de madera a espaldas del sacerdote- y otras personas mencionan que son deseos ocultos de nuestras almas. -"Como el sexo que teníamos en ese mundo" explicaba sin verle.
–Estoy seguro que no son recuerdos o mis deseos -se sentó para estar a su altura. Al topar las telas con la banca de madera reposo sus manos sobre sus rodillas-. Creo que son deseos del demonio –lo miró por el rabillo del ojo.
El ex demonio solo abrió los ojos sorprendido por aquella frase. Sin embargo, no se sobresaltó para seguir el juego que él impuso.
–¿Por qué dices que son deseos del demonio? -ladeo su cabeza fingiendo confusión
–Porque es algo que avergonzaría a mi amado padre -respondió en un tono triste-. Aunque he de confesar, que esos sueños me gustaron. –el sonrojo de la vergüenza por admitir sus deseos pecaminosos aparecieron en su rostro así como una sonrisa perversa en el rostro de Ichimatsu.
–¿Qué sueño has tenido? -preguntó nuevamente
–No… no puedo decirlo… -sus manos temblaban sobre sus rodillas.
–Entiendo… -fingió resignarse- ¿No somos los humanos capaces de crear recuerdos nuevos? -Karamatsu giró su rostro por completo hacia él-. Tal vez me olvidaste pero ahora estoy aquí para que me recuerdes o formemos juntos nuevos recuerdos -acercó una de sus manos a las del sacerdote.
–Mis sentimientos por ti nunca se borraron -sujeto la mano con firmeza-. Tal vez me olvidaste porque era lo mejor… para ti.
–¡¿Por qué dices eso?! -Se liberó del agarre exaltado mientras se golpeaba en el pecho para verse frente a frente.
–Porque el celibato se prohíben las relaciones, sobretodo del mismo sexo -miró a la imagen religiosa delante de ellos- ¿Quién puede competir con él? –Ichimatsu sabía que Choromatsu era reemplazable para los seres humanos, por algo existían infinidad de dioses. Incluso en el infierno fue cambiado por Osomatsu. Pero debía fingir tristeza y celos para Karamatsu. Quien, solo se quedó callado por la osadía de aquellas palabras.- ¿Realmente volverás a rechazarme?
–Ichimatsu… yo… estoy confundido con lo que ha estado pasando a mí alrededor. Fui a atormentado por un demonio -le miró seriamente-. Sucesos extraños pasan frente a mis ojos esperando ser vistos. ¿Crees que podré seguir fingiendo que no los veo o que tengo una venda en mis ojos?
–Creo -se levantó perezoso haciendo que la madera cruja al liberarla del peso- que esa no fue respuesta a mi pregunta. Los sucesos seguirán dándose aunque no los veas -poso sus manos sobre las mejillas del mayor- pero ahora estoy aquí frente a ti –pego su frente contra la ajena- y soy lo único que debes ver -el mayor tomó las manos sobre las suyas para bajarlas a sus costados entrelazando los dedos-.
–Ichimatsu… -susurro su nombre antes de unirse en un tierno beso lleno de amor. Limpio de lujuria. Solo un puro amor compartido que con lágrimas borraba dudas del acto.
–¿Fingirás estar ciego ante este suceso que llamas extraño? ¿Negarás nuevamente tus sentimientos? -preguntó en un tono triste pero atrayente.
–No… -negó con la cabeza llevando sus manos sobre los hombros del más joven.- Tal vez es cobardía lo que me impide quitarme la venda, es miedo de lo que vendrá después de quitármela.
–Hay que arriesgarnos para lo que va a venir y enfrentarnos a ello… -tomó su mentón para verle directo a los ojos azules-. juntos.
–Te amo -Por fin había respondido a la pregunta de Ichimatsu no solo con palabras, sí no que también con acciones. Ambas llevadas a cabo por sus labios.
Mientras ellos sellaban su amor profano. Desde las sombras un par de siluetas observaba todo llevando registro de aquellos actos pecaminosos.
–¡Je! Ese demonio ha envuelto al sacerdote con sus encantos -una suave risilla fue liberada sin ser notada por ellos.
–Sabe usar el don con el que nació: persuasión. No por nada se volvió el tercer juez del infierno. -respondió una tranquila voz.
–Me pregunto qué hará Choromatsu cuando se enteré de esto -seguía viendo aquellas siluetas abrazadas entregándose a besos castos-. El maestro no quiere que intervengamos por el momento –suspiró con desdén-. Por eso te encargaras de observar los movimientos del demonio.
–Entendido -contesto en un tono seco.
XxX
En el instante en el que sus ojos se hallaron
La patética joven se enamoró.
Sentimientos prohibidos crecían a su interior.
Y todo traicionó.
