Del cielo al infierno hay una distancia que quema a los atrevidos en cruzar la frontera de ambos mundos. Solo los shinigamis con humanos recién fallecidos tomados de la mano para cruzar el rio Estigia pueden cruzarlos sin problema, ya que las almas necesitan ser trasladadas. En cuanto a los demonios, solo los de alto rango o seres poderosos pueden cruzar sin dificultad como los jueces y su señor.

El cielo, nunca ha tenido la necesidad de ir al infierno por voluntad propia, solo Choromatsu para hablar con su hermano mayor. Es rara la ocasión que lo haga, sobretodo porque Osomatsu siempre lo visita para molestarle.

Sobre el mundo humano, la tierra.

Para mantener a los demonios lejos de ella, el arcángel Gabriel, tras haber ganado la guerra dirigida por el juez Tougou, los expulso al núcleo del mismo mundo. Para que les lleve días en subir de nuevo ante los humanos, sin embargo, cuando son los humanos quienes los llaman les toma solo segundos en hacerlo y de esa forma se quedan en el mundo.

Sobre la guerra, muchos creen que los líderes fueron Osomatsu y Choromatsu. No se recuerda quien dirigía a que grupo.

Otros dicen que solo era Tougou quien hizo su revolución en el infierno pensando que derrotando al cielo podría dominar ambos mundos. Pero se encontró con las fuerzas de Gabriel que lo detuvieron.

Solos los antiguos seres celestiales o infernales sabían que los líderes de la guerra eran Akumatsu por parte del averno y Kamimatsu por parte del cielo.

Hace tiempo el infierno y el cielo tenían otros reyes, hijos del shinigami Shounozuke. Era la época donde los dioses y los humanos convivían en la tierra, algunos le llaman la etapa de los olimpos. Sí, esos dioses griegos que para los romanos eran los mismos con otros nombres.

En esa época todas las culturas hablaban de dioses conviviendo con humanos pero son más conocidos los griegos, por lo que se decidió llamarlos así.

Ambos hermanos eran los dioses supremos junto a su padre. Pero como en cada familia siempre existe el gusanito de la envidia picando cual fruto para podrirlo desde adentro.

Akumatsu siempre veía con recelo a Kamimatsu.

Siempre era adorado como el dios favorito, todos los humanos le hacían reverencia a él y a su padre. El dios que los salvara y el dios que los llevará ante él. Akumatsu solo era temido desde niño puesto que cuando morían siendo malos en vida, él alimentaba a sus mascotas y seguidores del tártaro con sus almas.

En ese entonces, ocurrió el nacimiento del primer juez del infierno: Tougou. Era un demonio joven, apuesto y varonil. Era la tentación encarnada. Era el "Eros" del infierno. Padre verdadero de los súcubos. La serpiente de Adán y Eva, o mejor dicho de Kami y Aku.

La historia de ellos es descrita en la biblia como Caín y Abel.

Todo el mundo conoce la historia de los primeros hijos de Adán y Eva. Ambos estaban haciendo ofrendas al mismo Dios pero el demonio celoso contagió a uno de ellos. La envidia creo la primera muerte de la historia, el destierro y la marca de la desgracia cayó al hermano sobreviviente.

Lo que muchos no saben fue lo que sucedió en realidad entre ese par de hermanos.

Hace tiempo esos hermanos eran amigos, pero el tiempo avanzo caminando entre ellos para separarlos. Kami se volvió más responsable con sus deberes y los mortales, por su parte Aku era lo contrario. Se acostumbró a que la gente le tema, se excusó diciendo que es lo normal en la vida de un dios. Eso quería creer hasta ver como trataban a Kami.

Tougou vio esto como una oportunidad de dominar ambos reinos, así que fue ante su señor para aconsejarle en un tono sensual el inicio de una guerra contra su hermano. Aku no lo pensó ni dos veces, abrió la caja que Tougou le ofrecía para liberar a su ejército en la tierra rumbo al reino de su hermano.

En el cruce asesinaban con plagas a los mortales que ignoraban lo que motiva al gran rey del inframundo.

Shounozuke no entendía que pasaba con su hijo no podía retenerlo debido al trabajo que tenía recogiendo las almas. Solo dio aviso a Kamimatsu a través de una paloma.

Pronto llegaba el arcángel San Miguel conduciendo a otros de su rango y otros ángeles de menores para luchar contra las fuerzas del mal.

La pelea inicio a las puertas del reino de Kamimatsu. San Miguel cruzaba sus espadas contra las de Tougou. Akumatsu aprovechó para entrar a los aposentos de su hermano que lo esperaba frente a una fuente con su túnica blanca.

Aku observo como los ojos dorados de su hermano mayor miraban lo que ocurría a través de la fuente.

–¿Por qué haces esto, hermano mío? -Preguntó Kami derramando lágrimas observando en el agua lo que pasaba fuera de su palacio- ¿A caso no ves lo que provocas?

–No soy el que debe responder eso… -los ojos rojos del menor se encendieron levantando su espada ante su hermano haciendo que el sol se refleje en su filo y en la armadura negra que tenía puesto.- más bien, soy el que siempre se hacia esas preguntas.

–No entiendo… -La cara de duda de Kami era reflejada en el filo de la espada. No tenía armadura o arma alguna para defenderse. El prefirió enfrentar a su hermano en un dialogo para solucionar todo. A pesar que San Miguel le aconsejo que no lo haga-

–Siempre has hecho que la gente te quiera y que a mí me odie o me tema -movía la espada abanicándola frente el rostro del mayor, quien por reflejo solo cerraba sus ojos-. Y esto es lo que provocas.

–No, mi querido hermano, no es cierto. -negó tranquilo. No quería verse alterado o de lo contrario eso hará que Aku actué.- Son tus actos que llevan a ello. Como ahora. ¿Cuántas personas parecieron por querer vengarte de mí?

–¡Eso no me importa! -Corrió con la espada sobre su cabeza para cortar a su hermano mayor- ¡Crearé nuevas especies que me obedezcan y me veneren!

Kami solo cerró los ojos extendiendo sus brazos con una suave sonrisa.

–Te amo y te perdono, mi querido Aku. -fueron sus últimas palabras antes de ser cortado por la mitad.

Sangre salpico los cielos y con ello la señal para los aliados de Kami, de su líder fallecido. Tougou aprovecho esa distracción para derribar al arcángel ante sus pies, sonrió victorioso empuñando su espalda contra la garganta de su contricante.

–Hemos ganado -dijo Tougou en un tono altanero y ególatra.

–Aún… no… -Le respondió Miguel gruñendo entre dientes sosteniendo la espada entre sus manos sin importar que le sangren los dedos.

–¿Aún te queda esperanzas? -preguntó para luego reírse. Llevando una mano sobre su frente mientras con la otra aún sostenía la espada.

–Las hay… -antes que la espada lo atraviese un rayo de luz cayó sobre el demonio haciendo que se aventado lejos.

–¿Qué? -el joven juez no entendía que lo ataco.

Solo miró un cielo negro del cual el dios de la muerte bajaba con un ejército de shinigamis. Ellos decidieron unirse a la guerra para detener a las fuerzas del infierno, en palabras de los mismos shinigamis, estaban hartos de recoger sus basuras.

Shounozuke fue directo a los aposentos donde se encontraba el cuerpo de su hijo mayor en un charco de sangre mientras que el menor aún sostenía la espada de la cual goteaba sangre, la misma que tenía en su mirada vacía, misma que le pertenecía a Kamimatsu.

El shinigami de cuerpo pequeño corrió hacia su inerte hijo. Su espíritu aún se encontraba vagando esperando que todo se termine por el bien de la humanidad.

–¿Por qué hiciste esto? -Tomó del brazo a Akumatsu- ¡Acabas de condenar a todos! El mundo necesita un equilibrio entre los mundos ¡y tú lo has roto! -le gritaba para hacerle reaccionar-. Serás castigado.

–No pueden castigarme… -murmuró viendo con desdén a su padre- ¡Ahora soy el Dios supremo!

–Ahora eres nada -le señalo con su hoz-. Tienes un oscuro corazón que nunca ha visto la luz. Tú castigo es volverte la oscuridad que cubre la tierra, ese era tu cometido y ese será tu castigo.

Ante aquellas palabras Akumatsu se lanzó hacia su padre con la misma espada que arrebato la vida a su hermano. Sin embargo, Shounozuke, solo agito su hoz para luego llorar por la imagen borrosa de su hijo.

En ese momento Akumatsu se volvía polvo que el viento llevaba al cielo para ser la noche. El espíritu de Kamimatsu que aún observaba todo brillo lo suficiente para formar estrellas y la luna, de esa forma nunca abandonar a su perdido pequeño hermano.

Shinozuke se dejó caer de rodillas, sobre la sangre de Kami. Soltó su hoz dejando que cayera alado de la espada de su hijo. Se puso a llorar en silencio por la pérdida de ambos.

Mientras el arcángel junto a los otros shinigamis regresaban a los demonios a su lugar.

Ahora Miguel era el que extendía su espada con una sonrisa victoriosa ante un Tougou con las alas rotas como sus ropas y cuernos. El gruñía mientras era escoltado por dos shinigamis ya que se resistía regresar.

El castigo para el infierno era simple: estar en el centro de la tierra para que se les dificulte regresar.

Ahora el mundo estaba en caos, no había equilibrio por ningún lado. Se rumoraba que Tougou buscaba venganza, el cielo no tenía un líder y la tierra comenzaba a perder a la humanidad que lo habitaba.

No sabían que hacer.

Shounozuke no tenía idea alguna de cómo solucionar todo.

Hasta que se encontró con una diosa sacerdotisa que se veía tranquila ante la situación actual. Curioso se le acerco.

–¿Por qué te ves tan tranquila Osoko-san? -le preguntó a la mujer de cabellos castaños hasta los hombros que miraba un rio en el que bailaban los peces brincando ante ella.

La nombrada solo ladeo su rostro por encima de su propio hombro cubierto por un haori blanco, símbolo de su pureza, se posiciono levantándose y sacudiendo su pantalón hakama rojo. Tomó una pequeña rama de un árbol sin flores para colocar de lado en su cabello. La misma rama se transformó en una especie de peineta de la cual liberó flores de colores para adornar la cabellera.

–Me preguntaba hasta cuando ibas a venir, Shounozuke-sama -hizo una leve reverencia para luego mirarle con una sonrisa pícara, misma que oculto con un abanico de papel-. Hubieras venido antes y la desgracia se hubiera evitado.

–Olvide que eras una miko -respondió viendo a la mujer-.

–No cualquier miko, soy un oráculo. No todas las miko lo son. -Dijo en un tono de molestia.- ¿Quieres saber el motivo de mi tranquilidad? –Él solo afirmo con su gran cabeza en silencio.

Ella solo se giró para adentrarse al rio para luego con una seña de su abanico para que Shounozuke le observe.

Con el mismo abanico rozó el agua a su alrededor para sacudirla frente a ella, extendiendo su brazo derecho en un suave movimiento que transformo su vestimenta a un kimono blanco con flores lycoiris. Dio un giro cubriendo su rostro con la manga de su kimono para luego aventar su abanico al aire. Ella se inclinó en el agua para expulsarlas con sus manos para que alcance el abanico.

Pronto todo el lugar se ponía borroso ante los ojos de Shounozuke. Quien parpadeo ante eso pero solo vio cómo su escenario era cambiado por la casa de una mortal que les rezaba a sus dioses para que las desgracias paren. Era una joven chica de cabellos largos y oscuros, piel morena.

–Aquella mujer que ves -la voz de Osoko se escuchó como eco-. Es la portadora de los futuros dioses supremos que traerán equilibrio al mundo. Ella es Matsuyo, bendito fruto que llevarás en tu vientre –Shounozuke quiso acercarse para tocarla pero la imagen ardió en llamas.

–Uno será el rey del inframundo, el otro será el rey de los cielos y un tercero tu sucesor -la hoz que lo acompañaba se le fue arrebatado por una sombra-. La nueva familia real, la nueva trinidad. -Ahora eran tres sombras en tres tronos.

–Alguno -quería preguntar pero el recuerdo de sus hijos le impedía sacar palabras- será peligroso… ¿causará desgracia como ellos?… -pero el miedo de repetir la historia hizo que hablará.-

–Desgracias para los humanos -ahora estaba en un mar que devoraba todo- por no elegir bien. La tentación aún está rodando -la sonrisa de Tougou alrededor de una sombra apareció- y es el causante de un egoísta deseo.

–¡Detendré a Tougou de una vez! -replicó Shounozuke con odio en la voz ante el causante de la desgracia de su familia.

–¡No lo harás! ¡Tougou es la llave para que su rey comprenda cosas que tu hijo nunca pudo comprender! -La imagen de sus hijos se presentaban ante él partiéndole su corazón.

–¿Qué clases de cosas? -Hizo puños con las manos- ¿Odiar? ¿Asesinar a sus hermanos?

–Amar… -ahora una imagen de Kamimatsu tratando de mostrar sus sentimientos no correspondidos a Akumatsu- Lo que el menor de tus hijos no comprendió. El sentido del sacrificio de su hermano mayor.

–¡Tougou no ama a nadie que no sea el mismo! -reclamó al aire.

–Es una clave para evitar repetir la historia -respondió la miko en una voz seca.

La visión desapareció cuando el abanico cayó siendo atrapado por la mano de la mujer que lo lanzo. Ella solo desapareció uniéndose con el agua mirando de forma seria a Shounozuke.

El equilibrio fue establecido por el arcángel como líder del cielo y el primer juez como dueño del infierno mientras Shounozuke era el único supremo hasta que los verdaderos aparezcan. Él junto a Miguel vigilaban los movimientos de Tougou.

Años después nacieron los pequeños como fue anunciado.

Le dieron a Choromatsu el infierno al ser el más razonable. Era obvio que el mayor no era peligroso como dios del cielo, por el contrario del menor que se quedó en el cargo de Shinozuke. Así trató de evitar las desgracias de la profecía.

Pronto Shounozuke comprendió que era Osomatsu quien desde un principio debió estar en el infierno.

Puesto que mando la inundación que contemplo en la visión de la miko. Así como plagas y hacer que la gente vague en el desierto por pura diversión.

Por eso, aprobó el intercambio de puestos que querían los hermanos.

Lo que no entendía porque Osomatsu hizo esas desgracias sin estar vinculado con Tougou. Solo se le vio cruzar una que otra palabra cuando se encontraban pero nunca alguna que lo orille a eso. Cuando fue enviado como el nuevo rey del infierno tan poco hubo algo grave, hasta que estallaron las guerras mundiales pero de ahí nada más.

Tal vez Tougou está planeando algo grande.

XxX

Tiempo actual.

Shounozuke ve como los hermanos están peleando por el alma de un sacerdote puro, futuro dios, aliado de Choromatsu. Es un espectador como Todomatsu, a quien le ha confiado la misión de informar a Osomatsu sobre los acontecimientos.

El shinigami, solo quiere ver si aquel sacerdote es un arma para alguno de ellos.

Karamatsu, como se llama el cura, ha hecho que un juez del infierno abandone su cargo por él. Incluso que acabe con otros demonios.

No quiere saber el desenlace por eso no busca a Osoko.

–Bienvenido Shounozuke-san -comentó Choromatsu haciendo una reverencia- perdone las molestias que causa el imbécil de mi hermano mayor.

Osomatsu se despidió dejando al Shinigami mayor junto a su hermano. Ambos se adentraron al hogar de Choromatsu. Era del tipo santuario griego.

En ella descansaba una fuente, la que le pertenecía a su hijo Kamimatsu, una idéntica a la de Karamatsu.

Aquel dios invito a su mentor tomar asiento para conversar de forma cómoda.

–¿Está aquí sobre Karamatsu, verdad? -el hombro solo afirmo con su cabeza-

XxX

Por su parte, Osomatsu estaba enloqueciéndose en su propio infierno. Literalmente.

Sus esbirros iban y venían de un lado a otro con almas que reclamaban la espera.

Ahora no solo era el círculo de Ichimatsu que tenía retraso, también se hallaba de la misma forma el de Fuji. No comprendía que sucedía con ambos jueces que no regresaban. Su reino se caía al no controlar todo. Mando a sus demonios a castigar a todos sin pensar en el verdadero castigo que merecen.

–¡Viejo! ¡Oye anciano! ¡Tougou! -Voló llamando al único juez que le restaba- Tú no te me vas…

Seguía en el aire hasta que lo encontró de pie flotando en el rio Estigia. Dejando que una semilla cayera en él. Solo observó en silencio esperando alguna reacción del rio.

Osomatsu no comprendía que hacia aquel juez ahí. Solo se lanzó para abrazarle tirándolo fuera del rio.

–¡Qué haces idiota! -comentó enfadado el juez pateando las costillas al rey. Incluso le daba golpes con la mano para apartarlo.

–¿Dónde están mis otros jueces? No puedo hacer todo el trabajo -hizo un puchero jalando el saco del mayor.

–Cuando estaba ocupando tu puesto antes que tu hermano, tenía el infierno bajo control pero eres un maldito idiota que ni sabe porque sigue existiendo -le jalo las mejillas mirándolo con desdén.

–¡Osomatsu-niisan! ¡Tengo noticias! -Gritó Todomatsu interponiéndose en la pelea que estaba por comenzar.

–¡Totty! -exclamó dándole la bienvenida mientras que el juez solo bufo aburrido.

–El sacerdote ha caído en la lujuria -comentó mostrando su teléfono con la actualización de la noticia.

–¡Yay! Le he ganado -Osomatsu dio unos brincos señalo al cielo- ¡En tu cara pajera!

–Pero hay más… -le entregó su teléfono- aprieta aquí para ir bajando -le explicaba cómo usar su móvil-. Dale aquí es un enlace que te lleva a otra noticia que será de tu interés.

El hermano mayor solo arqueo su ceja ante la explicación.

–Sí, sí, sí -le quito su teléfono para leer en voz alta- "El sacerdote Karamatsu perdió la virginidad con Ichiko, la forma humana y femenina del juez Ichimatsu". –Observo como el nombre de su juez tenía otro color, ese era el enlace que toco-. "El juez del infierno contacta al ángel Jyushimatsu, intercambian alas" –arqueo una ceja con una sonrisa picada hacia los presentes-

– "El ángel se vuelve humano, el demonio un ángel caído" Siguió mi sugerencia -paso su dedo debajo de la nariz con una gran sonrisa- "Ichimatsu elimina a la segunda juez del infierno Fuji" -Osomatsu cambió su expresión a enojo ahora comprendía porque no estaba la flor en su puesto.

– "Ichimatsu se vuelve humano por Karamatsu." "Ichimatsu tienes relaciones sexuales con Karamatsu." "Ichimatsu ama a Karamatsu, no planea asesinarlo" -terminó de leer mirando a su hermano menor.

–Dijiste que atrase su muerte y a cambio tendría dos muertos… no veo que suceda -el menor coló sus brazos cruzados sobre su pecho inflando sus cachetes.

–Te dije que me mandadas desde el principio -Hablo Tougou de forma tranquila llevando sus manos detrás de la espalda mostrando un porte varonil- Aún puedo ir por ellos.

Osomatsu estaba en shock por la traición de Ichimatsu, aquel que le llamaba hermano. Lo abandonó por un tonto humano, el mismo que es el interés de su hermano Choromatsu. Ese mismo sacerdote hizo que Ichimatsu acabe con Fuji, y según la aplicación de Todomatsu… también esa juez estaba cayendo en la red del cura.

–Sí me permiten, partiré enseguida -Tougou extendió sus alas para empezar a volar.

–Tougou… -pronunciaron los labios de Osomatsu con temblor. Giro su rostro abriendo los ojos al ver la silueta alejarse- No… -sin aviso a Totty emprendió el vuelo.

Estiro su mano para alcanzar la pierna del contrario y con la fuerza que tenía lo aventó de nuevo a la tierra junto a su hermano menor que solo dio un grito junto con un salto por el susto.

–¡Idiota casi me matas! -gritaron al mismo tiempo mientras el rey del infierno se acercaba.

–¡Te quedas en el infierno! -Ordeno Osomatsu señalándolo con su índice, alargando su garra. Lo vio de forma amenazante para acompañar a su voz autoritaria. Totty se sorprendió nunca vio a su hermano de ese modo, Tougou sonrió por ello.- Haz dicho que tú mantenías el infierno bajo control. Demuestramelo.

–¿Eh? -ambos ladearon la cabeza por aquellas palabras.

–¿Niisan, qué planeas? -preguntó Todomatsu confundido.

–Iré a la tierra para darle fin a todo -vio al menor que tembló por esos ojos que radiaban odio.

–Pe…pero… no puedes… sin autorización de Choromatsu -comentó con miedo ocultándose detrás del juez que solo puso los ojos en blanco por esa patética acción.

–Tú me vas a ayudar a hacerlo -ordeno apareciendo una espada. Tougou la reconoció como la espada de Aku.


Nota: Por fin hice lo relacionado a Aku y Kami no se sí les guste.

Por cierto, con Eros me refiero a Cúpido y darle peso a la idea de lujuria de Tougou en este capítulo.

Y sí, me tarde mucho para darles una corta historia pero creanme, esto ni estaba planeado... Según yo estaba escribiendo el de mafia y termine aquí.