Tras sentirse mejor decidió que era tiempo de regresar a la iglesia. Además tenía un mal presentimiento relacionado al padre y esa mala mujer. Misma mujer, que se le aparecía en pesadillas devorando al cura del pueblo mientras lo arrastraba al infierno. No podía estar tranquila, ya que incluso, la monja fue testigo de ataque demoniacos contra el sacerdote al grado de dejarlo semimuerto.
–¿Por qué los demonios están detrás de él? -le pregunto al cristo crucificado en la repisa de su alcoba arrodillada con las manos juntas jugando nerviosamente su rosario.
–Tal vez es un peligro para los demonios -comentó un joven entrando con bandeja en la mano- Buen día, hermana.
–¡Oh! Jyushimatsu, no debiste molestarte -la mujer se apresuró a tomar la bandeja dejando su oración a medias.
–Es lo menos que puedo hacer por dejarme vivir en su hogar -respondió con una gran sonrisa angelical.- Además por usted, conseguí trabajo en la iglesia.
–Bueno, has hecho mucho por mi prima Homura, que es mi forma de pagar -mencionó Choroko dejando la bandeja con cereales y leche.- Además contigo, mi casa ha vuelto a cobrar vida. La tenía en el abandono desde que mis padres partieron.
–¿No nuestro dios menciona siempre has el bien sin mirar a quién sin esperar nada a cambio? -cuestiono con una extraña sabiduría.
–Es cierto -sonrió la hermana sentándose a un lado de la cama para hacerle espacio a él-. ¿Por qué dices que nuestro sacerdote es un peligro para Lucifer -se persigno- y sus aliados?
–Bueno, he visto lo que hace… -se sentó a su lado moviendo sus piernas en el aire- siempre ayudando al prójimo ejerciendo realmente la palabra de nuestro señor. -Hizo una pausa para mostrar un rostro serio- A los demonios, eso no les gusta. –Negó con la cabeza haciendo una cruz.- Incluso sé, que Karamatsu se ha enfrentado a poderosos demonios.
–Es un enemigo digno del demonio… -paso un mechón de su cabello aún suelto detrás de su oreja- luego del temblor… -la mujer dudaba en hablar pero Jyushimatsu le radiaba confianza- el párroco principal: Hayato… entro en una crisis -por no decir "locura"- sobre eso.
–Sí, lo supe. Por eso Karamatsu tomó su lugar –agregó Jyushi.
–El padre Hayato no dejaba de repetir "esa mujer es el demonio", una y otra vez. También dijo que sus ojos se pusieron rojos, tenía colmillos y garras. Incluso mencionó que el padre Karamatsu corre peligro -se giró a ver al chico de camisa amarilla que mantenía un semblante serio-.
–Entonces debes ir a salvarle -comentó- porque hay demonios tan poderosos que no podrá salir victorioso.
Choroko afirmo con la cabeza.
La monja se acomodó sus lentes, dejo a un lado su bandeja del desayuno. No lo toco, en vez de ello, tomó su maleta dispuesta a salir de ahí. Lo bueno es que ya no necesita el yeso de la pierna para que evite que corra.
Jyushimatsu la observaba en silencio. Abandono la habitación para ir al jardín, acercándose al bebedero de pájaros para llenarlo ya que estaba seco.
–Que sea tu voluntad, Choromatsu -Dijo mirando su reflejo.
XxX
–¡Eres un maldito cobarde! -Se gritó así mismo al ver el cuerpo tendido de Karamatsu durmiendo luego del sexo.- ¡Eres un demonio, uno de los tres jueces del infierno! -miró la daga que Osomatsu le entrego- solo tenías que clavársela, cruzarías al inframundo con él que ya está infectado de pecado… ¿entonces por qué? -el llanto se esparcía por su rostro haciendo que se arrodille frente al lavabo de manos.
–Porque tienes sentimientos -una voz llego en forma de susurro.
–¿Eh? -Se giró pensando encontrar a Karamatsu pero no hubo nada.-
–Ya no eres un demonio, solo un humano más -la voz se oyó de nuevo-
–¡Muéstrate! -gritó exigiendo que se aparezca frente a él con la daga para atacarlo.
–¡Miau! -la silueta de un gato sobre la ventana apareció frente a él. Se bañaba bajo el reflejo de la luna. Miro a Ichimatsu para luego brincar hacia fuera-
XxX
Era de noche cuando el gato que salió de la habitación de Karamatsu e Ichimatsu para encaminarse a la fuente. Se sentó en el regazo de la persona para ser acariciado.
–¿Esta es la fase final? -Pregunto siendo acariciando desde el regazo-
–Ya es tiempo -respondió mientras el gato se estiraba para brincar al piso volviéndose Shonosuke-
–Hay que prepararnos entonces -agregó el gran dios de los shinigamis.
–Como usted diga, maestro -Ambos desaparecieron.
XxX
Al día siguiente las cosas se veían normales para Karamatsu. La gente venía y salía de la misa o confesionario. Ichimatsu mantenía su distancia pero luego se le acercaba como sí nunca se hubiera apartado. Pensó que era parte de esa actitud oscura que quiere mantener.
Era la hora de la merienda por lo que el sacerdote y su jardinero comían juntos en la cocina. Los alimentos fueron preparados por el cura e Ichi solo servía la mesa para ellos. Ambos se sentaron uno frente al otro mirándose a los ojos. Karamatsu dio gracias a su dios con una oración por los alimentos mientras que Ichimatsu solo observaba y escuchaba sin comer, al menos esperaba para dar el primer bocado tras la oración que no realizaba.
–Debemos huir a un lugar donde no nos encuentren -mencionó antes de llevar su primer bocado a la boca.
El sacerdote solo observaba como jardinero agarra sus bocadillos y los miraba como si decidiera en comer o no.
–¿Son personas peligrosas de las que quieres escapar? -Él otro afirmo en silencio- tal vez deberíamos pedir ayuda.
–No… -interrumpió- hay que huir.
Karamatsu suspiro guardando silencio buscando alguna frase que pueda servir, bien, sí la biblia tomo su rosario para acariciar las cuecas entre sus dedos.
–Mira, Dios es grande -poso sus manos en los hombros de Ichimatsu- y sí te encomiendas con él, podrá solucionar los problemas.
–Al contrario… -deshizo el agarre- serán peor.
–Sé que no crees en él, sé que hay muestras en el mundo donde te dicen que Dios no existe pero sabes… -le agarro las manos- puedes encomendarte en él y te dará una solución, no hoy, no mañana pero él te lo enviará.
–¡Obvio que tu dios ignora al mundo porque se la pasa masturbándose mientras ve a vírgenes bañarse! -Grito enfadado- ¡Por favor, huyamos! -Karamatsu negó con la cabeza para luego terminar de comer.- ¡Te lo suplico!
–No puedo huir sin motivos -se levantó de la mesa para tomar los platos e iniciar a lavarlos.- sé que me ocultas más cosas de las que dices -hablo sin voltear a verle-. Es normal guardar secretos pero si quieras que huya contigo, espero que me compartas todos los detalles -los platos sucios ahora estaban siendo colocados en una charola para que se escurran- para saber a qué me enfrento -ahora lo miraba a los ojos con una tierna sonrisa.
–¡No sabes lo que dices o a lo que te enfrentas! -le gritó apartando las cosas que estaban a su alrededor de un manotazo.
–Entonces dime… -El sacerdote no sabía hasta donde llegaría su límite de paciencia con Ichimatsu.- ¡Dime! ¡Necesito saber para comprenderte!
–¡Ni yo me comprendo! -Ahora Ichimatsu se agarró la cabeza arrodillándose al piso- Hace tiempo que deje ser lo que era… -las lágrimas resbalaron por su rostro- Siento emociones que no debería tener, siento lastima cuando nunca lo he hecho.
Karamatsu corrió hacia Ichimatsu, se arrodillo ante él para abrazarlo y consolarlo con susurros al oído.
–Quiero protegerte… -aquel ex demonio lo abrazo con fuerza llorando-
–Haz recuperado tu humanidad -comento el cura-.
–¿Cómo se recupera algo que nunca tuve? ¿Es esto ser un humano? -le cuestionó sujetándose a su pecho entre llantos.
–Dice que lo que nos separa de los animales son nuestras emociones -trataba de responder-. Y es cierto, los animales saben expresar sus emociones. Ellos no temen en ayudar incluso a la persona que los ha dañado. -Agacho la cabeza haciendo una larga pausa para pensar-
–Lamentablemente, nosotros los humanos no tenemos esa consideración por eso el mundo es lo que es. No creo que sientas arrepentimiento de lo que has hecho, pero creo que quieres cambiar por tu bien. -Ichimatsu levanto la vista observando los ojos azules del sacerdote-. Dejarte envolver por tus propios sentimientos, apreciar la vida del otro, reír y llorar es ser un humano.
–Eso fue doloroso… -murmuro limpiando sus lágrimas y mocos con la ropa del sacerdote que solo se reía.
–Bueno, tengo que recibir a mis feligreses que vienen por consejos -se levantó del suelo en el que estaban para sacudirse la ropa. Limpió las lágrimas de ambos.- Nos vemos.
–¡Karamatsu! -lo sujeto de la muñeca antes que se vaya.- Sí huyes conmigo, prometo decirte la verdad -el sacerdote abrió los ojos ante esa oferta.
–Te seré sincero Ichimatsu, -lo agarro de las manos- no puedo huir porque mi gente me necesita. Sí realmente quieres que parta, necesito las razones para abandonarlos.
Tras decir aquello. El padre abandonó la cocina dejando al ex demonio de pie solo en ella.
Ichimatsu sabía bien que Karamatsu no abandonaría a su pueblo que lo necesita para guiarlos a la primera. Tendría que usar artimañas es hora de demostrar que aún es un demonio y no un humano.
XxX
Choroko había regresado a su ciudad. Llegó en la tarde con Jyushimatsu que cargaba sus maletas, ya que ella aún no tenía fuerzas para sostenerlas. Mientras bajaba del taxi, recordó cuando joven con una maleta, su hábito negro y un rosario se puso frente la puerta de cuál sería su iglesia.
– "Buenos días" -la voz de un joven y varonil sacerdote la saludo abriendo las puertas- "¿Debes ser la hermana Choroko?" -ella afirmo temerosa.- "Soy el sacerdote Karamatsu –-sonrió señalándose- también soy nuevo en la iglesia. Será un placer aprender a tu lado".
Ella sonrió ante ese primer secuestro. No es un secreto a voces que ella se enamoró de su sacerdote pero sabía que no era correspondida porque su cura siempre ponía su querido Dios primero.
Karamatsu siempre tenía a Dios y a su pueblo antes de cometer sus actos.
Por eso, le sorprendió como esa mujer de cabellos largos, con sonrisa pecaminosa se le insinuaba al cura para tentarlo al pecado. Pero Karamatsu es fuerte, vence al diablo y no caerá en provocaciones con esa mujer.
Lo sabe.
Lo cree.
Pero realmente no sabe nada.
No sabe que esa mujer le entrego la manzana del árbol prohibido y es por tal motivo, que Karamatsu tiene más que un pie fuera del paraíso por culpa de ella.
Desconoce que Ichiko se ha marchado…
Y que ahora es Ichimatsu quien ronda al sacerdote, asegurándose de arrastrarlo al infierno.
Ignora que son la misma persona.
Desconoce que el mismo rey de los demonios, espera entre las sombras para llevarse al cura arrastrado por sus filosas garras.
–Hermana Choroko -hablo Jyushimatsu haciendo que regrese a la realidad-. Tengo un asunto pendiente, pero el padre Karamatsu vendrá.
Antes que ella pueda replicar solo observo como el chico de suéter amarillo emprendió una carrera con meta a ningún lugar que ella sepa.
–¡Sister! -Karamatsu gritó alegremente al abrir las puertas para Choroko- I miss you –la abrazó haciendo que se sonroje- lo siento, ¿la lastime? -Ella negó con la cabeza-. Le ayudo.
–¿Cómo ha estado padre? -preguntó motivada por la curiosidad acomodara en el brazo que el cura le entrego para que se cuelgue.
–Gracias a nuestro señor, sigo en pie -sonrió-. Ese demonio no pudo derrotarme porque tengo la voluntad de nuestro padre a mi lado.
–Me alegro de oírlo -la hermana suspiro-. La iglesia se está levantando.
–¡Yes! -el cura levanto sus dedos pulgares-. Don Ichino nos apoya económicamente para su construcción, incluso nos mandó a su personal para realizarlo. -sentó a la monja en la fuente- ¿y usted hermana?
–He estado mejor, gracias a que usted me salvo la vida -Karamatsu se arrodillo ante ella sosteniendo sus manos- pa…padre.
–No tiene que agradecerme, -le sonrió nuevamente haciendo que ella otra vez se sonroje- agradézcaselo a nuestro señor.
–¡Qué demonios está pasando! -Una silueta se asomó entre los matorrales acompañada del sonido de una sierra.
–¡Aaah! -Tanto el sacerdote como la monja gritaron. Se abrazaron por el susto.
–¡Kusomatsu! ¡Mierdamatsu! -Esa figura salió de los matorrales mostrando unos pantalones negros con una camisa desgastada beige y un mandil manchado de rojo.
–¡Ah! -Karamatsu se separó de Choroko, suspirando aliviado al mismo tiempo que se agarraba del pecho- ¡Ichimatsu, eres tú!
–¿Padre? Conoce a ese psicópata -eso último fue murmurado para que no se escuche.
–¡¿Qué dijiste de mí?! -pero Ichimatsu sí lo oyo.
–Hermana Choroko -Karamatsu se apartó para colocarse entre ambos- le presento a Ichimatsu, es el nuevo jardinero de la iglesia. Vive aquí. -Ahora miro al chico de la máscara- Ichimatsu, por favor quítate la máscara para que Choroko vea tu rostro.
–Tsk -se cruzó de brazos quejándose del acto-
–Por favor… -suplico el cura. Resoplo resignado mostrando su rostro.
–¡Ichiko! -señalo la mujer sorprendida.
–¿Eh? -El jardinero trago saliva-
–No, él es su hermano mellizo -comentó Karamatsu levantando su dedo índice- además ella ya no está aquí.
–¿Murió? -cuestionó ella persignándose haciendo que Ichimatsu ponga una cara de asco por el acto.
–Algo así… -respondió el jardinero.
–Se fue -corrigió Karamatsu.
Luego de un rato hablando con Karamatsu, Choroko regreso a su alcoba para desempacar. Pero tenía un mal presentimiento al ver a ese chico. No confiaba en él.
Por su parte Ichimatsu tenía que adelantar sus planes, la fecha se acercaba. Sabía que Osomatsu y Todomatsu lo vigilaban, esperando que hagan un movimiento para derrotarlo. Era como un maldito juego de ajedrez, en el que era la reina y Karamatsu, su rey al que debía proteger.
Ahora se sumaba otro par de ojos, o más bien dos pares de ojos, ya que los lentes cuentan como ojos para él. Choroko era una amenaza.
–¡Ichimatsu! -Karamatsu agitaba su mano para hablarle- ¿quieres ir a misa conmigo? -El cura lo alcanzó, inclinando su cadera hacia el enmscarado-
–Quiero huir contigo respondió molesto
–… otra vez con eso… -Karamatsu negaba con la cabeza-
–No voy a desistir y lo sabes. Además no te pido mucho -intentaba darle lastima.
–Lo es y lo sabes -respondió.
–¡Vayamos al lugar donde nos conocimos! -mencionó desesperado sosteniéndose de la sotana.
–Tengo una misa a la cual asistir -se apartó soltándose del agarre.
Ichimatsu como el juez que era, reviso los expedientes de Karamatsu por eso pudo recrear el lugar donde aprendía el sacerdocio.
–Oye, oye cálmate -Lo que menos quería en ese momento- ¿realmente piensas que huir es la solución a todo? –Sentado en la fuente se hallaba Todomatsu observando su teléfono con desinterés.
–¿Hoy no mandaste a tu criado? -cuestionó Ichimatsu.
–Lo mande a otro lado -le hizo una señal para que se siente a su lado. Al ver que no lo hacía se puso de pie acomodando su vestido con volantes rosas.
–¿Hoy estás de niña? -se burló.
–La muerte no tiene sexo, ni edad. Color sí, muchos dicen que es oscuridad -respondió acomodándose el traje.- Solo estoy probando mis trajes de gala para lo que se aproxima –se tapó los labios con unos cuantos dedos de las manos mientras miraba al ex juez con los ojos entrecerrados.
–Bueno, diviértete con tu loco con escopeta en algún lugar concurrido, o alguna guerra o algún desastre natural -pasó de largo al shinigami.
–No puedes de huir de la muerte -menciono Totty antes de desaparecer entre pétalos de rosas.- siempre llega.
La misa terminaba, la gente rodeaba a Karamatsu. Estaban esos mafiosos con los chicos vagabundos el más joven se veía divertido en los brazos de ese oficinista. Mientras que el adolescente se veía acorralo porque no lo dejaban huir.
No se acercó.
Mantuvo su distancia.
XxX
Había pasado una hora cuando ambos se dispusieron hacer la limpieza. Tenían sacristán para que lo haga pero Karamatsu siempre pedía limpiar el recinto por no participar en ella. Ichimatsu solo se quejaba ya que terminaba ayudándolo. Ninguno había cenado. Lo harían en cuanto acaben.
–¡Ichimatsu! -Karamatsu lo llamó mientras ambos se disponían a arreglar la iglesia antes de irse a cenar-
–¿Qué? -pregunto molesto por la falta de alimento.
–Don Ichino me platico que esta en proceso de adopción con Kachan -decía feliz quitando las flores muertas de los altares- también quiere adoptar a Ichiru pero él no está convencido -ahora tenía un rostro triste y preocupado.
–Es normal… -comento para llamar su atención- luego de todo lo que ha pasado -él estaba a cargo de pasar la escoba en la nave.- es normal que desconfié.
–Sí… -suspiro mirando la última marchita flor sobre el cesto que llevaba- pero el Don y Hiramaru, son personas buenas que se ganarán su amor en poco tiempo -sonrió de nuevo-. Además el Don me dijo que los traerá a catecismo porque no han recibido la bendición de Dios.
–Creo que no los han violado los sacerdotes -comentó sin pena haciendo que Karamatsu tuerza su boca-. ¿No uno dijo que venirse en el ano de ellos es para bendecirlos?
–Una mala excusa para actos viles. -el cura rompía las flores muertas sin cuidado por la rabia- No entiendo porque la iglesia protege a quienes usan a Dios para sus actos cuando realmente es el demonio quien los comete.
–El demonio no finge ser Dios porque ya es uno -pensó en su rey.
En algunas culturas lo es. Pero el único Dios es al que veneramos aquí mismo –vio la imágenes que representaban a Choromatsu.
Ichimatsu solo se preguntaba si alguna vez Osomatsu o Choromatsu se dejaron la barba como en las pinturas. En ese momento se le ocurrió una idea.
–Oe… ¿No planeas rezar ahora? -pregunto Ichimatsu.
–¿Rezar? ¿Quieres rezar? -Eso le sorprendió a Karamatsu haciendo que se emocione. Incluso chillo de la felicidad.
–¿Rezas o no? -se inclinó frente a la imagen santa de la trinidad. Junto sus manos cerrando los ojos.
–¡Lo haré! -Respondió acercándose a su lado imitando la acción.
Ichimatsu al asegurarse que Karamatsu estaba concentrado en sus oraciones. Se levantó sin hacer ruido para colocarse a espaldas de él.
–Lo siento… -murmuro.
–Dios te perdona -respondió el inocente sacerdote pensando que se refería a algún pecado.
–Sí… -tras decir eso Ichimatsu golpeo a Karamatsu en la nuca con el mango de la daga de Osomatsu hasta dejarlo inconsciente.
–¡Ah! -el grito inoportuno de Choroko apareció- ¡Qué le hiciste al padre! -el demonio se vio descubierto.
La monja estaba de pie en la nave con una bandeja en mano que dejo caer cuando vio a Ichimatsu bajar del altar para perseguirla. Una carrera se hizo por el santuario. Ella le tiraba los floreros, pedía disculpas a los santos por aventarlos, gritaba por ayuda a los otros sacerdotes que estaban en sus habitaciones.
–¡Auxilio! ¡Auxilio! -Los padres no la escuchaban por el eco que se iba perdiendo- Tengo que alcanzar el campanario… -ya estaba agotada ya que su cuerpo aún no estaba listo para tanto recorrido.
Estaba lejos de las habitaciones, Ichimatsu la persiguió para que no entre en los pasillos de estas.
–¡No huyas sister! -La voz de su perseguidor se escuchaba cerca- ¡No tengo tiempo para jugar, tengo que regresar con Karamatsu!
Entre sigilos con oraciones en la cabeza, con una mano teniendo un rosario y con la otra el corazón la mujer salió de su escondite. Camino entre las columnas y la oscuridad encomendándose a su Dios.
–Dios mío, dame fuerzas para seguir -Vislumbro las escaleras al campanario.- Dios en ti pongo mi vida.
Tras decir eso corrió a las escaleras.
Ichimatsu la alcanzo a ver, corriendo hacia ella.
La alcanzo.
La tomo del cabello suelto tirándola de las escaleras.
–¡No te vas a ningún lado maldita zorra! -la arrastro entre pataleos de la mujer- ¡Me la pagaras! -Grito cuando ella le clavo sus dientes- ¿Done esta tu Dios ahora? –Le pregunto al estrellar su frente contra una columna dejándola inmóvil al instante.- ¡Karamatsu!
Recordó al cura inconsciente en el atrio de la iglesia. Fue corriendo antes que alguien lo encuentre o se despierte. Llego a donde él estaba. Aún seguía respirando. Lo tomó entre sus brazos para cargarlo a un auto escondido, lo metió en la cajuela para luego él irse de conductor.
Y durante la noche iniciar su recorrido a la libertad.
XxX
–¿Madre? -Jyushimatsu la llamaba- ¿Hermana Choroko? –poco a poco fue abriendo los ojos.
–¿Jyushimatsu? -Él afirmo con la cabeza- ¡Jyushimatsu! ¡Hay que llamar a la policía! ¡El padre Karamatsu está en peligro!
–Tranquila, la gente del pueblo está en el atrio reunida -le tomaba de la mano-. Los llame por medio de la campana.
Era verdad, Jyushimatsu entro a la iglesia por la fuente a seguir con sus pinturas. Que extrañamente las hacía de noche. Fue entonces que vio el recinto sagrado destruido, siguió el camino hasta dar con Choroko. Corrió a los pasillos llamando a los curas y explicando lo que sucedía. Él cargo a la monja, otras le daban auxilio. Un padre tocaba las campanas para avisar al pueblo, otro llamo a la policía y doctores.
Pronto la gente comenzaba a reunirse a las afueras de la iglesia, ya que la policía tenía acorralada el área buscando indicios.
–¡Nadie sabe sobre el padre Karamatsu! -Gritó Han llegado a un mercedes negro blindado en medio de otros dos autos plateados.
En el negro iba el Don con su esposo, Kachan e Ichiru.
–¿Qué procede boss? -preguntó Karaku acercándose a Han para mirar por dentro del auto con su mano derecha en el techo del auto y con la otra fuera de la vista acariciando el trasero de Han.
–Da la orden de buscar vivo al cura -hizo una señal a su chofer-. Han sigue pendiente de cualquier informe –el otro afirmo con la cabeza
Los dos se alejaron del auto viendo cómo se marchaba la caravana de vehículos. Han aparto la mano de Karaku para luego regresa a la iglesia no sin antes recibir un beso por parte de su amante.
Las horas pasaban.
En las noticias se decía: "El padre Karamatsu estaba desaparecido, en la iglesia se encontró sangre que le corresponde al cura. La madre Choroko sobrevivió al ataque de Ichimatsu, quien según la testigo, fue el causante de todo".
Hiramaru veía las noticias con su marido y su gente. Apago la televisión cuando Han mencionó que tenía informes.
–Aún no hay informes sobre el cura y su captor, -eso no le gusto- incluso no existe nada de ese tal Ichimatsu. En la iglesia no tienen ningún informe del jardinero -leyó Han una carpeta entre sus manos-. La única información es la que la hermana Choroko dio: tiene una melliza llamada Ichiko, que iba a la iglesia.
–El padre andaba con una mujer en las calles -agregó Hiramaru.- Debe ser ella -vio al Don.
–La monja, -continuo hablando Han- mencionó que el padre Karamatsu le dijo que esa mujer desapareció y al día siguiente apareció Ichimatsu.
–¿Asesino a su melliza o es cómplice? -cuestionó Karaku sentado en la esquina del escritorio del Don.
–Tan poco hay información de esa mujer, además se cree que se robó un vehículo para huir. La policía tuvo un reporte de desaparecido, la persona apareció grave en el hospital recibió diez apuñaladas. -Terminó su reporte llevando la carpeta al escritorio.
–Seguiremos buscando en el bajo mundo -comento el Don enfadado sin usar su italiano para que sus hombres lo entiendan.
–De acuerdo, Boss -Karaku se levantó para irse.
Kachan e Ichiru estaban escuchando a escondidas. Ambos se miraron para luego irse a su habitación.
Hiramaru junto al Don entraron a la habitación de los chicos justo en el momento donde ellos estaban por bajar con una cuerda de sabanas y ropa.
–¡Qué demonios! -Exclamo el Don apurado para subir a los chicos-
En menos de diez minutos sus hombres estaban debajo del balcón rodeando el escape frustrado de los menores.
–¡Sé que no quieres que los adoptemos pero no es motivo para huir! -Regaño el Don enfadado intentando de controlarse.
–¿Por qué querían irse? ¿Les hicimos algo que no les gusto? -cuestionó Hiramaru preocupado.
–Queremos ayudar… -murmuro Ichiru con Kachan en brazos.
–¿Ayudar? -El esposo del Don se les acerco confundido
–Cuando no hay información de una persona quiere decir que es de nuestro mundo -comento Ichiru-. Tal vez encontremos algún dato para salvar al sacerdote.
–Lo entendemos, pero es peligroso para ustedes que son niños -comentó Hiramaru.
–¡No somos niños! -Ahora Kachan se quejaba haciendo pucheros.
–¡Por favor mamá! -Gritó Ichiru sin darse cuenta de lo que decía- El cura nos ha ayudado tanto -hizo puños con las manos- quiero regresar el favor.
Nadie podía creer lo que escucharon. Ichiru por fin los aceptaba como padres, incluso Kachan estaba feliz. Ichiru cuando se dio cuenta se enrojeció como un tomate, huyendo de ahí. Corrió hasta no más poder, nadie lo detuvo por órdenes del Don.
Solo hubo un "obedece a mamá" para Kachan.
XxX
Karamatsu despertó adolorido, desorientado y desesperado. Al abrir los ojos solo veía oscuridad, estiro sus manos encontrando una especie de techo. Mismo que empezó a golpear para intentar salir de ahí.
–¡Help! ¡Ayuda! -gritaba hasta que donde sea que lo tenían se detuvo.
El sonido de llaves mostro una pequeña rendija de luz que se fue haciendo más grande cuando la cajuela fue abierta.
–¡Ichimatsu! -Ahora Karamatsu recordaba todo-
–No querías huir… -lo ayudo a salir de la cajuela- tuve que improvisar un plan.
–¿Y no planeas devolverme? -Ichimatsu negó con la cabeza- Bien… -suspiró mirando adelante del camino- ¿prometes que si sigo contigo me dirás la verdad? -ahora lo veía a él.
–¿La creerás? -respondió con otra pregunta.
–Creo en la palabra de Dios, creo en tu palabra -respondió colocándose en el asiento de copiloto.
–Eso es bueno… -dijo antes de poner en marcha el auto- por cierto, el auto es robado.
–Lo supuse… -se recargo en la ventana de su puerta- ¿Dónde vamos?
–A ese campo con ese árbol donde nos conocimos -respondió viendo la carretera.- Ahí te diré todo lo que quieras saber.
–Pensé que ese árbol no existía -mencionó Karamatsu.
–Existe, espero… -esa respuesta no se oía convincente pero para el sacerdote le bastaba con estar con su amado Ichimatsu.
Karamatsu durmió durante la noche mientras Ichimatsu conducía. Llegaron al lugar donde el sacerdote aprendió todo lo de su oficio. Ahora buscaban aún en el auto algún campo hasta que lo hallaron. Ambos bajaron tomados de la mano se vieron al rostro afirmándose uno al otro.
Caminaron en el campo de flores hasta dar con un árbol junto a un riachuelo.
–Aquí -mencionó el cura deteniéndose-
–¿Seguro? -Pregunto su compañero recibiendo un sí con la cabeza.- Es tan tranquilo.
–Esto de seguro es lo que se llama paz interior -suspiró Karamatsu sonriendo y estirando sus brazos para recibir los rayos del sol.
–¿Se debe sentir bien? -Se preguntó.
–Es lindo ver la creación de nuestro señor -respondió.- ¿Me dirás ahora la verdad?
–¿Cuál verdad? -fue cuestionado.- Los demonios siempre mentimos, esa es nuestra verdad.
–Ichimatsu… -nuevamente el sacerdote negó con la cabeza.-
–Sé que te lo prometí pero… -se rasco detrás de la cabeza- no sé cómo explicarlo. ¿Cómo empezar la historia?
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Osomatsu junto a Todomatsu se encontraban hablando en el infierno de como por fin pudo atrapar al sacerdote favorito de Choromatsu.
–¿Hueles eso? -Osomatsu empezó a olfatear un aroma que le llegaba- oh… -sonrió frotando sus manos- Busca actualización del cura. -Señalo a Totty.
–¡Ichimatsu lo golpeo hasta dejarlo inconsciente! -Se bajó del trono de su hermano a leer la noticia.
–Mi daga tiene su sangre -sonrió mostrando los colmillos- hoy es el día. Ya quiero ver la cara del pajamatsu cuando le niegue la entrada a su reino.
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–Sí te hablara de mi verdad… ¿permanecerías a mi lado? -pregunto tomando la mano de Karamatsu mirándolo a los ojos con lágrimas.
–Estoy a tu lado a pesar de todo -respondió limpiando sus lágrimas- pero sí hay que empezar desde cero, quiero saber a qué me enfrento.
–Entonces -acercó a sus labios- primero comenzaré diciendo que te amo.
–¡Bravo! -Una nueva voz apareció con aplausos para la pareja- el final feliz que todo el mundo espera leer.
–¡Osomatsu! -Ichimatsu reconoció la voz protegiendo a Karamatsu- ¡Tú no deberías salirte del infierno!
–Puede, a través de mí -Ahora Todomatsu surgía de la sombra del árbol- ¡Venimos por él! -Señalo al sacerdote confundido.
–¡Qué! -Ichimatsu tomó la daga que se convirtió en una espada.
–Te lo dije -Una guadaña apareció debajo de la manga de volantes rosa.- No puedes escapar de la muerte -apunto al cura.
–¿Qué? -Karamatsu estaba petrificado de la impresión frente a sus ojos dos extraños sujetos se mostraron ante él.
Por una parte, se encontraba Osomatsu con sus alas extendidas. Llevaba una camisa negra con bordes rojos en las mangas, un chaleco rojo, con corbata, pantalón y zapatos negros. Así como una corona. Le mostraba una sonrisa con colmillos y unos ojos rojos como el fuego.
Por otra, estaba Todomatsu. En su traje rosa de volantes ahora incluía un sombrero. Parecía los vestidos del siglo pasado que usaban las mujeres.
–Pero que falta de morales… -Osomatsu se agarra de las caderas- Ichimatsu, deberías presentarnos a tu amigo -sonrió malicioso-. Mi nombre es Osomatsu, aunque tú me conoces como Lucifer, Satán, el rey de las tinieblas… bla bla -agito sus manos como si abanicara su cara- Tengo muchos nombres, según la religión.
–Mi nombre es Todomatsu -hizo una reverencia tomando los extremos de su faldón- ji ji –una pequeña risa traviesa lo delato- soy el dios de la muerte. Tu religión me trata como un mensajero y no como el Dios que realmente soy.
–¿Ichimatsu? -Karamatsu volteo a ver al joven que lo defendía-
–Sí te preguntas porque conocemos a Ichimatsu -mencionó Todomatsu con una voz tranquila.
–Es porque él es parte de nuestro mundo -Finalizó Osomatsu.
Antes de replicar alguna respuesta, Ichimatsu se dispuso a atacar con la daga que regreso en su forma de espada. No dejaba que Osomatsu o Todomatsu se acerquen a Karamatsu.
–¿Qué te pasa? Convivir con humanos te volvió diferente -Osomatsu esquivaba la espada mandando llamas contra ataques- ¿Así tratas a tu rey?
–¡Cállate Osomatsu! -Grito Ichimatsu cortando una de las alas- Quédate detrás de mí –le dijo al sacerdote sin quitar de su vista al rey del infierno que se quejaba por el corte-
–¡Desgraciado me dejaste como a Tougou! -Ahora le lanzaba un rayo oscuro para separarlos.
–Padre nuestro que estas en los cielos -recitaba Karamatsu para pedir refuerzos a su Dios-
–Nuestro querido hermano no puede oírte -Totty se acercó por detrás- está ocupado pajeandose.
–¡No hables así de mi Dios! -defendió el sacerdote
–¡Es verdad! ¡Es un maldito virgen pajero! -Gritaron los tres al mismo tiempo.
–Es más el dios de las pajas -comento Osomatsu ahora atacando en el piso ya que no podía volar.
–Bueno a lo que vine -Totty aprovecho el momento en que Ichimatsu peleaba para clavarle la guadaña a Karamatsu.
–¡Ah! -La última palabra del sacerdote antes de caer al piso con la biblia a un lado.
–¡Karamatsu! -Ichimatsu corrió a auxiliarlo pero ya no podía hacer nada.
–¡Por fin! -Suspiro aliviado Todomatsu, limpiando el sudor de su frente- Este fue el peor trabajo de todos.
–Por qué… -Ichimatsu tomaba el cuerpo de Karamatsu-
–Aquí el alma -Estiro su mano haciendo que del cuerpo del sacerdote salieran una especie de esporas azules que viajaron a su mano-
–¡No! -Ichimatsu trato de atrapar alguna espora pero estas se deshacían.
–Ya Ichi, ahora suicídate para que regreses al infierno -Osomatsu puso su mano derecha en su hombro y con la otra le entrego su daga- ¡Oye! -Se apartó antes que la daga le perforada su costilla, solo logro herirlo.
–¡Mataste a Karamatsu! -Nuevamente intento atacarle con lágrimas en los ojos.
Todomatsu no intervenía, sabía que Osomatsu podía solo. Sin embargo vio como Ichimatsu logro clavarle la daga directo en el estómago y se disponía a repetir la acción en diferentes partes de su cuerpo.
–¡Basta! -Otra voz se abrió paso- ¡Sepárense! -Del riachuelo apareció un tipo de látigo de agua que separo a los dos demonios.
–¡Choromatsu! -Exclamo Osomatsu al ver a su segundo hermano frente a ellos.
–Osomatsu… -le vio a los ojos- ¿Creíste que no me iba a enterar?
El furioso juicio de la flecha
A la joven de negro atravesó.
Nota: Chan chan ¡Por fin mate a Karamatsu! No es que me alegre pero luego de que sí lo mato o no creo que los estaba fastidiando. Y ahora aquí viene lo bueno. Pero tendrán que esperar...
Los espero en mi matsujunta a la fierro buraza este 19 de noviembre del 2017 a la 1 pm en el Totem de Chapultepec en CDMX.
