Nota: Ya un nuevo capítulo que en realidad pensé que iba a ser corto pero no. Ahora disfruten.
Choromatsu
¿Cuántos siglos o milenios ha pasado desde el nacimiento de los tres?
Apenas salían del vientre de su madre cuando y alguien gritaba: "¡Ha nacido un Dios!", luego el segundo trillizo aparecía: "¡El trono de la oscuridad ya tiene ocupante!"; y finalmente, "Un nuevo shinigami ha llegado".
Apenas eran unos bebés que ignoraban las celebraciones por su nacimiento.
– "¡Contemplar a nuestro señor todo poderoso Osomatsu!" -El arcángel Gabriel lo sostenía entre sus brazos, orgulloso de aquel nacimiento.
– "Choromatsu, nuestro amo" -El único juez del infierno junto a sus demonios levantaba al segundo sobre su cabeza con los brazos extendidos con una mueca en la cara porque su reinado acabo. Nadie duda que sí se lo tiro a apropósito, puesto que empezó a llorar aquel bebé mientras él sonreía.
– "Mi sucesor" -Menciono Shonosuke con Todomatsu entre sus brazos que dormía a pesar del ajetreo por sus mayores.
¿Cuánto tiempo duro su reinado o tiranía?
Porque a decir verdad, Choromatsu cumplía con su deber de castigos a los malos sin embargo no se comparaba al reinado de terror que puso Tougou tras ocupar la corona por poco tiempo.
Sus esbirros no parecían que lo obedecieran, pasaban por alto su autoridad e iban con Tougou para las órdenes. Los seres celestiales lo miraban con desdén y asco por ser un demonio, muchos hablaban de profecías con temor al pronunciar su nombre.
– "¿Por qué te molestas? Como rey de las tinieblas debes causar temor solo con tu nombre" -Su tonto hermano mayor con su sonrisa ingenua era el único que lo aconsejaba y acompañaba. A Osomatsu no le importaba los cargos, solo quería a sus hermanos.
Es por ello, que hasta la fecha le persigue aquella duda:
¿Realmente fue la mejor decisión cambiar tu forma por alguien que no corresponde?
Cuando Choromatsu se refleja en su fuente, observa su pasado como el segundo Lucifer y se ve a su actual yo. Ahora que es Dios, la gente no le teme simplemente lo respeta.
Se ganó ese respeto.
Lo recuerda al mirar en esa misma fuente que le pertenecía a Kamimatsu, con la que podía ver la humanidad siendo lo que mejor saben hacer: inhumanos. En ese entonces, los humanos fueron creados por Osomatsu, luego de mandar una inundación para destruir a la creación anterior pertenecientes a la era de Kamimatsu y Akumatsu.
XxX
Desde el infierno podía ver que se merecían la catástrofe que tuvieron. No les interesaba salvar a la humanidad, al contrario suspiro viendo las almas que se amontonaban en su entrada guiadas por su escandaloso hermano menor que no dejaba de quejarse.
–¿No deberías advertir a tu hermano de su error? -pregunto Tougou de pie a su lados con las manos detrás de la espalda.
–¿Te preocupa esto? -Dijo observando desde su trono como las almas pedían clemencia.- ¿A caso eres un niño llorón como Todomatsu? –El juez solo arqueó la ceja como respuesta.
–Se le olvida que sin humanos ya no habrá almas pecadoras que alimenten al infierno -los ojos del juez observaban las filas de almas-. Bueno, calculo que nos queda como un siglo de vida con este abastecimiento. Esperemos que ya no se creen más demonios para sus filas.
Tras decir aquello. Tougou extendió sus alas heridas para luego volar e ir a sus dominios para juzgar a los recién llegados. Choromatsu trago saliva poniéndose nervioso, de pronto sintió náuseas realmente no había pensado en eso. Al igual que su juez, extendió sus alas para dirigirse a su maestro y a su hermano que estaban entregando almas.
Hablo con ellos para luego hablar a los cielos, especialmente con su hermano que no tenía ningún plan de tener más humanos en la tierra. Con permiso otorgado se dirigió a la tierra buscando algún creyente de corazón puro.
Vagando entre los humanos como viento, siendo ignorado.
Dio con una familia de ochos miembros. La familia era pura de corazón. Su búsqueda por fin dio frutos. Espero que fuera de noche para adentrarse en sueños donde podía cambiar su forma demoniaca a una que el hombre tenga confianza.
Ya que los pantalones verdes como su gabardina negra, con botas a juego de esos colores, guantes de cuero negro sin los dedos, el collar con una piedra de jade junto con los cuernos torcidos, la cola y las garras no eran de un dios bueno.
–Noé, Noé, escúchame -Se presentó al hombre que en sueños se hallaba debajo la sombra de un gran árbol.
–¿Quién me llama? -Preguntaba el hombre de barba abultada y oscura con piel acanelada.
–Soy tu dios y he venido advertirte -en un tono firme pero sereno para no asustarle-. Los hombres, los cuales cree y ame me han decepcionado… -hizo una pausa mientras el cielo cambiaba a oscuridad- pero tu familia me ha mostrado que aún hay esperanza.
–Señor, perdone a este humilde siervo suyo por interponerme, ¿no es posible perdonar a los demás como a mi familia? -Noé pregunto de rodillas con las manos entrejuntadas mirando al cielo oscuro.
Choromatsu no sabía que decir. Osomatsu estaba decidido a acabar con la humanidad y solo le dijeron que salve a las personas de corazón puro.
–¿Señor? -Noé volvía a hablar para llamarle.
–No -una tajante respuesta.- Tendrás que construir un arca en el cual tu familia se embarcada junto con animales, dos de cada especia, una pareja.
Mientras decía aquello Noé observaba como una tormenta aparecía haciendo que el mar se trague la arena, los ríos y cascadas salgan de su lugar rebasando a los árboles incluso vio a los animales desesperados por salvación. A los hombres llorando por clemencia ante el castigo que los consumía. Incluso se vio a él flotando en una barca con su familia.
–Almacenadas comida para todos incluyendo a los animales –comentó haciendo que los leones tomen agua con los ciervos sin ser devorados.
–¿Señor, no será peligroso estar encerrado con los animales? -cuestionó Noé.
–A diferencia del hombre, ellos saben diferenciar el bien y el mal. Ellos no ofenden a su creador y agradecen ser elegidos para la salvación -respondió pensativo. Ahora tenía que convencer a la diosa Artemisa para que los animales obedezcan.-
–Entendido mi señor -comentó Noé.
–Una cosa más, mientras estén en el arca no podrá tener ningún acercamiento pecaminoso. -Señalo Choromatsu ganándose más tarde el apodo de "Dios virgen" por sus hermanos- hasta que toquen tierra para poblarla de nuevo.
–¿Cuánto tiempo nos queda para crear el arca y la inundación? -otra pregunta difícil para Choromatsu pues Osomatsu es era capaz de inundar al mundo en ese instante.
–Construye el arca desde mañana sin detenerse -comentó pensando como tratará de retener a su hermano mayor para obtener tiempo-. No pienses que al terminar mandaré la inundación. -Advirtió- Vendré de nuevo para decir que el fin de la humanidad como la conocías ha llegado a su fin.
Con ello desapareció de su sueño respirando hondo.
Se sentía agotado por ello.
Subió a los cielos para reunirse en el juicio celestial que estaba por empezar en la asamblea, el Olimpo.
Osomatsu, estaba sentado en un trono de oro con piedras preciosas. Llevaba puesto un traje completamente blanco. La gabardina que lo cubría, llegaba a la cintura pero en espalda llegaba hasta las rodillas abriéndose en "V" invertida. Tenía mangas largas hasta las muñecas pero él se las recogía casi llegando al codo. Esta prenda junto con la corbata de moño que era una especie de listón, eran los únicos que poseían color rojo. La primera, solo lo tenía en los bordes que iban desde las solapas del cuello hasta donde terminaba la "V"; la segunda solo era un lazo rojo sencillo parecido a los vaqueros. De igual forma poseía unos zapatos y guantes blancos, así como un broche dorado con hojas de laureles uniendo los extremos de la cinta del cuello. Su corona reinaba sobre los cielos de su cabeza.
A su izquierda, Todomatsu en un trono de plata con piedras y humanos descarnándose en agonía, se notaba el desagrado por aquel puesto que le correspondía. El vestía más simple. Una túnica blanca formando como vestido de tirantes blancos con orilla rosa en la falda. Una cinta rosa con un gran moño le rodeaba su cintura. Cuatro brazaletes dorados distribuidos como pulseras de cada mano y tobilleras. En ellas había símbolos del cielo e infierno señal del ser que es la unión de ambos mundos. En el tirante izquierdo, poseía un broche de rubí en forma de corazón. Andaba descalzo pero cuando sus pies tocaban piso las tobilleras formaban zapatos de oro con la forma que quisiera. A un lado posando sobre su trono estaba su hoz, llevaba también su corona, una especie de aureola con espinas que al igual que los brazaletes representaba su poder en ambos reinos.
A la derecha, un trono de huesos con estructuras de plata con oro vació, era el lugar del segundo hijo.
El rey del infierno no tomó asiento ya que se encontraba en el centro hablando y discutiendo por la solución que dio.
Pidiendo tiempo para la humanidad.
Osomatsu no escuchaba razones, fingía hacerlo mostrando un falso interés. Todomatsu junto a Shonosuke hablaban de acarreó de las almas, los otros dioses discutían de quien los adoraría, los dos primeros jueces del infierno de su alimentación como sobrevivencia.
–¡A callar! -Gritó Osomatsu levantándose de su trono- hoy mismo mandaré el diluvió. –Todos los presentes se quedaron sorprendidos por la firmen orden.
Se bajó del trono caminando entre los presentes con una mirada fría hacia a sus aposentos donde se encontraba la fuente de Kamisama como pieza clave para acabar con el mundo.
–¡Cómo te atreves a decir eso! -Ahora Choromatsu levantaba la voz junto a la espada de Akumatsu que se convirtió en un tridente que fue lanzado para impedir el paso del mayor.
–¡Choromatsu-niisan! -Todomatsu intento intervenir al ver al rey demonio con alas extendidas en el aire creando llamas.- ¡Espera! ¡Osomatsu-niisan, solo te pedimos que escuches!
–¿Te atreves atacarme aquí mismo? -pregunto Osomatsu girando a ver al siguiente en la línea de nacimiento con una mirada desafiante.
–Situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas -respondió en un tono seco-. ¡Sí es necesario destruirte ahora mismo para detener todo lo haré! -Exclamó llamando su tridente.
Los dioses murmuraban dispuestos a ponerse de lado del rey demonio; las ninfas y musas huían a esconderse del peligro; Todomatsu junto a sus padres trataban de retener a sus hermanos quienes comenzaron a pelear entre ellos.
Los arcángeles se preparaban ante el ataque de los jueces que esperaban órdenes para atacar, puesto que ambos reyes de esos ejércitos pidieron no intervenir. Tougou sonreía relamiéndose los labios observando a Shonosuke, así como Osoko que lo miraba detrás de un grabado de sus hijos peleando.
–Se repite la historia… -Susurros de él al conjunto del juez y la sacerdotisa.
–¡Parad todo esto! -Gritó el shinigami tomando su hoz interviniendo entre los filos del tridente y la espada de infierno y del cielo, respetivamente.- ¡Debemos salvar a los hombres de este diluvio! -Vio a los hermanos- no destruirnos. ¡Sí iniciamos una guerra ahora el infierno perderá al usar todas las almas en un solo golpe! -señaló a Choromatsu.
–Me da igual… -Osomatsu desapareció para continuar su plan.
–¿Qué haremos? -Pregunto Todomatsu con miedo- ¡reunamos a los oráculos!
–Osoko… -la llamó Shonosuke- reúne a tus hermanas.
La mujer obedeció para luego traer con ella a otras mujeres. Las cuales hicieron una reverencia formando un círculo y en el centro tiraron una gran manta que se empezó a incendiar formando una hoguera con fuego azul. Las mujeres aparecieron unos abanicos de papel para avivarlo, tras ver que las flamas bailaban, ellas imitaron esos movimientos con un baile con canto alrededor del fuego.
Pronto chispas salieron volando del fuego, mismas que al caer formaron figuras de siluetas femeninas. Las mujeres comandaras por Osoko, detuvieron su baile y canto en una reverencia ante las nuevas mujeres que surgían tomando apariencia humana.
La primera era una niña de piel clara con una larga cabellera negra y una flor azul adornándolo. Era Nona, con rueda de hilar junto a ella. La menor. La siguiente era una joven morena con cabellos rubios amarrados en dos coletas sosteniendo una vara. Su nombre era Jyushiko Láquesis. Finalmente, se encontraba la mayor, una mujer madura. Morena como su segunda hermana con cabellos oscuros como la menor, los cuales los tenía sueltos sin sujetarlos. La más temida por sus tijeras en mano, Atropos Karako.
Las hermanas tenían túnicas blancas con ojos vacíos. Las hermanas Moiras se hicieron presente.
–Estuvimos esperando su llamado -dijeron las tres en unísono.
–¿Cómo podremos detener esto? -preguntó Choromatsu.
–No se puede detener el destino pero sí cambiarlo -respondió Nona hilando.
–La respuesta lo cambiará -Jyushiko tomó el hilo para comparar el largo de su vara con él.
–¿Qué respuesta? -El dios del infierno estaba confundido.
–La que tiene junto a usted -comento Karako tomando sus tijeras-. Deje que la respuesta actué por su cuenta.
–¡Qué demonios! -Ahora intervenía Todomatsu confundido agarrando su cabeza- ¡Eso no ayuda en nada! ¡Solo estamos perdiendo el tiempo!
Las Moiras seguían hilando un nuevo hilo que comparaban con el primero mirando con fascinación.
–Los hilos se pueden intercambiar -mencionaron al mismo tiempo alzándolos al aire- solo deje que intervenga.
–¡No es tiempo de costurar túnicas de mala calidad! -Gritó el nuevo dios de la muerte enfadado- ¡Mi hermano destruirá la humanidad digan que debemos hacer!
–Ya deje de intervenir y ustedes solo dicen sandeces -respondió tratando de reponer la compostura.
–¡Él! ¡Él! ¡Él! -Repetían las Moiras señalando. Las sacerdotisas imitaron el movimiento con sus abanicos haciendo coros.
Shonosuke no le gusto la sonrisa picarona de Osoko lo que más le desagrado fue quien debía solucionar todo. Los dioses, las ninfas, las musas, y los dioses supremos que seguían ahí se quedaron bajo una especie de hechizo de medusa. Los arcángeles temieron por quien sería el salvador. Mismo que se veía imponente con una sonrisa ladina mostrando los colmillos filosos de orgullo.
–¡No él! -El arcángel San Miguel rompió el silencio- ¡Ese monstruo desato la primera guerra! –Caminó ante el juez con su espada- ¡Tougou lo arruinará en vez de salvarlos!
–¡Estoy de acuerdo! -Shonosuke exclamo con fiereza.
–Ellos tienen razón -dijo el juez que era visto con miradas expectantes entre murmullos-. Sin embargo, ya expuse las razones de porque no quiero que se acaben los hombres.
Apartó la espada de San Miguel con desdén ante el gruñido de este. Camino de forma elegante como un gato hasta llegar al centro.
–Aunque me encantaría tomar esta oportunidad para destruir al cielo -miró nuevamente al arcángel que se preparaba para atacarlo- pero el ex dios supremo de la muerte -observo a Shonosuke por el rabillo de su ojo derecho- tiene razón. El infierno se debilitará y caeremos.
Choromatsu solo observaba en silencio a pesar de los murmullos. Analizaba la situación. Era cierto lo que dieron las Moiras, fue Tougou quien hizo que moviera su trasero del trono para buscar la salvación de la humanidad.
–¡Tougou! -Su rey lo llamó haciendo que todos lo volteen a ver- ¡Ve con mi hermano!
–¡No dejaremos que le hagas daño a nuestro rey! -San Miguel se interpuso con su ejército.
–Dejarlo ir… -Mencionó Shonosuke- es la única oportunidad para salvar al mundo.
Los arcángeles con miradas amenazantes lo dejaron ir. Las Moiras ahora mostraban un tercer hilo que se veía viejo pero no para romperse de un jalón. Ese hilo era acercado al rojo.
Choromatsu solo suspiro mirando a la humanidad a través del fuego de las Moiras. Todomatsu mostraba preocupación compartida de su hermano.
Tougou llego a los aposentos del dios, quien estaba frente a la fuente de Kamimatsu moviendo el agua. Osomatsu se veía absorto en sus acciones, mirando como fuertes lluvias atacaban a la humanidad y como Noé a pesar de ese caos construía junto a sus hijos el arca.
–Es un intento patético de Choromatsu -dijo viendo al juez en el reflejo del agua.
–Gracias, fue mi idea -comentó sentándose a su lado.-
–¿Ya no hay reverencia? -pregunto solo mirando al reflejo.
–Un niño berrinchudo solo merece castigo -sostuvo su mentón para acercarlo a sus labios-. ¿Qué castigo debería ponerte?
–Tu no entiendes -acerco sus labios pasando sus manos alrededor del cuello de su juez- lo hice por nosotros.
–¿Nosotros? -Lo tomó de la cintura para sentarlo sobre sus piernas- ¿sabes que me matarás con ello?
–Lo sé… -tocó su mejilla madura derramando lagrimas sobre sus propias mejillas- pero planeo morir a tu lado.
–Aunque hay una solución -lo aparto para que le vea a los ojos-. Dale una oportunidad al plan de Choromatsu, luego cambia de lugar con él –Le aconsejo apartando sus prendas- y estaremos juntos en el infierno. –Mordió su cuello para luego saborear la sangre que brotaba-.
Mientras eso sucedía todos en el olimpo, donde se hallaban desde que inicio esa especie de juicio sobre la humanidad. El menor de los tres dioses supremos deshilaba su túnica por la impaciencia y por ver a Nona hilando. Por su parte Choromatsu, estaba de brazos cruzados con los ojos cerrados esperando algún grito de Osomatsu. Los arcángeles estaban listos para atacar sí no había señal de su señor.
–Él está vivo -comento Antropos tocando el hilo rojo- no hemos cortado su hilo –miraba con fascinación su tijera.
–Hermana -llamó Láquesis- tomó el hilo de Osomatsu, es hora –Los demás se mostraron atentos.
Karako camino ante Jyushiko tomando los hilos entrelazándolos.
–Nona -le entrego el hilo- sella.
Antes de poder cuestionar las acciones. Las trompetas celestiales sonaron llamando la atención de la audiencia. Caminando uno a lado del otro se hallaban Osomatsu y Tougou con una trompeta que aventó a San Miguel con burla. Él fue quien tocó la trompeta perteneciente a ese arcángel.
–Tienes un mes máximo -comentó poniéndose frente a su segundo hermano-. Sí acaba antes de tiempo comenzaré el diluvio y sí no, crearé peces para que nos adoren.
Choromatsu extendió su mano a su hermano.
–Antes de aceptar -intervino el juez regresando junto a su señor original- sí los humanos logran sobrevivir el rey Osomatsu abandonará su trono para entregárselo a usted.
–¡Qué! -Todos exclamaron
–¡Sabía que tramabas algo escoria del infierno! -El arcángel San Miguel atacó con su espada rasgando la mejilla del juez quien esquivo a tiempo.
–¡Acepto! -Dijo Osomatsu correspondiendo la mano deteniendo a su arcángel con su voz.
No paso mucho cuando Noé terminó su arca iniciando la catástrofe que sería plasmada en muchas religiones de forma universal. Ahora se discutía que se hará con el diluvio.
Ahora una nueva duda atacaba a los seres: ¿cuántos días durará?
Todos desconocían esa respuesta.
–¡¿Cómo que no pensaste el tiempo?! -Reclamó Choromatsu a espaldas del joven con trajes blancos que miraba su fuente.
–¿Era importante? -se encogió de hombros
–¡Te van a desterrar! -Exclamó frotando su sien tratando de retomar la calma para hacerle entrar en razón.
–¿Quieres detener esto? -Preguntó tomando su espada- entonces acepta mi propuesta -lo apunto.
–¿Qué propuesta? -Choromatsu parpadeo confundido
–Se el rey del cielo y déjame ser el rey del infierno -mencionó en voz firme.
–No, que iba a ser el rey de ambos si resulta mi plan -recalco.
–Eres un idiota, me refería a que cambiemos de puestos -explico-
–¿Por qué quieres eso? -cuestionó al mayor
–Porque no quiere ser castigado -respondió.
–Mientes, como rey del infierno sé cuándo se me miente. -ahora desconfiaba del mismo Dios.
–Si te lo digo no me creerás… -murmuro agachando la cabeza-
–¡Dime! -lo sujeto de los hombros- ¡Habla!
–Quiero estar con Tougou -respondió con lágrimas-. Amo a tu juez. -Choromatsu se quedó petrificado- Sí destruyo a la humanidad destruiré al infierno, a él, y yo me iría tras él… -las lágrimas se opacaban con el brillo de su luz celestial.- pero Tougou me dijo… que sí cambiaba el lugar contigo podemos estar juntos –tomó sus manos dejándose caer de rodillas- por favor.
Choromatsu no sabía que decir ni cómo actuar.
Por fin un dios del inframundo tenía a un dios de luz de rodillas pidiendo clemencia.
No era como se lo imaginaba.
Además un sabor amargo estaba dentro de su boca.
Y algo dentro de él se rompía.
No lo entendía.
Realmente no entendía que estaba pasando a su alrededor y dentro de él.
Tal vez es un efecto secundario por aquellas acciones de su hermano que están a punto de destruir la segunda era del olimpo.
Además nunca lo había visto de esa forma.
Tan desesperado.
Siempre lo veía alegre y bromista pero ahora…
lloraba de agonía.
Quería consolarlo.
Acariciarle la cabeza que posaba en su cintura.
Sobar su espalda, limpiarle las lágrimas con su ropa.
Muchas cosas pasaban por su cabeza para hacerle, simplemente se apartó empujándolo con la palma de su mano cuando una imagen de él chupándole su pene a cambio del puesto cruzo en su cabeza.
–Lo pensaré… -fue la respuesta que le dio alejándose con calma aunque su cabeza y corazón estaban como locos.
El tiempo pasaba y todos temían por su fin. Choromatsu prefirió apartarse para calmar su estrés mientras pensaba que hacer con el asunto de su hermano y su juez. Los observaba de lejos.
Osomatsu sentía el rechazo de los otros dioses. El infierno no lo deseaba porque los destruiría. Totty ni se le acercaba por el trabajo de recoger las almas. Ni siquiera él se acercaba, ya que tenía esas dudas que abordaban su mente.
Siendo Osomatsu el que siempre lo apoyaba… ahora Choromatsu se lo pagaba abandonadolo.
Le daba lastima su hermano.
Tan solo y triste.
Había muchos murmullos que la historia de Kami y Aku se repetiría. Que Todo el sacrificio de Kami será en vano porque Osomatsu lo destruyo.
Entonces perdió de vista su hermano para poder salvar su mundo o moriría junto con la humanidad que los alimentaba con sus pecados.
Una nueva asamblea llegó al Olimpo. Fue el dios causante de todo quien llamo a todos. Ahora Todomatsu y Choromatsu estaban en sus tronos observando en el centro a su hermano.
–Dile al humano que mande una paloma, a la cual le entregarás esto -mostró una rama de olivo-que simbolizará que el diluvio terminará. -Mencionó en una voz seria.-
Al terminar de hablar todos los dioses celebraron. Osomatsu no se quedó a escuchar algún sermón o regaño. Camino de vuelta a sus aposentos.
– "¿Dónde está Tougou?" -pensó Choromatsu buscando a su juez- Fuji, ¿dónde está Tougou? No lo he visto.
–Lo mismo digo, mi señor. -Respondió el demonio en forma de flor venenosa.
–Tu juez se mudó con mi señor -mencionó con enfado San Miguel-. Ha estado ahí y a nosotros nos prohibieron acercarnos.
El rey de los infiernos salió huyendo a buscar a Tougou y a Osomatsu. Los encontró. Su hermano no estaba tan solo como creía…
Tenía a Tougou enredando sus brazos en él para protegerlo.
–Las Moiras dijeron que él, era la solución -la voz de Osoko apareció- ¿Qué harás con la propuesta de tu hermano?
Choromatsu se sorprendió de su presencia y antes de responder. Observó cómo su hermano negaba apartarse del demonio mayor. Tougou se fue al infierno en silencio como posiblemente salió del mismo. Osomatsu solo se quedó de rodillas llorando. Estiro su mano para retenerlo pero solo cayó al piso a golpear las tierras.
El rey del infierno abandonó todo.
Dejo su reino cambiándolo por el de su hermano.
No hubo castigo puesto que todos pensaron que era la mejor solución.
Osomatsu volvía a ser feliz, incluso se volvió más travieso y lujurioso. A través de su fuente veía como su hermano no perdía tiempo cuando era cuestión de Tougou. También era testigo de esos próximos o fines de encuentros de ambos cuando iba al infierno por asuntos.
Y ahora que era Dios, ahora comprendía que era amor creciendo por su hermano.
Lo amaba.
Y lo seguiría haciendo en la eternidad…
Aunque él no lo ame.
XxX
Está consciente que ha pasado siglos pero siempre lo recuerda como si fuera ayer. Sobretodo que no ha cambiado nada la relación de ese par. Tougou se muestra frío pero desde que lo conoció ha sido así. Osomatsu se muestra celoso cuando no tiene la atención de su juez e intenta provocarlo con celos o retos.
Ha nacido un tercer juez, se ve tranquilo y callado. Es el nuevo "hermano menor" de Osomatsu, Ichimatsu. Lo considera su hermano ya que nació cuando él se corono rey del infierno.
La corona de laureles que ahora usa, nacieron de aquella hoja que le entrego su hermano para la paloma. Usa una túnica diferente a la de Todomatsu, quien ahora viste trajes hechos por las Moiras, así como Osomatsu. Choromatsu es más tradicional por eso sigue usando esas vestimentas, no es que quiera negarse a modernizarse pero no le gusta los cambios… le teme a ello.
Ya paso por un cambió que le mostro el dolor en su pecho.
No quiere más.
XxX
Ahora se dedicaba a ver a la humanidad que en vez de mejorar empeoraba. Ya no tenía esperanzas con ella hasta que lo vio…
Un nuevo discípulo.
Una persona que seguía sus mandamientos desde pequeño.
Poseía un corazón puro, el cual le permitía perdonar sin guardar rencor.
Lo observo tanto que envió a su mejor serafín como primer trabajo de ángel guardián para protegerlo: Jyushimatsu. Claro, aquel serafín tenía otras almas bajo sus alas pero la mayor prioridad era esa alma pura. Sí alguien quería hacerle algún daño a su protegido, mandaba a sus arcángeles o él mismo Choromatsu se presentaba. Cuando esa persona decidió inducirse en el sacerdocio envió al arcángel Uriel para guiarle. Relevó a Jyushimatsu por obvias razones de jerarquización.
Ya que Uriel, estaba encargado de los centros de adoración y de quienes lo representan. Por eso, los demonios de mayor rango eran enviados a la iglesia para resistir las batallas con Uriel, quien salía victorioso cuando estaba frente a su batallón. Sin embargo, cuando eran los ángeles menores los que estaban en la iglesia defendiéndola, los diablos ganaban y con ello, los pecados de lujuria infectaba a los sacerdotes provocando crimines de pederastia y amasio principalmente.
Aunque Uriel lo protegía de ser infectado, aquel joven aprendiz de sacerdote nunca se vio afectado por los demonios que lo rodeaban. Eso sorprendía a todos los arcángeles junto a su señor, aquella devoción era de admirar.
Por eso reunió a la jerarquía angelical en una asamblea para hablar de este interesante ser humano.
–Está decidido -hablaron los dominaciones y los virtudes al mismo tiempo- habrá un nuevo ser celestial.
–Los tronos, han presentado pruebas para que esta persona se vuelva un ser de luz -comentó un virtud cubierto por una capa blanca.
–He sido testigo de cómo ha progresado su camino en la religión -Agregó Uriel viendo en la flama de su mano muestre a aquel sujeto reuniendo a la gente en su iglesia.- El pueblo había dejado de asistir, él los regreso.
–Los humanos ya no creen en los ángeles -hablo el arcángel Miguel apartando la vista de la misma flama-. Sí lo hiciera, esta persona podría ser un nuevo arcángel o formar parte de nuestro ejército.
–Tú lo has dicho -apoyo Uriel inclinándose a su compañero haciendo que sus mechones rojizos caigan en el hombre de Miguel.
–¡Gabriel! -Llamó a su arcángel mensajero desde su trono; el mismo que usaba Osomatsu, que anterior a él, fue de Kamimatsu-.
El arcángel Gabriel, era siempre confundido con el arcángel Miguel por los humanos. También en la era de Kamimatsu fue llamado entre los hombres como Hermes. Lo peor no era que siendo un ser de luz de alto nivel pensaban que le gustaba proteger a los mentirosos y ladrones, sí no que su nombre real paso al olvido. Al menos agradecía no tener once nombres como Uriel.
Vaya los humanos sí que no deciden como llamarle. Sí no fuera por las descripciones pensarían que había veinte arcángeles. Era una lástima por su compañero y más lastima para él que sí lo describía diferente cuando lo mencionaban como Gabriel y como Hermes.
–Mi señor -mencionó arrodillándose ante él. No le importaba ensuciar sus mantas azules por su señor.-
–Trae a mi hermano Todomatsu, luego ve con los otros dioses y decirles: -Se levantó de su trono- habrá un nuevo Dios, su nombre es Karamatsu Matsuno.
Así fue decidido el sacerdote Matsuno, Karamatsu; sería un dios.
XxX
Mientras veía los preparativos con Todomatsu, Osomatsu se presentó para luego irse. No le dio importancia a eso hasta que Uriel entro gritando.
–¡Choromatsu-sama! ¡Choromatsu-sama! -Entraba gritando en los aposentos de su Dios que se encontraba espiando a las musas a través de su fuente.
–¡¿Qué?! ¡No he hecho nada! -Exclamó asustado- Oh, eres tú –suspiró aliviado con la mano en el pecho.- ¿Por qué gritas?
–Su majestad, -el arcángel se veía alterado y enfadado.- ¡Es una emergencia! -Alzo las manos haciendo que sus llamas exploten.
–¡No hagas eso! -Rapidamente le sujeto las muñecas- tranquilo.
–Es una emergencia, su protegido fue atacado por un demonio -comentó alarmando a Choromatsu.
–¿Qué? -preguntó sin saber que más decir.
–Estaba regresando a la iglesia para ver cómo estaba Karamatsu cuando encontré a uno de los jueces, ahorcándolo -explico-. Afortunadamente hice presencia con mis llamas y logré salvarle. También hice que la madre superiora lo encuentre para atenderle.
–¡¿Cómo pudo pasar esto?! -Cuestiono San Miguel entrando al lugar escuchando la conversación- ¡Señor esto es un claro ataque! –Levantó su espada pensando que se trataba de su eterno enemigo Tougou.
–No sé qué trama mi hermano… -se acercó a la fuente para observar a Karamatsu recuperándose- ¿Dónde estás? -Buscaba al demonio que lo atormentaba- ¡Ichimatsu! –Encontró a Ichimatsu en el campanario esperando atacar.
–Déjeme ir, para regresar a ese juez al infierno donde no debió salir -San Miguel solicito.
–Siempre tan alegre cuando se tratan de demonios -dijo Uriel entre risas cambiando su humor.
–Uriel quiero que vigiles a Karamatsu y lo protejas de peligros de muerte -ordeno-. Averiguaré que trama ese juez.
Uriel regreso a la iglesia de Karamatsu. Estuvo a escondidas fingiendo ser un felino, entre otras cosas para no ser descubierto por Ichimatsu. Al llegar se enteró de otro ataque hacia el sacerdote, también vio como en forma de mujer se ofrecía al cura.
–Pierdes tu tiempo, demonio. Él siempre rechaza el fruto prohibido -comento en voz baja mientras observaba.- ¿Amor? ¿Qué sabes tú de eso? –Cuestionó Uriel.- Nunca sabrás de ese bello sentimiento porque eres un esbirro.
El arcángel seguía de cerca los pasos de aquel demonio. Vio como tentaba al cura para que se masturbe. Aprovecho que ese diablo se distrajo para luego con su flama tirar la lámpara y golpear la cabeza del cura.
–Lo siento Karamatsu… pero era por tu bien -mencionó desde su escondite-.
El arcángel se volvió un gato que descansaba en el regazo del sacerdote en la fuente, misma donde se enteró al escuchar la discusión de Iyami con su superior. Cuando Uriel se quedó a solas se acercó a la fuente para comunicárselo a Choromatsu. Tras decirle, regreso nuevamente con su cura encontrando una escena que nunca pensó ver: el juez del infierno lo abrazaba con una mirada triste.
–¿Entonces los demonios pueden sentir amor? -Se cuestionó al verlos.- Debo proteger a Karamatsu, arruinaré todos tus planes.
Uriel se sentía orgullo de Karamatsu, pues siempre se mostraba tan gentil, caballeroso y firme en sus creencias. Admiraba que no cayera en los hechizos de la bruja. Incluso con su fuego había momentos que arruinaba la cita como mostrarle por unos momentos a Karamatsu, el verdadero rostro de Ichiko
En su descuido, no vio en que momento ese demonio se coló a la habitación de su protegido. Por lo que creo un temblor para interrumpir ya que Kara estaba por sucumbir.
–Je je esto es gracioso -Dijo Todomatsu observando todo desde la torre- Uno de los arcángeles coopero para crear el temblor…
–¡Eh! Todomatsu-sama -Uriel se asustó ante la presencia- yo… yo…
–Descuida, es un secreto -le guiño haciendo que el arcángel se ruborice- ahora sí me permites tengo que recoger almas. Por cierto, hoy me llevaré su alma –le vio por encima de su hombro- creo que me ayudarás con el sacerdote.
El temblor sucedía.
Uriel solo era espectador. Junto con los otros arcángeles que habían llegado: Sariel, quien fue a guiar a las almas pecadoras y Remiel, quien revisaba a los moribundos para ser resucitados. Ambos llevaban símbolos del dios de la muerte, pues a pesar de pertenecer a Choromatsu, ellos apoyaban a Todomatsu.
Los tres estaban esperando el final del sacerdote, no esperaban que fuera aplastado pero muchos santos murieron de diferentes formas trágicas. Pero lo que realmente los sorprendió fue ver como el tercer juez del infierno: Ichimatsu, salvaba a Karamatsu de morir. Se ofendieron por las falsas pero ciertas acusaciones hacia su señor pero lo pasaron por alto por aquellas lágrimas que emitía. Incluso fueron testigos del berrinche que hizo Todomatsu.
Por su parte, Choromatsu analizaba la información que su arcángel le envió. Todo encajaba. Le había dicho a Osomatsu que estaba orgulloso de Karamatsu porque ni en pecado de lujuria ha caído y ahora uno de sus jueces estaba con el sacerdote persuadiendo al cura.
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–Mi señor, -le habló Gabriel entrando a su recinto- aparentemente también está involucrado en esto su hermano menor.
–¿Por qué Todomatsu también está en ello? -Al dios no le gustaba eso.- Llama a mi hermano.
Gabriel obedeció. Acompaño al dios de la muerte ante el altar del creador. Se despidió llevando el alma de un tal Atsushi, quien murió pronto.
–¿Y bien? -Se cruzó de brazos, levanto una ceja mirando a su hermano mayor-
–Se supone que debías haber traído el alma de Karamatsu. ¿Qué maldita cosa trama Osomatsu contigo? -Ahora era Choromatsu quien se veía enfadado.- Me dirás sí o sí -ordeno.
Totty solo sonrió acomodándose el faldón de su vestido negro con encaje que las Moiras le entregaron. Su sonrisa era una traviesa. Ahora sabía del plan de Osomatsu. A cambio del silencio de Totty y que le siga ayudando, le entrego el alma de Atsushi para que sea su sirviente. Ahora tocaba esperar que sucedería después.
Pronto llegaban Sariel y Remiel, dando su testimonio de lo que han visto.
–Gabriel, informa a Uriel que permita a Ichimatsu tener contacto con Karamatsu -ordeno ante el asombro de todos-. No me vean así, -señalo a cada uno de sus arcángeles presentes- esto es una prueba tan grande de lo que será Karamatsu como dios –sonrió.
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En el cielo los únicos que sabían de esa extraña pelea eran los arcángeles junto a su rey y en el infierno, los jueces con su señor. Los demás ignoraban aquel extraño secreto.
Ahora una nueva noticia corría en los cielos, un ángel renuncio por una humana y le entrego sus alas a un demonio.
Gabriel, como mensaje celestial, informo a Choromatsu pero guardo el silencio de mencionar que un demonio se involucró en ello por órdenes de su rey.
Pronto regresaría con la confirmación de la consumación sexual entre Karamatsu e Ichimatsu en su forma de Ichiko; de que este demonio renunció a su puesto de juez, de salvar al cura de la segunda juez, que ahora Ichimatsu es un humano que juraba amor a Karamatsu y finalmente, la intervención personal de Osomatsu en la historia.
Los arcángeles estaban locos por las noticias mientras Choromatsu seguía sereno y tranquilo.
–Es tiempo que vayas por su alma -miro a Seriel- junto a mi hermano menor, junto a mí. Es tiempo de terminar con esto.
Dejo instrucciones para Gabriel de informar a Jyushimatsu que haga un mural con las indicaciones de lo que quiere que sea. Pero que no lo pinte solo lo deje ahí para que Ichimatsu lo vea. Ya que no era tiempo para que el mundo conociera ese sueño.
También le dio otro mensaje para que Gabriel se presente a otra persona, realmente, eran dos mensajes pero la entrega de cada uno dependería de lo que vendría. A Uriel, le dijo que no se aparte de Karamatsu y que no interfiera en lo que pase hasta que él lo hiciera.
Al fin llegó el día.
El terrible día…
En el que el sacerdote Karamatsu Matsuno moría en manos del rey de las tinieblas: Osomatsu. Mientras los ojos de Ichimatsu se llenaban de lágrimas de sentimientos mezclados, rabia y tristeza. Estaba dispuesto a asesinar a su hermano mayor, que se lo merecía. Sin embargo, el amor que le tenía lo salvo apartando al atacante.
–¿Creíste que nunca me iba a enterar de esto? -Miró a Osomatsu herido- Realmente eres un estúpido. Bien, empecemos el juicio… -Fueron las palabras que hicieron que los otros tres le miren.
Nota: La información de arcángeles, tronos y virtudes fue proporcionada por san Wikipedia.
