Última entrega de esta historia.
Muchas gracias por acompañarme de principio a fin: Philopanny, KennethMc, Anygro, lilidddo, DeniSplash, lullimicap, Candy, Komaegirl, Goulphobia, Rinko, Sheren Bhm, Enthriex, Ginko, Kattyrawwa, Guito, Kleolife, Natman, kate445, Sora, Melchan, Clisey, Kdeluna, AJmatsuno, Mochi, XxXkmi, Irina, lancedruck, katipeluche, shinoby, Sakirane, Yescherry, Tachigirl, momoka, Kilsol, Otakurusher, anonimo12, XxKyouya, Gris, Orochimari, Eren145, PhantomDess, DannaAngel, Marialuz, Nekouchikland y a todos los guess que leyeron o dejaron comentario.
Pero especialmente gracias a SombraLN que nunca hizo falta su comentario de cada capítulo.
White vow
Epilogo:
Matsuno, Karamatsu
Son pocas personas que escuchan el llamado celestial desde el corazón. La mayoría lo escucha como va creciendo y enfrentándose a diversas situaciones en donde piden ayuda a su dios, decidieron involucrarse con él como agradecimiento. De esa forma, compartir sus experiencias con su señor.
Sin embargo, Karamatsu pertenecía al llamado espiritual. Desde bebé ya tenía una conexión especial con su dios. Puesto que el día de su bautismo lloraba como los otros niños, pero al sentirse el agua bendita su llanto seso, incluso reía risueño cuando su frente fue marcada por una cruz.
Durante sus años mozos, se la vivía ayudando en la iglesia como monaguillo y aprendiendo por su parte el catecismo. Lo mismo pasó en la adolescencia hasta que llego el día que debería elegir un camino que le ayudará toda su vida. No lo pensó ni dos veces, decidió ser sacerdote.
A nadie le sorprendió esa decisión.
Sus padres no se veían convencidos por ello. Esperaban que fuera un abogado, actor o deportista pero él prefería estar con una túnica hablando del creador. Incluso vieron que rechazaba a las mujeres más hermosas que se le declaraban, y es que su hijo era bien parecido, incluso su amiga de la infancia Totoko intento llegar a más con él; pero él se negaba.
Quería permanecer puro para su Dios, los padres hubieran deseado que fuera homosexual y no un virgen por siempre.
Pero ellos también fueron testigos de cómo su hijo se entusiasmaba con la palabra de Dios, misma que compartía con ateos, satanistas, u otras religiones; quienes querían ofender sus creencias, salían recapacitando sobre Dios tras encontrarse con él.
También vieron que era trabajador, que en vez de gastar el dinero en borracheras, lo donaba a las personas, a sus padres les daba para solventar gastos y obviamente para sus estudios.
No tenía un espíritu egoísta.
Se podría decir, que hasta los arcángeles bajaron para motivarlos a apoyar a su hijo.
Bueno, eso creyeron.
Ya que durante dos noches consecutivas, vieron en sueños a una corte celestial hablando sobre Karamatsu, que si seguía como era podría ser un dios o santo en la tierra. Cada uno tuvo el sueño por separado, pero eran las mismas palabras en diferente voz.
Solo rezaron pidiendo la protección de su hijo y que no se salga del camino del señor. Karamatsu se despidió de ellos para seguir su profesión guiada por la fe.
Durante su estancia en la escuela de sacerdocio, nunca dejo de creer en su señor y sus modos de hacer las cosas. Seguía rechazando caer en pecado de lujuria no solo por las jóvenes chicas del lugar o de las monjas que dejaban claro sus intenciones, también de los mismos colegas.
Ignorando eso, con maletas en la mano, siguiendo el camino amarillo que su Dios creo para él, llego a la iglesia de un pequeño pueblo para ser sacerdote a sus veititantos años.
Llegó a la iglesia encargada por el padre Hayato, junto con otros curas y hermanas como Choroko, comenzó la aventura de predicar la sagrada palabra. Sin embargo no fue un camino fácil.
La mafia era conocida por asesinar a los curas por meterse en lo que no le importa. Y Karamatsu, era un experto en el tema.
Se decía en las calles que el nuevo cura aparecía cuando nadie lo pedía, comenzaba a dar discursos dolorosos con ese inglés raro pero con confianza. Logró hacer que los consumidores disminuyan las ventas del Don. Logró que los asesinos se arrepientan y se entreguen.
El Don junto a su sottocapo Karaku decidieron que era hora de darle la bienvenida al nuevo sacerdote. Llamaron a sus mejores hombres para secuestrar y golpear al cura, pero nadie quiso. El cura se había ganado el respeto superior al del Don.
Eso fue la gota que derramo el vaso para ambos líderes de la mafia. Karaku por órdenes de Don Ichino, secuestro al cura. Sin embargo, cuando el Don lo conoció quedo cautivado por su belleza y los rechazos del párroco.
Fue un día que Don Ichino fue a cortejar a Karamatsu, cuando vio a este consolando a un hombre cansado llamado Hiramaru. En ese momento se sintió flechado, Karamatsu no paso por percibido ese momento por lo que apoyó al Don con Hiramaru hasta que los caso. Como agradecimiento por no excomulgarlo por sus preferencias, pero sobre todo por ayudarlo a conquistar a Hiramaru, Don Ichino se volvió un fiel protector social y económico de Karamatsu.
Todos en el pueblo lo amaban a pesar de su excentricidad.
Todos amaban la palabra que radicaba a pesar de lo dolorosas que eran.
Incluso, Hiramaru y Karaku sintieron que ese "dolor" es la expresión de limpieza del alma. Por lo que ambos, eligieron seguir sus pasos. Realmente, con él en la iglesia era como estar junto a dios.
Y eso el demonio lo sabía.
Por eso se introdujo para destruir aquel paraíso terrenal.
Hayato recuerda que lo vio vestido de tacones con cabello largo, ropa morada y ojos amatistas que se volvieron oscuros como el abismo en el que las almas sufren. Otros dicen, que andaba con un mandil y ropa maltratada. Cabello revuelto como sus pecados. Unos ojos amatistas que se veían detrás de la máscara que lo cubría pero se podían notar los ojos rojos por el odio.
Muchos aseguraban, que era el demonio que atacaba al sacerdote. Ya que con su aparición los ataques cesaron.
Hay quienes aseguran, que uso más que esa máscara de hockey para engañar al cura. Ya que se volvió su protegido.
Sin embargo, solo dos personas piensan lo contrario.
Uno es Jyushimatsu, el pintor de la iglesia. Él dice, que fue un demonio que fue expiado de pecados gracias al cura. Un diablo que se arrodillo ante los pies del sacerdote.
La otra persona, era "Kachan". El hijo adoptivo del Don y Hiramaru. Él creía que ese demonio de ojos cansados, era simplemente el ángel de la guardia del sacerdote. Ya que lo protegió hasta el final.
Nadie sabe que paso con esa persona.
Muchos aseguran que escapo abandonando al padre arrepentido de sus actos, otros que murió de una forma tan traumática que el padre bloqueo todo los recuerdos sobre él.
Ya que ni el mismo cura sabía con exactitud lo que paso.
No recordó ese tiempo de convivió con la persona.
Para él, esos meses no existieron…
O mejor dicho la persona no existió.
XxX
Pero regresemos al tiempo en el que Ichimatsu estaba siendo enjuiciado por la sagrada trinidad de hermanos por sus acciones. Lo que sucedía en ese momento con Karamatsu que se encontraba suspendido en una especie de limbo.
–¿Dónde estoy? -Se preguntó en medio de un campo de gran pasto verde- ¿Dónde estás Ichimatsu? -Buscaba a su acompañante.
–Estás en el limbo -una voz seria se escuchó cerca de él.
–¿Quién eres? -preguntó al ver a un hombre de cabellos castaños y traje. Acompañado de otros seres que brillaban.
–Mi nombre es Atsushi, soy un shinigami. Mis compañeros son los arcángeles -Mostro a las luces- estamos aquí por ti.
–¿He muerto? -Estaba sorprendido por esa revelación- ¡¿Ichimatsu?!
–Estas suspendido en el limbo por órdenes de Choromatsu-sama en lo que se realiza un juicio entre la sagrada trinidad y el ex juez del infierno, al que llamas Ichimatsu -Respondió Atsushi mirando fijamente a Karamatsu.
–¿Juicio? ¿Ex juez? -estaba interrogando confundido con la información repentina.
–Ichimatsu nació demonio ascendiendo a Juez del infierno -Contesto tranquilo-. Antes de convertirse en humano cometió actos contra cada dios de la sagrada trinidad. Actos que lo involucraron.
–Ya sabía que era un demonio… -Karamatsu dijo tratando de retener su ira- ¡Pero por qué hacerle un juicio sí fue perdonado para ser humano!
–Nunca fue perdonado -la voz de Raguel se hizo presente saliendo de la luz-. Cambiar a humano no es un premio o una oportunidad, es un crimen contra los dioses. Un ángel sacrifico sus alas para ese acto contra Dios.
–¡Ichimatsu ya era un humano antes de eso! ¡Ya podías sentir humanidad alrededor de él! -Karamatsu defendió.
–No existe humanidad en los demonios -agregó Uriel interviniendo.
–¿Ustedes son la sagrada trinidad? -Cuestionó el cura mirando las luces- ¡Quiero abogar por Ichimatsu!
–Nosotros solo somos representantes del dios todopoderoso, Choromatsu -ahora Uriel robaba la palabra-. Encargados de vigilarte mientras el juicio se lleva acabo para saber qué fin tendrá su alma.
–El problema es donde acabará la de él. Ya que no puede regresar al infierno y no ha hecho actos para ganarse el cielo –agregó Atsushi.
Karamatsu se quedó sin palabras.
No entendía nada de lo que pasaba a su alrededor.
O tal vez, sí.
Solo que esto iba más allá de su comprensión.
Tal vez era una nueva prueba celestial que su Dios le imponía. Por eso, se hablaba de ángeles, demonios, y otros seres divinos.
Todo por su pecado de enamorarse de demonio.
Claro que ya sabía los orígenes de Ichimatsu.
Puro ver los mismos ojos de aquel demonio en Ichiko como en Ichimatsu, además cuando ellos aparecieron el demonio que lo atacaba también lo hizo. Incluso por breves momentos, su visión se volvía borrosa ante la presencia de ellos distorsionando en alas con cuernos a sus cuerpos.
Puede ser que su Dios le estaba quitando la ceguera en la que estaba envuelto para descubrir la verdad y huir antes de caer en el abismo del pecado.
Realmente Karamatsu se sentía un tonto por haber sucumbido al pecado.
Tantos años cuidándose de ello, para caer de la forma más patética posible.
Lo peor es que por su acto arrastro a seres inocentes como Ichimatsu.
Realmente, se sentía culpable de lo que le pase a él antes que a sí mismo.
No le importaba que Ichimatsu haya sido un demonio pero él mostró más humanidad que las mismas personas.
–¿Puedo abogar por él? -Atsushi negó con la cabeza como respuesta- ¿puedo rezar por su alma? –no espero ser respondido solo se arrodillo entrelazando sus manos con los ojos cerrados- In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. –Empezó a rezar en latín.
No sabía sí sus rezos tenían algún efecto seguro pero quería al menos apaciguar la ira de su Dios para que el castigo que vaya a ponerles no sea cruel.
Sin embargo no fue ignorado.
Choromatsu se mantenía en silencio escuchando las palabras de Ichimatsu contra la de sus hermanos pero sus oídos no eran sordos ante las oraciones de piedad que Karamatsu liberaba.
Tal vez, sin saberlo…
Ayudo a Ichimatsu.
El tiempo no podía ser medido en esa capsula en la que estaba. La intriga lo carcomía pero no podía hacer nada que rezar y pedir piedad a Choromatsu por ambos, especialmente por ese demonio.
Atsushi solo lo miraba sin expresión alguna. Él había perdido su humanidad hace mucho cuando se volvió un shinigami. Ahora no podía simpatizar con los sentimientos de Karamatsu. A diferencia de los arcángeles que se conmovían al verle, sobretodo Uriel que siempre siguió los pasos de Karamatsu.
Raguel escuchó su nombrar por su señor por lo que su flama desapareció para luego revivir.
–El juicio ha terminado -Raguel habló haciendo eco- se te ha perdonado para una segunda oportunidad… -una pausa hizo que Karamatsu separé los labios para preguntar- sin embargo no te salvarás del castigo.
–¿Qué castigo? ¿Qué ha pasado con Ichimatsu? -cuestionó desesperado.
El silencio reino entre los cinco. La flama de Raguel desapareció junto la de Uriel sin responder.
–Todomatsu-sama le permite revivir por órdenes de Choromatsu-sama -Comentó Atsushi-. Nos volveremos a ver en algún momento Padre.
Con una reverencia el castaño se hizo humo disolviéndose en el aire. Mientras que la flama de Remiel se hacía grande.
–Entra en mí, la llama de la resurrección -Remiel le llamaba agitando sus flamas azules-
Karamatsu dudó un momento pero pensó en que Ichimatsu estaba adentro de la hoguera por lo que entró en él. Cuando abrió se encontró con el dueño de sus pensamientos hablando de su ser verdadero.
Luego el juramento de amor eterno y finalmente un beso.
El beso que se llevó todo lo vivido con él.
XxX
–¿Padre Karamatsu? ¿Padre? -La voz de una mujer lo llamaba- ¡Padre! –la voz se quebraba.
Karamatsu nuevamente abría los ojos pero en esta ocasión de forma lenta. Lo hacía para adaptarse a su entorno, para identificarlo. Cuando sus ojos pudieron por fin se acostumbraron a la luz blanca, notó que estaba en una habitación azul con blanco. Una ventana mediana oculta con cortinas morado, con fierros detrás del cristal; un sillón café frente a él.
Una silla a su lado donde Choroko en su hábito se encontraba sentada llorando. La hermana salió corriendo gritando por doctores.
Karamatsu notó que estaba sobre una camilla blanca como la sabana y vendas que lo cubrían. Se vio los brazos que estaban conectados a unos tubos delgados con líquidos de colores, uno conducía a una bolsa con sangre, el otro a algún medicamento que se transmite en líquido; se tocó el rostro notando uno que otro vendaje en la mejilla.
Suspiro cerrando los ojos para relajarse pero tardo mucho tiempo para hacerlo ya que los médicos junto con enfermeras entraban haciendo ruidos. Le abrían los ojos para revisar con lámparas. Metían palos de paletas para ver su garganta y finalmente interrogarle.
No respondió a nada.
Todos hablaban al mismo tiempo.
Era un ruido que le obligo cerrar los ojos para dormir con un tranquilizante que le dieron.
Las horas pasaron hasta que despertó nuevamente con Choroko a su lado velando su sueño. Ella nuevamente aviso al doctor Ichitsu para que entre a revisarle.
–¿Cómo se encuentra padre? -Preguntó acomodando sus lentes de patas moradas, delgadas y metálicas.-
–¿Qué sucedió? -preguntó Karamatsu.
–Está en el hospital, lo encontraron herido -nuevamente la rutina anterior- ¿recuerda que paso?
–Recordar… -murmuró agachando la mirada- ¡El temblor! -Gritó- ¡La iglesia se derrumbaba! la hermana Choroko se quedó atrapada. Logré salvarla empujándola antes que la columna… -se calló- ¿No me aplasto?
Ichitsu como Choroko lo miraron sorprendidos para luego cruzarse las miradas.
–Padre… -la monja tomó su mano para tranquilizarlo- ¿sabe qué día estamos?
–4 de febrero -respondió confundido por la pregunta.
–Padre… -Ahora Ichitsu atraía su atención- ¿Dónde y con quien estaba cuando tembló?
–Yo… -Karamatsu intentaba responder pero su mente estaba nublada- hablé con el padre Hayato… -se llevó las manos a la cabeza- debí haber estado en la iglesia… ¡Ah! ¡Mi cabeza! -Se quejó de dolor. Ya que sentía como un martilleo dentro de su cerebro.
–Llamaré a la enfermera para que le traiga un antibiótico -Ichitsu se levantó revisando los pulsos de la maquina a la que el cura estaba conectado-.
Choroko tomaba de la mano a Karamatsu, preocupada por él. El doctor abandonó la habitación ordenando una tomografía cerebral así como una psicóloga para el cura.
Hubo muchos movimientos tanto en el interior como en el exterior del hospital. Donde reporteros estaban atentos al estado del cura.
Las noticias sobre la desaparición del párroco de Akatsuka, Karamatsu Matsuno estaban a nivel nacional.
Primero se habló de su secuestro por Ichimatsu, luego de que fue encontrado a mitad de un bosque abandonado como un animal por un testigo que asegura que el secuestrador lo guío al lugar.
Ahora se mencionaban las condiciones médicas, su cerebro muestra un daño pero no tan grave para sus capacidades motrices pero sí para sus recuerdos. Aunque la evaluación psicológica menciona que tuvo un estrés postraumático que le bloqueo todos los recuerdos tras el temblor.
El padre por órdenes médicas permanecía en el hospital por una semana para observación. No recibía visitas que no fuera el cardenal del estado, doctor Ichitsu, la hermana Choroko y el Don con Hiramaru que pagaban los gastos.
Poco a poco con ayuda de una psicóloga le informaban de los hechos, incluso le volvieron a presentar a Kachan y a Ichiru. Sin embargo los reconoció al verles. Confirmando la teoría del psicólogo que fue un trauma.
–Padre Karamatsu… -Kachan se le acercó a la camilla apretando la orilla de su playera azul con la mirada triste-
–Je… estaré bien, no te preocupes… ¿Sí? -Le mencionó para animarlo tomándole de su mentón para levantarle la mirada-
–No… pero ¿Por qué no le recuerda? -cuestionó triste Kachan sosteniendo con fuerza la orilla de su camisa.
–Kachan, deja al padre descansar… -intervino Ichiru al ver que Karamatsu no tenía idea de que responder- Algunas cosas son mejores olvidarlas -poso su mano sobre el hombro del menor. Ya que él era experto en olvidar.
–Pero… -el joven parecía estar a punto de llorar.
–Tal vez, ahora no lo recuerde -el párroco tomó sus manos- pero deja que me recuperé para recordarle.
El menor agacho la mirada afirmando con la cabeza. Sin embargo mientras tenían las manos unidas, Kara pudo sentir un trozo de tela entre las pieles.
Lo encontramos entre sus manos -comentó Kachan refiriéndose a la tela-. Prométame con esta tela que lo recordará.
Karamatsu lo miró confundido pero le sonrió dulcemente acariciando su cabeza. Sabía que aquel menor ha pasado cosas peores y verle apoyándolo, le daba una tierna y triste sensación a su corazón.
–Lo haré… -sonrió
XxX
El tiempo pasaba hasta que el sacerdote fue dado de alta. Regreso a la iglesia a continuar sus labores aunque muchos se opusieron por su salud. El tiempo retomó su caminó para el cura que sentía su vida se detuvo por un tiempo.
Un año había pasado desde entonces.
Las cosas de ese pasado oscuro se quedaron grabadas en noticias y en la memoria del pueblo, excepto en el cura.
–Buenos días, padre Karamatsu -La voz de Jyushimatsu interrumpió su barrido en el área de la fuente.
–Buenos días, joven sunshine -comentó Karamatsu con una sonrisa- tan alegre como siempre -vio la sonrisa que se mantenía en el rostro ajeno-. ¿Listo para comenzar a pintar? –El ex ángel afirmo con la cabeza.-
–Ya se terminó de reconstruir la iglesia, pintaré nuevos murales en el pasillo, boberá y aquí en la fuente –puso su mano sobre su frente y se puso firme como un militar.
–Me alegro solo termina uno a uno y llamaré a alguien de apoyo -Karamatsu puso su mano sobre su hombro.
–¡Padre Karamatsu! -Choroko entraba corriendo. No era tan rápido como antes pero ha mejorado sus movimientos a como tenía la pierna cuando apareció el temblor- El cardenal…
–¡¿Eh?! -El cura gritó sorprendido- pero dijo que llegaría la siguiente semana.
–¡Está ahora en la sacristía con los otros sacerdotes! -explicó con desesperación.
–¡Bien, iré ahí! -Karamatsu corrió abandonando a ambos.
Se detuvo en la entrada de la sacristía. Se sacudió sus vestimentas sarcedociales. Se acomodó su cabello pasando sus dedos entre él. Respiró hondo y abrió la puerta para entrar con una sonrisa.
–Buen día cardenal Tsukino -saludo al hombre mayor.
El hombre se veía de unos cuarenta y cinco años. Algunas canas en su cabello azabache. Los ojos negros reflejaban seriedad y disciplina. Vestía con su traje representativo: una sotana con botones rojos que resaltaban, un capelo cardenalicio que era las capuchas que usaban, una birreta alrededor de su cintura y el anillo cardenalicio.
–Buen día, padre Matsuno -respondió estirando su mano derecha que portaba el anillo.
Karamatsu se acercó a él. Arrodillándose para besar la piedra sagrada que portaba.
–Pensé que vendría la siguiente semana -comentó sin titubeos levantándose del suelo.
–Tenemos una conversación pendiente, ¿recuerda? -mencionó mirando a los curas.
–Sí -respondió agachando la cabeza.
Fue hace un año. Antes del temblor cuando el padre Hayato le llamo a su oficina. Choroko dijo que ese día estaba con esa mujer, pensó que por eso el padre Hayato lo cito. Pero la realidad era otra… bueno no tanto.
Hayato solo le mencionó que el cardenal del estado quería verle para conversar con él, por ende, no debería estar paseando con la mujer en las calles.
Extrañamente, Karamatsu recordaba que le hablo de una mujer pero no recordaba de quien.
Mientras el cura estaba perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta que sus compañeros religiosos se fueron para dejarle a solas con el cardenal.
–Padre Matsuno -nuevamente le llamó para atraerle- he oído rumores de los hechos del año pasado.
–Sí… aunque en mi mente son solo rumores porque no encuentro recuerdo alguno para afirmar -respondió.
–Jura en nombre de nuestro señor que no miente -estiró su mano con una biblia de portada dorada.
–No jurareis en el nombre del señor en vano, -Karamatsu poso su mano sobre la sagrada escritura- lo dice aquí -la pego a su pecho.
Tsukino solo sonrió.
–Pero no puedo mentir cuando Dios me dio una segunda oportunidad para vivir -un dolor en su pecho apareció sin entender- que no recuerdo nada de lo que me paso, ni quien era esa persona.
El dolor se hizo fuerte. Sintió un nudo en la garganta. Y por alguna razón, podría sentir lagrimas queriendo escapar.
–Entiendo -Tsukino tomó su biblia-. Estoy aquí para callar los rumores que lo rodean.
–Es pecado creer en rumores -comentó.
–Ezequiel en su párrafo siete, versículo veintiséis -abrió su libro nuevamente- "Vendrá calamidad sobre calamidad, y habrá rumor tras rumor; entonces buscarán visión del profeta, y la ley desaparecerá del sacerdote y el consejo de los ancianos".
La cara de Karamatsu no entendía porque citar ese versículo habiendo otros sobre falsos rumores.
–El demonio que lo atormento trajo la calamidad y el rumor a su alrededor -el cardenal explicaba al ver la cara de incomprensión del otro-. En la iglesia, usted tiene enemigos porque ha logrado que la gente lo oiga profesar la palabra de nuestro creador. Muchos quieren usar esas mentiras contra suya.
–¿Por qué? -cuestionó sin comprender que tanto daño puede hacer en una pequeña iglesia.
–Se está buscando un nuevo cardenal -poso sus manos en sus hombros- y usted es el favorito para ello.
–¿Yo un cardenal? -se señaló tras tragar saliva. Tsukino afirmo con la cabeza- pero…
–Usted padre Karamatsu, ha hecho mucho en esta ciudad solo por su presencia -comentó- se puede decir que dios está a su lado y el demonio le teme.
Karamatsu solo abrió los ojos sorprendido por ese extraño cumplido, no era la primera vez que se lo decían tras ese tiempo perdido en su mente. Separó sus labios tratando de responder.
–Sé que es repentino pero solo es una mención sobre su nombre -agregó el cardenal al ver la actitud del cura-. Usted tiene que ser aprobado por los otros cardenales para subir el puesto. Lo estaremos observando ya que apenas ha pasado un año de aquella desgracia, -bajo la cabeza negando con la misma- usted se sigue recuperando.
Un suspiró fue liberado por parte de ambos. Un silencio que cualquiera que los viera pensaría que estaban en oración puesto que el cardenal tenía la cabeza agachada y el párroco los ojos cerrados.
–Todos hemos tenido una vida difícil -nuevamente el cardenal tomó la palabra- nuestro amado papá Juan Pablo II estuvo en manos de la Segunda Guerra Mundial cuando su país Polonia fue tomado. Su sucesor, Benedicto XVI, fue involucrado en líneas hitlerianas por obligación.
Karamatsu solo le observaba en silencio.
–Creo que Dios nos pone en las desgracias para ver si podemos seguir sus pasos -miró la cruz que estaba colgada en una pared blanca- ya que él también camino entre el pueblo compartiendo el mismo dolor.
El sacerdote posos sus ojos en la misma imagen.
–De esa forma, ellos entienden los problemas del pueblo y pueden llevar sus ruegos a nuestro señor para perdonarlos o pedir ayuda con alguna consejo -El cardenal miró nuevamente al cura.
–Pero yo olvide… -comentó en susurro agarrándose el pecho.
–No sé lo que usted vivió pero no creo que haya sido un trauma tan grande para bloquearlo -poso su mano en su hombro-. Creo que Dios piensa que no es el momento de recordarlo, lo será a su tiempo con algún fin. Pienso, que usted sobrevivió con propósito que será rebelado cuando nuestro señor lo indique.
–¿Algún propósito me espera? -Preguntó tocando la imagen de Jesús en la cruz-
–Hay que hacer sacrificios como nuestro señor -agregó el cardenal.
–¿Mis recuerdos? -Karamatsu dudó-
–Nadie sabe cómo trabaja realmente nuestro señor por nuestro bien -respondió el cardenal.
–Siento dolor al tratar de recordar -se agarró su pecho-. Un vacío, que no me deja respirar –miró fijamente al cardenal-. No sé lo que planea nuestro señor, pero algo es seguro… en él confió.
El cardenal y Karamatsu siguieron conversando dentro y fuera de la sacristía. Ya no hablaban de ascenso de Karamatsu, ahora hablaban de los planes de la iglesia que estaba en remodelación. Como Karamatsu se volvió el cura principal de la parroquia. Al final Tsukino, se quedó a presidiar una misa y escuchar otra a voz de Karamatsu. Luego de despedirse de los feligreses, el cardenal se fue al amanecer del día siguiente.
Tras haberse ido pronto el pueblo se enteró que planean subir a su sacerdote favorito a cardenal. No había gente que no lo conversaba feliz y orgulloso.
–¿Padre es cierto lo que dice mi papá? -preguntón Kachan mientras comía un emparedado sentado en el borde de la fuente. Llevaba una ropa deportiva roja junto con un casco blanco-
–¿Qué dice Hiramaru? -preguntó como respuesta acomodando su guitarra en sus piernas.
–¡Sí! Dice que usted se irá a otra capilla, para cuidar a más niños como yo -respondió antes que Karamatsu le limpie las mejillas de las migajas.
–Así es -respondió tranquilo- pero no es seguro -el sonido de sus acordes comenzó a sonar una melodía sin letra.
–¿Cómo se llama la canción? ¿Por qué no tiene letra? -preguntó Kachan
–Solo es una melodía que sale del corazón -respondió-.
–Olvido la letra como a él… -mencionó el menor mirando al cura con tristeza- A mí no me gustaría olvidar a Ichiru… -agachó su mirada- ni creo que mis padres quisieran olvidarse del otro.
Karamatsu dejo de tocar para observar al chico apretando sus labios sin saber cómo responder.
–Cuando mi padre me dijo que posiblemente se vaya, pensé que era para ir a buscarlo -el menor agarro un trozo de tela atado a su pulso.
–Dime Kachan, ¿cómo era esa persona? -Pregunto apretando su guitarra.- Todos hablan de él diciéndome que no era buena persona. –se mordió del labio arrugando su entrecejo.
–No, no lo era -una respuesta honesta y cortante- solo con usted. –Sonrió enrojeciendo las mejillas del cura-. No hablaba mucho con otros con usted cruzaba palabras, a veces groseras pero siempre sonrojado y terminaba haciendo lo que usted decía. Siempre lo miraba cuando usted no lo veía, lo defendía de todo. No creo que haya sido malo y que a usted se lo llevo para escapar. Creo que se lo llevo para protegerlo, algo pasó que decidió partir para cuidarle.
Aunque Kachan era un niño que mantenía su inocencia esas palabras fuero directas, con certeza. Llegaron directamente al corazón de Karamatsu provocándole un dolor en el pecho que le hizo llorar sin explicación alguna.
Kachan, pronto se puso de pie para consolar al cura.
XxX
El tiempo transcurrió.
Un nuevo año llegó.
–Hoy es el gran día… -La hermana se acercó colocando su mano en el hombro del sacerdote-
–Sí… -Suspiró viendo el mural- Tiene que presionar a Jyushimatsu para que acabe el mural -ordenó a la monja-.
Karamatsu se encontraba en el jardín. Observando el futuro mural que solo era una pared blanca que con lápiz se formaba la silueta de un ángel que extendía su mano a alguien.
–No dude que lo haré -caminó a su lado- Padre… -negó con la cabeza- Karamatsu, ¿nos vamos?
–Me siento perdido en esta iglesia -comentó-. Todo fue reconstruido. Ya no recuerdo donde estaban las cosas -se posó en una columna que remplazaba a la que se le vino encima-. Bueno mi memoria nunca se recuperó.
–No diga eso -ella se colgó de su brazo- Es una nueva iglesia…
–Que lamentablemente ya no explorare. -agregó el cura caminando con la hermana.
Karamatsu junto con Choroko caminaron entre los pasillos conversando anécdotas que vivieron juntos en interiores del edificio. Cruzaron en el salón de las misas. Se liberó de ella para caminar en el pasillo alfombrado de terciopelo rojo. Se arrodillo para hacer reverencia a las imágenes de cerámica que representaba a su dios.
–Muchas gracias padre por cuidarme hasta este momento -dijo con los dedos entrelazados. Con una sonrisa antes de persignarse y levantarse.
Retomó su camino con la hermana que esperaba de pie. Cuando él abrió la puerta principal que conectaba con la calle. Se encontró con todo el pueblo esperándolo.
–¡Viva el padre Karamatsu! ¡Viva! -Se escuchaba en coro.- ¡Viva el cura del pueblo! ¡Viva! ¡Viva el mejor cardenal que el vaticano podría haber conseguido! ¡Viva!
–¡Padre no nos olvide! -esa última frase no lo iba a prometer porque hasta ahora no recordaba a Ichimatsu.
–Padre Karamatsu -Hiramaru apareció junto a su marido- nuestro vehículo está listo para llevarlo hasta la ciudad.
–Ci mancherà, stammi bene [Lo extrañaremos, cuidese]. -Mencionó el Don.- Ichiru y Karachan quieren despedirse.
–¡No es cierto! -Se queje un adolescente.- Lárguese ya, tiene que ir a otro lugar a joderles la vida siendo metiche.
Un golpe por parte del Don a su cabeza le hizo morderse la lengua. Claro que Hiramaru se lo regreso por haberle pegado a su hijo. ¿Y por qué no, darle otro golpe a Ichiru por hablarle así al cura?
–Esperen… -Karamatsu intento detener esa rara disputa familiar.
–¡Je! Es la forma de Ichiru para decirle, que lo extrañará y agradece lo que hizo por nosotros -Otro adolescente apareció a su lado con una tierna sonrisa-.
–Ya veo -acaricio la cabeza de Kachan que llevaba un uniforme escolar de primer nivel. Era blanco con logo verde a la altura del pecho con orillas azules por año que cursaba.
Ichiru llevaba el mismo pero con morado por ser de un grado superior. Ambos estudiaron en dos años para estar al día con la escuela. Suerte que Hiramaru se encargó de los estudios particulares y el Don del dinero para la escuela. Por eso, ellos ahora estaban en el grado escolar que les correspondían.
–Me alegro que ustedes tomarán la comunión antes que partiera -comentó al chico.
–No iba a permitir que mis hijos estén sin recibir la comunión de usted -agregó el Don orgulloso de él.
–Muchas gracias a todos -mencionó- Perdón por todas las molestias causadas. Espero que no les cause problemas mi sucesor, sean amables con él.
–No se preocupe, padre -Hablo Hiramaru.- Lo haremos. Usted nos lo enseñó y nos dio más de lo que cree.
–Una familia… -murmuro Ichiru acercándose para abrazarlo luego apartarse corriendo al auto donde sus padres vinieron.
–A Ic… -fue interrumpido.
–¡Vamos padre, llegaremos tarde a su vuelo! -Gritó Han cansado por el esfuerzo de pronunciar aquella frase.
–No se preocupe padre, así es él -comentó Kachan-. Padre… hay algo que quiero darle –extendió su mano a él- es mi mayor tesoro. Es un recuerdo que le ayudará.
Karamatsu extendió su mano para encontrar un trozo de tela hecho pulsera. Misma que Kachan le ató para que lo luzca.
–Es un amuleto que te dará recuerdos felices -comentó con llanto y sonrisa en el rostro- lo extrañaré -lo abrazo antes de apartarse.
–Padre ya es hora… -Han se acercó jalando al cura del cuello- realmente quiero descansar después de esto.
Karamatsu se despidió rápido de todos.
–Bienvenido cura -Karaku se encontraba dentro de la limusina- Abordo el vehículo seguido por otra caravana de autos. Ya que el Don exigió una escolta para él. No querían perderlo de nuevo como hace ya un par de años.- Anímese padre, ¡Mire! –Debajo de los asientos saco la guitarra del cura-
Karamatsu abordo el auto para tomar su guitarra mientras Han terminaba de guardar las maletas en el vehículo. Karamatsu vio por última vez volvió a tocar la melodía que su corazón se sabía muy bien.
–Tan solo la vacía soledad es dejada en mí -Karaku pensaba que la canción se refería al momento- Y es una distracción en mi mente en blanco. Mirando hacia el cielo -Han arrancó con el cura sirviendo de la radio- estiré los brazos…
Karamatsu cerró los ojos para que la letra saliera. No recuerda haberla escrito antes de irse. No la tenía anotada en ningún sitio pero su mente liberaba cada letra por su voz y tacto. Letra que era dictará de su corazón, pues sentía como este se apretaba para sacar lágrimas.
–En el triste sueño… -Todo se oscureció a su alrededor excepto por una luz que brillaba en una silueta- alguien me sonrió y sostuvo mis manos…
– "Karamatsu, te amo" -un susurró cruzó junto a él como si fuera viento acariciando su piel.
–¿Quién era ese…? -preguntó cortando la canción
–¡Han detente ahora! -Karaku ordeno haciendo que el otro frene de golpe.
–¿Padre? ¿Padre Karamatsu? -Karaku sostenía sus hombros- ¿Qué le sucede?
El sottocapo estaba sorprendido del párroco. Estaba cantando cuando de golpe la música se cortó como un alarido para luego la guitarra caer al piso. Karaku abrió los ojos al ver al cura llorando y paralizado con el rostro en blanco.
–¿Padre? -le miró preocupado- ¡Hay que ir al hospital! -ordenó.
–Estoy bien… -Karamatsu respondió- Solo me duele el pecho… pero no de forma médica… solo emocional.
Karaku miró a Han que los observaba desde su asiento. Ya que había bajado el cristal que los dividía. Al final llegaron al aeropuerto de la ciudad tras un incómodo momento. Cuando Karamatsu se tranquilizó prefirió hablar de otros temas con Karaku, como su relación con Han y con la familia del Don.
Pronto Karamatsu estaba en su avión rumbo al vaticano. Obviamente, como nuevo cardenal tenía que darle sus saludos al mismo papá. Al líder de la iglesia católica, sucesor de San Pedro.
No era la primera vez que lo veía.
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Conoció al papá cuando visito su ciudad, lo que hizo que llamen a los sacerdotes principales o quienes merecían conocer al papá en persona por sus acciones religiosas. Ahora se encontraba caminando en el pasillo con muros blancos e imágenes religiosas junto con retractos de otros papás. A su alrededor de él, se hallaban otros cardenales nuevos, en su mayoría mayores para recibir la bendición del pontifice de ese momento.
La docena de cardenales se sentaron las dos primeras bancas frente al trono de papá. Quien se presentó, haciendo que todos hagan reverencia ante él.
El pontífice era el 267 en su generación como sucesor de san Pedro en la tierra. Se llamaba Leandro Bonachelli. Su nombre de papal era Alejandro IX.
Uno a uno fueron llamados para recibir su anillo de cardenal. Karamatsu paso con nervios, besó el anillo del papá y luego obtuvo el suyo tras ser persignado.
Al final el pontífice acabo esa especie de conclave.
Uno a uno abandonó el lugar.
–Disculpe, cardenal Matsuno -otro cardenal lo llamo- Cardenal Matsuno-
Siguió su camino. Ya que sentía que era a otra persona al que llamaban. Aún no se lo podía creer.
–Hermano Matsuno -le sujetaron su brazo.
–¿Sí? -su rostro reflejaba perplejidad.
–Necesito hablar con usted sobre su nueva iglesia -El cardenal un hombre de unos cincuenta años le hizo una seña para que camine- por aquí.
Karamatsu lo siguió hasta una habitación apartada.
–Bienvenido cardenal Matsuno -otra voz se hizo presente en la habitación a la que estaban entrando-
–¡Su santidad! -Karamatsu se tiró al piso arrodillándose para caminar con las rodillas hasta el papá besando su anillo- ¿Por qué usted?
–Levántate hijo mío -el papá Alejando IX en sus trajes blancos le regalaba una sonrisa.- lo he mandado a llamar por un motivo especial.
–¿Motivo especial? ¿Qué podría ser tan especial que ha hecho este encuentro? -cuestionó confundido
–¿Ha oído de los Cardenales in pectores? -mencionó el papá. Recibiendo una negativa del nuevo cardenal- Cardenal Salvatore, -señaló al guía de Karamatsu- por favor.
–Sí -se acercó a Karamatsu mientras el papá se sentaba en una gran silla de madera con terciopelo rojo como cojines.- cardenales in pectore… -miró a Karamatsu directo a los ojos- es un cardenal secreto.
–¿Secreto? -Ladeo su cabeza aún confundido-
–A un cardenal in pectore solo lo conoce el papa y algún otro cardenal que fue uno con anterioridad para guiarlo. -se señaló con una sonrisa orgullosa- Los cardenales reservados in pectore lo son para protegerlos a ellos o a sus congregaciones de represalias en caso de conocerse su identidad, o bien para que su nombramiento no cree tensiones internacionales a la Santa Sede. –Explicó.
–¿Y por qué yo? -preguntó algo aturdido.
–Porque usted es el hijo favorito de nuestro señor -respondió el papá-. Él vino en un sueño personalmente a decirme, incluso mando a San Gabriel como primer mensajero.
–¿Eh? -Karamatsu creía que eso era familiar-
–No es necesario creerme, incluso yo no me creía pero me mando señales para confirmar -comentó Alejandro IX.
–¿Cuál es mi deber? -Prefirió no seguir molestando con ese sueño-
–Ser lo que sabe hacer, seguir practicando la palabra de nuestro señor. -respondió- y esperar lo que sigue.
–¿Qué sigue? -preguntó.
Anunciarlo como mi cardenal in pectore –respondió- tiene que ser antes de mi muerte. Ahora, el cardenal Salvatore le llevará a la iglesia que se le asignó –agregó finalizando-. Hasta luego Cardenal Matsuno.
Karamatsu se despidió del pontífice para luego pasear entre los pasillos del vaticano donde se le explicaba más a fondo la vida del ejército de Dios en esos muros. Se le dio un curso especial de cardenales y finalmente fue mandado a la iglesia principal de Japón.
Su primer año fue algo difícil. Los cursos en el vaticano, adaptarse a su nueva iglesia. Muchos sacerdotes y otros cardenales murmuraban en su contra debido a que era el cardenal más joven de la nueva generación. Karamatsu apenas entraba a sus treinta. Realmente su propia iglesia desconfiaba de él.
Digamos que a mitad de su año se encontraba tan solo.
Incluso la gente del lugar desconfiaba en él. Debido a casos de pederastia.
Sin embargo, Karamatsu no se rendía.
Todas las noches se ponía a rezar en el centro de la iglesia para que le de fuerzas para resistir.
Y lo hizo.
Resistió.
A los dos años la gente venía a él confiándole su alma.
La gente lo amo.
Los niños no le temían.
Los otros sacerdotes se acercaron a él.
Claro, aún rondaba la envidia que creció cuando a los cuatro años de ser cardenal. El papá lo presentó como su cardenal in pectore.
Ahora todos sabían de su derecho al conclave.
Los años pasaron. Karamatsu recién cumplía los cuarenta cuando el papá Alejandro IX murió en un accidente de avión. Fue un duelo internacional. Un duro golpe al corazón de toda la comunidad católica.
Los cardenales fueron llamados para elegir a un nuevo papá.
Karamatsu no podía creer que estaba entre los candidatos para ser el sucesor. Algunos estaban a su favor y otros en su contra. Incluso lo llamaron antipapa. Sin embargo, Choromatsu junto a sus arcángeles puso a su lugar aquellos que osaron desafiarlo de esa forma.
Y con el humo blanco…
Las luces de la sala donde se encontraba el conclave fueron encendidas…
Y el cardenal principal de la iglesia apareció anunciando al papá veintiocho.
–Su Santidad Kara I, Obispo de Roma, Vicario de Cristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Primado de Italia, Obispo Metropolitano de la Provincia de Roma, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, Siervo de los siervos de Dios. -Anunció al nuevo sucesor papal.
Los gritos de la gente. La histeria colectiva. La felicidad desbordada en llanto. Miles de ojos veían a una figura de sotana blanca. En su mano derecha cargaba un baculo. En la cabeza su mitra dorado así como su casulla, aquella tela dorada sobre sus hombros.
Karamatsu aparecía respirando pausadamente abrumado por el momento. Antes de entrar al balcón le hicieron la entrega del pectoral, aquel crucifijo de oro que va sobre el pecho sobre la sotana. Y el anillo del pescador, el anillo papal que todos besaron cuando tomó su puesto.
Los años se vieron en él. Su cabello oscuro ya mostraba canas a los costados de su cabeza y su tonalidad bajaba.
Karamatsu suspiro mientras agitaba sus manos al aire para saludar a la multitud con una gran sonrisa.
Todos quedaron en silencio para escuchar su primer discurso papal.
–Buona sera, miei cari fratelli. Grazie mille per avermi accompagnato in questa passeggiata in cui il Signore mi ha affidato di guidarli verso di lui. -Habló con una mirada seria pero con un timbre tembloroso- [Buenas noches, mis queridos hermanos. Muchas gracias por empezar a acompañarme en este caminó en el que nuestro señor me ha encomendado para guiarles hacia él.]
–Prima di passare a una preghiera per ringraziare Dio [antes de pasar a una oración para darle gracias a Dios] -miró a uno de los cardenales que lo acompañaba entregándole el báculo- accompagnami in questa canzone [Acompáñame en esta canción]
Tomó su guitarra, su vieja a compañera, sorprendiendo a todos.
–Hasta los confines del cielo sí pudiera volar y buscarte -la gente escuchaba la letra- Algún día podré quitarme este vestido negro y convertirme en un blanco puro que abrace a todo –todos pensaban que era dedicará a Dios- Dedico este voto puro a ti, -incluso Karamatsu lo creía- creyendo que de nuevo nos encontraremos –una imagen borrosa de un joven apareció en su mente-
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Los años como sumo pontífice de Karamatsu fue lleno de altos. La gente lo adoraba y lloraba ante sus pies.
Incluso se atrevió a desafiar a la iglesia ordenando un encierro en cárceles a los sacerdotes acusados de pederastia. Incluso acepto el matrimonio del mismo género, comenzó a hablar con la gente víctima de injusticias hechas por la iglesia. Incluso donaba dinero del mismo vaticano.
La gente la amaba, su propia iglesia lo odiaba.
Ya que por las leyes que aplicaba amenazaba al más del cincuenta por cierto de la iglesia para desparecer.
Fue entonces que durante un paseo entre las gente que visitaba el vaticano, Karamatsu recibió una bala directa al pecho. El cayó de su papamóvil ante los gritos de histeria. Los guardaespaldas corrían de un lado a otro para atrapar al malhechor y para alejar la gente así la ambulancia pudiera pasar.
–¿Cómo se siente Papá Karamatsu? -Una voz familiar lo llamaba- Vaya, es raro llamarlo así cuando siempre se le ha dicho padre Karamatsu.
–¿Eh? -Vio a un hombre en traje negro de cabellos castaños mirándole fijamente- ¿Te conozco?
–¿No me recuerda? -Karamatsu negó como respuesta- Soy Atsushi. Bueno, tal vez no me recuerda porque hace años era más callado y cortante.
–¿Dónde estoy? -El papá vio que se encontraba en una habitación completamente blanca-
–Nuevamente, lo hemos suspendido en el limbo. -Respondió- Choromatsu-sama, ordeno que retengamos su alma aquí para esperar un milagro y castigo.
–¿Castigo? ¿Choromatsu? -nuevamente cuestionó confundido-
–Hace muchas preguntas, papá Kara I. ¿A caso olvido el nombre de su Dios? Digamos que Todomatsu-sama personalmente acabará con los enemigos de su hermano -respondió con una sonrisa templada.
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Mientras Karamatsu espiritualmente se encontraba en el limbo y su cuerpo descansaba bajo observación médica.
En la iglesia se reunían los cardenales a quienes habían pagado al francotirador. Estaban festejando cuando un fuerte aire apago las velas que estaban prendidas hipócritamente a una imagen de Cristo para que les cumpla el milagro de la muerte de Karamatsu.
–Buenas noches -la voz juvenil y divertida se hizo eco en la sala cuando las puertas se abrieron mostrando una silueta- mi nombre es Todomatsu –Las puertas cerraron detrás de él. Llevaba un vestido negro con volantes rosas- soy el menor de la sagrada familia –los sacerdotes se levantaron alarmados por el extraño ser-. Soy un shinigami, formo parte de la sagrada trinidad –saco su hoz-. El dios de la muerte, hermano menor de su jefe. Me dijo que los envíe directo al infierno a que visiten a nuestro tonto hermano mayor.
Unos gritos se escucharon antes de aparecer ante Osomatsu.
–¡Wow! -Osomatsu exclamó desde su trono- nunca había visto tanta basura religiosa junta. –Sonrió con malicia- ¿Sabían que primero fui el dios del que hablan en su biblia? Osea, fui el segundo, el culpable de la inundación antes que mi segundo hermano tome mi lugar. Por cierto, no fui a arrojado al infierno. Cambie mi puesto con Choripajastoski-sama.
Los cardenales protestaban.
–¿Saben que Karamatsu es el favorito de su dios? Quiere hacerlo un nuevo dios -se apoyó sobre su asiento- Incluso, ese padrecito fue capaz de enamorar a uno de mis jueces del infierno. Venció a un demonio… -recordó a Ichimatsu que penaba como castigo- Sí él estuviera aquí y se enteraba de lo que le hicieron a su amor… -suspiró- bueno, les diré que Tougou, el que los castigará será gentil a comparación.
Con aquellas palabras esos cardenales desaparecieron de su vista. Además se le ocurrió buscar alguna manera que Ichimatsu regrese a su mundo como juez.
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En las noticias se redactaba lo siguiente:
Nadie pudo salvar a la docena de cardenales, quienes murieron en un incendio. Según los investigadores, fue una veladora que se cayó alcanzando una de las cortinas. Las puertas y ventanas estaban cerradas por dentro, seguramente por una reunión de emergencia del conclave por el estado crítico de su santidad.
Otros dijeron que fue un atentado religioso…
Otros estipulaban que fue un castigo divino porque Karamatsu era peligroso para ellos.
Eso no importa... lo que importaba era que el papá estaba de pie frente a su francotirador, quien desde que fue presado estuvo siendo torturado por manos de Ichitsu por órdenes de Kachan.
Karamatsu lo miró con un suspiro, con cuartetes en los brazos con una bolsa de líquido medicinal se puso frente a él. Todos se sorprendieron cuando el papá Karamatsu abrió los ojos, se puso de pie para caminar sostenido de la pared. Pidiendo ver a su atacante.
–Te concedo el perdón -le dijo-. No te puedo juzgar, eso es trabajo de nuestro padre. Solo te puedo perdonar para que tu alma no sufra más.
Aquel hombre se arrodillo llorando arrepentido de su acto. Beso la mano de Karamatsu, quien le sobaba la espalda para que se desahogue.
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Los años pasaban como la vida de Karamatsu.
Quien ahora estaba nuevamente en los focos del mundo a sus noventa y cinco años. Con un respiratorio para mantenerlo unos segundos más en la tierra, con la hermana Choroko a su lado cuidándolo.
–Hola, mi nombres es Todomatsu -sonrió un joven de traje rosa y medias blancas como si fuera de la época victoriana-. Soy el Dios supremo de la muerte, esta vez vine personalmente por ti.
–¿Esta vez no pudo venir Atsushi? -preguntó haciendo una reverencia
–No, él fue a ascendido a juez del infierno -respondió tranquilo.- ¿Nos vamos?
Karamatsu estaba por partir con Todomatsu. Solo tenía que sostener la mano que el shinigami le extendía para caminar hacia la luz que estaba iluminando esa habitación en blanco donde estaban.
Alzo su vista para ver esa cálida luz intentando buscar a alguien ahí.
–Dicen que un ser querido te espera detrás de la luz -comentó deteniendo su mano- ¿Ichimatsu está ahí?
–¿Eh? -Todomatsu ladeo su cabeza colocando su dedo índice sobre sus labios- ¿Cómo es que lo recuerdas? Como sea, donde vas… él no estará.
–Entonces no iré -aparto su mano-. ¡Quiero verle! -Sus recuerdos de la despedida.
De cómo se sostuvo de las prendas de Ichimatsu para evitar que se desaparezca mientras lo besa. Ese agarre hizo que un trozo de tela se desprenda quedándose entre sus dedos, lugar donde Kachan lo halló, lo tomó y guardo esperando que el cura recordará a su amado. Ahora, lo tenía como pulsera.
–¡Quiero ver a Ichimatsu! -Gritó levantándose de su camilla-
–¡Papá Karamatsu! -Se levantó la madre superiora Choroko. Quien ya lucía arruga en el rostro como sus manos con manchas. Su cabello negro completamente cambiado a blanco- ¿Qué le ocurre?
Karamatsu con su cuerpo débil por la edad, con arrugas en él. Con un cabello negro como la noche que se había convertido en un paisaje invernal entero. Se bajó de su camilla en bata blanca, tembloroso en los pasos como de un bebé recién aprendiendo a caminar. Empujo a Choroko con la poca fuerza que tenía, paso a sus guardias y enfermeros. No se detenía.
–Ichimatsu… Ichimatsu… espera… ya voy… -decía entre cortado cansado de evitar a los guardias- Ichimatsu… Ichimatsu… -En su mente miraba la silueta de un joven de cabellos revueltos vestido de chaleco y pantalón morado con una camisa blanca pegado a un árbol- Ichimatsu…
Todomatsu seguía de pie observando como peleaba por buscar al juez. Suspiró negando con la cabeza. Movió su hoz haciendo que la gente liberé al papá. Karamatsu al ser libre abandonó el hospital descalzó. La gente que rodeaba el hospital, los noticieros que estaban esperando alguna noticia sobre su estado, gritaron al verle.
Karamatsu seguía ignorando a todos.
¿Quién es Ichimatsu? ¿Por qué el papá lo nombra?
Preguntas que se hacían.
–¡Ichimatsu! ¡Sí pudiera volar y buscarte! -Gritaba desesperado con lágrimas que desgarraban el alma y corazón de los presentes- ¡Te estrecharía en mis brazos! –Se dieron cuenta que cantaba con dolor- ¡Ichimatsu! -La gente intervenía tratando de retenerlo- ¡Ichimatsu! –Su brazo se estiraba a la nada- ¡Desde mi memoria enjaulada mi alma gemela apareció! –Muchos reconocieron la canción descubriendo a quien se la dedicaron-
Karamatsu perdió las fuerzas cayendo de rodillas al piso.
Los gritos de la gente creo el pánico. Policías apartaban a las personas. Doctores y voluntarios fueron a socorrer. Karamatsu se arrastraba sobre el pavimento.
–Ichimatsu… -repetía con fuerza- por favor Dios… -lloraba apartando los brazos y sedantes que iban a él- permíteme verle… -lloraba- Ichimatsu, sí te amo con locura mi mente todavía –mencionaba tocando unos zapatos negros- por favor… llévame con él.
La persona se agachó acariciando la cabeza del padre. Consolando su llanto. Los lentes oscuros que tenía puesto ocultaban su llanto por la escena.
–Lo llevaré con él -dijo en un tono tierno-. Para eso está el club de lo cool. –sonrió ayudando a Karamatsu levantarse.
–Kachan -lo reconoció a pesar de llevar su cabello peinado para atrás. Un sombrero como usaba el Don. Tal vez recuerdo heredado de su padre.- por favor. Lo recuerdo… -se agarró de la bufanda de tela blanca- recuerdo esa sonrisa tenebrosa, esos ojos semi muertos que me miraban con amor.
–Vamos, padre -Kachan condujo a Karamatsu hasta una camioneta negra donde esperaba otro chico de cabello peinado hacia atrás pero se veía que seguía alborotado. Usaba sandalias a diferencia de su traje elegante a rayas negro con una máscara tipo de hospital negro- Ichitsu, nos espera en el auto.
La gente se quedó en silencio. Choroko caminó con Kachan para acompañar al cura. La policía les abrió paso. El avión privado de la familia de Ichitsu y Kachan esperaba para despegar. Los medios siguieron incluso dentro del avión. Solo algunos fueron privilegiados, como los que fueron comprados por aquella familia mafiosa desde generaciones atrás.
–Has crecido -comentó Karamatsu viendo como aquel niño que encontró con Ichimatsu, ahora era un hombre.
–Sí y dirijo la organización que dejo nuestro padre -respondió.
–¿Siguen vivos? -cuestiono.
–El Don murió en una balacera salvando a Hiramaru, a Kachan y a mí de una emboscada -respondió Ichitsu secó mirando que los medios no graben esa conversación-. Karaku, ocupó el puesto de Don pero también murió en una explosión de la fábrica. Falla técnica.
–Nuestro papá se fue a vivir con el tío Han. ¿Sabía que fueron pareja antes de que mi tío mafi y mi padre Don los conocieran? –Mencionó en un tono alegre- Mi papá Hiramaru se volvió Don mientras Ichitsu y yo crecíamos, aunque sorprenda yo tomé el mando al mostrarme más responsable -se reía por su propio comentario-.
–Me da igual quien sea. Siempre que estemos juntos -agregó Ichitsu sonrojado mirando por la ventana- ¿Dónde vamos? -cambió el tema.
–Donde algo dulce se fue… –respondió recordando el escape que hicieron- Donde él desapareció ante mis ojos.
–¿Recuerda que paso? -preguntó Kachan.
–Solo huimos de alguien poderoso, una pelea, un sacrificio y un sobreviviente -contestó guardando silencio.- Desde el fondo de mi memoria, recuerdo a mi amado llorando –confeso tapando su rostro con sus manos temblorosas.
Ahora todos entendían cuál fue el trauma del sacerdote. Los perseguidores posiblemente pelearon con Ichimatsu hasta asesinarlo. Karamatsu debió permanecer oculto por él, para salvarse. Salió al verle muerto y lo enterró en algún lugar de donde fue hallado.
Su mente decidió mejor bloquear esa escena y lo relacionado a su ser amado.
Pero dicen que cuando estas a punto de morir, ves toda tu vida pasar.
Y él, volvió a revivir el momento.
Su consciencia de abandono en el olvido, hacerle un velorio como debe ser, le hicieron reaccionar como lo hizo horas antes.
–Sé que este sentimiento no puede alcanzarte -Karamatsu comenzó a cantar.- Aun así, te sigo amando.
El ex sacerdote siguió cantando hasta en el auto que lo trasportaba al lugar donde se vio con Ichimatsu. Aquel campo de flores y batalla celestial. Karamatsu con su traje de papá camino en medio del campo, respirando hondo.
–Aquí estoy Ichimatsu -Karamatsu sonrió quedando en medio del lugar donde se besaron por última vez. Donde se juraron amor eterno. Continúo cantando.
–Ya es hora, Todomatsu -comentó Choromatsu suspirando con pena viendo desde hace horas la escena.- Tráelo conmigo.
Las noticias a nivel mundial comentaban que a las 24 horas con las que inicia el 4 de Febrero, el papá Kara I murió de un infarto. Se hallaba de rodillas en oración por un conocido suyo, llamado Ichimatsu. Causante de su desaparición por un par de días cuando era sacerdote. La gente sabía es parte que daban en su biografía previa a su muerte, pero muchos se sorprendieron cuando supieron que el pontífice quería reunirse con él una vez más con esa persona para partir con él.
En pocas palabras, nadie podía creer que Karamatsu era homosexual y solo quería ver a su amado.
Se hicieron entrevistas al respeto pero la iglesia no quiso ocultar nada. Por la memoria del mejor papá, ellos simplemente comentaron que fue un amor que no se logró.
Kachan por su parte solo comento, que fue un amor mutuo donde el amor por la iglesia ganó a Ichimatsu.
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–La gente habla mucho de tu vida -comentó Choromatsu caminando con Karamatsu entre las nubes-.
–Así son ellos, no les puedes quitar el don del habla que le diste -respondió-. Un don con mal uso.
–¿Cómo ves el paraíso? ¿Es como lo esperabas? -Cuestionó cruzando entre los edificios tipos griegos-.
–No sabía que el cielo era el Olimpo -contesto observando a las diosas musas-. Me imaginó que el infierno no es como lo pienso.
–No, ese sí es así -respondió el Dios llegando a una gran estructura-. Al principio no lo era, cuando estuvo a mi cargo –sonrió como si fuera un chiste interno-. Pero mi hermano que es un flojo y canalla lo descuido tanto hasta darle la imagen que tiene ahora.
Karamatsu se mantenía callado mientras escuchaba cada palabra. Al fin entraron al centro de un edificio donde siglos atrás se decidía sí la humanidad sobreviviría a la gran inundación.
–¿Es él? ¿No es la gran cosa o sí? -los dioses y uno que otro ser que se encontraba en el lugar murmuraba al verlos-
–Mi querido pajamatsu -La voz de Osomatsu con nuevo aspecto físico hacía eco callando voces- ¿Dónde está mi yerno?
–Que no es nuestro hijo -Tougou le seguía el paso con elegancia-
–Nos volvemos a ver -entrecerró los ojos- se notan que ha pasado los años.
–Tú eres el que asesino a Ichimatsu -Karamatsu abrió los ojos señalándolo-
–Él está mejor sin ti -respondió a secas. Dándole la espalda, llevando sus manos detrás de la cabeza-. Se supone que no debería recordarle –murmuró cerca de Choromatsu.
–¡Karamatsu! -Choromatsu poso sus manos sobre su pecho- acércate, -caminó hacia su fuente- bebé esta agua.
–¿Por qué? -preguntó curioso.
–Es para convertirte en un nuevo dios -respondió-. Bebé y tu vida humana evolucionará.
Karamatsu lo hizo sin protestar. Tomó la copa dorada que Dionisio le entrego, la sumergió en la fuente para llenarla de agua. Para su sorpresa el agua se convirtió en vino en la copa. Lo que tenía en sus manos era el santo grial, no tenía duda. Llevó el borde de la copa a sus labios deteniéndose en beberlo.
–¿Veré a Ichimatsu de nuevo? -preguntó mirando a ambos hermanos.
–Te lo prometo -respondió Choromatsu haciendo que Osomatsu lo mire.
Cuando Karamatsu bebió el líquido. Una luz lo rodeo. Un par de alas se extendieron en su espalda. Una aureola hecha de una enredadera con rosas azules flotaba sobre su cabeza. Karamatsu se sentía renacido.
–¿Cómo estas Karamatsu? -preguntó Choromatsu acercándose.
–Bien -respondió observando su reflejo.
–¿Quieres ir a ver a Ichimatsu? -nuevamente le pregunto.
–¿Quién es Ichimatsu? -Miró confundido ante la pregunta- ¿es él? –señalo a Osomatsu.
–Nadie importante -contestó el rey de las tinieblas-. Soy Osomatsu –sonrió-. Así que el agua bendita es licor que te hace olvidar… -miró de reojo a su hermano-
El Dios supremo no respondió solo se mantuvo en silencio observando a su nuevo dios que fue rodeado por los arcángeles para llevarlo por nuevas prendas.
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El tiempo pasaba. Karamatsu aumentaba seguidores en la tierra, puesto que a la primera década de su muerte fue canonizado. En el cielo su poder aumento por lo mismo. Sin embargo, había algo que siempre le llamaba la atención.
Un lamento que claramente escuchaba pronunciar su nombre.
Todos los días se ponía en una nube a observar el lugar de origen de ese canto lamentable. Por fin lo encontró. Venía del infierno pero no podía ir ahí ayudarle. Todos los días en cualquier momento oía los gritos desgarradores
El canto a un corazón que se conmovía…
Curiosamente era al suyo.
Así lo podía sentir.
Choromatsu le dijo que lo ignore, seguro era un alma atormentada que se aferraba a su santo.
Karamatsu no podía ignorar, sobretodo porque en su mente venía la silueta de una persona. Karamatsu se mordió el labio haciendo puños al sentirse impotente de no saber aquella identidad y no poder ayudar a quien lo llamaba.
Decidió tener un plan.
El día de su aniversario luctuosa, la gente siempre se reúne a puertas del vaticano cantando su canción. Rezando por su alma y para que se haya encontrado con esa persona. Ese día, el cantó de esa persona se hacía más fuerte de forma inconsciente.
Por eso, en ese día…
Respiró hondo para cantar.
Cantó con su corazón imaginando la silueta de esa persona.
Se lanzó al infierno en busca de respuestas.
Se quedó suspendido entre los límites sin dejar de cantar con los ojos cerrados.
Los demonios subían para atacarle por estar cerca de su territorio.
Pronto la voz que escuchaba desde hace tiempo se asoció con su recuerdo. Abrió las alas con fuerza, su aureola crecía para cubrirlo en una esfera de luz. Sus ojos azules se descubrieron.
–¡Ichimatsu! -Lo volvió a recordar. Pronunció su nombre con toda la fuerza que tenía para tumbar el lugar para que encuentre una salida a él.
Ichimatsu apareció volando hacia su persona con una sonrisa y lágrimas en los ojos, extendiendo su mano hacia él.
El dios capturo la mano del juez del infierno.
Se cubrieron con un abrazo mutuo rodeado de luz hasta que desaparecieron.
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"San Karamatsu o San Kara pontífice veintiocho de los sucesores de San Pedro. Primer papá confesado homosexual, que renunció a su amor por el amor a Dios. Santo patrono de las causas justas, defensor de los caídos en pecado interviniendo así con nuestro señor para su perdón".
Un chico de cabello oscuro alborotado leía un libro sobre hechos históricos ocurridos años atrás. Se encontraba aburrido y bostezando en la biblioteca donde realizaba la biografía del sacerdote, ya que lo considero un ser tan diferente a la iglesia a la que odiaba.
Era raro que un gótico como él escribiera sobre algún religioso.
Pero algo en ese cura le atrapó.
Tal vez fue el misterioso caso de su desaparición que le borro la memoria del trauma.
Aún recuerda cuando estaba navegando en Youtube cuando se encontró con teorías conspirativas sobre ese papá.
Salió de la biblioteca con libros en brazos que contengan información sobre el sacerdote. Caminó hasta llegar a una fuente en medio de la universidad. Busco una banca cercana bajo la sombra para refrescarse. En estos días soleados era mala idea andar totalmente de negro.
Vio la hora de su reloj con un gatito morado que sus patas eran las manecillas y su cola el segundero.
Eran las dos con cuarenta y dos.
Estaba por relajarse cuando el sonido de una música llegaba a sus oídos. Pudo notar a su… "algo" venir corriendo a su encuentro.
–¡Ichy! -agitaba su mano alegremente. Se detuvo quitando los grandes auriculares que llevaba. Se acomodó los lentes.- Perdona la demora, ¿llevas mucho tiempo esperándome?
–Nah… acabo de llegar -mencionó nuevamente poniéndose de pie para irse- pero… -se detuvo a su lado tomando su mano- Te esperaría una eternidad, en el infierno o en la otra vida. -El chico de lentes se sonrojo tomando con fuerza su mano.- ¿Nos vamos juntos, Karla? –preguntó mirando para otro lado.
Ahora recordaba que también eligió hablar del sacerdote porque su nombre corto era "Kara" y sonaba a la de su "no-novio", Karla. Incluso juraba que había un parecido físico entre ambos, al ver las fotos que halló del sacerdote.
–¡Por cierto Ichy! -Le puso un lado de su auricular para compartir- encontré la canción que el sacerdote cantó antes de morir para su amado Ichimatsu. -El otro solo sostuvo el auricular observando a su compañero mientras la música comenzaba.- Te pondré directo mi parte favorita.
–Hasta los confines del cielo, si pudiera volar y buscarte -Karla sostuvo sus manos cantando la estrofa- te estrecharía en mis brazos y nunca te dejaría ir. –Sonrió a Itchy quien lagrimaba como él- Tomó mi juramento sobre eso.
Ambos se abrazaron para luego besarse tras un te amo mutuo.
XxX
Fin
