Propuesta irresistible

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Capitulo 4

.X. Actualización .X.

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.X.

Tsukishima dejó caer los cubiertos sobre el plató haciendo más ruido del necesario y miró, con el ceño fruncido, a Oikawa, quien sonreía con burla mientras señalaba a un pelinegro sentado a tres mesas de distancia; su presencia y la sonrisa de castaño fueron suficientes para arruinar por completo su apetito.

– Escuché que va a casarse – canturreó al tiempo que agitaba con elegancia su copa de vino blanco – ¿Cómo te sientes al respecto?

– No tengo ningún sentimiento al respecto, pero...– sus mejillas retrocedieron y sus ojos se entrecerraron ligeramente en una alegre sonrisa que, a ojos de cualquiera que no lo conociera podría pasar por una animada, pero que en realidad había nacido del más puro desdén – A ti si ¿Cierto? Ese "don nadie" hijo de un chófer cualquiera está avanzando rápidamente en la escala social ¿Que va a pasar el día en que llegue hasta donde tú estás? ¿Vas a seguir sonriéndole con aires de superioridad? – miró por el rabillo del ojo hacia el pelinegro, quien parecía estar mirando en su dirección, estaba con otra persona, pero no podía verla por su posición en la mesa – ¿Vas a soportar que el que él te haga lo mismo cuándo...

Oikawa se inclinó hacia él y rápidamente le tomó y de la barbilla con fuerza – Estoy impresionado, Kei-chan – dolía, estaba aplicando demasiada fuerza, prueba de cuan molesto estaba – No pensé que lo defenderías con tanta pasión...es casi romántico.

– No puedo evitarlo, verlo revivió viejos sentimientos – respondió con cinismo. Como si realmente le importara lo que ese tipo hiciera o dejará de hacer; podía irse a la mierda junto con Oikawa.

– No eres divertido – su agarre parecía de acero y sus ojos rieron divertidos cuándo el rubio cubrió su mano con la suya e hizo el intento de quitar la suya.

Una muestra pública de afecto entre una pareja enamorada, probablemente esa era la imagen que ambos, estando ligeramente inclinados sobre la mesa y sosteniéndose las manos, estaban proyectando. Las personas a su alrededor los miraban con sonrisas envidiosas, algunas damas suspiraron y no se molestaron en expresar su deseo de estar en su lugar; sin saber que Tsukishima les cedería de muy buena gana su vida entera.

– No te casaste conmigo por mi buen humor – masculló aun sonriendo; no tenía más remedio que continuar con ese estúpido teatro.

Oikawa sonrió antes de liberarlo al fin de su poderoso agarre de acero y bebió tranquilamente de su copa antes de hablar – Tienes razón, estamos juntos por los beneficios...– dijo recorriéndole el cuerpo con una ardiente miraba que le dio escalofríos.

¿Beneficios? Chasqueó la lengua y sus ojos vagaron por el elegante restaurante, al igual que sus pensamientos.

Probablemente para Oikawa había sido un negocio beneficioso, la familia de Tsukishima podría haber perdido su fortuna y casi su empresa, pero tenían una reputación impecable, el castaño necesitaba eso después del rumor que estuvo circulando sobre él y por el cual su padre amenazó con revocar sus derechos como primogénito. Por supuesto esto también acarreo grandes beneficios para la familia del rubio, pero no para él. Aún recordaba ese día; el color volvió al rostro de su enfermo padre y abandonó el suyo cuando Oikawa pidió su mano, ese fue el momento en el que vio rotos todos sus planes, dejó atrás sus sueños de independencia y libertar por sus obligaciones.

– ...un hijo...

– ¿Qué? – su atención se centró en esa última palabra, no estaba muy seguro de que era de lo que Oikawa estaba hablando había dejado de prestarle atención desde hace ya unos minutos, pero ahora eso había cambiado.

Oikawa suspiró claramente molesto por la falta de atención hacia su persona – Dije que necesitamos un hijo y lo necesitamos pronto – sentenció.

− No...

Oikawa alzó la mano y tomó su móvil, que había comenzado a vibrar justo en el momento en el que abrió la boca y antes de responder dijo − Eso no está sujeto a discusiones, pasará...y más vale que te apresures – entonces giró hacia uno de sus costados sobre la silla y comenzó a hablar dejando a Tsukishima con la mandíbula apretada.

Ese tema...no lo habían tocado desde que se casaron y esperaba jamás escuchar esas palabras salir de su boca. Pero hace unos días, después de tener una muy fuerte discusión con su padre, ocurrió. Tenía una ligera idea del porqué de su discusión, como parte de su "familia" ahora, había cosas que difícilmente pasaban desapercibidas para él; una de ellas era el hecho de que su padre se negaba a retirarse y cederle el control total de su empresa.

Era perfectamente entendible; Oikawa podía ser un excelente empresario, era astuto, tenía carisma y parecía no tener miedo a arriesgarse, alguien cuyos logros eran dignos de admiración. Pero tenía un terrible defecto; era una persona extravagante e imprudente, celebraba lujosas fiestas una vez por semana y no reparaba en gatos en ninguna de ellas, era todo un derrochador. No había forma en que su padre admitiera que alguien así tomara las riendas de su empresa, no podía arriesgarse a que tirara a la basura todo su trabajo duro.

Por esa razón un hijo era necesario para asegurar su lugar como su sucesor, pero Tsukishima se había jurado una cosa; eso de ninguna maldita manera iba a ocurrir. Que importaba lo que Akiteru u Oikawa dijeran, jamás permitiría que eso pasara...no deseaba tener ningún lazo que lo uniera a él.

Un mesero se aproximó a él retiró los platos sobre la mesa y sirvió más vino a su copa ¿Cuánto tiempo más iba a hablar Oikawa? Los hombros del castaño se agitaron ahogando una risa y se relajaron lentamente un segundo después, esa no era una llamada de negocios estaba completamente seguro de ello...tenía una ligera idea de lo que podrí ser.

– Volamos, tengo un asunto que arregla ahora.

Un silencioso mesero trajo la cuenta y Oikawa pagó sin siquiera mirar el monto, siempre era igual y Tsukishima se preguntó cómo sobreviviría si ese tipo perdiera su fortuna...aunque eso era muy poco probable.

– Sobre esta noche...

– Ve con tu familia.

Tsukishima alzó una ceja, mientras ambos caminaban hacia la salida, eso solo quería decir una cosa; Oikawa no iba a volver a casa esta noche.

– De acuerdo – respondió con fingida indiferencia.

Le importaba poco a donde fuera o con quien estuviera, solía hacer cosas similares a menudo y, en el pasado, agradecía poder tener una noche tranquila. Sin embargo, el presente era distinto, ahora su ausencia significaba una oportunidad.

Tal vez ese era su día de suerte.

Reprimió una sonrisa y caminó tranquilamente, sin percatarse de la recelosa mirada que se dirigía en su dirección.

.X.

Un prolongado y casi inaudible suspiró escapó de los labios de Akaashi al tiempo que contemplaba la elegante fachada de aquel establecimiento. El mármol negro italiano de la mejor calidad resplandecía cual diamantes bajo la luz del sol de mediodía. Ese espléndido detalle constituía uno de los motivos de su popularidad, pero también de su exclusividad. Reservar una mesa en ese sitio le costaría más de tres meses de su salario más horas extra, no era un gasto que pudiera permitirse en su situación actual, pero quizá para ese hombre no era nada más que un gasto de rutina.

– Vamos

Akaashi desvió la mirada de la mano que Bokuto le ofrecía a sus ojos, aún no había aceptado su ayuda, sin embargo sintió que su mirada le quemaba al igual que la ardiente sensación de sus manos deslizándose su piel. Suspiró bajo e inmediatamente tomó su mano sintió un escalofrió que se extendió por toda su espalda, que no cesó hasta que estuvieron dentro del local.

Tal y como había imaginado, todo en ese lugar gritaba lujo y esplendor, había visitado una gran cantidad establecimientos de élite durante la época que pasó viviendo el bajo el yugo de su familia y podía decir con total seguridad que ese se encontraba en la cima de lo que a exclusividad se refería.

Era de esperarse, su padre ponía especial empeño en ello y en definitiva era uno de sus proyectos más exitosos.

– Permítame acompañarlos a su mesa, por aquí por favor – dijo la encargada con un suave y elegante timbre de voz.

Era realmente bonita y su vestimenta formal, en lugar de hacerla ver mayor, le daba un aire de mística elegancia que combinaba a la perfección con el fino movimiento de su cuerpo al caminar. Era la clase de mujer por la que cualquier hombre caería, sin embargo Bokuto a penas y le había lanzado una mirada. No iba a decir que eso no lo sorprendió, él parecía del tipo que iba tras de todo lo que tenía un buen trasero y sin duda ella lo tenía.

El salón era tan elegante como la fachada anunciaba, amplias paredes adornadas con espléndidas cortinas que caían delicadamente hacia el suelo de mármol tallado, espejos tan limpios que parecían invisibles y permitían que la luz del sol que se filtraba le otorgara un destello especial a los detalles en plata de los largos manteles en las mesas.

Al fondo del salón había una amplia barra de pesada madera negra, una gran pared de cristal detrás de ella reflejaba el brillo de miles de costosas botellas de licor. Al otro lado había un pequeño escenario con un resplandeciente piano de cola negro con algunos detalles en plata. Un apuesto joven vestido de blanco interpretaba una dulce melodía que armonizaba con el murmullo de los comensales.

Akaashi se detuvo repentinamente, sus ojos analizaron la disposición de las mesas y su proximidad al escenario y su rostro hizo una mueca, era como si...

– ...pista de baile...– la suave voz de su joven guía alcanzó sus oídos y centró toda su atención en su entusiasmada sonrisa – Durante las noches una talentosa joven deleita a nuestros comensales con su canto, es muy popular – hizo una pausa en la que los miró de una extraña manera – En especial entre las parejas jóvenes como ustedes.

– ¡Oh! – no sabía cómo responder a la sonrisa de la chica, era natural que pasarán por una joven pareja que iba a tomar su almuerzo, sin embargo no lo eran...ni siquiera era amigos.

Akaashi no sabía que era lo que estaba haciendo en ese lugar, no se suponía que Bokuto volvería... pero parecía haberse equivocado de nueva cuenta ¿Por qué no solo se limitaba a seguir el curso natural de las cosas y dejaba de buscarlo? Era más que claro que las personas como él no se relacionaba más de la cuenta con nadie, pero ahí estaba.

No lo comprendía ¿Por qué un restaurante? Era mucho más sencillo llevarlo a un hotel y obtener lo que claramente deseaba de él ¿Por qué invertir tanto dinero en un simple acostón?

Era extraño, algo en él se sentía peligroso e incorrecto por muchas razones.

– La persona encargada de atenderlos vendrá en un momento ¿Puedo ofrecerles un poco de Vino mientras esperan? – ambos asintieron.

Ella movió la mano con delicadeza e inmediatamente un joven camarero se aproximó a ellos sosteniendo una charola de plata con una botella y dos copas de cristal tallado con hermosos diseños.

– Por favor, llámenos se necesitan algo más...

Con el vino servido en sus copas y la carta frente a ellos, ambos dieron una cortés y pulida reverencia y se marcharon silenciosamente. Eso en lugar de relajarlo, le hizo sentirse nervioso; ahora estaban solos y frente a frente en una mesa ubicada en el lugar más íntimo del establecimiento y que daba la ilusión de que solo estaba ellos ¿De qué se suponía que debían hablar? ¿Del clima? ¿De trabajo? No tenían nada en común.

– Tal vez debimos haber venido más tarde...o ir a otro sitio – Bokuto tomó la copa entre sus dedos y dio vueltas al brillante líquido rojo, mientras hablaba en voz baja.

Akaashi no respondió, no sabía si estaba hablando con él o estaba murmurando para sí mismo, sus ojos no lo estaban mirando; se mantuvieron fijos en su copa de vino, incluso se dio el tiempo para evaluar su aroma y sabor. Era como si no estuviera aquí, eso le molestó un poco, invitarlo a almorzar y luego ignorarlo no era muy cortés.

Bebió un pequeño sorbo de vino y miró hacia la ventana deseando que el final de esa cita llegara pronto y pudiera volver a su tranquila rutina.

– ¿Querías bailar? – el pelinegro lo miró con el ceño fruncido, anunciándole silenciosamente su incomprensión – Hace un momento te vi mirando hacia la pista de baile y parecías algo extraño cuando esa chica dijo que alguien cantaba durante las noches...

– ¡Oh! – ¿Era eso lo que había estado pensando todo este tiempo? – No, yo solo...estaba recordando algo...– el mismo había sugerido que debían tener música en vivo y una pista de baile, pero su padre descartó la idea en el momento en que salió de su boca...sin embargo ahí estaba y por alguna razón le hizo sentirse melancólico y molesto.

Bokuto entrecerró los ojos y le pareció que también había fruncido los labios...fue extraño – ¿Has estado aquí antes?

Abrió la boca, pero inmediatamente la cerró ¿Qué le pasaba a ese tipo? En este momento lo miraba como si quisiera traspasarle la piel. Incomodidad. Bokuto le hacía sentir muy incómodo y el ambiente tampoco ayudaba mucho a superarlo. Ansiaba tanto volver, ese restaurante parecía pertenecer a un mundo distinto, uno donde no existía la libertad, y la etiqueta y las normas reinaban.

No pertenecía a ese lugar, había sabido eso desde siempre.

El camarero llegó y esperó pacientemente hasta que ambos recitaran su orden y se marchó sin hacer ruido, dejándolos nuevamente en aquel tenso silencio. Esa fue la conversación más larga que había mantenido con Bokuto y fue muy infructuosa.

Volvió a beber otro sorbo de vino y suspiró tamborileó los dedos sobre la mesa contando así los segundos y minutos que permanecían en silencio ¿De qué se suponía que debían charlar ahora? Akaashi no se consideraba el mejor conversador, era una persona reservada, pero sabía muy bien como iniciar una conversación. Sin embargo en este momento simplemente no podía, su mente descartaba de inmediato cualquier tema para una posible charla.

¿Realmente era imposible? Él disfrutaba del silencio, pero en este momento era estresante.

– ¿Puedo preguntarte algo? – habló Akaashi incapaz de seguir soportando ese incómodo silencio; Bokuto asintió y, si lo conociera bien, diría que casi parecía tan aliviado como él – ¿Por qué me trajiste a este lugar? Se lo que quieres de mí ¿No sería más fácil llevarme a un hotel? – dados sus anteriores "reuniones" esa sería la forma más lógica de proceder y por muy vergonzoso que sonara, el pelinegro no se habría negado en absoluto.

En todo el tiempo que llevaban en esa cita, Akaashi había llegado a la conclusión de que lo único que tenían en común el deseo mutuo. No había nadie cuyo cuerpo se acoplará mejor al suyo, pero no había nada más que eso. Ni siquiera podía mantener una conversación, así que ¿Por qué seguir con esto?

Bokuto pareció meditar su respuesta mientras su dedo se movía lentamente por la parte superior de su copa, trazando su contorno. Akaashi casi saltó de su silla cuando esos intensos dorados se movieron repentinamente en su dirección – Escuché que el sexo es mucho mejor después de una cena romántica.

Como una reacción casi automática, Akaashi dejó escapar una carcajada que ahogó inmediatamente apretando sus labios ¿Qué rayos pasaba con ese tipo? Decir esa clase de cosas tan calmadamente y con una sonrisa. No era propio de un caballero, sin embargo tenía la impresión de que si sería algo propio de él.

Se sentía mucho más relajado ahora, no sabía cómo explicarlo a ciencia cierta, pero esas palabras lo hicieron sentir mejor. Ya se había cansado de salir con personas que fingían interesarse en él, que pretendía que era importante para ellos solo para llevarlo a la cama y que no volvían a buscarlo nunca más. Bokuto le gustaba, era claro con sus intenciones y no parecía tener reparos en exteriorizarlas. No estaba llevando las cosas en el orden correcto, con el decoro pertinente, pero eso en lugar de desagradarle era agradable...revitalizante. Como beber un vaso de agua fresca después de caminar durante horas bajo el ardiente sol del desierto.

Así que ¿Por qué no? Le gustaban los hombres directos, porque él también lo era.

– ¿Quieres tener sexo conmigo ahora?

La mano del mesero tembló ligeramente y una pequeña gota de vino cayó sobre el, hasta ahora, limpio y fino mantel. Tal vez no era el mejor momento para tener una charla tan íntima, sin embargo, tanto Akaashi como Bokuto, ignoraron ese hecho y, como si el mesero no existiera y fueran las únicas dos personas en el restaurante, continuaron hablando.

– Por supuesto que sí, tengo algo en mente justo ahora...

Sus ojos se desviaron fugazmente en dirección a la, ya llena mesa, y su vientre se contrajo en anticipación. El apetito que los espléndidos platos sobre la mesa habían despertado desapareció y fue inmediatamente reemplazado por otra clase de apetito, no quería esa comida, quería a Bokuto. Ahora mismo. Sobre la mesa y con él en cuatro. En un instante, el mayor deslizó una mano sobre la mesa y acaricio suavemente con las yemas de los dedos el torso de su mano estremeciendo su cuerpo.

Cerró los ojos, sentirlo era maravilloso, su cuerpo entero reconocía su contacto y clamaba por él con corrientes eléctricas que explotaban en cada una de sus terminaciones nerviosas, su piel ardía y una ola de calor sacudió su entrepierna. En este momento no le importaría en absoluto si él le arrancará la ropa y lo cogía sobre la mesa...lo necesitaba tanto que era ridículo.

– Llévame a tu auto...ahora. – la sangre en sus venas hervía, su corazón se disparó y sus deseos más primitivos y perversos llenaron su cabeza de increíbles imágenes que calentaron su cuerpo.

La tensión entre ellos no había desaparecido, sin embargo se había transformado en algo completamente diferente, caliente y agradable...algo que querían descargar sobre el cuerpo del otro.

Akaashi no necesitaba una relación, había fallado tantas veces en el pasado que ahora mismo la sola idea de salir con alguien le desagradaba...quería algo como esto, sin ataduras...simple placer y lujuria.

Ya no iba a reprimirse más.

.X.

– ¿Vas a salir? Ya es muy tarde y un chico casado no debería salir solo durante la noche.

– Bienvenido a casa hermano – Le saludo Tsukishima con voz monótona, mientras, con parsimonia, abotonaba su camisa frente al espejo, siendo testigo de cómo su blanco e inmaculado pecho era cubierto por la fina tela de seda. − ¿Nuestro padre volvió contigo? – dejó libres los primeros tres botones y contempló su reflejo en los tres grandes espejos dispuestos en forma de U en su antigua habitación.

Vestía una camisa rojo granate, jeans blancos ligeramente ajustados que resaltaban sus largas piernas y una chaqueta negra estaba esperando sobre una mullida silla roja. Asintió, no estaba mal. Sonrió. Kuroo probablemente lo llamaría Sexi. – No puedes hacernos esto, Kei.

– ¿Qué se supone que no puedo hacer? ¿Vestirme? – murmuró con sarcasmo. – No voy a salir a la calle desnudo...– tomó de la cómoda una botella circular de cristal azul con degrade a blanco que tenía grabadas las iniciales Chanel y roció una pequeña cantidad sobre sus muñecas y cuello; su aroma, suave y delicado, flotó hasta sus fosas nasales, deleitándolo.

Cerró los ojos. Le gustaba ese perfume, era delicado y se mezclaba a la perfección con la esencia natural de su piel, convirtiéndolo en algo único.

– No vas a ir a ver a ese hombre.

Por primera vez desde que Akiteru llegó Tsukishima se giró en su dirección con una máscara de tranquilidad que ocultaba su estupefacción; no estaba preocupado en absoluto por qué lo supiera, no iba a delatarlo, sin embargo el que lo supiera ya era molesto ¿Acaso lo estaba siguiendo? O ¿Alguien más se lo dijo? Tenía una persona en mente justo ahora, alguien que no había dejado de mirarlo con reproche aquella noche.

– No sé de qué estás hablando, voy a salir con Akaashi – dijo tomando su chaqueta; negarlo todo ahora no serviría de nada, su hermano era listo, sin embargo también era una buena forma de hacerle revelar sus fuentes – Así que se me permites, tengo que irme...se hace tarde y él ya debe estarme esperando.

– No mientas, Kei – masculló entre dientes, interponiéndose entre él y la puerta con los brazos cruzados – Kageyama te vio en la última fiesta que celebraron, ustedes solo se escabulleron a una maldita habitación y entonces...– gruñó mirándole con una desagradable mezcla de reproche y decepción, Kei sabía lo que vendría ahora; reproches que develaban lo importante que era mantener su estatus...más que él mismo – ¡Era una maldita fiesta, Kei ¡Todos nuestros conocidos estaban ahí! ¿Podrías pensar un poco más en nosotros? ¿Sabes lo que había pasado si...

– No tuvimos sexo...– Akiteru frunció el ceño y negó la cabeza; Tsukishima sonrió con cinismo, lo siguiente que iba a decirle no iba a gustarle y probablemente iba a enfurecerlo más, pero estaba lo suficientemente molesto como para detener a su boca de seguir hablando – Solo le hice una mamada, pero no sabes cuánto quería que me...

Sus palabras fueron cortadas por una fuerte bofetada que hizo que todos sus sentidos se sacudieran y dejó un gran ardor en su rostro. Akiteru abrió los ojos tan ampliamente que Kei creyó que sus orbes saldrían de sus cuencas y dio un paso atrás, estaba en shock, sus ojos pasaban de la zona que había golpeado, y que ahora cubría con el dorso de su mano, a su propia mano, sin poder creer lo que había hecho.

– Kei...yo lo lamentó, no debí...– trató de acercarse a él, sin embargo Kei rechazo su tacto y sin mirarle cruzó por la puerta.

– Me voy...

Ignorando a los sirvientes que lo miraban paralizados en el pasillo, caminó con pasos furiosos por el pasillo hasta la escalera ¿Era mucho pedir que lo dejaran vivir por un momento? Estaba harto, cansado de vivir sintiendo que una maldita cuerda apretaba su cuello, de que no vieran en él a nada más que a un muñeco al que podían manejar a su antojo.

– ¡Kei! ¡Vuelve aquí, maldición!

Ya había hecho todo lo que querían, dejó de lado todos sus planes, perdió una oportunidad que no podría recuperar nunca más por ellos, por su familia y ellos no podían permitirle un maldito segundo para sí mismo. Solo necesitaba escapar de la realidad un momento ¿Tan difícil era de entender?

– ¡No puedes hacer algo así! ¡Piensa un poco más, maldición! – los gritos de Akiteru se hacían cada vez más fuertes y traspasaban furiosos y desesperados sus tímpanos – ¡Estas actuando como una maldita...

– ¿Qué? ¿Una zorra? – paró repentinamente y un jadeante Akiteru lo miró con los ojos abiertos y los puños apretados – ¿Una puta? – alzó las manos con ironía y antes de continuar dijo – Pues sorpresa, hay muchas cosas que no sabes de mi...

Ira y decepción. Su sangre parecía hervir en sus venas, sin embargo su cuerpo estaba frío, quería gritar y destrozar todo a su paso, pero guardó la compostura tanto como pudo y salió de la mansión de su familia dando zancadas tan grandes que parecían que estaba corriendo.

Correr. Eso era lo que más deseaba en el mundo, correr y vivir su maldita vida como quisiera, sin embargo sabía que era un sueño imposible. Estaba atado de pies y manos, no era más que una marioneta que todos manejaban a su antojo ¿A quién le importaba lo que quisiera? ¿A quién le importaba su opinión? Siempre y cuando todos obtuvieran lo que deseaban, su opinión, sus deseos y el mismo podían irse a la mierda.

– Me hiciste esperar está vez, te ves muy sexi...podría arrancarte la ropa justo ahora – su piel se encendió, sus sentidos se agudizaron y parte de su furia se transformó en regocijo al apreciar el deseo en esos perversos ojos avellana.

Tsukishima estaba harto. No tenía salida, no tenía una vía de escape...solo lo tenía a él, una persona a la que apenas y conocía pero que le había enseñado que había más ahí afuera de lo que conocía.

Era un compañero muy conveniente; no hacía preguntas, no se inmiscuía en sus asuntos, no quería de él nada más que su cuerpo y le daba una clase de placer que jamás imaginó, uno que liberaba todo el estrés y tensión de su cuerpo...y lo alejada de su realidad.

¿Había algo mejor que eso?

Tsukishima estaba seguro de que no.

.X.

Lo primero que percibió fue la música; acordes lentos y sensuales que cosquilleaban en sus tímpanos y le invitaban a mover su cuerpo con abandono. Poco a poco sus ojos se adaptaron y fue capaz de apreciar un inmenso salón cuyas paredes estaban cubiertas por gruesas y, aparentemente pesadas, cortinas rojas con estampados cocidos en hilos de oro, ni un solo rayo de luz se filtraba por ellas contribuyendo a la intimidad del lugar. En el centro, había una barra circular de grueso cristal negro dónde tres chicas vestidas con ajustadas y relevadoras vestimentas de cuero agitaban con maestría las cocteleras entre sus manos, deleitando la vista de sus espectadores con el movimiento de sus cuerpos. Detrás de ellas un estante igualmente de cristal en forma de diamante parecía palpitar débilmente con colores que iban del purpura al rojo, combinándose para formar distintas formas geométricas. Era un espectáculo interesante.

La luz del salón cambiaba de lentamente, pasando de una tenue iluminación a la nada, sin embargo el salón no permanecía en penumbras; cientos de luces se encendían en el techo, simulando el cielo nocturno de forma realmente realista.

El salón era amplio; sillones circulares y semicirculares blancos, negros y rojos, así como jarrones de porcelana, estatuas y pilares de diversos tamaños estaban dispuestos de forma tan desordenada que cualquiera pensaría que era un desastre, sin embargo contribuía la salvaje y sensual atmósfera del lugar.

Nadie estaba siguiendo un protocolo, en lugar de un elegante y pulido vals, las personas en la pista frotaban sus cuerpos con una cadencia desordenada e hipnotizante, en lugar de damas ataviadas en joyas y elegantes vestidos de diseñador, las mujeres vestían ropa tan reveladora que escandalizaría a cualquiera, sin embargo aquí no parecía importarle a nadie. Muchachos de su edad, mujeres y hombres de apariencia mayor, todos perdidos en sí mismos, bailando en la pista de baile, ocultos en rincones apartados, sobre los sofás robándose besos apasionados, regalándose caricias, frotando sus cuerpos sin pudor y algunos tratando de arrancarse la ropa.

– Vulgar...– murmuró siguiendo con la mirada a una mujer pelirroja alta cuyo provocativo escote, que llegaba hasta el ombligo y dejaba al descubierto gran parte de su espalda, no dejaba nada a la imaginación.

– Tú eres mucho más hermoso que cualquiera de ellas – su boca mordió ligeramente la piel de su nuca, sus labios húmedos trasladaron un peligroso camino hacia el lóbulo de su oreja al tiempo que su palma se apretaba en el sitio entre su trasero y su espalda y lo empujaba con violencia contra su cuerpo.

– Lo sé – afirmó con la arrogancia de alguien que era totalmente consciente de su propio atractivo y lo que este provocaba en otros.

– ¡Wow! Parece que alguien está de mejor humor ahora – Kuroo le regaló una sonrisa de medio lado que el rubio devolvió con lívido en el instante en el que sintió algo duro y caliente chocar contra uno de sus muslos – ¿Sabes lo que esa arrogancia tuya me provoca?

Gimió. Notando como su entrepierna se contraía y su cuerpo era abrazado por el calor; el recuerdo de su carne adentrándose en su cuerpo, el dolor, el ardor y todo el placer que eso le provocó casi hizo que su cuerpo se convulsionara por el deseo. Necesitaba tanto que llegara hasta el fondo nuevamente y que Kuroo lo embista hasta desfallecer; no necesitaba delicadeza o un trato amable, quería sentir el dolor de sentirse realmente vivo.

– Vamos, disfrutemos de la música un rato y después...voy a hacer que te corras a gritos conmigo dentro de ti – su rodilla se apretó con brusquedad contra su entrepierna y sus manos apretaron sus glúteos con una fuerza tal que no pudo evitar gemir de dolor y placer por igual – Voy a cogerte tan duro que no vas a desear nada más convertirte en mi puta permanente.

Lentamente, Tsukishima enredó los dedos en aquellas hebras azabache y acarició su cuello con la nariz con tal delicadeza que hizo a Kuroo gruñir – ¿Sabes lo ridículo que vas a verte si no lo consigues? – él río, el sonido de sonrisa fue como una melodía hechizante capaz de atrapar a cualquiera.

– ¿Algunas vez te he decepcionado?

Tsukishima sonrió con sorna – Siempre hay una primera vez para todo...

– Jamás para mí... – un escalofrió de placer y deseo recorrió su cuerpo. Esa risa arrogante, su estúpida y sensual sonrisa le decía "Admítelo, tengo en mis manos" y ese derroche de seguridad lo fastidiaba y excitaba a partes iguales.

Tsukishima le devolvió la sonrisa, Kuroo estaba muy equivocado si creía que podía jugar con él. El pelinegro no era el único que podía hacer lo que quisiera con su cuerpo, él también podía y sabía muy bien cómo hacerlo.

No quedaba ni un solo centímetro de espacio entre ellos, sin embargo Tsukishima se las arregló para deslizar una mano por su pecho, desabrochó el botón de su pantalón y metió la mano dentro, rozó su erección con las uñas, esta palpitó haciéndose más grande y él continuó con suaves toques sin dejar de apreciar como sus ojos se tornaban oscuros y su sonrisa desaparecía de su rostro.

Un animal salvaje, una bestia descarrilada. De pronto, Kuroo se transformó en algo que no había visto jamás. Fue empujado con violencia y empotrado con salvaje ira contra uno de los tantos pilares esparcidos por el salón; Tsukishima gritó, asustado y excitado por igual ¿Qué le pasaba ahora a ese tipo?

– No juegues conmigo de esa forma – sus labios se estamparon contra los suyos con brutalidad, su mano derecha se abrió paso por su pantalón, acarició la hendidura de su trasero y lanzó un gruñido de anticipación al tiempo que rodeaba la humedecida zona de su entrada.

– Aquí no...– sus piernas estaban separadas y suspendidas entre las suyas. Dura, su erección chocaba contra su vientre, un solo brazo sostenía su cintura y su mano acariciaba, sin entrar, su entrada, que se contraía buscando la forma succionar su dedo.

Quería moverse, empujarlo...hacer algo. La repentina actitud de Kuroo le estaba asustando, le ponía nervioso...le hacía sentir dominado, era tan intenso que lo sobrepasaba. No lo entendía, él estaba siendo cruel, su abrazo le dolía, la presión de su cuerpo le asfixiaba. No se suponía que eso pasaría, no estaba bien, sin embargo...

– Esto te gusta ¿Verdad?

– Me gusta.

– Pequeña zorra, estas a punto de hacer que te coja aquí mismo...¿Quieres eso?

Impetuosos y crueles, dos de sus dedos se abrieron paso y le acariciaron con maestría arañando las paredes de su entrada. Dolía, ardía, era insoportable y no se detenía. En un impulso, Tsukishima sujetó su brazo con la mano, pero en lugar de apartarlo y terminar con esa dolorosa tortura le enterró las yemas de los dedos en un suplica silenciosa por que aumentara el ritmo. Gimió y Kuroo le acercó más a su erección, que palpitaba, tan endurecida y caliente que parecía que rasgaría la tela de sus pantalones en cualquier momento.

– ¡Oh! Por favor – estaba siendo muy rudo, de una forma que no había imaginado y que no se suponía debía gustarle. "Duele" "Me gusta" sus costillas apretaban sus pulmones, le faltaba el oxígeno e intentaba con desesperación obtener un poco, pero los demandantes besos de Kuroo se lo impedían. Iba a desfallecer. Iba a correrse, justo ahí, en ese desagradable lugar, rodeado de gente...¡No! estaba asustado, escandalizado y muy caliente.

No podía mas.

Resignándose a lo inevitable, Tsukishima cerró los ojos y se sujetó de los hombros de Kuroo, permitiendo que su cuerpo fuera usado, disfrutó del dolor, del placer, del deseo que aquellas bruscas caricias transmitían a su casi desfallecido cuerpo y transmitió todo su sufrimiento entre jadeos y dulces sollozos...se abandonó como a una muñeca que solo es capaz cobrar vida cuando es usada. Y entonces todo se detuvo.

Como si nada, Kuroo retiró los dedos de la cálida humedad de su entrada e introdujo por turnos el dedo índice y corazón saboreando el dulce néctar de su cuerpo como si ni hubiera nada mejor en el mundo.

– ¿Qué...

– No me hagas destrozarte, Tsukishima – sus pies fueron devueltos al suelo mientras, una unos humedecidos labios susurraban una peligrosa advertencia sobre su cuello al tiempo que su ropa puesta en orden; Tsukishima se sentía en otro mundo, no sabía si estar molesto o aliviado por qué todo terminara. "Otra vez" su cuerpo quería volver sentirse de esa forma otra vez, pero no estaba bien... – Todavía no me he cansado de ti y sería un problema si no podemos seguir jugando. Así que...

– No soy de cristal...no voy...no voy a romperme – sin embargo, estaba seguro de que habría perdido el sentido si él seguía presionándolo de esa forma por más tiempo. Eso fue peligroso, pero no menos excitante ¿Qué pasaba con él?

– Eres más frágil de lo que imaginas y yo...– ¿No quiero lastimarte? Kuroo sonrió, desestimando ese descuidado pensamiento, arrojándolo al olvido – No quisiera que te rompieras tan pronto, eres mi amante y como tal voy a cuidarte como se debe.

Tsukishima bufó su estúpida lógica – Ridículo.

Con una sonrisa le sujetó de la cintura con ambas manos y lo besó, quizá ya se había vuelto loco, tal vez solo era la música, pero Tsukishima creyó escuchar un extraño sonido, algo parecido a un click dentro de su cabeza, que provocó que fuera más consiente de todo su cuerpo y de sus propios y morbosos deseos. Se sentía bien, la música de pronto alcanzó sus oídos y, sin ser consciente de ello, su cuerpo comenzó a balancearse lentamente.

– No me hagas perder la cabeza – tras lanzar un gemido de protesta, Tsukishima lo miró con confusión ¿Qué había hecho ahora? – ahora ve a refrescarte un poco y después ve a charlar con tu amigo – su dedo índice señalo hacia un sofá negro dispuesto en U, donde el dueño de una conocida cabellera negra se encontraba sentado a horcajadas sobre un hombre al que reconoció como Bokuto y casi sonrió con ironía al verlo en esa posición – ¿Quieres que te lleve algo de tomar?

– Lo que sea – murmuró moviendo la mano con indiferencia.

Con una carcajada, Kuroo lo halo hacia él y le robó un repentino beso – Cariño no te enojes, te prometo que voy a darte la mejor noche de tu vida. No te traje aquí para charlar.

– ¿Cuándo tu y yo hemos charlado?...

Tsukishima se deshizo de su agarre con un arrogante y elegante movimiento de su cuerpo, que le permitió apreciar toda la extensión de su cuello en un segundo y el adorable y provocativo contoneo de sus caderas durante su marcha.

Atractivo o sexi eran dos palabras que distaban mucho de lo que ese chico era, quizá ninguna palabra podría hacerle justicia.

Kuroo suspiró, peinando su cabello hacia atrás con los dedos – Destrozarlo...lastimarlo...torturarlo y hacerlo llorar – miro sus manos apreciando el ligero temblor de sus dedos ¿Qué había pasado con él? ¿Dónde quedó el Kuroo que siempre lo tenía todo bajo control? ¿Dónde había quedado su autocontrol? Esto era nuevo para él.

Gruñó al tiempo que su excitado miembro palpitaba; seguirlo y terminar con lo que habían comenzado parecía una idea maravillosa; beber de sus lágrimas y de su aliento, atormentarlo con el dolor del verdadero placer y teñir su piel de formas y colores que solo la verdadera pasión de un hombre podía provocar.

¿Sería capaz de hacerlo ahora? Su cuerpo estaba más que dispuesto, sin embargo...

– No, lo que necesito un trago...y calmarme...

"No olvides tu lugar o quién es él" Negocios, estaba ahí para hacer negocios, Tsukishima solo era una muy conveniente distracción.

"Domínalo, no permitas que te domine" porque si lo hacía, entonces estaría en un problema.


.x. Gracias por leer .x.

¡Hola!

Bien, la noche aún no ha terminado ;)

Este capítulo iba a ser mucho más largo, peeeeeero decidí dejarlo hasta ahí y dividirlo en dos partes ¿Por qué? Pues lo que se viene va a ser muuuy extenso y lleno de detalles (Lemon) también vamos a tener unas cuantas sorpresas, que no voy a revelar ahora porque es una sorpresa. lol

Asi queeeeee espero que este parte les haya dado una idea de lo que podría pasar y si no lo hizo mucho mejor...la sorpresa va a ser más grande si no la intuyen XD

¡Hasta la próxima!