Capítulo 6
.X. Actualización .X.
— No esperaba encontrarte aquí...
Akaashi se llevó un aperitivo frito a la boca y se encogió de hombros al tiempo que masticaba calmadamente, un suspiro de deleite escapando de sus labios — Kuroo-san llamó a Bokuto-san y le pidió que viniéramos, sabía que estaba con él, dijo que estabas un poco... extraño ¿Pasó algo?
— No sabía que ustedes dos estaban juntos, creí que habías dicho que no pensabas volver a verlo.
— Tu dijiste que usarías preservativos y tampoco lo hiciste — replicó con una sonrisa divertida; que fue devuelta casi de inmediato por una cómplice suya — Tsukishima, ya dime qué pasó...y ¿Quién te hizo eso? — señaló su mejilla con un palillo de madera y volvió a tomar otro aperitivo de unos de los tantos platos, casi vacíos, sobre la mesa a juego con el sofá. — ¿Oikawa de nuevo?
Tsukishima observó silenciosamente el contenido de los platos; dos de ellos contenían restos de aperitivos fritos, otros rollitos vegetarianos y lo que parecían ser queso, galletas y caviar. Por supuesto también había alcohol; una botella casi vacía de Bourbon y otra de Vodka.
— ¿No crees que esto es demasiado? — Akaashi tenía un gran apetito, pero eso era demasiado excesivo aún para él. Tal vez solo estaba nervioso, ese lugar era peculiar después de todo, lo había visto comerse una tarta entera antes de su examen de grado. — ¿Pasó algo? — sus ojos se encontraron con los suyos con la esperanza de que su pregunta iniciará una conversación diferente, él siempre sabía cuándo no deseaba hablar de algo. A veces dejaba el tema, otras, como ahora, no desistía — Oikawa nunca toca mi rostro...fue mi hermano.
Akaashi frunció el ceño totalmente incrédulo a sus palabras y frenó un nuevo viaje hacia la bandeja de aperitivos para darle toda su atención — Encuentro poco difícil que Akiteru-san levantará una mano contra ti, sé que han discutido antes pero esto es un poco...
— Lo sabe...él sabe sobre Kuroo y yo...y nos dijimos un par de cosas desagradables — tal vez se había dejado llevar, podría haber reaccionado de forma distinta, sin embargo se sentía un poco liberado después de decirlo — Estaba muy molesto "No puedes hacernos esto" me dijo — esas palabras todavía hacían eco en su memoria, alimentando su mal humor.
— ¿Temes que te delate con Oikawa?
— ¿Y poner en riesgo a la familia? No lo creo.
Estaba preparando para recibir reproches suyos, acusaciones y largar charlas para tratar de persuadirlo, iba a ser tedioso e irritante, probablemente iba a tratar de hacerle sentir culpable, pero no sería nada que no pudiera soportar. Nada a lo que no estuviera acostumbrado. El verdadero problema era otro, era él mismo y su vida de mierda.
Estaba cansado y eso no era un descubrimiento reciente...era solo que sus grilletes se sentían más apretados últimamente. Era asfixiante.
— ¿Estás bien?
Tsukishima tomó un profundo suspiro y exhaló el abrazador calor dentro de su pecho — Estoy cansado de todo esto.
¿Dónde quedaba él? ¿Dónde quedaron sus sueños? Un estúpido trato que supuestamente traería beneficios para todos no lo había beneficiado en absoluto. Todo lo que podía escuchar era "nosotros" una palabra que no lo incluía a él, porque si lo hiciera quizá su vida sería distinta. Decirse que no tuvo elección sería tratar de transformarse en una víctima, porque en realidad la tuvo, pero ¿Qué se puede hacer cuando el peso de la responsabilidad por su familia caía sobre él? Olvidarse de sí mismo y continuar...resignarse, dejarse utilizar.
Porque a veces las obligaciones pesaban más que los deseos propios, tenían más poder sobre su psique.
— Lo siento...— sirvió un poco de licor en un vaso de cristal y se lo tendió, el liquidó bailó suavemente en su prisión de cristal.
Tsukishima negó suavemente y aceptó la copa que le ofrecía, sosteniéndola con ambas manos y dando golpecitos contra el cristal con los dedos índice; podían ser solo dos simples palabras, pero para Tsukishima tenían mucho significado, no eran palabras vacías, le hacía sentir que no estaba del todo solo. Que era comprendido. Sus circunstancias eran diferentes, sin embargo Akaashi lo comprendía y sabía que ni una sola palabra de aliento funcionaria para hacerlo sentir mejor, sabía que, a veces, solamente bastaba con estar ahí.
Para Tsukishima eso era suficiente.
— ¿Ahora porque no mejor bebes y me cuentas la otra razón por la que estás tan molesto? — alzó su copa y señaló con ella a la persona que charlaba con otros dos hombres junto a la barra — Quizá yo podría ayudarte con eso.
El rubio apuró por su garganta todo el contenido de la copa de cristal y suspiró observando cómo Akaashi volvía a verter aquel líquido rojizo hasta casi desbordar su vaso y hacia lo mismo con el suyo — Bueno...
Akaashi ya había visto la mayor parte de lo que había pasado así que no necesitó entrar en detalles, a pesar de que realmente parecía querer escucharlo de él, y se centró en lo más relevante de su corta conversación y en lo irritante que era que ese tipo lo creyera alguien frágil. Fue rechazado, tal vez no del todo, pero Tsukishima lo había sentido de esa forma y detestaba ese sentimiento. Fue muy difícil guardar la calma frente a él ante este nuevo sentimiento.
Tal vez ni siquiera debería importarle tanto, pero lo hacía...no se entendía.
— En realidad...si — Akaashi dejó su vaso, ya vacío, sobre la mesa y clavó sus ojos en los suyos, sus pupilas dilatadas y enrojecido rostro delataban el efecto del alcohol sobre su cuerpo — Pareces frágil, mucho...— Tsukishima frunció el ceño en un gesto de molestia que se transformó en confusión al notar como el más bajo se aproximaba a él, gateando sobre el largo sofá, su trasero ondeándose descaradamente con cada paso — Eres muy delgado...
— Hey...
Las manos del pelinegro tocaron su cadera, sus dedos presionando a tientas por sobre la ropa, buscando, con éxito, que girara su cuerpo en su dirección — Delgado — se acercó aún más al tiempo que sus manos subían por sus costillas y volvían a bajar hacia la zona de la cadera, sus pulgares trazaron sus huesos pélvicos, traspasando su calor hasta su piel — Puedes ser muy alto y arrogante, pero cuando eres sostenido de este forma — enterró los dedos en su cadera y Tsukishima jadeó su sorpresa — Cuando eres sostenido así pareces más pequeño y frágil de lo que aparentas...podrías romperte, quizá por esa razón no es tan rudo como tú quieres.
Tsukishima resopló su absurdo razonamiento y buscó quitar sus manos sosteniéndolas con las propias, pero solo consiguió que él se apretara contra su cuerpo hasta casi empujarlo de espaldas— ¿Cuánto has bebido? — ladeó la cabeza, inmediatamente después los labios del pelinegro se presionaron contra su piel y sintió un escalofrío recorrerle la espalda
— No lo sé...¿Dos? ¿Cuatro? ¿Seis? No lo recuerdo, ya estábamos bebiendo antes de venir después tuvimos sexo y volvimos a beber — su aliento caliente fue vaciado sobre su piel, estremeciéndola, y él volvió a empujar su cuerpo contra el suyo, Akaashi olía...sexo y estaba seguro de que ese también sería su sabor.
— Te conozco — Kei movió sus manos, que aún sujetaban las Akaashi, por la longitud de sus brazos hasta sus hombros, pero lejos de apartarlo, las enredó en su cuello y agitó la cadera con descaro, dispuesto — No eres débil al alcohol.
— No — lo miró y sonrió canalla, sus labios reflejaban el rojizo tono de las luces del club, volviéndolos más atractivos de lo que eran — Tu tampoco lo eres, pero podemos fingir que es así y jugar un poco.
Notó el tacto de su palma moverse hasta la zona de su trasero, que se empujó instintivamente contra él, agitando suavemente la cadera al tiempo que buscaba colar una de sus piernas entre las contrarias. Akaashi suspiró, se abrió para él, succionó con suavidad la piel Tsukishima percatándose de como este también suspiraba, se dejaba empujar y buscaba empujarlo también. Jugando.
— Tsukishima, antes de que termine la noche...él no va a pensar en nada más que hacerte polvo — su nariz acarició su cuello y sus dientes lo mordisquearon. Volvió a apartarse para mirarlo, dilatadas pupilas gris azuladas atrapándolo — Bailemos.
Tsukishima giró la cabeza, sus atrevidos labios arqueándose con desfachatez y su lengua paseándose por su abultado inferior antes de buscar los de Akaashi en un beso que llenó su boca y despertó sus sentidos, la música retumbando en sus pechos, mezclándose con sus suspiros.
Akaashi sabía a whisky, Tsukishima a ginebra y el aire olía a desenfreno.
Se dejaron llevar, moviendo las caderas de un lado a otro y en círculos, suavemente, permitiendo que sus entrepiernas recibieran tanta atención como les era posible. Sus erecciones comenzaban a tomar forma apretando la tela de sus jeans y ellos sonreían. — Están mirándonos ahora...— deslizó sensualmente la lengua por entre sus labios, tiró del inferior, lo liberó y volvió a tomar su boca con un hambre que fue devuelta por su rubio compañero.
Una sensación de emocionante euforia explotó en su pecho. Se sintió salvaje, descarriado, desinhibido. En lo profundo de su garganta, ronroneó con placer. Sus piernas se enredaron con las contrarias aumentando la velocidad de la deliciosa fricción de sus entrepiernas. Estaba siendo visto y su cuerpo ardió de necesidad...una que no se molestó en ocultar y que descargo sobre su compañero.
— Muéstrale que no es el único hombre que puede cogerte tan duro como te gusta...que puedes tener a cualquiera en tus manos — Un deseo vertiginoso lo abrumó. Se sintió perverso, entreabrió los ojos y lo miró, estaba sobre la barra, su lengua separando sus labios saboreando el espectáculo y sus ojos bebían de su cuerpo, lo follaban con la mirada. Gimió más fuerte — Vamos...haz que enloquezca por ti...
Le deslizó las manos detrás de la espalda, su chaqueta cayó al suelo, los botones de sus camisas fueron cediendo y suculenta piel saltó a la vista de sus excitados espectadores. Akaashi se dejó caer de espaldas y sus manos se ahuecaron en su trasero, aferrándoselo, estrujándolo con avidez. Tsukishima tenía un trasero firme, redondo y suculento. Su entrepierna se frotaba contra su muslo, jugando a follarlo mientras su rodilla hacia lo mismo con él. Un solo botón sostenía su camisa, la cual se deslizaba sensualmente por su hombro, la luz se reflejaba en su blanca piel y las gotitas de sudor que corrían por sus sienes. La de Akaashi estaba completamente abierta, erectos pezones cual botones de rosa rogaban por atención; Tsukishima no dudó en jugar con ellos, tomó uno entre sus dientes y pellizcó el otro con sus uñas. El pelinegro gimió y se arqueó ofreciéndose a él.
— Mierda...— Akaashi estrujó su trasero prácticamente empotrándolo contra su pierna.
No era la primera vez que hacían algo así. Alguna vez también fueron un par de adolecentes hormonales con ganas de experimentar. Descubrieron juntos sus cuerpos, despertaron sus sentidos a un mundo que era desconocido, ninguno estaba muy seguro sobre cómo había iniciado todo, como sus inocentes pijamadas de fin de semana fueron transformándose en algo menos inocente y a ellos no les importaba mucho en realidad, no pensaban mucho en eso cuando estaban en ello y a la larga dejaron de preguntárselo. Akaashi fue el primer chico que Tsukishima besó y viceversa, no estaban enamorados el uno del otro y ningún sentimiento similar al amor nació durante sus largas noches exploratorias, sin embargo algo cambio; la confianza.
Fue como si hubieran alcanzado un nuevo nivel.
— Tsukishima...— apretados, duros, sus pezones bailaban en su boca, la mano del rubio frotó su vientre y apretó su erección por sobre la tela, él jadeó por un poco de aire y Tsukishima sonrió. La tela estaba muy húmeda y su erección se estremeció entre sus dedos.
— Puedes correrte si quieres — una presuntuosa sonrisa de formó en sus labios y volvió a su trabajo, sus dedos buscaron a tientas el botón de su pantalón. Lo soltó y estos se entretuvieron con el elástico de sus boxers y la cabeza del pene que sobresalía en el borde — Adelante, hazlo — el cuerpo bajó el suyo se sacudió ligeramente, un movimiento suave que le hizo bajar la guardia y permitirle al más bajo empujarlo.
— Ya recordé porque dejamos de hacer esto — hundió su lengua en su boca con frenesí, provocando que Tsukishima sonriera; no había cambiado, Akaashi seguía siendo tan competitivo como un adolecente. Quizá por esa razón nunca habían hecho más que masturbarse uno al otro — Ahí vienen...
Akaashi lo tomó de la cadera y Tsukishima hizo lo mismo, las piernas separadas de tal forma que sus erecciones se rozaban; sus pezones palpitaron, se arqueó contra él y lujuriosamente los apretó contra el pecho contrario, sudor caliente se mezclaba con el suyo, su piel ardía. Los gemidos se perdían en sus labios, la música alcanzó sus oídos, animando la frenética fricción de sus cuerpos, transformándolos en una danza que atraía las miradas de todos volviéndolos el mejor espectáculo de la noche.
Kuroo estaba cerca, muy cerca; su ardiente mirada sobre su cuerpo gritaba deseo. Temblores de placer, un torrente de necesidad, hirviéndole la sangre y concentrándose en la punta de su miembro, el cual palpitaba — Ahmm — su nuca recibió una suave ráfaga de aliento, alcohol y tabaco; echó la cabeza hacia atrás, la sensación inundo sus sentidos. Bloqueó su cerebro y cada pensamiento racional en él.
— Si querías bailar solo debiste haberlo pedido — el tacto de su palma sobre sus muslos sacudió su cuerpo como una corriente de alta tensión. Acarició la cara interna y subió hasta su vientre para después precipitarse hacia abajo, introduciéndola con descaro bajo sus pantalones — Cariño, conozco algunos pasos que podrían gustarte...— sonrió lanzando una ardiente mirada a su compañero — A ambos.
— ¿Que si digo que no?
— Entonces solo seríamos Akaashi, Kuroo y yo — una segunda voz masculina respondió. Akaashi gritó y echó la cabeza hacia atrás, chocando está contra el hombro de Bokuto, quien retorcía sin piedad sus pezones, tirando de ellos y clavando las uñas al tiempo que enterraba los dientes en la zona entre el hombro y cuello...su doradas pupilas no pedían ni un solo detalle de su cuerpo — Pero...no sería tan divertido.
— Tu amigo está muy dispuesto...y — murmuró Kuroo; mordisqueó y succionó el lóbulo de su oreja, haciendo lo mismo con su cuello sin abandonar la tortura que suponía la lenta fricción de sus dedos sobre su miembro. Rió, un jodidamente sensual sonido que colmó sus sentidos — Veo que tú también...así que ¿Por qué no? Te vas a divertir.
Akaashi gemía y su cuerpo se calentaba en respuesta a ese sonido, las descaradas caricias de Kuroo sobre su piel dejaban un reguero de pólvora que era encendido por las chispas en la mirada dorada de Bokuto; todo era tan intenso y no lo dejaba racionalizar — No...Creo...— uno de sus pezones se vio brutalmente retorcido y gritó, el pelinegro comprimió su erección dentro de su poderoso puño y el menor respondió empujando su trasero contra el bulto que se golpeaba contra sus gluteos.
Casi podía saborear su grosor dilatando su entrada...removiendo sus entrañas como solo ese hombre sabía hacer. Pero estaban en un jodido lugar público, había casi una centena de personas ahí, todos sus ojos sobre ellos...Se mordió el labio inferior con fuerza, si alguien lo reconocía...entonces...
— Déjate llevar — pidió Akaashi a media voz; casi le sorprendió que aún pudiera hablar tomando en cuenta que su boca parecía muy ocupada — No lo pienses, vas a arruinarlo para ti si lo haces...solo siéntelo.
— No te preocupes...yo voy a hacer que te guste...— susurró Kuroo.
Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro mientras sus dedos le acariciaban con pericia. Había algo en el aire, y no estaba hablando de tabaco o alcohol, era algo más adictivo que eso. Sexo. Deseo. Tensión sexual flotando alrededor su mesa, aislándolos en un espacio cuya temperatura teñía sus cuerpos con una mezcla de sus fluidos corporales. Casi no podía soportar la anticipación, la intensa atracción respirándose en la atmósfera era intoxicante.
Quería decir que no, no porque realmente quisiera pararlo si no porque aún era consciente de que estaba en público, sin embargo a su cuerpo le importaba una mierda. Giró la cabeza y lo atrajo hacia él, sus labios se estrellaron contra los suyos con violencia, con los dedos enterrados en sus mechones azabache tirando frenéticamente de él; una irrefrenable atracción se respiraba entre ellos, deseo destilándose en cada embestida de sus lenguas. Tsukishima se apoyó con sus rodillas y se empujó contra el puño de Kuroo al mismo tiempo que frotaba su trasero contra su erección, su urgida entrada palpitaba su necesidad.
Era tan consciente de todo, su cuerpo, que, tan pegajoso como sudoroso, se balanceaban al ritmo de una melodía que nada tenía que ver con la estridente música del club; era húmeda, sensual. Un trago de lujuria que corría por su torrente sanguíneo, no sabía si le gustaba eso, pero sin duda era jodidamente caliente apreciar cómo Akaashi, la persona a la que conocía como la imagen del control y serenidad, se estremecía obscenamente contra el cuerpo del hombre a su espalda. Las piernas tan separadas que parecía doloroso, una de sus manos tiraba y retorcía de sus pezones, la otra frotaba el cuello de Bokuto, quien lo sujetaba de la cintura, presionando su gran palma contra su vientre y frotaba la corona de su miembro con el dedo índice; Akaashi quería ser tocado...estaba loco por ello
— Por favor...ah...— sollozaba con voz dulce, pero el hombre de hebras bicolor sonreía con perversa diversión, la punta de su dedo se apretó en la punta, recogió una perla plateada y se alejó de él uniendo su dedo con su miembro a través de un hilo blanquecino, disfrutado de la nueva sarta de súplicas del pelinegro.
Una despiadada mordida los transformó en un grito que fue ahogado al introducirse su dedo en su boca, la mano que apretaba su vientre se precipitó hacia su llorosa erección, presionándose solo la palma sobre esta; Akaashi estaba siendo torturado, el placer lo saludaba desde el fondo del camino, estaba a unos pasos de él y quería alcanzarlo a como diera lugar; su mano abandonó su trabajo sobre sus pezones y con una maestría que sorprendió a su rubio espectador, el cual gimió dentro de la boca de Kuroo, la deslizó entre sus cuerpos y liberó su erección.
Una sonrisa ladina apareció en los labios de Bokuto, introdujo su dedo hasta la base en la boca de Akaashi, lo deslizó fuera, pero fue succionado de vuelta casi con desesperación — Hey...— le llamó Bokuto, sin dejar de trabajar un solo segundo en el pelinegro; sus doradas pupilas eran tan aterradoras como sensuales — ¿Qué tal si dejas que me corra en tu garganta? Escuché que eras jodidamente bueno en ello...quiero probar...
Escuchó el húmedo sonido de sus besos y un gruñido nacer del pecho de Kuroo y perderse en su garganta, y se estremeció — Quiero verte haciéndolo...solo imaginarlo; mi pene jugando con tu culo, el suyo violando tu garanta, vamos a dejarte tan sucio que ni siquiera vas a reconocerte — apretó su miembro, tan fuerte que dejó escapar un lamento.
Su entrada se contrajo, pegajosa, húmeda y caliente como el puto infierno; su mente, una nebulosa que le impedía pensar con racionalidad y su cuerpo, un ente con vida propia se inclinó moviéndose hacia el frente en sus rodillas; el grueso pene que se deslizaba entre los largos y ya viscosa dedos de Akaashi era su objetivo. Debía estar loco por desearlo como lo hacía, su boca antes seca comenzó a salivar, gruesas gotas bailaban en la punta y se perdían entre los dedos del pelinegro. Su satinada longitud parecía tan deliciosamente intimidante...venas tan hinchadas que parecían a punto de explotar saltado a la vista cuando el pelinegro retiró su mano y cuerpo para permitirle mejor acceso.
Retrocedió, intimidado e inseguro, pero una mano lo detuvo y empujó, enterrando su cabeza entre las piernas de Bokuto; Kuroo sonreía, alto y arrogante, atrajo el cuerpo de Akaashi hacia él y embistió su boca con brutalidad, suspirando el más bajo, su cuerpo estremeciéndose como si estuviera derritiéndose. Podía ver sus lenguas deslizándose entre sus labios, su saliva abriéndose paso, mezclándose con ahínco, escuchar los suspiros de él más bajo, sonidos húmedos, sorbidos, chasquidos, incluso gruñidos. Eran todo caricias descaradas, besos violentos, sudor y lujuria.
Kuroo sonrió le lanzó una casi dorada mirada burlona e introdujo la mano bajo los pantalones de Akaashi, abriéndose paso entre sus glúteos hasta alcanzar su húmeda entrada, la cual succionó su dedo con la misma hambre con la que su boca sorbía su lengua. — ¡Oh! ¡Si! ¡Si!— Entonces todo se desató, labios jodidamente hábiles, una lengua despiadada, atrevidos dedos que no temían aventurarse a lo desconocido, arrogantes y seguras de sus movimientos...nacidas para dar placer.
Lo entendía, Akaashi lo entendía muy bien, las razones de Tsukishima, el por qué Kuroo le gustaba tanto...era irrefrenable. Estrepitosas explosiones de placer en cada caricia y beso suyo, tan intenso que era doloroso, una tortura que era imposible abandonar. Su entrada ardía, picaba, latía suplicando ser atendida por algo más que un dedo...era alucinante, más que el éxtasis.
Podría abrir las piernas para él ahora sí quisiera, no, ni siquiera necesitaría pedírselo, lo haría, él desataba un impulso indomable que lo invitaba a ofrecérsele como una puta cualquiera...entendía a Tsukishima ahora, realmente lo hacía y Tsukishima estaba a punto de entenderlo a él ahora.
Sonrió. Se habían encontrado con un par de tipos realmente molestos.
Un picante aroma estimuló sus ansiosas papilas gustativas, calor irradiaba de aquel suculento miembro hacia su mejilla, el grande segregando pequeñas perfectas perlas plata brillante, eran una dulce tentación que lo invitaba a probarlas; no estaba muy seguro al principio, pero ahora estaba loco por probarlo...por sentir su caliente semen quemarle la garganta.
— ¿Puedes tomarlo entero, precioso? Tu boca es pequeña...demasiado. — su dedo pulgar trazó el contorno de su dedo pulgar, su lengua salió a su encuentro y él mayor no dudó en introducirlo dentro, sus finos labios cerrándose alrededor de su grueso dedo, su lengua se apretó y enredó alrededor de su falange, su boca inicio una poderosa y sensual sección que borró casi de inmediato la arrogante sonrisa de los labios de Bokuto — Ten cuidado...no soy tan amable como Kuroo...
Lo miró, su lengua jugueteando con su pulgar, intencionales pequeños e inocentes sonidos de deleite deslizándose de sus labios, contrastaban con los ardientes gemidos junto a ellos, sus labios se cerraron suavemente en la punta besándola al tiempo que lanzaba una perversa mirada que fingía ser inocente — Las amenazas vacías no funcionan conmigo...vas a tener que mostrármelo — sonrió, una mano apretó su longitud contra su mejilla y Tsukishima se permitió depositar un beso sobre su glande, empapando sus labios con un salado néctar que no dudó en probar — Si es que puedes
— ¡Oh! — ¡Mierda! Su mirada era tan ardiente que podría derretir un glacial, era un cazador alerta a los movimientos de su indefensa presa...un dorado tan sensual que había logrado atraparlo; Entendía a Akaashi ahora. Miro su miembro y se mordió el labio inferior reprimiendo una sonrisa.
Esto le gustaba un poco...mucho.
Escuchó la excitante sinfonía de gruñidos y gemidos a su izquierda y se estremeció, el deseo de crear su propia melodía de placer haciéndose más fuerte; su deseo no podía ser controlado, ya no más y la idea de jugar con su actual compañero se fue directo a la mierda cuando su lengua entro en contacto con el glande. Picante, salado y delicioso...era hora de tomar la cena.
Succionó con suavidad, su boca deambulando por el duro tronco, repartiendo fugaces lametones, su sabor era un delirio, su calor ardía su lengua y su excitación palpitaba en sus manos, se detuvo en una vena, su lengua trazó el contorno, presionó y succionó con suavidad; Bokuto gruñó, una de sus manos enredándose en su cabello — Hazlo ahora — ordenó enronquecido, Kei sonrió mirándole por sobre sus pestañas, su boca bajó e inició un lento masaje sobre sus testículos, mientras que su puño lo masturbaba jugando con la presión de sus dedos...era grueso y pesado, y se moría de ganas por comérselo entero — ¡Mierda! — sus manos apretaron sus hombros.
Un ligero movimiento a su espalda le hizo saltar, una mano buscaba bajar sus pantalones y él no tuvo problema alguno el permitírselo, Bokuto lo urgió a continuar empujándolo hacia su miembro, el impetuoso agujero en la punta contrayéndose reclamando su atención. — ¿Sabes? La palabra "Por favor" podría funcionarte.
— A ti también...— gruñó, transformándose en un suspiro de aire caliente cuando Kei introdujo la corona en la boca, la saliva deslizándose pesada y caliente como lava por longitud. La arrastró con los labios percibiendo sus latidos más profundamente a cada contacto de su lengua. Succionó, lamió e incluso mordió suavemente la piel; Bokuto echó la cabeza hacia atrás, su manzana de adán tensándose en cada gruñido — Ah...— ahogó sus palabras en su garganta, pero no detuvo sus manos de enredarse en su cabello, estaba cerca de perder la cabeza...Tsukishima también.
— ¡Mmm! — un dedo penetro su entrada, tomándolo por sorpresa, enterrándose hasta la base, sus paredes lo abrazaron, una corriente de calor húmedo deslizándose con su dedo, humedeciéndolo y facilitando así la repentina intrusión de un segundo dedo — Ahmm — sus uñas arañaron su próstata y Kei mordió sus labios conteniendo un grito; miró a Kuroo por el rabillo del ojo, sus dientes atacaba sin piedad los pezones de Akaashi y tres dedos de su otra mano se clavaban en su entrada de la cual pequeños hilos traslucidos de deslizaban. Estaba completamente entregado a él, su cuerpo se ofrecía sin reservas.
Deseo eléctrico corrió por su columna ante esa estimulante imagen.
— Hey — Bokuto tiró de su cabello y él alzó la vista; sus pupilas, ahora de un dorado oscuro candente, ver el ardiente deseo reflejado en ellos lo calentó demasiado, su entrada se contraía igual que su garganta, era tan provocador, tan demandante que casi se vio obligado a comerse entero su pene. — Fóllame la boca...eso es lo quieres ¿Verdad? ¿Por qué no lo tomas?
— ¿Por qué no vienes y lo tomas tú? Eso es lo quieres...
Tsukishima se mordió el labio, pero no respondió. Lo cierto era que sí, se moría por hacerlo, ese trozo de carne parecía seducirlo, la fina piel estirada a más no poder parecía apetitosa y su boca salivaba a más no poder. Bokuto exudaba sexo, morbo y descontrol por cada poro de su piel, no era una sorpresa que Akaashi hubiera cedido tan fácilmente a él...al igual que Kuroo gozaba de ese atractivo magnético que enloquecía sus sentidos...pero también lo invitaba a molestarlo.
No era tan paciente como Akaashi o tan apasionado; odiaba a los hombres arrogantes y eso, irónicamente, también era su mejor arma.
Su traviesa lengua se entretuvo jugando con el prepucio, dando rápidos y pequeños toques, sin dejar de acariciarle con dedos resbaladizos por la saliva y sus fluidos seminales; Bokuto soltó una gran bocanada de aire al tiempo que empujaba las caderas y apretaba su cabello entre sus dedos. Tsukishima se detuvo, dejó caer un prolongado y sensual lengüetazo en la punta, líquido salado saludando a sus papilas gustativas. Gimió. Tres dedos, lentos y húmedos, arremetiendo contra las paredes contraídas de su entrada, gruñidos alimentaban su lujuria. Sonidos. Sabores. Sensaciones que lo tenían al borde de la locura.
— Vamos...solo hazlo, maldición. — sus ojos entornados apenas le permitían ver su brillo ámbar. La boca estaba entreabierta, labios tan tensos como el miembro cuyo calor empañaba ligeramente sus anteojos.
— ¿Cuál es la palabra? — la caverna caliente de su boca atrapó la punta hasta el prepucio, chupó y chupó con su saliva goteando entre los dedos que acariciaban el tronco, manchando las potentes piernas de Bokuto y el fino del sofá — Solo, tienes...¡Ah!...que decirlo — la carne estaba dura como el hierro y estirada al máximo, la punta, enrojecida e hinchada se tensaba cada vez que su boca la tomaba y la liberaba.
Bokuto resoplaba, gruñía y apretaba más y más su cabello, los ligeros empujones de su fuerte cadera, la forma en la que su vigorizante nuez se tensaba cada vez que su lengua jugaba con la punta elevaban su excitación — Joder — estaba a punto de perder y Tsukishima también, los dedos de Kuroo abandonaron su entrada, grandes palmas amasando la carne de sus glúteos, mientras que su boca follaba sin contemplaciones la de Akaashi, su mano envuelta en su miembro, masturbándolo con desesperación, su cuerpo retorciéndose en espasmos que se le antojaron deliciosos.
Gimió frustrado. Quería que sus dedos volvieran explorarlo, darle placer...necesitaba sentirlo empujándose una y otra vez, el insoportable ardor de su miembro abrir su carne, ese puto viscoso calor en su dilatado canal. Una delirante necesidad que se traducía en la desesperada forma en la que su boca succionaba la punta del pene de Bokuto y masajeaba a sus ahora viscosos testículos.
Más. Más. Más. Una orden única, el motor que guiaba sus acciones.
— Por...por favor...
Un violento envite le siguió a esas palabras; el impacto fue tan fuerte que penetró hasta abrirse paso en su tráquea...habría sonreído si hubiera tenido la oportunidad, pero el sentimiento de victoria se transformó dolor y en un desgarrador grito que reverberó en su pecho cuando su entrada se vio profanada por una violenta estocada. Su sangre se transformó en lava pura, su caótica mente no tuvo un solo segundo para pensar.
Sus paredes palpitaron apretando el grueso miembro en su interior, regodeándose en la palpitación de las venas hinchadas que recorrían su enorme y perfecto pene...asfixia, ardor atracando sus pulmones, era tan doloroso como había imaginado, grueso, las comisuras de sus labios estiradas hasta su máximo, dolor lacerante que enviaba punzadas de lujuria a su cuerpo.
Se deslizaron fuera y volvieron a hundirse, duro y salvaje; dando así inicio a un frenético vaivén; testículos chocando contra su trasero, risos gris oscuro cosquilleando sus mejillas y rozando el viscoso cristal de sus anteojos. Bokuto tenía un sabor dulzón, la piel de su miembro era suave, y tersa. Su lengua memorizaba el contorno de cada vena que tocaba, presionaba, jugaba alternando la potencia de las succiones.
El pecho de Bokuto subía y bajaba perdiendo el control de su respiración. Tsukishima encontró su ritmo, acompasada con las violentas estocadas de Kuroo, valiéndose de la forma en la que su cuerpo era empujado al frente para tomar más del ancho miembro en su boca. Relajó la mandíbula y permitió que fuera el bicolor quien guiara el asalto, arrancando lascivos sonidos de su pecho, que, por la forma en la que su pene se apretaba su abusada garganta, enloquecían a su compañero.
—Exacto...Si...Eso mismo es lo que quiero. — sus manos se cerraron con dolorosa fuerza, sus acometidas tan fuertes que amenazaban con desencajarle la mandíbula. Dolía. Ardía. Quemaba. Su boca, su lengua, el paladar. Ellos profanaban hasta la parte más profunda de su garganta y entrada.
Akaashi lo miraba, su cabeza apoyada en el respaldo, dedos acariciando sus pezones, su lengua saboreando la lujuriosa imagen que se presentaba a sus ojos, su mano masturbando su rojizo miembro. Tsukishima gimió. Quería tocarse de la misma forma, liberar un poco de placer; sus suculentos labios lo llamaron, largó una mano y envolvió su miembro manteniendo el equilibrio con una sola. El pelinegro separó más las piernas, sus perfectos muslos lucían numerosas marcas de pasión y gotitas de perlado semen, pasó un pie por debajo de su cuerpo, apoyó el talón del otro sobre el sofá, y se apoyó contra el respaldo para alzar su cuerpo y enterrar los dedos en su entrada, fallándose al tiempo que se empujaba contra la mano de Kei.
Sonrió su placer y Tsukishima gimió la obscena imagen de un Akaashi buscando aliviar su lujuria.
Kuroo alzó una de sus piernas para darle mejor acceso y profundidad a sus estocadas, su miembro hinchado y caliente adentrándose duro y profundo por las paredes contraídas de su entrada, volviéndolo aún más consiente de como la carne estiraba sus músculos; Bokuto aumentó el ritmo de sus estocadas, su cadera descarriada como una poderosa máquina, Kei tragándose su miembro hasta lo más hondo de su garganta. Su sabor era un delirio, un dulce picante del que no parecía tener suficiente, del que bebía con gula.
— Joder...tu boca...¡Mierda! — Bokuto se tensó en su boca, apretó su garganta y tráquea, y él se encendió, deshaciéndose en aullidos desgarradores que vibraban en su pecho y aumentaban el salvajismo de sus parejas.
Se sentía...bien. Poderoso. Sensual. Fuerte. Como nunca se había sentido en la vida, la asfixia, el dolor, el ardor y cada punzada que atacaba su cuerpo con cada violenta estocada que profanaba su cuerpo se traducía en lujuria y placer. Cada jodida embestida era una invitación a la locura, tan condenadamente intenso que sentía que sus órganos se hacían puré, que desfallecería en cualquier momento.
— ¡Tu agujero me está apretando, Kei! Tan húmedo...y caliente...es una puta gloria...¿Te gusta? ¿Así es como lo querías, puta? — Kuroo dobló la fuerza de sus penetraciones, era tan acelerado y violento que sintió tambalearse y crujir todos los huesos de su cuerpo. — ¿Quieres más, zorra? Puedo dártelo, solo tienes que rogar.
Kei gimió, la mano de Kuroo empujó su cabeza, provocando que el miembro de Bokuto se enterrara más en su tráquea. Se sentía tan...usado, como un vil objeto sexual y le encantaba. Necesitaba más y más y más, mucho más de esas embestidas, de esos miembros enterrándose en su cuerpo, de esa obscena sinfonía...más de su cuerpo húmedo de sudor y fluidos sexuales.
— ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Tú pequeña boca es deliciosa!
Acató la orden con placer, las succiones volviéndose más rápidas, más fuertes, sus mejillas hundiéndose transformando su caliente boca en una deliciosa prisión cuyos músculos trabajaban incansablemente, su garganta soltando sonidos de deleite, sus dientes arrastrándose con maestría por su piel; estaba disfrutando del dolor de su mandíbula como el mejor puto premio; balanceó las caderas y empujó su cabeza buscando más, sus anteojos pendiendo de la punta de su nariz, su mano masturbando el miembro de Akaashi, sintiéndolo tensarse anunciando su inminente explosión.
— ¡Oh! — con cada estimada Bokuto exhalaba aire caliente y crecía tensando su cuerpo, su disfrute le daba una deliciosa sensación de poder; tenía el control, ese hombre era suyo ahora...estaba a merced del placer que su boca le brindaba.
Estaba hecho mierda, Bokuto están poniendo todo su empeñó en desarmarle la mandíbula y Kuroo en partido en dos con sus brutales estocadas, su cuerpo siendo destrozado, desarmado pieza a pieza, sin embargo no tenía suficiente...no lo era.
Un dolor agudo le perforó el cuerpo, pequeñas corrientes eléctricas explotando en su columna vertebral, espasmos múltiples apretando su vientre y entrepierna cuyo ardor la fricción contra el sofá poco hacía por calmar. Bokuto levantó la cadera ensartándosela con violencia una y otra vez, el sabor y aumento de grosor anunciando su clímax. Tsukishima se sintió ahogarse. Gruesas lágrimas brotando como los desconsolados alaridos de deleite en su garganta al tiempo que sentía como las venas del pene Kuroo se inflamaban y palpitaban dentro de su caliente canal. Su calor abrazador marcando un camino de fuego que abrazaba su próstata.
— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! — el miembro de Bokuto tembló y se estremeció en su boca, el calor de un fuego candente atormentó su garganta, la punta creció, creció y creció, y Tsukishima chupó, chupó y apretó, las mejillas, la garganta, la tráquea e incluso su culo — ¡Oh! — no pudo contener su oscuro gemido, cerró los ojos contrayendo su rostro de pasión, tiñéndolo con sombras de lujuria desmedida al tiempo que explotaba en potentes chorros espesos que ardieron su garganta. — ¡Joder!
Olvidó como respirar.
Hilos de semen salían disparados a su garganta, escapaban, mezclados con su saliva, por las comisuras de sus labios; Bokuto no dejaba de arremeter contra él, parecía una fiera, un animal rabioso, Kei no dejaba de succionar con gula y desesperación, estaba a punto de correrse, su corazón repiqueteaba sin descanso, pequeñas pero muy notorias contracciones en su miembro y entrada anunciando su éxtasis; Kuroo apretó, empujó y para su jodida mala suerte se detuvo apretando la base de su miembro con su puño de acero.
— uhmm— gimió pulgadas de interminable carne deslizándose fuera de su garganta, dolía como si sus huesos hubieran sido pulverizados e intentaran inútilmente reacomodarse. Bokuto resopló y se dejó caer hacia atrás sin energía, apoyándose en sus temblorosas manos contra el sofá.
— ¡Santa jodida y puta mierda! — masculló él entre dientes, resollando. Suculentos pectorales tensándose sobre su camisa entreabierta al errático ritmo de su respiración, perlas de sudor en su cuello y frente adoptando el tono de las luces, su rosácea lengua se le antojo apetitosa cuando está paseó por su reseco labio inferior — ¡Mierda!
— ¡Perdiste!
— Vete a la mierda...Kuroo, tú y toda tu jodida descendencia...
— Te dije que pasaría — canturreó Kuroo con arrogante burla, su mano presionó la cabeza de Tsukishima contra el sofá, inclinándose hacia el frente para jugar con el lóbulo de su oreja — Solo mírate, verdaderamente pareces una puta barata...— se empujó, solo un poco, su vello púbico rozaba la piel de sus glúteos, su miembro palpitaba aún en su entrada...quería que se moviera, estaba loco por ser embestido. Tenía hambre de su pene.
— Ah...ah...— quería hablar, pedírselo, pero su dolorosa mandíbula había olvidado cómo moverse correctamente...
— Anda precioso, ruega para mí...no voy a darte nada si no lo pides dulcemente...
Volvió a abrir la boca obtenido el mismo frustrante resultado, Kuroo salió una pulgada de su interior y volvió a enterrarse, tan suave y deliciosamente que fue una tortura, de la que no deseaba escapar — Por favor, cógeme y córrete en mí...fuerte, duro, cógeme. — su orgullo podía irse a la mierda, necesitaba sentirse usado, sucio...como un objeto que solo da y recibe placer. — Cógeme como sabes que me gusta...
La soberbia sensación de la carne hinchada de su miembro deslizarse fuera hasta la palpitante punta le hizo sonreír como un ebrio, su entrada se contrajo atrapando en un viscoso y caliente abrazo una violenta estocada que removió hasta sus entrañas. Gritó, jadeó, gimió como un gatito complacido, el éxtasis acumulándose en cada uno de sus puntos erógenos.
Sintió el cuerpo de Akaashi moverse y lo vio acomodarse sobre de regazo de Bokuto la magnífica imagen de sus dedos jugando con los restos de semen de su miembro aunado a la desvergonzada forma en la que su cuerpo se inclinaba hacia el frente regalándole un vistazo de su rosada y húmeda entrada contrayéndose como una pequeña boca hambrienta le hizo tragar en seco y que el pene de Kuroo se apretara en su interior.
Intencional o naturalmente no había duda de que Akaashi era atractivo...sensual, cualquiera caería por él.
Akaashi tomó la erección de Bokuto con ambas manos, disfrutó un segundo de su peso e inmensidad y la frotó, sacudiéndola con suavidad, los restos de semen y saliva haciendo más sencilla su tarea. — Hey...te extrañe, precioso.
Sonrió — A puesto a que no, Tsukishima es lindo ¿Verdad?
— Es jodidamente increíble, pero...— alargó la mano derecha y sus labios rozaron los suyos, atrapándolo en un beso que los incito a perderse. Lo acercó más a él hasta que sus dientes rozaron, la saliva se abrió camino mezclándose por sus lenguas que se saludaron en una caricia pausada — Tú eres caliente como el infierno. — palpitó en su mano haciéndose más grande, la piel volviendo a estirarse lentamente entre sus dedos, su calor, su aroma masculino...eran algo a los que podría volverse un adicto.
Pero había algo mucho mejor. La asfixiante sensación de su pene empujarse en su canal, la desesperación del dolor de sentirse colmado y hecho pedazos, deshacerse en él. Le gustaba eso...demasiado.
Bokuto pasó los dientes por el labio inferior dando pequeños tirones sobre la tierna carne, mordiéndola con vehemencia. Akaashi fundiéndose en aquella dolorosa satisfacción — Móntame — ordenó él, con un oscuro tono de voz que le hizo gemir, una sacudida le traspasó hasta los dedos de los pies, su cuerpo bullendo en deseo con cada vertiginoso latido de su corazón — Móntame — repitió.
No se detuvo a pensar en nada más, no podía hacerlo; lo empujó, tumbando su cuerpo hacia delante; sus palmas acariciaron su perfectamente esculpido torso con suaves movimientos circulares, se deslizaron y tomaron su miembro, caliente, erecto y listo para jugar con él. Tal y como lo quería. La estridente música retumbaba en su pecho, sus hombros comenzaron a moverse con una cadencia sensual y hechizante al tiempo que se alzaba sobre sus rodillas y bajaba sobre su pene y su entrada lo recibió abrazándolo en su húmedo calor, sus palpitaciones encontraron un solo compás, cada vena empujando su piel encajándose en él.
Cada jodida pulgada de aquel hinchado trozo de carne profanando donde ningún otro hombre había alcanzado, urgiendo su deseo de una dura follada hasta volverla una necesidad.
Bokuto largó el cuello demandando silenciosamente contacto en su boca. Akaashi lo hizo y sus labios prácticamente se anclaron a los suyos. Subió y se dejó caer con un solo y rápido movimiento sobre su miembro al tiempo que lo besaba con ardor y lujuria. Bailó sobre su miembro atrapando su labio con los dientes y fallando su boca con la lengua, mordiendo su piel y estirándola con rabia. Él respondía con sexys gruñidos y estocadas que enterraban su miembro más profundo en su canal.
— Me vuelves loco — jadeó él — Sigue así...
Akaashi arqueó su cuerpo hasta el frente, el sudor cosquilleaba sobre su increíblemente sensible piel, pezones temblando y palpitando dolorosamente. Era él quien se estaba volviendo loco, quien necesitaba más; las personas a su alrededor no importaban, ni la música o lo que todos pensaran o dijeran, solo él...ellos y su placer.
Guiado por un impulso que estaba más allá de su control, detuvo las penetraciones y deslizó el miembro del bicolor fuera de su entrada la cual, al igual que Bokuto, protestó su osadía, pero Akaashi los ignoró y continuó con aquello que tenía en mente girando y dándole la espalda, coló una mano entre sus piernas y guio su miembro de vuelta a su ardiente cueva.
La presión en su entrada fue recibida con un jadeo de placer y una desvergonzada plegaria, su cuerpo volvió a bailar sobre su miembro exigiendo más contacto, empujando los restos de saliva y fluidos que se mezclan con los suyos — ¡Si! ¡Ahhh! ¡Si, se siente bien!
Apoyó las manos en el área entre sus rodillas para impulse en su dulce columpiar, Bokuto continuó empujando con rudeza, el choque de sus carnes envolviendo su ser en poderosas corrientes eléctricas. El contacto era delirante, tan asfixiante que su boca buscaba más oxígeno con desesperación, derramando saliva por sus comisuras. La posición le permitía saborear la imagen de un destrozado Tsukishima siendo follado; ni un solo rastro de decencia quedaba en su rostro contorsionado en placer, los ojos casi en blanco, labios boqueando tan inyectados de sangre como sus tensos pezones.
Lágrimas y saliva escurriendo sin control.
Una de sus piernas se había deslizado fuera del sofá, su talón se empujaba contra el suelo impulsando su cuerpo contra la poderosa cadera que se empujaba contra su culo. La otra pierna sobre el hombro de Kuroo, podía ver sus dedos enterrarse en la piel de sus muslos, quizá dejarían marcas, pero eso a Kei parecía no importarle, la mano izquierda masturbaba su miembro a un ritmo vertiginoso, semen manchando su vientre, la derecha enterrada entre sus doradas hebras como muestra de su desesperación.
Kuroo lo miraba, peligrosos ojos avellana cuyas pupilas rasgadas le hacían parecer un elegante felino, su desarreglado cabello azabache y los mechones adheridos a su frente le daban un aspecto salvaje, sexy...tan atractivo que era difícil no mirarlo. Sonrió, perfectos dientes nacarados con ligeramente puntiagudos colmillos haciendo juego con su imagen, el regocijo de saber capturado a su presa bailando en sus labios.
Su entrada se contrajo, apretando el miembro que se empujaba hasta el fondo de su canal, Bokuto gruñó y él gimió cuando vio sus labios ser cazados con agilidad, la energía y ferocidad de su lengua follando hasta su garganta no hicieron más que crecer su libido, el descubrimiento de una nueva zona erógena en su boca lleno de euforia su sangre.
Columpió la cadera de atrás adelante, apretó su entrada con ahínco, gimiendo en la boca de Kuroo y tirando de su cuero cabelludo, Bokuto hizo acto de presencia pegándose a su espalda, trabajando con sus pezones y miembro al tiempo que su boca se entretenía con su cuello, marcándolo con una posesividad que lo sorprendió.
El ritmo era jodidamente perfecto, su cuerpo ardía, se sentía como si su piel se estuviera desintegrando. Salvaje, insaciable, un extraño instinto animal tomó posesión de su cuerpo, sus gemidos transformándose en chillidos de placer que se perdían en la garganta de Kuroo.
— Córrete para mí — apretó su ya imposiblemente rápido ritmo avivado por su áspera y sensual voz.
Su piel se volvió mil veces más sensible, sus receptores nerviosos haciendo implosión en cada violenta entremetida, su placer se agudizó y algo maravilloso ocurrió, algo que lo volvió tan increíblemente consiente de como el caliente miembro de Bokuto se abría paso por su carne y la lengua de Kuroo jugueteaba con la parte más profunda de su garganta. Sonidos. Sensaciones. Fluidos mezclándose, gemidos mezclados con frases obscenas procedentes de los delgados labios de Tsukishima...todo se mezcló, se unió convirtiéndose en una nueva forma de placer que abrazó su cuerpo.
— Córrete...
El deleite lo envolvió todo, el implacable peso de su delirante locura cayó sobre sus hombros, aplastando su pecho...no podía sentir nada más que los órganos que se empujaban dentro de su cuerpo. Desatado y con la sangre en ebullición su cuerpo comenzó a descomponerse en cada una de sus partículas, el rígido miembro de Bokuto se enterró casi hasta los testículos, su entrada ardió, se contrajo repetidas veces haciendo más deliciosamente dolorosa la fricción de las carnes con sus viscosos músculos y entonces explotó.
El clímax alcanzándolos, explotando con fogosidad y violencia desmedida y Akaashi se ahogó en contracciones, su entrada ondulando al tiempo que el calor de la corrida de Bokuto se empujaba más profundo en cada arremetida; Kuroo gruñó su propio clímax en su garganta, bebió de sus gemidos y succionó su lengua empujándolo a un segundo orgasmo que provocó que sus piernas temblaran con descaro.
Estaba destrozado, tanto o más de lo que Tsukishima parecía estar con esa desvergonzada sonrisa de satisfacción tambaleándose en su rostro, dulces pequeños jadeos escapando de ella...era tan obscenamente adorable, gotas de su semen manchando parte de su rostro y cabello dándole un apetitoso aspecto, sus ojos cristalizados por las lágrimas eran una invitación a la locura y habría cedido a ella si Kuroo no le hubiera tomado la delantera lanzándose hacia él como una bestia hambrienta o si Bokuto no hubiera reclamado su atención atacando el lóbulo de su oreja.
— ¿Qué pasa, Kei? ¿Fue tan bueno que ya no puedes hablar? — sus narices se rozaron y sus labios chocaron al igual que su cadera contra sus glúteos como si quisieran hacerse trizas el uno al otro, su miembro explotando en cada dulce embestida — ¿El pene de Bokuto se comió tu lengua?
— Tan bueno...Kuroo — su miembro onduló y lanzó un ultimó potente chorro que se vació sobre su próstata y Kei se arqueó volviendo a explotar manchando sus vientres, sus piernas separándose y tensándose hasta los dedos de los pies.
— ¿Esto te gustó?
Sus palabras traspasaron el zumbido post-orgasmo en sus oídos, tenía ganas de echarse a reír como un desquiciado, pero en lugar de eso tiró de él para besarlo, transformándose ese beso en un desesperado ciclón cuando sus cuerpos volvieron a frotarse — Me...gustó...
— ¡Oya! ¿Lo hizo?
— Si...tu corrida en mi— apretó su cabello entre sus dedos buscando sus carnosos labios, frotó sus necesitados pezones contra su pecho y su entrada se contrajo con fuerza; jamás se había sentido tan excitado, sus dos últimos orgasmos se llevaron toda fuerza en su abusado cuerpo, dejándolo roto y desfallecido, sin embargo solo podía sentir la necesidad de ser empotrado nuevamente contra el sofá...nada más. — Quema, arde...me gusta...me gusta, por favor...
— Podemos darte más...mucho mas ¿Lo quieres? — Tsukishima asintió, aun perdido en el delirio de su orgasmo, su corazón retumbaba en sus tímpanos y su cuerpo, aún presa de las vibraciones de su clímax, buscaba volver a excitar el miembro de Kuroo contrayendo su entrada y empujándose contra él — No cierres las piernas y...— hizo amago de besarlo, pero se apartó disfrutando de su frustración — Disfruta lo que sigue...yo voy a hacerlo.
Kuroo se incorporó luciendo su perfecto torso en todo su esplendor, las finas gotitas de semen y sudor se deslizaban por su bajo vientre mezclándose y formando gotas más gruesas. Echó su cabello hacia atrás con los dedos de la mano izquierda, Kei gimió la sensual forma en la que sus pectorales se tensaban y protestó lloriqueando suavemente cuando él deslizó fuera su miembro.
Lo quería devuelta.
Trató de levantarse e ir por él, pero un par de manos en su torso le impidieron lograr su cometido; era Akaashi, Bokuto jugaba con su oreja, delineándola con la lengua, le susurraba algo, no sabía qué, pero hizo al pelinegro sonreír.
— Hagamos esto más interesante ¿Si? — le susurró con dificultad, Tsukishima no entendió a qué se refería hasta que lo vio arrastrándose sobre su cuerpo, las piernas separadas para no aplastarlo, y tuvo su miembro justo frente a su cara. El reciente aroma a sexo lo mareó, goteaba en la punta y restos de semen se deslizaban por la cara interna de sus muslos. Parecía dulce. — Lame...
La locura y excitación del momento hizo a Kei obedecer, tomó uno de sus glúteos con una mano y con la otra guio su miembro hacia su boca, Akaashi jadeó el primer lametón en la corona y Kei casi gritó cuando repitió la misma acción mientras también introducía dos dedos a su dilatada entrada.
Tsukishima agitó la cadera contra los dedos, sus labios rodearon la corona, abrazándola gentilmente con los labios, apretando y soltando, alternando su fuerza y succión; su lengua se introducía en la uretra tomando cada salada gota de semen que escapaba de ella, su miembro crecía estirando la piel.
— Había olvidado...lo bueno que eras en esto...— Akaashi introdujo su erección lentamente en su boca, presionándola contra su paladar con ayuda de su áspera lengua, su mano repitiendo la misma acción con su entrada. Expulsó el aire que no sabía estaba conteniendo cuando el pelinegro llegó a la base, se animó a deslizar dos dedos en su entrada y a tragarse toda su longitud cuando el inició un cadencioso vaivén que parecía querer acompasar con el suyo.
Calor. Electricidad. Chispas. Jadeos. Sonidos de succión y disfrute. Se envolvieron en placer. Ya no importaba si eso estaba bien o mal, había olvidado cual era la diferencia, ni siquiera importaba la poca discreción que ese sofá en forma de U les confería o el hecho de que estuvieran haciéndolo en público. Ese detalle precia insignificante y sin importancia ahora...solo importaba esa atmósfera llena de erotismo en la que el sexo se respiraba. El morbo y la euforia de saberse así de expuestos, de exponerse así para ellos.
Tsukishima se abría para que los dedos Akaashi tuvieran mejor acceso, inclinándose hacia el frente para poder tomar su miembro hasta la base en cada estocada y el pelinegro hacía lo mismo. Jugaron con sus bocas, se chuparon, mordisquearon sus sensibles pieles, succionaron y arañaron sus entradas avivando el ardor, recreando las bestiales penetraciones, hasta que sus cuerpos se agitaron espasmódicos y se sintieron dolorosamente colmados de placer.
El espectáculo que regalaban a sus dos espectadores era candente, sus miradas atravesaban sus cuerpos, las miles de perversas ideas que por sus mentes cruzaban se transmitirán a sus cuerpos y los invitaba también a fantasear, aumentando el flujo de fluidos y la euforia.
— ¿Cuál es el juego ahora? — escuchó preguntar a Kuroo, su voz cortando a través de la música.
— Lo mismo, si puedes soportar el ritmo de Akaashi tú ganas.
Alguien rió, identificó la voz de Kuroo — Puedo decirte lo mismo de Kei...es toda una fiera y su agujero es delicioso.
Tsukishima sintió que un par de manos lo sujetaban con fuerza, apretaban su trasero para luego alzarlo del sofá y la penetraban, consiguiendo así que enredara sus piernas en él; pudo percibir movimientos similares del lado de Akaashi y su aullido de placer se mezcló con el suyo.
Su miembro volvió lava hirviente los fluidos de su entrada; lo reconocía había estallado en su boca minutos atrás...Bokuto.
Un nuevo tornado de locura y placer iniciando con la primera estocada certera.
.X.
Delicados rayos de luz cruzaban a través de la gran ventana y bañaban la habitación y dibujando oscuras sombras, la música aún retumbaba bajo sus pies. Sexo y alcohol aún se respiraba en la atmósfera, el calor de los cuerpos enredados entre una intrincada red de sabanas y sus propias extremidades bañaba sus pieles en finas gotas de sudor.
— Dime...¿Imaginaste que terminaría así? — Tsukishima logró deslizarse entre los fuertes brazos que sujetaban su cintura para girar en dirección a Akaashi, casi pudo escuchar a su rígido cuerpo crujir mientras lo hacía o tal vez había sido su mandíbula la que lo había hecho al hablar, estaba seguro de que se había desencajado en algún punto...al menos eso era lo que sentía.
Akaashi gimió en protesta, sus adormilados ojos adaptándose a la poca luz — En realidad...supuse que te tomaría y arrastraría a algún rincón oscuro para cogerte o que te llevaría a una habitación, Bokuto-san me habló de ellas. — giró su cabeza, al estar recostado sobre su estómago no tuvo que mover su cuerpo — Ellos superaron mis expectativas — aunque no estaba muy seguro de cuáles eran sus expectativas, había bebido demasiado y aún se sentía mareado. Sonrió — Pero este resultado fue mucho mejor de lo que jamás habría podido imaginar ¿No lo crees?
— Fue una locura, no debió pasar...
— Después de todo lo que te vi hacer y también te escuché gemir...también por la actual expresión de tu rostro tú arrepentimiento me resulta muy poco convincente.
— ¿Podrías fingir que lo estoy?
— No.
— Creo que te odio.
— ¿De verdad? Yo creo que me amas.
Tsukishima rodó los ojos — Claro, solía dibujar corazones con tu nombre en mis cuadernos y soñaba con que algún día nos casaríamos, incluso elegí nombres para nuestro futuros hijos — murmuró con sarcasmo, su voz, suave y ronca.
Akaashi trató de reír, terminando ese sonido en un gemido suave que fue ahogado contra la almohada, no iba a olvidar esto en mucho tiempo, su cuerpo no iba a permitírselo — Te vez destrozado ¿Está bien tu cuerpo?
Tsukishima se recostó sobre su espalda y largó una mano hacia un rayo de luna que caía justo sobre la descubierta espalda de Kuroo, cerrando su puño como si quisiera tomar un puñado de su luz — Tengo el cuerpo rígido, me duele la mandíbula y...otras partes, pero ese dolor todavía sigue siendo un paseo en el campo comparado con lo que Oikawa hace.
— Ellos fueron cuidadosos, pero creo que tendrás algunas marcas de presión en cadera y muslos, puedo ayudarte con ellas y también con el dolor, dile una mentira a medias si lo nota; él las hizo...aún había algunas suyas así que es probable que lo crea, pero, solo por si acaso, puedes decirle que las hice yo...puedo lidiar con él.
Mentiras. Estaba tan acostumbrado a vivir entre la mentira que supone mantener una apariencia falsa que el mismo se sentía como una mentira. El cuerpo que se movía por el mundo, ese que siempre parecía estar viendo desde un segundo plano, como un mero espectador, era suyo, pero a su vez no lo sentía como tal...al menos no hasta ahora.
— ¿Por qué estabas molesto? No bebes de esa forma tan a menudo — paseó el dorso de su mano sobre la espalda de Kuroo, volteándola lentamente para tocar uno de los enrojecidos rasguños que atravesaban la longitud de sus omóplatos; no quería pensar ahora, en nada o nadie, ni siquiera en sí mismo hasta que el hechizo de la noche terminara. — Te conozco.
— Es mi padre, Bokuto-san me llevó a almorzar a uno de sus negocios, supongo que el encargado debió habérselo dicho. Su padre es un muy alto funcionario del gobierno, tiene poder e influencia, y el mío está muy interesado en la política últimamente...me pidió que lo llevara a cenar a la casa.
Mientras hablaba, Akaashi se incorporaba lentamente de la cama, apoyando las palmas contra el colchón, rayos de luz lunar bañaban algunas zonas de su piel haciéndola parecer más blanca. Su cuerpo se movió con estudiada eficiencia, bajo la prisión del cuerpo de Bokuto, terminó sentado sobre su trasero, las rodillas separadas a ambos lados de su cadera, le regalaron una vista magnánima de la cara interna de sus muslos.
— De pronto soy visto con alguien como él y es como si hubiera vuelto a ser su hijo...es frustrante verlo actuar de esa forma cuando prácticamente me echó de casa y me prohibió usar su nombre — masculló en voz baja, al tiempo que se montaba a horcajadas sobre su cuerpo, inclinándose hacia el frente para presionar sus enrojecidos pezones con los dedos pulgares. — Haz mucho ruido...que vean algo lindo al despertar.
Lo entendía, Akaashi tampoco quería pensar en nada más, desconectarse un poco de la realidad, quizá esa no era la forma más sana o correcta para hacerlo, pero sin duda era la más efectiva e iban a tomarla.
Hastió, cansancio, ira, frustración, presión...iban a tomarlo todo y permitir que ellos lo transformarán en placer...
.X.
Cortó el agua de la regadera y salió de la ducha para vestirse, vapor envolvía su aún rígido cuerpo, su entrada aún pulsaba y ardía ligeramente, igual que sus labios, pero podía manejarlo...Akaashi tenía razón, ellos habían sido lo suficientemente cuidadosos como para no dejar marcas demasiado perceptibles en su cuerpo, era algo sorprendente dada la forma en la que fue tratado por ellos. Salió a la habitación y caminó con pasos cautelosos sobre el suelo, evadiendo lo que creyó eran una lámpara y una almohada; Akaashi aún dormía, boca abajo, la sábana cubriendo su trasero y parte de una de sus piernas. Bokuto también estaba ahí, durmiendo boca arriba, una de sus manos sobre la espalda baja del pelinegro la otra sobre su frente. Su pecho subía y bajaba lentamente.
Kuroo no estaba y tomó eso como una señal para marcharse también, así que recuperó sus previamente preparados zapatos de sobre el buró y salió a la estancia. El cuarto entero era enorme, fino, elegante como un hotel de cinco estrellas, incluso había una barra de roble oscuro con una pared de cristal repleta de licores costosos. No recordaba exactamente como habían llegado ahí, su trayecto cruzaba por su mente como imágenes borrosas que no era capaz de ordenar en una secuencia lógica, todas cubiertas de extremidades que no dejaban de unirse y frotarse entre sí.
— ¿Te vas sin despedirte, Kei? Eso es un poco cruel...— una ráfaga de viento otoñal trajo consigo la voz de Kuroo en vuelta del inconfundible aroma del tabaco. Las ventanas que daban al balcón estaban abiertas de par en par y él se encontraba afuera, su espalda apoyada contra la barandilla, sostenía un cigarrillo en la mano izquierda y sus anteojos en la mano derecha. — ¿Los quieres devuelta, gatito? ¿O piensas dejármelos? Conservarlos como un recuerdo no estaría mal, pero preferiría algo más íntimo...tu ropa interior por ejemplo, podría darle un muy buen uso — los ondeó suavemente frente a su rostro.
— ¿Nunca dejas de ser vulgar? — Kei entornó los ojos y siguió un nebuloso camino hasta llegar a donde Kuroo estaba — ¿Y qué demonios es eso de gatito? Es desagradable.
— Puedo ser un caballero, pero sé muy bien que no es lo que quieres — estiró una mano para tomar sus anteojos de vuelta, pero Kuroo los apartó y fue él quien los deslizó de vuelta a su sitio — Eres como un gatito, ronroneas y te retuerces dulcemente...es excitante — ojos avellana lo observaba con intensidad, el pelinegro no dudó en tomarlo de la cintura, presionó su mano contra su espalda baja y lo apretó contra él introduciendo su rodilla entre sus piernas — Igual que tú.
— Eres tan romántico que podría llorar — él olía a una mezcla de alcohol, tabaco y sexo que le hizo pasar inconscientemente la punta de la lengua entre sus labios, su cuerpo irradiaba un calor abrazador que viajaba hacia su cuerpo.
— Puedo hacerte llorar...de dolor y...placer, que te retuerzas y grites — sujetó su cigarrillo entre sus labios, finas nubes de humo gris de deslizaban de sus carnosos labios.
— Lo sé...
Clara tensión sexual podía respirarse entre ellos, magnética atracción, ansias sin fin.
Kuroo pasó su dedo pulgar por su labio inferior, jugó con él y lo deslizó por su cuello al tiempo que su otra mano bajaba aún más; Kei se apretó contra su cuerpo, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había sido tocado, la necesidad de sentirlo más íntimamente envolvió su piel en llamas.
No había sentido nada parecido antes...ninguno lo había hecho.
— ¿Quieres jugar?
— Tengo que irme. — arqueó el cuerpo hacia atrás, casi dejándose caer de espaldas, Kuroo apagó su cigarrillo contra la baranda y lo sujetó con ambas manos, su erección tomando forma contra pelvis — Para... — su lengua se deslizó por el lóbulo de su oreja y la tomó entre sus labios para succionarla, Kei suspiró apretando sus hombros con ambas manos, sus suspiros transformándose en gimoteos que clamaban por más.
De pronto, él lo empujó con violencia, sus pies se movieron arrastrándolo por el suelo, trazando un errático camino en una lluvia de tropiezos en los que no dejó de sujetarlo o besar su cuello, el cuerpo de Tsukishima luchando y rindiéndose a las olas de calor que abrazaban sus muslos y concentraban en su entrepierna. Hubo un choque, el sonido de algo caer al suelo y romperse y ellos cayeron sobre el sofá. Sus bocas se unieron en un fogoso beso que avivó las brasas de su deseo, transformándolo en una hoguera cuyos lengüetazos ígneos azotaba sus cuerpos con cada caricia superficial.
— ¿Te he dicho ya lo loco que me vuelves?
— No me molesta seguir escuchándolo.
Kuroo unió la frente contra la de Kei y cerró los ojos exhalando una ráfaga de aire caliente contra su rostro — Estoy hecho polvo, pero te deseo como un maldito adicto — la pasión de sus palabras estremeció el cuerpo bajo el suyo, su entrepierna palpitó y apretó su rodilla contra el rubio encontrándolo tan duro como él — Me encantas.
Mordisqueó sus labios y deslizó ambas manos bajo su camisa anhelando el contacto de su piel y percibir como sus pezones se endurecían bajo sus dedos, pero el rubio lo empujó — Tengo que irme.
— No...— susurró sobre sus labios — No puedes...Oikawa está aquí, si te vas ahora podría...
— ¿¡Está aquí!? — él lo empujó con más fuerza, incorporándose hasta quedar sentado sobre el sofá, también trató de bajar, pero le fue imposible retirar el cuerpo de Kuroo en su totalidad. Tenía que ser un broma, dijo que saldría de la ciudad por todo el fin de semana, lo había visto hacer sus maletas ¿Dese hacia cuanto estaba en el bar? ¿Sí los había visto? ¿Kageyama podría habérselo dicho también a él? él ya lo había traicionado una vez.
Estaba jodido.
— Oye — Kuroo tomó su rostro con ambas manos, siendo apartado de un manotazo, toda la sangre parecía haber sido drenada de su rostro — Si te hubiera visto ahora mismo estaría confrontándote no divirtiéndose ahí abajo...Tranquilo — está vez sujeto sus hombros, el volvió a intentar apartarlo, pero no lo consiguió.
La atmósfera se había arruinado, debería estar frustrado, verse rechazado era molesto, sin embargo la reacción de Kei se llevó toda su atención, no era el primer chico casado con el que se involucraba, conocía la expresión de temor el rostro de una persona que se sabía casi descubierta, pero Tsukishima parecía aterrado. Lo sintió temblar.
— No sabe que estás aquí, él llegó después de que subimos a esta habitación...me cercioré de ello.
Cierto o no, no se quedaría a averiguarlo, tenía que salir de ahí y volver — ¿Qué hora es? ¿Cuándo cierra este bar?
— Este no es un bar — soltó de repente Kuroo, tal vez debió habérselo explicado antes, pero estaba demasiado ocupado comiéndose su boca — Es una fiesta, se celebra una vez cada seis meses en esta ciudad, dura todo el fin de semana, hay alcohol y sustancias que los mantienen eufóricos y festejando sin descanso. — explicó — Solo hay una única regla que no ha sido quebrantada jamás nadie habla de lo que pasa aquí y más importante nadie conoce a nadie...al final de la jornada todos están tan cansados y confundidos que les es imposible separar lo que pasó en realidad de la fantasía.
Kei se removió, un suspiro bajo anunciándole la vuelta a la calma a su cuerpo — Que divertido, alcohol y drogas — murmuró con sarcasmo — Así que...¿Tengo que quedarme aquí por todo el fin de semana?
— Y sexo, no te olvides de eso — Kei rodó los ojos y apretó los labios en una dura línea, estaba molesto. Era estresante y la principal razón por la que detestaba las relaciones, las peleas y tener que reconfortar a alguien...no quería esa responsabilidad, no era divertido — No tienes que quedarte todo el fin de semana, dale una hora o dos y estará lo suficientemente perdido en sí mismo como para notar nada más...ahora — se inclinó lentamente hacia él buscando sus labios, quería dar por terminado esto de la forma más efectiva — Podríamos usar ese tiempo más eficientemente para divertirnos.
No detectó señales de rechazo, tampoco de cooperación, su mirada era dura, sin embargo sus labios se separaron y Kuroo se sintió alentado cuando vio asomarse entre ellos la punta de su rosácea lengua, un sentimiento que se fue a la mierda cuando Kei movió repentinamente la cabeza, rechazándolo.
— ¿Me drogaste con algo? — ¿Si lo había hecho? No sé sentía cómo el mismo, todo era tan alucinante y confuso; similar a cuando Oikawa usaba esas extrañas sustancias en su cuerpo, él disfrutaba viendo cómo luchaba y perdía contra sus efectos. Con su frustración.
Lo que experimentó hace un rato era la misma poderosa necesidad ardiendo bajo su piel, sin embargo tampoco se sentía de la misma forma del todo...era difícil de explicar.
— No lo hice, no bebimos nada más que alcohol...no consumo nada más y tampoco se lo daría a nadie, prefiero ser yo quien provoque ya deberías saberlo.
— ¿Esperas que te crea? Ni siquiera te conozco.
— Precioso, ha pasado un mes ¿Es ahora cuando reparas en ese detalle? Eres rápido para algunas cosas pero lento para otras al parecer.
— Eres un idiota — ojo fríos cual glaciales lo atravesaron sin piedad, la ira en su voz quemó como acido sus tímpanos y provocó que un amargo y desagradable sabor subiera por su garganta. Kei lo empujó, no hubo delicadeza en ese acto y Kuroo se vio casi cayendo hacia atrás — Me largo.
Kuroo no dijo nada, ni siquiera se movió de su sitio en el sofá y no reaccionó hasta que el estridente sonido de la puerta ser cerrada con rudeza atravesó su mente como una bala, trayendo consigo una confusión inicial que se transformó en irritación. — ¡Demonios! — mustió golpeando el respaldo del sofá con un puño.
¿Qué rayos pasaba con Tsukishima? Si, había dicho algo desagradable, pero ¿Cómo se suponía que reaccionara? No tenía una jodida idea, trató de explicarle, de hacer que se calmara y él solo iba y le cuestionaba más y más. Ni siquiera era algo tan grave, el chico estaba exagerando.
Esa era la clase de cosas que más detestaba, la forma más fácil de matar su interés y motivación; Kuroo adoraba la caza, la persecución, la emoción del peligro, el sabor de lo prohibido, la adrenalina, la euforia y la emoción de saber acorralada a su presa, de tenerla en sus manos y hacerla ceder. Era una locura.
Problemas como los de hace un momento o exigencias de sus amantes hacia él eran una señal clara e inequívoca de que era el momento de dejarlo antes de que empeorara.
— No fue tan malo — murmuró levantándose al fin del sofá.
Así que se había terminado, no eran los términos en los que quería finalizarlo, pero tampoco estuvo mal; no hubo lágrimas o súplicas por parte de Kei. Solo un mal sabor de boca. Suyo. Era la primera vez que alguien lo dejaba, marcaría eso en su lista como una sorpresiva conclusión y borraría su recuerdo con el cuerpo de otro.
Kei no era el único ser humano sobre la tierra.
Se aproximó a la barra de licores, tomó una botella de whisky de la estantería y se sirvió una copa, una cosecha irlandesa de treinta años que debió saberle a gloria le resultó insípida y desagradable, el fino vodka escocés que probó después le resultó igual o peor.
No dejaba de lanzar fugaces miradas a la puerta, sus piernas se sentían inquietas y los dedos de su mano izquierda tamborileaban contra la barra con insistente fuerza y la otra apretaban el vaso de licor hasta el punto que lo había escuchado crujir. Se rompió. Pero no fue en su puño donde lo hizo, la pared recibió el impacto devolviendo una fina lluvia de cristales y alcohol que terminaron en el suelo. Un impulsivo gesto que dejó más que confundió a Kuroo, quien tomó la chaqueta negra que descansaba sobre el respaldo del sofá y salió a grandes zancadas de la habitación. Rumbo fijo hacia el salón.
Había más de doscientas personas en el edificio, sin embargo y para su suerte, no le fue difícil encontrar a Kei, sobre salía por su altura y destacaba por su arrogante atractivo; no era de extrañar que trataran de abordarlo, quizá eso había impedido que avanzara a más de la mitad del salón. Un hombre halaba su brazo, otro estaba tratando de tomar su cintura, Kuroo avanzó dispuesto a ayudarle, pero se detuvo al ver como él los despachaba con facilidad y continuaba su camino. No era una damisela en peligro al parecer, no le sorprendía, ya había descubierto que tenía un carácter de los mil demonios.
Kuroo lo siguió, apartando a quien se interpusiera en su camino, no le fue difícil alcanzarlo; otro tipo, alto y rubio, se tomó toda la libertad del mundo para asirlo de las caderas y apretar su trasero contra su cuerpo, como era de esperarse Kei se deshizo de él, dando un inocentemente fuerte pisotón, girando y golpeando "accidentalmente" sus costillas con el codo antes de despedirse de él con un casual movimiento de mano y una falsa sonrisa cordial.
Pasó junto al tipo, murmuraba maldiciones en un muy fluido inglés y Kuroo no pudo evitar reír y sentir su ego crecer. Sorprendentemente Kei había resultado ser agresivo y poco cooperativo, sin embargo no había mostrado nada de ello durante sus primeros acercamientos. Sabía que le gustaba, pero no tenía idea de cuánto hasta ahora.
— ¿Precioso? Mi trasero — murmuró Tsukishima, hastiado.
— Tienes un trasero increíble — sujetó su hombro con una mano y Kei volteó, alzando su delicada nariz con arrogancia al tiempo que agitaba las pestañas en un indiferente escudriño de su cuerpo. Se alejó dos pasos de él, seguía molesto al parecer — Firme, redondo y respingado...tal y como me gusta, perfecto. — alzó la chaqueta — Olvidaste esto.
— Bien — no dijo nada más, prácticamente le arrancó la chaqueta de las manos y reanudó su camino.
Kuroo fue detrás de él, sin estar muy seguido de que hacer a continuación ¿Disculparse o dejarlo ir? Su mente estaba en conflicto, algo que no había ocurrido nunca antes y no tenía idea de cómo lidiar con ello. Lo cierto era que había sido algo idiota con él y no le sentaba bien.
— Kei — él se detuvo, pero no giró — Escucha...yo...— retrocedió, lentamente, su cabeza moviéndose frenéticamente como buscando una salida o vía de escape — ¿Kei?
— Ah...ah...— no podía hablar, ni siquiera caminar. Lo había olvidado, estaba tan molesto que había olvidado que Oikawa también estaba ahí hasta que lo vio; vestía el mismo pulcro traje blanco con el que lo había visto partir, sin embargo no usaba corbata, estaba hablando con alguien, bebía y reía. Aún no había reparado en su presencia, tenía que irse, pero había olvidado cómo caminar o respirar y no podía liberar el aire que estaba conteniendo en los pulmones.
El pánico se había apoderado de su cuerpo paralizándolo.
El lugar pareció reducirse de pronto, la música fue reemplazada por un zumbido que lastimó sus oídos, todo se detuvo, todos desaparecieron; Oikawa volteo y Kei pudo ser capaz de seguir, cuadro a cuadro, el movimiento de su cabeza, mezclándose estos con las imágenes de lo que fue su noche de bodas con cada golpe de su corazón contra su pecho. Si él había sido capaz de hacerle algo así por algo que había ocurrido mucho antes de que se casaran ¿Qué sería capaz de hacerle ahora?
De pronto, todo volvió a moverse, rápido, demasiado, no podía mover el cuerpo y le tomó carca de diez segundos descubrir la razón; Kuroo lo abrazaba y caminaba con él, empujándolo hacia la pared más cercana y se ocultaba con él detrás de las pesadas cortinas que la adornaban. — ¿Por qué...tu...
Él observó a través de una porción de la cortina, sujetaba su cintura con una mano y Kei se apretó contra su pecho mientras le sujetaba la camisa con ambas manos...se aferraba — Está bien, no está viniendo. Creo que no fue capaz de verte...— exhaló liberando toda la tención contenida, relajó su cuerpo y dejó caer la frente contra su hombro — ¿Por qué no te moviste?
— No sé...— sería difícil de explicar y tampoco era algo que él tenía que saber — Uhn...¿Vamos a ocultarnos aquí hasta que se vaya? ¿Podemos...podemos movernos?
Kuroo echó otro vistazo — No te asustes, pero creo que está viniendo en nuestra dirección — se tensó, volviendo a apretar su ropa entra las manos — Sus acompañantes están con él, solo debemos esperar un poco...hasta que no esté alrededor, yo vigilaré por ti. — Kei hizo un suave sonido de afirmación, aun parecía tenso — Escucha, no voy a dejar que te vea...lo prometo.
Está no era una situación tan poco familiar, sus amantes jamás habían actuado tan aterrados, pero podía manejarlo. De alguna forma sentía que podía hacerlo...que necesitaba confortarlo.
— Claro...— murmuró ocultando todo su rostro contra su cuello, pegándose a él como si quisiera hacerse más pequeño. Escuchaba la voz de Oikawa, parecía un sonido distante a través de la música, pero debía estar bastante cerca si llegaba a sus tímpanos. — Claro.
Estaba en un aprieto, está no era una situación similar a la ocurrida en la fiesta, sería muy difícil fabricar excusas si era encontrado en un lugar en el que se suponía no debería estar y del que además no debía tener conocimiento. Incluso si se suponía que el castaño tampoco debía estar ahí, no podría confrontarlo, no tenía ningún poder sobre él. Era todo lo contrario, cualquier cosa que hiciera o dijera en su contra terminaría costándole muy caro, no solo a él.
Oikawa era una persona peligrosa, si lo encontraba...
— ¿Sabes? Estuviste genial hace un rato...con Bokuto y conmigo...había olvidado mencionártelo. Supongo que estaba demasiado ocupado fallándote como para recordarlo. — la música era fuerte, había cambiado de un sensual jazz a un estridente bombardeo electrónico y Kuroo tuvo que inclinarse sobre su oído para hablarle. Su voz fue un susurro suave y pausado, como un trago de dulce licor de durazno.
— Nunca dejas de ser un desvergonzado ¿Verdad? — no era para nada el elegante caballero que su reputación sugería, pero debía admitir que sus vulgares palabras habían servido un poco para distraerlo.
— A ti te gusta eso, solo te estoy dando exactamente lo que quieres...ese es mi trabajo como tu amante — susurró, sus brazos abrazaban su cintura, ni un solo centímetro de espacio libre entre ellos...el latido de sus corazones, ambos desbocados por la situación, era claramente perceptible.
— ¿Así que todavía eres mi amante?
Oikawa rió, fuerte y claro y Kei se agitó entre los brazos de Kuroo con inquietud, parecía estar justo detrás de ellos.
El abrazo de Kuroo se apretó, lo suficiente como para arrancarle un jadeó que ahogo contra su hombro y le hizo casi pararse de puntillas — Soy tuyo por los próximos dos meses...si todavía lo quieres— qué tipo tan más desvergonzado, tenía una erección, podía sentirla rozar suavemente su pelvis y él no parecía apenado en absoluto, por el contrario, quería hacerle saber que estaba ahí presionando su cadera contra ella.
Tenía que estar loco, pero mentiría si dijera que no lo encontraba excitante. Kuroo tenía algo en él que le hacía cambiar sus prioridades con sencillez, contagiaba su auto-seguridad casi instantáneamente. Tenía que estar perdiendo la cabeza si en verdad encontraba excitante el temor de verse casi descubierto, si quería experimentar mucho más de eso dando rienda suelta a sus impulsos.
El terror se transformaba en adrenalina y entonces se volvía un adicto; en el fondo, una pequeña parte estaba asustado de sí mismo y quería escapar, por otro lado la mayor parte de él lo encontraba emocionante, era como si nunca se hubiera conocido y ahora estuviera descubriéndose a sí mismo.
— Suena bien, pero hay algo que me gustaría decirte — buscó que sus labios rozaran su cuello, piel caliente entró en contacto con ellos, su olor evocaba recuerdos en su piel — Es una pequeña aclaración o una sugerencia...como sea — liberó su camisa, frotó las palmas contra su pecho y sin abandonar el contacto con su piel deslizó sus labios hasta su oído — Vuelve a insultarme y juro que voy a arrancarte las bolas.
— Mmm — él le hizo alzar las caderas tras un suave apretón — Suena delicioso, me gustaría verte intentándolo...un consejo; usa la boca — la sangre bombeó violentamente a través de sus cuerpos, hervía, quemaba, picaba en todas sus extremidades.
Todo era impulsos, oleadas de calor, choques violentos como los de las furiosas olas del mar contra las rocas, ansias pulsaciones eléctricas. Todo se volvió ínfimo; el momento, la situación, el lugar, incluso sus nombres se transformaron en algo irrelevante.
Entonces ocurrió, porque no pudieron o quizá no quisieron frenarlo; Kei hundió los dedos en su cabello, tirando de él y revolviéndolo, su lengua se encontró con la suya e iniciaron una ardiente batalla por tomar posesión. Ambos gimieron y el sabor del deseo bailó en sus bocas, tan apetecible, tan carnal que sucumbieron antes de siquiera poder pelear.
— No podemos hacer esto aquí — boqueaba, sus labios entreabiertos, con restos de saliva brillando en ellos, eran una invitación a perderse en él.
— Tu sabes que quieres esto, gatito — su boca descendiendo por su mandíbula, Kei ladeó la cabeza, estirando el cuello y facilitándole el acceso a la cliente lengua que trazó un húmedo camino que sus labios recorrieron de vuelta — ¿Puedes sentirlo? Como tú corazón late con fuerza, como tu cuerpo tiembla y vibra...— una mano jugó con sus pezones por sobre la tela de la camisa, bajó, lento y suave, esparciendo calor a su piel buscando su miembro el cual no tardó en liberar y tomar entre sus dedos — El miedo y el deseo transformándose en ansia...en locura que no puedes controlar — gimió. Su mano bajó hasta la base y subió hasta la punta en un ritmo lento y pausado — Él está detrás de nosotros, lo único que nos separa es una cortina...podría descubrirnos en cualquier momento...
— No...— sus labios atraparon una pequeña porción de piel e inmediatamente sus muslos temblaron sin control. Kuroo apretó su miembro, su cuerpo reaccionó con un escalofrío que pareció alentarlo a bajar la otra mano por sus glúteos, se transportó juguetona hasta su muslo y Tsukishima alzó una pierna acariciando descaradamente la contraria con la parte interna de su muslo.
Estaba caliente, duro y se veía jodidamente sensual luchando una batalla que su lujuria estaba ganando.
— Solo imagínalo; él moviendo la cortina y viéndote con los pantalones abajo, las piernas bien abiertas y conmigo enterrado en tu culo hasta las bolas...— la fricción en su miembro aumentó; Kei se mordió los labios para no gemir, echó la cabeza hacia atrás apoyándola contra la pared y empujó su miembro contra su puño — empujando, empujando y empujando, no voy a parar hasta que te corras gritando mi nombre, voy a hacer que te vea suplicando por más, sucio como la puta que eres ¿Lo quieres?
— No...yo...por favor...
Su nariz se enterró en su nuca erizándole todos y cada uno de los delgados vellos de la zona. Tsukishima trató de zafarse, empujarlo y terminar con esa locura, pero cada gramo de energía de su cuerpo estaba concentrado en mantener su debilitado cuerpo en pie e impulsándose contra el puño de Kuroo. — ¿Lo quieres, Kei? ¿Quieres que me entierre en ti y haga a tu cuerpo retorcerse como un gatito en celo? ¿No quieres sentir mi pene dentro de ti? Llenando cada rincón, dándote placer...yo te quiero, quiero estar dentro de ti, dártelo todo...
Era imponente. Adictivo. Aterrador. Toda esa necesidad, no tenía idea de que pudiera llegar a ser de este modo, que aquello que antes lo aterrorizaba, que el temor pudiera causarle tanta emoción. Envolverlo en deseo ¿Quién demonios era este hombre y porque su cuerpo no podía dejar de desearlo?
— Deja que te consuma, entrégate a esa emoción...
Un estremecimiento en la columna vertebral se trasladó a su miembro. Sus labios suspiraron, ahogaron gemidos y su cuerpo respondió empujándose contra Kuroo, estaba dispuesto, quería esto. — Por favor — El compás de su mano no aceleró, pero la presión de sus dedos lo dejó casi sin respiración. Era una deliciosa tortura que lo estaba llevando a la cima, estaba a punto, tan cerca que casi podía saborearlo. — Por favor...
— ¿Que?
— Por favor...
— ¿Quieres que te haga correrte? ¿Quieres mi pene en ti? Dilo ¿Qué quieres?
Un dulce ronroneo reverberó en su pecho y justo cuando se disponía a lanzar un grito de éxtasis su boca fue asaltada por un par de arriendes labios y una impetuosa lengua que arrasó con el poco raciocinio en su velada mente y envolvió su piel en un furioso torbellino de sensaciones. Tsukishima se empujó como un poseso contra el puño de Kuroo, volvió a gritar ahogando el sonido en la garganta contraria al tiempo que su liberación lo alcanzaba estallando en su cuerpo.
— Cógeme — ronroneó, suave y caliente contra sus labios, contracciones post-orgasmo atacando su cuerpo él cual cayó lánguido contra su pecho, retorciéndose como el gatito que era — Quiero que te corras en mí...lo quiero todo, dámelo todo.
— Pequeña zorra — murmuró Kuroo sintiendo su propio cuerpo rebosante de deseo, toda la energía que había perdido volviendo a él. — Me vuelves loco...
Giró su cuerpo de un solo movimiento, estrellándolo contra la pared y su boca tomando la del rubio con voracidad al tiempo que deslizaba sus pantalones hacia el suelo y elevaba una de sus piernas con ayuda de su brazo, dejándole así acceso a su entrada la cual no tardó en penetrar. Lo empotró alzándolo de puntillas sobre suelo, Kei gimiendo sin miramientos en su boca, impulsando su trasero hacia atrás, propiciando una penetración más dura y profunda.
Tal y como a él le gustaba, tal y como Kuroo quería que fuera...como su locura dictaba.
Saliendo suave, entrando fuerte, taladrándolo sin piedad. La boca de Kei folló sus dedos, tomando los restos de su corrida, Kuroo besó su cuello, gruñendo y expulsando incesantes ráfagas de aire caliente que le erizaban la piel antes de volver a tomar sus labios con frenesí. La caliente prisión se apretó, abrazando su miembro, comprimiéndolo deliciosamente; las embestidas se volvieron más salvajes, el menor rebotaba contra la pared...su agujero pidiendo por más.
Demandante. Insaciable. Hambriento.
Lo cegaba. Lo enloquecía. Le gustaba, Kei le gustaba muchísimo; su cuerpo, su piel, su voz, cada lágrima de placer que derramaba sus ojos, quería tomarlo todo y hacer de él una obra de arte. Quería más, más y más de él y eso...podría ser un problema.
Solo era uno más de su lista...así que no lo entendía.
.X.
¡Hola!
Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que actualice este fic, lo siento, pero la buena noticia es que ya voy a tener un poco más de tiempo para dedicarme a esta y otras historias.
Lamento que este capítulo fuera tan largo, sinceramente me deje llevar y no lo noté hasta mucho después. También quiero decirles que, dejando de lado todo el Lemon que les he estado dando, esta historia va a ponerse un poquito más seria a partir de ahora, hay muchas cosas que no sabemos de Kuroo y que van a revelarse ;)
Espero que el capítulo les gustara, nunca había escrito un Lemon de este tipo, pero quería darles algo interesante después de mucho tiempo 3
¡Gracias por leer!
