Hola… perdón por demorar demasiado pero había tenido mucha tarea ¬¬

Me alegro de que les vaya gustando :D

Disclaimer: Los personajes y la trama no me pertenecen son de la autora Sara Craven y de Masashi Kishimoto respectivamente. Yo solo me encargo de adaptar la historia.

Advertencias: Ligero toque de limme.

Nos leemos abajo :D


Capitulo 3…

Sakura colgó el teléfono. Se sentía muy nerviosa. Había tratado de consolarlo, diciéndole que habría otra casa para ellos, pero sus esfuerzos habían sido en vano. Sai quería la casa Carrisbeck y estaba desilusionado, mostrándole en su frustración un aspecto completamente nuevo de su carácter.

Se dirigió a la sala y se sentó en el sofá. Ella podía comprender en cierta forma su reacción. Entre mucha gente de Carrisford y los pueblos aledaños, Sai y su padre no eran muy bien acogidos. Ellos lo sabían. Querían la casa Carrisbeck para disipar esa rivalidad y con el tiempo, llenar el lugar que había dejado el coronel Uchiha. Pero Sakura no estaba segura de que ésa fuera la única razón. Sai tendría que buscar otra manera para establecerse como el nuevo terrateniente.

Y si el mismo Sai estaba tan resentido y desilusionado, tembló al pensar lo que diría Sir Danzô. El único rayo de luz que penetraba entre la nube oscura que envolvía su mente era que no tendría que soportar a su futuro suegro viviendo tan cerca.

Ahora le quedaba contárselo a su madre. Sin duda querría saber por qué Sakura no la había informado del regreso de Sasuke trayendo una niña que además iba a ser su alumna. Sakura suspiró. No comprendería por qué lo había ocultado.

Pero ésas eran preocupaciones menores, comparadas con la presencia de Sasuke como residente permanente en Carrisford. Con tantos lugares que había visitado, ¿qué le había llevado de nuevo a aquel tranquilo pueblo? ¿Cómo podía regresar a tantos recuerdos que tenía en Carrisford y vivir en la casa de la que le habían echado como si fuese un apestado? Cuando se supiera que la había comprado después de haber sido desheredado, todo el pueblo herviría en murmuraciones.

De repente se levantó. Tenía que ver a Sasuke e intentar que cambiara de idea. Quizás comprendería. Si quería vengarse de ella, ya lo había logrado.

Buscó su abrigo de gamuza que combinaba con sus botas y le dijo a su madre que iba a la biblioteca.

Mientras caminaba rápidamente por las calles que llevaban a la plaza principal, se preguntó qué haría si Sasuke no estaba hospedado en el White Hart, pero vio su coche en el aparcamiento.

La inquietante Karin Kusagakure ya no estaba en la recepción, y la joven que ocupaba su lugar la miró con cierta duda cuando con voz temblorosa preguntó por Sasuke.

-No –contestó la chica-, no le he visto salir, pero no pasa mucho tiempo en el hotel.

Sakura logró sacarle el número de habitación. Se dio cuenta de que la chica la miraba con gran interés mientras cruzaba el vestíbulo y subía por la escalera al primer piso.

Al llegar, se detuvo y respiró profundamente, dándose cuenta de que su corazón estaba latiendo a un ritmo más acelerado que lo acostumbrado. Su boca estaba seca y sentía las manos húmedas. No habría necesitado mucha persuasión para dar la vuelta y regresar a su casa, pero eso era imposible. Tenía que ver a Sasuke.

Una vez más se sintió débil. Era el recuerdo de aquella noche y de sus consecuencias lo que le hacía temblar la mano, mientras tocaba la puerta con timidez. Se abrió tan rápidamente que casi perdió el equilibrio y quedó atónita. Sasuke Uchiha, alto y delgado, vestido con pantalones vaqueros y un jersey oscuro con las mangas remangadas, estaba frente a ella, mirándola.

-Pasa, Sakura –con un movimiento la invitó a pasar al cuarto-. ¿Por qué te has retrasado tanto?

Ella titubeó y pasó junto a él con la cabeza baja, desalentada al saber que la había estado esperando.

Miró con inseguridad alrededor del cuarto, apretando los labios al ver la cama matrimonial muy bien vestida. ¿Eso significaba algo?, se preguntó. Quizás Sasuke estuviera allí de forma temporal. Después de todo, Flor tenía una madre, y nadie sabía por el momento que relación había entre ella y Sasuke.

Él notó su mirada y su sonrisa se ensanchó apáticamente.

-¿Estás nerviosa, Sakura? –le preguntó-. No tienes por qué estarlo, ¿sabes?

El color aumentó en sus mejillas pálidas.

-No –comenzó ella-. Creo que te equivocas… yo no…

-¿Estoy equivocado? –Su voz era escéptica-. Quizás deba dejar la puerta del cuarto abierta. Así la sirvienta te oiría si te vieras obligada a gritar me están violando.

-No digas esa palabra

-¿por qué no? –preguntó rápidamente-. Una vez… lo hiciste. ¿O creías que lo había olvidado?

-No –dijo ella cansadamente-. ¿Puedo… puedo sentarme?

-Si lo deseas –él señaló dos sillas que estaban a los lados de una pequeña chimenea eléctrica que se hallaba en la pared-. ¿Me das tu abrigo?

Ella asintió con la cabeza y se quitó el abrigo antes de sentarse. Sabía que los ojos de Sasuke la miraban de pies a cabeza.

-Dios mío, tu transformación en una maestra de pueblo es casi completa. ¿Quién iba a pensarlo? –Ella volvió a sonrojarse echando hacia atrás los cabellos rosados que le habían caído sobre la frente-. Sí –continuó diciendo-, el cambio ha sido grande. Discúlpame sin insisto, pero trato de ajustar tu nueva imagen con la que me presentaste en nuestra última cita. No es fácil.

Sasuke se dirigió a la mesa y sacó un cigarrillo de una caja de plata. Lo encendió, soltó una nube de humo y la observó con los ojos entrecerrados.

-¿Qué le ha pasado a aquella chica con sus pantaloncitos de encaje y todo lo demás que bailaba como una mezcla de Salomé y Cleopatra? ¿La conoció ya tu querido prometido?

-¿Podríamos dejar a Sai fuera de nuestra conversación?

-¿Es posible? No lo hubiera creído… Quizás no he comprendido la razón de esta visita.

Sus ojos se encontraron y los de Sakura fueron los primeros en retirarse.

-No creo –dijo ella-. Tú… tú sabes por qué estoy aquí.

-No estoy de humor para adivinanzas, Sakura –dijo brevemente-. Dime a que has venido.

-Sasuke, ¿por qué has regresado? ¿Tiene… tiene algo que ver conmigo?

Hubo una breve pausa, y luego él se río con una risa suave, pero que además llevaba un mensaje de amenaza, lo que le causó escalofríos.

-Claro que sí, pequeña hechicera. Tú nunca lo dudaste, ¿verdad?

-¿Qué vas a hacer?

-Cuando tome una decisión, tú serás la primera en conocerla, te lo prometo. Mientras tanto, no te hará daño quedarte ansiosa durante un tiempo.

Ella lo miró con ojos suplicantes.

-¿No crees que he estado así durante los últimos siete años?

-Pobre Sakura. Si sabías que vendría por ti, entonces, ¿por qué te quedaste?

-Porque no sabía a dónde ir. No se me ocurría un lugar donde pudiera estar segura.

-Tu instinto estuvo en lo cierto, claro. Te habría encontrado en cualquier parte.

-No quise decir segura de ti solamente –dijo ella-. De mi también.

-Así que decidiste que estarías más segura aquí y que te enfrentarías al problema si llegaba. Te felicito, Sakura. La niña pequeña creció por fin y encontró su valor. Agárrate a ese valor, dulce hechicera. Vas a necesitar hasta su última gota antes que yo haya terminado contigo.

-Oh, Sasuke, ten piedad de mí –le pidió con un suspiro.

-Siguiendo tu propio ejemplo, supongo. No, Sakura. Yo he reunido muchos sentimientos acerca de ti durante años, pero ninguno es de piedad. Tú tomaras mi medicina, querida, y en la cantidad que yo te la recete.

Ella se levantó, vacilante. Buscó su abrigo y Sasuke se lo ofreció con una sonrisa, con la cual le decía que comprendía porque quería irse.

Ella quería alejarse y llegar a la puerta, pero los brazos de él se quedaron sobre sus hombros. Cuando se quiso apartar, él deslizó las manos por su cuerpo deteniéndolas en la curva suave de sus senos.

-Tu ropa ha cambiado, Sakura, pero no tu cuerpo –su voz sonaba ronca junto a su oído-. No todos mis recuerdos son infelices, ¿entiendes?

Ella dejó escapar un grito incoherente y con una mano hizo un gesto instintivo para pegarle en la cara. Él detuvo el golpe con facilidad, atrapando la muñeca tan fuertemente que la hizo gritar de dolor.

-No te lo aconsejo –le dijo fríamente-. Dudo mucho que estés preparada para recibir el castigo que te voy a imponer.

Le soltó la mano y ella se quedó parada mirándole y frotándose la muñeca lastimada. Él miró su mano.

-Es un anillo muy caro el que llevas, Sakura. Yo se lo devolvería, muñeca. Es mucho más digno que esperar a que él te lo pida.

-¡Eres un cerdo! –le dijo entre dientes, y él río por primera vez con sinceridad.

-Así es la Sakura que yo conocí. Cuando entraste pensé que quizás la otra había muerto. Me sorprendiste hoy, pensé que vendrías de parte de tu prometido para apoyar su súplica de que le dejara la casa Carrisbeck.

-¿Sai ha hecho eso? –Sakura jadeó-. No te creo.

Se encogió de hombros.

-Pregúntale –le aconsejó-. Él no habrá olvidado la conversación. Cuando llegaste pensé que sería un truco de parte de él. Que quizás tú, con tus encantos de mujer… -y echó un vistazo significativo hacia la cama-, lograrías lo que el dinero no pudo. La vida está llena de estas pequeñas desilusiones.

-Eres vil. Sai no haría tal cosa.

-¿No? Yo no lo aseguraría. De mi poco trato con él no tengo otra impresión. Yo no le daría tanto crédito a su caballerosidad.

-Tú no sabes nada de Sai –dijo ella con voz temblorosa.

Él se río.

-¿Y él sabe algo de ti? Lo dudo.

Antes de que adivinara sus intenciones, Sasuke había logrado atraparla, abrazándola hasta que sus cuerpos quedaron muy unidos. Por un momento Sakura sintió pánico, y luego la boca de él, fuerte y exigente, encontró la suya. El mundo dio vueltas en un caos vertiginoso y la única realidad que quedó fue el beso.

Y fue como si la fuente de todas sus emociones hubiera estado reprimida durante siete años, y de repente se soltara. Su boca se abrió ante la presión de la de él, y sus manos subieron involuntariamente para rodear su cabeza morena mientras que sus labios exploraban los de ella, con una arrogante intimidad que prometía total pasión.

Tan repentinamente como comenzó, se terminó. Él separo sus manos y la empujó con tal fuerza que ella casi perdió el equilibrio.

-¿Lo ves, Sakura? Yo tenía razón –su voz era fría, su cara inexpresiva-. En realidad no has cambiado nada.

Reprimiendo un sollozo, la muchacha salió corriendo del cuarto.

En el pasillo, se dio cuenta de que había un servicio con la puerta medio abierta; entró y la cerró tras ella, echando el cerrojo. Él la había dejado escapar… por el momento. Sakura se sentó en una silla. Se vio en el espejo y se sobresaltó. ¿Qué había pasado con la criatura tranquila y segura que había logrado crear durante todos aquellos años? No tenía ninguna relación con la que acababa de ver en el espejo, con sus salvajes y enormes ojos, y su boca ardiendo e hinchada de pasión.

Cruzó los brazos, luchando contra el gemido que amenazaba salir de sus labios.

-Dios mío, ¿qué he hecho?

Uno de los consuelos que la había ayudado a soportar los últimos siete años era el hecho de que no pudiese culparse por los errores de la adolescencia y que la devorada pasión que sentía por Sasuke y sus consecuencias podrían clasificarse entre éstos. Pero ahora no tenía excusa para explicar cómo con un solo beso podía despertar todos sus sentidos. Ya no era una niña jugando con fuego. Era una mujer y en peligro inminente de quemarse con la llama que ella misma había vuelto a encender.

Cerró sus manos con fuerza, sintiendo el anillo de Sai enterrarse en su piel. ¿Cómo había podido dejarse arrastrar de aquella manera estando comprometida con otro hombre?, se preguntó con desesperación. Ella había traicionado a Sai de igual manera que si Sasuke la hubiera llevado a su cama y la hubiera poseído.

Sakura tembló. Su debilidad, su falta de control, hasta de decencia, la angustiaban. Le había dado a Sasuke otra arma para usarla en contra suya cuando quisiera.

¿Él no le había advertido que iba a destruir sus relaciones con Sai? Su única esperanza era poderle confesar toda la verdad a su prometido no solamente de lo que acababa de suceder, sino de lo que había ocurrido siete años antes.

No se imaginaba como iba a reaccionar Sai. Nunca antes había tenido que probar su amor ni el límite de su perdón, y se sentía insegura de cómo iba a resultar.

Sabía desde un principio que le gustaba a Sai, pero a pesar de ello no habría comenzado a cortejarla sin el visto bueno de su padre. En el mundo el que ellos se movían, esos detalles era muy importantes, y Sakura estaba segura de que Sir Danzô olvidaba el hecho de que no era rica sólo porque pertenecía a una familia respetable. Su padre era el primer oficial de planificación en el Consejo del distrito, y su madre era miembro destacado en el Instituto de damas y en las organizaciones de caridad. Nunca había habido ningún escándalo en su familia. Hasta ahora.

Se recostó en la silla y cerró los ojos, recordando de nuevo aquel verano distante, casi agradeciendo el dolor que la memoria revivía.

Todo estaba allí, vivo de nuevo, resucitado durante los breves momentos en que había estado en los brazos de Sasuke.

Fue por gratitud que la señora Uchiha invitó a Sakura a la fiesta en la casa Carrisbeck. Ella lo sabía. Y fue parte de un plan muy bien llevado. Si Sasuke la ignoraba, ella lograría llegar a él a través de su tía. Por eso se pasó una tarde atendiendo el puesto que había montado la señora Uchiha en la fiesta anual de verano.

La señora Uchiha era consciente de ello, y sabía que era un sacrificio de Sakura quedarse allí toda una tarde calurosa. Por eso la invitó a la fiesta de la siguiente semana.

Sakura no se sentía molesta al saber que era la más joven de la fiesta, y esperaba que la seguridad en sí misma le ayudar a resolver cualquier obstáculo que le pusieran sus padres. Además estaba muy contenta sabiendo que a Karin Kusagakure no la había invitado. Sasuke quizá se divertiría con ella, pero no la invitaba a la casa de sus tíos.

Ahora el problema era la ropa que llevaría. En el momento que vio los pantalones en el escaparate de una tienda, supo que tenía que comprarlos y utilizó dinero de su cuenta de ahorros. Los tenía escondidos en su armario y ahora ¿cómo se los iba a poner sin que su madre le dijera que los cambiara por una cosa más seria?

La señora Haruno no era difícil para algunas cosas, pero Sakura sabía cuál sería su reacción ante los pantalones con tirantes de encaje blanco con una chaqueta que al quitársela dejaría al descubierto parte de su busto, tentadoramente realzado. Ella había practicado la forma de arreglarse el cabello, y decidió recogerlo todo en una cola de caballo bastante suelta y asegurarla con una rosa blanca artificial. También había comprado nuevo maquillaje.

Cuando se arregló la noche de la fiesta, lo que vio en el espejo no era la imagen de una niña, sino de una mujer joven, provocativa y sensual, que sabía lo que quería y como conseguirlo.

Salió de la casa y tomó un taxi. Su madre estaba en la cocina preparando unos refrescos para una reunión que tendría más tarde, por la noche, y su padre estaba detrás de la casa atendiendo sus rosas.

Durante el camino se sentía entumecida por los nervios. Él había estado en Londres la semana anterior. ¿Y si no estaba en la fiesta? O aún peor, ¿si había invitado a alguna de sus amigas sofisticadas de Londres para que lo acompañara? Sakura se arregló los tirantes de encaje y alzó la cabeza en un movimiento desafiante.

El espejo le había revelado que no tenía por qué temer que le faltara un compañero en la fiesta.

Él la había llamado burlonamente dulce hechicera. Bueno aquella noche ella lo iba a comprobar. Embrujaría a Sasuke para que nunca se burlara de ella. Él había admitido que le atraía. ¡Pues esa noche la iba a encontrar irresistible!

Al entrar en el salón, se dio cuenta de que conocía a casi todos los presentes, y que la combinación de encajes que había comprado no era tan atrevida en comparación con algunas que llevaban las demás chicas. Se alegró de no resultar tan llamativa.

Miró a su alrededor, pretendiendo ser indiferente, buscando a Sasuke entre los grupos de personas que hablaban y sonreían, pero no lo veía, y por un momento terrible pensó que no se encontraba allí. Luego oyó a alguien llamarlo, y se tranquilizó al saber que estaba en la terraza.

Sakura salió a la terraza por otra puerta, sonriendo tímidamente a las personas que la saludaban. Sasuke estaba en el centro de un grupo muy alegre. Mientras que Sakura titubeaba, él se volvió para colocar un vaso vació en una bandeja y la vio. Por un momento sus ojos se redujeron de una manera increíble. Las manos de Sakura estaban pegajosas por el sudor. Si se burlaba de ella en aquel momento, pensó histéricamente, y hacía algún chiste, se mataría.

Pero en su cara morena no se veía ningún trazo de burla al acercársele. Su mano parecía quemarle la piel cuando la tomó del brazo llevándola aparte del grupo.

-¿Sakura? –su voz era como un interrogante.

-Sasuke –sonrió mientras le miraba, sosteniendo la mirada de sus ojos, y le oyó soltar un suspiro. Entonces él también sonrío, pero sin burla.

-No sé qué te has hecho –dijo en voz baja-, pero quiero que sepas que estás muy hermosa. Es como si el capullo de repente se hubiera convertido en flor.

Sakura sintió que el color subía a sus mejillas, y se sintió disgustada por su falta de control.

Sasuke levantó una mano y pasó sus dedos por una de sus mejillas acariciándola.

Ella había pensado por un momento aterrador que él le diría otra cosa; luego alguien del grupo le llamó, y Sasuke dio media vuelta.

-Debo irme –dijo de repente-. Pero confío en que me concedas un baile más tarde.

Logró mantener la compostura, murmurándole que con mucho gusto aguardaría su petición.

Desde aquel momento, ella no estuvo nunca sola.

El baile comenzó en el gran salón, y ya no se quedó sin ningún compañero. Quizás en otra ocasión habría estado muy orgullosa con su triunfo al ver a otras chicas mayores y mejor vestidas quedarse paradas mirando, pero su éxito no la contentaba porque Sasuke no estaba entre la fila de jóvenes que le pedían bailar.

Comenzó de nuevo a sentirse desesperada. La noche avanzaba y Sasuke no se le había vuelto a acercar. ¿Dónde estaba, y por qué no había mantenido su promesa de bailar con ella? Nadie más le importaba. Había recibido innumerables invitaciones para acompañarla a su casa aquella noche, invitaciones a cenar, a pasear, más ella las había rechazado, esperando a Sasuke.

La cena se sirvió alrededor de las diez, pero Sakura casi no pudo comer. Sonrío y habló, pero en todo momento sus ojos le buscaban por todos los rincones del salón.

Por fin no pudo soportar más, murmuró una excusa a su grupo y abandonó el salón. Había algunas parejas sentadas en la escalera, hablando en voz baja, pero Sasuke no estaba entre ellas. No estaba tampoco en el vestíbulo y Sakura se dirigió a la terraza. Por un momento pensó que no había nadie, pero luego al fondo, en la esquina, vio la silueta alta y conocida, quieta, observando la noche.

Se dirigió a él y le tocó un brazo. Él se volvió rápidamente con cierta alarma, y cuando vio de quién se trataba, trató de ser más agradable.

-¿Por qué no estás comiendo con los demás? – le preguntó-. No me digas que ya estás cuidando la línea.

-¿Te parece que la necesito? –traviesamente, se dio una vuelta para que la admirara.

-No –dijo brevemente-. No lo necesitas. Regresa adentro, Sakura. Está refrescando mucho aquí afuera, y ya está comenzando de nuevo el baile.

-Ésa es la razón por la que estoy aquí. Dijiste que bailarías conmigo, y no te has acercado.

-No pensé que notaras mi ausencia teniendo tantos admiradores alrededor –dijo él secamente.

-Claro que me he dado cuenta –dijo ella alegremente-. Una promesa es una promesa.

Él titubeo.

-No estoy de humor para bailar, Sakura. Tendrás que perdonarme esta noche.

Ella estaba a punto de llorar de desilusión.

-Muy bien, señor. Entonces su doncella bailará para usted.

La música del salón llegaba con un ritmo cadencioso.

Al principio había querido bromear para tratar de mejorar su estado de ánimo. Esperaba que él se reiría y se diera por vencido llevándola al salón para bailar. Pero no lo hizo. Se quedó quieto, mirándola con una mayor intensidad en su mirada. Ella comenzó a seguir el compás de la música, moviendo menos los pies y más las caderas. Sus labios se secaron y los humedeció con la punta de la lengua. Se puso las manos detrás de la cabeza, y movía su cuerpo hacia él con una provocación deliberada.

-Dios mío –dijo nerviosamente-. Sakura… tú…

Y ya no hubo más palabras. La atrajo hacia sí, apretando su suave cuerpo contra el suyo, besándola apasionada y salvajemente, sin tener en cuenta su falta de experiencia en ese tipo de beso. Por un momento ella se aturdió. Su inocencia no estaba preparada para eso, y luego, instintivamente, la mujer tomó su lugar y respondió; primero tímidamente y luego con un calor que nunca había soñado tener.

Mientras bailaba, había bajado los brazos por su cuerpo. Ahora las manos de él llevaban el mismo camino, y donde quiera que tocaba se despertaba en ella una nerviosa sensación. Sin timidez se apretó mas a él logrando despertar su excitación.

La cabeza le daba vueltas. El deseo de acariciar y ser acariciada, de besar y ser besada, conocer y ser conocida era insoportable.

Por fin levantó la cabeza y apartó los brazos de su cuerpo.

-Sasuke –murmuró con el deseo vibrando en su voz.

-¡Sakura! –sus manos cayeron duramente sobre sus hombros, empujándola lejos de él. Su cara estaba pálida y sus ojos oscuros parecían arder al mirarla-. Esto es una locura y ambos lo sabemos. Eres una niña y no sabes lo que estás haciendo.

-Entonces enséñame –su voz tembló.

-¡No! –dijo con violencia repentina-. No sabes lo que pides. Tú eres virgen, Sakura, totalmente inocente. No me pidas que destruya esa inocencia. Guarda ese regalo tan precioso para el hombre con el que te cases algún día.

La soltó bruscamente y se alejó hacia el salón. Sakura se quedó sola en la oscuridad, sólo podía pensar en una cosa. Sasuke la deseaba, tal y como un hombre podía desear a una mujer. Ella le demostraría que estaba dispuesta y tan deseosa como él.

Atravesó el pasillo oscuro donde había algunas parejas abrazándose sin importarles el resto del mundo, y subió las escaleras. No tenía idea de cuál sería el cuarto de Sasuke.

Las puertas cerradas no le daban ninguna pista, pero ella lo sabría de todas maneras. Abrió con facilidad una puerta y entró.

Sasuke estaba cerca de la ventana fumando un cigarrillo. Se había quitado la chaqueta y aflojado la corbata. Se volvió al darse cuenta de que alguien había abierto la puerta.

-Sakura –le dijo y su voz era sombría-. Te lo advierto, aléjate de mí ahora. Baja antes de que pase algo que pudiéramos lamentar los dos.

-Yo no voy a lamentar nada –dijo con seguridad-. Sasuke, te… te he traído un regalo. ¿No lo quieres?

Sus dedos temblaban ligeramente mientras se quitaba la chaqueta dejándola caer al suelo.

Él aspiró profundamente, luego tiró el cigarrillo por la ventana y se acercó.

Sakura se colgó de él mientras la llevaba a su cama.

-Toda la noche me he estado preguntando qué podrías llevar debajo de esa chaqueta, y ahora lo veo –dijo riendo.

Se inclinó y besó sus senos, su boca cálida y deseosa de su cuerpo, pero al mismo tiempo ella notó que Sasuke se cohibía un poco al entregarse al placer de ella, a su despertar. No quería que cuando el momento llegara ella sintiera ningún temor.

-Dios sabe cuánto te he deseado –susurró. Le quitó las horquillas del pelo, dejándolo caer sobre sus hombros.

Ella le ofreció los labios y él los aprisionó con fuerza.

-Sakura, mi querida, mi dulce hechicera, llevas demasiada ropa. ¿No te habías dado cuenta?

Ella comprendió que aún entonces, él le estaba ofreciendo una oportunidad por si ella deseaba cambiar de idea. Pero no quería.

-Tú también –respondió y metió su mano dentro de su camisa abierta, disfrutando por primera vez de su piel cálida y desnuda.

De repente una luz se encendió en el cuarto, y la voz de la señora Uchiha, en un tono alto y agitado, gritó:

-¡Dios mío, Sasuke!

Sakura sintió a Sasuke girar sobre sí mismo, quedando acostado sobre la espalda. Su tía estaba cerca de la puerta apretando la llave de la luz, y el coronel, estupefacto, junto a ella.

Por un segundo Sakura se sintió demasiado aterrorizada para moverse, y luego por fin agarró la colcha para taparse el cuerpo.

-¿Qué significa todo esto? –Tronó el coronel-. ¿Cómo te atreves a convertir la casa de tu tía en un burdel? ¿No tienes ningún respeto por la decencia?

Hubo una larga pausa, y luego Sasuke dijo despacio:

-En el futuro, recordaré cerrar la puerta con llave.

-¿Esa es la única respuesta que puedes dar? –Gruñó el coronel-. Tu conducta me indigna. ¿Crees que estoy ciego? Siempre supe que tenías las costumbres de un gato callejero, pero nunca dije nada mientras mantuvieras tu desfile de rameras lejos de esta casa y de tu tía.

Sakura vio a la señora Uchiha mirarla con sus ojos llenos de condena y reproches.

-¡Sakura! –La señora Uchiha movía su cabeza con pesar-. ¿Cómo has podido abusar de mi confianza de esta manera?

La muchacha gimió. Aquello era una pesadilla. No podía estarle sucediendo a ella. A Sakura Haruno. La visión de sus padres le pasó por la mente. Ellos, que la adoraban y que estaban tan orgullosos de ella. ¿Qué dirían ahora, pensó aterrada, cuando la hicieran volver a su casa, ahora deshonrada? Toda su fe en ella, toda su confianza se destruiría. Veía la cara de su madre, afligida e indignada. No podía permitirlo.

-¡No! –gritó histéricamente-. No… ustedes no comprenden. Sasuke me trajo aquí… yo no quería, él me obligó –señaló hacia la pila de prendar que se encontraba en el centro del cuarto-. Él me arrancó la ropa. Yo pensé que se había vuelto loco y estaba asustada. Le supliqué que se detuviera, pero no lo hizo.

El silencio en la estancia parecía eterno. Nadie parecía respirar y ella no podía mirar a Sasuke, no podía enfrentarse a sus ojos.

El coronel fue el primero en hablar.

-¿Quieres decir –murmuro con voz ronca- que tú no estabas de acuerdo? ¿Qué mi sobrino trató de… violarte?

Era demasiado tarde para dar marcha atrás o arrepentirse de lo que había dicho.

-Sí –dijo ella con un suspiro, y rompió en llanto, ahogándose en los sollozos. Era el toque final que necesitaba para completar la historia. Su juventud y su miedo se encargarían del resto.

El coronel habló en voz baja:

-Te irás de mi casa mañana por la mañana, Sasuke, y nunca más quiero volver a ver tu cara. Has deshonrado a tu familia, además de insultar y asustar a esta jovencita. Te echaría ahora mismo, si no tuviera la casa llena de invitados. ¿No tienes nada que decir?

Ésa era la mejor ocasión que tenía Sasuke para negarlo todo, pensó Sakura.

-Nada, señor –dijo Sasuke.

El coronel se dirigió a ella con solemnidad:

-Mi esposa la… la ayudará, jovencita, y cuidará de que la lleven a su casa. Por supuesto que no hablaremos de esto con nadie. Le suplico que usted tampoco lo haga.

Sakura aceptó su petición.

-Arréglate, Sasuke y baja. Aún tenemos invitados. Nada ha sucedido aquí, ¿lo comprendes? ¡Nada!

-Nada –repitió Sasuke. Su voz era baja, casi un suspiro.

.

Sakura regresó al presente al oír llamar desesperadamente a la puerta de servicio. Se levantó de la silla, abrió el grifo del lavabo y lo dejó llenarse de agua fría.

Se miró en el espejo, viendo su cara pálida y las mejillas manchadas de lágrimas. Nada diferente a la chica que se había vestido ante la mirada penetrante de la señora Uchiha. La chica que había llorado también, en cierta forma porque se había salvado de la ira de sus padres, en parte porque tenía miedo, pero más que nada por vergüenza y por remordimientos.

Tenía razones para llorar.

Se echó agua fría en la cara. Al terminar, estaba calmada nuevamente, y las huellas de lágrimas habían desaparecido. Sólo le quedaba su sentimiento de culpa, el temor y aquello que escondía bajo su máscara.

Pero… ¿por cuánto tiempo lograría mantenerlo oculto?


Espero que les haya gustado… este cap se centró más en aclarar lo que había pasado años atrás.

Muchas gracias a: Beca, Ruth, Diana y Jenifer por sus reviews.

Hasta el siguiente cap :D

Matta-ne =^.^=