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Hola de nuevo…. Aquí estoy subiendo el cap que les había prometido :D al fin acabé de pasarlo hehe es que da flojera xP

Disclaimer: Los personajes y la trama no me pertenecen son de la autora Sara Craven y Masashi Kishimoto respectivamente. Yo sólo me encargo de adaptar la historia.

Nos leemos abajo :D


Capitulo 5…

Había nieve en las colinas cercanas, al final de la segunda semana, y era la primera ola de catarros y toses en la escuela, agravada por la humedad de la temporada.

Sakura no se sorprendió al enterarse de que Flor era uno de los niños enfermos. Estaba muy delgadita para su edad. Al pasar una semana y ver que no regresaba a la escuela, se alarmó.

Ella estaba cambiando los diseños de las paredes a la hora de la comida, cuando entró la señora Terumi.

La directora fue al grano:

-El señor Uchiha ha llamado para decirme que el doctor no permitirá que Flor venga a clase, por lo menos, durante otra semana. Dice que la niña está muy preocupada porque piensa que se está atrasando demasiado, y que preguntó si podrías pasar a su casa para dejarle algo de trabajo.

Era una solicitud normal y durante los segundos que transcurrieron mientras Sakura permanecía inmóvil, la señora Terumi la miraba perpleja.

-¿Existe algún problema? –preguntó alzando una ceja.

-No, ninguno. Me encantaría llevarle algunos libros. ¿Está en el White Hart?

La señora Terumi parecía aún más sorprendida.

-El señor Uchiha ya se mudó a la casa Carrisbeck. Pensé que tú lo sabías.

-No, no tenía idea. Fue muy rápido, ¿no es así? Yo pensé que tardarían con tantos trámites y contratos que hay que firmar.

-Parece que ya todo eso lo arreglaron –comentó con indiferencia-. De cualquier manera, ése no es asunto nuestro. Si pudieras ayudar a Flor, te lo agradecería. Temo que este invierno va a ser muy difícil para ella, hasta que aclimate.

Sakura estaba acostumbrada a preparar lecciones para los niños que tenían que ausentarse durante cierto tiempo y esa solicitud no la sorprendió. Era parte de su trabajo y no podía dejarlo a un lado, solamente por su situación con Sasuke Uchiha. Se había cuidado mucho de encontrarse con él, había hecho algunas alteraciones por la mañana cuando llegaba a la escuela y también a la salida, funcionándole todo muy bien, hasta ahora. No había oído nada de él ni lo había visto, aunque sabía por chismes entre los maestros que iba todas las mañanas a dejar a Flor y luego por las tardes a recogerla.

A veces se sentía optimista pensando que él nunca llevaría a cabo sus amenazas. Quizás pensara que con su sola presencia en Carrisford y ocupando la casa que pretendía hacer su hogar, era suficiente castigo para ella.

Pero una situación tan normal, como la enfermedad de un niño, la volvía a atrapar en la telaraña que ella misma había tejido.

Comenzó a buscar algunos libros para Flor, adivinanzas, crucigramas sencillos y tarjetas de los compañeros.

A pesar de tener una razón para estar allí, su corazón latía agitadamente al llegar a la casa Carrisbeck.

Tocó el timbre. Habría preferido dejar en la puerta todo lo que llevaba y marcharse, pero una actitud semejante sería imperdonable. La puerta principal se abrió y Sasuke se quedó mirándola.

-¿En qué puedo servirte?

-Quisiera ver a Flor, si es posible.

-Claro –él dio un paso atrás para dejarla pasar-. No me había imaginado que la escuela ofreciera servicio tan rápido, no tenías por qué apurarte.

-Yo haría lo mismo por cualquier niño.

-¡Qué dedicación! –dijo sarcásticamente-. ¿No te molestarás si no te acompaño? Estoy haciendo una sopa. Flor está en mi antiguo cuarto. Estoy seguro de qué conocerás el camino.

Sakura comenzó a subir la escalera. Ya no tenía la alfombra color rojo oscuro, pensó. La casa parecía desierta con sus suelos y ventanas desnudas y las bombillas sin pantalla.

Reunió todas sus fuerzas para entrar en el cuarto. Tontamente se había imaginado que estaría igual que antes. Ahora se hallaba tan vacío como el resto de la casa. Había un pequeño sofá-cama, donde Flor se encontraba acostada entre almohadas, una cómoda con cajones, una silla de madera pintada de blanco y una pequeña alfombra redonda junto a la cama. Eso era todo. No tenía ninguna decoración especial por ser el cuarto de una niña. Se dirigió a la cama con una sonrisa alentadora, llevando consigo la silla para sentarse.

Flor no parecía estar mejorando. Sus mejillas estaban sonrosadas en contraste con el resto de su cuerpo de color amarillento, y su carita parecía más hundida.

Sonrío ampliamente al verla. Escuchó con aparente interés mientras Sakura le contaba lo que estaba pasando en la escuela, pero el interés de la niña era por educación y respeto, no por un real entusiasmo. Se la vio realmente feliz con las tarjetas que los niños le habían enviado, aplaudiendo mientras Sakura las colocaba encima de su cómoda donde las alcanzaba a ver.

Sakura se sintió curiosamente abatida al levantarse para irse a su casa; esperaba poderse escapar sin que la viera, pero Sasuke la estaba esperando en el pasillo, mientas bajaba por la escalera.

Él abrió la puerta de la sala y se quedó quieto, esperándola.

-He preparado café –dijo secamente.

-Gracias, pero no me apetece –Sakura mantuvo su posición.

-Oh, no seas tonta. Tienes que hacer una larga caminata y hace mucho frío afuera. Yo te llevaría, pero no puedo dejar sola a la niña. Odia tener que quedarse en cama y tengo que cuidarla continuamente para que no se sienta deprimida.

-Parece ser muy dócil –dijo Sakura entrando en la sala con desgana evidente.

-Como casi todas las jovencitas, son dóciles solamente en apariencia. Yo no tengo que recordarte eso, ¿verdad? –dijo suavemente, mientras le entregaba una taza llena de café. Ella habría querido escaparse; era consciente de la soledad de la casa, y de que estaba sola con él, además de una niña enferma en el segundo piso.

-Gracias –dijo con un esfuerzo y tomó un pequeño sorbo. Estaba muy caliente, pero bueno.

-Sí, yo sé hacer café. Mi sopa también es muy recomendable. ¿Te puedo ofrecer un poco?

-No me parece adecuado, ¿no crees? –dijo mordazmente.

-Pensé que aceptarías por el bien de Flor, que debe aburrirse mucho aquí, y alguna compañía femenina sería una novedad para ella.

-Me habría gustado quedarme acompañándola –contestó fríamente-. No pensé que te faltara compañía femenina.

-¡Oh, vamos! –dijo burlonamente-. Ten cuidado, gaita, estás asomando las uñas. Pero no tienes por qué preocuparte. Estoy llevando una vida monástica por el momento. Me encuentro demasiado ocupado para pensar en otra cosa.

Ella miró a su alrededor.

-Supongo que te has estado ocupando de la casa.

-No. Estoy haciendo algunos arreglos. Voy a convertir el viejo establo en vivienda.

Sakura abrió la boca

-Pero eso es lo que… -comenzó, cambiando luego de idea.

Sasuke la observaba sarcásticamente.

-Sigue adelante, querida. Es lo mismo que tu futuro suegro quería hacer. Estoy enterado.

-Pero tú no puedes hacer esos cambios a tu gusto –le criticó ella-. La casa quizás sea tuya, pero tienes que pedir permisos para hacerlos.

-No pierdas tu tiempo, Sakura. Mi tío fue el primero en tener esa idea y obtuvo el permiso hace muchos años. Aún existe. Me aseguré antes de que cambiaran un solo ladrillo.

-De cualquier manera no es asunto mío –dijo fríamente.

-¿Y desde cuándo eso es obstáculo para que una mujer no se inmiscuya? –dijo perezosamente-. Tú sabes que cuando uno se aleja, las lenguas se sueltan con chismes en un lugar como éste.

-Me pregunto por qué has vuelto.

-No te lo preguntes, Sakura –dijo suavemente-. Tú siempre supiste que yo regresaría, y conoces la razón.

-Para darles a las lenguas aún más razón para soltarse –dijo amargamente.

-Eso es casi inevitable –dijo secamente-. Sé que cada movimiento que hago es observado muy detenidamente

-Es culpa tuya –replicó enojada-. Confesándole a Temari Nii que no estabas casado y haciendo alarde de la ilegitimidad de Flor. ¿Te sorprende ser objeto del interés público?

Parecía sorprendido con lo que ella había dicho.

-¿Qué otra cosa podía haberle dicho? Se veía tan ansiosa de oír un escándalo… parece que tuve más éxito de lo que me imaginaba.

-Bueno, ahora es demasiado tarde –se tomó el resto del café y se puso de pie-. Quizás la próxima vez te detendrás un poco para considerar el efecto que tus palabras pueden tener sobre personas inocentes.

Ella estaba pensando en Flor cuando lo dijo y no estaba preparada para su reacción.

-¿Qué tenías en mente? –preguntó él bruscamente-. ¿Tu familia o las sensibilidades de tu prometido?

Ella lo miró fijamente.

-No hablaba de eso –comenzó torpemente, pero él la interrumpió.

-La última vez imploraste por ti. Ahora te escudas detrás de los demás. Algunas personas resultarán heridas, lo sé, pero solo tú eres la culpable.

Otra vez volvía a ser el hombre dominador que tenía en su mano la posibilidad de arruinar su vida cuando quisiera.

Él también se había puesto de pie y Sakura se dio cuenta de que estaba entre ella y la puerta.

-Déjame ir –murmuró, luchando contra el pánico.

Él no se movió. Puso las manos sobre sus caderas y la miró burlonamente.

-¿De qué tienes miedo? –preguntó-. ¿De que vaya a vengarme aquí, en este momento? No tienes nada que temer por el momento. Estoy durmiendo en una pequeña cama que casi no puede con mi peso. Seguro que no nos podría sostener a los dos y pensar en estos suelos tan fríos es suficiente para calmar mi ardor. Así que estás segura… por ahora.

Ella sólo podía mirarlo con asombro.

-¡Oh!, no te asustes tanto, dulce hechicera –pronunció lentamente-. Debiste suponerlos. Tu instinto femenino debió advertirte del precio que tendrías que pagar para terminar nuestro asunto, interrumpido hace siete años.

Con una reacción provocada por la desesperación, pasó corriendo y llegó a la puerta, saliendo por el pasillo. Pero Sasuke estaba junto a ella, moviéndose aparentemente sin prisa.

-¿Y qué te parece esto a cuenta? –le preguntó.

La tenía apresada contra su cuerpo, y sólo veía su cara blanca mientras descendía hacia su boca. Cuando por fin levantó la cabeza, su respiración era tan irregular como la de ella y había lucecitas brillando en su mirada.

-Al diablo la espera. Te deseo, Sakura, y te deseo en este momento.

Sakura le rodeó con los brazos el cuello y cerró los ojos mientras su boca le invitaba a besarla.

Primero el sonido le llegó vagamente, como si hubiera sido su imaginación, y luego más fuerte, oyó los sollozos de la pequeña seguidos de una voz desesperada que gritaba:

-¡Sasuke!, ¡Sasuke!

-¡Flor!

Por algunos segundos antes de soltarla, Sasuke le sostuvo la cabeza entre sus manos con fuerza y la miró como queriendo memorizar cada una de sus facciones.

Luego la soltó y se dirigió hacia la escalera.

-¿Hay algo que pueda hacer? –Sakura no reconocía su propia voz.

-No. Flor ha tenido un ataque de tos y además enfermó del estomago. Yo la puedo atender, no te preocupes –sonrío melancólicamente-. Si yo fuera tú, aprovecharía para escapar.

Ella se quedó mirando fijamente por donde había desaparecido, y por un momento pensó que sus piernas se negaban a obedecerla. Caminando torpemente, llegó a la puerta principal y la abrió. El aire del exterior era como un soplo de hielo. Temblando, salió a la oscuridad.

Por un momento se preguntó qué habría sucedido si Sasuke la hubiera encontrado allí, a su regreso, esperando en el pasillo. Pero eso era una locura, se dijo mientras se daba prisa en bajar la colina. El sonido de sus tacones sobre la tierra helada y el palpitar agitado de su corazón parecían gritarle: Loca… loca.

Cuando llegó a su casa, encontró a Sai esperándola.

-Llegas tarde –la miró con evidente disgusto, notando su pelo revuelto y un aspecto desaliñado-. ¿Dónde has estado?

-Uno de mis alumnos está enfermo con catarro. Fui a llevarle algo de trabajo para que lo hiciera en la casa.

-Has estado corriendo –dijo él-. Vienes sin aliento. Realmente, Sakura, hay momentos en que actúas como una niña.

Ella se quitó el abrigo y lo colocó en una silla.

-Correr te ayuda a mantenerte caliente en una noche como ésta –dijo presumiendo de tranquilidad.

-Pero no es muy correcto –contestó él.

-¿Y eso importa?

-No mucho por ahora, quizás, pero tienes que pensar en tu futura situación –el frunció el ceño-. En realidad, deberías tener un coche. Yo estoy dispuesto a pagarte las clases para aprender a conducir.

-Esto no tiene nada que ver –dijo ella, sonrojándose-. Es más, yo tengo permiso de conducir, pero no necesito un coche de momento. Además, me gusta caminar y correr; ya me preocuparé de mi posición, como tú la llamas, cuando sea necesario.

-Muy bien –dijo él en tono seco.

Ella se le acercó poniendo los brazos alrededor de su cintura y descansando su mejilla contra la de él.

-No te enfades –le suplicó-. Ha sido una sorpresa agradable encontrarte aquí, y lo único que has hecho es criticarme.

Él suspiro y la abrazó con fuerza.

-Lo siento, Sakura. He tenido un día de trabajo muy pesado, de nuevo problemas de sindicato. No, no me quedaré a cenar. Mi padre quiere un informe completo de la junta de esta tarde con los administradores de los talleres y tengo que regresar. Me pidió que te dijera que va a dar una pequeña cena el próximo martes, cuatro o cinco personas además de nosotros, y le gustaría que tú fueras la anfitriona. ¿Lo harás, querida? –sonrío-. Será una buena práctica para ti.

-Y la práctica perfecciona, ¿no es así? –ella le devolvió la sonrisa, sintiéndose un poco sobresaltada-. ¿Y yo debo considerarme como parte de la decoración, o tu padre quiere que disponga la comida y el vino y que ordene flores?

-¡Claro que no! –Sai estaba ligeramente sorprendido-. La señora Rin se ocupará de todo eso, como siempre. Tú sólo concéntrate en ser la belleza de siempre, y yo pasaré a recogerte alrededor de las siete –la besó ligeramente-. Gracias, cariño. Ahora tengo que irme.

-No te vayas –ella se alzó sobre la punta de los pies y le besó la mejilla-; el informe puede esperar, ¿no crees? Tú mismo me has dicho algunas veces que eres el que maneja el negocio y que tu padre es solamente una figura.

Él soltó una risa un poco forzada.

-Me gustaría oír la reacción de mi padre si yo le dijera eso. Mi padre tiene más experiencia que yo en esos asuntos.

Sakura decidió callarse sus opiniones. Ingeniería Shimura tenía malas relaciones con los obreros, y se decía que la actitud intransigente de Sir Danzô era bastante culpable de ello. Sakura estaba al corriente de que la gente esperaba, ahora que Sai estaba al frente, beneficiarse con iniciativas de enfoque más liberal por parte de la dirección.

Acompañó a Sai a la puerta para despedirse y luego entró en la cocina. Por una vez, su padre había llegado a casa antes que ella y, sentado junto a la mesa de la cocina, fumaba su pipa tranquilamente y leía el periódico. La señora Haruno se volvió para mirar a Sakura, sonriéndole.

-La cena ya no tardará, querida. ¿Has tenido un buen día?

-Regular –Sakura se sentó en una silla, en el lado opuesto a ellos, y les sonrío a ambos.

Aquel momento, pensó de repente, era el mejor para decirles la verdad a sus padres sobre Sasuke, confesarles lo ocurrido y suplicarles su ayuda y comprensión.

Se aclaró la garganta y dijo:

-Hoy he tenido que llevarle trabajo a una de mis alumnas.

-Sí –Sakura vio una pequeña arruga en la cara de su madre-. A la pequeña Flor, Temari me lo dijo.

-¿Temari ha estado aquí? –Sakura la miraba sorprendida-. Supongo que no vendría sólo para contarte eso.

-¡Oh, no! –Negó la señora Haruno con rapidez-. La pobre Yugito está con bronquitis, y no puede ir a la reunión de mañana por la noche. Temari vino a dejar el libro de minutas y mencionó casualmente dónde estabas.

-¡Qué gentil de su parte! –dijo Sakura secamente. Temari era una colega, pero nunca habían estado muy unidas. Había un aire de malicia en aquella mujer, mayor que ella, que hacía que Sakura la mantuviera a distancia.

El señor Haruno dobló el periódico y lo puso enfrente de él.

-Así que has estado en la casa Carrisbeck. ¿Sasuke te ha mostrado los planos para el arreglo de los establos?

-Bueno… Él… lo ha mencionado, claro.

La señora Haruno habló con desdén.

-Bueno, Sasuke siempre fue su propia ley, incluso de niño, pero no puedo comprender por qué compra una casa tan maravillosa para vivir en el viejo establo.

-Eso depende, claro –dijo su esposo-, de los planes que tenga para la casa.

-Tú sabes algo –la señora Haruno lo acusó, haciendo una pausa antes de insistir-. ¿Es confidencial o no lo puedes decir?

-No es confidencial. Él escribió una carta al Comité de planificación exponiéndolo todo, y habló con algunos publicistas sobre el asunto, según creo. Quiere convertir el lugar en un centro de diversiones. Ya sabéis –agregó impaciente cuando notó la expresión de extrañeza de su esposa-, un lugar de recreo, ese tipo de cosas. Con canoas en el río, concursos de carreras de troncos en el agua, expediciones y subidas a las rocas. Es un lugar perfecto para eso.

-¿Pero ese tipo de lugares tiene aceptación? –insistió la señora Haruno.

-No es específicamente para las gentes del pueblo, Mebuki. Habrá grupos de jóvenes que vengan de las escuelas y clubes de todo el país. Si le dan el permiso, por supuesto. Con todo respeto, Sakura, no le veo intención al padre de Sai de dedicar mucho de su tiempo al proyecto. Y además, ¿no estaba él también tras la casa Carrisbeck?

Sakura contestó con un esfuerzo. Las noticias de su padre la habían sorprendido. Era una de las últimas cosas que ella creía a Sasuke capaz de hacer.

-Sí –admitió calladamente-. Él la iba a comprar para Sai y para mí, para que viviéramos en ella después de casados.

Su padre la miró interrogante por encima de las gafas.

-Tal vez esté más aprovechada con el dueño actual. Tú no hubieras querido vivir en ese establo, ¿verdad, jovencita?

-¡Qué barbaridad has dicho! –La señora Haruno llevó los platos a la mesa-. Es una casa preciosa.

-Que costaría una fortuna de calentar y administrar –terminó diciendo su esposo-. Sai y Sakura no necesitan de una carga tan grande como ésa.

-Hablas como si Sai fuera un cualquiera –protestó la señora Haruno mientras cortaba el pastel de carne, poniendo un pedazo en cada plato-. Debe de mantener una posición, y tiene dinero para pagarla.

-Sai recibe un sueldo como todos los demás de Ingeniería Shimura –dijo el señor Haruno sirviéndose patatas-. Es su padre el que tiene dinero y Sakura y Sai no tienen intención de vivir de su bolsillo –le echó una mirada a su hija, quien le sonrió intranquila moviendo la cabeza.

No quería admitir ante sus padres que ésa la intención de Sai. Ella había tratado de averiguar varias veces cuál sería su posición económica después del matrimonio, pero él nunca había querido hablar al respecto, y prefería insistirle para que ella dejara su trabajo.

Tendría que volver a hablar con Sai, pensó ella, y averiguar exactamente con cuánto contarían para vivir. Tendría que averiguar, para empezar, si se esperaba que ella atendiera a los clientes de Ingeniería Shimura del presupuesto para la casa, o si habría uno adicional para eso. De otra manera los bellos arreglos florales y los banquetes a los que estaba acostumbrado Sir Danzô estarían fuera de sus posibilidades.

A la noche, ya acostada, pensó que los gustos de Sai eran demasiados caros, y con esa idea que le disgustaba se quedó dormidda.

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Sakura se vistió con mucho cuidado la noche de la cena de Sir Danzô. Se lavó el pelo al llegar de la escuela, secándolo para que le cayera suavemente a ambos lados de la cara. Se puso una falda larga de terciopelo rojo oscuro, con una blusa de punto negra, escotada, y una gargantilla antigua alrededor del cuello.

Se miró en el espejo y sonrío de una manera tentadora. De repente vio una Sakura más joven, tímida y con una apariencia traviesa.

El coche de Sai llegaba cuando ella acababa de bajar la escalera. Él le sonrío satisfecho cuando le abrió la puerta.

-Hermosa Sakura –la besó cuidadosamente, consciente de su maquillaje-. Estás un poco pálida. ¿Nerviosa?

-De ninguna manera –mintió.

Se mantuvo muy callada mientras se dirigían a Thornwood Hall, pero Sai no pareció darse cuenta, conversando con satisfacción sobre sus progresos con los sindicatos y el éxito de la posición que había tomado. Sakura murmuraba una corta respuesta en el momento apropiado, y notó que Sai no le preguntaba cómo había pasado el día. Ella ya se había acostumbrado a su opinión de que sus clases eran solamente un capricho temporal. Se preguntaba qué haría él si le dijera que había cambiado de opinión y que no dejaría su trabajo después de casada. Sai suponía que ella debía de opinar lo mismo que él.

El coche entró en el camino de Thornwood Hall y se detuvo en la amplia zona llena de grava enfrente de la casa. Sai la ayudó a bajar y caminaron juntos hacia la entrada. Sakura miró superficialmente hacia el comedor al pasar. Todo estaba perfecto, como de costumbre.

Sir Danzô estaba de espaldas al fuego de la chimenea cuando ellos entraron, con un vaso de su jerez favorito en la mano. Miró a Sakura detenidamente y quedó satisfecho.

Ella pensó que aquel era un salón hermoso, echado a perder por la decoración recargada y los muebles exagerados. Solamente Sir Danzô podía haber sido capaz de colocar, sobre las maravillosas líneas de la chimenea, toda una colección de los más caros adornos arreglados sin gusto.

Se sintió tranquila al observar que ya conocía a todos los invitados. Por lo menos aquella noche no habría rivales de negocio a los que tendría que cautivar. Notó que la señora Rin hacía señas en el pasillo esperando recibir la orden para servir la cena. Sir Danzô se detuvo bruscamente.

-Todavía no, jovencita. Nos falta otro invitado. ¿Dónde está ese hombre?

Antes de que terminara de hablar, el timbre de la puerta sonó fuertemente y la señora Rin desapareció para abrir. Sakura se puso de pie, sonriendo, para recibir al último invitado. Pero se detuvo, y la sangre se le fue del rostro por la impresión al reconocer la figura alta que apareció en la entrada, abrumadoramente elegante con su traje oscuro y su camisa de fiesta.

-Buenas noches, Sakura –Sasuke le tomó la mano fría y la llevó a sus labios en un saludo exagerado-. Es un placer inesperado.

-¿Para quién? –dijo ella entre dientes.

Al conducirlo hasta su futuro suegro, el cerebro le daba vueltas. ¿Por qué Sir Danzô lo había invitado? ¿Creería que aún podía convencerlo de que le vendiera la casa Carrisbeck? ¿Y por qué ni Sai ni su padre le habían mencionado que él estaría entre los invitados?

-Así que usted conoce a mi futura nuera –dijo Sir Danzô, efusivamente.

-Somos viejos amigos –contestó Sasuke suavemente-. Una amistad que deseo mejorar.

-¡Un momento joven! –La risa de Sir Danzô era un poco intranquila-. Tendrá que vérselas con mi hijo, si no tiene cuidado. ¿Qué dices, Sakura?

-Pienso que Sasuke está siendo un poco provocativo –dijo cuidadosamente.

Sasuke sonrío.

-Es una mala costumbre –dijo en voz baja-. Me pregunto dónde la aprendería.

Ella sabía que Sir Danzô los estaba observando sin perder detalle, y se sintió aliviada cuando pasaron al comedor. Pero su mal momento sólo había comenzado. Era evidente que Sasuke era una especie de invitado de honor, y lo sentaron junto a ella en la mesa. ¿Cómo lo iba a soportar toda la noche?

Se angustió al recordar la manera en que Sasuke la había mirado, utilizando aquel tono tan íntimo en su voz. Su comportamiento era muy revelador, como si ella hubiera sido su amante de muchos años.

Sakura, pretendiendo un interés que estaba lejos de sentir, se unió a la conversación superflua, sin estar realmente enterada de lo que se discutía.

Estaba cambiando los platos para servir el principal cuando Sasuke le dijo burlonamente:

-Se supone que debes de conversar conmigo. Sir Danzô te ha estado observando fijamente durante cinco minutos.

Ella lo miró enmudecida, con ojos implorantes.

-Relájate –le aconsejó secamente-. No pienso entretenerlos contándoles tus aventuras del pasado; disfruta de la cena.

-¿A qué has venido? –le murmuró.

-Me invitaron –contestó encogiéndose ligeramente de hombros-. Además, es un escenario perfecto para que Sir Danzô me haga otra oferta por la casa Carrisbeck.

-No tienes intención de vendérsela, ¿verdad?

-Claro que no, pero me causa una gran satisfacción verlo hacer toda su comedia. La técnica Shimura. Tenderle una trampa a la víctima, abrumarlo con vino y comida hasta que quede indefenso y luego saltar sobre él. Es rudo, pero él cree que es efectivo –sonrió perezosamente y continuó-: ¿Esa fue también la manera en que Sai se te declaró o simplemente te anunció un acuerdo comercial?

-No hagas chistes –dijo ella fríamente-. Sai me quiere mucho.

-Espero que estés equivocada –dijo airadamente-. De otra manera va a sufrir mucho cuando te lleve conmigo.

Sakura movió su mano convulsivamente, y él la cubrió con la suya.

-Ten cuidado –le advirtió suavemente-. El magnate de la industria nos mira. Quizás deberíamos unirnos a la discusión tan interesante sobre cacería que tienen en la mesa.

Cuando finalmente se levantó para dirigirse a la sala con las demás mujeres, Sakura era consciente de que Sai la miraba preocupado. Ella le envió una sonrisa de confianza que estaba muy lejos de sentir. Luego advirtió la mirada indiscreta de Sir Danzô.

Mientras servían el café se sintió un poco más relajada, contestando las preguntas amistosas que le hacían sobre su próxima boda. Tuvo que confesar que aún estaban buscando dónde vivir.

-Pero yo pensé que eso ya estaba listo –exclamó la señora Yuhi -, creía que pensabais vivir aquí.

Sakura colocó nuevamente la cafetera en la bandeja con mucho cuidado.

-No, por lo que yo sé.

-¡Oh! Yo estoy segura de que sí –continuó la señora Yuhi-. Sir Danzô me estaba explicando durante la cena que planea dividir el ala oeste del resto de la casa para vosotros dos –soltó una risa artificial-. Los jóvenes de hoy están muy consentidos. Lo reciben todo ya hecho, ¿no crees, Toki?

Toki Damyo, que era la presidenta de la Junta local de magistrados, colocó su taza de café en la bandeja, mirando curiosamente a Sakura mientras lo hacía.

-Solamente si es realmente lo que los jóvenes en cuestión desean, Kurenai –dijo secamente-. Pienso que quizás en este caso hemos hablado fuera de lugar –le dio una ligera palmadita en la mano a Sakura-. No te entristezcas tanto, querida. Quizás no se haga después de todo, o quizás no comprendimos las intenciones de Sir Danzô –luego miró a Tenten Ama, la esposa del jefe local de caza-. En realidad estoy un poco sorprendida de ver a Sasuke Uchiha aquí esta noche. Tenten. Oí que había regresado y que tenía a su cargo la casa Carrisbeck. ¿Crees que quizás se habrán curado las heridas que produjo?

Sakura comprendió que la señora Damyo había cambiado el tema deliberadamente para ser amable, así que era una coincidencia irónica que el nuevo tema fuera aún más espinoso para ella. Se inclinó para llenar la taza de la señora Yuhi.

-¿Heridas? –preguntó la señora Yuhi-. ¡Tú siempre tan fantasiosa, querida. ¿Qué fue lo que sucedió?

La señora Damyo se encogió de hombros.

-Nadie lo sabe. Todo parecía estar bien, pero un día Sasuke se fue de la casa Carrisbeck, y de creer los chismes, dicen que el coronel prohibió que se volviera a pronunciar el nombre de Sasuke en su presencia.

-Yo sé que fue un golpe muy fuerte para Miñoto Achicha –dijo lentamente la señora Ama-. Éramos buenas amigas, y me impresionó mucho cuando me dijo que iban a cerrar la casa para mudarse al sur. Ella nunca mencionó nada sobre la pelea, pero sí dijo que le alegraba marcharse, ya que la casa le era insoportable –suspiró-. ¡Estos problemas familiares son tan deprimentes! Yo recuerdo haber ido a una fiesta a Carrisbeck, justo antes de que todo sucediera. Fue una noche esplendorosa –se volvió a Sakura con una sonrisa-. Tú estabas presente aquella noche, ¿no es así querida?

-Sí –asintió Sakura, tensa.

-¡Como si pudiera recordarla! –exclamó la señora Damyo-. Mi querida Tenten, hace siete años de eso, y Sakura debe de haber ido a cientos de fiestas más.

-Creo que es obvio lo que causó el disgusto –la señora Yuhi, que había estado sentada, perdida en sus pensamientos, habló de repente. Todas la miraron-. Mujeres –asintió decididamente con la cabeza-. Sasuke siempre fue muy atractivo, y se hablaba mucho de sus conquistas.

-Sí, se hablaba mucho –dijo la señora Ama-. Y estoy segura de que tienes razón. Claro que debió de ser terrible para el coronel. Él se enorgullecía de pertenecer a la antigua escuela, y nunca se escondió para decir que no estaba de acuerdo con la clase de vida que llevaba Sasuke. Yo sé que la pobre Mikoto tuvo que intervenir en varias ocasiones.

-Y estaba esa chica Kusagakure –dijo la señora Damyo pensativamente-. Eso sí lo recuerdo. Pero no era nada serio. Sasuke se divertía con ella, sencillamente.

-Y se divirtió bastante –replicó la señora Ama con acritud. Luego miró a Sakura, alzando sus cejas-. ¡Hubo una chica misteriosa en la vida de Sasuke! ¿Quién sería?


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Cada vez nos acercamos más a la finalización del fic TT-TT solo 4 caps más y se acaba :/

Y como siempre les agradezco sus reviews al menos sé que no lo adapto en vano hehehe y mm por primera vez en este fic les contestaré sus reviews hehe

*Candice Saint- Just: Hola, me alegro de que te guste :D aquí tienes la conti, procurare subir un cap cada semana o un poco antes

*Joseitzel: gracias, de igual forma me alegro de que te vaya gustando el fic, sip Siwon es bien lindo *¬* pero es mío hehehe ok no ._. Soy compartida :P

*Ruth: gracias por comentar de nuevo :D si, sakura solo era una adolescente creo que de haber estado en su situación igual reaccionaría así ¿digo quién no? tendrás que esperar un poco más para saber exactamente que planea Sasuke … igual yo me molesté con él, que dejara a Sakura y que regresara como si nada y con una niña ó.ó

Hasta el siguiente cap , Matta-ne =^.^=