Hola ya regresé con el siguiente capitulo como les había prometido xP

Me tomó algo de tiempo, salí con una amiga y después me di cuenta de que me había lastimado mi dedo índice y no podía doblarlo... de hecho aún me duele un poco :/ el punto es que eso hizo que me atrasara aún más, pero aquí está el cap algo tarde pero bueno es algo hehehe :D

Disclaimer: Los personajes y la trama no me pertenecen, son de la autora Sara Craven y de Masashi Kishimoto respectivamente. Yo sólo me encargo de adaptar la historia :D

Nos leemos abajo...


Capitulo 6…

Se produjo un largo silencio. Sakura se humedeció los labios desesperadamente, al advertir que todas las miradas de las señoras mayores se dirigían a ella. Y luego, como una respuesta a su silenciosa oración, se oyeron las voces de los caballeros, que abrieron la puerta en la sala.

Sakura se ocupó de servir el café, añadiendo leche, y soportando algunos comentarios, un poco atrevidos, de los señores.

Cuando se terminó el café, alguien sugirió jugar al bridge y Sakura, aunque sólo conocía algunos detalles del juego, se encontró haciendo pareja con Sai en contra de los Ama.

Ni Sir Danzô ni Sasuke jugaron. Anduvieron un rato alrededor de las mesas mirando los juegos de todos, Sir Danzô invitó a Sasuke a pasar a su biblioteca, hubo una pausa y éste aceptó. Al pasar por la mesa de Sakura, ella le dirigió una mirada larga y suplicante. Sus manos temblaban cuando él salió y se equivocó al dar las cartas, por lo que tuvo que comenzar de nuevo.

No jugaron durante mucho tiempo, aunque a ella le pareció una eternidad. Los Ama ganaron fácilmente, y ella podía notar, por los labios apretados de Sai, que no estaba satisfecho con su actuación.

-¿Qué te sucede, Salura? –le preguntó cuando los Ama se alejaron-. Tu juego esta noche ha sido un poco absurdo. Nunca aprenderás a jugar, querida, si no te concentras.

Ella se disculpó, pesarosamente, sabiendo que una de las exigencias sociales que esperaba Sai de ella el poder desenvolverse hábilmente en la mesa de bridge.

Sai estaba sirviendo los vasos y con un gesto desafiante extendió el suyo para que se lo volviera a llenar. Él le dirigió una mirada de asombro.

-¿Estás segura de que te encuentras bien? –le preguntó en voz baja-. Generalmente no bebe tanto.

-Solo quiero un trago, no toda la botella –le dijo provocativamente-. Pobre Sai, ¿estoy haciendo pedazos tus ilusiones?

-Por Dios, Sakura, ten cuidado. Ya has bebido bastante durante la cena, lo sabes.

-Sí, lo sé –ella tomó el vaso levantándolo en un brindis burlón-. No estés tan preocupado, Sai. No voy a marearme para hacerte quedar mal.

-Eso nunca se me habría ocurrido –dijo fríamente-. Pero, por favor, no dejes que mi padre te vea bebiendo tanto. Mi madre nunca tomó nada más fuerte que un zumo de fruta.

-¡Qué valiente! –dijo irónicamente-. Me temo que necesitaré algo mucho más fuerte si voy a tener que vivir en la misma casa que tu padre.

-Nunca te había visto así –murmuró-. Podemos discutir eso mañana. La señora Yuhi nos está mirando. Te lo suplico, Sakura, contrólate. Te estás portando como una niña histérica.

-No –dijo ella-. Nunca me has visto portarme de esa manera, Sai. Para empezar, digo mentiras, mentiras terribles que hacen daño. Y esta noche me siento increíblemente sincera.

-No sé de qué estás hablando, Sakura, pero te aconsejo que te controles. Mi padre va a regresar en cualquier momento y no quiero que te vea así.

-No, eso no sería correcto –contestó ella con acritud.

Sakura bebió un sorbo de vino, sintiendo un calor poco familiar correr por sus venas. Comenzaba a sentirse un poco aturdida. Por primera vez en su vida podía comprender por qué algunas personas se refugiaban en el alcohol cuando tenían algún problema.

La puerta de la sala se abrió y entró Sir Danzô. Era evidente con sólo mirarlo que el anfitrión cordial había desaparecido para el resto de la velada. En su lugar había quedado el hombre que quería siempre hacer las cosas a su manera, y a quien le habían dado un rotundo no, cosa imposible que a él le sucediera.

Ignorando a sus invitados, miró fieramente a Sai.

-¿Sabes lo que quiere hacer ese estúpido? –preguntó furiosamente-. Va a tener un grupo de malditos niños corriendo por todo el lugar para destruir el mejor punto de pesca que hay en el río.

Hubo un silencio extraño, y luego la señora Ama se puso de pie anunciando diplomáticamente que ya era hora de marcharse. Su voz pareció devolver a Sir Danzô a sus casillas. Hizo un esfuerzo tremendo para continuar con sus deberes de anfitrión, despidiendo y acompañando a sus invitados a la puerta.

Sakura se quedó sola en la sala. Pensó que habría una disputa, pero la idea no le asustaba tanto como al comienzo de la noche. Trató de servirse otra copa, pero una mano le tomó la muñeca y Sasuke dijo tranquilamente:

-¿No crees que ya has bebido bastante?

-¡Aguafiestas! –lo miró haciendo una mueca-. Ya no te tengo miedo.

-Entiendo –había una nota de diversión en su voz-. Como quieras, Sakura, pero si deseas hacer el ridículo debes dejarme servirte. ¿Qué deseas, un sencillo o un doble?

-Que sea triple –ella le sonrío provocativamente y él le hizo una mueca con los labios-. Estás en problemas, ¿lo sabes?

-Eso no es nada nuevo. Pero esta vez tú también lo estás. Como tu padre es el oficial de planificación del distrito, Sir Danzô piensa que debiste haberle insinuado lo que estaba sucediendo.

-¡Oh, Dios! –suspiró burlonamente-. Ahora seré desterrada.

-La vida en destierro no es tan mala. Te hablo por mi propia experiencia, como comprenderás –dijo irónicamente-. Lo importante es saber que uno no está solo.

Sus ojos se encontraron y Sakura sintió de repente que un mareo la invadía. Una cálida vibración de deseo le llegaba hasta el punto más lejano de su cuerpo.

Cerró los ojos; el pánico se apoderaba de ella. Aquello no podía estar sucediendo. Él era su enemigo, y si podía destruirla, lo haría. Si la tomaba, no era solamente para satisfacer sus propios deseos, sino también para satisfacer su venganza.

-Aquí están –dijo Sir Danzô desde la puerta, haciéndolo parecer como una acusación-. Tienes un sentido muy raro de la lealtad, jovencita, dejando que me enterara de todo por un extraño –dirigió una mirada venenosa a Sasuke.

-¿Por qué está tan disgustado? –le preguntó Sakura fríamente-. Por lo que he podido saber esta noche, usted ya no tiene ningún interés en comprar la casa. Tiene la intención de que vivamos aquí, con usted.

-Eso no significa que esté a favor de traer todo el ruido de la ciudad casi hasta nuestras puertas –contestó violentamente Sir Danzô-. Es una idea absurda y le advierto, joven, que tendrá que luchar contra mí a cada paso que dé.

Sasuke levantó lánguidamente sus cejas.

-Nunca lo he dudado, Sir Danzô. Afortunadamente, usted no es el único miembro del Cómite de planificación.

-Ellos hacen lo que yo les digo –fue la respuesta jactanciosa. Luego Sir Danzô se volvió hacia Sakura-. Y tú también harás lo que se te diga. Tenerte a ti y a Sai aquí en Thornwood no fue mi intención original, lo admito, pero es lo más conveniente.

-De esa manera nos puede tener a ambos controlados. Le felicito –dijo con voz reconcentrada.

-¡Sakura! –Sai había seguido a su padre a la sala y estaba en pie junto a él-. ¿Dónde más podríamos vivir? He estado buscando entre las propiedades locales. No hay nada con las condiciones que necesitaremos. Es extremadamente generoso por parte de mi padre…

Los ojos de Sakura chispearon.

-Nunca se os ha ocurrido preguntarme lo que pensaba de esas propiedades inadecuadas, claro. ¿Y cuáles son esas comodidades esenciales? ¿Tu esposa entra en esa categoría también, Sai? ¿Una chica buena que a todo dice que sí y que conoce su lugar? ¿Me colocarás junto con el resto de los adornos?

Sai parecía haberse convertido en piedra, pero su padre era menos impresionable.

-Hablas muy bien –comentó-. Lo próximo que vas a decir es que te has unido al Movimiento Feminista de Liberación. Bueno, esta noche ha servido para abrirme los ojos, eso puedo afirmarlo.

-Ya mí también –Sakura ya había sobrepasado el punto de donde no podía regresar, pero estaba demasiado molesta para importarle-. Acabo de aprender lo que significa ser un mueble. Me pregunto cómo apareceré en el balance de la compañía Shimura, ¿Cómo activo o como pasivo?

-¡Tendrías mucha suerte si aparecieras después de esta función! –exclamó furiosamente Sir Danzô.

-Papá –Sai hablaba con un poco de desesperación en su voz-. Sakura ha bebido demasiado. No sabe lo que está diciendo…

-¿Ha bebido demasiado? –repitió su padre burlonamente-. Se ha pasado de la raya con mis mejores vinos y mi brandy.

Hubo un ligero golpe en la puerta de la sala y apareció la señora Rin.

-Discúlpeme, señor –comenzó tímidamente-. Pero han llamado de los talleres. El señor Namikaze me ha pedido que le diga al señor Sai que hay piquetes de huelga en ambas puertas, y que se detendrá el turno de la noche.

Sir Danzô gritó obscenidades y se volvió a Sai.

-Yo pensé que habías dicho que la situación estaba bajo control. ¿Tengo que arreglarlo yo todo?

-Pero yo creí que ya estaba resuelto –por un instante Sakura pensó que Sai parecía un niño al que hubieran regañado.

-Bueno, pues no lo está. Pida el coche, señora Rin, por favor, llame a los otros y diga que vamos para allá.

¿Sakura? –dijo Sai con desaliento-. Me necesitan, como verás. ¿Puedo llamar un taxi?

-No hace falta –Sasuke se pudo en pie-. Yo llevaré a la señorita Haruno a su casa.

Sai se mordió los labios, no muy contento con la solución sugerida.

-¡No! –Sakura habló fuertemente-. ¡Prefiero pedir un taxi, por favor!

-Necesitas una lección de buenos modales, jovencita –dijo Sir Danzô con voz acerada-. Acepta el viaje que te ofrecen y sé agradecida. ¿No te das cuenta de que estamos demasiado ocupados?

Sakura lo miró por un momento sin poderlo creer, y luego salió del salón para buscar su chal. Cuando bajó la escalera, Sasuke la estaba esperando en el pasillo, sonriendo irónicamente.

-Están discutiendo ahí dentro las técnicas de los sindicatos –comentó señalando hacia la puerta cerrada de la sala-. No creo que se den cuenta si nos escapamos en silencio.

-No voy a ir contigo –le informó, desafiante-. Prefiero regresar andando a Carrisford.

-¿Lo prefieres? –repitió.

Antes de que ella pudiera adivinar su intención, Sasuke la cargó en sus brazos como a una niña. Pataleó enfurecida, pero cuando la dejó sobre el suelo, Sasuke se estaba guardando los zapatos de ella en los bolsillos.

-Ahora veremos qué tal te va –le dijo suavemente, y bajó la escalera hasta donde se encontraba estacionado su coche.

Durante un momento, ella estaba tan furiosa que no pudo moverse, hablar ni pensar. Y luego corrió tras él, tropezando levemente con los bajos de su falda. Los escalones de piedra parecían de hielo, pero eran más agradables que la grava que se encontró cuando llegó al camino de la entrada. Sasuke estaba en su coche, con el motor encendido, pero ella echó a andar.

Cuando llegó al camino, sus medias estaban hechas pedazos. Además, se sentía mareada y le resultaba difícil caminar en línea recta.

-¡Maldito seas! –dijo furiosa.

-¡Oh, Dios! –dijo Sasuke con resignación.

Ella no se dio cuenta de que la había pasado lentamente para detenerse un poco más adelante. Ni tampoco lo vio salir del coche para regresar hasta ella, caminando.

-Estoy muy bien –le informó mientras caía torpemente entre sus brazos. Me siento tan enferma… -lloriqueó contra su pecho.

-No me sorprende –había risa en su voz-. La valentía de haber bebido demasiado tiene que pagarse, querida testaruda.

Y Sakura pagó. Pagó arrodillada junto al camino mientras que Sasuke le sostenía la cabeza, y le limpiaba la cara con su pañuelo cuando el espasmo hubo terminado. Ella nunca se había sentido tan avergonzada ni tan humillada antes, excepto una vez, y trató torpemente de explicárselo, pero él no parecía estar interesado.

-Todos tenemos derecho a portarnos mal de vez en cuando –dijo. Y eso le sonó a ella casi reconfortante.

-Pero yo nunca me porto mal –Sakura miraba fijamente la noche sin estrellas-. No me he portado mal en siete años, pensando que si me portaba bien, quizás lo que hice no importaría mucho. Pero sí importa… -su voz se cortó por las lágrimas.

Él suspiró, ayudándola a levantarse.

-Yo no puedo borrar tu pasado, Sakura –dijo abruptamente-. Ni aunque quisiera. Ahora te llevaré a tu casa.

-¡Oh, no! –se agarró a las solapas de su abrigo con desesperación-. No puedo ir a casa todavía, Sasuke, tal como estoy.

-¿Te escondes de nuevo detrás de mí, Sakura? Eso también tiene su precio.

-Por favor –susurró-. No, no puedo dejar que mis padres me vean así. Estoy muy avergonzada.

Él sacó los zapatos de sus bolsillos, arrodillándose para ponérselos.

-Como tú quieras –contestó, y se dio la vuelta.

Ella lo siguió fatigadamente hasta el coche. Se sentía aún con náuseas, y los pies le dolían, pero no era nada comparado con el dolor y la angustia que sentía por dentro.

Se sentó en silencio junto a él. Se sentía desesperadamente cansada, como si tuviera toneladas de peso sobre los párpados. ¡Si al menos pudiera cerrar los ojos por unos minutos… sólo unos minutos!

De pronto se dio cuenta de que el coche se había detenido, y que sentía el frío de la noche. Se movió un poco, viendo luces ante sus ojos, un edificio, oyó a Sasuke hablar con alguien y luego el sonido del dinero y el de una llave. Alguien la llevaba en brazos. Supuso que sería su padre.

Pero cuando abrió los ojos, era Sasuke, y notó la suavidad de un colchón debajo de ella, y la frescura de sábanas limpias

-Tú no eres mi padre –dijo adormilada-. ¿Qué haces en mi cuarto?

-Ésa es una buena pregunta –dijo más bien con severidad-. Quizás tenga alguna respuesta por la mañana. Ahora vuelve a dormir.

Al comenzar a sumergirse en el sueño, notó que algo rozaba sus cabellos. Durante un extraño momento, sintió que él la había besado.

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Fue un zumbido extraño la que la despertó. Por un momento se quedó acostada, soñolienta; luego, al ir asimilando gradualmente lo que la rodeaba, advirtió que todo era desconocido: el techo blanco con una pantalla de plástico alrededor del foco, las paredes desnudas, los colores chirriantes de las colchas. Se espabiló rápidamente y se sentó.

Sasuke estaba en pie junto al lavabo, desnudo hasta la cintura, usando una afeitadora eléctrica.

Su mirada sorprendida recorrió la estancia: la otra cama, su falda de terciopelo y su blusa colocadas sobre una silla en promiscua intimidad con la chaqueta y camisa de Sasuke.

-Así que estás despierta –dijo él serenamente-. Pronto nos traerán café. ¿Cómo está tu cabeza?

-¿Estás loco? –preguntó tensamente-. ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Qué quiere decir todo esto?

-Estamos en un motel en Bartley –dijo, indiferente-. Tú no querías que te llevara a tu casa porque habías bebido demasiado, te sentías enferma y estabas avergonzada. Esto –e hizo un gesto abarcando el cuarto- me pareció una solución más razonable.

-¿Razonable? –advirtió una nota de histeria en su voz y trató de controlarla-. ¿Es eso lo que piensas realmente? Me trajiste a este lugar, me dejaste aquí toda la noche. ¿Qué le voy a decir a mi familia?

Él desconectó la afeitadora.

-Estoy seguro de que se le ocurrirá algo a tu mente, siempre tan imaginativa.

Sakura cerró los ojos, angustiada. Seguramente se trataba de una pesadilla y pronto despertaría en su propio cuarto, en su casa, pensó desesperadamente.

-Y sobre lo que dijiste de que te dejé aquí toda la noche –su voz continuó pausadamente-, yo no escuché ninguna protesta de tu parte cuando llegamos, como puede confirmar la recepcionista –colocó la afeitadora en su estuche y la tiró sobre la otra cama. Luego se acercó a ella, y se detuvo a su lado, mirándola-. Crece de una vez, Sakura –le aconsejó con voz tranquila-. Si estás en dificultades es por tu propia culpa.

-¿Ah, sí? –dijo rabiosamente-. Por eso estoy aquí, de esta manera. Para satisfacer tus deseos de venganza. Has ganado, Sasuke. ¿Te hace feliz?

-¡Dios mío! Tienes mucha razón –dijo él, con un rictus cínico en los labios-. Pero ha sido más bien una venganza extraña, debes admitirlo, querida. No era exactamente mi intención dejar que durmieras mientras la cobraba. Pero ahora estás despierta, así que debo aprovecharme al máximo mientras exista la oportunidad.

Ella trató de moverse, rodando para caer al suelo, pero él adivinó su intención. La tenía sujeta contra la cama por las manos, lastimándola, y la boca contra la suya era la de un hombre empujando por fuerzas extrañas, más que por un sencillo placer.

Luchó débilmente contra los brazos de acero que la atrapaban, pero él no cedió ni un ápice. Sus besos caían sobre la suave curva de su garganta y de sus hombros, y luego él buscó más abajo, apartando bruscamente las colchas que la protegían.

-¿Qué te sucede? –dijo rudamente con ojos brillantes mientras ella trataba en vano de cubrirse con las manos-. ¿Por qué tanta modestia? Yo te he visto con menos ropa, Sakura, y por tu propia voluntad.

-No sabía lo que hacía –ella lo miró fijamente, buscando desesperadamente una luz de piedad en sus ojos, pero éstos eran como de granito.

-Claro que sí. Eras solamente una niña inocente, y yo era un brutal violador, pero eso fue hace mucho tiempo. Quizás aún seas inocente, cariño, pero cuando yo haya terminado contigo, ya no serás una niña.

-¡Sasuke! –su suplica se perdió en la fuerza de un beso. No volvería a suplicar, pensó dolorosamente. Lo soportaría todo sin decir una palabra a pesar de lo que le hiciera. Sería un pedazo de hielo en sus brazos.

Y casi como si pudiera leer sus pensamientos, la boca de Sasuke se suavizó sobre sus labios. Sus manos se movieron suave y seductoramente buscando ser correspondido. Sabía lo que él estaba haciendo. Utilizando todas sus experiencias como amante para bajar sus defensas y derretir el escudo de hielo con que ella se había protegido. También comprendía, con un poco de vergüenza, que sería cuestión de tiempo que él pudiera lograr lo que quería de su cuerpo.

Por fin Sasuke levantó la cabeza y la miró. Hubo quietud entre ambos y le oyó decir su nombre con un suspiro. Él se inclinó, y sus labios se unieron de nuevo a los de ella con una fuerza arrolladora. Fue un largo beso. Era una promesa y a la vez exigencia, una oferta y una aceptación. Sakura subió lentamente los brazos hasta abrazarlo.

El golpeteo repentino de la puerta fue una intromisión casi hiriente. Sasuke soltó una maldición ahogada y se apartó mirando la puerta.

-¿Quién es? –gritó.

-El café, señor –y luego se oyeron unos pasos, alejándose.

Sasuke suspiró mientras se ponía de pie, dirigiéndole una mirada irónica.

-Tú ángel guardián parece estar haciendo horas extraordinarias –murmuró mientras caminaba hacia la puerta, quitando el cerrojo.

Sakura lo miró silenciosamente mientras servía el café, agregando leche a la taza de ella. Él lo tomó sólo.

Cuando terminó, colocó la taza sobre la bandeja y se puso de pie, buscando su camisa.

-¿Crees que podrás estar lista en diez minutos? –miró casi con indiferencia su reloj-. Aún es temprano. Quizás puedas entrar en tu casa sin que nadie se dé cuenta.

Sakura lo miró fijamente, sin poder relacionar a aquel hombre frío con el amante de unos segundos antes. Luego se sintió humillada. Así que eso había sido un preludio solamente, una confirmación del hecho que él podía tomarla cuando lo decidiera.

Levantó la cara y su voz era tranquila cuando dijo:

-Gracias. ¿Podrías dejarme algo de intimidad mientras me visto?

Mirándola fríamente, él tomó las llaves de su coche de la mesa junto a la cama y las guardó en su bolsillo, luego cogió su chaqueta y se la echó sobre los hombros.

-Baja a la recepción cuando estés lista –le dijo-. Voy a buscar gasolina.

Sakura se duchó y se vistió. Se sentía sumamente cohibida al pasar por la recepción. Los empleados probablemente estuvieran acostumbrados a ver huéspedes vestidos con traje de noche a la primera hora del día, pero esa idea no la consolaba.

Sasuke estaba sentado en el coche mirando detenidamente al frente. Al acercarse ella, salió presuroso, dando la vuelta para abrirle la puerta. No dijo ni una palabra.

El camino a la casa atravesaba una preciosa región salvaje y en otras circunstancias Sakura habría estado fascinada con el paisaje. Ahora, sentada silenciosamente, sólo deseaba que el potente automóvil la llevara lo más rápido posible.

Había poco tráfico y eso les hizo ganar tiempo. Cuando por fin vieron Carrisford abajo, en el valle, Sakura rompió el silencio.

-¿Qué vamos a decir?

-Inventa el cuento que quieras –dijo brevemente-. Di que el coche se averió. Ésa es una vieja historia muy plausible.

-O quizás debería decir la verdad –dijo ella pensativamente.

-Supongo que ni tú misma sabes cuál es –repuso.

Ella bajó la cabeza, herida por sus palabras. Había insinuado que ahora estaba dispuesta a enfrentarse a sus culpas, no sólo de lo que acababa de suceder, sino también de lo de hacía siete años. Pero su rechazo le extrañaba. ¿Qué quería de ella?

El paso por el pueblo fue una experiencia muy penosa. Las calles estaban desiertas, pero ella sentía como si hubiera ojos espiándola detrás de cada ventana. Por fin entraron en el camino de su casa. Todo estaba silencioso, pero había un coche azul muy limpio estacionado frente a la entrada de su casa.

-Sai… -dijo ella tontamente.

-¿Qué quieres que haga? ¿Qué me dé la vuelta aquí?

-No tiene sentido. Ya habrá visto el coche.

Sakura se preguntaba por qué no se sentía preocupada. Sai sabría que ella no había estado aquella noche en su casa, por eso estaba allí esperándola. Sasuke frenó, parando el automóvil suavemente ante la entrada. Entonces vio a Sai salir de su coche, quedándose de pie para esperarlos con las manos en las caderas.

Sasuke dio la vuelta para abrirle la puerta, ayudándola a salir. Sintió un impulso desesperado de agarrarse de su mano. Sin embargo, se enderezó y se dirigió a Sai.

-¿Has estado esperando mucho tiempo?

-¿Qué clase de pregunta es ésa? –dijo con voz áspera-. ¿Dónde diablos has estado? ¡Contéstame!

-Ya es suficiente –Sasuke dio un paso adelante y Sai se volvió hacia él hecho una furia.

-Aún no he comenzado –dijo-. Su turno llegará enseguida, pero ahora estoy hablando con mi prometida –Sai la miró a los ojos, colérico-. ¿Y bien?

-Cuando salí de la casa de tu padre anoche no me sentía muy bien –dijo pausadamente-. No quería venir a casa, y supongo que perdí el sentido. Sasuke me llevó a un motel en Bartley y me cuidó.

-¡Apuesto a que sí! Su propia familia los desheredó, y tú lo sabes, porque no podía mantener sus manos lejos de las muchachas del pueblo.

-¡Eso no es cierto! –gritó Sakura.

Sai la miró con recelo.

-¿Qué sabes tú de eso? –preguntó-. Eras sólo una niña cuando sucedió aquello, ¿no es así?

Sakura bajó la mirada, sabiendo que debía contestas algo, pero las palabras no le salieron.

-¿O también era un corruptor de menores? –preguntó Sai-. ¡Oh, Dios, que tonto he sido! Yo me reí cuando mi padre me dijo anoche que habíais sido algo más que simples conocidos…

-Tiene usted mi palabra… -interrumpió Sasuke.

-¿Su palabra? –Sai le lanzó una mirada iracunda-. Yo no aceptaría su palabra en la vida.

-Pero aún así –continuó Sasuke, aparentemente imperturbable-, no tiene usted ninguna razón para soltar ese tipo de acusaciones contra Sakura. Ella no es mi amante ni lo ha sido jamás. Ahora le sugiero que la lleve dentro, o de lo contrario podría llamar la atención.

-Y eso a usted no le molestaría, por supuesto –dijo Sai venenosamente-. De por sí ya usted llama la atención, hay mucha gente decente en este pueblo que se pregunta cuándo le va a dar a su hija un nombre.

-¡Sai! –Sakura estaba sorprendida-. Eso no es asunto nuestro. No tenemos derecho… -se interrumpió avergonzada, pero Sasuke estaba sonriendo como si no le hubiera molestado.

-Es una pregunta justa –dijo-. Quizás haga algo en estos días para podérsela contestar –miró a Sakura con sus ojos oscuros y enigmáticos-. Adiós, Sakura. En caso de que no tenga otra oportunidad, te deseo felicidad –se dio la vuelta y se alejó.

-¡Al fin se fue! –dijo Sai con alivio-. ¡Dios! Me vendría bien una taza de café y un afeitado.

-Entonces quizás sea mejor que te vayas a tu casa –dijo Sakura tranquilamente. Luego se sacó el anillo de compromiso y se lo tendió-. Y llévate esto.

-Pero no comprendo… -comenzó a decir, mirándola sorprendido.

-¿No? –ella sonrío vagamente-. Supongo que debo sentirme agradecida de que aceptaras su palabra de que nada sucedió entre nosotros. Pero ¿qué piensas hacer, Sai? ¿pretender que no ha sucedido nada?

-Tú no eres la misma –le dijo. Le tomó la mano y la miró ansiosamente-. Lo siento, Sakura. ¿Eso es lo que querías que te dijera? ¿Pero qué crees que podría pensar cualquier hombre normal?

-Exactamente lo que tú, estoy segura –dijo ella, levantando una mano para apartarse un mechón de pelo que la fría brisa había despeinado-, y tienes razón, en cierta forma. No pertenezco a Sasuke de ninguna manera, pero no porque no haya estado dispuesta, sino porque él no se aprovechó de mí.

La sangre de Sai afluyó a sus mejillas. Le quitó el anillo de la mano y se lo guardó en su bolsillo con un gesto furioso.

-¡Eres una perra! –exclamó roncamente.

Subió al coche y se alejó con un chirrido de los neumáticos, dejando una nube de humo en el aire. Sakura lo vio irse sintiéndose completamente indiferente. Entró a la casa y subió a su cuarto. Se dio un baño de agua caliente, restregándose metódicamente de pies a cabeza. Ya estaba maquillándose frente al espejo cuando su madre llamó a la puerta.

-Debiste de llegar anoche muy tarde, querida, cuando ni te oímos llegar. ¿Todo fue bien? Estaba preocupada, Sai te llamó muy tarde, y yo le dije que aún no habías llegado. Me pareció muy disgustado. ¿Os habéis peleado?

Sakura extendió ligeramente su brazo mostrándole su mano sin la alianza. Su madre se llevó una mano al pecho.

-Oh, Sakura. ¿Qué ha pasado?

-No fue nada en especial –dijo por fin-. Pensamos que era mejor separarnos, eso es todo.

-Pero no es definitivo, ¿verdad? Quiero decir que quizás volváis a reconciliaros.

-¡Oh, mamá! –Sakura apretó su cepillo de pelo exasperadamente-. Es completamente definitivo. Nunca pensé que mi matrimonio con Sai fuera tan importante para ti.

Los labios de su madre temblaban ligeramente cuando se sentó en el borde de la cama.

-¿No es normal? Yo quiero lo mejor para ti, hija.

-¿Y Sai es lo mejor? –Sakura la miró irónicamente-. Espero entonces no conocer nunca lo peor.

-¿Cómo puedes decir tal cosa? –la señora Haruno estaba sobresaltada-. Hasta hace algunas horas estabas enamorada de Sai.

-¿Tú crees? –Sakura se sentó junto a su madre y pensó en ello-. No lo creo. Estaba enamorada de la imagen que yo misma había creado del hombre que quería amar, pero Sai no era ese hombre. Uno tiene que amar a la persona, no a una imagen, y hubiéramos sido muy infelices de habernos casado.

-¡Oh, no seas tonta! –exclamó su madre-. ¡Si Sai estaba consagrado a ti! No te entiendo, Sakura, y nunca te entenderé. Has echado a perder la oportunidad de tu vida, me parece, por un capricho. Creo que habéis tenido un malentendido y que has actuado precipitadamente. Pero si así lo has querido, ahora tienes que aceptar las consecuencias. Va a haber chismes, es inevitable.

-Estoy segura de ello –dijo Sakura secamente-. Pero sobreviviré.

-Supongo que sí –contestó amargamente su madre-. Tú irás por tu propio camino, pero yo tengo que vivir en este pueblo y tendré que escuchar los comentarios que hagan. A muchas personas les alegrará enterarse de que Sai y tú habéis roto. Él no tendrá ninguna dificultad para encontrar otra.

-No –hizo una mueca irónica-, puesto que lo que él desea es una tonta bonita y presentable.

La señora Haruno apretó los labios con fuerza.

-Es imposible hablar contigo cuando te encuentras en ese estado –afirmó, dirigiéndose a la puerta-. Me has desilusionado, Sakura, aunque no esperaba que consideraras mis sentimientos.

Sakura la vio salir con un suspiro. Lo único que la consolaba de todo aquel triste asunto era que su madre nunca comprendería la verdadera ironía de su comentario. Luego se puso las manos en la cara y comenzó a llorar calladamente, con una profunda amargura.


Hasta aquí acaba el capitulo 6 :/

Nuevamente les agradezco a todas y todos, los que se toman el tiempo para leer y dejar reviews, muchas gracias hehe

Lo lamento, pero hoy no contestaré los reviews, estoy de floja xP hehe, pero gracias a: Candice Saint- Just, y a Ruth por sus reviews n.n

Hasta el siguiente cap ... =^.^=