Hola de nuevo y perdon por no haber actualizado durante un largooooo rato xD

Quizás me quieran matar pero recuerden si hacen eso, no continuare con el fic hahaha ok no -.- de verdad lamento la tardanza pero entrar en un nuevo semestre me distrajo y consumió todo mi tiempo u.u pero gracias a Dios y a mi esfuerzo hahaha logré pasarlo todo n.n

y ahora como recompensa les subiré 2 capitulos seguidos n.n

disfrutenlo y de nuevo perdon

Disclaimer: La trama y los personajes no me pertenecen, son de Masashi kishimoto y Sara craven respectivamente


Capitulo 7…

Sakura se sentía completamente cansada y deprimida al llegar aquella mañana a la escuela. La señora Haruno le había insistido en que pidiera el día libre, pero ella se negó. Las exigencias de su trabajo era lo que necesitaba para mantener ocupada la mente. Y sabía, además, que si se quedaba en casa tendría que escuchar los reproches lastimosos de su madre.

Su padre no comentó gran cosa sobre el asunto. Antes de salir hacia la oficina, le había dado un beso ligero sobre el pelo.

-Tú sabes lo que haces, Sakura. Si tú no tienes nada de qué lamentarte, entonces yo tampoco.

Al otro lado de la mesa, su madre había dado un fuerte suspiro.

Mientras caminaba hacia la escuela, pensaba que la reacción de su madre era una de las cosas que más le había molestado. Le había mostrado un aspecto completamente nuevo sobre la relación entre sus padres y sus distintas aspiraciones.

Era evidente que para su madre no era tanto la personalidad de Sai lo que lo hacía tan atractivo como yerno, sino su posición, el dinero de su padre y lo que eso significaba para Sakura como su esposa. Él significaba para su hija no una persona, sino más bien una oportunidad, la oportunidad que su madre había perdido. Sakura suspiró, comprendiendo que ese nuevo aspecto de la personalidad de su madre no le agradaba nada.

También estaba su resentimiento hacia Sasuke, y no entendía por qué sentía eso.

No quería pensar en Sasuke, se dijo a sí misma. Aquellos sentimientos le causaban dolor y un sentimiento de vacío insoportables. ¡Qué tonta había sido al creer que no pensando en él podría alejarlo de su corazón! Aunque había sido una niña, lo que había sentido por Sasuke durante todos aquellos había sido demasiado fuerte para echarlo al olvido. Todas sus emociones reprimidas eran un tormento constante; su único consuelo era que Sasuke nunca se enteraría.

Y sin embargo en un momento de confusión en aquella cama estrecha del cuarto del hotel, ella había percibido que él no sólo había captado su emoción, sino que la había compartido. Que también la amaba. Se llevó los dedos a los labios como protegiéndose del recuerdo de su último beso.

Pero esa esperanza pasajera pronto murió. Lo único que había querido demostrar era su propio poder. Ella ya no era su adversario, sino su víctima, y pensó cómo la debía de despreciar por ser una presa tan fácil.

Por lo menos en la clase podía olvidarse de él. Más tarde, al entrar al aula y ver la carita solemne de Flor con sus ojos almendrados mirándola, se dio cuenta de que, hiciera lo que hiciese, siempre habría algo que le recordaría a él.

Por primera vez en su carrera profesional deseó odiar a un niño. Pero, ¿cómo podía culpar a la niña de la pasión que había sido causa de su nacimiento? Era la idea de la madre, la mujer desconocida que había estado en los brazos de Sasuke, lo que la hería.

Pasó lista y aceptó los justificantes de ausencia de los convalecientes. Flor, por supuesto, era uno de ellos, y Sakura se mordió el labio al aceptar el sobre. Pero la escritura no era de Sasuke, de eso estaba segura. Era, con seguridad, la escritura de una mujer. Lo abrió y vio con sorpresa de que la firma era H. Hyuga.

-¿Tu padre no escribió esto? –le preguntó a Flor intentando conservar la calma.

La niña movió la cabeza.

-Mi padre, lejos, señorita.

Sakura se dio cuenta, con remordimiento, de que no había pensado en la niña la noche anterior. Claro que Sasuke no pudo haber dejado a Flor sola en la casa Carrisbeck con sus cuartos vacíos, rodeada de sombras.

-¿Entonces quién la escribió?

Flor sonrió.

-Señorita Hyuga. Ella cuidar la casa para Sasuke hace mucho. Yo me quedé en su casa anoche –bajó la voz misteriosamente-. Ella es muy buena cocinera. Anoche hizo pasteles y me dio uno para comer en el recreo. También me dio otro para una amiga –los ojos almendrados miraron firmemente a los de Sakura-. Yo quiero regalarle este pastel, señorita. Usted es mi amiga.

-¡Oh, Flor! –dijo Sakura, emocionada-. Probablemente ella te lo dio para otro niño.

Flor se encogió de hombros.

-Yo quiero regalárselo a usted –insistió.

-Muy bien –suspiró Sakura-. Pero los demás te van a llamar la consentida de la maestra.

Flor alzó graciosamente un hombro.

-No importa –dijo y regresó a su asiento.

Sakura se había olvidado de la señora Hyuga, la antigua ama de llaves de los Uchiha. Ahora recordaba que Sai le había mencionado que ella todavía cuidaba la casa el día que la visitaron.

Durante el recreo se mantuvo lejos de la sala de los profesores consciente de que su mano sin anillo podía provocar comentarios. Fue a la oficina de Ino y preguntó si podía ver a la señora Terumi a la hora de la comida para un asunto personal.

Ino la miró sorprendida.

-Está disponible ahora, si quieres pasar a verla –le sugirió.

Sakura titubeó y luego aceptó. Si lo retrasaba, pensó, quizás perdería el valor.

La señora Terumi estaba hablando por teléfono cuando Sakura entró; le señaló una silla para que se sentara mientras contestaba con monosílabos a su invisible interlocutora.

-¡Estas madres! –dijo severamente al colgar el auricular-. La mamá de Udon quiere que tenga siempre el jersey puesto, incluso en las clases de educación física, porque siempre se está resfriando. Le he intentado explicar que era más probable que pillara un resfriado si hacíamos eso, pero no quiso escuchar. Ahora, Sakura, ¿en qué puedo servirte?

-Me temo que vengo a ofrecerle mi renuncia.

-¡Por Dios! –los ojos de la señora Terumi miraron su mano izquierda. Suspiró-. ¿Debo de pensar que el hecho que no traigas ese anillo tiene algo que ver con esto?

-Quizá sea así –contestó

-¡Oh, Sakura! –la señora Terumi se inclinó hacia adelante-. Me imagino que estarás lastimada, querida, pero no hagas nada precipitado. Piensa tu decisión durante una semana o dos. Todo puede cambiar, y quizás decidas quedarte con nosotros. Yo no quiero perderte, lo sabes.

-Es usted muy amable –Sakura miró sus manos cruzadas-. Pero debo irme. Sé que oficialmente debo quedarme hasta la pascua, pero quería saber si usted podría ayudarme. Quisiera irme esta Navidad, si puede arreglarse.

-Pareces muy decidida. ¿Estás segura de que lo has pensado bien? Los puestos de profesor no son fáciles de conseguir en estos tiempos. ¿Cuentas ya con otro?

-No –se vio forzada a confesar.

-Entiendo –la directora se mantuvo en silencio por un momento-. No quiero decir que el comité de dirección pueda considerar un caso especial. Veré que puedo hacer. Pero espero que no estés cometiendo un error del que más tarde te arrepentirás.

-Es un riesgo que debo correr –dijo Sakura firmemente-. Hasta ahora, todo han sido facilidades. De la escuela a la universidad y de nuevo a la escuela donde comencé. Quizás no me vendría mal un poco de descanso.

-Hum –la señora Terumi no estaba convencida-. Yo no comunicaré tu petición al comité hasta la hora del almuerzo de mañana. Si cambias de idea, avísame de inmediato.

Sakura le dio las gracias y salió de la oficina. Se sintió más tranquila al haber tomado aquella decisión, y también sabía que no tendría que llamar para nada a la señora Terumi a la mañana siguiente. Era la única forma de sanar las heridas del pasado.

.

.

.

Regresó tranquilamente al pasillo. La risa y los gritos de los niños le llegaban claramente a través de las ventanas de cristal. En un impulso, se detuvo y miró hacia afuera. No tenía duda de que echaría de menos todo aquello. Ella quería a los niños y disfrutaba cuidándolos.

De repente, algo le llamó la atención. Flor estaba parada allí, sola, con su cuerpo apoyado en la alta cerca de alambre que limitaba los terrenos de la escuela. Se sintió inquieta al mirarla.

Movió ligeramente la cabeza con preocupación antes de continuar su camino, decidida a vigilar a Flor durante la próxima semana.

La observó detenidamente durante el resto de la mañana, pero no logró encontrar nada extraño en su comportamiento.

Al final de la mañana, ella les habló del tema de la Navidad, disfrutando de lo lindo ante el entusiasmo de todos sus alumnos. Hablar sobre la obra y por lo tanto sobre el final del semestre parecía acercar más la Navidad. Pronto empezaría la disputa entre las niñas que deseaban el privilegio de actuar representando a la virgen María. Todas las bellezas de la clase se veían luciendo el sencillo vestido de color azul y el velo blanco. Pero la belleza, como Sakura trataba siempre de señalarles, no era lo más importante. La habilidad para actuar y cantar un solo de Noche de paz era lo principal.

-Las audiciones de prueba comenzarán esta tarde –dijo firmemente.

En el momento de entrar en la sala de profesores después de haber llevado tranquilamente la clase al comedor, Sakura se dio cuenta por las conversaciones, que cesaron cuando entró, de que ella era el tema principal de las mismas. Se sonrojó ligeramente, anduvo hacia el carrito donde se encontraban las tazas y la cafetera eléctrica y se preparó un café. Supuso que lo más sensato que podía hacer era llevarse su taza de café a otra parte y dejar a sus colegas chismorrear en paz, pero no humor no estaba para nada, así que tomó una silla y les hizo saber que tenía la intención de quedarse.

Inevitablemente fue Temari la que se atrevió a preguntar lo que las demás temían hacer.

-No llevas puesto tu bonito anillo, Sakura. ¿Lo has mandado a limpiar?

-No –contestó tranquilamente-. Sai y yo hemos decidido romper nuestro compromiso.

Hubo un silencio extraño y Temari habló de nuevo.

-¡Qué lástima! Se os veía siempre muy acaramelados.

-Sí, ¿verdad? –logró Sakura contestar cordialmente-. ¡Qué bendición haber descubierto a tiempo que no era como creíamos!

Temari no se dio aún por vencida.

-Pero esto arruinará tu Navidad –comentó mordazmente-. Sai y tú siempre la habéis disfrutado juntos. ¿No tienes miedo de sentir demasiado frío este año?

La sonrisa de Sakura se desvaneció.

-Tendré que hacer una novena para que algún soltero solitario se apiade de mí.

En aquel momento se escucharon algunos susurros de compasión por parte de otros profesores, y algunas miradas hostiles se dirigieron a Temari. Su actitud, pensaba Sakura, era como la de un gato que aún no se saciaba con lo que le habían dado, y estaba esperando recibir más. No olvidaba que cuando Sai llegó a Carrisford, fue Temari la que más luchó por él, entre todas las chicas del pueblo, y se mostró mortificada cuando la escogió a ella.

No había duda de que Temari estaba lista para ocupar su lugar en el corazón de Sai. Ella no sufriría porque Sai dependiera de su padre, ni se molestaría si tuviera que vivir con Sir Danzô en Thornwood Hall. Al contrario, le encantaría, pues Temari sabía exactamente lo que quería y haría todo lo posible por conseguirlo.

Terminó su café, y dando la excusa de tener pendiente un trabajo, escapó de allí. La atmósfera de lástima era más insoportable que la actitud maliciosa de Temari. Buscó su abrigo, salió fuera y comenzó a caminar lentamente por el patio. El aire no era muy frío, pero sí fresco, pensó mientras levantaba la cara ligeramente al viento. Suponía que desde la sala de profesores se la vería como una figura solitaria y trágica llorando su pérdida. Ellos nunca sabrían la verdad.

De pronto vio a Flor de nuevo, parada junto a la cerca. Tras titubear un instante, se dirigió a la pequeña, que ni saltó asustada ni se alejó como muchos otros niños habrían hecho. Simplemente miró curiosa a la maestra y esperó a que ella hablara.

Sakura suspiró y luego sonrió a la niña.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó.

-Estoy esperando a mamá –anunció la niña tranquilamente. El corazón de Sakura dio un vuelco doloroso en su pecho.

Tratando de parecer normal, le preguntó:

-¿Eso es una buena noticia?

-¡Oh, sí! –contestó quietamente-. Ella vendrá pronto. Si me quedo aquí, la podre ver cuando dé la vuelta a la esquina.

-Entiendo –Sakura se quedó callada un momento. Luego, consciente de que se estaba sonrojado ligeramente ante la clara mirada de Flor, le preguntó-: ¿Quién te dijo que tu madre vendría? ¿Te lo dijo tu padre?

-No –Flor movió la cabeza negativamente-. Ella misma me lo dijo. Me escribió. Creo que también le ha escrito a Sasuke, pero él no me ha dicho nada.

-¡Oh! –contestó Sakura, y continuó con su paseo.

La afirmación de la niña de pronto iría su madre a Carrisford la perturbaba, aunque no se detuvo para tratar de examinar detenidamente lo que ello implicaba. No podía evitar imaginarse a la madre de Flor. ¿Tendría belleza exótica que parecía atraer a los hombres occidentales? Era lo más probable, ya que la hija también tenía esos rasgos. ¿Estaría aún viva la atracción que había habido entre ambos y que dio a Flor como resultado? ¿O podrían revivirla con su visita a Carrisford? Esos pensamientos la atormentaban mientras caminaba de regreso al aula.

Tendría que enfrentarse al hecho de que Sasuke decidiera reparar su falta por medio del matrimonio. Él tendría mucho que ganar, después de todo, pensó con amargura, con la seguridad de tener a su hija junto a él para siempre. Cerró fuertemente los ojos.

Sasuke había logrado hacerla infeliz, aunque no en la forma que originalmente él había contemplado. Su único consuelo era que él nunca se enteraría de su logro, aunque ella había estado a punto de traicionarse cuando él la había dejado aquella mañana. ¡Había estado tan cerca de olvidar su orgullo y suplicarle que se quedara con ella! Solamente la presencia furiosa de Sai y su miedo de que se llegaran a pelear la había mantenido en silencio.

Ahora daba las gracias de no haberle dado ningún indicio de lo que sentía por él. Nada había cambiado, se dijo. Ella no tenía ningún derecho sobre Sasuke. Nunca lo había tenido. Lo había deseado y él naturalmente sólo había tenido una reacción física. Ahora había otra mujer en su vida que además tenía un auténtico derecho a su amor y a su respeto. Si él le decidía legalizar la unión entre ambos y borrar la mancha de ilegitimidad de la niña, nadie podría culparle.

Durante la tarde, y como había prometido, hizo las audiciones para la obra de Navidad. Terminó rápidamente con los niños, muy pocos querían actuar en las partes orales, y el resto se quedó muy satisfecho con las actuaciones secundarias. Pero había una larga fila de niñas que querían hacer la prueba para el papel de la virgen María.

La única que quedó atrás fue Flor, pero mientras Sakura afinaba su guitarra le notó un aire de añoranza que hizo que le brindara una sonrisa alentadora.

-¿Tú no quieres cantar para mí, Flor? –le preguntó.

Hubo un leve titubeo y luego Flor movió su cabeza negativamente. Sakura no quiso presionarla en aquel momento. Había un grupo de niñas muy interesadas en que las escuchara, y luego tendría tiempo de poner a Flor al final si cambiaba de parecer.

Hubo una amplia variedad de concursantes, pero la candidata favorita parecía ser Hanabi, una niña de pelo oscuro y ojos perla que tomaba clases de canto, dándole más gracia a su actuación que sus demás compañeras.

Sakura suponía que la decisión ya había sido tomada. Era casi un privilegio que Hanabi hiciera el papel de la virgen María en la obra anual. Era la más joven de una familia, y Sakura podía recordar muy bien a su hermana mayor, que también había actuado en aquel papel cuando era alumna de la escuela.

Quizás por esa razón ella retrasó su elección hasta que todas las niñas terminaran de concursar. Ignorando el murmullo de expectación, Sakura miró alrededor del pequeño grupo que no quería probar suerte.

-¿Nadie más quiere probar? –tocó algunas notas suavemente como método de persuasión, y su mirada encontró la de Flor-. Ven, Flor –le dijo animadamente-, creo que nunca te he escuchado cantar.

Suavemente y algo reacia, la niña se puso de pie y se dirigió hasta enfrente del aula.

-¿Qué debo cantar? –preguntó.

-¿Te sabes Noche de Paz? –Sakura le dio el tono para comenzar.

Flor movió la cabeza negativamente, indiferente a todas las risitas que se oían en el aula.

-Pero tú has escuchado a los otros cantarla –Sakura continuó persuasivamente-. Mira, aquí hay un libro con la letra. Trata de cantar la primera estrofa. Ve tan despacio como quieras.

Ella comenzó a tocar la conocida música en la guitarra, realzando bien las notas para guiar a la niña, y después de un momento de inseguridad, Flor relajó sus hombros y comenzó a cantar. Fue como si un pajarito de repente abriera su corazón. Su voz era alta, dulce y pura, con una calidad que ni Hanabi podía aspirar a tener. Y su oído era muy bueno, pensó Sakura. Cantó en el tono que había oído a los demás hacerlo, sin equivocarse ni una vez. Cuando terminó, hubo un murmullo de perplejidad y a continuación una ola de aplausos.

Sakura esperó a que terminaran todas las risitas y las murmuraciones.

-Es una decisión muy difícil porque todas habéis cantado muy bien este año –comenzó muy diplomáticamente-. Sin embargo, yo pienso que Flor podría hacer un papel hermoso de la virgen María para todos nosotros.

Hubo una pausa y luego Hanabi, un poco disgustada, levantó su mano con alarde.

-No es justo, señorita –dijo con voz aguda-. Si no hubiera sido por su ayuda ella no lo habría logrado, ni siquiera se sabía la canción. Además es extranjera.

Hubo algunos niños que quedaron boquiabiertos ante esa manera tan clara de hablar, pero Sakura los tranquilizó con una mirada.

-Y aes suficiente, Hanabi –dijo sin alterarse-. Tienes que aprender a perder igual que a ganar, ¿sabes? –luego miró a Flor y notó que estaba muy pálida-. Aquí está el libro –le dijo con calma-. Puedes aprender fácilmente las palabras. No es un villancico muy largo –luego miró al resto de la clase-. Tendremos el primer ensayo mañana, antes de la comida.

La campana sonó y los niños se amontonaron frente a la puerta, emocionados porque tendrían algo que contar en sus casas a la noche. Sakura estaba guardando la guitarra en su funda cuando sintió que alguien la agarraba de la manga. Bajó la vista y vio a Flor, que la miraba con evidente aprensión.

-¿Sí, querida?

Vio alarmada que los ojos de Flor estaban llenos de lágrimas.

-Señorita, por favor, no me obligue a hacerlo –le pidió. La voz le temblaba.

-Pero, ¿por qué no? –Sakura se sentó en su escritorio-. ¿Es por lo que Hanabi ha dicho?

Flor movió la cabeza.

-No es por eso. No es justo que yo ensaye ese papel cuando no voy a estar aquí el día de la obra.

-¿Y qué te hace pensar que no estarás aquí?

-Mi madre dice que cuando ella venga, me va a llevar lejos.

Sakura se mordió el labio inferior.

-Pero no puedes estar segura –trató de animarla-. Quizás cuando venga y vea qué bonito es esto y qué feliz eres, decida quedarse a vivir aquí.

Flor volvió a mover la cabeza en sentido negativo.

-Ella no hará eso. Mi padre no quiere.

-Tampoco puedes estar segura de eso –Sakura meditó antes de hablar para decirle algo persuasivo-: Quizás se haya acostumbrado de nuevo a ser parte de una familia.

Flor se encogió de hombros.

-No lo creo –dijo-. Él no se preocupa por nosotras. No se preocupó lo suficiente para casarse con mi madre cuando se enteró de que yo iba a nacer. Mi madre me lo ha dicho.

Sakura sintió las palabras como una daga. Era terrible que le presentaran una imagen tan fea de Sasuke, y no ser capaz de odiarlo.

-Es una lástima negarnos la oportunidad de escucharte cantar. Tienes una voz hermosa. ¿Quién te enseñó?

-Mi madre –los labios de Flor temblaron perceptiblemente-. Ella es cantante. Se llama Kim San, y algún día yo también seré cantante.

-No me sorprendería nada –convino Sakura, tratando de sonreír-. Mientras tanto, esperaremos, ¿de acuerdo?

Cuando Flor se retiró, Sakura se quedó sentada por un largo rato mirando al vacío.

Así que la madre de Flor era una cantante y si la voz heredada de la pequeña era una prueba, entonces era una buena cantante. Se encontró preguntándose sobre las circunstancias en que Sasuke y Kim San se había conocido. No había duda de que de sus relaciones sólo quedaba mucha amargura. Suspiró. Le perturbaba pensar que los padres de Flor estuvieran involucrando a la niña en sus problemas. No era justo que una niña tan pequeña estuviera tan enterada y tan resignada a las cosas desagradables que pasaban entre adultos.

Se preguntaba si sería así como educaban a la niña, teniéndola cada uno una temporada y volviéndola a cambiar cuando ya empezaba a adaptarse. No era difícil comprender por qué Flor no demostraba ninguna emoción.

Sakura soltó un suave gemido, hundiendo la cara entre las manos. En circunstancias normales, cuando se le presentaba una situación parecida, pensaba en la posibilidad de charlas con los padres o le pedía a la señora Terumi que lo hiciera. Pero en ese caso no se atrevía a interferir. Se sentía demasiado involucrada y no confiaba en sí misma para poder tomar una posición objetiva, cuando el verdadero interés de toda esa situación debería ser lo mejor para Flor.

Estaba segura de que la niña necesitaba desarrollarse en un lugar permanente durante algún tiempo. Pero al mismo tiempo, comprendía que era imposible sugerirle eso a Sasuke, sintiendo lo que ella sentía. Sería lo mismo que empujarle en brazos de otra mujer, pensó amargada.

.

.

.

Aquella noche la cena no fue muy agradable. Su madre permanecía callada, dando suspiros, y su padre estaba muy serio y pensativo.

-¿Ves? –la señora Haruno lo soltó como una especia de triunfo cuando Sakura puso a un lado su plato medio lleno-. Estás descontenta. No puedes engañarme. Llámalo por teléfono, querida. Todo el mundo tiene ese tipo de peleas durante el compromiso. Dentro de unos veinte años lo recordarás y te reirás de todo esto.

-Quizás lo haga, pero no será junto a Sai –Sakura se puso de pie-. No, no quiero postre; gracias mamá. Creo que subiré para hacer algunos trabajos.

Una vez en su cuarto, se maldijo por ser tan tonta. Esperaba que Sasuke la buscara, aunque sólo fuera para averiguar qué había sucedido después de dejarla con Sai. Sólo el oír su voz en el teléfono ya sería algo. A pesar todo lo que sabía de él, la manera en la que había tratado a la mujer que era la madre de su hija y pese a su conducta despegada hacia la niña, no lo podía arrancar de su corazón. Había sido su primer amor, y sabía ahora, sin ninguna duda, que también sería el último.

El teléfono sonó abajo y ella se puso tensa. ¿No decían que si uno se concentraba profundamente, los pensamientos se hacían realidad?, pensó locamente, y esperó oír la voz de su madre llamándola por la escalera. Pero nadie llamó, y alcanzó a oír el murmullo tranquilo de una conversación abajo.

Miró su reloj y se dio cuenta de que ya casi era la hora en que empezaba uno de sus programas favoritos. Decidió que bajaría a verlo. Quedarse en su cuarto esperando llamadas que no se producirían no le haría ningún bien. Al bajar, su madre colgó el auricular y se alejó, pero sus miradas se encontraron.

-Yugito Nii –le dijo encogiéndose de hombros con resignación, y Sakura pensó que la copa de amargura de su madre estaba a punto de desbordarse.

Para su tranquilidad, la señora Haruno no la siguió a la sala, donde su padre estaba sentado mirando algunos papeles, con el portafolios abierto junto a él.

La miró cuando entró.

-Cambia de canal si lo deseas, querida. Yo estaré ocupado un buen rato con esto.

Al terminar el programa, ella saltó ligeramente al oír que su padre le decía:

-El gran hombre vino a visitarnos hoy; más bien vino a visitarme a mí.

-¡Oh, papá! ¿Qué quería?

Su padre la miró con curiosidad.

-Bueno, no me despidió, así que no te sientas tan preocupada, aunque no me atrevo a decir que no estaba muy satisfecho. No del todo –agregó suavemente.

-Él… ¿mencionó algo sobre Sai y yo?

-No exactamente. Pero habló de la indecente ingratitud. Lo que en realidad deseaba era hablar de su plan sobre la casa Carrisbeck. Quería que le aconsejara al comité que la decisión se tome a nivel de condado.

-¿Él puede hacer eso? –preguntó Sakura, dudando.

Su padre se encogió de hombros.

-No estoy seguro. Esto se puede manejar perfectamente a nivel del distrito. El asunto es que Sir Danzô quiere tener voz y voto y utilizará todo su poder para obtenerlo. Parece estar en contra del proyecto.

-¿Contra el proyecto en sí o contra Sasuke?

-Yo diría que un poco en contra de los dos.

-¿Tú sabes por qué lo está?

-Creo que sí –el señor Haruno comenzó a llenar su pipa-. Pero como está fundado en un resentimiento personal, no tiene razones lógicas contra el proyecto y no tengo intención de ponerle mucha atención, así se lo hice saber.

-¡Oh, papá! –Sakura lo miró con preocupación-. ¿Qué te dijo?

-No había mucho que pudiera decirme –encendió su pipa muy satisfecho-. Mi siguiente cita me estaba esperando y mi secretaria me lo había recordado dos veces, así que se fue gritando amenazas contra el mundo en general.

-No te trataba de esa manera cuando yo estaba comprometida con Sai –dijo angustiada.

Su padre le dio una palmada en el hombro.

-No pienses en eso –comentó-. Tu vida personal es cosa tuya y Sir Danzô no tiene derecho a mezclarla con la vida pública. Se le pasará con el tiempo. Mañana probablemente ya estará calmado y comentará que afortunadamente su hijo logró escapar a tiempo.

-¿Sasuke obtendrá el permiso para hacer lo que quiere con la finca?

-Aseguraría que sí. No hay razones suficientes en su contra. Y además no la quiere convertir en un centro nocturno ni en uno de eso clubes campestres infernales. Lo he discutido con nuestro presidente y en todos los aspectos él piensa que es una buena idea –hizo una pausa y miró a Sakura-. ¿Eso te tranquliza?

Ella lo miró intranquila, consciente de la implicación de sus padres.

-Bien… al fin y al cabo, no tiene nada que ver conmigo.

-Para alguien que no tiene nada que ver, parece que tienes demasiado interés en los asuntos de Uchiha.

-Me interesa solamente porque conozco la casa –murmuró Sakura y se puso de pie-. Es muy tarde y mañana voy a tener un día muy ocupado. Comenzamos los ensayos para la obra de Navidad.

-¡Cómo pasan los años! –comentó su padre con una sonrisa irónica-. Supongo que una de las Shimizu hará el papel de la virgen María.

-No este año –Sakura devolvió la sonrisa irónica-. Creo que tendrás una gran sorpresa.

-No una muy grande, espero –le contestó él señor Haruno-. Aquí en Carrisford no aceptamos de buen grado las sorpresas

Aquéllas fueron palabras que Sakura recordaría antes de que pasase mucho tiempo.


Gracias por leerlo y continuar hasta aqui conmigo hehehe

en un rato les subiré el otro cap n.n