Bien... lo prometido es deuda xD aquí está el siguiente cap disfrutenlo n.n
Disclaimer: La trama y los personajes no me pertenecen, son de Masashi kishimoto y Sara craven respectivamente
n.n
Capitulo 8
Sakura salió por la puerta de la escuela en dirección a su casa sintiéndose muy satisfecha. Nunca se había sentido así antes. A ella le gustaba enseñar, y era más feliz que nunca cuando se encontraba ocupada haciendo sus trabajos, pero los últimos diez días habían sido muy molestos, y estaba contenta de que hubieran pasado.
Se había preparado para ser el centro de atención por la ruptura de su noviazgo y por su renuncia. Afortunadamente Kin Tsueni, la jefa del departamento de niños acababa de descubrir que estaba embarazada, y esa nueva noticia había desviado el interés por los asuntos de Sakura. A pesar de ello, no le fue fácil. La mayoría de sus colegas parecían pensar igual que su madre y tuvo que escuchar una serie de consejos para ser más adaptable y aprender a dar y recibir.
Pero eso no fue todo. Lo que no podía entender era el cambio tan repentino que se había dado en su clase. No sabía por qué, y estaba muy preocupada. De repente los niños adoptaban una actitud que llegaba hasta la insolencia y que nunca habían tenido. Y lo que más le preocupaba era que parecía haber comenzado desde el momento en que escogió a Flor para que hiciera el papel principal en la fiesta de Navidad.
Su intuición le decía que Hanabi Shimizu estaba en el fondo de todo, pero no tenía pruebas.
Se sentía confundida y angustiada. No era posible que la influencia de Hanabi sobre sus compañeros fuera tan fuerte. Allí había algo, algo insidioso y desagradable.
Los niños que antes habrían hecho lo imposible si ella lo hubiera querido, ahora hacían lo mínimo, y se la quedaban mirando en un molesto silencio. Cuando solicitaba voluntarios para pequeños trabajos, ninguno se movía.
No lograba encontrar un motivo para ese comportamiento tan extraño. Los niños tenían un sentido muy fuerte de la justicia, pensó, y ellos tenían que aceptar en sus corazones que Flor era sin duda la mejor cantante de la clase.
Suspiró, levantando el cuello de su abrigo para cubrirse del aire frío. Todo iba mal, pensó tristemente. Lo único seguro era que al final del semestre se encontraría sin trabajo. La señora Terumi había aceptado su renuncia prematura.
Flor era la única que parecía no darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
Ahora pasaba más tiempo jugando sola, pero Sakura estaba segura de que era porque así lo quería. La niña se quedaba parada junto a la cerca mirando hacia el camino con ansiedad, y a pesar de sus propios sentimientos, Sakura deseaba que su madre llegara pronto. Era demasiado triste observar a la niña en aquel estado.
Sakura podía comprender muy bien el dolor de su corazón. Era un sentimiento que también compartía. Ella no había visto a Sasuke ni había sabido nada de él desde aquella mañana que la había dejado con su prometido. Al principio, había alimentado una inútil esperanza de que la llamaría por teléfono al extenderse la noticia de su ruptura. Sin embargo, solo había servido para aumentar su indiferencia, pensó Sakura amargamente.
Era muy fácil decir que ella tenía que hacer lo mismo, borrarlo de su mente como si nunca hubiera existido, pero lograrlo era otra cosa. No podía caminar por una calle sin preguntarse si se lo iba a encontrar. A donde quiera que miraba, algo parecía recordárselo.
Y ni siquiera podía contarle a nadie sus penas. Era natural que se la viera triste por Sai, y nadie más que ella tenía la culpa, pensarían.
Luego se repetía una y otra vez que estaría mejor cuando se alejara de Carrisford, y rezaba para que los días volasen. No tenía ni idea de a donde iría. Londres no la atraía en particularidad, pero sentía que necesitaba la agitación de una ciudad grande.
Enderezó los hombros mientras caminaba hacia la entrada de su casa. Su madre aún no había aceptado la situación, tratándola con una mezcla de gran sufrimiento y censura que empezaba a molestarla. La primera vez que hizo mención de su renuncia, le había provocado una jaqueca que le había durado dos días, y luego se había negado sistemáticamente a hablar del asunto.
Esbozando con esfuerzo una sonrisa, entró en la cocina, donde estaba su madre preparando la cena. Se encontraba inclinada sobre el horno cuando Sakura entró, y su cara se veía sonrojada, aunque Sakura no logró adivinar si era por el calor de la cocina o a causa de su temperamento. Pero sus dudas no duraron mucho tiempo. La señora Haruno cerró fuertemente la puerta del horno y miró a Sakura con censura.
-¿Sucede algo? –preguntó Sakura amablemente.
-¡Oh, no! –el tono de voz de la señora Haruno estaba lleno de ironía-. ¿Qué podría suceder?
-Eso es lo que espero que digas –indicó pacientemente.
-Así que no te lo había dicho –su madre soltó una risa ácida-. Bueno, supongo que ni siquiera ella tiene la cara tan dura como para decírtelo dada las circunstancias.
Sakura movió su té resignadamente.
-¿A quién te refieres? –insistió-. ¿Y qué es lo que debo saber?
-¡Hablo de Temari! –la señora Haruno enjuagó una olla y la colocó en el escurridor-. Su madre estallaba de orgullo al contármelo. Temari irá a la fiesta de Navidad la próxima semana y Sai la acompañará.
-No, ella no me lo mencionó –aceptó Sakura calladamente-. Pero por lo menos eso explica todo el chismorreo que ha habido durante los últimos días.
-Tú ni siquiera pareces sorprendida –le reprochó su madre-. ¿No te importa que te estén remplazando?
-No mucho –dijo fríamente-. Y hay que reconocer que Temari no pierde el tiempo.
-¿Es lo único que se te ocurre decir? –la señora Haruno alzó la mirada al cielo-. Bueno, ya le has perdido, Sakura. Temari quizás le haya atrapado de rebote, pero no le dejará escapar tan fácilmente.
-Madre –Sakura se inclinó hacia adelante, con una nota de sinceridad en la voz-. Siento mucho que estés molesta, eso es todo. Si Sai y Temari se quieren, entonces les deseo suerte.
-Eres muy generosa –la señora Haruno buscó un pañuelo en su bolsillo y se sonó la nariz vigorosamente-. ¡Oh, Sakura! Con las oportunidades que has tenido, nunca pensé ver a Temari casada y a ti de solterona.
-Pareces estar muy segura de que ésa será mi suerte –dijo tratando de parecer tranquila.
-Estoy segura de una cosa. Si aún estás pensando en Sasuke Uchiha, has cometido una equivocación. Él tiene otros intereses.
Sakura se quedó sentada muy quieta. Deseaba ignorar lo que su madre acababa de decir, pero no pudo. Tenía que saber lo que sus palabras significaban.
-¿Estás tratando de decirme algo? –le preguntó por fin.
-Así que es él –su madre miró a Sakura con una mezcla de lástima y de ira-. Eres una tonta, Sakura. Sasuke ya no tiene interés en ti, querida. Ahora que la madre de la niña ha regresado…
La boca de Sakura se secó.
-¿Su…? – las palabras no le salían.
-Llegó en el autobús de Leeds al mediodía. Yugito me dijo que traía dos grandes maletas, así que parece que viene con la intención de quedarse. Y tomó el taxi de Fred Collins con rumbo a la casa Carrisbeck –notó la palidez de Sakura e hizo una mueca-. ¡Oh, Sakura! Él no sería bueno para ti. Nunca lo fue. ¿Por qué no me has hecho casi, hija mía?
-Está bien, mamá. Yo sabía que ella venía. Flor me lo había dicho.
-Pobre pequeña –dijo la señora Haruno furiosamente.- Sólo espero que ese Sasuke se decida a hacer algo por ellas al fin.
-Sí –dijo Sakura, y levantándose lentamente de la mesa salió de la cocina.
A pesar de sus sentimientos personales, tenía que quedarse en Carrisford por lo menos dos semanas más, hasta que terminara el semestre en la escuela. Además, si huía tan pronto después de la llegada de Kim San, la gente iba a llegar a las mismas conclusiones que quería evitar.
Ya encontraría la fuerza necesaria para pasar los últimos días que le quedaban en Carrisford y, cuando partiera, llevaría la cabeza alta y nadie, ni siquiera Sasuke, sabría jamás la agonía que estaba sufriendo.
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Bajó tarde al día siguiente para desayunar y encontró que ya estaban hechos los preparativos para un almuerzo temprano y a su madre corriendo por la casa, vestida, lista para salir.
-¡Dios mío! –Sakura se sentó a la mesa de la cocina y miró a su madre con pesar-. Se me había olvidado. Esta tarde es el bazar navideño, ¿no es así?
-Sí –contestó la madre. La miró de reojo-. No te preocupes, querida. Yo sé que te habías ofrecido para ayudar, pero como no tienes deseos de ir, podemos arreglarnos sin ti.
-No –Sakura movió la cabeza-. Quisiera ayudar. Necesito hacer algo.
La señora Haruno hizo una pausa como si fuera a decir algo y luego, con un corto suspiro, apretó los labios y se volvió de espaldas.
El bazar, que solía celebrarse en la gran sala de juntas próxima a la alcaldía, se organizaba mediante un comité elegido entre todas las organizaciones de damas y las iglesias del pueblo, quienes se dividían las ganancias. La señora Haruno había sido líder en el comité durante algunos años y Sakura, cuando estaba disponible, la ayudaba atendiendo un puesto o sirviendo té.
Era una reunión popular que atraía visitantes de toda la zona, y las ganancias eran siempre importantes. Sakura, que había sido elegida para ocupar el puesto de tarjetas de Navidad, estaba demasiado ocupada para pensar en sus problemas.
Las tres señoras que se ocupaban del puesto junto con ella eran antiguas conocidas. Todas la conocían desde su nacimiento y, sin embargo, el trato no pudo ser más frío, como si se tratara de una extraña. Sakura suponía que quizás fuera alguna reacción por la ruptura de su noviazgo, pero no entendía tal actitud, pues nunca se había dado cuenta de que Sai fuera tan popular en Carrisford. Es más, con los problemas obreros de la Ingeniería creciendo cada día más, creía que estarían en contra de los Shimura.
Suspiró levemente y comenzó a arreglar algunas tarjeras de Navidad que quedaban.
La señora Samui Hitoku, que estaba a cargo del puesto, se dirigió a ella.
-Ahora están sirviendo el té, señorita Haruno. Quizás usted quiera ir a tomar el suyo.
Señorita Haruno. La trataba así quien siempre la había llamado Sakura. Además, pensó, normalmente iban en parejas a tomar el té, y era muy significativo que nadie pareciera dispuesta a acompañarla.
Miró con indiferencia al entrar, reconociendo muchas caras que le eran familiares. Pero al recoger su té y dirigirse a una mesa, advirtió que le dispensaban un frío recibimiento.
En cierta forma, estaba agradecida de que la mesa se hallara vacía. Comenzaba a pensar que le sería muy difícil soportar un trato tan frío de personas que normalmente eran amables y que la conocían de toda la vida. Se sentó y, al hacerlo, se dio cuenta de que alguien estaba de pie junto a ella. Levantó la cabeza y se sorprendió de ver a Sai parado allí, con Temari Nii a su lado.
Temari estaba muy atractiva y sus ojos brillaban; lucía un hermoso abrigo nuevo.
-Hola, Sakura –la saludó Sai-. Es una sorpresa verte.
-No realmente –dijo con tranquilidad, consciente de que todos los miraban-. Como recordarás, yo vengo a ayudar cada año.
-¡Oh, sí! –Temari soltó una risa artificial-. Pero este año pensábamos que te mantendrías, digamos, fuera de escena.
Sakura agregó azúcar a su té y lo movió.
-No entiendo por qué.
-¿No? –comenzó Temari chillonamente. Para su sorpresa, vio que Sai le hacía una seña para callarla.
Luego miró a Sakura como si se sintiese violento.
-Lo lamento, Sakura. No debe ser muy placentero para ti, pero quiero que sepas que yo no tuve nada que ver. Fuiste tú la que lo buscaste, lo sabes.
Sakura se impacientó.
-Quisiera saber de qué estás hablando –le contestó-. Antes no hablabas con tanta reticencia.
-¿No? –la incomodidad de Sai se hacía cada vez más evidente-. Vámonos, Temari. Ya hemos estado demasiado tiempo aquí.
-Más que suficiente –Temari miró a Sakura con aire de triunfo-. Tenemos que darnos prisa. Sir Danzô odia que le hagan esperar.
Sakura la miró irónicamente.
-¿Vas a cenar a Thornwood Hall? Eso es trabajar rápido –se arrepintió de lo dicho, pero ya era demasiado tarde.
Los ojos de Temari brillaron con malicia.
-¡Tú no eres la más adecuada para hablar! –contestó-. Pero por lo menos yo terminaré la noche en mi propia cama.
-¿Qué quieres decir? –Sakura sintió como un golpe brutal en la boca del estomago.
Temari se encogió de hombros.
-Pregúntale a la señora Shimizu –le contestó-. Estoy segura de que le encantará aclarártelo. De acuerdo, Sai, vámonos.
Se alejaron dejando a Sakura luchando fuertemente para lograr contenerse. Tendría que llegar al fondo de todo. En la escuela ella estaba segura de que Hanabi Shimizu era responsable de la agobiante atmósfera. Ahora parecía que su madre era la que generaba la hostilidad que ella había sentido aquella tarde. ¿Pero por qué? ¿Solamente porque no había escogido a Hanabi para el papel que tanto quería?
Vertió el resto de su té en una taza desechable y caminó hacia el puesto en el que se encontraba la señora Shimizu. Era una mujer alta y bien parecida, y de ella había heredado Hanabi su belleza. La mirada que le echó a Sakura al acercarse era de clara enemistad.
-¿Desea más té… señorita Haruno?
-Gracias –dijo Sakura y extendió su taza pretendiendo parecer calmada-. ¿Cómo está la familia?
-Tan bien como debe esperarse –la señora Shimizu vertió el té en la taza y le agregó leche de una gran jarra.
Sakura titubeó.
-Creo que Hanabi se desilusionó mucho al no ser escogida para el papel de la virgen María para la fiesta de Navidad –dijo ella, decidida a jugársela.
-Todos estuvimos muy desilusionados –fue la fría respuesta-. Más que nadie mi hija Maureen.
-Siento mucho que lo hayan tomado de esa manera –dijo Sakura suavemente-. Pero creo que cuando vean la obra, tendrán que aceptar que Flor tiene una bella voz y…
-¡Bella voz! –había desprecio en la voz de la señora Shimizu-. Usted no engaña a nadie con ese cuento, señorita Haruno, a pesar de que posee una carrera universitaria y se creé mejor que los demás… Mi hija Maureen nunca recibió una educación universitaria. Lo único que logró conseguir fue un empleo de camarera en un hotel, pero por lo menos se mantiene respetable.
Sakura se sintió enferma con el veneno que destilaba la voz de la señora Shimizu.
-Será mejor que me vaya antes de que usted diga algo de lo que se pueda arrepentir –dijo rápidamente, e hizo el intento de alejarse, pero la madre de Hanabi la sujetó de un brazo.
-¿Le gustaría saber dónde está trabajando, señorita? En el Motel Bartley, y estaba de turno un martes por la noche no hace mucho tiempo. Ella la vio llegar y salir, estando usted comprometida con otro hombre.
Sakura estaba blanca como una sábana. La señora Shimizu continuó inflexiblemente:
-Usted ya no nos engaña con sus aires altivos. Usted le dio el papel a Flor para tratar de satisfacer a su amante, y por lo visto no la ha ayudado mucho, por lo que he oído.
-Está usted muy equivocada. Yo… yo…
Se dio cuenta con terror que todos estaban escuchando. Se soltó de la señora Shimizu y se dirigió a la puerta, medio ciega por las lágrimas.
Ni siquiera se había dado cuenta de que alguien estuviera parado en la puerta, hasta que unas manos fuertes la tomaron por los hombros. Sus ojos asustados se levantaron para encontrar a Sasuke.
-¿Tú? –murmuró, sofocada-. Por Dios, Sasuke, déjame ir.
-No seas tonta –le dijo, cortante-. No estás en condiciones para ir a ninguna parte. Kim, acerca esa silla.
Vagamente Sakura sintió el aroma de un suave perfume. Levantó su mirada para encontrar una cara oval con grandes ojos almendrados y una suave sonrisa compasiva. En el interior del salón de juntas, la figura de Kim San era como una flor exquisitamente exótica.
-Por favor –dijo a Sakura suavemente.
-Si encontrara mi abrigo… Debo irme. No sabéis…
-Yo creo que sí sé –la boca de Sasuke estaba rígida como las líneas de su cara-. Pero no podrás irte sola. Yo te llevaré a tu casa, Kim ¿estarás bien?
-Pero usted es… Kim –Sakura exclamó al llegar a la salida-. No la puedes dejar sola aquí…
-¿Por qué no? –el la miró con irritación-. A ella no le pasará nada y se distraerá; esto es nuevo para ella.
-Supongo que sí –cedió, sintiendo muy cansada.
Sasuke estaba tenso mientras conducía el vehículo. Sakura se recostó sobre la suave piel del asiento, con los ojos cerrados. Se sentía completamente deshecha por la escena con la señora Shimizu, pero por lo menos sabía cuál era la fuente de tanto veneno.
Una lágrima se deslizó por su mejilla. A su lado, oyó a Sasuke maldecir en voz baja. El coche se detuvo bruscamente. Aturdida, abrió los ojos y vio que se encontraban estacionados en una pequeña calle estrecha y solitaria.
Entonces Sasuke la abrazó, manteniéndola junto a él hasta que sintió el suave palpitar de su corazón y Sakura lloró suavemente, como una explosión de dolor y de humillación, mientras que Ssuke la sostenía y su voz murmuraba cosas que casi no lograba oír.
Cuando por fin pudo controlar su voz lo suficiente para hablar, dijo:
-Tú, tú… ¿sabes lo que pasó?
-Sí –él se quedó en silencio durante un momento-. Sakura, bien sabe Dios que nunca quise que todo terminará así. Nunca soñé… ¡Oh, diablos! –dijo lleno de ira.
Levantó la cara de Sakura obligándola a mirarlo y luego le besó los labios, los ojos, las mejillas mojadas por las lágrimas, hasta que Sakura sintió que todo lo que los rodeaba desaparecía.
Impulsivamente le rodeó el cuello con los brazos, le acarició el cabello oscuro y se apretó contra él en una entrega silenciosa.
-¡Sakura! –pronunció su nombre, y luego la apartó lejos de él. se quedó durante algunos momentos sujetando el volante, luchando por controlarse, y después se inclinó hacia adelante para arrancar el coche-. Te llevaré a tu casa –dijo sin expresión.
El viaje terminó pronto. Cuando el coche se detuvo, ella buscó torpemente la manija de la puerta.
-Espera –dijo Sasuke impaciente. La agarró fuertemente por el brazo para ayudarla a salir y cerró con fuerza la puerta.
Se dirigieron a la entrada. Ella trató de soltarse.
-Gracias, pero ya estoy bien.
-No seas tonta –le dijo cortésmente-. No puedo dejarte sola.
-¡No quiero tu compasión! –liberó su brazo con furia.
-No te la estoy ofreciendo.
Estaba junto a ella cuando llegaron a la puerta. Su mano tembló mientras buscaba la cerradura para mente la llave. La casa estaba vacía. Su madre se hallaba en el bazar, ignorando todo lo ocurrido, y su padre estaría en el club de golf.
-Sasuke, por favor, vete.
Él levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
-Espera un poco –la empujó suave pero firmemente hacia el salón-. Siéntate. Yo haré un poco de café.
-Pero no sabes dónde están las cosas –protestó ella.
-Haz lo que te digo –le ordenó brevemente.
Ella se dirigió al salón, encendió una lámpara, corrió las cortinas y añadió más leños a la chimenea.
Sasuke entró con dos tazas de café caliente y las colocó en una mesita enfrente del sofá. Ella lo probó e hizo un gesto de extrañeza.
-¿Qué le has puesto?
-Un poco de brandy. Encontré una botella en la cocina –la miró divertido-. ¿Has perdido el paladar tan pronto?
Ella se sonrojó, recordando la ocasión tan desastrosa en la que había bebido demasiado brandy.
-Nunca lo había probado –dijo cansadamente-. Pero entonces necesitaba darme un poco de valor. ¿Por eso me estás administrando una segunda dosis de la medicina?
-No –estiró sus largas piernas hacia la chimenea y la miró larga y atentamente-. Yo creo que tu propio valor te ayudará a salir de todo esto.
-Gracias por tus bueno deseos –colocó de nuevo la taza sobre la mesita-. Debes de estar contentísimo al haber logrado tu venganza. Tú querías verme hundida, ¿no es así? Bueno, ya lo has logrado.
-Tendré que aceptar tu palabra –dijo él lentamente-; nunca pensé que tus emociones estuvieran tan involucradas.
-¿No? –soltó una pequeña y amarga risa-. Está bien, Sasuke, no tienes que preocuparte. Tómalo como un amor de adolescente. Sólo que esta vez yo no he herido a nadie más que a mí misma. Hay una especie de justicia en todo esto. Debes alegrarte.
-¡Al diablo con la justicia! –dijo él, furioso-. Yo no estoy interesado en eso, y tú lo sabes. ¿Pero fue sólo un amor de adolescente? Dime la verdad ¡Necesito saberla!
Ella se hundió en el sofá y abrió mucho los ojos al verlo acercarse.
-No, no debes…
-¿Y quién va a detenerme? ¿Tú? –movió suavemente la cabeza-. No lo creo, Sakura, y esta vez quiero asegurarme.
Su cuerpo la aplastó contra la suavidad de los cojines. Con los ojos cerrados, ella luchó contra él, cerrando la boca a sus labios insistentes y con las manos apretadas contra su pecho. Y luego, con un poco de vergüenza, comprendió que no luchaba contra nadie más que contra sí misma.
Cuando por fin él levantó la cabeza, la expresión de sus ojos la asustó.
-Tu habitación –murmuró apremiante-. ¿Dónde está?
Por un momento, ella sintió la tentación de alcanzar la felicidad cuando se la estaban ofreciendo.
Más de repente tuvo la visión de Kim San apareciendo ante ella, con su suave y atractivo encanto. Y allí estaba Flor también. Por fin la niña tendría la oportunidad de tener un hogar, una familia. Sasuke les pertenecía. Ellas lo esperaban todo de él…
Con un pequeño grito de disgusto, se apartó de él.
-No tienes ningún derecho –lo acusó airadamente.
-No –contestó él con esfuerzo-. Ya lo veo.
Hubo una larga pausa y luego Sasuke se puso de pie y recogió su abrigo.
-Entonces, adiós… -añadió suavemente-. Yo esperaba que resultara de otra manera. Pero supongo que siempre fue imposible. Demasiadas cosas han sucedido, Sakura. Demasiadas heridas, demasiada amargura.
-Por lo menos no heriremos a nadie más –dijo ella.
-¡Oh, no! –su risa la hirió como un cuchillo en el corazón-. A nadie más. Adiós, dulce hechicera. No te pediré que me perdones.
Ella se quedo quieta donde estaba, y segundos después oyó el coche alejarse.
Sasuke se había ido, ella misma lo había enviado junto a Kim y Flor, que lo necesitaban. Pero su buena acción no bastaba para consolarla de toda la desesperación que la embargaba.
Se quedó sentada mucho tiempo en el salón, en silencio y con la cara entre las manos mientras revivía todo lo ocurrido. Oyó la puerta principal abrirse y que su madre la llamaba ansiosamente.
Ella logró contestar, y un momento después su madre aparecía desabrochándose el abrigo.
-¡Oh! Estás aquí, Sakura –dijo con un tono de alivio-. La señora Hitoku me dijo que te habías ido temprano, que quizás te sentías mal.
-¿Eso dijo? –preguntó secamente.
-Bueno, no con esas palabras –contestó la señora Haruno de mala gana-. No recuerdo lo que dijo, pero sé que fue raro. Aunque en realidad todos han estado raros hoy, haciendo comentarios extraños –sus ojos se fijaron en las dos tazas-. ¿Ha estado alguien aquí?
-Sí –Sakura hizo una pausa-. ¿Te ha dicho alguien que Sasuke Uchiha me trajo a casa?
-No, nadie me lo dijo y no es raro, porque hoy he visto a Sasuke Uchiha. Me estuvo hablando toda la tarde –miró a Sakura con preocupación-. ¿Tú crees que estuvo bien traerlo aquí?
Sakura se encogió de hombros.
-Probablemente no –dijo con calma-, pero no importa. Ya se ha ido y no regresará. Se casará pronto probablemente.
-Ella estaba allí con él esta tarde y también la niña. La gente decía que era un descaro.
-¿Qué esperaban que hiciera, que las encerrara en la casa Carrisbeck?
-Ella es muy bonita –dijo la señora Haruno secamente-. Quizás las cosas resulten bien al fin.
-Así lo espero –Sakura escondía su dolor tras una máscara irónica.
Su madre se inclinó hacia ella.
-Todo se arreglará, Sakura –aseguró-. Créeme, hija, él no habría sido bueno para ti. Queriendo arrastrarte por el mundo con él… a una niña como tú.
-Mamá –Sakura la miró con incredulidad-. ¿De qué estás hablando? ¿Qué es lo que dices?
-Olvídalo –la señora Haruno se puso de pie, recogiendo su abrigo.
Sakura le quitó el abrigo de las manos y le indicó que se sentara.
-¿Qué te hace pensar que Sasuke quería llevarme alrededor del mundo con él? Nunca me lo dijo. ¿Te lo ha dicho a ti?
La boca de la señora Haruno temblaba.
-Yo lo hice por tu bien –murmuró-. Debes creerme, Sakura; lo hice por tu bien. Tú eras tan joven… No podías saber lo que querías.
-¿Qué has hecho, madre? –Sakura la apremió, impaciente. Su madre soltó un largo y tembloroso suspiro.
-Espera aquí –le dijo casi sin voz. Cuando regresó, llevaba un sobre en sus manos. Se lo entrego a Sakura, quien vio con sorpresa que estaba dirigido hacia ella. Nunca había visto la letra de Sasuke, pero instintivamente supo que era de él. Miró a su madre-. ¿Cuándo llegó esto?
-Mira el matasellos.
Sakura obedeció.
-¿Agosto? –exclamó-. Pero si estamos casi en diciembre ¡Has retenido esta carta durante casi cinco meses!
La señora Haruno negó con la cabeza.
-Siete años –dijo tristemente-. Tú no estabas aquí cuando llegó, así que la abrí. Aún eras una niña, y yo tenía derecho a saber quién te enviaba cartas, por lo menos eso me dije en ese entonces… Temía que fuera de Sasuke cuando vi el sello de Londres.
Sakura sacó la hoja del sobre y la abrió.
No era una carta muy larga:
Sakura.
Quise verte antes de irme, pero no fue posible. Tú nunca deberás culparte por lo sucedido en la fiesta. Mi tío y yo teníamos algunos problemas desde hacía algún tiempo; tú fuiste el catalizador. Estuve molesto una temporada pero luego recordé lo joven que eras y lo asustada que estabas. Hubo otro problema antes de mi salida de Carrisbeck: le dije a mi tío que iba a regresar en un año y que me casaría contigo. Él se enfureció y me dijo que, si lo hacía, nunca vería un centavo de su dinero, ni recibiría la casa en herencia. Bueno mi dulce hechicera. ¿Me esperarás un año? No puedo prometerte una gran vida. Quizás no tengamos un hogar permanente durante algún tiempo. Viviríamos en hoteles, yendo con nuestras maletas de un lado a otro. El periódico me envía a Vietnam dentro de dos semanas. Si no he sabido nada de ti entonces, comprenderé que en realidad eres demasiado joven.
Sasuke.
Sakura miró a su madre, sintiendo que todo le daba vueltas.
-Tú me ocultaste esto durante todo este tiempo. ¿Pero por qué?
-Porque eras demasiado joven para decidir si querías o no irte con ese hombre. ¡Yo tenía miedo por ti, Sakura!
La joven miró de nuevo la carta.
-Así que se fue a Vietnam pensando que no le quería, que había sido la aventura de una colegiala, y entonces conoció a Kim –dijo en voz baja.
-No tardó mucho en olvidarte. Estás mejor sin él, Sakura.
-Nunca me mencionaste esta carta –dijo casi para sí misma.
-No –la señora Haruno sacó un pañuelo y se limpió los ojos-. Él me prometió que no te lo mencionaría. Y yo nunca lo habría hecho, a no ser más adelante… cuando estuvieras casada y segura con Sai.
-¿Cuándo hizo él esa promesa?
-Vino aquí una noche… con unos libros de la biblioteca. Dijo que los habías olvidado en algún sitio y que él los había encontrado y te los traía. Quería hablar contigo, pero le dije que eras feliz con Sai, que os ibais a casa después de Navidad y que vivirías en Thorwood Hall.
-Entiendo –dijo Sakura como atontada.
-No espero que lo comprendas –dijo-. Algún día tendrás una hija y entonces quizás… Ha sido tan difícil durante todos estos años, esperando y rezando para que no regresara… Fui tan feliz cuando conociste a Sai y parecía todo arreglado… Pero lo único que tuvo él que hacer fue aparecer y tú volviste a seguirlo. Pero ya terminó, ¿no es así, Sakura? –le preguntó-. ¿Podemos olvidarlo todo y comenzar de nuevo nuestras vidas?
-Sí –Sakura forzó una breve sonrisa-. Todo ha terminado, mamá.
Ok hasta aquí el cap de hoy la verdad es que ya nos acercamos al final de esta historia
solo falta un ultimo cap y sabran el final hehehe
bueno ya veré cuando lo subo, ahora que estoy de vacaciones y tengo mucho tiempo pues me dedicaré a esto aunque no tenga internet
en fin hasta el siguiente cap =^.^=
