Al fin... despues de millones de años de espera xD... al fin está aquí el ultimo cap. de esta emocionante historia hehehe...
ufff me tomó mucho tiempo pasarlo del libro a word D: pero creo que valió la pena y más el adaptarlo a una de las parejas que amo de Naruto 3
bueno no los entretengo.. ya pueden leer...
Disclaimer: La historia y los personajes no me pertenecen son de la autora Sara craven y masashi kishimoto respectivamente
Capitulo 9 …
Tenerse que enfrentar a su clase el lunes siguiente no fue nada fácil para Sakura, pero al menos ya había pasado lo peor, pensó.
Ahora ya no estaba en la sombra tratando de adivinar lo que pasaba. No podía creer que Hanabi o alguno de los otros niños supieran la historia completa. Su comportamiento fue suave pero enérgico con todos ellos, enseñándoles las tablas de multiplicar y al mismo tiempo manteniéndolos a todos ocupados para que no se les ocurriera ninguna travesura.
Al transcurrir dos días, vio que su técnica había dado resultado, ya que la mayoría de los niños había vuelto a ser como antes. O quizás estuvieran cansados de Hanabi y de su egocentrismo. Flor también parecía una niña diferente desde la llegada de Kim San a Carrisford. Su pequeña carita estaba iluminada y sonreía con emoción y gusto.
-Mi madre dice que nos quedaremos aquí por mucho tiempo –le confesó a Sakura durante un recreo-. Cuando el hotel esté abierto, trabajaremos allí; cocinaremos, haremos las camas para las personas que vengan de excursión a Carrisbeck.
-¿Dónde viviréis? –preguntó Sakura. Le dolía, pero tenía que saberlo.
-Sasuke está haciendo un apartamento para nosotras. Va a quedar muy bonito. Tendrá un cuartito para que yo duerma, y un gran cuarto donde dormirán mis padres –una sonrisa le transfiguró la cara, y le confesó a Sakura:- Ellos se casarán, y será muy pronto-
-¡Eso es maravilloso! –se forzó a decir Sakura. Por dentro rezaba para que la ceremonia se retrasara hasta después de que ella se hubiera ido. Había reservado ya habitación en un hotel de Londres. Cuando terminara la temporada de vacaciones, buscaría un trabajo en Liverpool o en Manchester.
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No fue al baile de Navidad en el ayuntamiento, pero sus padres sí. Su madre no le contó gran cosa, excepto que la música le había causado dolor de cabeza. Sakura pensó que también el hecho de haver visto a Sai toda la noche con Temari le habría provocado descontento.
No se había atrevido a preguntarle si Sasuke había ido con Kim San, pero adivinó que así debió de haber sido por el discreto silencio de su madre. A veces se preguntaba qué curso habría tomado su vida de haber sido ella y no su madre quien recibiera la carta fechada siete años atrás. Fue doloroso para ella leer el artículo sobre la casa Carrisbeck que había aparecido en El consejero, dando detalles sobre los planes de Sasuke de hacer el albergue. El proyecto tenía el respaldo de una conocida fundación nacional.
En la siguiente edición del periódico apareció un escrito sobre Sir Danzô y su oposición al albergue, pero eso fue todo, tal vez porque Sir Danzô tenía que dedicar todas sus energías a resolver las dificultades en las obras de ingeniería, y no tenía tiempo para tales trivialidades. Sakura pensó que Sasuke podría así conseguir su permiso sin mucha dificultad. Quizás fuera el único impedimento para su boda con Kim San, pensó tristemente. Él tendría que estar seguro de tener un ingreso suficiente para poder mantener a su familia, y una vez que obtuviera el permiso, tendría pocos problemas.
Varios días después ella se encontraba en la plaza del pueblo, mirando el escaparate de una tienda para comprar los regalos de Navidad, cuando sintió un ligero toque en el brazo. Se dio la vuelta y se sorprendió al ver a Kim San sonriéndole. Le costó mucho trabajo devolverle la sonrisa.
-¿Está usted mejor ahora? –le preguntó la mujer con voz melodiosa-. Tenía muchos deseos de hablarle, señorita Haruno. Flor me ha contado lo amable que ha sido con ella.
-No fue nada –protestó Sakura, sintiéndose violenta.
Kim San la miró con gran afecto.
-Fue mucho –aseguró-. Éste es un pueblo pequeño. Yo vengo de uno parecido. En mi pueblo hay muchos corazones cálidos, pero también muchas lenguas crueles. Creo que quizás eso exista aquí también.
-Quizás –Sakura se encogió ligeramente de hombros.
Kim San la estudió detenidamente durante un instante, y luego sonrío.
-Hace mucho frío –dijo-. ¿Le gustaría tomar un café conmigo?
Sakura titubeó, pero no tenía ninguna razón lógica para rechazarla. Así que aceptó, imaginando que irían al café más cercano. Pero en aquel momento se acercó un automóvil familiar que se detuvo junto a ellas, y Sasuke se asomó por la ventanilla.
-¡Oh, Sasuke! –lo saludó Kim San-. ¡Qué oportuna ha sido tu llegada! La señorita Haruno tomará café con nosotros.
Sakura no se atrevió a mirar a Sasuke. No podía enfrentarse a sus ojos. Sólo miraba hacia el pavimento, deseando con todo su corazón que se abriera y la tragara. En silencio, él salió del coche y dio la vuelta para abrirles la puerta. Flor brincaba de alegría en el asiento de atrás.
-¡Oh, señorita Haruno! –saludó a Sakura emocionada-. Pronto será Navidad y la semana próxima estaré en la fiesta, y después será la boda. ¿Vendrá usted a la boda?
Sakura deseaba contestar, decir algo ligero y simpático con una excusa, pero no le salió ni una palabra. Kim San se dio la vuelta en el asiento delantero para mirarla.
-Yo espero que venga –dijo-. Nos agradaría mucho tenerla allí. Después tendremos una pequeña fiesta en la casa. ¿No es así, Sasuke?
-Sí –dijo él secamente, y dio la vuelta al coche en dirección a la casa Carrisbeck.
Seguramente Sasuke no esperaba que ella fuera, pensó con amargura. Sabiendo lo que sentía por él, consciente de sus propios sentimientos hacia ella, no pretendería someterla a tal castigo.
El coche entró en la propiedad y se detuvo frente a la puerta principal. Kim San se adelantó y Sakura la siguió, sintiéndose como una intrusa. Como una vez había deseado odiar a Flor, ahora deseaba lo mismo con respecto a Kim San, pero era imposible. Afortunadamente, ésta parecía no tener ninguna sospecha de la verdad mientras preparaba y servía el café en el salón.
Kim San se disculpó por que la casa estuviera tan vacía.
-Fue mejor que Sasuke no me advirtiera antes de cómo sería –dijo haciendo una mueca graciosa-. Yo creo que no habría venido hasta que hubiera terminado nuestro apartamento. ¿Usted no lo ha visto, Sakura? ¿Puedo llamarla así? Creo que quedará muy bien cuando lleguen los muebles la semana próxima.
Sakura trató desesperadamente de pensar en una excusa para no tener que ver el apartamento, pero no se le ocurría nada y Kim San ya estaba señalando el camino, encantada de tener una invitada a quien mostrarle sus futuros dominios.
Tuvo que admitir que la transformación de los establos era una magnífica idea. El área principal estaba hecha de suelos de parqué y casi toda una pared había sido derribada para crear una gran ventana con vista panorámica hacia el valle. Lo peor fue cuando tuvo que subir por la escalera en forma de espiral para llegar a la antigua buhardilla convertida en alcoba y baño, adaptados milagrosamente al espacio disponible. Sintió una agonía al mirar el mayor de los dos cuartos, a sabiendas de que Sasuke dormiría allí con Kim San.
-Está muy pálida, Sakura –su acompañante la miraba con curiosidad-. ¿Se siente bien?
-Sí –Sakura se aflojó el último botón de su blusa-. Hace mucho calor aquí, eso es todo.
Kim San pareció inmediatamente preocupada, y la siguió para salir al aire fresco. Sakura agradecía que Sasuke no las hubiera acompañado, pues de haber sido así, temía haberse delatado.
Cuando regresaron a la casa, Flor estaba en el salón practicando Noche de Paz.
-La niña canta muy bien –comentó Sakura.
-Sí –convino Kim San-. Pero es aún pronto para saber si su voz se desarrollará o si es un talento prematuro. Por muchas razones, espero que sea lo último.
-¿Usted no quiere que sea cantante?
-Yo quiero que sea feliz –dijo sencillamente-. Quizás pienso mucho en mi propia experiencia. Todo lo que siempre quise hacer fue cantar. Nunca deseé nada más
-¿Pero ya no lo siente así? –preguntó Sakura
Kim San negó con la cabeza.
-Ahora deseo formar un hogar para mi hija y para mi marido. Hace muchos años pude hacerlo, pero no lo hice. Yo quería que él me siguiera en mi carrera, y cuando lo rechazó, nos peleamos y lo aparté de mi vida. Luego supe que esperaba un hijo y me disgusté. Le exigí que volviera a mí y que hiciera lo que yo deseaba, pero de nuevo se negó diciendo que yo tenía que venir a su lado.
-Y así lo ha hecho –dijo Sakura, tratando de sonreír.
-Sí –aceptó Kim-. Pero ¡Cuantos años hemos perdido! Y ni siquiera ahora estamos unidos todavía. Ambos hemos cambiado, lo sé, pero quizás ahora seamos más maduros, y yo sé que tenemos que correr este riesgo para construir nuestras vidas juntas.
-¿No añora su carrera?
-No –dijo tranquilamente-. Tengo otra ahora.
Luego acompañó a Sakura hasta la puerta, diciéndole que estaba deseosa de verla de nuevo en la fiesta de Navidad. Obviamente no tenía ninguna idea de que ella dejaría la escuela. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, pensó Sakura, le habría gustado tener a Kim San como amiga.
Salió de la casa e hizo una pausa al llegar a la verja. Creyó escuchar el ruido de un motor y vio la larga silueta del coche de Sasuke. Se hizo a un lado para dejarlo pasar, pero él se detuvo junto a ella.
-Entra –le dijo cortésmente-. Te llevaré de regreso al pueblo, o a donde quieras ir.
-No –contestó ella-. Prefiero ir andando.
-No mientas –le dijo, lanzándole una mirada irónica-. Lo que en realidad estás tratando de decir es que no quieres ir conmigo.
-Si lo sabes, no sé por qué insistes –replicó ella en voz baja.
-Francamente, tampoco yo lo sé –dijo fieramente-. Debo de tener un serio problema de masoquismo. De todas maneras, no estoy preparado para discutir contigo. Entra, Sakura, antes de que te obligue.
Ella titubeó. Apretando los labios, dio la vuelta al coche y subió en silencio. Se sentó con los hombros ligeramente encorvados, tan lejos de él como le fue posible.
-Relájate –le aconsejó Sasuke-. No tendrás que soportar mi compañía durante mucho tiempo.
-No me pones las cosas muy fáciles.
-¿Alguna vez nos hemos simplificado la vida tú y yo? –le preguntó fríamente.
-No –se humedeció los labios-. Y no puedo decir que no me lo hayan advertido. Cuando quisiste que viniera contigo, tú me lo anunciaste.
-¿Cómo lo supiste?
-Mi madre me lo dijo. Ella me dio tu carta, sólo que siete años después.
-Y siete años demasiado tarde –dijo él, sin alterarse-. No te preocupes, Sakura. Guárdala con los demás recuerdos que tengas. Estoy seguro de que tendrás algunos como los tengo yo. ¿Te gustaría ver uno?
Frenó y detuvo el coche a un lado del camino. De su bolsillo sacó un pequeño bultito envuelto en un papel fino y lo puso en su regazo.
-¿Recuerdas esto?
Dudando, ella abrió el papel y quedó sin habla. Estaba viendo una pequeña rosa blanca artificial, el tipo de adorno que una jovencita se pondría para sujetarse el cabello para ir a una fiesta, una fiesta especial.
-Está un poco arrugada y amarillenta –continuó Sasuke con voz indiferente-. Pero es porque ha viajado a lugares muy extraños y lejanos
-Me di cuenta de que la había perdido aquella noche –susurró Sakura
-Bueno, ahora ya lo sabes –dijo él bruscamente-, ¿tienes algo que decir?
-¿Qué puedo decir? –ella movió la cabeza, impotente, sus ojos cegados por un mar de lágrimas-. ¿Qué podría cambiar esto? –respiró profundamente-. Dios mío, ¡que cruel eres!
-Eso suena extraño viniendo de ti –volvió a poner en marcha el coche y Sakura comenzó a envolver de nuevo la flor.
-¿Qué estás haciendo?
-Te la estoy devolviendo –dijo casi imperceptiblemente:
-Eso no es muy apropiado dadas las circunstancias –dijo con sequedad-. Guárdala, dulce hechicera, o tírala, como desees.
-¿No te importa? –le preguntó infantilmente.
-¿Qué tiene que ver eso con que me importe? Como tú me recordaste claramente el otro día, ya no tengo ningún derecho a que me importe. Por lo tanto, estoy liquidando mis antiguos recuerdos.
Ella se guardó la rosa en su bolso con dedos temblorosos. La ironía de la situación era más de lo que podía soportar. Sólo hacía unos días se había enterado de que Sasuke la había amado durante todos aquellos años, lo suficiente como para haberse casado con ella y llevársela con él a pesar de las presiones de su familia. Con razón estaba amargado. Al no recibir contestación a su carta, se debió de haber convencido de que ella sólo había llevado a cabo un juego tonto e infantil, pretendiendo que le amaba.
Y a pesar de ello, había guardado su rosa, la tenía junto a sí como un recuerdo. Pero ahora, cuando deberían estar unidos, estaban más lejos que nunca. Kim San y Flor eran una realidad, y merecían ser felices. Además, si no hubiera sido por la insistencia de Kim San de continuar con su carrera, probablemente se habrían casado mucho antes. Ojalá hubiera sido así, para que por lo menos se hubiera ahorrado el dolor que ahora sentía. Pero él pertenecía a Kim San, tan seguro como si se hubiera celebrado ya la ceremonia legal, pensó y tuvo que reprimir el deseo de arrojarse a sus brazos.
-¿Me podrías dejar aquí, por favor? Tengo que hacer algo todavía.
-Como quieras –dijo él, indiferente.
Sakura esperó en el puente hasta que se alejó el coche. Sentía como si hubiera dejado escapar para siempre toda la ilusión y el anhelo de su juventud.
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Al acercarse la noche del concierto de la escuela y de la fiesta de Navidad, Sakura se sentía cada vez más nerviosa. No tenía ninguna razón lógica para ello. Los ensayos estaban saliendo bien, y la confianza de Flor en sí misma crecía cada día. Además, había logrado ignorar la actitud taciturna de Hanabi Shimizu.
Sentía pena por Hanabi. Era una niña malcriada, y obviamente parecía que la habían convencido de que forzarían a Sakura a cambiar de idea y devolverle el papel en la obra cuando se enterara de lo que hablaban de ella. Inevitablemente había corrido el rumor de que ella se iba, y muchos de los niños la miraban suspirando con tristeza. Además, tenía que pretender que no sabía que tanto los niños como los maestros estaban haciendo una colecta para comprarle un regalo de despedida.
Una vez se sentó al final de la clase para escuchar a un grupo de niños mayores cantando villancicos, y sintió un nudo en la garganta al pensar que la próxima Navidad estaría a muchos kilómetros de distancia. Sonreía para sí misma, tristemente, pensando que sus emociones eran las responsables de aquel sentimentalismo. Si era inteligente, no se llevaría nada de Carrisford, ni recuerdos, ni penas, ni deseos frustados. Tenía que vivir al día, tratando de no mirar hacia atrás. Ya había pasado demasiado tiempo de su vida meditando sobre el pasado.
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La obra y el concierto estaban programados para aquella noche, y siempre hacían ensayo final la misma tarde con todos los participantes ya vestidos. La obra era siempre el clímax de la velada, seguida por la canción religiosa de Vamos, pastores cantada por todos los presentes.
Los niños se estaban vistiendo en un gran salón cerca del pasillo. Todos los disfraces estaban colocados cuidadosamente sobre los pupitres mientras que a sus dueños se les ponía una capa de maquillaje. Sakura estaba terminando de hacer una artística barba a uno de los Reyes Magos, cuando sintió que alguien le tocaba un brazo. Se dio la vuelta y vio a Flor muy solemne con sus ojos muy abiertos y vestida con ropa interior floreada.
-Será mejor que te vistas –le aconsejó-. Ya no queda mucho tiempo.
-Venga por favor, señorita –había una nota de urgencia en la voz de Flor.
Sakura abandonó a un indignado pastor que esperaba se le añadieran sesenta años de edad con la ayuda del maquillaje y fue a ver lo que quería Flor. La razón era evidente. El traje azul pálido que debía ponerse la virgen María estaba colgado cuidadosamente sobre una silla, pero lleno de pintura y de pegamento.
Los labios de Sakura se abrieron de asombro ante lo que veía. El pequeño vestido estaba completamente arruinado. Mordiéndose el labio, levantó el vestido y lo estudió para ver si quedaba suficiente tela que no estuviera dañada para hacerle un rápido arreglo, pero no quedaba ninguna. Sintió ira, pero tenía que esconderla. Le sonrió a Flor con entusiasmo.
-Bueno, creo que tendrás que ponerte ese lindo vestido que traías puesto y pensaremos en lo que haremos para esta noche. A los niños no les importará.
Flor asintió solemnemente, pero era evidente que estaba a punto de llorar.
Sakura no se molestó en mirar a Hanabi Shimizu. Sabía que habría culpabilidad y triunfo en su cara, pero no tenía ninguna prueba contra ella. Sospechaba que la idea la debía haber puesto en su cabeza una persona mayor.
-Terminad de vestiros, niños –ordenó suavemente-. Regresaré en un momento y espero encontraros listos a todos. No, Udon, no he olvidado tus arrugas y bigotes, te los haré en cuanto regrese.
Ino estaba en su oficina y le señaló el teléfono cuando Sakura le dijo que necesitaba urgentemente llamar a la casa Carrisbeck.
Kim San contestó, y Sakura le explicó en pocas palabras lo ocurrido, aunque trató cuidadosamente de dar a entender que había sido accidental. Kim San la escuchó tranquila. Dijo que encontraría tela azul para hacer otro vestido para la actuación de la noche. Lo llevaría consigo, añadió para asegurarse de que no hubiera más accidentes.
Sakura colgó el teléfono intranquila, pensando que Kim San entendía más de lo que daba a entender y esperaba que no hubieran llegado a sus oídos los chismes que se habían suscitado últimamente en el pueblo.
Ino había estado escuchando la conversación con los labios apretados y ojos coléricos.
-¿Un accidente, eh? –dijo mientras Sakura daba la vuelta para regresar junto a los niños-. Por casualidad alguien estaba utilizando pintura y pegamento en el cuarto donde los niños se vestían. No bromees, Sakura.
-¿Qué otra cosa podría decir?
-¿Qué me dices de Hanabi Shimizu?
-¿Estás enterada también tú?
-Oh, he oído algo –dijo Uno-. Pero yo creo la mitad de lo que veo y nada de lo que oigo. Y el tipo de comentarios que han estado vertiendo sobre ti son difamatorios. ¿Tú no te sientes molesta?
Sakura hizo una pausa, ya junto a la puerta.
-Un poco –admitió con pesar-. Pero puedo soportarlo. Es este ataque a Flor lo que me apena.
-¿Tú crees que va a afectarla?
-Sólo el tiempo lo dirá –Sakura miró su reloj-. Hablando de ello, dentro de pocos minutos estarán los niños en el escenario. Tengo que correr para hacerle arrugas a Udon.
No se podría decir que Flor brillaba aquella tarde. Obviamente era consciente de ser la única que no estaba disfrazada en el escenario y perdió un poco la seguridad en sí misma, con el resultado de que estuvo un poco desentonada.
Desde un lado del escenario Sakura vio a Temari intercambiar una sonrisa irónica con Amayo Tsuki, que daba clases también en la escuela. Si Flor fallaba aquella noche, los espectadores comenzarían a pensar que había una base para los rumores después de todo, y que ella no había escogido a la niña oriental porque fuera la mejor.
Sakura no demostró nada de eso ni a Flor ni a los demás niños. Simplemente los alabó a todos, y les advirtió que lo hicieran igual de bien a la noche, y que recordaran que ni los pastores ni los Reyes Magos deberían saludar desde el escenario a los familiares que estuvieran en el público, por mucha tentación que tuvieran.
Sakura se quedó atrás un rato ayudando a colocar el resto de las sillas que se necesitarían, y luego caminó lentamente hasta su casa para tomar el té. Aquella noche, pensaba, sería una prueba muy dura, ya que había rumores de que anunciarían su despedida después del concierto para que los padres también pudieran expresar su aprecio hacia ella. Se puso un vestido nuevo que se había comprado para las fiestas; era de lana de color champán, con cuello alto redondo y mangas largas. Luego se maquilló con mucho esmero.
El pasillo ya estaba casi lleno cuando llegó a la escuela. Se dirigió al aula y encontró a los niños arreglándose pero no con la misma alegría de la tarde. Todos parecían sufrir el miedo al escenario, algunos en mayor grado que otros, y hasta Hanabi Shimizu estaba pálida y callada.
Sakura notó con un poco de nerviosismo que Flor no estaba entre los presentes. Se angustió al pensar que quizás la niña se hubiera decepcionado tanto con sus fallos de la tarde que hubiera decidido no aparecer por la noche. Pero en aquel momento, la figura elegante de Kim San apareció en la puerta, llevando a Flor de la mano. En el poco tiempo que había tenido, Kim San había logrado milagros. El vestido azul era perfecto, sencillo, con cuello redondo y largas mangas amplias, con una cuerda dorada para atarlo a la cintura.
Kim San sonrió al ver la expresión de admiración de Sakura.
-Cuando hay una emergencia, una tiene que improvisar –fue su único comentario.
Luego miró a los niños.
-¿Quién de vosotros es Hanabi Shimizu? –preguntó
Hubo una larga pausa, y luego Hanabi dio un paso adelante.
-Así que tú eres Hanabi –Kim San la estudió durante un momento y luego sonrío-. ¡Qué bonita eres! Y además cantas bien, según me dice Flor. Yo canto también, y si tú lo deseas puedo darte algunas lecciones cuando haya pasado la Navidad.
Hanabi estaba asombrada. Kim San le brindó otra sonrisa enigmática, guiño un ojo a Sakura y se fue.
Poco después comenzó el concierto. Desde el momento que Gaara, que hacía el papel de un soldado romano, abrió su pergamino y leyó que iban a gravar con impuestos a todo el mundo, mensaje recibido con diversión por parte del público, Sakura supo que la obra iba a ser un éxito.
El nerviosismo de los niños poco a poco se calmó y se entregaron a la obra. Desde la inocencia de los pastores hasta la majestuosidad de los Reyes Magos, con sus esclavos negros cargando los juguetes del Niño, todo encantó al público.
Y cuando llegó el momento en el que Flor, sorprendentemente serena como una figura exquisita de porcelana, se arrodilló en el pesebre y cantó un solo, hubo muchos adultos entre el público que buscaron sus pañuelos.
Hasta la misma Sakura sintió las lágrimas formarse en sus ojos mientras escuchaba. La niña tenía talento, que podía desarrollarse y crecer si se dirigía inteligentemente, y sabía que Kim San tenía esa inteligencia. Sakura la vio sentada inclinada hacia adelante, con sus ojos oscuros almendrados fijos en la figura de su hija arrodillada. Automáticamente, miró a su lado, buscando a Sasuke, pero él no estaba allí.
Era difícil creer que no fuera al concierto de la escuela cuando su propia hija tenía el papel principal. Miró hacia atrás, donde había algunos hombres de pie en el pasillo, para ver si estaba entre ellos, pero no vio su alta figura. Se sintió decepcionada. Ella había esperado complacerle aquella noche presentándole a Flor en su mejor momento.
Después, cuando se terminó el último cuadro y el telón cayó entre aplausos tumultuosos, Flor llegó con los ojos llenos de alegría.
-Oh, señorita Haruno. ¿Lo ha visto usted? Mi padre estaba aquí, sentado con mi madre.
Sakura movió la cabeza compasivamente.
-No lo creo querida –dijo rápidamente-. Yo creo que algo debe de haberle retenido.
-No –Flor la miró extrañada-. Él estaba aquí, yo le he visto. Pero no le saludé, señorita Haruno, porque usted dijo que no lo debíamos de hacer.
-Bueno, hiciste lo correcto, claro –dijo a la niña-. Ahora, todos al escenario para cantar el villancico final.
Cuando se terminó el canto de Vamos, pastores la señora Terumi se adelantó al frente del escenario. Sonriendo, agradeció al público su atención, y su esfuerzo a los niños y maestros que habían participado en la representación. Luego hizo una pausa.
-Muchos de ustedes sentirán –dijo-, que la señorita Haruno, la persona que acaba de presentar la obra esta noche con los niños de primaria, nos deje al terminar este semestre. De parte de ustedes, quisiera entregarle este maletín de viaje y este pequeño reloj que los niños han escogido para ella.
Los ojos de Sakura estaban húmedos cuando subió al escenario y escuchó los aplausos. Si se había murmurado, si los creadores del escándalo estaban sentados allí aquella noche, ahora todo estaba olvidado con la ola de calor, interés y afecto que Sakura sintió. Aceptó los regalos, dijo algunas palabras torpes de agradecimiento y bajó del escenario.
Muchos padres se le acercaron antes de que saliera y le expresaron sus sentimientos por su partida. Les sonrió, les dio las gracias y admitió que también iba a echar de menos Carrisford y la escuela. Ya se iba cuando Kim San se le acercó.
-¿Qué es esto, Sakura? Usted no me había dicho que se iba. Siento mucho saberlo. ¡Flor la estima tanto!
-Y yo la estimo también –Sakura se esforzó en sonreír-. Pero es un error quedarse en un lugar demasiado tiempo. Uno se arriesga a entumecerse. Es hora de seguir adelante.
-Usted habla como Sasuke –observó Kim San-. Nada les convence para quedarse. Es tan impaciente… yo le pedí que se quedara con nosotras para Navidad, pero no quiere.
Sakura la miró fijamente.
-¡Pero es su primera Navidad juntos!
-Eso es lo que él dice. Piensa que es un intruso, pero yo le pregunto cómo piensa eso si él es nuestro mejor amigo.
Sakura comenzó a sentirse confundida. Era muy raro referirse de aquella manera al hombre con quien estaba a punto de casarse, aunque el matrimonio no fuera una unión por amor.
-Pero él debe comprender lo que significa para Flor tenerlo aquí –Kim San sonrió tristemente.
-Sasuke sabe muy bien que él ya no es el foco de su afecto. Desde que vino su padre, le ha suplantado.
-¿Su… padre? –Sakura no sabía cómo había logrado pronunciar aquellas palabras.
Kim San la miró con curiosidad.
-Pues sí. ¿Usted no sabía que él había venido? Está con nosotros desde ayer. Venga, tiene que conocerlo.
Tomó la mano de Sakura y la llevó hasta donde se encontraba un hombre alto de pelo claro.
-Philip, ésta es Sakura Haruno, la profesora de Flor.
Sakura miró aturdida la cara bronceada, de mentón fuerte y ojos marrones. El hombre estrechó su mano con firmeza.
-He oído hablar mucho de usted, señorita Haruno. Siento como si ya nos conociéramos.
-Por parte de Flor, supongo –Sakura luchaba por mantener la compostura mientras todo parecía darle vueltas. ¡Sasuke era el padre de Flor, no ese otro individuo!
Él le sonrió.
-No sólo Flor me ha hablado de usted. Debo decirle que soy amigo de Sasuke desde hace más de diez años. Comenzamos a trabajar juntos en el mismo periódico ¿Está usted bien? Está muy pálida.
-Sí, sí, estoy bien –dijo Sakura mecánicamente. Sus ojos buscaron los de Kim San, quien parecía comprenderla. Sakura humedeció sus labios-. Ustedes verán, yo pensé… yo no sabía…-se detuvo torpemente, y Kim San le sonrió.
-¿Usted pensaba que era con Sasuke con quien me iba a casar? –preguntó con un tono suave de incredulidad, y Sakura asintió.
Kim San movió la cabeza.
-Eso lo explica todo –dijo pensativamente-. Pero lo único que ha sido Sasuke para mí es un buen amigo. Philip y yo habríamos seguido separados para siempre de no haber sido por él. Cuando decidió hacer las reformas en la casa de su familia, de inmediato pensó en Philip para que se ocupara del negocio. Hace tres años Philip dejó el periódico para trabajar como asistente en un lugar parecido, en Escocia. Pero allí no había sitio para mí. Ahora, gracias a Sasuke, tenemos un hogar, un trabajo y una oportunidad de ser felices.
-Pero Sasuke dejó que todos pensaran… -comenzó Sakura anonadada e hizo una pausa.
-Lo que la gente deseara pensar –terminó Philip por ella-. Es una arrogancia muy suya. Pero creo que lo habría explicado si alguien que él estimaba se lo hubiera preguntado.
La cara de Sakura estaba encendida. Kim San le puso una mano sobre el brazo.
-Quizás Sasuke también necesite una explicación –dijo Philip-. Pero no queda mucho tiempo. Ahora está en la casa haciendo las maletas –Philip sacó un juego de llaves y miró a Sakura-. ¿Sabe conducir? –ante su afirmación casi imperceptible, él se las entregó-. Es una camioneta azul estacionada frente a la entrada de la escuela. Nosotros volveremos paseando.
Sakura encontró el vehículo sin ninguna difilcutad y abrió la puerta. Se sentó durante un momento, tratando de calmarse. Luego, con cuidado, encendió el motor y salió del aparcamiento.
El coche de Sasuke no estaba aparcado frente a la casa, y todo se veía oscuro. Sakura pensó sobresaltada si él se habría ido. Y al mismo tiempo, se dijo: lo seguiré a donde sea.
Salió de la camioneta y corrió por la escalera. Empujó la puerta, que se abrió con un ligero ruido. Su corazón se exaltó ligeramente. Seguro que no se habría ido dejando la casa abierta.
Corrió por los pasillos oscuros como un fantasma. El instinto la había guiado una vez antes. Dejaría que la guiara de nuevo… y el instinto la llevó a la antigua alcoba de Sasuke, la que ahora ocupaba Flor.
Estaba oscura, pero podía distinguirse la silueta borrosa de una alta figura junto a la ventana, y el brillo de un cigarrillo.
Sakura se detuvo en la puerta.
-Sasuke –dijo un poco insegura.
Él se dio la vuelta con expresión de sorpresa. El cuarto de repente se encontró en completo silencio, como si ambos hubieran cesado de respirar.
-¿Qué haces aquí, Sakura? – le preguntó por fin-. No hay nada para ti en esta casa.
-No vine a tomar nada –dijo firmemente-. He venido para dar, si tú me dejas.
-Ahórrate el regalo –dijo bruscamente-. Ahórralo para el hombre con quien te cases, te lo dije ya antes. Shimura todavía sufre por ti, lo sabes. Sólo tienes que levantar un dedito para tenerlo de nuevo.
-El regalo es para ti, Sasuke –le dijo-. Si me rechazas, entonces se quedará para siempre sin destinatario. Nada de mí pertenece a Sai, ni siquiera mi dedito.
Ella trató de reír, pero terminó sollozando. Le oyó pronunciar su nombre con un suspiro, y luego toda la oscuridad desapareció cuando sus brazos la encontraron y se sintió envuelta en ellos
Su boca tomó la de ella con tal anhelo que parecía haber encontrado el paraíso en sus labios. El tacto de sus manos, la presión de su cuerpo contra el de ella, expresaban una exigencia a la que Sakura contestaba con un abandono completo y feliz.
-¡Oh, Sakura! Mi dulce hechicera –murmuró él por fin. Yo pensé que te conformarías con una vida más segura en la segunda oportunidad que tuviste. Tu madre estaba convencida de que amabas a Sai. Ella me dijo que si yo sentía algo por ti, debía alejarme de tu vida para devolverte la paz. Yo no quise creerla, pero luego te vi tan molesta cuando llegué con otra mujer…
-Eso no me molestó –protestó ella apretando la mejilla contra su pecho y sintiendo el calor de su piel-. Acababa de descubrir que todo el mundo sabía lo de la noche que nos quedamos en el motel. Una de las hijas de los Shimizu trabajaba allí y nos vio. La gente decía que le había dado el papel principal a Flor porque yo era tu amante y quería complacerte.
-Entiendo –dijo secamente-. Supongo que debí explicar mejor cuál era la situación cuando traje a Flor aquí, pero en realidad sentí que era asunto de Philip y Kim San y no mío. Yo vine a Carrisford con Flor para finalizar los negocios de la casa y darles una oportunidad a esos dos de resolver sus problemas. Tenían un enredo tras otro, pero siempre pensé que si tenían la oportunidad de estar solos sin ninguna presión, serían felices. Y yo estaba en situación de ofrecerles mi ayuda, transformando Carrisbeck y dándole a Philip la oportunidad de administrar el establecimiento.
-¿Tú no querías vivir aquí? –ella siguió la forma de su boca con el dedo índice.
-No. mis recuerdos de la casa son demasiado amargos. Es mejor que se utilice para algo más útil. Creo que mi tío sentía lo mismo –hizo una pausa-. Nosotros arreglamos nuestras diferencias antes de que él muriera. Él no alteró su testamento, pero hizo otro dejándome suficiente dinero para comprar la casa cuando estuviera en venta. Por eso pude actuar tan rápidamente.
-Pero no necesitabas hacerlo tú –dijo ella-. Si los recuerdos eran tan infelices, pudiste enviar a un agente.
-Yo regresé por ti, Sakura –dijo abruptamente-. Estaba tan herido y amargado porque no contestaste mi carta hace tantos años, pero por mucho que lo intenté, no logré olvidarte. Habías sido mi tormento por mucho tiempo, así que decidí hacerte sufrir un poquito. Pensé que tu conciencia te habría molestado durante todos estos años por lo que había sucedido, y me decía que tú habías sido la culpable –suspiró-. Pero cuando te vi de nuevo, ya no fue tan sencillo. Vi el escudo que habías construido a tu alrededor y tenía que descubrir si la verdadera Sakura estaba aún dentro. Desde el momento que te besé, supe que así era, y también supe que tenía que conseguirte –la besó largamente-. Me dije que era imposible que pudieras querer a Shimura cuando reaccionabas como lo hacías conmigo.
-Yo pensé que ibas a casarte con Kim San –le dijo cándidamente.
-Siguiendo, supongo yo, la convicción de todos, de que yo era el padre de Flor –él rió un poco-. Yo nunca dije que no lo fuera. Pero supuse que todos, incluyendo a la directora de la escuela, estaban llegando a esas conclusiones por los pocos detalles que di.
-Pero pudiste decirme…
Él la besó de nuevo.
-Nunca me lo preguntaste, mi amor, o lo habría hecho. Y cuando pensé que era a Sai a quien querías, me dije que no me habías preguntado porque no te importaba.
-A mí sí me importaba –susurró entre sus labios-. ¡Oh, Dios! ¡Y cuánto! Yo pedí mi renuncia en la escuela porque no podía soportar vivir en el mismo pueblo que tú, sabiendo que estarías casado con otra.
-Mis sentimientos eran prácticamente idénticos. ¡Qué par de tontos hemos sido! –la abrazó con fuerza-. Pero todo eso terminó no tenemos que sufrir más, ninguno de los dos. ¿No te das cuenta, cariño, de que ambos somos libres para ir a donde queramos, juntos?
-Como si los últimos siete años no hubieran pasado –susurró ella-. Sasuke ¿adónde iremos?
-A donde me lleve mi trabajo –dijo simplemente-. Nada ha cambiado. Será la misma vida en hoteles, viviendo con las maletas listas, que te había ofrecido antes. Pero esta vez prometo que tendremos un hogar permanente, para criar a nuestros hijos. Aunque todavía no. Quiero tenerte para mí solo durante algún tiempo.
Inclinó la cabeza y sus labios se encontraron con los de ella en un beso apasionado que borró todas las amarguras del pasado. Mientras se estrechaban el uno contra el otro, en la distancia se oyó una voz infantil que comenzaba a cantar Noche de paz, un sonido puro, de una dulzura casi irreal, que flotaba hacia ellos en el aire tranquilo de la noche invernal.
Sasuke levantó la cabeza.
-Flor –dijo con alegría en su voz-. Es una manera my discreta de avisarnos que ya no estamos solo. ¿Quieres que bajemos para contarles….?
La besó de nuevo y, agarrados de la mano, salieron juntos de la casa.
Al fin acabé u.u que lindo no? la verdad a mi encantó mucho el libro que me lo volví a leer pero imaginandomelo con esta pareja... y eso que no me gusta leer los libros 2 veces
Bien... ahora no les debo nada xD ya saben que pasó y ya cumplí mi mision asignada por el hokage hahaha ok no .-.
Hasta luego... hasta que me anime a subir otra historia y gracias por los reviews y por todos los que lo leyeron
