CAPITULO 3. — IMPULSOS
Sebastián bebió de la copa, no gustaba del Martini pero tal bebida parecía estar de moda entre las señoritas y jóvenes de esa época, por momentos su sabor le parecía demasiado ácido, se mantuvo entretenido con la pequeña aceituna que bailaba dentro del recipiente; le sonrió a un par de mujeres que le coqueteaban desde cierta distancia, eran hermosas y al parecer estaban sanas.
Observó su rostro en el espejo que decoraba gran parte de la pared: cabellos negros, rostro afilado y ojos rojos…suponía en ocasiones que su mayor encanto residía dentro de estos, prueba palpable de su estado demoniaco y una característica única incluso entre los de su "raza", en la mayoría de los casos sólo se tornaban rojos bajo determinadas circunstancias de gran emoción, enfado o excitación…sus pupilas en cambio tenían siempre este color.
—Hola guapo—le dijo una mujer sentándose a su lado.
—Buenas noches señorita—tomó su mano y la beso en un gesto de pura galantería pasado de moda, capaz de enloquecer a cualquier dama
—¿Cómo te llamas?
—Eso no es importante, sino… ¿Cómo te llamas tú?
La observó fijamente, la chica pareció perderse en la inmensidad de esos orbes carmesí y sintió la necesidad de entregarse en cuerpo y alma a ese hombre, podía pedirle lo que fuera porque ella lo haría sin dudarlo, él lo era todo.
—Soy Melina—contestó mecánicamente.
Sebastián sonrió, mordió el lóbulo de su oreja y le susurró seductoramente al oído.
—Bien, Melina…se una chica buena, sal de aquí, toma un baño y olvida todo lo que viste u oíste.
La chica se puso de pie y salió del bar, atenta a escuchar cualquier palabra u orden que el otro profiriera.
Sebastián permaneció sentado, disfrutando del jazz improvisado que tocaba el grupo invitado, no era su género predilecto, pero cualquier cosa mientras estuviera fuera de esa "blanca prisión" le satisfacía en esos momentos, lo vigilaban, no le importó ya que ellos también formaban parte de sus planes, todo era cuestión de tiempo; él les ofrecería una libertad que ansiaban más que ninguna otra cosa.
Otra dama se le acerco, sinceramente estaba cansado de que la misma escena se repitiera una y otra vez, como si estuviera viendo una mala película en diferentes versiones donde lo único que variaban eran los actores en escena; dio por terminada esa noche y tomando a la mujer de la mano salió del bar.
No era especialmente hermosa, una piel nítida y blanca libre de impurezas, una torneada figura donde sobresalían algunos kilos extras, el cabello extremadamente delgado y grasoso, en pocas palabras no tenía nada que la hiciera especial o digna de su atención; pero había sido la elegida, cosa del destino, casualidad o azar…¿Acaso importaba?
La llevó hasta un parque cercano, ni siquiera necesito hacer uso de sus encantos demoniacos, la mujer demasiado ebria gracias al alcohol consumido durante esa noche y encaprichada con el atractivo de ese elegante caballero le siguió por su propia voluntad.
—Las estrellas son hermosas—exclamó acariciando su cabello e invitándola a sentarse sobre una banca.
El parque desolado carente de la vida propia del día presentaba un aspecto desértico, oscuro y tenebroso, digno de cualquier película de terror; los murciélagos sustituían a las palomas danzando sobre sus cabezas.
—Recuéstate, por favor—le pidió gentilmente arrodillándose a su lado, la chica obedeció, empezó a esparcir besos sobre sus brazos, subió por su pecho hasta llegar a su cuello, olía bien…había usado un perfume de rosas y la fragancia le pareció agradable y permitiéndole un último orgasmo manifiesto de los múltiples besos que le había dado clavó sus colmillos en el largo cuello, la sangre entro dentro de su sistema…deliciosa.
Observó su vida y lo confirmo, sólo se trataba de una chica común, en el lugar y tiempo equivocado…tenía amigos, una madre que le amaba y un padre que le golpeaba, ningún logro que valiera la pena ser recordado, succionó un poco más y finalmente se detuvo, no valía la pena continuar…Sujeto su cabeza fuertemente, aún respiraba y sus profundos jadeos eran la prueba palpable, él conocía una parte de ella y ella de él…no la necesitaba más…
El cuello crujió tras ser quebrado, deposito el cadáver sobre la banca, alguien vendría a recogerlo antes de que amaneciera y la mujer de la que ahora conocía su nombre –Raquel— se uniría a la larga lista de personas que desaparecían todos los días y jamás eran encontradas, algunas víctimas de asesinos despiadados, terribles accidentes o presas de criaturas de la noche como él.
Acomodó su ropa antes de marcharse, limpió con un pañuelo los rastros que siempre le escurrían por los labios sin importar que tan cuidadoso fuera y se encamino fuera del parque.
Un auto le esperaba, subió a él…sólo una noche, había trabajado sin descanso como niñera de un niño caprichoso durante meses y sólo le permitían una noche de libertad, estaba lejos de estar satisfecho, pero eso no importaba realmente…no, para conseguir las cosas que realmente quería tendría que esperar y trabajar mucho más.
—La primera vez que vi a Ciel fue hace tiempo, creo que nos dijeron que teníamos cinco años, no estoy seguro, él estaba llorando—Alois comenzó su relato, se recostó sobre la cama y le dio la espalda a Claude—incluso él estaba llorando, sus lágrimas eran demasiado finas y transparentes para que alguien las viera, un llanto silencioso, nadie lo escuchaba…
La habitación era fría, Alois temblaba, se abrazo a si mismo en un intento de darse calor, estaba asustado y la oscuridad lo rodeaba, tenía miedo…
La inmensa puerta de madera se abrió, se puso de pie con la esperanza de que le permitieran salir, pero en cambio arrojaron a otro niño dentro del pequeño cuarto, la habitación iluminada por unos breves segundos se hundió otra vez en las más terrible oscuridad, volvió a llorar…
La noción del tiempo se perdía dentro del reducido espacio, pero no había transcurrido mucho tiempo antes de que Alois sintiera como alguien le tomaba de los brazos y zarandeaba con fuerza…aterrado empujo al que le tocaba, escuchó como se golpeaba contra la pared consecuencia seguramente de su reacción.
—¡Ya deja de llorar de una buena vez!—objetó una vocecilla infantil un tanto más grave que la suya, su nuevo compañero de celda parecía enfadado—. No lograrás nada llorando—explicó en un tono más suave—no cambiará nada, lo único que conseguirás es que estemos más tiempo encerrados.
Escuchó el suave deslizar de unos pequeños pies recorriendo la habitación, los mismos frágiles y delgados brazos que segundos atrás le habían sujetado sostuvieron sus manos.
—No conseguirás nada llorando—repitió en un tono más comprensible la misma voz.
En un acto instintivo se abrazó al cuerpo de su interlocutor aún cuando desconocía su identidad, hizo caso omiso a los gritos y reclamos del otro exigiéndole que lo soltará, se alegró cuando su compañero desistió de su intento de alejarlo, se echó sobre el suelo y arrastro al otro niño con él…lo abrazaba con fuerza, demasiada, no le importaba si lo lastimaba, quería tenerlo consigo, por siempre. Él otro se limitaba a permanecer estático, sin negarse o responder al gesto.
De pronto las luces fueron encendidas, pestañearon repetidas veces antes de acostumbrarse a la claridad, Alois observó el rostro del otro niño, las lágrimas escurrían por sus mejillas, su rostro apático denotaba tal tristeza que por un instante se olvido de la suya.
—¿Cómo te llamas?—preguntó volviendo a abrazarlo.
—Ciel Phanthomhive—contestó el menor con tal naturalidad e intensidad a la vez que parecía querer decirlo todo con esas palabras.
—Yo soy Alois—le sonrió y arrastrándolo hasta el suelo retomó el abrazo y por primera vez desde que le encerraron dentro de esa oscura habitación concilio el sueño.
—Yo lloró con facilidad, Ciel nunca llora…eso nos hace diferentes, pero también…—Alois interrumpió su relato, inclino los hombros un segundo como si estuviera pensando en algo demasiado profundo—. Yo necesito de Ciel, él no de mi… ¿Qué pasará cuando se de cuenta Claude?, ¿Qué pasará?—preguntó con desesperación mostrando su rostro contraído por la angustia a su Guardián.
—No lo sé…—contestó el adulto sin hallar las palabras correctas para tranquilizarlo—cuando el momento llegue conocerá las respuestas—concluyó envolviéndolo en las cobijas y acomodando sus almohadas.
—¿Por qué lo haces?—inquirió Alois destapándose por completo ante la mirada inquisitiva del adulto quién se limito a verlo con desdén sin afán de reprenderlo—. ¿Por qué eres amable conmigo? Ninguno de mis otras Guardianes lo ha sido, todos gritaban y decían cosas sobre mí…
—¿Qué cosas decían?—preguntó Claude formulando la pregunta mientras tendía de nuevo las sábanas sobre el cuerpo del menor.
—¡Decían cosas sobre mi, lo que realmente era…un mounstro, una abominación…que estaba sucio, maldito…que no tenía derecho a existir…!
—Lo hago porque es mi trabajo—confeso Claude terminando de arroparlo por segunda vez—. Mi trabajo es asegurarme de su bienestar físico y mental, nada más—. Hizo una breve pausa antes de despedirse como era apropiado—. Buenas noches.
—Buenas noches—respondió Alois observando como se alejaba, no le interesaba, él era igual a todos, se envolvió por completo entre las sábanas y miro fijamente el techo, odiaba dormir, seguramente esa noche tampoco visitaría el país de los sueños. Deseó que le permitieran pronto volver junto a Ciel, a su lado siempre dormía…
—Mentira…todo es una mentira—susurró para si mismo, cubriéndose con las cobijas por completo.
Ciel comía de su desayuno sin demasiado entusiasmo, al fin se había regularizado en sus clases y volvería a tomarlas junto a esos otros niños, aquellos que tanto le odiaban, pero que le eran indiferentes, no representaban una amenaza mayor que las hormigas qué recordaba haber visto en algunos jardines. Alois regresaría dentro de una semana, continuaba retrasado en el programa, al parecer por una cuestión meramente personal, era un chico inteligente, pero tenía pocas actitudes para el estudio.
Un grupo de chicos mayores en estatura y edad se acercaron a la mesa donde comía sin compañía, querían problemas, lo sabía y no le importaba.
—Ciel Phanthomhive esta sin su noviecita—se burlo uno de ellos acercando tanto su rostro que Ciel pudo oler su mal aliento, esquivó la mirada.
—Me preguntó que podrá hacer nuestro querido alumno estrella sin su guardaespaldas personal, quizás…
El grito del menor llamo la atención de los prefectos, junto al sonido de un arma siendo disparada, el arma volvió a accionarse.
—Con criaturas tan insignificantes como ustedes no necesito de Alois—explico Ciel con evidente desdén arrojando el arma a las manos de Sebastián quién se aproximo a la escena.
El adulto observo como le había disparado a dos niños con increíble precisión, al primero en la mano derecha y el segundo en la pierna izquierda, no había tocado ningún órgano vital, aunque la sangre manchaba el piso y parte de la silla y mesa, los trabajadores de limpieza se encargarían de ello más tarde, eso no le importaba realmente, sino ¿Cómo demonios había introducido un arma dentro del comedor?
—Si ustedes no fueran tan patéticos, nosotros no sobresaldríamos tanto—concluyó Ciel abandonando el comedor, algo terminantemente prohibido, Sebastián que debía vigilarle en todo momento le siguió por el pasillo, no había demasiados lugares donde podría ocultarse. Lo encontró de pie a unos metros del comedor.
—¿Qué fue eso?—inquirió devolviéndole el arma ante la sorpresa del menor, aún pesaba, así que debía contener las balas restantes.
—Un disparo…—respondió Ciel irritado por la obviedad de las respuestas a las preguntas que formulaba—. Técnicamente dos—corrigió escondiendo el arma entre sus bolsillos—. No me gusta pelear, pero sino lo hacía ahora continuarían incordiándome durante semanas. Ellos no son como Alois o yo, pero en mi condición incluso si peleará con el más débil y pequeño de ellos no tendría oportunidad. "Incluso el más puro diamante puede romperse si se golpea en la zona correcta con el instrumento idóneo"—la sonrisa dibujada en sus finos labios reflejaba una inmensa satisfacción—. ¿No es acaso cierto?—pregunto indicándole con la mirada que no necesitaba una respuesta.
—Es correcto y he de felicitarte, lograste burlarme—Sebastián aplaudió con ambas manos, había cometido un error imperdonable y le molestaba, pero admitirlo en voz alta sería igual a aceptar su derrota frente a un niño de trece años. Ajustó la camisa de Ciel que en su corta pero acelerada caminata había desacomodado—. ¿Por qué no me llamaste?—cuestionó ocultando el arma entre las ropas del menor de tal manera que nadie la viera, no tenía caso arrebatársela una vez que le había usado.
—No habrías hecho nada, los otros Guardianes se limitaban a observar, es mucho mejor tener un plan de emergencia.
—Como gustes, pero no olvides que mi trabajo es cuidar de ti.
—Lo dices con tanta frecuencia que terminaré por creerlo.
—Deberías comenzar a hacerlo—y sonrió una vez más incrementando la aversión que Ciel le profesaba.
—Lo tendré en cuenta—concluyó el niño volviendo al comedor.
Camino entre los estudiantes indiferente a los murmullos y cuchicheos provocados por su persona y su indefenso acto de defensa, algunos le observaban con temor, otros con enfado, unos más se mantenían apáticos; no le interesaban, no necesitaba amigos ni nada similar. Aquella no era más que una pésima simulación de la "vida real", un estúpido ejercicio que los preparaba para convivir con las personas sin levantar sospechas cuando se convirtieran en los "lideres" del mundo, él ansiaba el poder, era cierto, pero no aquel donde continuaba siendo una marioneta en manos de un titiritero invisible, lo quería todo, una posición donde el único que diera las órdenes fuera él.
Regresó a su lugar, comió los restos de su avena obligado por uno de los prefectos; habían pasado por alto el pequeño incidente, lo cual ya se había vuelto una costumbre en su caso y Alois, los otros muchachos se preguntaban el porque, posiblemente jamás sabrían la razón.
Todos los niños dentro de la sala habían sido manipulados genéticamente, tenían cualidades que los convertían en seres extraordinarios, inteligencia muy por encima del promedio, destreza y agilidad en los deportes que la naturaleza sólo obsequiaba una docena de veces, talento para algún arte y un atractivo físico que disimulaba los defectos de su carácter. Pero él y Alois eran diferentes y nadie debía saberlo, ni siquiera sus maestros…ni el mismo sabía que lo eran, ¿Tal vez producto de un experimento científico o algún error de la naturaleza? Sin importar la respuesta era un hecho que tenían cierta ventaja sobre los otros niños, cosa que aborrecía.
Era extraño, pero sin Alois gritando a su oído y obligándolo a danzar, correr, cantar o hacer alguna otra tontería que tanto le enfadaban se sentía solo, no estaba convencido, pero ese sentimiento que le oprimía dentro del pecho era similar al que los libros de psicología asociaban con extrañar a alguien, aparto tal idea de su mente, nunca le había gustado la "escuela" y tras haberse librado tantas semanas de ella no terminaba por acostumbrarse a la idea de regresar, debía tratarse de eso.
La campana sonó indicando el inicio de las clases, los cincuenta niños que se encontraban dentro del comedor se pusieron de pie e hicieron una fila en parejas, Ciel que estaba entre los más pequeños desnivelo la perfección de la hilera, la ausencia de su compañero Alois fue más que evidente.
Los prefectos los condujeron hasta el salón de clases, un aula provista con todos los instrumentos para una clase de calidad, Ciel tomó su puesto entre los primeros asientos, mismo que le había asignado de acuerdo a su estatura, demasiado pequeña para su edad.
Sebastián observó las clases mediante una de las muchas cámaras de seguridad que vigilaban cada rincón del aula y quedo encantado con el comportamiento del pequeño frente a sus maestros, atrevido, arrogante, egocéntrico…incluso parecía querer demostrarles que sabía más que ellos; si lo pensaba con detenimiento había sido bastante amable con él al mantenerse casi siempre en silencio, hablaba poco, pero cuando lo hacía, lo hacía sin miramientos y con afán de demostrar que tenía razón.
Después de muchas horas el receso dio inicio, con el mismo orden con que habían entrado los condujeron hasta un aula con juegos de mesa, Ciel participó en el ajedrez donde la gano a un chico mayor que él con relativa facilidad, termino por irse a recargar sobre una pared sin ser partícipe de ninguna conversación o actividad.
Le dolía la cabeza y tenía nauseas, necesitaba sangre pero se negaba a tomarla, no quería los recuerdos de ninguna otra persona, necesitaba los suyos, propios…su mente era igual a un lienzo en blanco, hasta la más pequeña gota de tinta lo mancharía por siempre, no obstante estaba débil, tomaba los nutrientes propios de la comida que los humanos consumían, mas estos no eran suficientes. No podría seguir por siempre así y lo sabía, si continuaba de esta manera le obligarían…cerró los ojos, la campana marco el reinicio de las clases, dentro de si agradeció al tener algo de que ocuparse.
Sebastián observó sus movimientos durante el resto del día, Ciel sufría pero su orgullo era el poderoso aliciente que le obligaba a seguir adelante, cuando conversaba con él sentía como si tratará con un adulto, aunque esa obstinación propia a tomar aquello que su organismo tanto necesitaba era propia de los niños, bien…si pensaba aún como un niño, tendría que tratarlo como tal.
Las clases terminaron, Ciel espero a que le vendaran los ojos y esposarán las muñecas antes de que lo condujeran de regreso a su "hogar", si conociera la ubicación exacta de los lugares a donde lo llevaban representaría un problema; entró al automóvil donde Sebastián le esperaba.
—¿Qué tal tu primer día?—cuestionó intentando parecer amable, había probado diversas tácticas para ganarse su confianza, sin embargo ninguna había tenido éxito, ahora intentaría ser cordial.
—Lo viste todo por las cámaras de seguridad, ¿Por qué preguntas?
—No disfrutas de la escuela.
—No la necesito.
—¿Qué es lo que realmente necesitas?
Ciel pensó detenidamente en la respuesta, necesitaba muchas cosas, pero… Tenía las muñecas esposadas para impedir que se quitará los vendajes que cubrían sus ojos, jugueteó con sus dedos, en instantes retomó su pose arrogante y se sentó con gran dignidad sobre el asiento.
—Necesito mis recuerdos—confesó sin saber el porque le relataba algo tan íntimo a un completo extraño.
Sebastián se aproximó hasta el pequeño y tomando su rostro rozó sus labios, Ciel lo permitió esperando que le dijera algo importante que no debería ser escuchado, generalmente le abrazaba o besaba en la mejilla de tal manera que las palabras quedarán encerradas dentro del reducido espacio, pero aquel importante mensaje nunca llego, por el contrario el beso aumento, precipitado e increíblemente atrayente.
Sebastián jugueteo con la lengua inocente del chiquillo, ¿Por qué lo había hecho? Porque había querido, sólo eso…era atractivo y no se trataba únicamente del rostro que parecía cincelado por los mismos ángeles, también la personalidad del mismo, tanta amargura, odio, desesperación y orgullo envuelto en un caparazón de naturaleza tan delicada y frágil. Él ya estaba condenado desde hacía mucho por las criaturas sobre, encima y debajo de la Tierra, un pecado más que añadir a su lista no le haría más daño que el piquete de un mosquito.
Ciel sintió el roce de los labios, sus sentidos se activaron…la euforia correspondiente a un beso se apoderó de su organismo tal y como los libros de psicología lo relataban, ese hombre estaba jugando sucio, pero él no perdería, jamás…Y decidió ser partícipe del beso, no sabía como actuar o reaccionar ya que nunca antes había besado a nadie, pero aprendía rápido, mordisqueó los labios del adulto hasta hacerlos sangrar, bebió de las insignificantes gotas y disfrutó con el contacto, se mantuvo firme hasta el final cuando Sebastián se separó lentamente de su boca, Ciel casi podía imaginar la expresión de satisfacción en el rostro del adulto, quería verla…
Y entonces le quitaron la venda, el hombre sonreía al igual que siempre, pero había algo diferente en este natural gesto, no era arrepentimiento ni culpa, tampoco regocijo o complacencia.
—¿Te arrepientes?—preguntó retornando a su posición anterior.
—En lo absoluto—contestó el adulto acariciando sus cabellos y no lo hacía, pero tenía miedo…por primera vez en mucho tiempo temió por si mismo. No sentía remordimientos ni nada similar, lo había hecho porque así lo quiso, pero…lo disfrutó, se deleitó como nunca antes recordaba haberlo hecho, ni siquiera cuando se alimentaba evocaba tal sensación de dicha y felicidad, sino tenía cuidado podía convertirse en una adicción y una bastante peligrosa.
—Yo tampoco, aunque preferiría que no lo volvieras a hacer—Ciel mentía, ansiaba volver a repetirlo, si fuera posible en ese mismo momento, pero estaba en medio de un juego peligroso y todos los elementos apostaban en su contra.
Guardó silencio el resto del camino, las ventanas negras del automóvil le impedían observar el exterior, ni siquiera le importó el hecho de que tenía una oportunidad única para ingeniar una forma de escape y por primera vez en mucho tiempo cerro los ojos por voluntad propia, lamió sus labios, el cosquilleo continuaba ahí, deseo que jamás desapareciera, le gustaba.
Se encerró en su habitación, le pidió a Sebastián que suspendiera las clases particular que le impartía cada tarde, el adulto accedió, evitando las protestas y quejas de días anteriores.
Ciel observó a Alois, reía y bromeaba con el resto de los chicos, siempre era así, se adaptaba con relativa facilidad en el grupo, aunque muchos le seguían por temor, después de todo no sólo era un líder nato sino uno bastante peligroso que podía enviarte al hospital si así lo deseaba y con Alois nunca se tenía nada asegurado.
Sonrió con la idea, los humanos eran tan volubles, él no los necesitaba y quería creer que Alois tampoco, pero era mentira…el rubio siempre necesitaba de los demás, su atención, sus halagos e incluso envidias, gustaba de ser el centro del atención; y a decir verdad le parecía una actitud bastante patética, sino fuera porque él era participe de esta al permanecer como un espectador, se lo habría hecho saber, no obstante Alois los necesita y él cedía ante sus caprichos al no exponer abiertamente su punto de vista.
Observó como Alois ganaba el juego, ajedrez…siempre ganaba al igual que él, lo cierto es que para ambos se había tornado increíblemente aburrido…el alboroto propio de cuando esta a punto de iniciar una pelea llamo su atención, dentro de su mente construyo en segundos la escena.
—Has dicho que Ciel y yo no somos normales, que somos mounstros ¿verdad?—preguntó Alois al otro muchacho que yacía tirado sobre el suelo, la suave pero maliciosa voz del rubio se apropio de la habitación—. ¿Sabías que es realmente malo hablar con las personas a sus espaldas?—preguntó observando a su contrincante con aires de superioridad, el resto de los chicos permanecían en silencio, rodeándolo, contenían la respiración como si temieran convertirse en el nuevo blanco de Alois si notaba su presencia—. Debería castigarte, ¿sabes? No es bueno hacerlo, a la larga podría hacerte un favor…
—¡Déjalo ya!—gritó Ciel abriéndose de pie entre la multitud.
—Pero Ciel él dijo que nosotros no éramos normales, ¿acaso no vez lo grosero que fue?
Y ahí estaba la ingenuidad e indiferencia en el tono de voz de Alois, dentro de su mente creía tener razón y no había margen para los errores.
—No me importa si fue grosero o no, no tiene caso perder el tiempo en alguien como él.
Y le lanzó una mirada al chico tirado sobre el suelo aún más despectiva que la de Alois, era uno de los muchachos que días atrás le había intentado atacar, incluso continuaba con el brazo vendado, su nombre era Archie. Ciel estaba seguro de que le temía a Alois, pero nada la causaba más terror que él, probablemente la causa fuera el disparo de hace una semana.
Eso no le importaba, no le tenía lástima o siquiera compasión, creía en sus palabras, no tenía sentido malgastar el tiempo en personas como él.
—¡Es suficiente!—repitió con fuerza y Alois centró su atención en él, su rostro se tornó amargo y miró fijamente a Ciel, este temió porque le atacará en cualquier momento, tal posibilidad siempre estaba abierta, la sonrisa de satisfacción de Alois le enfado.
El rubio se inclino hasta el muchacho que continuaba tirado sobre el suelo, tomó su cabeza entre sus manos y susurró algo a su oído, el terror se apoderó de su ser; acompañado de la elegancia que dirigía la mayoría de sus movimientos se levantó y sujeto a Ciel del brazo.
—¡Juguemos!—exclamó emocionado—. ¿Por qué te resistes?—inquirió sorprendido al ver como Ciel se apartaba de su lado.
Ciel lo empujo ligeramente, cada vez llegaba más lejos, habría un punto en que no podría controlarlo más.
—¿Qué he hecho mal Ciel?—. Sus pupilas adquirieron un aspecto acuoso y los labios le temblaban levemente, en cualquier momento rompería en llanto—. ¡No he hecho nada malo!—exclamó a gritos volviendo hasta el chico que por algunos segundos se había creído fuera de peligro—. ¡Lo dejé en paz tal y como lo dijiste! ¿Por qué me reprendes?—. Tomo la cabeza de Archie y azotó contra el piso, el eco propio de la golpe se disperso dentro de la habitación, dejando tras de si un rastro de sangre—. ¡Tú tienes la culpa!—gritó Alois manchando sus manos con la sangre que escurría por el rostro al muchacho—. ¡Todo es tu culpa! ¡Por tu culpa Ciel se enfado conmigo…Ciel esta…!
Alois vio interrumpidas sus palabras al sentir las cálidas manos de Ciel sobre su rostro, le sonreía…Ciel sonreía para él, era feliz, no estaba molesto con él.
—¿Me odias?
Y la misma pregunta era formulada otra vez, Ciel estaba cansado de dar la misma respuesta, pero…
—Todo mundo me odia, ¿Cómo podría soportar que tú también me odiarás?
Y Alois se lanzó sobre el pecho del menor deseando con toda su alma escuchar esas palabras.
—No, Alois no te odio.
Estaba mintiendo y dentro de sí Ciel lo sabía, detestaba las continuas rabietas de Alois, despreciaba su constante debilidad e interminable llanto, aborrecía sus drásticos cambios de humor, pero sobretodo odiaba porque le obligaba a mentirle. Pero la aversión que le profesaba no podía ser comparada con la que sentía por su persona, necesitaba decir la verdad, por muy dolorosa o amarga que fuera debía hacerlo, sin embargo el lazo y la promesa realizada hace tanto tiempo obstruían sus palabras, el mundo no había sido amable con ellos y probablemente jamás lo sería.
—Yo soy todo lo que tienes—comento suavemente…
"Y tú lo eres todo para mi" pensó, y esa verdad era la única que prevalecería, tan dolorosa como otras tantas pero mucho más necesaria, porque sino se tuvieran el uno al otro estarían completamente solos en el mundo y nada dolía más que esa palabra, ningún sentimiento te carcomía tanto por dentro como aquel, él que lo conocía tan bien..."Soledad"
Sebastián y Claude entraron en ese momento a la habitación, Ciel apartó a Alois quién tomó su mano…ambos hombres analizaron la escena.
—Parece que han estado jugando—comentó Sebastián atendiendo al muchacho que aún sangraba, Alois le había roto la cabeza, si Ciel no se lo hubiera impedido probablemente lo habría matado.
—No esta muerto—declaró con indiferencia el rubio acercándose hasta Claude, le mostró sus manos manchadas de sangre—. ¿No te parece un color bonito, Claude?
El adulto no respondió, sacó un pañuelo y procedió a limpiarlo.
—¿Por qué no respondes? Te he preguntado si el rojo es un color bonito…
—Es un bello color cuando se encuentra en el lugar correcto, sus manos no lo son…
Alois observó las palmas de sus manos ya limpias gracias a su Guardián, demasiado claras, igual al lienzo en blanco de un artista, limpio y puro, aunque eso era algo que su podrido ser jamás conseguiría.
—No me importa si es un hermoso color, yo simplemente lo odio—y la expresión de su rostro nuevamente se ensombreció, todo el rencor y desesperación con que cargaba descargado en un par de palabras.
—Y bien, ¿a que han venido?—interrumpió Ciel limpiando con un pañuelo la sangre con que Alois le había manchado—. No creo que a impedir que Alois matará a este niño.
—No realmente, ese es el bono extra—respondió Sebastián improvisando un vendaje, el resto de los estudiantes les observaba con interés, ni siquiera se atrevían a pestañear por temor a perderse algunas palabras.
—Esto va en contra de las reglas—observó Alois inclinando su cuerpo sobre Claude—deben estar preparando algo realmente importante para nosotros e incluso divertido—se paso la lengua sobre los labios—. ¿Ángela quiere vernos?
Claude asintió, Alois dio un salto de alegría, Ciel maldijo a esa mujer una vez más…si por el fuera la mataría con sus propias manos.
—¿Qué es lo quiere ahora?—dirigió sus pregunta hasta Sebastián.
—Felicidades, han obtenido su primer trabajo…—respondió y el equipo de enfermeros irrumpió en ese momento para llevar consigo a un delirante y casi inconsciente Archie.
Mientras le recogían Ciel observó la delineada y perfecta estúpida sonrisa de siempre en el rostro de Alois, amenizada en esta ocasión con una pizca de confianza y satisfacción.
Cometer errores y ceder ante los impulsos eran características propias de los seres humanos, pero ¿Qué pasaba con aquellos que eran considerados aberraciones de la naturaleza? Bien, quizás no deseará conocer la respuesta por el momento…
CONTINUARÁ…
Un especial agradecimiento a Kasumarüü que me hizo el inmenso favor de revisar el capi e indicarme los errores que tenía, así como comentarios del mismo que me ayudaron a modificar un tanto la redacción. Muchas gracias niña, has hecho un gran trabajo, besos y abrazos.
Permítanme agradecerles sus comentarios del capi anterior, por motivos personales, sobretodo cuestiones de tiempo no puedo responderlos personalmente, así que me gustaría agradecer a: laynad3 , Dark-oji, artemisav, Rosette-no-Tabi, KShieru y kaoryciel94. Muchas gracias, se agradecen y animan como no tienen idea…XD.
Por alguna extraña razón cada capi me sale más largo que el anterior, XD…no se porque, pero se escribe solo o bueno eso me parece en ocasiones, cuando veo que se suman más y más palabras y aún no lo he terminado…
Ángela, el único personaje que me cae mal, no le soportó, pero tiene un objetivo aquí…no la puse de adorno, lo juro…
Bueno, no se que tal les haya parecido, Alois sin sus cambios de humor no es Alois, creo…sip, lo sé Ciel esta siendo demasiado atento con el rubio, pero más adelante se verá que hay entre ellos y no, no es nada yaoi…
Y explico Ciel no sonrió precisamente a Alois, sólo no se mostró enfadado y el rubio hace el resto viendo sólo lo que le place.
Lo malo de los AU es que debes explicar el porque de las acciones del personaje, inventar las razones por las que se comporta así, pero sin copiar al 100% la idea original del autor, aunque si conservando su esencia ¿?
El beso fue precipitado, pero tengan en consideración que Sebas en un tanto más carnal dentro de este fic, a diferencia de los demonios que no disfrutan del sexo, pues aquí no diré que piensa en el las 24 horas, pero le agrada, lo normal, XD.
En el próximo capi cambiaremos de escenario y espero poder conseguir un acercamiento que no roce lo cursi, pero se mantenga tierno ¿?
Cualquier duda, comentario, crítica, queja, sugerencia, etc., será bien recibida.
Gracias por leer.
