CAPITULO 4. — SUEÑOS

Sebastián se recargó sobre el respaldo de la silla, la piel crujió; observaba a los niños durmiendo, el cabello de Alois caía sobre el rostro de Ciel, las hebras doradas del rubio se perdían entre el pálido tono de piel de su compañero. La posición recta de Ciel al dormir le permitía al otro chiquillo abrazarlo con facilidad, ambas respiraciones eran pausadas…detestó admitirlo, pero el aspecto de ambos rozaba lo adorable, un amante del arte como lo era él podía distinguir la belleza a ese nivel, cualquier otro humano que tuviera un resquicio de bondad en su corazón no habría resistido el impulso de tomarlos en brazos y besarlos, cantarles una canción de cuna o concederles cualquier deseo…ellos, los dos eran perfectos.

Le dio un sorbo a la taza de café, odiaba las noches en que debía vigilarlos porque le gustaba dormir, disfrutaba de la libertad propia de su inconsciente; pero era su turno de cuidarles. Les habían levantado el castigo días atrás gracias al "buen comportamiento" mostrado durante las últimas semanas, ahora podían dormir juntos otra vez, detalle que evidentemente Alois apreciaba mucho más que Ciel.

Ciel abrió los ojos, pestañeó repetidas veces antes de acostumbrarse a la luces que siempre permanecían encendidas gracias a la fobia de Alois, él menor lo alejó con cuidado para no despertarlo, a veces sentía que lo asfixiaba, el otro muchacho se quejó entre sueños y al sentir su intento de separarse lo sujetó con mayor fuerza, desistiendo de su objetivo Ciel cerró los ojos y se entregó otra vez al mundo de los sueños.

Cada acto fue procesado por la mente de Sebastián, lo quería, necesitaba de ese niño, pero ¿por qué? No lo sabía realmente, su instinto le decía que debía tenerlo a su lado para…sabía que representaría una clave importante en su plan, el mismo que había comenzado a elaborar antes de que lo conociera, pero ese hostigante pensamiento sólo correspondía a Ciel, en cambio Alois, ese otro niño, no le reportaba ningún interés, lo que contradecía su lógica…el otro niño era más fuerte, hábil y manipulable, serviría mejor a sus propósitos. Ciel representaba todo un reto, demasiado complicado y casi imposible de manejar, él gustaba de los desafíos, pero cuando estos intervenían en sus objetivos prefería evadirlos, todo tenía su lugar y momento, incluido los juegos y Ciel era uno que además de peligroso requería de una gran inversión de tiempo y esfuerzo. Ir por Alois habría sido mucho más sencillo y agradable, eso le decía la lógica, entonces ¿Por qué estúpida razón dentro de su mente quería dominar al pequeño más complicado?

—No puedo dormir, si gustas puedo encargarme de tu turno.

Claude hizo acto de presencia, silencioso y parco…apenas y le escucho entrar.

—Eso estaría bien, pero es mi trabajo—contestó haciendo alusión a la aparente afición de su compañero por el trabajo y las reglas.

—En cualquier caso me quedaré, no puedo dormir.

Y Claude le dedicó una mirada a Alois realmente interesante, mezcla de afecto y desdén, Sebastián ya lo había notado antes. De vez en cuando, tan sólo por una centésima de segundos, las frías orbes del adulto rebosaban de afecto y compasión, sentimientos que siempre iban dirigidos hacia el chiquillo rubio, la reconocía y le gustaría decir que entendía, él mismo le dedicaba a Ciel el mismo gesto, no del todo consciente a decir verdad, pero Claude a diferencia de él parecía comprender el por que de su afecto, entender su significado.

—Me iré a dormir—concluyó, ese silencio terminaría por matarlo, se veía obligado a trabajar con Claude, sin embargo esto no significaba que disfrutará de su compañía, ni que debiera fingirlo.

Se arrojó sobre la cama, cerró los ojos y se vio a si mismo…

Lloraba frente a un par de tumbas, sentía el nauseabundo olor de un par de cadáveres putrefactos que habían sido arrojados sin más al cementerio, la fría y húmeda tierra sobre sus manos, el helado aire…las quería, él amaba a esas personas, quería estar con ellas, ser enterrado y permanecer a su lado por toda la eternidad…

"¿Quieres venganza?"

Le preguntó una dulce voz con la certeza de que podría llevarla a cabo, le tendió su mano y él observó su rostro…

Se despertó sudando…el mismo sueño, sin explicaciones, tampoco un antes o después que delimitará o diera forma a ese momento, ni siquiera estaba seguro de que él fuera la persona que lloraba frente a las tumbas, sino lo era entonces… ¿Por qué dolía tanto?

Tomó un vaso de agua; al igual que Ciel no tenía recuerdos de su pasado, ni siquiera la certeza de que su nombre era Sebastián Michaelis, al momento de ser capturado se lo dijeron y sin alguna otra referencia lo asumió como propio; esos sueños retorcidos y extraños representaban todo contacto con su pasado, mismos que se habían incrementado desde el momento en que decidió darle de beber a ese niño de su sangre, había despertado algo, pero ¿qué?


El sonido propio de los dedos de Alois al jugar con su videojuego portátil parecía que enloquecería en cualquier instante a Ciel, en momentos como aquel detestaba tener el oído tan desarrollado. Cargó el arma, fijo su objetivo y disparo, dio en su blanco, el centro de la silueta de una persona pegada en la pared…un tiro perfecto.

—¿Qué tiene eso de divertido?—preguntó el rubio entrando al cuarto de tiro y tomándolo por detrás de los hombros.

—Es lo mismo que digo respecto a esa cosa, ¿Qué puede tener de entretenido matar a personas virtualmente?

—Es lo más parecido a la realidad…—Alois rio risueñamente—no te parece entretenido que los humanos satisfagan su sed de sangre de esta manera, darían cualquier cosa por hacer sus sueños realidad, pero se tienen que conformar con esto—le mostró el aparato a Ciel.

—Lo mismo haces tú…

—Mi caso es diferente—protestó rompiendo el contacto—. Yo puedo hacerlo cuando quiera.

Ciel no respondió, prefirió alejarse de su compañero, había cosas en las que jamás estarían de acuerdo y lamentablemente conceptos como bien y mal era parte de esos temas.

La espera se estaba haciendo larga, les habían sacado temprano de la "escuela" el día anterior con el objetivo de verse con Ángela, pero cancelaron la cita bajo el pretexto de que la Señora estaba demasiado ocupada como para atenderlos; ahora estaban en espera de que los llamará.

Hacía un par de días habían recobrado sus "derechos", podían dormir en la misma habitación otra vez e incluso moverse con cierta libertad dentro del piso que les había sido asignado, también les habían devuelto algunos entretenimientos como libros o videojuegos en el caso de Alois. Era una estrategia inteligente, les mantenían controlados sin recurrir a la violencia; hacía años cuando eran más pequeños les maltrataban física y psicológicamente con el fin de intimidarlos y convertirlos en marionetas temerosas, pero el método no había dado los resultados esperados…en realidad ocurrió todo lo contrario, sólo habían desarrollado la conducta agresiva y peligrosa de Alois, misma que él manejaba de acuerdo a las circunstancias.

—Es hora del desayuno—les llamó Claude servicialmente, ambos niños le observaron y salieron del campo de tiro. Regresaron a su habitación donde el adulto les sirvió una extraña sopa, Alois jugueteó con ella antes de verle con repugnancia.

—Odio cuando nos usan como conejillos de indias…—se quejó haciéndola a un lado—. No pienso comer este nuevo alimento experimental, seguramente dicen que tienen todos los nutrientes para hacernos crecer grandes y fuertes, pero…este aspecto es…—miró de reojo a Claude—. ¡Oye, Claude!—llamó emocionado—si me dieras un poco de tu sangre no tendría que comer esto, Ciel está un poco débil, ya no puedo beber más de él, pero de ti…quizás…

—¡Come!—exclamó Ciel en voz alta metiéndole una cucharada de la "sopa" en la boca sin que el otro se lo esperará—. No tengo tiempos para juegos y tampoco estoy de humor para ellos.

—Que aburrido…—se quejó el rubio un tanto ofendido y salió de la habitación, al menos dentro de esa área podían desplazarse como quisieran, no era la gran cosa, pero si mucho mejor que permanecer encerrados todo el día dentro de su recamara.

Regresó al campo de tiro donde recordaba haber dejado su videojuego, y se encontró con Sebastián en el pasillo.

—Yo no te agrado, ¿verdad?—preguntó entre risas y se asió fuertemente del brazo del adulto.

—¿Por qué lo dices?—el comentario lo tenía intrigado, ese niño podía ser tan adorable como Ciel, pero había algo en él que le incomodaba sin una razón del todo justificable.

—Simple curiosidad… ¿Tú has estado allá afuera?

—¿Allá afuera?—cuestionó confundido respecto al término.

—Si…ya sabes, el mundo exterior, él que aguarda detrás de estas paredes…Supongo que además de personas hay árboles, parques y molestos animalitos.

—¿No has estado allá?—preguntó, por lo que sabía a diferencia de Ciel, Alois si tenía recuerdos de su infancia e incluso conocía a su padre, sin agregar las ocasiones en que ambos habían escapado.

—Si…cuando era pequeño, pero no recuerdo que fuera del todo agradable, no…—hizo una pausa igual que si remontará a una escena dolorosa y no supiera la manera correcta de expresar su pesar—no, en realidad el lugar donde yo estaba no era un lugar bonito, aunque el sol era muy bello. Ciel nunca se detenía gran tiempo en un lugar cuando huíamos, apenas y tenía tiempo de apreciarlo. Bien…dime, cuando te lleves a Ciel, ¿Me llevarás también a mi?

—¿Quién te lo dijo?—en verdad estaba sorprendido, tal vez no podría confiar en Ciel después de todo, por que a menos que el menor se lo hubiera dicho no había manera alguna de que Alois estuviera enterado.

—Tranquilo—Alois lo soltó del brazo y se recargó sobre la pared, parecía divertido con la expresión desconcertada de Sebastián que en segundos retornó a su característica sonrisa—Ciel no me ha dicho nada y tampoco lo hará, pero hemos estado mucho tiempo juntos…lo suficiente como para saber cuando me está ocultando algo—se aproximó hasta el adulto, poniéndose de puntitas tomó su rostro y agregó—. Si tú lo alejas de mi lado lo lamentarás, lo juro...—Sebastián ni siquiera se inmuto, aunque percibió que no se trataba sólo de amenazas, ese chiquillo en verdad creía conocer la manera de llevarlo a cabo.

Escucharon pasos a la distancia, Ciel y Claude se aproximaban; Alois lo soltó y corrió hasta Ciel.

—Al parecer Ángela al fin se dignará a vernos—dijo Ciel evadiendo el abrazo de su compañero.

Claude tomo a Alois del brazo y le entregó un emparedado de queso, el menor le vio con curiosidad antes de interrogarlo con la mirada.

—Necesitas comer algo, es lo único que pude preparar en tan poco tiempo. Cómelo.

Alois lo mordió, el sabor le agrado…de vez en cuando estaba bien dejar la alta cocina o comida balanceada para probar otras cosas, aunque nunca creyó que alguien tan rígido como Claude le permitiría probar algo así.

—¡Come!—exclamó arrancando un pedazo y metiéndolo en la boca de Ciel, el otro le escupió, detestaba la comida chatarra.

—No vuelvas a hacerlo—reclamó limpiándose las migajas de la camisa.

—Tú tampoco debiste obligarme a comer eso.

—Basta de juegos, quiero acabar con esto rápido—. Declaró Ciel ignorando el comentario, tomó la delantera y dirigió hasta la salida, hacía años que no veían a Ángela, si los había mandado a llamar debía tener algo realmente importante que decirles, el problema radicaba en que generalmente ellos debían encargarse del trabajo sucio.

Salieron de las instalaciones reservadas para ellos; Sebastián y Claude no les vendaron ni esposaron al momento de subir al automóvil, seguros de que cualquier intento de escape por parte de los menores podría ser refrenado sin problemas. Tras conducir durante tres horas cambiaron un jet privado, el vuelo no presento contratiempos a excepción de Ciel que se mareó, Sebastián intento tranquilizarlo sin resultados favorables y le pidió a Alois que se mantuviera lejos por el momento, vociferando el niño accedió de mala gana yendo a sentarse hasta un rincón dentro del lujoso jet.

Alois recargó la cabeza sobre el respaldo, cerró los ojos…aterrado los abrió, odiaba la oscuridad.

—¿Tú me abandonarás, Claude?—preguntó el menor observando el techo—. ¿Lo harás?

—Cuando llegué el momento, si, lo haré.

—Jamás me mentirás, jamás me amarás, jamás me odiarás…supongo que eso esta bien, no tengo que darte nada y tú tampoco—lanzó un gran bostezo, tenía sueño…tal vez dormiría un poco antes de…poco a poco fue presa de un profundo sueño, tan denso y abrumador que sus párpados se cerraban por si solos, pesaban…sintió como Claude le cubría con una manta.

"El emparedado" pensó antes de rendirse por completo a los brazos de Morfeo.

—Ya se ha dormido—exclamó Ciel poniéndose de pie para verlo, si se mantuviera tan pacifico como cuando dormía no le daría tantos problemas.

—Así que el emparedado tenía algún somnífero—comentó Sebastián que desde el principio había notado que Ciel sólo fingía un mareo.

—Tenía suficiente como para dormir a una vaca—respondió Ciel volviendo a su lugar—no puedo creer que haya tomado tanto tiempo en surtir efecto, Alois puede llegar a ser astuto, sin embargo no ha aprendido que el menor descuido te saca en definitiva del juego—. Enfoco su mirada hasta Claude—. ¿Cuánto falta para que lleguemos?

—Menos de treinta minutos.

Ciel suspiró, odiaba hacerle eso a Alois, cuando despertará estaría más que furioso, pero Ángela había sido expresa en sus órdenes, Sebastián y Claude se las habían comunicado el día anterior y estas excluían por completo al rubio, si se lo hubiera dicho estando despierto habría armado un gran alboroto; mentirle era la mejor manera de mantenerlo a salvo.

El vuelo transcurrió con normalidad, el jet aterrizó en una enorme mansión a las afueras de la ciudad que incluso tenía su propia pista de aterrizaje, Ciel y Sebastián se bajaron en tal lugar, Claude se marchó con Alois quién continuaba dormido.

No sabía a donde lo llevarían, sospechaba que con Ash, de lo contrario no se habrían tomado la molestia de sacarlo a ambos, tendrían trabajos separados, pero conociendo la personalidad de Alois, esté no habría permitido ni accedido a ser separado sin antes hacerse acreedor a otro castigo, probablemente se habría derramado sangre innecesaria del personal que lo rodeaba. Ángela no era una mujer tonta, había tomado las medidas preventivas necesarias.

Un mayordomo les condujo hasta la entrada, la mansión ostentaba una decoración más que esplendida, el buen gusto predominaba desde los detallados muebles hasta los pequeños acabados que decoraban cada rincón, el estilo podía considerarse moderno sin embargo conservaba matices cargados, de influencia barroca; los condujeron hasta el salón principal donde tomaron asiento.

Ciel percibió su olor, un perfume barato…probablemente se tratará de una prestigiosa y costosa marca, pero no por ello agradable al olfato, tal vez todo fuera producto de la aversión innata que esa mujer le producía, cualquier cosa relacionada con ello le molestaba.

—Buenos días, mi pequeño ángel—Ángela bajo las escaleras presurosa y tomó el rostro de Ciel, piñizcó sus mejillas hasta ponerlas rojas, se detuvo en la derecha y la aruño abriendo una pequeña herida, la sangre escurrió y llego hasta los labios del menor, el muchacho la sorbió, rechazó la mano de Ángela con un pequeño golpe y se apartó poniéndose de pie, en un acto instintivo se llevo sus manos hasta la herida donde la sangre continuaba fluyendo, el corte había sido mucho más profundo que lo qué a simple vista le pareció…

—Sebastián—llamó Ciel sin voltear a verlo—. Haz algo con esto, detesto el olor de la sangre.

El hombre se puso de pie, lamió uno de sus dedos y pasó su saliva sobre la herida del menor, la piel comenzó a cicatrizarse; Ciel reprimió un quejido, después de todo era un procedimiento de curación antinatural, si el proceso de regeneración fuera natural no dolería tanto.

—¿Para qué me has llamado?—preguntó el niño enfrentando a la mujer, era hermosa para los cánones actuales de belleza, rostro afilado, cabello delgado, cutis impecable, figura delgada y bien distribuida sin grandes pretensiones, su defecto más visible…sus labios y color de piel, demasiado finos y extremadamente pálido respectivamente. Le sonreía, Ciel odiaba esa expresión magnánima que sus mejillas siempre oscilaban, se sentía igual que un ratón arrinconado por un gato, él era la presa y todas sus posibilidades de escapar estaban cercadas.

—¿Qué modales son esos?

—¿Qué quieres?—no seguiría el juego, ya había tenido suficiente con engañar a Alois.

—Claves, necesitamos claves, documentos ocultos—. La perfecta sonrisa en el rostro de Ángela se desvaneció y le entregó a Sebastián un folder con documentos, Ciel se acercó para verlos.

—¿Documentos ocultos?

—Así es, debes obtenerlo, ese es tu trabajo—la expresión en el rostro de Ángela había cambiado, el traje sastre que portaba sólo atenuaba la imagen de mujer despiadada.

—Explícate…—pidió Ciel arrebatándole la primera hoja.

—Los Collingwood perdieron a su hijo cuando tenía tres años, fue víctima de un secuestro, pagaron el rescate, pero nunca les entregaron al niño. Tú serás ese hijo.

Ciel le observó sin comprender el contexto, leyó los datos generales de la familia.

—¿No crees que es demasiado pronto para eso?

Y lo era, no esperaba ser presentado ante el mundo hasta dentro de un par de años, cinco o seis probablemente.

Ángela le observó, sus facciones se suavizaron.

—Has escuchado la expresión "Matar dos pájaros de un mismo tiro"; bien mi querido niño la llevaremos de la teoría a la práctica.

Dio media vuelta, no sin antes hacerle una seña a Sebastián para que la siguiera, Ciel aceptó malhumorado él que su Guardián se marchará con esa mujer, no eran celos ni nada similar, pero por alguna razón le molesto él que lo dejará sólo; acuñó tal sentimiento al trato continuo que habían mantenido durante las últimas semanas y lo relegó a un lugar secundario, tenía cosas mucho más importantes en que pensar, entre las cuales destacaba la lectura de esos documentos, aún no conocía los detalles, pero tenía el presentimiento de que no sería una tarea sencilla.

Sebastián camino al lado de Ángela, subieron las escaleras y recorrieron el enorme pasillo antes de detenerse frente a una habitación, la mujer abrió la puerta y se adentro a ella, él hizo lo mismo; el silencio predominaba dentro de la recamara sin elementos que la identificarán como propiedad de alguien, muebles básicos, pero sofisticados, cortinas costosas y un enorme tocador…ningún detalle personal.

Tan pronto el seguro de la puerta crujió señalando que habían sido aislados del alboroto que envolvía las inmediaciones de la propiedad ella se giró hasta él y lo beso, sus labios se contactaron, pero él la apartó arrojándola sobre la cama.

—Me temo señorita que usted no es de mi interés, ¿Cuántas veces será necesario que se lo comunique para que lo comprenda?— preguntó fingiendo una indignación que no correspondía con su personalidad, se sirvió una copa de whisky antes de sentarse sobre el único sillón dentro de la recamara, se mostraba indiferente a la presencia de la mujer pese a que seguía cada uno de sus movimientos, esos ojos cargados de avaricia le perseguía y acosaban y a decir verdad le gustaban, disfrutaba con la idea de tener el control sobre la situación.

—Sigues tan testarudo como él día en que te encontré…—expresó Ángela reacomodándose la ropa y peinando su cabello—. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde ese entonces?

—Eso no tiene importancia…

—¿Te divierte ese niño?—inquirió con cierta malicia quitándole el vaso de las manos—. Si te decidieras a estar a mi lado te verías libre de trabajos como ese…

—Lo siento, madame…pero eres una persona sin gracia alguna.

Sebastián sonrió de tal manera que daba la impresión estuviera diciendo algo bastante obvio, Ángela frunció el ceño irritada con su tono de voz, el único hombre que ella había deseado realmente en la vida le despreciaba; recuperó la postura y bebió del vaso, le enfurecía aunque también le divertía, sino fuera tan difícil de obtener no tendría sentido.

—¿Y quién es la persona correcta para seres tan sucios como ustedes?

—Tal vez nadie—admitió Sebastián sonriendo por debajo ante lo irónico del momento.

—Comprendes lo importantes que es esto, no admitiré fallas de ningún tipo—amenazó Ángela pasando sus manos sobre el cabello de Sebastián, le arrancó un par de mechones, él otro ni se inmuto.

—Yo nunca fallo—concluyó Sebastián preparándose para marcharse, no necesitaba de amigos, pero más le valía no hacerse de enemigos, en cambio siempre valía la pena tener una as bajo la manga y Ángela simbolizaba la mitad de uno—recuerde eso My Lady—agregó formando un contacto visual con la mujer, se observaban y estudiaban…al final sólo uno prevalecería y él jamás perdía.


Tengo miedo…—murmuró Alois tomando entre sus manos la gastada manta.

Toma…—Ciel le extendió su frazada, Alois imaginó que le sonreía en medio de la oscuridad, se sintió feliz…a él nunca le dedicaban una sonrisa.

En lugar de tomarla se apegó al cuerpo de Ciel, confiado en que su calor corporal le reconfortaría, extendió ambas mantas sobre ellos.

Ciel…—llamó resistiéndose a dormir—. ¿Tú nunca me traicionarás?, ¿Jamás me harás daño, verdad?

No hubo respuesta, Alois se asustó, la experiencia le decía que en ocasiones era mejor no conocer la verdad.

Detestaba soñar, mas lo hacía con cierta frecuencia…recordar dolía demasiado; se sentía débil, se llevó las manos hasta la cabeza, le dolía y tenía nauseas.

—Maldito… Claude…—murmuró en un susurró tan débil que apenas consiguió escucharse.

Sintió la mano de alguien sobre su cabeza, palpaba su frente con delicadeza.

—¿Claude…?—musito en voz baja acostumbrándose a la luz del lugar.

—Los efectos pasarán pronto, resista…

—¿Por qué lo hiciste?—le gustaba la voz de Claude, quería escucharla, tenía la seguridad de que nunca le era sincero, siempre le mentía, como todos, pero no le importaba, a veces las mentiras lo hacían feliz.

—Se hubiera resistido, le habría traído problemas al Joven Ciel.

—Supongo que tienes razón…—continuaba demasiado débil, odiaba los medicamentos. Ellos no eran humanos, pero tampoco inmortales…los medicamentos les hacían efecto si se los suministraban en altas dosis, pero con consecuencias nefastas, sus organismos sencillamente no los aceptaban—. ¿A dónde vamos?

—Iremos a ver al Señor Ash—contesto Claude esparciendo un par de gotas de agua sobre el rostro de Alois, el niño sonrió al sentir el refrescante alivio.

—¿Ash?—inquirió el pequeño con temor, igual que Ciel experimentaba una evidente aversión a Ángela, él la sentía hacia ese hombre; le gustaba llevarlo al borde de la desesperación y a decir verdad lo conseguía con relativa facilidad, en su presencia siempre debía controlar sus emociones y eso le desagradaba.

—¿No quiere ir a verlo?

—Siempre sale con algún nuevo juego, no quiero jugar.

Claude no contestó, Alois acomodó su cabeza sobre su regazo, el movimiento dentro del auto apenas y se percibía.

—Oye, Claude… ¿Nosotros que somos?—preguntó tras un corto silencio con la naturalidad e inocencia propia de los infantes que preguntan el porque el cielo es azul—. No somos como se nos presentan en las películas o los libros, tampoco seres monstruosos o infernales, si así fuera no sentiríamos tanto dolor…

—¿Dónde le duele?

—¿Por qué quieres saberlo?

El adulto no contestó, por lo cual él joven prosiguió.

—Duele dentro y fuera, todo el tiempo, siempre…duele ser diferente…

Alois se detuvo de pronto, igual que si recordará haber dicho algo incorrecto y lo había hecho en realidad, nunca se mostraba verdaderamente vulnerable ante los demás, a menos de que deseará obtener algo a cambio; inclusive Ciel era víctima de sus mentiras, se limitaba a mostrarle lo suficiente como para retenerlo a su lado, no más…su verdadero dolor se lo guardaba para él y nadie más, hasta ese momento…

—Entonces…dime, ¿Qué somos?—volvió a preguntar.

—¿Está dispuesto a pagar el precio por saberlo?

Alois volvió a reír, se levantó del regazo de Claude y se sentó a su lado, pasó sus brazos sobre el cuello del adulto.

—Lo haces parecer bastante misterioso…—rió y tomó el rostro de Claude con ternura, su pulgar derecho zigzagueó la curva de sus labios, le quitó los lentes y se los puso, su visión se distorsionó, sin embargo su rostro continuaba visible, encantador—. La verdad es igual a estos lentes, depende de la necesidad de la persona que los porté…

Claude se los arrebató con elegancia y colocó nuevamente, su rostro carente de emociones no daba muestras de molestias.

Alois regresó a su lugar, se complacía con la indiferencia y escepticismo propio de su Guardián, él nunca comprendía a las personas, con él ni siquiera tenía que intentarlo, sabía por adelantado que sería inútil.

El tiempo transcurría con lentitud, Alois decidió volver a dormir, aún se sentía débil; recargó la cabeza sobre el hombro de Claude y soñó…

Tú nunca me abandonarás, ¿cierto?—preguntó siendo cargado por alguien mucho mayor que él en estatura y peso, tenía enterrado el rostro en el pecho del adulto, lloraba—. Jamás me dejarás solo…jamás. Ciel me ha abandonado, ¿tú no lo harás? ¿Cierto?, ¿Cierto?—preguntaba insistentemente, una y otra vez…anhelaba escucharlo de los labios de ese hombre—. Yo te creé, eres mío…mío completamente, por siempre… ¿Verdad?

Yo siempre estaré a su lado, lo acompañaré hasta el mismo infierno.

¿De verdad?

En verdad…

Pero dentro sabía que le engañaba, tarde o temprano lo abandonaría al igual que otros tantos antes y después de él , lo decepcionaría y dolería…se aferró a la chaqueta del otro con fuerza, se mentiría, se mentiría si eso lo hacía feliz.

Alois sintió a Claude zarandeándolo suavemente, abrió los ojos agradecido de haber escapado de su sueño, nunca antes lo había tenido, no era suyo…él muchacho que aparecía dentro de él tenía su edad y él no había mantenido contacto voluntario con otro que no fuera Ciel. El sudor le escurría por la frente…abrió la boca para preguntarle algo a su Guardián, pero el otro lo silencio con un gesto.

—Hemos llegado—pronunció abriendo la puerta del automóvil y bajando; Alois intento seguirle pero cayó de rodillas apenas y puso un pie fuera, continuaba débil a causa de los medicamentos..

Claude observó la debilidad en el rostro del niño quién extendió su mano hacia él.

—Claude, ayúdame—pidió Alois con sinceridad.

El adulto se mantuvo inerte por un momento, el tono y la modulación era la misma que recordaba hacía años atrás, existía la posibilidad de que no se viera en la necesidad de mostrarle la verdad, tal vez la esencia de su preciado niño continuará dentro de ese humano, posiblemente él…

—¿No vas a ayudarme?—preguntó Alois un tanto decepcionado.

Claude postergó sus pensamientos y dudas para otra ocasión, tomó la fina y larga mano de Alois y lo tomó en brazos. Alois reconoció esa sensación, similar a la de sus sueños, probablemente todo se tratará de sugestión, después de todo cuando lo capturó le había cargado de la misma manera.

—Vamos adentro…

—Si.

Habían estacionado el auto en el estacionamiento de un edificio, por la cantidad de autos y la decoración del lugar Alois concluyó que se trataba de un complejo de oficinas.

Sonrió divertido, Ash debería tener algo realmente interesante que mostrarle para llevarlo hasta ese lugar, en medio de la ciudad.

Claude lo cargó mientras entraban a la recepción para anunciar su llegada, parte de un acto protocolario ya que su llegada estaba programada desde hacía horas. De inmediato se vieron rodeados por la seguridad del lugar, los empleados fingían no reparar en su presencia y realizaban sus tareas con normalidad, aunque de vez en cuando a uno que otro se le escapaba un gesto de desconcierto o una sonrisa de afecto y consideración, algunos dirigidas hasta Alois qué mostraba su mejor cara luciendo igual a un niño tierno e inocente y otras dedicadas a Claude que con su atractivo atraía a más de una fémina.

—Los humanos aprecian la belleza física, sólo quieren ver lo que les place—murmuró Alois al oído de Claude dentro del elevador mientras ascendían con destino al último piso, lanzó un gran bostezo sorprendido de continuar con sueño; en realidad se sentía bastante nervioso, pero no quería demostrarlo, no tan pronto…

Se detuvieron en el último piso, la recepcionista les hizo pasar de inmediato a la oficina principal donde Ash les esperaba, bebía té…

—¡Alois, un gusto verte!—exclamó, corriendo hasta el niño para entregarle una taza de té, Claude lo bajo y Alois la tomó, le dio un sorbo.

—Se llama té amarillo—explicó Ash sorbiendo de su taza—no es muy conocido y es de origen chino, pero es bastante apreciado entre los conocedores. ¿No te gusta?

Alois observo el contenido de su taza, no era de un color amarillo propiamente, vacilaba entre el verde y blanco, se lo llevó hasta los labios, demasiado suave y delicado para su gusto…tomó un poco más y comentó:

—Ciel es el amante del té, no yo.

Ash rio, portaba un elegante traje sastre de color blanco, era el hermano gemelo de Ángela, superior a ella en estatura y peso, sin embargo tenía los mismos rasgos físicos que dentro del mundo lo convertían en un hombre atractivo.

—Amante es una palabra con mucho significado, ¿no crees?

—Quizás…

Se acercó hasta el muchacho y sujetó sus manos.

—¿Cuántos amantes has tenido?

Alois apartó la mano irritado, tal y como lo recordaba, Ash conocía la manera de humillarlo. Le lanzó la taza a Ash, el hombre le esquivo con relativa facilidad, se lanzó contra él para atacarlo, lo asesinaría con sus propias manos y entonces…Claude se interpuso en medio, lo arrojó contra unas mesetas…

—Claude… ¿Por qué?—preguntó a punto de llorar, la respuesta carecía de sentido. Claude trabajaba para Ash, su lealtad estaba con él, pese a esto no pudo evitar sentirse decepcionado.

—Sujétalo…—Claude obedeció y dirigiéndose hasta Alois le tomó por detrás de los brazos reteniendo sus movimientos, no le lastimaba, pero se aseguraba de que no pudiera realizar el más mínimo ataque.

—Alois Trancy…traicionado por su propia familia, que criatura más despreciable y patética. Jamás debiste nacer.

El menor no respondió, bajó la cabeza y se resignó a las palabras, de alguna forma las aceptaba, eran ciertas.

—Pero te tengo un regalo…—se acercó hasta Alois y tomando su cabello para alzarle la cabeza le susurró algo al oído, palabras que sorprendieron al muchacho.

—Si hago eso me lo darás… ¿En verdad permitirás que…?

—Por supuesto… ¿Aceptas?

Alois no respondió, su silencio lo fue todo. Ash supo que había ganado.


—Si tu padre te llama, ¿Qué debes decir?

—Qué es lo que desea.

—Si tu madre intenta abrazarte, ¿Cómo debes reaccionar?

—Debo abrazarla.

—Si alguien te pregunta donde has estado todos estos años, ¿Cuál debe ser tu respuesta?

—No recuerdo nada, todo es tan confuso—Ciel fingió pesar para después dedicarle una brutal mirada a Sebastián—. ¡Ya basta! No tengo intenciones de continuar ensayando algo tan inútil como esto. Sé lo que debo decir, también lo que necesito hacer. ¡No ensayáremos más, Sebastián!

El adulto apartó a un lado la carpeta donde tomaba anotaciones. Observó la porte de Ciel, cada fibra de su ser demostraba cuan fuerte era su orgullo.

—Creo que no necesitas estudiar más, sólo una última pregunta, si una niña quiere besarte… ¿tú que harás?—preguntó con un gesto sonriente, sin importar que tan fuerte fuera su coraza siempre habría una pequeña brecha por donde podría entrar.

—Yo…yo…yo…—apenas y podía creerlo, él, Ciel Phanthomhive estaba tartamudeando, mostrando dudas, viéndose débil y ese estúpido Guardián le veía con placer, complacido con su debilidad.

—Los libros de psicología no lo dicen todo, si quieres ser un chico normal necesitarás de algo más que teorías, también requieres de práctica.

—Yo…—y la respuesta continuaba sin llegar a su mente, frunció el ceño, adosó la mirada, apretó los puños, se dirigió hasta Sebastián y le planto un enorme beso en los labios…no tan intenso como él que recordaba haber recibido la primera vez por parte del adulto pero no por ello menos significativo, se separó en segundos sin siquiera permitirle al adulto responder al gesto—. Yo haría algo así. Querías practica ahí la tienes…—explicó intentando no delatar sus nervios—. Creo que una niña no tendría experiencia, se conformaría con cualquier cosa, considero que eso sería suficiente.

Sebastián sonrió, verse sobrepasado por un niño de trece años no figuraba entre sus ideales, aunque había sido agradable, un beso corto y sencillo, pero intenso…un reflejo de la personalidad de Ciel quién en definitiva aprendía rápido y no se limitaba a la teoría. Aún tenían mucho que aprender antes de emprender la misión, Ángela le había dado a Sebastián un plazo de dos meses para prepararlo, y para tal fin les había entregado la mansión a su entera disposición; por otra parte ella se había marchado consciente de que Ciel no escaparía sin Alois, además Sebastián estaba a su cargo, le seguía a todos lados igual que si se tratará de su sombra. Para ser la primera semana gozaban de considerables avances.

Ciel regresó a su lugar en el sillón, tras mostrarse un segundo pensativo preguntó:

—¿Quién eres?

—A que te refieres.

—Cuando bebí de tu sangre no vi ningún recuerdo. La mayor parte de las veces sólo observamos aquellas escenas que fueron importantes en la vida de una persona, ¿No ha habido nada importante para ti?

—No.

Ciel no agregó nada, su objetivo no era hacerse su amigo ni nada similar, una respuesta tan corta únicamente podía tener dos posibles significados: estaba diciendo la verdad o estaba ocultando algo demasiado importante. En cualquier caso no era de su incumbencia.

—Retomemos las lecciones—declaró abriendo su carpeta.


Claude tocó a la puerta, nadie respondió…entró a la habitación, Alois debería haber terminado ya…

Lo encontró sentado sobre el suelo bañado en sangre, el cuerpo deforme de un hombre viejo yacía a su lado.

—Esta hecho, Claude. Él nunca podrá volver a lastimarme, ¿no es eso genial?—preguntó en voz baja con la cabeza inclinada sin el entusiasmo que lo caracterizaba.

—Necesita descansar—dijo tomando una sábana y envolvió a Alois en ella, la blanca seda se manchó de un intenso rojo carmesí; lo tomó en brazos, el menor se asió al cuerpo de Claude con la misma desesperación que un naufrago a una tabla en medio del mar, el adulto lamió su rostro, le repugnó el sabor de la sangre del hombre al que Alois acababa de asesinar.

Lo llevó al cuarto de baño, lo metió dentro de la bañera, abrió la llave de agua caliente y en espera de que se llenará empezó a desnudarlo con delicadeza, casi ternura…en segundos el agua se tornó roja.

Alois comenzó a reír mientras Claude le pasaba la esponja lavándole la piel.

—¡Claude…yo le mate, fue tan divertido, excitante, grandioso que…!—paró de golpe, su risa también—. Lamento no poder volver a hacerlo, las personas deberían poder morir más de una vez…dos, tres, cuatro, cincuenta, cien…las veces que fueran necesarias hasta que se expiaran sus pecados—comenzó a llorar, las lágrimas se diluyeron en el agua—. No debería continuar doliendo, pero…—se llevó las manos hasta el pecho con tal fuerza que él mismo se aruñó—pero continúa doliendo, demasiado…

Claude atrapó la mano de Alois contaminada ahora con su propia sangre, pasó su lengua por ella hasta dejarla limpia.

—Si no existiera el dolor, tampoco la dicha—declaró tomando una toalla para envolver el cuerpo del menor—. Le haré padecer un gran y terrible dolor antes de mostrarle una inmensa y desbordante felicidad, esto será parte del proceso—lo acunó contra su pecho, buscó su cuello y clavó sus colmillos en el cuello de Alois, compartiría sus recuerdos…uno a uno, hasta que el momento de mostrarle la verdad llegará.

Se deleitó con las convulsiones del pequeño cuerpo, estaba perdido entre el pasado y el futuro, él, su eterno compañero le enseñaría ambos para devolverlo al presente…

Te daré lo que nadie más te ha dado, te ofrezco inmortalidad…—declaró Alois extendiendo su mano, el hombre que yacía sobre el suelo la tomó—. Pero debes saber que ya no habrá regreso, jamás…

Y el recuerdo se desvanecía en los sueños de Alois, dulce y amargo a la vez…

CONTINUARÁ…

A ver, que puedo decir… ¿raro? Ustedes deciden.

Ángela/Ash es un personaje que no me agrada, para sacarle mejor "provecho" a la trama he decidido dividirlos, nunca me ha gustado el concepto de mujer despiadada o fatal, a decir verdad me aburre, pero es que ella es mala…y aceptémoslo, las mujeres podemos llegar a ser tan malvadas como los hombres.

Alois, le he tomado afecto…si no han visto el capi de esta semana de Kuro no sabrán a que me refiero, pero los que si…wuaaaaaaa, que ternura…

Claude es un maldito o lo parece, he construido parte de la historia en mi cabecita loca, pero debido al capi de esta semana él personaje ha sufrido modificaciones y al ser una serie que está en proceso pues no es fácil atar cabos, sip…fue un error empezar esto tan pronto, sin una construcción propia de los personajes…pero ya ni modo.

Sebas al igual que Ciel no tiene recuerdos, Claude y Alois si…prometo que explicaré todo en un momento dado.¿?

En el próximo capi espero especificar lo que diferencia a Sebas/Claude de Ciel/Alois…es decir, ambos beben sangre, pero hay algunas cosillas de más.

Muchas gracias a todos los que comentan, permítanme agradecerles por este medio a: KShieru, Clarita, ,Cenere, Anónimo (No dejo Nick, así que no se que poner, XD), laynad3, kaoryciel94, Hagobi Riench, Cenere, lady00dark, artemisav, Hanamisu. Muchísimas gracias chicos (¿?) y chicas, espero que les siga gustando aunque sea un poquito y vamos que siempre anima leerlos.

Especial agradecimiento a Kasumarüü que me apoyó cuando lo necesitaba, si entré en un histeria en este capi por X razones, además de mostrarme diversos errores, muchas gracias.

En próximas semanas editaré los otros capis debido a un review que recibí donde me hacía ver un error que cometo con frecuencia, corregiré sobretodo errores gramaticales y de redacción, sobretodo acentos…vaya que tengo la manía de comérmelos, así que esperen un poquito, la trama continuará igual.

Cualquier duda, comentario, crítica, sugerencia, queja, etc., será bien recibida.

Gracias por leer.