Akira salió del baño secándose con la toalla que Ryo le había prestado. Llevaba puesto solo el pantalón y varias gotas de la ducha se habían quedado por el abdomen. Ryo tragó en seco por observar ese detalle, y se terminó de poner el pijama. A pesar de estar borrachos, la adrenalina del momento les había devuelto a los dos a una cierta sobriedad. Y no era menos, pues habían sido atacados por un demonio. No. Más bien, Ryo había sido atacado por un demonio. Estuvo a punto de ser devorado, le había hecho el traje trizas, y tuvo que volver a su casa completamente desnudo. Ryo había sentido miedo, ¿por primera vez? Intentaba recordar si alguna vez había sentido un pánico así. Ryo estaba con el ordenador y había entrado en la deep web para comprar una pistola. Sabía que era un acto fortuito, pero no podía parar de darle vueltas.

—¿En serio? ¿Estás loco? —Akira se había acercado a la altura de su hombro y estaba viendo cómo Ryo compraba varios revólveres y fusiles.

—No pienso sentir esta clase de miedo nunca más —se lo dijo más para sí mismo, pero igualmente lo dijo en voz alta.

—…Psé, razón tienes —Akira se sentó en el sofá junto a él. Era una situación un tanto incómoda, pero Akira no se sentía tan incómodo si era con Ryo—. Es la primera vez que has visto a un demonio, ¿no?

Ryo no dijo nada. Sin embargo, por su cara sabía que estaba asustado con el descubrimiento. Asustado y a la vez… ¿emocionado? Los ojos de Ryo, aún invadidos por el miedo, se veían entusiasmados. Akira carraspeó y habló nuevamente:

—Creo que no hace falta que lo diga, pero me gustaría que esto fuera un secreto. Sobre todo para Miki.

Ryo se dio la vuelta y le miró:

—Ella no tiene que saber nada —le respondió con la misma obviedad. Muy en sus adentros, a Ryo le gustaba pensar en que estaba compartiendo un secreto con Akira. Era lo más cercano a algo prohibido que podría tener con él—. ¿Desde cuándo tienes esos poderes?

—Hará un mes, más o menos. Estaba… teniendo un mal momento—carraspeó otra vez—, y de repente me sentí que me algo me había poseído. Fue una especie de calor extraño, a continuación un frío terrible. Entonces, vi que recuperé el control de mi cuerpo. Al día siguiente me miré en el espejo, y estaba diferente.

—Ya veo. —Ryo comenzó a buscar casos de posesiones de demonios en internet para investigar. Akira se llevó las manos a la cabeza y le cerró el ordenador de sopetón.

—No hace falta que busques nada. Con tal que no te vayas de la lengua, me importa un pimiento lo que hagas.

—No quiero irme de la lengua. Quiero ayudarte, Fudo. —Ryo se sorprendió por lo altruista que había dicho eso.

—¿Ayudarme? ¿En qué te va a beneficiar ayudarme, eh? —Akira se acercó a Ryo, retándole con la mirada. Puso la pierna en medio de las de Ryo, e inclinó la cabeza para verle más de cerca. Ryo se fijó inevitablemente en la entrepierna tan marcada. Ahora entendía por qué Akira era tan atractivo: era parte demonio, posible herencia de un íncubo, un ser de violencia y lujuria. ¿O había algo más…?

—Eres el amigo de la infancia de mi novia. Me gustaría que ella no sufra por tu culpa. —En parte era mentira, en parte verdad. Sentía la necesidad de ayudar sin recibir nada a cambio, y no entendía el por qué. Akira le miró con duda, y se apartó de Ryo con un chasquido.

—Ahora entiendo por qué le gustas tanto a Miki... —Akira se echó el pelo para atrás, rascándose la nuca. Ryo querría haber resoplado ante esa imagen que Akira le estaba dando, pero sabía que eso le iba a delatar. Akira se tumbó en el sofá, con los brazos apoyados en la cabeza, y cerró los ojos.

—No te importará que me quede en tu casa, ¿no? Al fin y al cabo, te he salvado la vida.

—Quédate siempre que quieras —le respondió Ryo al levantarse del sofá—. Vivo solo.

—¿Tan joven y vives solo? Wow, qué envidia. —Akira se incorporó un poco y miró a la habitación. Era muy moderna y seguramente igual de cara.

—Ya te dije que no tengo padres. En fin, buenas noches. —Ryo decidió irse a su cuarto. Se estaba poniendo nervioso con la presencia de Akira, y el alcohol aún no se había ido de su cuerpo.

—¡Eh, rubio! —Ryo paró en seco. Otra vez ese rubio—. ¿Por qué me dijiste antes que seguía igual de hermoso? —Akira se apoyó en el respaldo del sofá. La mirada que le dirigía estaba matando a Ryo. Esos ojos intensos, sus pestañas. Ryo tragó saliva, conteniéndose.

—...Estaba ebrio.

—Ya, pero los borrachos dicen la verdad—dijo Akira mientras se incorporaba. Ryo se estaba mareando por ver que Akira estaba acortando la distancia—. ¿Decías la verdad?

La imagen de Akira como Devilman se colaba de a poco en ese contacto visual. Recordaba cuando Akira le agarró para protegerlo, cuando le había tapado con las manos. Esas alas de murciélago, junto a la respiración que sonaba más bien a bramidos.

—...Sí—respondió cerrando los ojos. Akira soltó una carcajada, mientras que a Ryo se le estaba cayendo la cara de vergüenza.

—¿Pero no viste en lo que me había convertido? Era un monstruo. Soy un puto monstruo.—Ryo abrió los ojos para encontrarse con un Akira lleno de sentimientos encontrados, y que se abraza a sí mismo con fuerza—. Siempre he sido feo y débil. Un llorica de manual. Y entonces me pasó esto y... me he convertido en una bestia. ¿Por qué ves me ves hermoso? ¿Sobre todo tú?

Ryo ladeó la cabeza, sorprendido. Akira agitó los brazos de arriba a abajo, señalándole. Un leve rubor se entreveía en las mejillas de Akira, y finalizó diciendo:

—Mírate... Si eres la cosa más... perfecta que he visto nunca.

No pudo aguantar más. Como si le fuera la vida en ello Ryo se abalanzó sobre Akira y le besó con fuerza, agarrándole la cara. Le faltaba la respiración y sintió los duros labios de Akira en los suyos. Al segundo de darle el beso, Ryo se estaba temiendo la reacción de Akira, pero se sorprendió al descubrir que le estaba correspondiendo. Había besado anteriormente a Miki, pero sentía que esto era diferente. Akira aprovechó para tirarle al sofá y luego subirse encima de Ryo. Le encerró con las piernas sin escapatoria, y empezó a meter la mano debajo de la camisa. De repente ambos sintieron un pinchazo en el corazón y se separaron casi al mismo tiempo.

—Miki… —susurraron. Ryo se incorporó de inmediato en el sofá avergonzado y masajeándose las sienes con fuerza. Se fijó en que Akira estaba llorando, quizá de culpabilidad.

—No podemos hacer esto… —dijo Akira.

—Ha sido mi culpa—respondió Ryo.

—¡No! Ha sido mía.

—Pero es como si te conociese…

—…de antes. —Akira terminó la frase. Era una sensación extraña, una agradable familiaridad. Algo inexplicable que habían sentido los dos en ese momento.

El silencio reinó un tiempo en la habitación, hasta que Ryo suspiró con fuerza y haciendo amago de levantarse dejó a Akira llorando en el sofá. A la mañana siguiente, Ryo vio que Akira se había marchado. Revisó en su móvil, y tenía mensajes de Miki. Los contestó a todos y se fue a vestir para el instituto.


—¡Abre la boca, Ryo!—Miki le estaba ofreciendo parte del almuerzo que había preparado para los dos. Estaban sentados en el jardín en el recreo junto a un gran árbol que hacía buena sombra. Ryo abrió la boca y probó la comida. Después sonrió en agradecimiento. —Entonces, ¿cómo se portó Akira contigo anoche?

—Como un pendenciero—mintió Ryo.

—Ya… Últimamente está muy violento. Me pregunto si es porque se ha metido en peleas de bandas en la calle. —Ryo supo que era más fácil de explicar el comportamiento de Akira por su cambio como Devilman. Esa seguridad que le había proporcionado su nuevo cuerpo le hacía parecer un matón a los ojos de alguien normal—. Espero que no te haya molestado.

—No, para nada. —Miki se acurrucó en el hombro de Ryo con delicadeza. Ryo se sentía seguro junto a ella, al igual que le pasaba con Akira.

—Me gustas mucho, Ryo—se sinceró, y Ryo sintió nuevamente un pinchazo—. Quiero estar contigo.

Miki le agarró la mano, y él lo hizo en un impulso. Su mente le estaba haciendo la jugarreta de recordar los besos con Akira de anoche. Con Miki sentía diversas emociones, más suaves y satisfactorias. Con Akira, a pesar de haberle conocido hace tres días, sentía un cúmulo de sensaciones nuevas aunque conocidas, pero sobre todo se sentía completo. No podía de dejar de sentirse culpable por lo que estaba haciendo. Por no ser sincero con ella, por decirle cómo ese amigo de la infancia suyo le había dado un giro de 180 grados a su vida. Le estaba empezando a doler la cabeza de tanto pensarlo.


Ryo no supo de Akira en una semana. Quiso llegar a pensar que todo fue un sueño, aunque esa idea no le duró mucho. Akira se presentó en su casa un sábado. Nada más abrir la puerta, entró con paso firme haciendo ruido con sus pesadas botas de cuero.

—Me dijiste que podía quedarme siempre que quisiera, ¿recuerdas?—Ryo no pudo decir nada ante esa respuesta. Tampoco no es que le desagradase la idea—. Vas a tener que ayudarme, Ryo.

—¿Con qué?

—Con demonios, duh—Akira le dio un ligero golpe en la cabeza para ver si Ryo lo recordaba. Ryo sacó de su cinturón una de las pistolas que había comprado tras el ataque, y eso hizo entender a Akira que contaba con su ayuda. —Resulta que este demonio que he "poseído" tiene una novia llamada Sirene que está enfadada conmigo por robar a su chico.

—Esa historia me suena… —Ryo había logrado recordarle el momento incómodo de la semana pasada y que Akira se sonrojara, dos pájaros de un tiro. Sonrió satisfecho—: Lo siento, no pude resistirlo.

—Eres cruel…

—Lo sé. —Ryo se sentó en el sofá con el ordenador y quiso empezar a trazar un plan.

Sin embargo, fueron interrumpidos por un estruendo. Del suelo salió un demonio acuático que con mucha rapidez atrapó a Ryo en una burbuja de agua. Akira se transformó en Devilman e intentó sacar a Ryo, pero el demonio atacó a Akira y evitó que se lo llevara. Ryo entretanto se estaba ahogando, y no podía hacer nada, de nuevo. Otra vez, se dijo. Su vista se nubló.

Para sorpresa de Ryo, se despertó a los minutos. Vio cómo Akira estaba de espaldas y de pie. Seguía como Devilman, y estaba quitándose sangre de demonio de las manos. La ropa le pesaba mucho y no podía moverse, aunque logró toser el agua de sus pulmones. Akira, viendo que Ryo estaba recuperando la consciencia, le rodeó por la espalda y le ayudó a toser.

—No estoy ayudando mucho, más bien todo lo contrario...—dijo Ryo con culpa. No entendía por qué era tan lento reaccionando a todo lo de su alrededor.

—Ey, Ryo —Akira le abrazó firmemente—, es mi culpa por implicarte en esto. Mucho estás haciendo quedándote a mi lado.

Ryo acomodó su cabeza en el pecho. Se sentía tan completo estando con Akira... Akira se atrevió a darle un beso tierno que pilló por sorpresa a Ryo.

—Lo siento. No puedo evitarlo… Sé que está mal...—Las lágrimas de Akira le mojaron la cara. Quería disculparse por todo lo que estaban haciendo a escondidas de Miki. No sólo esos besos, sino ese mundo secreto en el que ellos estaban entrando.

Ryo no pudo contestarle porque otro nuevo estruendo les azotó. Desde el techo una gigantesca garra de metal atacó a Akira, perforando su abdomen y sus brazos, y se lo llevó hacia el cielo. Ryo había logrado separarse, y salió de su casa lo más rápido que podía, cogiendo un fusil de asalto antes. Avistó en la oscuridad de la noche a un demonio alado con forma de mujer que estaba lanzando a Akira por los aires. Esa debía ser de la que hablaba Akira, y la que seguro que planeó esa emboscada. Ryo se subió en la moto de Akira y comenzó a seguir a la bestia hasta las afueras. Decidió subir por una ladera para pillar al monstruo por delante y dispararle en el pecho. Ahí estaba. Sirene, que así se llamaba esa criatura, tenía aún a Akira en sus garras, quien sangraba abundantemente. Ryo cargó el arma, y le propinó tres balazos en el pecho y el costado. Eso hizo que Sirene soltase a Akira, pudiendo éste así convertirse en Devilman y arrancarle la garra. Sin embargo, Ryo fue atacado por Sirene, y el fuerte golpe en la cabeza le hizo perder la consciencia por un rato.

Cuando se despertó, bajó por la ladera para buscar a Akira, y se encontró con un panorama aterrador: un claro del bosque con miles de demonios degollados y desollados, a Akira borboteando sangre en el suelo sin un brazo, y una terrorífica estatua cerca de él. Ryo corrió a socorrer, sacando de la moto un botiquín que Akira tenía preparado. Observó que el brazo de Akira se adhirió a su cuerpo nada más coserle, como si se tratara de plastilina. Tras vendarle, le tapó con su camisa para hacerle recuperar la temperatura corporal, y esperó.

El sol asomó por el horizonte, alcanzó su cenit, y Ryo seguía abrazado a Akira dándole calor. De vez en cuando miraba los cuerpos de los demonios, sobre todo el de la estatua que se encontraba más cerca. Era una criatura como un centauro, pero mucho más horrenda. Sabía que la figura de arriba era Sirene, pero el cuerpo y las patas de abajo no podía identificarlas. Sirene miraba desde arriba con un semblante triunfante, como si estuviera esperando a dar el golpe final. Ryo creyó pensar que ya lo había hecho. Miró a Akira y le acarició la cara, apartando unos cuantos pelos de su frente. No quería reconocer que quizá había muerto, que quizá no había podido ayudarle lo suficiente, no quería pensar en que una persona que se había convertido para él en algo tan importante como respirar se había ido de su lado. Durante el día soltó muchas lágrimas, las primeras que recordaba desde hace mucho tiempo. Al atardecer, los ojos de Akira se abrieron con dificultad. Lo primero que vieron fue a Ryo tumbado a su lado.

—Akira… ¡Akira! —Ryo le abrazó con más fuerza en su regazo.

—Ryo… ¿Estoy vivo? —La voz de Akira sonaba ronca. Ryo le dio de beber un poco de agua fresca de una cantimplora, y recuperó su voz.

—Creía que estabas muerto… Has estado así todo el día—le dijo Ryo, abrazándole con fuerza. Refugió su cabeza en el hombro de Akira, casi a punto de llorar.

—Lo siento… —Akira fue incorporado por Ryo, y se dio cuenta de la presencia de la estatua de los dos demonios—. Sirene y Kaim…

—¿Son los nombres de esos dos demonios?

—Sí. Se fusionaron para intentar matarme— Ryo hizo el acto de reflejo de rodearle por la cadera para protegerle tras escuchar eso.

Akira y Ryo presenciaron cómo los rayos de sol atravesaban los restos de la estatua antes de desaparecer hasta el día siguiente.

—Oye, ¿crees que los demonios sienten amor, Ryo?—le preguntó Akira, quien seguía fascinado por la fusión de esos monstruos. Akira veía en esa figura una demostración de amor. Ver cómo dos demonios, seres movidos por pura violencia e instinto, se fusionaran para intentar derrotarle... Él creía pensar que incluso seres como ellos podrían tener redención.

—No—respondió tajante. Para Ryo era todo lo contrario. Consideraba imposible que dos seres tan horribles como esos pudieran sentir amor. Unos seres que casi le arrebataron a Akira.

Ryo llevó a Akira a la moto y le sentó lentamente. Repentinamente colocó su frente con la de Akira, con la más sutil inocencia, y susurró:

—… Te quiero.

—¿Eh? —respondió Akira.

—Quiero ayudarte, protegerte, y llevar tu carga. Te quiero, Akira. —Ryo acercó sus labios y le dio un beso. El primer beso que no estaba arrepentido de darle.


Escribir este capi me hizo mucha pupita porque me di feels a mí misma. ¡Pero fue por una buena causa! Me ha gustado explorar lo que le ronda por la cabecita a Ryo~ ¡Gracias por leer y espero que os guste!