CAPITULO 5. — DESTINO

Se suponía que Ciel ya debería haberse acostumbrado a la "perfección" de su Guardián y es que tras haber convivido con él durante dos meses empezaba a creer que ese hombre o criatura simple y sencillamente estaba en otro nivel con respecto a él, por supuesto que jamás lo admitiría en voz alta ni se lo haría saber, pero en ocasiones se sentía minimizado ante las habilidades de Sebastián que lo hacían parecer sólo un chiquillo más del montón y no el gran líder como él que se suponía debería ser.

Se terminó el vaso de leche y se talló los ojos, se sentía cansado sin una causa que lo justificará; lo mejor era irse a la cama, si todo salía según los planes el descansar sería un privilegio que en los próximos días estaría terminantemente prohibido.

Se puso la pijama y metió en la cama, la suavidad de la seda le resultó agradable y la tibieza del ambiente le gusto y sin desearlo pensó en Alois, dormir solo no era tan agradable como en un principio hubo pensado, le extrañaba, pero ¿Por qué razón?

— ¿Quién dependía de quién?—murmuró en voz baja cubriéndose por completo con las mantas. No tenía noticias de Alois desde que le obligaron a drogarle, estaría enfermo, debilitado por la falta de sangre o en el peor de los casos muerto; prefería no detenerse a pensar en esa posibilidad, probablemente porque nunca se había visto obligado a lidiar con la muerte de alguien a quién apreciara o tal vez simplemente se negaba a enfrentarse al riesgo de quedar completamente solo en el mundo.

Alejó esos pensamientos infantiles y se dispuso a dormir, escapar no figuraba entre las opciones, Sebastián le vigilaba día y noche, tratándole igual que cualquier otro niño, incluso le arropaba cada noche de la misma manera que apenas minutos atrás, no se atrevería a decir que con la ternura y afecto de un padre, pero había algo en su expresión y forma de hablar qué demostraba no le desagradaba del todo su trabajo.

Mañana sería un día demasiado pesado, con esto en mente se dispuso a dormir.


Alois llevaba días en cama, ¿cuántos? No lo sabía ni le interesaba, no tenía ánimos ni deseos de nada; Claude le permitía estar todo el día acostado y libre de cualquier actividad, por las noches le obligaba a beber de su sangre, también le alimentaba y aseaba. Giró entre las sábanas y comenzó a reír, le producía gracia lo rápido que se había vuelto adicto a la sangre de Claude, tan dulce y gratificante y también…

—Melancólica…—se puso de pie, recorrió la pequeña habitación, nada especial; aburrido salió decidido a vagar por el departamento en el que vivía desde hace casi dos meses.

Caminó por la sala, atravesó el recibidor y llegó hasta la cocina.

—Tú sangre me produce tristeza, pero también me agrada… ¿por qué?

El hombre detuvo su actividad y haciendo a un lado los tomates que picaba se quito el pañuelo que cubría sus cabellos y se dirigió hasta el menor. Alois levantó el mentón, envuelto en su pijama y con el cabello despeinado se sentía igual a un niño pequeño que observa a un importante adulto sin comprender nada de su mundo, él no entendía nada de Claude y hasta cierto punto tal idea le gustaba, pero ahora comenzaba a incomodarle.

— ¿Por qué?

— ¿Realmente desea conocer la respuesta?

—Yo…—apartó la mirada, indeciso de su respuesta. No, por supuesto que él no lo deseaba, aquel que estaba obsesionado con ello era Ciel; él en cambio habría dado cualquier cosa por no tener recuerdos, le lastimaban demasiado—. ¿Es necesario que la conozca?—alzó el mentón orgulloso, ya había lloriqueado lo suficiente—. ¿Qué cambiará si la conozco?

—Todo…—y Claude sonrió, los labios del hombre se curvaron en una pretenciosa y calculada sonrisa dotando de emociones a aquel frío rostro similar a una estatua.

—En ese caso…—los ojos de Alois adquirieron un matiz de fuerza y malicia—. ¡Muéstramelo!

— ¿Estás seguro?—preguntó Claude acariciando el rostro de Alois—. Después de esto nada volverá a ser igual, ni siquiera su relación con Ciel...—pausó un segundo como si reestructurará el mensaje que deseaba dar, pero Alois tomó el rostro del adulto entre sus manos y repartió pequeños besos en las mejillas, ojos, nariz, frente…mas al llegar a sus labios colocó dos dedos sobre los labios de Claude quién le miraba impactado y sonriendo agregó.

—Es suficiente, Claude…ya no quiero jugar más, estoy cansado. ¿Acaso creíste que sería tan tonto como para no darme cuenta de la forma en que me miras? Sientes por mi algo similar a afecto, pero no tan profundo…dependencia, me necesitas tanto como yo a Ciel… ¿Cierto?

El adulto no contestó, en su rostro no había ni rastros de la sonrisa mostrada segundo atrás.

Alois separó ambos dedos y se alejó un par de pasos.

— ¿Cierto, Claude?—preguntó rodeado de una profunda y severa autoridad.

—Así es, mi Señor.

Él menor presa de una inmensa alegría se arrojó a abrazar a Claude.

— ¡Yo sabía que era cierto, Claude! ¡Yo lo sabía!


Ciel esperaba en la sala, arrojar lejos de sí su arrogancia natural y convertirse en un estuche de monerías que sucumbiera a los caprichos de una pareja tan desesperada que creería y aceptaría cualquier mentira era una idea que le repugnaba. El niño sentado sobre esa silla no era él, sin embargo se convertiría en lo que aquellas personas deseaban.

Sebastián permanecía a su lado, impecable y perfecto como siempre.

— ¿Qué pasa si ellos no me aceptan como su hijo?

—Eso no pasará. Ya has visto las fotografías, eres igual a su hijo. Además, has sido educado para esto durante casi toda tu vida. ¿Yo creería que el orgulloso Ciel Phanthomhive estaba preparado para cualquier trabajo? Me temo que tendré que…

— ¡Ya cállate!—se quejó disimulando un gruñido.

La puerta se abrió, una mujer de aspecto torpe entró al despacho dando comienzo a un discurso, hablaba tan deprisa que Ciel temió se ahogará de un momento a otro por la falta de pausas y ausencia de aire.

—Tus padres están muy emocionados por verte…Quiero creer que tú también lo estarás. Los trámites para reconocerte ya han dado inicio y tú…

—Disculpe señorita—llamó Sebastián interponiéndose en medio de la mujer—. El niño está un poco nervioso por todo esto, le molestaría no perder el tiempo en detalles innecesarios. Le aseguró que yo le he puesto al tanto en todo aquello que necesita saber. ¿Confía en mí?

La mujer se ruborizó y algo apenada asintió con la cabeza, acomodó sus papeles y le sonrió brevemente a Ciel quién a modo de mueca simulaba una sonrisa, ni siquiera él la creía. Al menos Sebastián había logrado que esa mujer se callará, lo quisiera o no le debía un favor.

Sebastián continuó dirigiéndose aquella seductora expresión a la mujer hasta que esta les condujo fuera de la oficina, al hombre le habría encantado ver el rostro desencajado de Ciel ante la palabrería sin sentido de la dama, pero desafortunadamente el también habría salido perjudicado en tal caso. Sin lugar a dudas su decisión había sido la mejor.

Ambos siguieron a la mujer por los pasillos, pasando al lado de un número considerables de puertas correspondientes a oficinas. Un edificio de gobierno no era el mejor lugar para la presentación con sus futuros "padres", pero ya que la feliz familia sería fotografiada y grabada por medios de todo el mundo requerían de un amplio lugar donde el sentimentalismo propio de esos momentos que tan bien se representaban en las películas y series fuera perpetuado de una manera perfecta por la eternidad.

El único hijo y heredero del imperio de los Collingwood había sido secuestrado a los tres años, sin notas de rescate, ni ningún otro indicio del objetivo de sus secuestradores sus padres habían caído en la desesperación total, lo único de lo que ciertamente estaban seguros es que una noche después de que su madre y nana le arroparán había desaparecido de su habitación; el avanzado sistema de seguridad que rodeaba cada centímetro de la propiedad y alrededores fue evadido sin más. Se sospechó de los sirvientes, enemigos de la familia e incluso de los mismos padres, la Policía se entregó a una búsqueda intensiva del paradero del menor y numerosos detectives privados fueron contratados, al caso se le dio una amplia cobertura en los medios, no obstante al igual que otros tantos incidentes similares poco a poco fue relegado al olvido al no encontrarse indicio alguno de los culpables.

Ahora, tras nueve años de tal suceso, la Policía anunciaría con bombo y platino que el pequeño había sido encontrado y recuperado, por lo que pronto estaría de vuelta con su hermosa familia. Omitirían un par de detalles como que aparentemente el niño no recordaba nada. Ciel pensaba en que las raíces del árbol de la corrupción deberían estar demasiado profundas como para poder engañar de esa manera a todo una nación, seguramente inclusive su prueba de ADN había sido modificada con el fin de que coincidiera con los resultados del niño desaparecido, esté bien podría estar muerto o vivo, aunque a él no le importaba en lo absoluto, a partir del momento en que lo presentarán como un Collingwood asumiría ese apellido y papel por el resto de su vida. La idea continuaba sin gustarle, pero había sido educado con tal objetivo, sería un líder, dominaría al mundo y movería tras bambalinas los hilos que guiaban los destinos de miles de millones de personas y el primer gran paso en esté elaborado plan que otros habían fijado como su destino consistía en hacerse de un apellido de renombre, una enorme fortuna y porque no decirlo…un poco de afecto y empatía mundial, ese dramatismo barato que tanto le gustaba a las masas.

—Tus padres vendrán dentro de unos minutos, en ese momento saldré. Estarás sólo. Recuerda quién eres…

—Lo sé—. Se alejó de Sebastián y sus susurros, no requería de burlescos comentarios que le pusieran más nervioso de lo que en realidad estaba.

"La primera impresión es la más importante" pensó al ver a Sebastián salir y ver entrar a dos personas adultas. Una mujer de rostro rubio y ojos azules y un hombre de cabello negros y expresión bondadosa, ambos poseían una dosis de orgullo y dignidad innato, no necesitaban demostrarlo ni tampoco hacer uso de las palabras, bastaba con sus movimientos y lenguaje corporal. Muy a su pesar y contrario a todas las expectativas que en un principio se hubo formado le agradaron, le gustaron tanto que retrocedió un par de pasos asustado ante tal sensación.

—¡Alexis!—exclamó la mujer al borde del llanto corriendo a abrazarlo, se prendó con tal fuerza de su cuello que Ciel apenas y tuvo tiempo de recordar aquellas palabras que con tanto esmero había practicado durante las últimas semanas.

—Mamá, papá…estoy tan feliz de verlos—se sorprendió ante lo suave de su voz, así como con la dulzura con que sus labios lo expresaron.

— ¡Alexis!—la mujer le llamaba y lloraba sobre su hombro, seguramente mancharía su camisa, pero aunque eso fuera algo que en otro momento le habría molestado ahora no le interesaba. Según los libros de psicología aquella era la reacción natural de una madre para con su hijo, siguiendo el plan rodeó a la mujer con sus brazos delicadamente y posó su cabeza sobre el hombro de esta…en espera de que su llanto cesase. Tras unos minutos la mujer tomó el rostro entre sus manos y le observó, su rostro congestionado por las lágrimas rompió nuevamente en llanto…

—Alexis…tenía tanto miedo de que no fueras tú, pero míralo Vincent, es idéntico a nuestro pequeño…Alexis.

—Alexis…—murmuró el nombre que esas personas le asignarían, pestañeó un par de veces y levantó la vista para observar al hombre al que ahora en adelante llamaría "Padre", había sentido su presencia todo el tiempo, fuerte, imponente, decidida aunque también sutil, igual a la de él…Sus ojos se encontraron, la mirada del hombre denotaban afabilidad, aunque no amor…ese hombre no le amaba ni veía como un padre, quizás el supiera la verdad, cortó el contacto ligeramente intimidado.

La escena fue interrumpida por la misma mujer que al principio no había parado de parlotear, su madre apartó sus lágrimas y el hombre sujetó su mano derecha con fuerza.

—Tienen que presentarse ante la prensa. Comprendo que deseen privacidad por lo que les prometo que después de esto no les molestáremos más, yo…

—Comprendo, señorita, usted sólo está haciendo su trabajo—respondió Vincent acariciando el cabello de Ciel.

El menor percibió cierto parecido entre Sebastián y ese hombre, eran conscientes de su atractivo físico y sabían usarlo para manipular a las personas, sólo un par de palabras, una sonrisa amable y una mirada que transmitiera sinceridad.

Se sorprendió cuando la mujer, Rachel, le sujetó la otra mano, se sintió rodeado por los adultos, le acosaban, forzó una sonrisa; estaba bien, él carecía de memoria y ellos lo sabían, no esperaban que reaccionara como cualquier otro niño que se reencuentra con sus padres, con que se mostrará silencioso y sumiso bastaría, lo importante era que su verdadera personalidad no aflorará.

Los condujeron hasta una habitación donde los medios de comunicación ya esperaban, los flashes de las cámaras se dispararon y la avalancha de preguntas les inundaron, él no respondió nada, sus padres apenas y dijeron unos monosílabos.

Por recomendación de su madre quién le veía nervioso, ella le pidió a Sebastián que lo llevará a un lugar seguro mientras junto a su esposo terminaba de atender a los medios en la conferencia de prensa.

— ¿Te agradan tus padres?—preguntó el adulto quién había sido asignado como guardaespaldas de Ciel tras una serie de movimientos y manipulación de información. Necesitaban a alguien que le controlará y vigilará, y según las observaciones de Ángela Sebastián cumplía más allá de las expectativas.

—Él lo sabe—murmuró Ciel a punto de entrar a la habitación donde esperaría por sus padres.

— ¿Quién?

—Mi padre, es decir…Vincent—estaba irritado, jamás creyó que las cosas se complicarían de esa manera—. No me preguntes como lo sé, pero ese hombre sabe que yo no soy su hijo...la forma en que me ve…

— ¡Hola!—susurró una niña tomándolo del brazo y obligándole a correr.

—Espera, déjalos que hablen—. Claude detuvo a Sebastián quién se disponía a seguirlos.

—Tal vez no sean los únicos que deberían de hablar.

—Sebastián Michaelis—llamó con evidente rencor—. ¿Qué es lo que piensas hacer con Ciel?

—No algo peor que lo planeas hacer con Alois, he observado la forma en que lo miras. Lo piensas convertir.

—No haré nada que él no quiera—respondió acomodando sus lentes—. ¿Qué piensas tú hacer con ese otro niño? Convertirlo en tu marioneta.

Sebastián sonrió, Claude era inquisitivo, demasiado si consideraba sus escazas expresiones.

—Y que si así fuera. Ese niño no tiene nada ni a nadie.

—Pero tiene más que tú.

—Tal vez.

Y era cierto, no le molestaba admitirlo ni reconocer sus errores, había elegido a Ciel por qué era demasiado similar a él, odiaba ser manipulado y estar debajo de alguien, la más grande diferencia entre ambos…él apenas era un niño, si permanecía a su lado podría moldearlo a su gusto, como mejor le conviniera a sus objetivos…cuando Ciel llegará hasta arriba y él se aseguraría de que no pasará demasiado tiempo antes de eso, él estaría a su lado, susurrándole palabras al oído, manipulando a su títere.

¿Por qué lo hacía?

Simple diversión, era un ser inmortal, tendría que encontrar la manera de pasar el tiempo. Por eso no pensaba convertirlo, no, Ciel sólo sería su juguete, de esa época o tal vez siglo…pese a que no tenía memorias estaba seguro de que había visto otros antes de él y continuaría habiendo después.

Ciel viviría, bajo su influencia seguramente, pero llegado el momento moriría al igual que cualquier otro ser humano.

—Lo encerrarás dentro de ese pequeño cuerpo, ¿no es acaso ridículo que me culpes de egoísta cuando planeas hacer algo así? –preguntó Sebastián refiriéndose a Alois conteniendo la sorpresa al ver la sonrisa de Claude, ese hombre nunca sonreía.

—Cuando conozcas la verdad no hablarás de esa manera.

Y sin más que agregar Claude se marchó, Sebastián se mantuvo de pie un par de minutos más intrigado por las palabras del otro hombre. ¿Su enemigo? No, aunque obviamente sentían una mutua aversión, no del todo justificada desde su punto de vista, sin embargo Claude sabía algo que él no y francamente eso le molestaba.

— ¿Y quién es el verdadero titiritero?

Formuló la pregunta hacia la nada, temeroso de obtener la respuesta cuando ya fuera demasiado tarde.


Alois comía un chocolate mientras arrastraba a Ciel por los pasillos, se detuvo frente a un baño y cerciorándose de que no hubiera nadie dentro cerró la puerta con seguro.

— ¿Qué haces aquí?—preguntó Ciel recargándose sobre una pared—. ¿Y por qué vas vestido de esa manera?

— ¿No te gusta? Claude lo diseño para mí.

Y Alois giró en círculos ondeando su falda y observando su reflejo en el enorme espejo. Vestía una falda con holanes negra decorada con encajes y considerado vuelo, camisa negra con un fino bordado y botas rojas complementaban el conjunto.

—No, pareces una chica.

Y Ciel le quitó la peluca rubia, palpó su textura…probablemente gracias a su grácil figura y delicado rostro podría pasar por una niña, mas esa peluca desentonaba terriblemente con el aspecto que quería dar.

—Esa es la intención, ¿sabes?—replicó acomodando un par de mechones rubios—. No quería ser reconocido como el heredero de los Trancy.

— ¿Heredero de los Trancy?—inquirió Ciel evidentemente alterado por la mención del apellido.

—Si…heredaré ese título dentro de poco, probablemente un par de días—explicó con indiferencia.

—Eso quiere decir que tu Padre…

—Está muerto—aclaró con tranquilidad, como si se tratase de algo normal—. Yo le asesiné, Ash me dio la oportunidad y…lo hice. Lo merecía.

—Entiendo.

Ciel no conocía demasiado sobre el pasado de Alois, aunque si sabía que su padre estaba de acuerdo con el trato que le daban y participado estrechamente en los experimentos que habían producido su nacimiento, también financiaba parte del proyecto del que ellos eran parte. Como era natural Alois le odiaba, comprendía que ante la menor oportunidad lo hubiera asesinado, probablemente él haría lo mismo si se encontrará en una situación semejante.

— ¡Dime Ciel!—el rostro del rubio se iluminó y corriendo hasta Ciel tomó sus manos—. ¿Si tuvieras la oportunidad de recordar quién eres exactamente y porque has venido a este mundo lo harías?

La pregunta podía estar formulada con un toque de inmadurez y casi en cualquier otra situación Ciel la habría tomado como una broma por parte de Alois, mas al percatarse de la profunda y seria expresión en el rostro del rubio supo que su amigo no estaba jugando, hablaba en serio y como tal merecía una respuesta igual.

—Sólo los cobardes son felices con las mentiras—contestó observando los ojos azules de su amigo, siempre tan llenos de emociones y pensamientos, las claras orbes de Alois se suavizaron y este sonrió.

—No esperaba menos de ti Ciel. ¿Puedo hacerte otra pregunta?

Ciel asintió inseguro, desde el lenguaje corporal hasta el sonido de su voz denotaban la importancia que tenía esa conversación para Alois, si fallaba o decía algo que el rubio fácilmente pudiera malinterpretar le pesaría un largo tiempo.

—Sin importar lo que pase conmigo, tú siempre estarás a mi lado… ¿No es cierto?

—Que pregunta tan tonta. No pienso responder…

Alois apretó sus muñecas.

—Contesta, por favor…contesta.

—Por supuesto, siempre…

Y por primera vez en mucho tiempo sintió que no mentía, era cierto…él siempre estaría al lado de Alois, sin importar cuan grandes fueran sus diferencias la necesidad de contar con su compañía sería una constante durante el resto de su vida; durante las últimas semanas lo había comprobado y muy a su pesar aceptado, no sabía el porque pero a ambos les unía un lazo, demasiado poderoso, más allá de una simple amistad o banal dependencia, no encontraba las palabras para describirlo.

—Grandioso—exclamó Alois arrebatándole la peluca de las manos y con ella en manos salió del baño.

Alois se la colocó y mezcló entre la multitud, Claude le esperaba a la entrada del edificio.

— ¿Has tomado una decisión?—preguntó el adulto.

Alois observó el cielo azul y el radiante sol, bajo su nueva condición le resultarían algo molestos y no podría comer con tanta asiduidad como en ese entonces, también quedaría encerrado en esa silueta infantil y sobretodo no necesitaría más de Ciel ni de su sangre, el lazo estrechamente formado durante años con su querido amigo sería sustituido por el de Claude…él le aseguraba que no experimentaría más recuerdos dolorosos.

—Si…creo que sí. Acepto.

Abordaron un taxi y volvieron hasta el hotel donde se hospedaban.


Sebastián observaba a Ciel observar el lago, su expresión revelaba una madurez superior a la correspondiente a su edad: tristeza, miedo, desesperación, valor, orgullo, dignidad… ¿Cómo era posible que un pequeño cuerpo contuviera tantos matices y contrastes, una amplia gama de emociones tan abundante?

Odiaba admitirlo, pero comenzaba a apreciarlo…desde el primer momento quedo prendado por el menor, no fue su natural belleza sino esa fiera mirada, una que señalaba que no se detendría ante nada ni nadie; igual a él, harían cualquier cosa con tal de cumplir sus objetivos. La diferencia…Ciel no tenía un objetivo.

Fue a sentarse junto al niño, había sido contratado como su guardaespaldas personal, gracias a ello podían mantener conversaciones relativamente cortas y una relación cercana.

— ¿Cuál es el plan?—preguntó Ciel al observarlo—. Hace tiempo me propusiste unirme a ti, ¿De qué forma?

—Quieres dominar el mundo.

El menor rió divertido al escuchar esa frase, Sebastián no le culpo, sonaba bastante caricaturesca.

—Yo dominaré el mundo…pero siempre habrá alguien encima de mí. Quiero tener el control sobre todos y todo.

—Haz todo lo que yo te diga y lo conseguirás.

—Me siento igual que un perro.

—Odió a los perros—aclaró Sebastián, la sola palabra le repudiaba.

— ¿En serio?—inquirió Ciel divertido acercando su rostro al del adulto—. ¿Y qué se supone que somos nosotros? Sólo perros al servicio de otras personas…tú eres el mío y yo el tuyo. Es bastante estúpido si lo consideras un momento.

Esbozó una leve sonrisa, satisfecho consigo mismo y seguro de que no se había equivocado al elegir a Ciel. Quizás al principio Ciel no hubiera sido del todo consciente de su plan de manipularlo, pero sin duda alguna con el paso del tiempo se había dado cuenta y de alguna manera aceptado.

—Yo no tengo un objetivo Sebastián—Ciel tragó saliva al decir esas palabras, desnudar su personalidad frente a un completo extraño era algo que en ningún otro momento se habría planteado—. Pero si tú me ofreces uno te seguiré o si al menos me dices quién soy en realidad te daré lo que quieras. Ambos obtendremos algo a cambio.

—No puedo ofrecerte respuestas respecto al pasado—Sebastián sacó de su traje una pequeñísima botella con un líquido amarillo, lo colocó en la mano del menor. Ciel lo estudio a contraluz y preguntó:

— ¿Qué es esto?

—Una medicina.

— ¿Medicina?

—Sí, la primera vez que me viste lo dijiste. Claude y yo éramos seres completos, esos a los que la gente llama vampiros. No podemos estar a la luz del día a menos que nos inyectemos esto. Tampoco tengo recuerdos y si soy sincero sólo deseo utilizarte. Soy un ser casi inmortal, no necesito de nadie, aunque te necesito a ti para entretenerme un poco. Te ofrezco gloria, poder y placeres. ¿Aceptas?

—Nadie te ha enseñado a negociar, ¿cierto?

—Al contrario querido, los seres humanos son tan frágiles y sencillos de manipular.

El aspecto de Sebastián que regularmente exhibía una sutil sonrisa fue reemplazado por una expresión maligna, repleta de confianza y seguridad en sí mismo y al igual que la primera vez Ciel se sintió atemorizado ante su presencia, demasiado avasalladora; haciendo asomo de una gran fuerza de voluntad le sostuvo la mirada tanto como le fue posible y permaneció sentado, seguro que de esta manera el leve temblor que le recorría todo el cuerpo no se manifestaría a simple vista.

—No olvides que sólo una parte de mi es humana.

— ¿Tienes hambre, no es así?

Ciel no respondió, en cambio esquivo la mirada.

—Puedes parecer fuerte e incluso hacérselo creer a los demás, pero sufres un hambre terrible, todo el día, todo el tiempo. La comida de los humanos sólo te entretiene, pero la sensación sigue ahí, lo deseas… ¿no es cierto?—. Sebastián tomó sus mejillas y acarició los mechones de su cabello, delicadamente—. No quieres ser contaminado por los recuerdos de otras personas por lo que niegas una de tus necesidades básicas. Puedo darte lo que necesitas…

Ciel apartó su mano de un manotazo y se puso de pie, su respiración se tornó irregular…se llevó las manos hasta el pecho, le dolía un poco, esos ojos color carmesí, se alegraba de verse libre de estos.

— ¡Es suficiente, Sebastián! Cumple mis deseos y te daré lo que quieras.

Y emprendió el camino de regreso.

Sebastián observó a la frágil figura alejarse. La respuesta no le satisfacía del todo, sinceramente habría preferido un rotundo Si o No en lugar de esa singular conversación, no obstante el objetivo se había cumplido y obtuvo lo que tanto deseaba. Un intercambio de intereses mutuos, si Ciel se hubiera limitado a aceptar francamente se habría sentido decepcionado. El juego no hacía más que empezar. Se puso de pie y sacudió el poco polvo que manchaba la pulcritud de su traje y siguió de cerca a Ciel quién se dirigía de vuelta a la propiedad.

Ciel entró a la imponente mansión, no prestó atención a los muebles ni a la decoración del lugar, en su momento el buen gusto que predominaba y en su mayoría había captado de su atención, ahora sólo representaban detalles sin importancia que hacían más cómoda su estancia en esa residencia.

— ¿Estarás presente en la cena?

La dulce voz de Rachel, su "Madre", le recibió.

Ciel asintió en silencio, los tontos pretextos que en días anteriores uso para escapar de ese inútil acto protocolario terminaron por agotársele, le gustará o no esa noche tendría que estar presente.

—Sí, mamá—intentaba que su voz sonará con la naturalidad propia de un hijo, aunque a decir verdad a esa mujer parecía no importarle tal detalle. Siempre que le veía sonreía emocionada, como si al verlo contemplará la cosa más bella en el mundo e indudablemente pensaba en lo feliz que Alois se hubiera sentido si alguien le dirigiera una muestra de afecto de ese tipo—. ¿Necesitas algo más?

—Si tienes tiempo me gustaría mostrarte un par de fotografías, el especialista dijo que tal vez eso ayudará a que tus memorias volvieran.

—Mis memorias… ¡Claro, podríamos verlas juntos!— y esbozó su mejor sonrisa, tan esplendida y sincera que casi él mismo la creía.

Rachel le invitó a sentarse hasta un mueble, pidió a una de las empleadas que le trajeran unos aperitivos y tras ausentarse un par de minutos volvió con una serie de álbumes.

Motivado por la curiosidad, Ciel tomó uno de ellos y pasó las hojas donde yacían las fotografías protegidas por un delgado plástico, una tras otra las observo sin ningún interés verdadero por ellas. El bebé de las fotografías era un niño bonito y se parecía mucho a él, pero eran demasiado viejas y hacía mucho tiempo de eso, cualquier muchacho moderadamente atractivo de cabellos negros y ojos azules podría ser el de los retratos. Omitió el hecho de que casi con seguridad el verdadero Alexis Collingwood estaba muerto, probablemente esa mujer dentro de si ya lo supiera y a pesar de eso motivada por su instinto maternal prefería engañarse a sí misma diciéndose que él chico de mirada áspera que le habían devuelto era su pequeño.

"Los humanos son demasiado egoístas" se dijo a sí mismo.

—Mira esta fotografía, ¿no te recuerda algo?

Ciel sostuvo a petición de la mujer la imagen, el pequeño aparecía en ella abrazando a un feo peluche en forma de mariposa, se asía con tal fuerza al juguete que miraba a la cámara con terquedad, preocupado porque de un momento a otro el que yacía detrás de la cámara se la fuera a quitar, sin embargo la dulzura de la mirada y muecas infantiles demostraban que no sentía tal sentimiento en realidad, únicamente estaba motivado por el instinto de supervivencia.

—Recuerdo lo mucho que amabas a este peluche, le llamaban Minchy…

Sin forzar su expresión Ciel le respondió a la mujer con una sonrisa, era una linda fotografía, el niño debía haber sido muy feliz, lástima que no fuera él.

— ¿Puedo quedármela?—pregunto sin saber la razón de su tonta petición.

—Por supuesto, después de todo es tuya Alexis.

Ciel escuchó el cerrojo de la puerta al ser girado y olió el aroma de la colonia de Vincent, su "Padre" había llegado. Argumentó un suave dolor de cabeza y se marchó antes de que él se presentara hasta donde Rachel, su sola presencia le incomodaba, prefería mantenerse alejado de él antes de que su orgullo le obligara a decir algo de lo que más tarde se arrepentiría.

Desafortunadamente se topó con él en las escaleras.

—Buenas tardes, pequeño.

—Hola, papá.

—Espero que hayas tenido un buen día.

—Si…hoy fue un excelente día. Si me disculpas no me siento muy bien.

—Vete a descansar, es lo mejor, estás en pleno desarrollo.

Lo rodeó con sus brazos y abrazó, Ciel prefirió no responder, aunque debía admitir que percibía cierta familiaridad en el contacto, no tan intenso y puro como él de Rachel, pero estaba ahí, latente.

—Descansa, pequeño—. Y Vincent depositó un dulce beso sobre su frente, en seguida prosiguió su camino hacia su despacho.


Lo sabía, tras tomar esa decisión no podría retroceder, tampoco dudar, sólo quedaría atenerse a sus actos y aceptar su responsabilidad, Ciel tenía una frase que describía perfectamente momentos como aquel.

"Lo que una vez se ha perdido no regresará jamás"

Estaba asustado, le había preguntado a Claude si dolería y él otro le respondió que sí; al menos agradecía el hecho de que no le mintiera.

— ¿Estás listo?

Alois asintió en silencio, Claude lo tomó de la mano y sentó en una silla, pasó su mano sobre su frente; lo amaba, había cometido el error de no apreciarlo una vez, se aseguraría de que no sucediera nuevamente, pasó su lengua sobre su cuello causándole cosquillas, el cuerpo de Alois se estremeció ante el juego, era muy sensible…tanto como su Alois, aquel que hace mucho había muerto.

Terminó con el juego y acarició sus mejillas, tomó una filosa cuchilla y sujetando con fuerza la muñeca de Alois hizo un profundo y largo corto en forma horizontal sobre las venas, la sangre fluyó…Alois lanzó un grito de puro dolor sorprendido por el doloroso acto, Claude sujetó fuertemente su cabeza y le silencio con un beso en los labios, introdujo su lengua demasiado dentro ahogando los gemidos ahogados del menor y repitió la acción con la otra muñeca, la sangre les manchó a ambos...

—Resista, pronto pasará. Lo prometo.

Y el cuerpo de Alois comenzó a revolverse con fuerza, Claude esperaba una reacción de tal tipo, permanecer impasible frente a tu propio asesinato no era algo propio de su pequeño Príncipe, lo sujetó con fuerza de los hombros para que dejará de moverse. Había elegido uno de los métodos más dolorosos, pero la pena y tormenta debían ser igual a la primera vez…

La sangre fluyó, el cuerpo de Alois se convulsionó…los ojos del rubio observaban a Claude con incredulidad, realmente planeaba matarlo…si así era porque su mente se negaba ante los hechos y continuaba sin creerlo…tenía frío, odiaba esa sensación, hace mucho que no la sentía.

"Voy a morir" pensó comenzando a llorar…"Realmente voy a morir, no quiero morir…"

Y Claude le soltó, acarició sus mejillas dejando un rastro de manchas carmesí, observó a Alois, lucía igual a un insecto, uno que sólo esperaba la muerte en las redes de la telaraña…habría sido tan fácil dejarlo así, morir conservando su parte humana y tenía la seguridad de que Alois se lo agradecería si le permitía terminar ahí, siempre podría pensar en crearlo de nuevo…

Acarició su piel, suave y tersa, su mirada inocente, sus labios rosados…No, estaba cansado de estar solo…

Se cortó la muñeca derecha y sin que una sola gota de sangre se desperdiciara la colocó frente a los labios del menor, por puro instinto los colmillos de Alois que siempre permanecían ocultos se asieron con fuerza a la muñeca, fuente de sangre y vida, bebió…bebió mucho y demasiado deprisa.

— El día en noche, el azúcar en sal, los vivos en muertos y el azul oscuro en oro —susurró Claude abriendo su mente a Alois, se los devolvería…y una ola de recuerdos, sentimientos y emociones se vaciaron sobre la mente de Alois…

— ¡Basta! ¡Haz que pare! ¡Para!—pidió Alois a gritos poniéndose de pie y alejándose de Claude, la sangre aún emanaba de sus manos…—. ¡No te me acerques! ¡Es suficiente! ¡Aléjate! ¡No quiero!

Claude suspiró, ajustó sus gafas y se acercó hasta el menor quién yacía arrinconado en una esquina.

—Le dije que esto sería doloroso…Yo no miento—se arrodilló sobre el suelo, tomó el rostro de Alois bañado en sangre y colocó su muñeca sobre sus labios, paralizo al menor sujetándolo de los cabellos, y tal como lo tenía previsto Alois cedió antes sus impulsos e instintos y continuó bebiendo…

Dolía, quemaba, punzaba…no podía soportarlo más, Alois quería escapar, pero Claude no se lo permitía…minutos después producto del impacto perdió el conocimiento.

Claude le sostuvo en brazos, echó un vistazo a la habitación y se asqueó ante lo sucia que estaba…la sangre podía ser un hermoso adorno si se usaba adecuadamente, pero aquel reguero oscilaba en lo vulgar. El aspecto de ambos bañados en sangre tampoco les favorecía en lo absoluto, lo segundo que haría tras contener la hemorragia de Alois sería limpiar esa habitación.


Ciel casi comenzaba a extrañar los continuos viajes en automóvil que hasta hace algunos meses habían sido parte de su rutina diaria.

— ¿A dónde vamos?—le preguntó a Sebastián quién conducía en ese momento el automóvil negro.

—Buscaremos información.

— ¿Información?—preguntó curioso sin comprender porque le había sacado de la cama a las dos de la mañana, afortunadamente al ser su guardaespaldas personal podía hacer cosas como esas sin levantar sospechas, siempre y cuando no lo descubrieran.

—Claude ha desaparecido y Alois con él, no se sabe nada de ellos desde la última vez que los vimos.

—Alois… ¿Dónde está?

—No lo sé—Sebastián no parecía estresado, aunque Ciel percibía cierta tensión proveniente de él—. Mi trabajo es encontrarlo.

— ¿Y para que me has traído?

—Yo no te traje, tú quisiste venir.

Ciel no respondió, odiaba verse igual que un niñito caprichoso, pero al ver que Sebastián salía de la mansión insistió en acompañarlo, el adulto finalmente termino por ceder.

— ¿Con quién piensas dirigirte?—preguntó evadiendo el tema.

—A ver al Sepulturero…

—Que nombre tan interesante—opinó divertido ante el sobrenombre.

—Y no sabes cuanto—contestó Sebastián sonriendo.


Alois se cubrió los ojos al sentir al Sol dándole directamente al rostro, la piel le ardía.

Claude estaba sentado en una silla al lado de la cama tejiendo.

— ¿Por qué lo hiciste?—preguntó con voz amarga el chiquillo, algo atontado por la gran pérdida de sangre de la que aún no se recuperaba.

—Era necesario…

—Tú lo sabes, ¿no? Yo habría preferido morir a…

—Las cosas serán diferentes ahora, lo prometo.

Alois lloraba, las lágrimas escurrían por sus mejillas, Claude se acercó hasta él y las sorbió, sus labios formaban una discreta, pero afable sonrisa.

—Odió cuando sonríes—comentó Alois llorando con mayor intensidad—. Me equivoqué contigo al elegirte, fuiste un error, pero…

—Me amas.

Alois asintió en silencio, le amaba y no podría negarlo. Aún cuando lo había asesinado dos veces no podía simplemente dar media vuelta y fingir que no sentía nada por él.

—Tráeme a Ciel…—murmuró al oído de Claude—. Devuélveme lo que es mío…él es mío, tráelo...Es la única manera en que podre perdonarte.

— ¿Por qué cree que necesito de su perdón?

—Por que de lo contrario no me habrías traído de vuelta…

Y Alois rio con suavidad sin dejar de llorar, y acepto que en ocasiones simple y sencillamente no se podía escapar del destino, él te encontraría…una, dos, tres, las veces que fueran necesarias.

CONTINUARÁ…

Y cortó…a ver, ahora si me retrase, pero tengo una justificación…no es buena, pero…

Primero dije vamos a ver el capi 8 del anime para ver el pasado turbio de Alois y no escribir algo que quede muy OoC, pero quedé tan shoqueada, traumada y porque no decirlo impactada con ese capi que me bloqueé, fue demasiado…quién lo haya visto podrá entender el porqué mi expresión, casi lloró, en verdad…de lo mejor que he visto.

Pues bien, el jueves salió el otro y ya llevaba una parte y doble trauma…XD, ahora sí que Claude estaba OoC en su propia serie…XDDD y tuve que modificar un montón de cosas.

Sin comentarios respecto a este capi, pero en los próximos capi Alois perderá un poco de protagonismo y espero introducir un poco más de Sebas/Ciel…ellos son geniales.

Como siempre permítanme agradecerles por este medio a: Clarita,kaoryciel94, KShieru , Cenere, Lunatikk, Cafe Amargo, flor y hikariuzumakipotter . Muchísimas gracias, sus comentarios se agradecen mucho, así sean uno o 30 comentarios siempre llena de satisfacción saber que alguien lea lo que escribes y perdonen que haya tardado mucho y un especial agradecimiento a Kasumarüü, que al igual que otros capis me ayudo con el capi.

Por cierto Kaoryciel94 si aún tienes dudas sobre el anime y quieres comentarlas para que deliremos un rato deja tu msn o checa mi correo que esta en el profile. Es que los spoilérs creo que están por aquí prohibidos.

Sin más que decir, como siempre…cualquier duda, comentario, queja, sugerencia, crítica, etc., será bien recibida.

Gracias por leer.